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Entradas con etiqueta ‘Literatura Gay’

¿Estamos todos representados? (II)

9 de octubre de 2011 en Infantil, Juvenil, Mundo Editorial

Huida al Sur

Como anticipaba en la primera parte del artículo, las editoriales dirigidas a público juvenil en España parecen mostrar, en principio, menos escrúpulos que sus equivalentes estadounidenses a la hora de publicar libros que incluyan personajes no heterosexuales (o personajes que se salgan de la directiva blanco heterosexual de clase media que parece abundar en dicha literatura; si bien no entraré en este artículo en la diferencia racial, ya que merecería varios textos aparte). Una rápida búsqueda por Internet produce numerosos resultados en este sentido, y una búsqueda un tanto más selectiva, entre escritores y conocidos, produce otra lista de títulos cuyos personajes muestran tendencias no heterosexuales, dentro del marco de la literatura juvenil escrita por autores españoles.

Por supuesto, lo primero en aparecer son libros dirigidos expresamente a adolescentes gays (aunque también figura alguno encaminado a lectores bisexuales). Se trata de títulos cuyos protagonistas se enfrentan bien a la discriminación social, bien a su propia confusión (o a ambas cosas). En esta línea podríamos encajar obras como Nunca soñé contigo, de Carmen Gómez Ojea, o Fin de curso de Jesús Generelo. Aunque estos autores son bastante conocidos, no tienen el peso de los grandes escritores de dicho género. Por esto fue una muy agradable sorpresa descubrir Huida al Sur, de Juan Madrid, que obtuvo nada menos que el Premio Edebé de literatura juvenil en el 2008. Que una editorial grande no se amilane a la hora de presentar obras con personajes como los de Madrid es todo un símbolo de progreso; su protagonista, Tomás, es gay, marroquí y pobre. Nada que ver con los estereotipos a los que nos pueden haber acostumbrado.

También inspira confianza la literatura infantil, donde abundan los títulos educativos cuya función está más encaminada a enseñar tolerancia al niño lector desde una temprana edad (algunos ejemplos serían La princesa Ana, de Luisa Guerrero, o Amigos y vecinos de Lawrence Schimel). Pero el objetivo es diferente, y en este sentido la literatura juvenil tiene sus limitaciones; si bien no parece haber problema al presentar a personajes de clases y razas variadas, por lo general se observa una falta de representación de personajes no heterosexuales. Aparecen, de manera callada, en obras sueltas, por lo general de editoriales especializadas. Ya mencionamos en el artículo anterior a Jordi Sierra i Fabra, que presenta a una protagonista lesbiana en Al otro lado del espejo, aunque vista la extensa producción del autor catalán, parece inevitable que tarde o temprano se centrara en el tema del despertar sexual de un adolescente no heterosexual, debido a su gusto por crear historias con todo tipo de personajes y temáticas. Sierra i Fabra abrió la puerta pero tampoco han sido tantos los que han aprovechado su corriente. En lo que se refiere al género juvenil, parecería que este tipo de novelas se concentra en narrar el descubrimiento de la identidad sexual, y sorprende la ausencia de tramas que incluyan personajes que participen de aventuras típicas de la literatura juvenil, donde la sexualidad fuese una característica más, tan corriente como ser rubio o moreno, diestro o zurdo. ¿Necesitamos una normalización, una inclusión de personajes gays y bisexuales como entidades no definidas por su “diferencia” sexual, sino por las características que generalmente han marcado a los protagonistas de la narrativa juvenil: la valentía, la honestidad, el sentido de la maravilla? Esperamos, como viene siendo habitual, vuestras opiniones en los comentarios.

