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Entradas con etiqueta ‘Historia’

Homenaje improvisado a Joaquín Bosque Maurel

17 de diciembre de 2011 en Actividades, Autores, Ensayo

Joaquín Bosque Maurel

El pasado 29 de noviembre, y en un acto organizado por el Área de Cultura de la Diputación Provincial de Granada al que Lecturalia fue invitada expresamente, se produjo la presentación del libro Granada. Historia y cultura, del eminente geográfo zaragozano Joaquín Bosque Maurel, y que se convierte en el trigésimo sexto título de la colección Los libros de la estrella. Aunque sea aragonés de nacimiento y esté radicado desde hace décadas en Madrid vinculado a la Universidad Complutense (de la que es profesor emérito de Geografía Humana ), buena parte de su obra, que es considerada imprescindible para los estudios sobre geografía en nuestro país (y con gran repercusión en el extranjero), habla sobre Andalucía y, en especial, sobre Granada, ciudad a la que llegó en su juventud y en la que se formó, hasta el punto de que su tesis doctoral versó sobre ella. Entre sus libros más accesibles para el público no especializado podríamos mencionar En torno a Andalucía: Estudios de Geografía Humana y La creación del patrimonio cultural de la ciudad de Granada.

No obstante, puede ser precisamente el novísimo Granada. Historia y cultura una buena piedra de toque para el que quiera acercarse a su obra. Se trata de un texto más que recomendable para expertos y profanos y, desde luego, casi imprescindible, por su concisión y su lectura amena totalmente alejada de enrevesadas explicaciones (que no de erudición), para el lector interesado en conocer los entresijos culturales y humanos de la ciudad de la Alhambra, aparte de unos breves apuntes sobre su historia. La edición, plagada de ilustraciones y mapas a todo color, es notable y muy visual, y el libro es lo suficientemente exhaustivo para contentar también a los que ya tengan nociones sobre el tema.

Lo que en principio era una presentación editorial más, sin embargo, se convirtió rápidamente en un merecido homenaje al octogenario autor, que con cierto mal disimulado embarazo (“¡Yo he venido a hablar de mi libro!”, podría haber gritado, y tal vez con razón, emulando a Paco Umbral ) acogió los elogios vertidos tanto por el vicepresidente provincial, José María Guadalupe, como por dos de sus colegas y discípulos, Francisco Villegas (de la Universidad de Granada) y Carles Carreras (de la de Barcelona). Los elogios no se limitaron a la actividad profesional de Bosque Maurel, sino que se hicieron extensivos a su condición humana, abundando las anécdotas que hicieron que el numeroso público (que prácticamente llenó la sala) pudiera conocer un poco mejor al autor zaragozano. Villegas, además, aprovechó para pedir encarecidamente que Bosque Maurel fuera reconocido cuanto antes como hijo predilecto de la ciudad, lanzando un guante a Guadalupe que el político aceptó de buen grado y entre sonrisas.

Los libros de la estrella es una de las colecciones más conocidas del organismo provincial nazarí, aunque fuera de Granada tal vez sean más populares sus dos colecciones de poesía, Maillot amarillo, dirigida por el omnipresente Luis García Montero, y Genil, esta vez a cargo de Antonio Carvajal.

Robespierre se queda en Francia

15 de octubre de 2011 en Autores, Noticias

Robespierre

Había mucho temor en el país galo de que varios importantes lotes de documentos del líder revolucionario Maximilien François Marie Isidore de Robespierre, puestos en subasta recientemente, encontraran comprador fuera de sus fronteras y acabaran lejos de Francia. Así, ha sido al final el gobierno francés, usando la opción de compra preferente, el que se ha hecho con los lotes. No a un precio, por cierto, bajo.

El primero de esos lotes, que ha sido comprado por 65.000 euros, está compuesto de 113 páginas manuscritas que recogen la correspondencia entre Maximilien y su hermano Augustin entre 1792 y 1794, la época más convulsa de la Revolución Francesa. Esta correspondencia había estado alejada hasta ahora de los historiadores, ya que estaba en manos de los descendientes de Philippe Le Bas, un político fiel a Robespierre, y es fundamental para conocer de primera mano las impresiones del político que, a través del Comité de Salvación Pública, purgó la revolución de elementos reaccionarios, en teoría, durante unos ominosos meses denominados de forma bastante elocuente como El Terror.

