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Un modelo editorial poco sostenible

17 de mayo de 2011 en Mundo Editorial, Noticias, Tecnologí­a

iPad

Una de las grandes bazas que se barajan para las Tablets como lectores de libros o de revistas es la facilidad con la que se pueden desarrollar aplicaciones de compra y gestión para tener acceso a contenidos. En el caso de Apple, fueron muchas las compañías que desarrollaron puntos de venta, kioscos, para dar difusión a obras de terceros que no querían, o podían, pagarse una aplicación propia y solitaria para competir en el market de la manzana.

Hace unos meses Apple decidió cambiar las condiciones de venta dentro de sus dispositivos, dejando a muchos con la boca abierta: toda transacción de venta o suscripción realizada pasaría a pagarle un 30% del importe. Desde luego, es un negocio en toda regla que además beneficia a Apple de otra manera: ellos también disponen de una aplicación para vender libros que no está sujeta a esa carga, con lo que pueden ejercer una competencia feroz.

Las grandes compañías, por ejemplo, han pasado por el aro. Después de todo pueden vender sus revistas directamente en el iPad y son suficientemente importantes y conocidas como para llegar a acuerdos especiales y poder permitirse una primera inversión. Por el contrario, las empresas que realizaron sus propias plataformas de venta se han encontrado con el muro de ese 30%, ya que tienen que pagarle al proveedor del contenido, a Apple y tratar de sobrevivir con el margen de beneficio.

¿El resultado final? Ya se anuncia una primera víctima: la gente de iFlow, que tiene una de las aplicaciones más cuidadas en el sector del ebook, no va a continuar en el negocio. La inversión que habían realizado, más de un millón de dólares, se ha visto lastrada por la política de Apple y no ven la posibilidad de luchar en un mercado que se ha apretado muchísimo. También es cierto que trabajar con Apple es estar sujeto a sus reglas y a su sistema cerrado en el que hacen y deshacen con facilidad, con lo que las empresas deberían apostar por una menor inversión y calcular beneficios de «larga cola» a base de pequeños márgenes para poder sobrevivir.

Vía: CNN Expansión

iPad y los eBooks: Lo hemos probado

iPad Lecturalia

Gracias a nuestro habitual seguidor, el cuñado de Jobs, pudimos manosear un iPad nuevecito y probar la mayor parte de sus aplicaciones, especialmente aquellas dedicadas a la lectura de libros electrónicos y documentos de texto.

Como todos los gadgets de última generación, el iPad posee muchas virtudes y a la vez unos cuantos defectos. Comenzaremos por lo que más nos ha llamado la atención en el sentido positivo.

El iPad posee una pantalla más que notable, 9,7 pulgadas, con un brillo ideal para ver fotos, navegar o pasar el rato con algún videojuego. El diseño no es sorprendente -es como un iPhone pero en grande-, pero sigue la línea de Apple.

Desde un punto de vista de fluidez en las aplicaciones, el iPad funciona sin problemas y mueve con soltura sus aplicaciones al tiempo que responde inmediatamente al ponerle los dedos encima. Hay que anotar que la respuesta de los acelerómetros es muy buena y reacciona con numerosos detallitos al movimiento.

Ahora, entremos al trapo del mundo del libro electrónico que es el principal motivo de probar el tablet de Apple.

Para acceder a los libros, el iPad posee su propio programa de lectura que hemos encontrado muy básico en algunos puntos, aspectos, que, no obstante, pueden quedar resueltos haciendo uso de otro software distinto, como el de Amazon o, supongo que aparecerá en breve, el Stanza.

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La representación gráfica del libro es muy bonita y detallista, pero, pese al control de brillo, la elección de tipografía y tamaño o la posibilidad de ver el libro a doble página, cosas como la imposibilidad de poner un modo de contraste negativo (una de las pocas maneras de leer bastante rato en una de estas pantallas) hacen que el software pierda bastante. Desde el de Amazon sí que se controla más el aspecto final del libro y puede sincronizarse con otros dispositivos para continuar su lectura, algo muy interesante pero que ya hace el Kindle.

El sistema de marcadores es muy bonito gráficamente -simula una marca de rotulador fluorescente y se añade al índice-, pero no deja tomar notas, así que pierde gran parte de su utilidad, sobre todo porque, al no ser multitarea, no podemos tener un editor de textos abierto al lado del libro. Un gran fallo.