Autores relacionados:
Carmen Gómez Ojea
Jordi Sierra i Fabra
Juan Madrid
Lawrence Schimel
Libros relacionados:
Amigos y vecinos
Huida al sur
Nunca soñé contigo

¿Estamos todos representados? (I)

28 de septiembre de 2011 en Autores, Juvenil

Jordi Sierra i Fabra

A raíz del artículo en el que hablamos de los problemas que tenían algunos escritores estadounidenses de literatura juvenil para encontrar un agente dispuesto a representarlos sin que le asustara la inclusión de personajes homosexuales en sus libros, podríamos preguntarnos cuál es la situación a este lado del charco. Personalmente, no tengo constancia de ningún caso de discriminación en este sentido, por parte de agentes ni de editores, y de hecho sí recuerdo un episodio en particular en el que los profesionales de una editorial se hallaban divididos entre fomentar una relación entre dos personajes femeninos o eliminarla por completo. Al final, el escritor hizo lo que quiso y la editorial respetó su decisión. Parecería que en nuestro país, de hecho, hay cierta preocupación por la corrección política, y los editores, si bien suelen tratar al libro como producto y mirar ante todo por su rentabilidad, no consideran que la sexualidad de los personajes sea una prioridad absoluta. Pero hablo de mi propia, limitada, experiencia, y me pregunto qué ocurrirá, realmente, entre bambalinas.

En España tenemos la suerte de contar con un importante escritor de juvenil, Jordi Sierra i Fabra, que nunca se ha limitado al prototipo personaje blanco, heterosexual y occidental, abriendo así camino para otros escritores que quieran crear, del mismo modo, protagonistas de todo tipo, interesantes y complejos. Tal vez si J. K. Rowling hubiera hecho gay a Harry Potter, o si Stephenie Meyer hubiese convertido a Edward en una chica, habrían ayudado a abrir este camino de manera significativa en sus respectivos géneros y países. Pero por otro lado, y aceptemos la cruda realidad, tal vez los libros no habrían gozado de la misma aceptación.

Con todo, estamos muy lejos de gozar de una representación adecuada de personajes gays, lésbicos, bisexuales, asexuales o cualquiera que entre en el amplio espectro de lo no heterosexual. No se trata de llenar un cupo, sino de percatarse de una realidad llamativa: hay un porcentaje de adolescentes que comienzan a cuestionarse sus preferencias en una sociedad en la que todavía existe la discriminación por orientación sexual. Recordemos cómo muchos nos perdíamos en los libros cuando teníamos catorce o quince años, identificándonos con tal o cual protagonista. ¿No sería lo ideal que cualquiera de estos adolescentes pudiera tener esa misma sensación, al conocer la historia de alguien que está pasando, o ha pasado, por experiencias parecidas a las suyas? ¿No le ayudaría esto a aceptarse, a rechazar el estigma de la diferencia que la sociedad se encargará, probablemente, de otorgarle en algún momento? No me refiero a que la literatura juvenil tenga que llenarse de tramas que narren salidas del armario (que también), sino simplemente a que empecemos a incluir más personajes que, además de salvar el mundo, descubrir reinos de fantasía o embarcarse en una nave pirata, puedan enamorarse de alguien de su mismo sexo. Es precisamente por esto por lo que hablamos de literatura juvenil, por la importancia que tiene la lectura a una edad en la que todo es más intenso y confuso, y por la interesante actitud que muestran las editoriales del género en nuestro país, que parecen cada vez más dispuestas a tratar temas que realmente atañen a su público objetivo. En la segunda parte de este artículo examinaremos qué autores pueden suplir este vacío, analizaremos qué títulos cubren esta necesidad, y veremos hasta qué punto están representados, o no, los lectores.

Autores relacionados:
Jordi Sierra i Fabra

Agentes políticamente incorrectos

26 de septiembre de 2011 en Autores, Ciencia-Ficción, Juvenil

Manos unidas

Hay un artículo que ha estado dando tumbos por internet durante las últimas semanas, firmado por los escritores estadounidenses Rachel Manija Brown y Sherwood Smith. Ambos son autores muy reconocidos en su campo (han publicado numerosas novelas dirigidas al público juvenil), y decidieron escribir juntos una novela juvenil de ciencia ficción (en concreto se trata de un libro llamado Stranger, ambientado en un mundo post-apocalíptico). Presentaron su obra, como tenían ya por costumbre, a diversos agentes literarios, con la esperanza de que quisieran representarlos en la siempre complicada búsqueda de editor. Y cuál no sería su sorpresa cuando la respuesta de los agentes, casi unánime, hacía referencia a un cambio en particular: eliminad a Yuki.