Pero el lote más codiciado, y también el más caro (la República Francesa ha tenido que desembolsar nada más y nada menos que 750.000 euros), era el que contenía varios discursos, artículos de prensa, informes leídos ante la Convención y, sobre todo, un fragmento de un discurso escrito justo antes de su arresto en el que denunciaba la conspiración de la que estaban siendo víctimas tanto él como otros políticos de su entorno. Hay que tener en cuenta que Robespierre, tras ser arrestado, fue condenado a muerte, por lo que es el último testimonio escrito de uno de los (malogrados) padres de la revolución burguesa de 1789.

El precio a pagar por las arcas públicas francesas ha sido alto, pero el representante del gobierno en la venta, Hervé Lemoine, ha expresado la satisfacción de que todos estos documentos vayan a engrosar los Archivos Nacionales y no la colección privada de algún particular. También ha informado de que se ha abierto una recogida de fondos pública para poder sufragar la compra. Dicha recogida de fondos está siendo gestionada por la Sociedad de Estudios Robespierrianos y ya lleva recolectados 100.000 euros. Hay que recordar que el precio de venta de todos los lotes es casi de un millón de euros, así que habrá que esperar bastante antes de que el estado francés recupere el total invertido en la operación.

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Maximilien Robespierre

Tácito como inspiración del nazismo

8 de octubre de 2011 en Autores, Ensayo

El libro más peligroso

Parece cuanto menos extraño relacionar el nazismo con el político y autor romano del siglo I Tácito, pero la recién publicada obra de Christopher B. Krebs El libro más peligroso relaciona directamente su Germania con el ideario nacionalsocialista.

Aunque es más conocido por ese nombre, el original debió titularse De origine et situ Germanorum (“Sobre el origen y territorio de los germanos”), y por el contexto debió redactarse en los últimos años del siglo I, probablemente en 98 d.C. No hay constancia de que Tácito tuviera conocimiento directo de los germanos ni de sus tierras, así que debió recurrir a otras fuentes indirectas. Aunque cita a Julio César como fuente, también se intuye que la obra de Plinio el Viejo le influyó notablemente. En su descripción de Germania y los diferentes pueblos que la poblaban, Tácito se deja llevar por una visión idealizada de estas tribus, atribuyéndoles virtudes que supuestamente poseían y que según él ya habían desaparecido en Roma, siendo estas el valor militar, la austeridad y cierto tipo de dignidad que en la Roma de su tiempo ya no existía. Tácito critica las costumbres romanas de la época, decadentes a su entender, contraponiéndolas a la rusticidad y pureza de los germanos. También alaba su comunión con la naturaleza, aunque no es ajeno tampoco a los defectos más que evidentes de los bárbaros: la indisciplina militar, el alcoholismo y la afición al juego podrían ser los más importantes, aunque también destacó su tendencia a la inactividad en tiempos de paz. Esto significaba algo claro: sólo en tiempos de guerra las tribus germanas exprimían todo su potencial. Este hecho no podía ser, ni de lejos, un espejo para Roma, que aspiraba a crear una paz duradera.

De todas formas, se entrevé en esta obra de Tácito una admiración real hacia los pueblos germanos, al tiempo de una advertencia clara el Imperio: los germanos son superiores militarmente a los romanos ya que no se detienen en su lucha o defensa debido a intereses políticos, por lo que suponen un peligro real para la Roma futura. No se equivocaba, por supuesto.

El problema radica en que el texto original llegó a siglos posteriores de forma fragmentaria y a través de una copia de la época medieval. Sin embargo, De origine et situ Germanorum fue desde muy pronto un texto de referencia para los supuestos sucesores de aquellos primitivos germanos, creándose una utópica visión de aquellas tribus para reivindicar unos ancestros laboriosos, guerreros y amantes de la libertad que eran superiores en sus virtudes a los romanos. Ya desde el siglo XV el texto fue utilizado para justificar un supuesto pasado común de los germanos, y la influencia de esta obra de Tácito llegó con fuerza hasta el siglo XX, en donde se convirtió en uno de los textos de referencia del nacionalsocialismo, hasta el punto de que el historiador italiano Arnaldo Momigliano afirmó que Germania era uno de los cien libros más peligrosos que se habían escrito en toda la historia.

