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Kazuo Ishiguro: La roca negra

19 de Julio de 2009 en Autores, Literatura, Narrativa

Ishiguro

Cualquiera que siga la trayectoria del escritor Kazuo Ishiguro seguramente convendrá en dos puntos fundamentales: Primero, que ninguno de sus libros se parece a otro; y segundo, que ninguno de sus libros deja al lector indiferente. Si alguien tomara, por ejemplo, Los restos del día y Nunca me abandones, sin fijarse en la portada, nunca sabría que son obras del mismo escritor. El estilo pausado, elaborado y elegante de la primera nada tiene que ver con el estilo fluido, rápido y coloquial de la segunda.

No se trata de que Ishiguro cree libros diferentes para esconderse, ni para ser original. Se trata más bien de que estamos ante un autor que posee una habilidad extraordinaria para crear narradores y personajes. Tanto, que cada narrador/personaje, al ser absolutamente complejo, domina un tono de voz único y propio, que por ende será muy distinto al de cualquier otro. Así, el mayordomo Stevens de Los restos del día dispone de una voz múltiple, difícil, enrevesada, como cualquier ser humano; una voz realizada a base de estructurar capa de sentido sobre capa de sentido, hasta completar un retrato autodescriptivo de una personalidad hipnótica, al igual que Kathy en Nunca me abandones. Así, aunque ambas voces son distintas, su elaboración detallista y minuciosa es la misma: no es que el autor utilice estilos diferentes, sino que las voces narradoras son diferentes, como corresponde a un texto de calidad. Y calidad es algo que a Ishiguro le sobra: la mayoría de los escritores son como muchos músicos, después del one hit wonder llega la repetición, el uso y abuso del mismo esquema, en definitiva el “si funciona no lo toques”. Lo que hace que Ishiguro trascienda esta producción masiva de novelas y discos prefabricados es su extraordinaria competencia como demiurgo, su asombrosa capacidad de arquitecto invisible. Porque, y tal vez aquí encontremos la piedra angular de su narración, la mano del autor no está presente. El ego del escritor está ausente, el escritor no existe. Sabemos que alguien ha ordenado las palabras y dispuesto los signos de puntuación, pero sólo lo sabemos en teoría: en la práctica no hay ninguna pista que nos lo demuestre. Para nosotros sólo existe un narrador/personaje envolvente que insiste, suplicando nuestra atención: es imposible negar la atracción, y ante todo es imposible no empatizar, no sentirse identificado con esta voz, por extraña que pueda parecer en principio, porque, si bien no podremos empatizar con el contexto, ninguna de las sensaciones nos es desconocida. Esta intensiva evaluación de la psique humana es un factor primordial para los que niegan que Nunca me abandones sea una obra de ciencia ficción, ya que anteponen su brillantez psicologista a los elementos presentes tradicionalmente asociados al género especulativo. Su pertenencia o no a este género es otra cuestión que merecería un artículo (o varios) aparte, pero lo que es indiscutible es que es difícil encontrar un lector que haya conseguido mantener los ojos secos tras leer la obra, lo que nos prueba dos aspectos excelsos del acervo literario de Ishiguro: su capacidad de crear perspectivas magnéticas; y su capacidad de construir finales que sean a la vez satisfactorios e incompletos.

Restos del día

A pesar de tener apellido japonés, Ishiguro no es Murakami, ni Tanizaki, no crea personajes hieráticos ni cree en el destino. En Los inconsolables, la frustración que nos acompaña en la lectura se debe a que en parte, como con todos sus narradores, hemos estado allí, sabemos de qué habla el protagonista, entendemos su urgencia y su ansiedad, aunque no entendamos en absoluto el contexto. Ishiguro nos demuestra que el porqué, el dónde y el cuándo son meras comparsas innecesarias. Los elementos surrealistas no se explican, no son objeto de investigación ni de asombro, sólo son objetos decorativos. Y fiel a su educación occidental, nos presenta con pinceladas de maestro el libre albedrío, por el que la tragedia del personaje es que elige mal, o decide no elegir; frente a la tragedia del personaje que se ve arrastrado a su suerte, el personaje de Ishiguro (cuyo apellido en caracteres significa “roca” y “negro”) se decide, resoluto, a crear su propia suerte, y fracasa, feliz, grandiosa y maravillosamente, en el intento.