El lector del iPad lee ePub -no probamos con ePub DRM, pero con libros propios maquetados para otros e-readers funciona francamente bien y no ha dado problemas. Sin embargo, las exportaciones desde sistemas como Word u OpenOffice pueden dar algún problemilla y es mejor tratarlas como texto y no como ebooks.

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La tienda de Apple, la iBook Store funciona de una manera similar a la App Store, con apartados de pago y gratuitos -con todo el fondo del Proyecto Gutemberg bien maquetado-, populares y por géneros. La verdad es que está muy bien montada y, en ese aspecto, es donde una pantalla brillante luce su potencial.

A la hora de leer, como ya habréis imaginado, cansa los ojos como cualquier otra pantalla, así que para una lectura concentrada o larga no es lo más apropiado. A eso hay que sumar otro inconveniente, el peso. Con casi 700 gramos de peso, algo que parece que no es mucho, se hace imposible una lectura larga sosteniendo el iPad sin un atril o soporte. Es posible que su larga autonomía -unas 10-12 horas- necesite una batería pesada. Incómodo, la verdad.

En cuanto al PDF, hay varios programas en el iPad para leer y funcionan bien, tienen muchas funciones y es bastante útil para consultar o mostrar informes. Hay incluso aplicaciones de descarga de PDF donde puedes encontrar casi cualquier libro, eso sí, maquetado con las manos del diablo.

Como ya suponíamos, el iPad no es un buen lector de libros electrónicos pero puede servirle a aquellos que, usando el dispositivo para otros usos, le dedican un poco de tiempo a la lectura. Lectores casuales o con poco tiempo libre.

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Sin embargo, el iPad, como, supongo, la mayoría de tablets que se nos vienen encima, son muy manejables para tres tipos de lecturas y que pueden suponer una cierta ventaja sobre los lectores de tinta electrónica: Revistas, Cómics y Cuentos para niños.

El brillo, el color, los vídeos y los enlaces de Internet son perfectos para las revistas que tampoco pretenden a un lector que esté dos horas mirando la pantalla. Contenidos cortos que son tan interesantes como entradas de blog. Ese es, quizás, el futuro de las revistas.

Los cómics también se leen muy bien en la pantalla de iPad, pudiendo leer página a página con un zoom rapidísimo, o bien seleccionando el modo cinemático, donde una ruta de zooms y encuadres prefijados en el propio tebeo nos lleva por todo el número. La verdad es que es una experiencia diferente y muy bien implementada.

Los cuentos para niños. Estuvimos trasteando con dos: Alicia en el País de las Maravillas -no exactamente sólo para niños, pero bueno- y uno de Toy Story creado por Disney. Bien, hay que contemplar el de Alicia… como un juguete precioso que agitar y disfrutar visualmente, está muy bien hecho, claro que es eso: un divertimento al margen casi del libro.

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En cuanto al de Toy Story, Disney plantea un libro para niños con unas mínimas animaciones y la posibilidad de que el iPad cuente de viva voz la narración acompañando el texto de pantalla. Queda muy bonito, aunque dejar a los niños trastear demasiado un aparato de 500$ ya es una decisión personal.

En resumen: un gadget cuya aplicación lectora es secundaria y está más orientado a otras facetas del entretenimiento, haciendo siempre hincapié en su ventaja multimedia y gráfica pero con grandes desventajas a la hora de la lectura no intermitente.

Libros relacionados:
Alicia en el país de las maravillas

Primera y última Alicia

De nuevo el cine arrastra un libro, un clásico, una moda a la que se apuntan editoriales, escritores y libreros, pero en esta ocasión, al contrario que en otras ocasiones en las que se ruega por librarse de tanto libro recurrente, hoy vamos a hablar de la proyección que la última película de Tim Burton está dando al clásico de Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas.

Dejemos a un lado que la adaptación se guíe más por los caprichos del director y las guías de producción de la Disney que, a fin de cuentas, es quien manda en la película. Por las críticas, no se parece mucho al libro, por las cifras de taquilla, no parece que eso sea algo que les quite el sueño. Después de todo no quería hablar de la película, en su lugar me gustaría enseñaros dos ejemplos claros de cómo puede cambiar la literatura hablando de la misma obra.