Krebs desmonta esto desde la objetividad: el análisis que Tácito hace de los germanos pretender ser más un llamamiento a la renovación del pueblo romano que una descripción pormenorizada de Germania. La idealización de los bárbaros, que luego sería utilizada durante quinientos años por los alemanes para reclamar un glorioso pasado común, no era más que una forma de llamar la atención a sus compatriotas. Que el nacionalsocialismo se valiera de la obra para sus fines no convierte al libro en peligroso, concluye Krebs: los peligrosos fueron realmente sus lectores, que interpretaron unas palabras escritas dos mil años antes con la clara intención de justificar la supremacía alemana sobre el resto de los pueblos de Europa.

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Christopher B. Krebs
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Nace el Diccionario Biográfico de España… con polémica

31 de mayo de 2011 en Ensayo, Noticias

Diccionario Biográfico de España

La Real Academia de la Historia entregó los pasados días a Juan Carlos I y a su esposa los primeros veinticinco tomos (de un total de cincuenta) del Diccionario Biográfico Español, una magna obra que pretende recopilar más de 40.000 biografías de españoles relevantes de todas las épocas históricas. La obra ha tardado diez años en elaborarse y dos en editarse, y ahora se pone a la venta por un precio global de 3.500 euros, comprometiéndose la Real Academia de la Historia en entregar los veinticinco volúmenes restantes en el plazo de un año.

Ya hace dos años, cuando se finalizó la redacción del texto, se realizó un acto conmemorativo en la sede de la Academia, en donde los reyes de España recibieron el primer tomo. Los plazos se han cumplido y dentro de un año la obra ya estará impresa al completo. Los parabienes durante el acto de presentación de esta primera mitad de la obra fueron muchos, destacando los del hispanista Stanley Payne, que declaro que es una de las dos obras máximas de esta clase en el mundo, igualada solamente por el diccionario de Oxford. El rey, por su parte, afirmó lo siguiente en su discurso:

El Diccionario muestra cómo nuestro país ha contribuido a la configuración de Europa, de Iberoamérica, del Mediterráneo y del mundo. Recoge también el papel de tantos otros estados y pueblos que enriquecieron nuestro recorrido con su propio acervo.

La primera edición del Diccionario constará de 1000 ejemplares, y se espera que después sea colgada en Internet. También se está buscando financiación para traducirla al inglés y subirla a la red sin necesidad de editarla primero en papel.

Sin embargo, la polémica ha llegado pronto. Algunos medios de comunicación se han hecho eco de las protestas de varios historiadores al respecto de la biografía de Francisco Franco. Andreu Mayayo, catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Barcelona, ha declarado al diario Público:

Es una vergüenza y un insulto, una ofensa total en lo que pone y en lo que no pone. En ningún momento se habla (…) de la represión física del régimen. (…) Por no hablar de otorgarle la calidad de genio militar, lo que es un insulto para los militares profesionales de este país, o de pasar por alto el genocidio cultural contra Cataluña, suprimiendo la Generalitat y prohibiendo el catalán.

Otras entradas han causado también estupefacción. Por ejemplo, al hablar de José María Aznar, se habla de su salida del gobierno en 2004 por un aprovechamiento de la oposición socialista del hundimiento del petrolero Prestige.

Algunos historiadores piden ya la retirada del Diccionario, al tiempo que advierten que la Real Academia de la Historia está dirigida por personas que siguen tendencias historiográficas obsoletas que siguen viendo el pasado como una sucesión de fechas y batallas.

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Stanley G. Payne

El negacionismo

1 de noviembre de 2010 en Autores, Ensayo

Negacionismo

No son muchos, pero existen: algunos “historiadores” (las comillas no son gratuitas), de marcado carácter revisionista, vienen negando el Holocausto desde hace décadas. Pero que sean pocos no es óbice para ocultar la realidad de que, en ciertos ámbitos, se tiene por seguro que la denominada “Solución Final” no existió. Que no hubo ningún proyecto milimétricamente planeado para asesinar a millones de personas. Que en los campos de concentración no hubo cámaras de gas.

