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Entradas con etiqueta ‘Japón’

Cultura española para japoneses

5 de febrero de 2011 en Actividades, Literatura

Muñeca flamenca

Es inevitable: igual que para nosotros Japón es sinónimo de sushi, peleas de sumo, teatro kabuki y manga, para los japoneses hablar de España es hacerlo de la paella, el flamenco y los toros. Para acabar con esto la editorial japonesa Maruzen acaba de presentar en la sede del Instituto Cervantes de Tokyo un grueso volumen de 860 páginas, con 14 campos de interés (para un total de 370 temas) acerca de la cultura española. Para su elaboración han sido necesarios varios años y más de 150 especialistas sobre España.

Uno de los promotores del libro, el profesor de la Universidad de Lenguas Extranjeras de Kyoto Shoji Bando, afirmó que la intención era difundir algo más de lo habitual sobre España. Por eso hay temas para todos los gustos: gastronomía (porque no todo va a ser paella y jamón), música y cine (porque no todo se acaba en el flamenco y Almodóvar), moda y arquitectura (ámbitos en los que España es una potencia mundial), deporte, etc. Especial importancia tiene el capítulo de las identidades nacionales dentro de España, algo desconocido para la mayor parte de los japoneses. “Hay muchos libros sobre la España tradicional y apenas de la más nueva”, dijo Bando, tras comentar que han sido rigurosos en la información que aparece en el libro, ya que han intentado que la documentación histórica sea lo más fiable posible.

La obra, que cuenta con gran cantidad de fotografías, gráficos, etc., tendrá una tirada de 1500 ejemplares, y llama la atención el prohibitivo precio, nada menos que 20.000 yenes (178 euros aproximadamente), lo cual no parece que vaya a convertir el libro en un superventas precisamente. Sea como fuere, es evidente que el interés en Japón por España y su cultura está en auge. Dicho interés se multiplicó de una forma más o menos fortuita en los años 80, cuando una de las marcas de whisky más consumidas del país insular, Suntory, mostraba imágenes de la Sagrada Familia. Las inmediatas olimpiadas de Barcelona no hicieron sino aumentar el interés del japonés, que empezó a considerar España como uno de sus destinos vacacionales preferidos. A los 700.000 nipones que visitan nuestro país anualmente hay que añadir los cada vez más que han elegido aprender la lengua española, tanto en centros públicos como privados. Existen incluso cursos de español en televisión y radio. Hay que reseñar que este auge de la enseñanza del idioma no viene sólo motivado por un interés creciente por España, sino también por otros estados hispanohablantes, tal es el caso especialmente de México.

Día uno. Así empezó la era atómica, de Peter Wyden

31 de julio de 2010 en Autores, Literatura

Explosión

La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto global en el más amplio sentido de la palabra: no sólo estuvieron involucradas naciones de los cinco continentes, sino que hubo acciones bélicas en casi cualquier parte del planeta. Para los europeos nos son mucho más conocidas las batallas desarrolladas en nuestro continente y en el norte de África, igual que para los estadounidenses fue la guerra en el Pacífico la que verdaderamente marcó a toda una generación, pero no hay que olvidar que hubo batallas navales en América del Sur, que en la India y en China se libraron algunos de los combates más arduos del conflicto o que durante mucho tiempo Australia y Nueva Zelanda estuvieron seriamente amenazadas por la Armada del Imperio Japonés. También, debido a décadas de propaganda estadounidense, tendemos a pensar que la guerra se ganó finalmente gracias a la intervención del gigante norteamericano, obviando que fue la Unión Soviética la verdadera desencadenante del fin nazi, o que el Reino Unido pudo resistir gracias a la intervención de tropas provenientes de Canadá, Australia y Nueva Zelanda, sin las cuales el Tercer Reich y sus aliados habrían conquistado Europa y sus colonias con relativa facilidad.

No obstante, la guerra en Europa terminó meses antes que la guerra en el Pacífico. Con el fin de la Alemania nazi los gobiernos de las potencias aliadas dieron por hecho que la guerra con Japón todavía duraría varios años. Las batallas que se desarrollaron en las islas del Pacífico daban a entender que el fin japonés sólo se conseguiría a base de mucho esfuerzo… y muchas vidas. Fueron miles los caídos por ambos bandos en cada batalla o escaramuza, y todo hacía indicar que la única manera de rendir a los japoneses, aunque estos ya se encontraban en la primavera de 1945 con una carestía importante de los recursos estratégicos fundamentales para mantener su maquinaria de guerra, sería yendo de isla en isla hasta desembarcar en el propio archipiélago nipón. El Estado Mayor estadounidense temía esta posibilidad: si los soldados japoneses se habían mostrado tan aguerridos y combativos defendiendo posiciones en mitad del océano, algunas no más que pequeños atolones o islotes sin valor, ¿qué no harían para proteger a su patria de una invasión extranjera? Todo esto, unido a que la Unión Soviética parecía reticente a atacar a las fuerzas japonesas apostadas en Manchuria y Corea (pese a que se había comprometido a ello en la Conferencia de Yalta), parecía presagiar una larga guerra. Sin embargo, esto no ocurrió: tras el lanzamiento de dos ingenios nucleares sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, cuyas deflagraciones asesinaron a cientos de miles de civiles japoneses, el emperador Hirohito se vio forzado a convencer a su Gabinete para aceptar la rendición, temeroso de que más bombas asolaran la Madre Patria. Él no podía saber que los estadounidenses, en esos momentos, no contaban con más bombas atómicas, y que una tercera de ellas se habría demorado todavía unos meses.