La obra de Rachel y Sherwood se desarrolla desde cinco perspectivas. Una de estas corresponde a Yuki Nakamura, un adolescente que tiene pareja. De su mismo sexo. Por lo visto esto no es aceptable para algunos agentes literarios (e imagino que para algunas editoriales, ya que a los agentes les interesan los libros que creen que pueden, a su vez, interesar a las empresas de edición). Y si no es aceptable damos por sentado que no hablamos de principios religiosos, convicciones morales o políticas, sino de pura y dura rentabilidad. ¿Rechazaban estos agentes a Yuki porque haría menos atractiva la obra para sus lectores y, más importante, para los padres de los lectores? Los autores admiten que algunos agentes eran más abiertos al respecto (solicitando directamente la eliminación o “heterosexualización” del personaje), mientras que otros lo sugerían a media voz junto con otras “modificaciones” (que también pedían transformar a los personajes de razas no blancas en arios de pura cepa). Se reduce, al fin y al cabo, en la discriminación hacia el otro, hacia la diferencia, tome ésta forma de gay, lesbiana o hindú. Lo cual, teniendo en cuenta que hablamos de ciencia ficción, un género que suele abrazar, precisamente, la diferencia (alienígenas, futuros alternativos, tecnologías extrañas…), no deja de sorprender.

En los comentarios y respuestas al artículo de Brown y Smith, hay voces de todo tipo, en su mayoría de escritores. Aunque aparece quien afirma que nunca tuvo este tipo de problema con sus agentes literarios, la mayoría se muestra (generalmente bajo pseudónimo) bastante de acuerdo con éstos, contando experiencias similares. Entre los que sí han dado su nombre real destaca Nicola Griffith, que tiene nada menos que un Nebula, uno de los premios más importantes dentro del género de la ficción especulativa. Griffith cuenta sin tapujos cómo despidió a su primer agente literario por intentar que ella disfrazase o eliminase la homosexualidad de sus personajes. En un mundo en el que a J. K. Rowling no se le ocurrió sacar del armario a Dumbledore hasta que sus libros ya estaban terminados, ¿hay suficientes libros que ofrezcan personajes con quien puedan empatizar los adolescentes gays, bisexuales, o transexuales? Más aun, ¿no es precisamente la diversidad lo que hace más creíbles a dichos personajes, proporcionando por tanto mayor legibilidad a la obra ante sus lectores, sean estos homosexuales, heterosexuales, blancos o verdes?

No hay duda de que existen en Estados Unidos varias editoriales pequeñas especializadas en temática queer. Pero el mainstream todavía está lejos de ofrecer todo lo que puede. Por ahora, Stranger sigue sin editor. ¿Y qué pasa con España? De eso trataremos en otro artículo.

Autores relacionados:
Nicola Griffith

Los pingüinos gay y la Materia Oscura

6 de octubre de 2009 en Infantil, Juvenil, Literatura, Mundo Editorial, Noticias

Tres con Tango

La Asociación de Bibliotecas Americana acaba de publicar un ránking en el que se listan los libros disponibles en Estados Unidos que más han sido atacados para provocar su retirada de las estanterías de colegios y bibliotecas públicas. Por lo visto, el total de intentos ha subido a 518 de los cuales 74 fueron prohibidos o restringidos con éxito.

El autor conocido que más palos se ha lleado este año es Philip Pullman, autor de la saga de la Materia Oscura -aquí es conocida su adaptación al cine con el título de La brújula dorada- que viene siendo objeto de una campaña constante promovida por grupos ultracatólicos. A Pullman, que ya está curtido en estas lides, le parece un orgullo estar en el Top-10 de libros prohibidos, aunque lamenta que haya gente que se crea con el derecho a decidir lo que otros pueden o no pueden leer.