No podemos decir que el Negacionismo haya ganado fuerza en los últimos tiempos: sigue siendo una corriente historiográfica (por llamarla de alguna forma) muy minoritaria, radicada sobre todo en la ultraderecha europea y estadounidense y en los círculos islamistas. Fue precisamente Radio Islam, otrora una emisora escandinava y en la actualidad una página web con miles de visitas diarias, una de las más firmes promotoras de la negación del Holocausto. Pero el Negacionismo ha salpicado, si se me permite la expresión, a varios intelectuales reputados de todo el mundo, el menor de los cuales no es precisamente Noam Chomsky. El que es uno de los grandes filósofos y lingüistas de nuestros tiempos fue acusado de colaborar con las posiciones que niegan el Holocausto después de su defensa de la libertad de expresión en torno al caso Faurisson. Robert Faurisson publicó en 1979 un artículo (que luego generaría un libro) en el que defendía posturas negacionistas, tras lo cual fue expulsado de su puesto como analista de textos en la Universidad de Lyon basándose en la legislación francesa que condena cualquier menoscabo público de los crímenes de guerra nazis (algo que es común en gran parte del continente europeo). Chomsky, en virtud del derecho fundamental de la libertad de expresión, se manifestó en contra de las sanciones a Faurisson, lo que desencadenó un cruce de acusaciones por parte de intelectuales y críticos de todo el planeta, que tildaron a Chomsky de antisemita. Tema peliagudo, desde luego, dado que las legislaciones europeas son, en sí mismas, un lastre a la tan cacareada libertad de expresión desde el mismo momento en que, y dependiendo del país, condenan la propaganda nazi, la exhibición de sus símbolos, la revisión de la historia “oficial”, etc., hasta el ridículo punto de que, por ejemplo, el logotipo representativo de la famosa banda de rock Kiss está prohibido en Alemania y Austria debido a la similitud (sospechosa similitud) de las dos eses de su nombre con el infausto símbolo rúnico de las SS.

En irónica contraposición al caso de Salman Rushdie, grupos radicales judíos pusieron precio a la cabeza de Farisson, que finalmente fue brutalmente golpeado en 1989 en Francia, pero las agresiones, de mayor o menor importancia, lo han acompañado estas últimas tres décadas allá donde iba para difundir sus posturas en conferencias y demás. No es, desde luego, el único que ha publicado artículos y libros que defienden este tipo de revisionismo: los hay de todo tipo, siendo particularmente interesantes, desde el punto de vista sociológico más que histórico, los que pretenden rehabilitar la figura de Adolf Hitler quitándole peso específico, a veces hasta la nulidad, en las responsabilidades de la Solución Final. Según esos “historiadores”, Hitler no sólo no fue el principal responsable de uno de los mayores genocidios de la historia (y de largo el más publicitado y documentado), sino que, en esencia, no sabía nada. Algunos han llevado su descaro un punto más lejos, presentando documentación, obviamente descontextualizada, que convierte a Adolf Hitler como por arte de magia en un defensor de la causa judía.

Algunos famosos autores negacionistas, cuyas obras se pueden encontrar fácilmente en eBay y en librerías afines al revisionismo histórico, que haberlas haylas tanto en España como en Latinoamérica, serían Paul Rassinier, Harry Elmer Barnes, el argentino Norberto Ceresole, Léon Degrelle (el nazi “español” más famoso) o, sobre todo, el popular y siempre polémico historiador inglés David Irving.

