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Primer Congreso Internacional del Libro Electrónico

Ventas

Leo en murmullo.org un resumen del congreso profesional dedicado al ebook que se ha celebrado en Brasil y donde han asistido los grandes del mundo editorial. En concreto me ha llamado la atención la jornada en la que participaron gente de la Feria de Frankfurt, Barnes & Noble, Little Brown o Ediciona.com.

Aunque dedicado casi en exclusiva al mercado brasileño, los datos fueron, como es normal con esos ponentes, americanos y europeos. Los puntos principales parecen dar al traste con la teoría española de “todavía faltan unos cuantos años para el libro digital”, y es que el mundo del ebook está creciendo a pasos agigantados.

De entrada, podemos decir que las ventas crecieron un 261% en total del 2008 al 2009. Eso, teniendo en cuenta que se venía de una situación parecida del 2007 al 2008, indica una curva ascendente hoy por hoy imparable.

Otro dato curioso: casi la mitad (un 47%) de los lectores de libros electrónicos lo hace en la pantalla de su ordenador. ¿Qué indica eso? No sólo que a muchos no les importa demasiado la salud de sus ojos y que, visto lo visto, les va a dar igual leer en una brillante pantalla de iPad, sino que en cuanto aparezcan los lectores de libros electrónicos a precio asequible puede que se utilicen más de lo que se piensa.

Otro apunte; Barnes & Noble ha realizado un estudio sobre la lectura en pantallas a color, sobre las que, al parecer no se lee en periodos más largos que media hora. Interesante para los iPadianos, aunque claro, el estudio favorece al Nook de B&N…

En el tema del dinero, el público está dispuesto a pagar por contenido y aplicaciones para su teléfono aunque puedan conseguir lo mismo gratis por Internet. En el uso del teléfono móvil si que se ha implantado una cultura del pago, al contrario que en los MP3 -y en los libros, al paso que van-, así que los móviles pueden ser una tabla de salvación en caso de emergencia editorial.

El 80% de los que leen las primeras 16 páginas de un ebook acaban por comprarlo. Esto es interesante, ya que la naturaleza de la oferta en red permite una consulta previa de casi todos los libros -ofrecer el primer capítulo gratis es una práctica ya casi establecida por completo-, con lo que se pasa de echar un simple vistazo a poder empezar tranquilamente a leer el libro en nuestra casa.

Y, hablando de dinero, el dato definitivo y que indica cómo se está moviendo el sector americano del libro electrónico: con casi 60 millones de dólares en ventas el último cuatrimestre de 2009 se vendió más que durante todo el año 2008, y con un aumento de casi diez millones con respecto a los meses anteriores. Tan sólo enero de 2010 ha supuesto casi 32 millones de dólares en ventas, confirmando así lo disparado de los datos.

Ventas

También son muy interesantes algunas frases que destacan en murmullo y que deberían calar en la cabeza de la mayoría de editores.

-Los editores tienen que estar en las redes sociales.
-Dejen de perseguir al lector, sedúzcanlo.
-Lo que vale es la historia, no el soporte.
-Ya no estamos en el negocio del objeto físico, estamos en el negocio del contenido
-Nadie va a matar el libro

En resumen, una buena serie de datos y reflexiones para comenzar el año 2010, en el que se va a desarrollar el negocio del libro electrónico y de los e-readers (de los cacharreros y sus cacharros, como ya algunos los denominan de manera “cariñosa“), y en el que veremos aparecer iniciativas interesantes, ya sea en forma de Tablet, o de nuevas tecnologías de pantalla.

Fiscalidad y mercado del libro electrónico (II)

Tiendas electrónicas

Vamos a acabar hoy de hablar del artículo de Ávila Álvarez en el que hemos encontrado la excusa perfecta para darle un vistazo al mercado del libro electrónico. A estas alturas del cuento aun hay una cierta tendencia a considerar el mundo del libro electrónico como una moda que quedará como algo residual para amantes de los gadgets electrónicos o lectores de apuntes. Por lo tanto, parece adecuado justificar el valor de los contenidos electrónicos para el mercado editorial. El autor utiliza para ello las estadísticas del ISBN y el estudio sobre Comercio Interior del Libro, diciendo claramente que los contenidos digitales están plenamente integrados en la industria editorial española y con una clara tendencia al crecimiento; así que, no es que sea un visionario, es que la realidad está ahí.

Pero, a pesar de eso, la demanda continúa sin ser consistente y económicamente sostenible, en buena parte por la falta de disponibilidad de e-books. Pero una demanda baja no es el mejor sistema para animar que las editoriales se planteen la digitalización de sus catálogos. Por muchas plataformas de comercialización, muchos acuerdos con intervención pública y buenas intenciones, hasta que no se cree el entorno adecuado no madurará el mercado. Los consumidores no compran lectores por la falta de oferta interesante (por cantidad, adecuación del precio) y las editoriales no digitalizan sus catálogos por falta de madurez del mercado. Una de esas famosas pescadillas que se muerden la cola.

