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Entradas con etiqueta ‘Guerra Civil’

Ligeramente desenfocado, memorias de Robert Capa

6 de junio de 2009 en Autores, Literatura

Ligeramente desenfocado

Hablar de Robert Capa, uno de los fotógrafos más importantes del siglo XX, es hacerlo en realidad de Ernest Andrei Friedmann, judío húngaro, y de Gerta Pohorylle (más conocida como Gerda Taro), alemana de familia judía polaca. Ambos crearon, para revalorizar sus fotografías, el seudónimo de Robert Capa, bajo el que publicaron indistintamente sus obras. Gerda Taro murió prematuramente durante la Guerra Civil española, en 1937, en un accidente fortuito, pero ya hacía un tiempo que había dejado de utilizar masivamente el nombre por el que, para la mayoría, se representa a Friedmann. No obstante, creo que era necesario recordar que Robert Capa fueron, en un principio, dos personas.

Sea como fuere, ahora llegan a nuestro país las memorias de Capa, de Friedmann, publicadas por la editorial La Fábrica y que cuenta con un prólogo de su hermano Cornell Capa y la colaboración de Richard Whelan, estudioso de la obra del fotógrafo húngaro y autor de varios libros sobre su vida y obra. Las memorias, que aparecen acompañadas de más de un centenar de fotografías del autor, están centradas en su experiencia como corresponsal gráfico durante la Segunda Guerra Mundial, a la que llegó contratado por la prestigiosa revista, ya desaparecida, Collier’s Weekly. Capa fue testigo de primera mano de algunos de los hechos más decisivos de la guerra en el frente occidental, tales como el desembarco de Normandia, la guerra en el norte de África o la entrada de las tropas aliadas en París. Todas ellas tienen su hueco en este libro, escrito a modo de cuaderno de campo y que ahora, más de medio siglo después, por fin nos llega en lengua española.

Es interesante comprobar que Capa, que antes de fotógrafo quiso ser escritor, relata hechos de suma importancia para el devenir de la guerra partiendo de pequeñas anécdotas y de encuentros con personajes, más o menos anónimos pero relevantes a su manera, con los que comparte impresiones sobre los acontecimientos que estaban desgarrando todo un continente.

De Capa se suelen decir muchas cosas: que fue el primer estadounidense que murió en la Guerra del Vietnam (realmente fue en la Primera Guerra de Indochina, pero el despiste es comprensible), que recibió la Medalla de la Libertad de manos de Einsehower tras la Segunda Guerra Mundial, que algunas de sus fotos (entre ellas la famosísima Muerte de un miliciano) pudieron ser fruto de montajes y teatralizaciones, que acuñó la frase “Si tus fotos no son lo suficientemente buenas es que no te has acercado lo suficiente”, que fundó la agencia Magnum o que fue amigo de algunas llamativas personalidades de la cultura de su tiempo como Ernest Hemingway o John Steinbeck, pero no está de más acercarse a la personalidad del que retrató como nadie algunos de los acontecimientos más importantes de la primera mitad del siglo pasado, ya sea de la mano de otros (por ejemplo con las biografías del ya mencionado Whelan) o, ¿por qué no?, de su mismo puño y letra en este libro titulado convenientemente Ligeramente desenfocado.

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Robert Capa
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Ligeramente desenfocado

La noche del diablo, de Miguel Dalmau

27 de mayo de 2009 en Autores, Literatura, Mundo Editorial, Narrativa

Noche del diablo

La Guerra Civil es uno de los escenarios favoritos de nuestra literatura, aunque no es un caso único, ya que todos los países parecen fascinados por sus correspondientes guerras civiles constituyendo prácticamente un subgénero literario. Lo que no tengo tan claro es si en todos los países la mayor parte de la producción literaria guerracivilista arrastra el costumbrismo que tenemos que sufrir aquí y que lastra tanto la literatura como las consabidas versiones cinematográficas con mirada de niño.

El libro del que hablamos hoy, La noche del diablo, parece que se ha librado de la soga costumbrista y presenta, en forma de crónica, la estancia de Aldo Rossi, conocido como el Conde Rossi, el cónsul italiano en Mallorca tras el alzamiento nacional y responsable de la represión de la isla y de la conquista de Ibiza y Formentera, con el impagable apoyo de las familias bienpensantes de la isla. Rossi llegó a Palma como asesor militar y con el encargo del gobierno de Mussolini de organizar la Falange a imagen y semejanza de las Camisas Negras italianas, a las que pertenecía.