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Adolf Hitler
David Irving
Noam Chomsky
Salman Rushdie

Algunos ilustres académicos

22 de agosto de 2010 en Autores, Literatura, Noticias

RAE

Aunque para muchos la Real Academia Española les resulte completamente ajena, la verdad es que es una institución vital para el mantenimiento y evolución de nuestro idioma, aunque, por supuesto, algunas de sus decisiones pueden causar controversia (un ejemplo sería todo lo relacionado con las tildes diacríticas o, también, la inclusión o no de ciertos términos). Fundada en 1713, algunos de los más importantes literatos, teóricos de la literatura o filósofos españoles han formado parte de ella. También hay omisiones vergonzantes, especialmente de mujeres, ya que la primera en convertirse en académica fue Carmen Conde, nada menos que en 1979, doscientos sesenta y seis años después del inicio de la RAE: Aún hoy la presencia femenina es anecdótica, con tan sólo cinco mujeres en contraposición a nada menos que treinta y siete varones. Para más inri, dos de esas cinco representantes aún no han tomado posesión de su cargo. Estamos hablando de la más reciente académica, Soledad Puértolas (electa este mismo año), y de Inés Fernández Ordóñez, elegida en 2008. Está por ver todavía quién sustituirá a los recientemente fallecidos Carlos Castilla del Pino, Francisco Ayala y Miguel Delibes.

En la actualidad son varios los escritores y escritoras electos, muchos de ellos suficientemente conocidos para el gran público. Tal es el caso de Arturo Pérez Reverte, Álvaro Pombo, Ana María Matute, Javier Marías, Francisco Brines, Antonio Muñoz Molina, Luis Goytisolo o Pere Gimferrer. Otros muchos son teóricos de la literatura, filólogos o filósofos, pero también hay casos más llamativos, como el de los periodistas Luis María Ansón y Juan Luis Cebrián, el director y guionista cinematográfico José Luis Borau o el dibujante Antonio Mingote, aunque hay que mencionar que los tres han hecho incursiones en la novela o la poesía. También es curiosa la inclusión del peruano Mario Vargas Llosa, que es, a la vez, académico en su país y en España.

No son casos extraños: a lo largo de su historia han pertenecido a la Academia personajes muy relevantes de la sociedad española, no todos estudiosos de la lengua o escritores. Tal es el caso de Emilio Castelar (presidente de la I República), Niceto Alcalá Zamora (su homólogo en la II Républica), Antonio Maura (cinco veces Presidente del Consejo de Ministros y uno de los políticos españoles más importantes de principios del siglo XX), Antonio Cánovas del Castillo (otro importante político, esta vez de finales del XIX) o Fernando Fernán Gómez (más conocido como actor que como literato). También, rizando el rizo, fue electo Santiago Ramón y Cajal, Nobel de Medicina en 1906, aunque murió antes de poder tomar posesión. Pero, por lo general, echando un vistazo a los miembros históricos de la RAE, poetas, dramaturgos y novelistas han tenido siempre una buena representación.

Algunos de los más conocidos serían los fabulistas Iriarte y Samaniego, Antonio Buero Vallejo, Camilo José Cela, Vicente Aleixandre, Manuel Machado, Benito Pérez Galdós, José Zorrilla, Ramiro de Maeztu, Juan Valera, Gerardo Diego, Pedro Antonio de Alarcón, Ramón de Campoamor, Pío Baroja o Dámaso Alonso.

Casos aparte serían los de Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Miguel Mihura, José Hierro y Jacinto Benavente, varios de los más grandes literatos del siglo XX español. Todos fueron electos pero, debido a sus muertes, nunca llegaron a tomar posesión. El caso de Jacinto Benavente es especialmente sangrante: habiendo recibido el Nobel de Literatura en 1922 no se entiende que no fuera nombrado académico hasta 1954, cuando ya contaba con 87 años. También es curioso el de Antonio Machado, electo en 1939 (su hermano pertenecía a la RAE desde tres años antes), cuando ya no estaba en condiciones de volver a Madrid para tomar posesión de su asiento.

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Antonio Cánovas del Castillo
Antonio Muñoz Molina

La inmortalidad literaria del Barón de Münchausen

23 de enero de 2010 en Autores, Literatura

Barón de Münchaussen

A su pesar, Karl Friedrich Hieronymusbarón de Münchhausen, ha pasado a la historia no como el héroe militar que él pretendía ser, sino como un mentiroso compulsivo que exageró sus hazañas en los campos de batalla con tal intensidad que acabó llamando la atención de escritores contemporáneos que no pudieron sino dejar por escrita su historia.