Pero Peter Wyden, autor de Día Uno. Así empezó la era atómica, si bien dedica la segunda mitad de su libro íntegramente al ataque a Hiroshima, entrevistando a docenas de supervivientes de la explosión, también se interesa por las razones que llevaron a los Estados Unidos a utilizar una tecnología que todavía no entendían del todo sobre el archipiélago japonés. En realidad, el eje de esa primera parte del libro sería ya no sólo los hombres que fabricaron la bomba (destacando entre ellos, de forma determinante, Robert J. Oppenheimer, director del proyecto), sino los teóricos que, inconscientemente, hicieron posible la más mortífera arma que el ser humano ha desarrollado, entre ellos científicos tan reputados como Leo Szilard o Albert Einstein.

Bomba

De algún modo, el sacrificio de miles de civiles japoneses, al acelerar la rendición del Imperio nipón, evitó seguramente muchas más muertes, tanto japonesas como estadounidenses, pero esta postura, magnificada por la propaganda aliada, es relativa: la Unión Soviética, en los días posteriores al primer lanzamiento, ocupó Manchuria y Corea, en donde había un millón o más de soldados japoneses, muchos de los cuales murieron en batallas en las que el rodillo del Ejército Rojo los aplastó casi literalmente. Para esos miles de soldados poco importó que en esos momentos se estuviera ya negociando una rendición.

La era atómica había empezado. Tras la caída alemana se demostró que los nazis no habían andado lejos de poseer su propia bomba atómica; también Japón tenía un programa atómico, aunque las fuerzas de ocupación estadounidenses pudieron comprobar que los asiáticos no habían tenido demasiado éxito. En 1949 un segundo país se unió al “club atómico”, la Unión Soviética, en parte gracias a las filtraciones del proyecto estadounidense: entre los participantes en el proyecto Manhattan había agentes soviéticos infiltrados, tal es el caso del conocido Klaus Fuchs.

La obra de Wyden es un libro imprescindible tanto para conocer los entresijos científicos de la bomba atómica, como las motivaciones de Estados Unidos para construirla y lanzarla. Y, por supuesto, en su parte final, para acercarse de forma cercana a las terribles consecuencias de aquella primera utilización con fines bélicos sobre Japón.

Autores relacionados:
Albert Einstein
Peter Wyden
Libros relacionados:
Día uno. Así empezó la era atómica

Best Sellers, otros mercados

1 de julio de 2009 en Literatura, Mundo Editorial, Narrativa, Noticias

Bourne

Está claro que en España tenemos la saga Millenium de Larsson y a Ildefonso Falcones con La mano de Fátima como los libros situados en lo más alto del top de ventas. A una distancia prudencial se mantienen los libros de Stephanie Meyer aunque sin alcanzar los picos del año pasado, a la espera del estreno de la siguiente película de Crepúsculo.

Sin embargo, ¿qué es lo que está vendiendo por otras partes del mundo? A veces pecamos un poco de cortos de miras y no tenemos claro qué es lo que arrastra masas en otros lugares.

En Estados Unidos tenemos varios libros sobre la guerra de Irak entre los primeros puestos de ventas, algunos de ficción y otros son testimonios de soldados. En ficción pura y dura encontramos a Jodi Picoult con My sister’s keeper, que se ha lanzado al top de ventas al estrenarse una película sobre el libro.

Ángeles y demonios se relanza también por el estreno de la película y vuelve a entrar en un top 20 del que hacía años había desaparecido. Otros nombres clásicos del best-seller en la lista son Robert Ludlum con su última entrega de la serie Bourne: The Bourne Deception, y Dean R. Koontz con Relentless.

En el mercado chino, un mercado en el que las grandes editoriales norteamericanas se han empezado a fijar y que puede suponer una verdadera oportunidad de negocio por el inmenso volumen que puede llegar a mover, presenta títulos sobre todo extranjeros. Night, de Elie Wiesel, Ángeles y Demonios -en una versión en la que regalan la película con el libro-, El lector, de Bernhard Shlink, así como el último libro de John Le Carré, El hombre más buscado.