Como buen fascista organizó el correspondiente grupo paramilitar de nombre rimbombante, en este caso Los Dragones de la Muerte, grupo compuesto por entre veinticinco y cincuenta miembros y que participó activamente en la ocupación y represión de la isla, actuando como guardia pretoriana de Aldo Rossi. También, como buen fascista italiano, le podían tanto el amor a la atención pública como el miedo a la discreción y no tardó en darse a conocer por todos los pueblos gracias a su populismo y sus discursos. Esta falta de discreción fue uno de los factores que le llevaron a abandonar la isla puesto que tanto Francia como Inglaterra estaban poco dispuestas a aceptar que una posición estratégica como Mallorca cayera en manos de Mussolini. Pocos meses después de su llegada a la isla fue enviado de nuevo a Italia aunque volvió a la Guerra Civil como inspector de las tropas voluntarias italianas que actuaban en Andalucía participando en la ocupación de Málaga.

En su estancia en Mallorca, contó con la colaboración de la jerarquía eclesiástica, siendo su traductor y secretario el padre Adrover quien le acompañó cuando abandonó la isla. Es a través de los ojos de este personaje como Miguel Dalmau nos cuenta esta historia. Dalmau había destacado hasta ahora como biógrafo, con una obra sobre el poeta Jaime Gil de Biedma y otra sobre los hermanos Goytisolo. Este entrenamiento como biógrafo le ha permitido enfrentarse a la documentación sobre este personaje de manera rigurosa. Rossi se convirtió rápidamente en un mito, gracias a su populismo y su escandalosa vida privada, y ya sabemos que las mitificaciones tienden a esconder la realidad, de forma que a la hora de presentarlo sus biógrafos oscilan desde el hombre honrado al asesino violento. Esperemos a ver cual es la versión de Dalmau quien dice sobre su obra que:

No existe el Bien químicamente puro ni el Mal. Todo está en el corazón del hombre. Y el deber de un escritor es entrar en ese corazón, que quizá sea el suyo, sin miedos ni prejuicios ideológicos.

Autores relacionados:
Miguel Dalmau
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La noche del diablo

La Guerra Civil española y la literatura (y IV)

18 de abril de 2009 en Autores, Literatura, Narrativa

Hemingway y su gato

Para terminar con esta serie de artículos sobre la Guerra Civil española hay que mencionar, más brevemente de lo que sería menester, el impacto que en la literatura no hispana tuvo la contienda, la mayor parte (no siempre) de la pluma de autores que vivieron de primera mano el conflicto.

Es el caso del estadounidense Ernest Hemingway, autor de clásicos de la literatura del siglo XX como Adiós a las armas (1929) o El viejo y el mar (de 1952 y ganadora del Premio Pulitzer al año siguiente). Una de sus novelas más conocidas, Por quién doblan las campanas (1940) está ambientada en la Guerra Civil, conflicto que el propio Hemingway observó in situ como corresponsal de guerra. El protagonista, Robert Jordan, es un joven estadounidense especialista en explosivos que se alista en las Brigadas Internacionales. Según la autobiografía de Iliá Stárinov, publicada en 1990, el personaje de Jordan podría estar inspirado en un judío estadounidense, adscrito a la unidad de saboteadores comandada por Stárinov, llamado Alex. En todo caso, son varios los hechos reales de la guerra que aparecen en la novela, entre ellos las batallas de Segovia y Brunete (la acción se desarrolla, precisamente, durante los preparativos para este acción bélica) o la ejecución de partidarios fascistas en Ronda, así como alusiones a personajes históricos de la guerra como La Pasionaria, Andrés Nin o Robert Hale Merriman, uno de los líderes de la brigada estadounidense (y otro del que se sospecha que pudo servir como fuente de inspiración a Hemingway para crear a Robert Jordan).