Sí es verdad que exageró en demasía sus vivencias. Retornado a su Alemania natal tras haber combatido enrolado en el Ejército Ruso en su guerra contra los turcos, Münchhausen no tuvo reparos en contar anécdotas inverosímiles, envalentonándose cada vez más en sus relatos. A la par que el retirado militar iba ganándose fama de ser un buen y honrado hombre de negocios, sus relatos empezaban a circular mucho más allá de su Bodenwerder natal, adonde había regresado junto con su esposa tras su retiro. Parece ser que el primer escritor en recopilarlos fue Rudolf Erich Raspe, hasta entonces más conocido por sus ensayos científicos. Ya en 1781 apareció un primer esbozo, atribuido a Raspe, que cuatro años después publicaría el texto completo, titulado Narración de los Maravillosos Viajes y Campañas del Barón Münchhausen en Rusia, aunque ha pasado a la historia simplemente como Las sorprendentes aventuras del Barón Münchhausen. El libro, que se tradujo rápidamente al inglés, sorprendió al protagonista real de la historia, que según parece no se sintió demasiado halagado. A su favor hay que decir que las exageraciones han sido, desde siempre, habituales dentro de la carrera militar. Claro que no es lo mismo engrandecer un poco las batallitas de la “mili” que afirmar que se ha volado a la Luna cabalgando una bala de cañón.

De todas las narraciones de la vida del Barón, la obra de Raspe es la más conocida en la mayoría de los países en donde ha circulado, no así en la propia Alemania. Este honor recae en Gottfried August Bürger, que un año después de la publicación en inglés del libro de Raspe, lo tradujo al alemán, añadiendo de su propia cosecha bastantes más hechos imposibles, algunos de ellos no atribuibles a la exagerada lengua del Barón ya que llevaban circulando hacía ya mucho tiempo y pertenecían al imaginario popular. Así apareció Viajes maravillosos por mar y tierra: Campañas y aventuras cómicas del Barón de Münchhausen. No fueron los únicos compiladores: la vida del Barón volvió a aparecer en títulos de muy diversos autores que, a lo largo del siglo XIX, fueron convirtiendo al pobre Karl Friedrich en un personaje inolvidable de la literatura universal. En el siglo XX, para más inri, han sido varias las adaptaciones al cine de sus hazañas, la más conocida a cargo de Terry Gilliam en 1988. Justicia poética: esta película, que no habría agradado con seguridad al interesado, es uno de los proyectos cinematográficos más ruinosos de la historia del cine.

Pero la trascendencia del Barón ha ido más allá del cine y de la literatura más ortodoxa: ha protagonizado un juego de rol, libros infantiles ilustrados (muy populares en Alemania y Rusia), juegos de naipes, seriales radiofónicos, cuenta con guías turísticas recorriendo los lugares mencionados en sus relatos, un club de fans y varias estatuas erigidas en su honor. Más aún: el síndrome Münchhausen (una alteración psicológica en la que el paciente puede llegar a límites extremos para llamar la atención) fue llamado así en su honor. Un legado a tener en cuenta. Y todo por no saber callarse a tiempo.

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Rudolf Erich Raspe
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Historia de Estados Unidos: 1607-1992, de Maldwyn A. Jones

17 de enero de 2010 en Ensayo, Histórica, Literatura

Historia de Estados Unidos

Tenemos la tendencia, y ese “tenemos” no es casual pues me declaro culpable del mismo error, a considerar al estadounidense medio como un absoluto inepto devorador de hamburguesas y cerveza, con sobrepeso, coche mucho más potente de lo que realmente necesita y conocimientos generales poco menos que escasos. Del mismo modo, para muchos de nosotros son habituales las referencias que hacen hincapié en que en California abundan las rubias siliconadas, que en Salt Lake City los mormones tienen todos varias esposas, que todos los negros de Detroit saben jugar bien al baloncesto y, desde luego, que para ser escritor en Estados Unidos hay que vivir en Rhode Island, Maine o algún otro estado que seguramente no sabemos situar con exactitud en un mapa pero que nos trae recuerdos lejanos de colonos del Mayflower con cara bobalicona y quema de brujas.