Autores relacionados:
Haruki Murakami
Junichiro Tanizaki
Kazuo Ishiguro
Libros relacionados:
Los inconsolables
Los restos del día
Nunca me abandones

Rutinas de escritores y otros personajes interesantes

18 de Junio de 2009 en Autores, Literatura

Truman Capote

En Daily Routines tienen una interesante recopilación de hábitos diarios, todos de artistas, escritores o, simplemente, gente interesante.

Agrupados por arquitectos, directores de cine, científicos o escritores, tenemos acceso a esos pequeños detalles que han entresacado de entrevistas, libros y biografías diversas. También han realizado una agrupación por hábitos distintos, como bebedores o madrugadores, por poner un ejemplo.

Me han llamado la atención varios de ellos, así que voy a traducir un poco:


Haruki Murakami:

Cuando estoy en modo escritor, me levanto a las 04:00 AM y trabajo de cinco a seis horas. Por la tarde corro 10 km o nado 1500m (o las dos cosas); entonces leo un poco y escucho algo de música. Me voy a la cama a las 09:00 PM. Mantengo esa rutina cada día sin variación. La repetición en sí misma se convierte en lo importante: es una forma de mesmerismo. Me mesmerizo a mi mismo hacia un nivel mental más profundo. Pero mantener esa repetición durante tanto tiempo -seis meses al año- requiere una buena cantidad de fuerza física y mental. En ese sentido, escribir una novela es como un entrenamiento de supervivencia. la fuerza física es tan necesaria como la sensibilidad artística.

Claro que otros lo tenían menos claro, como Truman Capote, que empezaba el día con café y cigarrillos e iba derivando al jerez y los martinis a medida que entraba la tarde, o Kingsley Amis, que escribía hasta que abrían el pub a las seis de la tarde.

Una web de lo más interesante y llena de información para procastinar -como hacen algunos de los autores comentados- entre párrafo y párrafo de nuestras interminables novelas.

Autores relacionados:
Haruki Murakami
Kingsley Amis
Truman Capote

Pamuk y el genocidio armenio

16 de Mayo de 2009 en Autores, Literatura, Noticias

Pamuk

Al hilo del discurso de Murakami al recibir el Premio Jerusalén, habría que aplaudir al premio Nobel de literatura Orhan Pamuk por comportarse como lo hace. Ser un escritor de fama internacional, con una voz que es escuchada y reflejada en cientos de medios de comunicación conlleva una responsabilidad, una actitud ética. Los hay, claro, que prefieren lanzarse a la demagogia y a los canapés -en España tendríamos buenos ejemplos de ambos-, sin mojarse de verdad con las situaciones que realmente importan.

En el caso de Pamuk, ha denunciado en varias ocasiones el genocidio armenio y kurdo que se ha llevado a cabo en Turquía desde principios del siglo XX. Esa situación, más de treinta mil kurdos y un millón -sí, lo repito un millón- de armenios han sido asesinados, es una de las vergüenzas nacionales que Turquía no está dispuesta a admitir.

En 2005 Pamuk fue enjuiciado por “insulto contra la identidad turca” al hacer las siguientes declaraciones:

Treinta mil kurdos y un millón de armenios han sido asesinados en Turquía. Nadie se atreve a mencionarlo. Por eso yo lo digo

Ahora, pese a la absolución del primer proceso, un juzgado está preparando una nueva causa contra el único premio Nobel turco, por decir en voz alta lo que muchos turcos callan. Un atentado contra la libertad de expresión y una buena muestra de la necesidad de que los escritores devuelvan a la sociedad parte de lo que reciben de ella.