En los últimos años se han registrado más de 4000 intentos para quitar libros de las bibliotecas, siendo las obras con protagonistas gays o lesbianas las que se llevan la palma como tres obras en el Top-10.

En esta línea, el libro más perseguido y vilipendiado de este año se llama Tres con tango, una historia infantil sobre una anécdota real: Dos pingüinos macho, cuya relación era… cercana, criaron a un pequeño pingüino en el zoo de Central Park. Esa premisa, que en el libro quiere acercar a los niños la posibilidad de familias diferentes a la tradicional, no ha gustado nada -pero nada, nada- a multitud de asociaciones e iglesias americanas que han montado una campaña de acoso y derribo contra el libro. Esperemos que por el momento no salten las vallas del zoo y dejen a los tres pingüinos vivir en paz en su pequeña casita.

Los libros de J.K Rowling también se enfrentaron a duras acusaciones por fomentar la brujería entre los niños, y hace poco ha salido a la luz una noticia sobre la Administración Bush en la que no se llegó a premiar a la autora británica por ese mismo motivo.

De entre los clásicos de siempre, El color púrpura y El guardián en el centeno parecen los objetivos más apreciados por los censores americanos, que intentan, año tras año, evitar que alguien puede leer por sí mismo, no vaya a ser que aprenda algo peligroso.

Vía: The Guardian

Autores relacionados:
Joanne Kathleen Rowling
Philip Pullman
Libros relacionados:
El color púrpura
El guardián entre el centeno
Luces del norte. La materia oscura I (La brújula dorada)
Tres con Tango

Amazon y su Amazonfail

Amazonfail

Aunque Amazon no se haya metido en el mercado español, es de todos conocido que se trata de la tienda virtual más grande del mundo. Digo tienda virtual y no sólo librería debido a la ingente cantidad de cosas que se pueden comprar a través de Amazon, desde peluches a películas, desde cables para el ordenador a comida enlatada.

De todas formas, el negocio donde Amazon destaca es en el de los libros. Sobre todo por su excelente, hasta ahora, algoritmo para destacar y recomendar productos. Cualquiera que haya utilizado Amazon para comprar alguna vez sabe que cada vez que acceda a su cuenta recibirá un buen montón de recomendaciones preocupantemente -para el bolsillo- acertadas, tanto de novedades como de productos en stock.

Las listas de superventas o más visitados, o de mejor valorados, son una herramienta clave en el marketing de Amazon. Miles de personas utilizas esas listas o el sistema de recomendaciones para elegir su compra.

La semana pasada, sin embargo, algo se torció en Amazon. Todos los libros que estaban marcados como de temática adulta fueron excluidos del sistema -que no de la tienda: eran accesibles pero sin puntuación visible- así que, para la inmensa mayoría del mercado, desaparecieron.

Aquí es donde se complica la historia. Libros marcados como “adultos” o “eróticos” no eran accesibles, así como los que llevaban la etiqueta de “sexo”. Teniendo en cuenta que el proceso de clasificación es manual, por lo tanto un tanto arbitrario, se dieron casos tan curiosos como que el libro El amante de Lady Chatterley no aparecía mientras que el libro con las mejores portadas de Playboy -clasificado bajo “fotografía”- no se veía afectado. Al mismo tiempo, toda la literatura marcada como gay también se salía del sistema.

Así que Amazon ha sacado, en teoría, la literatura “para adultos” fuera de sus listas, al parecer con poca idea, deprisa y corriendo, generando un montón de feedback en contra -ya hay más de 10.000 firmas protestando- al mismo tiempo que su habitual “saber hacer mediático” se ha visto comprometida. Apenas han dado información, aunque se han disculpado y dan a entender que lo van a “arreglar”, y los rumores, a mi me encanta uno sobre un empleado francés de Amazón que había “tocado algo rompiéndolo todo”, se multiplicaron.