Uno de los estereotipos más repetidos hasta la saciedad es que los estadounidenses no tienen la menor idea de historia o geografía mundial. Hace poco, releyendo un cómic del genial dibujante Miguelanxo Prado, me topé con una historia en la que un grupo de marines arrasan Venecia al confundirla con Irán. Los propios estadounidenses también juegan con este tópico: en series de televisión como Will y Grace o Friends fue algo habitual el que los protagonistas localizaran Guatemala en África o España en Sudamérica. Pero ¿son todos los estadounidenses como Grace o Joey?

La respuesta a esta pregunta es de perogrullo: obviamente no. La verdadera cuestión es esta: ¿los españoles o latinoamericanos tienen mayores conocimiento de historia y geografía mundiales que los estadounidenses por término medio? No sé si a alguien se le habrá ocurrido hacer un estudio serio y entre iguales, teniendo en cuenta las evidentes diferencias socioeconómicas entre, por ejemplo, un neoyorquino de clase media, un madrileño de clase baja y un rioplatense potentado. Durante la Segunda Guerra Mundial un estudio “demostró” que los soldados estadounidenses de raza negra tenían una inteligencia inferior a sus iguales de raza blanca. No era así, no se tuvo en cuenta la realidad de una época: ¿cómo podía sacar un chico negro mejor nota en un examen de conocimientos generales que uno de su misma edad, blanco, que sí había podido cursar estudios secundarios?

Que un estadounidense no sepa quién fue Napoleón o que no pueda situar correctamente las capitales europeas no es algo sorprendente. En España tampoco sabemos mucho de los Libertadores americanos (al igual que allí, supongo, tampoco se interesarán demasiado por los reyes godos). A los chinos la guerra franco-prusiana les debería ser tan desconocida como a un francés la era Meiji japonesa o a un australiano la historia de la fundación de la Confederación Helvética. Es todo un problema de perspectiva, de educación y de prioridades. La máxima de “primero lo nuestro” no es exclusiva de los Estados Unidos de América: en la propia España ya estamos asistiendo, dentro de la secundaria, a auténticas purgas de información (se borra Franco o se borra la República, por poner un ejemplo) dependiendo del signo del gobierno autonómico de turno. No es lo lógico pero es lo corriente. No podemos criticar a un californiano por no saber ubicar España si nosotros mismos no sabemos ubicar California. Quid pro quo.

Para paliar un poco el déficit de información sobre la historia de los Estados Unidos que muchos tenemos, limitado a cuatro referencias históricas mal contadas vistas una y otra vez en televisión y cine, o leídas de refilón en el best-seller de turno, nada mejor que acercarse a este estupendo ensayo histórico del autor Maldwyn A. Jones. Lejos de ser tan sólo un manual, Jones nos expone de forma clara y amena los hitos más importantes de la historia de su país desde su fundación (incluyendo el contexto en que se fundaron las trece colonias) hasta el año 1992.

Ignoro si habrá una nueva versión incluyendo las dos últimas décadas, pero serían de agradecer un puñado de palabras lúcidas al respecto de este reputado historiador estadounidense.

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Hipatia de Alejandría

28 de septiembre de 2009 en Histórica, Literatura

Hipatia

Con el estreno de Ágora, la superproducción dirigida por Alejandro Amenábar, han proliferado, cual setas en otoño, una cantidad importante de títulos que cuentan, o se basan, en la vida de Hipatia de Alejandría.

Lo cierto es que el interés por Hipatia no es nuevo, siempre ha sido un referente a la hora de hablar del fin del clasicismo y de la lucha por la razón, sobre todo desde la ilustración que casi la convierte en una santa laica, así que no es de extrañar que muchos autores tuvieran un historia sobre Hipatia en la recámara y que las editoriales aprovechen el tirón publicitario que se nos viene encima.

Pero, ¿quién era Hipatia? ¿qué nos podemos encontrar dentro de esos libros, en su mayoría de literatura histórica?