He intentado encontrar datos de Japón, pero al parecer 1Q84 de Murakami, que ya va por el millón de ejemplares vendidos en dos semanas, se ha comido el mercado del libro en papel. En el ámbito del libro para dispositivos móviles, está haciendo furor uno que contiene tests para saber si tu personalidad concuerda con el tipo de sangre que tienes, (A, B, AB, O). ¿No es maravilloso Japón?

Lo que está claro es que muchos best-sellers llegan a globalizarse arrastrados por el éxito de las películas que hacen a partir de ellos, algunos, como Ángeles y Demonios, volviendo del sueño de los justos donde habían sido condenados.

Autores relacionados:
Bernhard Schlink
Dean Koontz
Ildefonso Falcones de Sierra
John Le Carré
Robert Ludlum
Libros relacionados:
El hombre más buscado
El lector
La mano de Fátima

Novelas superventas… en el teléfono

Chica leyendo

Keitai Shoshetsu. Así es como llaman en Japón a un tipo de literatura concreto, el que se escribe mediante y para su lectura con teléfonos móviles.

Hay que pensar, claro, que el tamaño y calidad medio de los terminales en Japón lleva tiempo siendo superior que en Europa y Estados Unidos. A eso hay que añadir la tecnofilia que se vive en las calles de las ciudades japonesas y que aquí todavía sólo ha empezado a enseñar la cabeza.

Pues bien, las novelas Keitai son, en su inmensa mayoría, historias románticas escritas para adolescentes. La temática quizá sea lo de menos frente al fenómeno, pues es hija directa de la tradición japonesa: relaciones difíciles, sexualidad complicada y sufrimiento, mucho sufrimiento. El género Keitai es cultura popular en estado puro, nació sin estar ligado a editoriales o filtros y se expandió como un virus alfabético -o ideográfico, para ser exactos- por todo el país.

Las páginas web dedicadas a las novelas-móvil llegan, en algunos casos, a tres mil millones de visitas mensuales -una auténtica barbaridad- creando al mismo tiempo redes sociales de escritoras y lectoras en un gigantesco movimiento de autofagotización cultural. Un fenómeno que salta las barreras del medio y pasa al manga, la televisión o incluso al cine.

¿Y la literatura tradicional? Bien, el 90% de las novelas para móviles acaban publicándose también en papel, las editoriales no se han resistido a sacar adelante estos textos que alcanzan tiradas de hasta doscientos mil ejemplares. Lo más curioso es que imponen una revolución del formato escrito, haciendo que sea éste el que se adapte a al estructura de las pantallas y no al revés. Los saltos de línea se mantienen, incluso aquellos que utilizan los escritores para dar énfasis a ciertas partes de la narración, comiéndose interlineados o entre caracteres. Todo eso se traslada al papel, pese al extraño aspecto que pueda presentar. El que no lo hace, no vende. Parece, quizás, un último coletazo antes del cambio total del soporte, como cambió la manera de escribir al pasar de los rollos de papel al libro que conocemos ahora.

Quien crea que esto es un fenómeno propio de Japón, puede que esté equivocado. El auge de los nuevos teléfonos y las redes sociales de comunicación rápida -como Facebook o Twitter- hace que el uso del móvil para estar en contacto y leer -sí, una lectura rápida de cinco minutos- se convierta en algo completamente habitual. Ya hay sitios web en Estados Unidos que ofrecen plantillas para la publicación en teléfonos móviles, y no han hecho más que empezar.

movil

En realidad, no es algo nuevo. Las novelas Keitai son folletines románticos publicados por entregas con gran seguimiento de público, ¿qué ha cambiado? El medio, como cambió en el S.XIX, como lo hizo en el XX. Gran parte de la literatura contemporánea nace de esa cultura popular y desprestigiada por la crítica, una literatura que no busca más que la expresión por la expresión y el ocio, el entretenimiento en estado puro a lo que se suma algo completamente nuevo: La participación.

Uno de las obras creadas en la Red desde Japón, y que ha llegado a convertirse incluso en obra de teatro, empezó siendo una simple historia reescrita y ampliada por cientos de lectores. De una anécdota en un foro a una historia viral con cientos de versiones. Cultura oral, leyendas suburbanas a las que se les puede seguir la pista. ¿Será la muerte del escritor aislado entre la masa popular? ¿Nacerá un nuevo tipo de contador de historias, una mezcla de Homero y Stephenie Meyer?

El tiempo, y la tecnología, lo dirán.

Más información sobre las novelas Keitai en: Etiqueta Negra


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