Autores relacionados:
Haruki Murakami
Orhan Pamuk

Discurso de Haruki Murakami en Jerusalén (II)

10 de Marzo de 2009 en Autores, Literatura, Noticias, Premios Literarios

Aquí os dejo la traducción de la segunda parte del discurso de Murakami al recibir el Premio Jerusalén. De nuevo os pido disculpas por los pequeños errores que podáis encontrar.

Murakami
Pero esto no es todo. Conlleva un significado más profundo. Piensen de esta manera: Cada uno de nosotros es, más o menos, un huevo. Cada uno de nosotros es una alma única e irreemplazable encerrada en una frágil cáscara. Esto es cierto para mi y para cada uno de ustedes. Y cada uno de nostros, en mayor o menor grado, se enfrenta a un sólido y enorme muro. El muro tiene un nombre: es “El Sistema”. El Sistema se supone que debe protegernos, pero a veces toma vida por sí mismo y comienza a matarnos y hacer que matemos a otros, fría, eficiente y sistemáticamente.

Sólo tengo una razón para escribir novelas, y es llevar la dignidad del alma individual a la superficie y hacer brillar una luz sobre ella. El propósito de una historia es activar una alarma, mantener una luz encendida sobre el Sistema para prevenir que atrape nuestras almas en su red haciendo que carezcan de significado. Creo de verdad que es el trabajo del novelista tratar de destacar la esencia única de cada alma individual escribiendo historias, historias de vida y muerte, historias de amor, historias que hacen a la gente llorar, temblar de miedo y agitar con risas. Ahí es donde vamos, día tras días.

Mi padre murió el año pasado a los noventa años. Era un profesor retirado y sacerdote budista a tiempo parcial. Cuando se graduó en la escuela, en Kyoto, fue enrolado en el ejército y mandado a luchar en China. Como niño nacido tras la guerra, yo solía verle cada mañana antes del desayuno ofreciendo una larga y sentida oración al altar budista en nuestra casa. Una vez le pregunté porqué hacía eso. Él me dijo que rezaba por la gente que murió en el campo de batalla. El rezaba por todo el mundo que murió, aliados y enemigos también. Sentado tras él mientras se arrodillaba frente al altar, me pareció sentir la sombra de la muerte danzando a su alrededor.

Mi padre murió, y con él se llevó sus recuerdos, recuerdos que nunca conoceré. Pero la presencia de la muerte que le acechaba permanece en mis propia memoria. Es una de las pocas cosas que recibí de él, y … es una de las más importantes.

Sólo tengo una cosa que decirles hoy. Todos somos seres humanos, individuos que trascienden nacionalidad, raza y religión, y todos somos huevos, frágiles huevos enfrentados a un sólido muro llamado “El Sistema”. A todas luces, no tenemos posibilidad de ganar. El muro es muy alto, fuerte y frío. Si tenemos alguna esperanza de victoria, tiene que venir de nuestra creencia en la individualidad e irreemplazabilidad de nuestra alma y la de otros, y en nuestra creencia en el calor que ganamos al unirnos a otras almas.

Reflexionen un momento acerca de esto. Cada uno de nosotros posee un alma viviente y tangible. El Sistema carece de eso. No debemos permitir al Sistema que nos explote. No debemos permitirle al sistema que tome vida por sí mismo. El Sistema no nos define, nosotros definimos al Sistema.

Esto es todo lo que tengo que decirles.

Estoy agradecido por ser galardonado con el Premio Jerusalén. Estoy agradecido de que mis libros sean leídos en muchas partes del mundo, y quiero expresar mi gratitud para los lectores de Israel. Ustedes son la razón más importante por la que estoy aquí. Y espero que podamos compartir algo, algo muy significativo. Y estoy también contento de tener la oportunidad de hablarles hoy aquí.

Muchas gracias.

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