En la Biblioteca Británica se toman muy en serio la digitalización de originales y su puesta a disposición del público, y si uno tiene tiempo y paciencia para escarbar en sus registros se pueden encontrar verdaderas curiosidades dignas de toda nuestra atención. (Siempre, claro está, puede uno perder el tiempo leyendo blogs y páginas dedicadas a la literatura hasta toparse con algo así por casualidad. Es cuestión de gustos)

Bien, lo que decía. En la British tienen el primer volumen manuscrito de Alicia en el País de las Maravillas tal y como lo terminó Lewis Carroll. Está transcrito -en inglés- para que se pueda leer sin problemas y llaman la atención las primeras ilustraciones que acompañan al texto, obra del propio autor. Os dejo unos ejemplos:

Alicia Original

Alicia Original

Y ahora cogemos el tren bala del tiempo y pasamos a toda velocidad por la historia reciente del libro, dejando atrás versiones de todo tipo para Alicia, en imprenta tradicional, offset, retocada para los más pequeños, comentada para los más grandes, con las ilustraciones clásicas, convertida en un libro ilustrado, para llegar, echando el freno y haciendo chirriar las ruedas, al mundo del siglo XXI y las nuevas maneras de contar una historia.

Esto, que ya hace el iPad, en realidad será factible en casi cualquier tablet pc de última generación y pronto será moneda corriente en lectores de libros electrónicos. Quien dice mañana dice pasado, es tan sólo cuestión de tiempo. ¿Tanto ha cambiado Alicia? ¿Es un libro diferente si al moverlo se le gira la cabeza al Sombrero Loco? ¿No es como un libro pop-up? Lo que está claro es que nos fascina lo que pueden hacer los nuevos gadgets con algo que creíamos fijo y estable. Eso sí, que nadie piense que esto es el único futuro de la literatura. En todo caso es uno de los caminos, todavía sin explorar demasiado. Viendo esto parece que el iPad se va a convertir en la Wii de los ebooks. Por cierto, lo hemos probado y sí: es tan divertido como parece.

Autores relacionados:
Lewis Carroll
Tim Burton
Libros relacionados:
Alicia en el país de las maravillas

Cómo se lee en el iPad

Manzanas

Está claro que Apple pretende hacerse con el mercado de los llamados casual readers, aquellos que ya han demostrado su preferencia por dispositivos como el iPod touch para lecturas cortas.

Si bien no servirá igual que el touch (o el iPhone), hay que tener en cuenta que no todo el mundo que lee -en España, por ejemplo- sólo la mitad de la población, lo hace durante muchas horas. ¿Es ese el nicho de mercado de Apple?

Lo cierto es que Apple vende imagen y va a tratar de comparar el aspecto ciertamente feo de las interfaz típica del e-book con la potencia de su iPad hasta que los lectores clónicos chinos, que muchas empresas nos intentan vender como desarrollos propios, parezcan tablillas de barro.

Vamos a ver un vídeo en el que aparece la BookStore y un poco del interfaz (gracias, como viene siendo habitual al Blog de Libros y Bitios.

Todos los que hayáis visto cómo se lee en otros productos de Apple encontraréis sus marcas características: fluidez de manejo, interfaz táctil muy lograda y animaciones muy bonitas. La compra desde la tienda debería ser inmediata y se podría elegir un libro y tenerlo en el iPad -o en otro dispositivo compatible- en cuestión de segundos.

El vídeo nos enseña como se estructuran los enlaces en el índice y la facilidad para el cambio de fuente y de tamaño. Lo que no se ve es si tendrá capacidad para copiar, pegar, subrayar o tomar notas asociadas al libro. Esas son funciones que si no se implementan dejarán al iPad como el dispositivo capado más caro de la historia.

En resumen, por lo que se ve en el vídeo y a falta de tenerlo entre las manos: típico producto de Apple con una gran capacidad gráfica y facilidad de manejo, que satisfará a aquellos que no le dediquen mucho tiempo seguido a la lectura pero que defraudará a los que sí lo hagan o a los que necesiten mayor interacción con el texto.

Los escritores que no amaban a los ebooks

Publetariat

Con todo este barullo que si Amazon, MacMillan, Murdoch y Apple, un gran número de escritores americanos han decidido posicionarse, y de manera muy activa, en el conflicto.

Por el momento, y hay quien se ha extrañado al principio, se han puesto de lado de MacMillan y no han dejado de lanzar acusaciones contra Amazon. Es cierto que ese momento de rabieta en el que miles de libros, incluyendo los no-digitales, dejaron de estar a la venta ha escocido y mucho a los escritores que de repente se vieron apartados del principal supermercado del libro en Internet.