Más allá de la mera noticia, muchos escritores y editores se han visto, de repente, enfrentados a una realidad que no querían afrontar: Amazon es un monstruo cercano al monopolio, si decide sacarte de las listas desapareces y tus ventas se van por el sumidero. Por otra parte… ¿quién puede decidir en el futuro qué es mejor que se lea y qué no? Ni siquiera tendrían que censurar un libro, tan sólo dejarlo perderse en un inmenso océano de títulos generados al azar..

Libros relacionados:
El amante de Lady Chatterley

Mujercitas: un clásico controvertido

31 de enero de 2009 en Autores, Literatura

Mujercitas

Poco sospechamos, al pasar las páginas de la entrañable novela Mujercitas, que el calor y la ternura que inunda nuestras entrañas es producto de varias ediciones, correcciones y capitulaciones que la han convertido en la “porquería moralista” (Louisa May Alcott dixit) que es hoy. Diversos filtros hicieron de Jo una chica mucho más refinada y mejor hablada que en la obra original, y ciertas obras de teatro de las hermanas March fueron sustituidas por representaciones religiosas. La Marmee de la familia fue puesta a dieta y también hizo un curso avanzado de modales y dicción, y Laurie sufrió un remake propio de un cambio radical televisivo.

Cuando Louisa era adolescente, se prometió a sí misma que haría lo que fuera para poder ser independiente, rica y popular. Comenzó enseñando y limpiando casas, ayudando a mantener a su empobrecida familia, y enviando relatos a publicaciones variadas. Finalmente llegó su gran oportunidad, una editorial le encargó “una novela para chicas jóvenes”, y su éxito fue tal que se sucedieron múltiples ediciones, con sus correspondientes modificaciones ya citadas para adaptar la obra al máximo al afán puritano de “educar a las esposas del mañana”. A Mujercitas siguieron muchas otras obras del mismo estilo, ya fueran secuelas de ésta o libros independientes en el mismo tono.

Louisa May Alcott no quería que Jo March se casara, sobre todo porque Jo March era su alter ego literario y Louisa May Alcott no quería casarse. Ni tener hijos. Ni sacrificar su situación de solterona pudiente en ningún sentido. En Mujercitas se advierte a las chicas que se alejen de las novelas “malas”, las novelas románticas y pasionales que pueden ejercer una influencia liberadora sobre esas pequeñas mujeres y futuras esposas. Las hermanas March no sabían que su creadora era la autora de muchas de esas novelas, y de hecho, Pauline’s Passion and Punishment (La pasión y castigo de Pauline) a día de hoy sigue considerándose una de las novelas románticas, o “potboilers”, más importantes de la época. Restringida por la necesidad de ser comercial, ya fuera educando a jovencitas o llenando sus cabecitas de deseos prohibidos, Louisa no publicó muchas obras que realmente reflejasen sus propios intereses y habilidades (Moods y A Modern Mephistopheles probablemente sean las únicas, aparte del compendio de historias sobre las seis semanas que ejerció de enfermera voluntaria en el Hospital de Georgetown durante la Guerra Civil).

No deja de sorprender que la misma autora que relataba las aventuras de cuatro hermanas edulcoradas con tanto candor fuera activa defensora de los derechos de la mujer, abolicionista, y posiblemente lesbiana. Louise Chandler Moulton le preguntó en una entrevista por qué seguía siendo soltera, y Alcott respondió que se había enamorado miles de veces de chicas hermosas, pero nunca de un hombre. Probablemente esta lectura sea demasiado moderna, y simplemente estamos ante una mujer que no quería someterse a la dictadura patriarcal de su época, y que disfrutara más de la compañía de mujeres que de hombres, pero lo que sí es cierto es que la masculina Jo, que expresa querer ser un hombre para así poder casarse con su adorada hermana Meg y evitar que se marche de casa, tuvo que hacer lo socialmente adecuado y contraer matrimonio, pero Louisa huyó de este papel impuesto para convertirse en la figura inspiradora que es hoy. No en vano The Publishing Triangle, una importante asociación de editores, autores y lectores estadounidenses, eligió Mujercitas como una de las cien mejores novelas gays de la historia.

Autores relacionados:
Louisa May Alcott
Libros relacionados:
Mujercitas

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