Bien, Hipatia fue una filósofa del S.IV que vivía en Alejandría, ciudad donde enseñaba filosofía, matemáticas y astronomía. Hay que señalar que es la primera mujer que es nombrada como igual, o superior, a sus coetáneos filósofos.

Hipatia seguía la escuela neoplatónica y era pagana. Estamos hablando de una época en la que en el año 380 se firmó el Tratado de Nicosia, por el cual Teodosio I instauraba el cristianimo como la fe oficial del imperio, provocando numerosos incidentes tanto con paganos como, por ejemplo, con judíos. Alejandría era un lugar donde convivían tanto paganos de todo tipo, sobre todo aquellos de influencia más clásica, pero también gnósticos de un gran misticismo, con judíos y todo ello junto a una de las comunidades cristianas más importantes de la época, capaz de luchar por el liderazgo de la iglesia con la mismísima Roma.

Hipatia, pagana, era considerada una de las figuras más influyentes de Alejandría, y estaba protegia por los intelectuales cristianos, muchos de los cuales habían sido alumnos suyos. Sin embargo, la relación de Hipatia con el Patricio de Alejandría -máximo dirigente de la iglesia- no era del todo cordial. La elección del Patriarca Cirilo dio salida a la persecución y derribo del paganismo y por tanto, de Hipatia. Decir que la situación se complicó mucho y que se dieron varias causas, lucha de poder, problemas religiosos, para que una tarde un supuesto grupo de alejandrinos airados la golpeara con una piedra para acabar descuartizándola con unas tejas en nombre del señor.

Aunque en un principio las reacciones fueron en contra de Cirilo, y los historiadores dejaron constancia de lo poco cristiano de su acción, el patriarca acabó siendo canonizado y elegido doctor de la iglesia.

A partir de ahí la figura de Hipatia ha ido cambiando con los siglos, de bruja maligna, a imagen defensora de la razón o ideal feminista. Digamos que es un personaje complejo y cuyas virtudes y defectos se prestan con facilidad a ser utilizadas por distintos grupos.

Hipatia

¿Qué libros se han escrito sobre Hipatia? Cientos, no me cabe duda, aunque ahora tenemos un repunte importante, veamos cuáles podríamos destacar en Lecturalia.

Dejando a un lado Ágora, que se refiere más al rodaje de la película de Amenabar que a la figura de Hipatia, podemos encontrar, por ejemplo, El legado de Hipatia, escrito por Vicente Muñoz Puelles, y que nos cuenta la historia de la filósofa pero para niños. Ideal si queremos iniciar los pequeños en la razón y la antigüedad clásica.

Para una biografía más elaborara, señalar Hipatia, de Clelia Martínez Maza, especialista en historia de las religiones y que ha hecho un trabajo excepcional con esta historia. Si queremos una biografía más novelada, nos convendría entonces Hipatia de Alejandría, de Luis de la Luna, que nos ofrece la historia de una manera menos académica.

Si nos queremos alejar del fenómeno actual, podemos leer Hipatia de Alejandría, de Charles Kingsley, biografía escrita en 1854 con el regusto de la historia decimonónica y la sabiduría del escritor inglés.

La figura de Hipatia da para algo más todavía: Eduardo Vaquerizo, en La última noche de Hipatia, nos desafía a una historia de ficción que rodea a la filósofa Alejandrina, desde luego, el libro más original en torno a este fenómeno que se verá en las librerías.

¿Mi libro favorito sobre Hipatia? No lo dudo ni un instante: La perra de Alejandría, escrita por Pilar Pedraza y que, curiosamente, no usa a la verdadera Hipatia, sino que crea un personaje similar, en la misma ciudad y época, para escribir una historia entre lo histórico, grotesco y magistral, capaz de engancharte desde la primera línea.

Hay más libros sobre Hipatia, y más que van a salir en los próximos meses, así que esta lista es posible que pronto se quede corta, como ya, por el tema, es incompleta en sí misma. Hablamos de una figura que ha fascinado a estudiosos durante siglos, no es de extrañar que el salto al gran público dure, por lo menos, unos cuantos meses más.

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Eduardo Vaquerizo
Luis de la Luna Valero
Pilar Pedraza
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Hipatia
Hipatia de Alejandría
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