Como no podría ser de otra manera, Ávila Álvarez, destaca el problema de la propiedad intelectual, en el que solo entra de puntillas ya que no es el motivo del artículo, pero lo une a la indefinición del modelo de negocio, del que nos hemos quejado muchas veces como consumidores, cómo comprar pero, sobre todo, cómo pagar: por precio, tarifa plana, subscripción… la verdad es que estamos deseando que el mercado se perfile el modelo de una vez. Por mi parte, la subscripción o la tarifa plana me parecen las más interesantes. El hecho de que el mercado aun esté tan inmaduro en España podría ser en realidad una ventaja ya que nos puede permitir probar diferentes modelos al no existir uno predominante.

La venta directa, siguiendo el modelo de la librería tradicional, sólo parece interesante si estamos hablando de precios muy competitivos, de compradores esporádicos o de libros muy concretos (técnicos, raros o descatalogados, aunque este concepto desaparece en el mundo digital). Una tarifa plana por tramos, similar a la que ofrecen los servicios de telefonía, podría ser muy atractiva para los lectores habituales y para las librerías (o las plataformas correspondientes) que se asegurarían así los ingresos. La forma como se están organizando las plataformas por ahora, como unión de diferentes editoriales, dificultaría este sistema, ya que si quieres adquirir libros de otra editorial no tendrías las ventajas correspondientes.

Sea como sea, esperemos que el mercado se aclare pronto y, sobre todo, que la disponibilidad de libros electrónicos en castellano se dispare: los dueños de lectores no quieren tener que saltarse las tiendas para poder leer.

Fiscalidad y mercado del libro electrónico (I)

Precio

Antonio María Ávila Álvarez, director ejecutivo de la Federación de Gremios de Editores de España, publica en el Boletín Económico de ICE un interesante artículo sobre el libro electrónico, poniendo sobre la mesa algunas de las cuestiones claves del desarrollo de este mercado y dejando claro que la miopía que en algunos casos padece el sector no es compartida por todos. Las conclusiones de Ávila Álvarez me parecen muy interesantes: no existe un entorno jurídico, económico y fiscal favorable para el desarrollo de este mercado, y mientras esto continúe así, difícilmente se va a asentar un mercado por muchas plataformas de comercialización que aparezcan.

Partiendo de un breve repaso a los diferentes tipos de contenidos con los que nos podemos encontrar en la maraña digital y de algunas definiciones, Ávila coloca al libro electrónico en su contexto actual y exige al e-reader tres características para ser designado como tal: utilización de tinta electrónica, gran capacidad de almacenaje y conectividad. Pero en lo que se centra más el artículo es en los problemas a los que se enfrenta el mercado del libro electrónico para asentarse, ese marco deficiente del que habla en sus conclusiones. En otro post hablaremos de los problemas de identificación o de la falta de madurez del mercado pero, como la actualidad manda, parece interesante empezar por un problema que parece en vías de solución, la fiscalidad.

Tal y como denuncia el artículo, a pesar de todas la definiciones que hacen prevalecer el contenido frente al formato, para Hacienda los libros electrónicos no gozan de la reducción al 4% del IVA con la que si cuentan los libros tradicionales. El hecho de que, pocos días después de la publicación del artículo, el Ministerio de Cultura anunciase que los libros electrónicos tendrán también el IVA reducido, nos da una idea de lo rápido que cambia el panorama. Ahora hay que esperar que esta reducción se vea reflejada en el precio final del e-book.

Este anuncio fue realizado por la ministra en la presentación del proyecto Enclave de la Biblioteca Digital Hispánica. Enclave permite el acceso a través de la plataforma de la BDH a documentos digitalizados con derechos de autor propiedad de las editoriales colaboradoras, convirtiéndose así en un punto de acceso a la compra de estos documentos. Por ahora, han colaborado noventa editores con mil trescientos títulos de los que aun no están disponibles todos. El proyecto en si es muy interesante, una plataforma única de acceso a la información bibliográfica de todos los documentos digitales de nuestro patrimonio dependiendo la forma de acceso de los derechos; lo que el lengua común vendría a ser un buscador de libros electrónicos. Pero el hecho de que este tipo de iniciativas tengan que partir desde la administración pública nos da una idea de la inmadurez del mercado.

Como decíamos, uno de los problemas que afectan al mercado del libro parece solucionado acercándonos un poco a ese marco favorable del que habla Ávila Álvarez. Obviamente os recomiendo el artículo, al que vamos a coger de excusa para centrar un poco el debate sobre el mercado editorial electrónico.


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