Dejando a un lado el apoyo a su propia editorial, algo que es entendible en superventas, pero que a menor rango ya cuesta algo más que seguir, se engloba dentro de esa teoría de la devaluación del libro, que ya hemos comentado antes. En realidad, el modelo de Apple, el de la nueva tienda iBooks, va a resultar menos beneficiosa para el autor que con los precios de Amazon. En Publetariat [Inglés] han hecho el cálculo completo y por cada libro van a recibir un dólar menos. Curioso, ¿verdad?

En España, y Europa, los escritores y los agentes están pugnando por ampliar el porcentaje de los derechos para el autor en los libros digitales, aumentando del clásico 8% a un 20 o 25, mientras en Inglaterra están planeando llegar a un 50. Amazon, como ya comentamos, ofrece un 70% para el autor si se publica con ellos sin pasar por una editorial (quedándose una minitasa por descarga, eso sí) y ese gesto puede haber motivado también el recelo de las grandes editoriales ahora que pueden darle donde más le duele.

Eso sí, para autoeditar cada autor se paga la corrección y la maquetación de su propio bolsillo, así como la publicidad y el esfuerzo. Es algo parecido a lo que planteó también en su día Google como el futuro de Google Editions, así que no es de extrañar que las editoriales quieran con locura al proyecto de Apple. Ahora, ¿los escritores? ¿Es posible que dejen pasar la oportunidad de sentar las bases de un escenario en el que no serán el último mono del mercado? Lo cómodo, claro, es dejarse llevar por los más famosos y por quien está poniendo ahora el dinero y lo incierto, arriesgado y valiente es luchar por los derechos que les corresponden.

¿Hacia dónde va el precio del libro electrónico?

Kindle DX

El gran debate en Estados Unidos está servido tras el acuerdo de Apple con varias de las grandes editoriales americanas y la polémica con Amazon. Aquí, estando como estamos viéndolas venir y con casi todo el mercado por articular, se sigue con interés el desenlace por parte, sobre todo, de las editoriales.

Pongámonos en antecedentes. Amazon, dispuesto a convertir a su Kindle en el e-reader más usado del mundo, llega a un acuerdo con las editoriales para vender las novedades a 9.99$, siendo en algunos casos capaz de pagar a la editorial un suplemento para que no pusieran problemas a la hora de discutir el precio. Amazon lograba esto gracias a su posición de poder como el mayor vendedor de libros electrónicos en EEUU, con lo que las editoriales tenían poco margen de maniobra.

Tras la presentación del iPad de Apple, el cual va asociado a una tienda de libros electrónicos en formato ePub -ojo, en ePub pero con DRM de Apple, con lo que demuestran lo mucho que aprendieron con la música-, en la que los editores pueden poner el precio que les venga bien a sus libros, dejando las novedades de 12 a 15$. A los cuatro días el ultimátum es directo, MacMillan, que ya ha firmado con Apple, le dice a Amazon que ponga los libros al mismo precio que en la BookStore mientras que la librería americana decide, en un primer momento, eliminar a MacMillan del sistema.

Finalmente ha sido Amazon quien ha tenido que bajarse de su posición y ha accedido a las condiciones de la editorial. Aquellos que quieran pagar los quince dólares correspondientes podrán hacerlo, no sin que Amazon, en su página web, manifieste su total desacuerdo con dicho precio.

El movimiento de MacMillan , mega-editorial con nombres como Douglas Preston, Orson Scott Card, o Tatiana de Rosnay (por poner tres ejemplos completamente diferentes de sus cientos de autores) es un golpe encima de la mesa confiando en que el iPad funcione y la Bookstore sea un éxito… algo que puede o no puede ser y que tardará bastante en probarse. En el caso de que los libros caros con DRM de Apple no se vendan Amazon volverá a plantar cara a los editores para vender su formato DRM más barato -eso sí, ya desde el año pasado su sistema de protección está roto- y seguirá con su proceso monopolístico.

Por si fuera poco, Rupert Murdoch, dueño de periódicos y de un imperio editorial basado en Harper Collins, tampoco está de acuerdo con los precios de Amazon. Ha olido la sangre fresca y un tiburón como él no ha podido dejar de morder para ver si se libra de ese competidor que era la empresa librera. Lo curioso es que, como él afirma, no es por dinero ganado (ya que Amazon les paga como si los libros valieran 14 dólares), sigue con la consigna y lo hace para que no se devalúe el producto de tapa dura… impresionante.

A todo esto, parece que todo el mundo se ha centrado en Apple vs. Amazon dejando fuera del escenario al que parecía el verdadero revolucionario del mundo del e-book. O mucho me equivoco o nadie está hablando de Google, y está claro que en el futuro de todo este negocio tiene mucho que decir: a Google no le interesa el desmantelamiento de un negocio en red como el de los e-books, así en los próximos meses no sería de extrañar un nuevo movimiento por parte de la empresa más importante de Internet en estos momentos.

En España carecemos de una librería como Amazon que aglutine a casi todas las editoriales, pero me da que, tal y como han puesto los precios en las distintas tiendas virtuales que ya existen, la teoría de los 15 euros también gustará mucho por estos lares. Eso sí, luego, como estamos avisando, se preguntarán por las bajas ventas. Y entonces será, lamentablemente, demasiado tarde.

El iPad y los libros

iPad Bookstore

Lo reconozco, me ha sido imposible no hablar aquí del iPad también, regalándole publicidad a Steve Jobs, el reconocido Señor del Márketing, pero entiendo que un dispositivo tan mediático cuyo dossier de prensa se han comido numerosos periódicos y revistas, sin hacer un poco de análisis o crítica, merece su espacio en Lecturalia.

No voy a hablar del tema más orientado a juegos y aplicaciones, de eso ya hay otros mucho más conocedores de el estado actual de la tecnología que yo, pero teniendo en cuenta el hype generado por las capacidades como lector de libros electrónicos del iPad es necesario dejar algunos puntos claros antes de que la publicidad oficial se haga carne y se convierta en vox populi.

El nacimiento de los lectores de libros electrónicos viene determinado por la tecnología de tinta electrónica -aunque hay variantes, muchas de ellas en proceso-, y tienen éxito por convertir la lectura en la pantalla de un dispositivo en lo más parecido a leer un libro físico. Sin brillo alguno, capaces de ser expuestos a la luz directa del sol, con batería de larga duración, ligeros, los e-readers son unos aparatos dedicados a una función concreta (si dejamos al margen su capacidad para reproducir música): leer.

Por leer, claro, me refiero a que sirven tanto para veinte minutos de lectura como para cuatro horas. Es cierto que las estadísticas de lectura en iPhones e iTouchs, aparatos similares al iPad pero mucho más pequeños, habían mostrado ser altísimas, y la descarga de libros para esos dispositivos similar o incluso superior a los juegos. Sin embargo, y esta es una gran diferencia, en la pantalla de un iTouch se puede leer un rato corto, en el metro, en el autobús, mientras se está de viaje o esperando en una cola. Es un lector de libros de minibolsillo, y como tal cumple estupendamente su función. Ahora, más rato delante de la pantalla llega a ser molesto. Ese es el quid de la cuestión: el iPad es una pantalla igual que la de un ordenador, en la que se puede leer durante un rato, pero que no tiene nada que hacer en comparación con una pantalla de tinta electrónica.

Donde sí que tendrá su nicho, eso parece claro, es en el mundo de las revistas y los periódicos, ideales para lecturas rápidas y que agradecerán las capacidades multimedia -capacidades que se le suponen en un futuro, ya que ahora no hay Flash ni multitarea- que les brinda la plataforma iPad. En los cómics también parece que puede triunfar, ya que el tamaño de la pantalla y el color convierte al aparato de Apple en un gadget interesante, siempre y cuando, claro, no quieras estar muchas horas leyendo tebeos.

¿Quién se ha emocionado con el iPad y su Bookstore? Las editoriales, por supuesto. Apple ha realizado un movimiento completamente diferente al que inició con iTunes y sus canciones a un dólar: los libros van a costar 15$, mucho más que los 9,99 de Amazon y se acerca a la paridad con el libro físico de manera preocupante. Está claro que muchos editores venían reclamando ese tipo de precios desde hace tiempo para los ebooks: según ellos, bajar el precio de los libros depreciaría el valor del producto en general. Luego vendrán quejándose de la piratería, por supuesto.

En resumen, el iPad de Apple es un dispositivo para lecturas cortas y que, por ahora, no supone un cambio en el mundo del libro electrónico y es más que probable que pierda muchos enteros cuando los tablets de la competencia aparezcan con pantallas Pixel-q, capaces de pasar de modo LCD a casi tinta electrónica con sólo apretar un botón.


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