Cartel Poum

Muchos ignoran la importancia que tuvo en la obra de George Orwell, especialmente en sus dos obras más aclamadas (Rebelión en la granja y 1984), la Guerra Civil española. Alistado en una brigada de milicianos del POUM (el marcadamente anti-estalinista Partido Obrero de Unificación Marxista), Orwell fue herido en el cuello cerca de Huesca a mediados de 1937, durante su participación en las campañas del frente aragonés, justo cuando los comunistas y los agentes soviéticos conseguían criminalizar al POUM (les acusaron, entre otras cosas, de servir a los intereses de la Gestapo) e ilegalizarlo al tiempo que secuestraban y asesinaban a varios de sus dirigentes (entre ellos el ya mencionado Andrés Nin), llegando el escritor inglés a temer por su vida. Si bien su obra Homenaje a Cataluña está dedicada expresamente a aquellos meses de lucha junto a otros milicianos y brigadistas, su giro ideológico radical desde el comunismo hacia el anarco-sindicalismo, primero, y el socialismo democrático, después, nace precisamente en el tiempo transcurrido en España, en el que vivió de en directo los métodos que Stalin y sus agentes se gastaban con los disidentes del movimiento obrero soviético. De ahí la crítica despiadada al dictador georgiano que aparece en Rebelión en la granja, y de ahí la brutal distopía de 1984, un fiero alegato en contra del totalitarismo y de los métodos de negación de la realidad y sumisión total al régimen que, desde Moscú, Stalin inculcó durante décadas a millones de personas.

Habría que mencionar por último a dos autores más, mucho más desconocidos, como son el francés André Malraux y el estadounidense Peter Wyden. Malraux participó activamente en la contienda española, burlando los tratados franceses de no intervención comprando material bélico francés a través de terceros y formando un batallón propio, la Escuadrilla España, que llegó a realizar más de veinte misiones de ataque durante la guerra. Posteriormente volvió a Francia, donde lideró la brigada Alsace-Lorraine de la resistencia francesa, siendo después uno de los miembros del gabinete de De Gaulle, llegando a ser Ministro de Cultura. Muchas de sus obras están impregnadas de un compromiso social que ya manifestó tanto en Indochina como en España, lugares en los que su literatura se vio visiblemente afectada. Por su parte, cabe recomendar encarecidamente la obra de Wyden La guerra apasionada, una de las más lúcidas narraciones sobre la Guerra Civil aunque no llega a hacer olvidar la excelente Día Uno – Así empezó la era atómica, en donde se incluye el estremecedor relato de los primeros días tras la caída de la bomba atómica para la población de Hiroshima.

Autores relacionados:
André Malraux
Ernest Hemingway
George Orwell
Peter Wyden
Libros relacionados:
La guerra apasionada

La Guerra Civil española y la literatura (y III)

12 de abril de 2009 en Autores, Literatura, Tecnologí­a, Terror

Alberti

Muchos fueron los escritores que, ya fuera durante la Guerra Civil o inmediatamente después, se vieron en la obligación de abandonar España, ya fuera por temor a ser encarcelados o para huir de la extrema pobreza y del fascismo. Sin duda, al hablar de los exiliados, un nombre se nos viene a la cabeza por encima de todos: el del genial poeta portuense Rafael Alberti.

Desde principios de los años treinta la obra de Alberti se había ido politizando al tiempo que él se convertía en un activo militante comunista. Durante la Guerra luchó en el bando republicano, llegándose a decir incluso que estuvo al mando de una checa en Madrid. Tras la victoria nacional, hubo de huir junto a su mujer, María Teresa León (también escritora), a América, residiendo en Argentina hasta 1962 para trasladarse posteriormente a Roma. Amigo personal de Stalin y de Fidel Castro, siguió siendo comunista durante su exilio, lo que le imposibilitó volver a España hasta 1977, dos años después de la muerte de Francisco Franco. Ya aquí llegó a ser elegido diputado por Cádiz tras las primeras elecciones democráticas, representando al PCE.

Manuel Altolaguirre huyó de España durante la guerra, residiendo en Francia, Cuba y México, donde se convirtió en un importante autor cinematográfico al amparo de su amigo Luis Buñuel, llegando a ganar en 1952 el Premio de la Crítica al mejor argumento en el Festival de Cine de Cannes. Quiso la mala fortuna que regresara a España en 1959 para presentar una película en el Festival de Cine de San Sebastián, muriendo en Burgos en un accidente de tráfico.

Max Aub tuvo que huir a Francia en enero de 1939, después de haber desarrollado numerosas funciones dentro del gobierno republicano (diplomático y secretario del Consejo Nacional del Teatro, entre otros). En Francia fue acusado de comunista e internado en varios campos de detención como el de Roland Garros o el de Vernet, siendo después expulsado primero a Marsella y posteriormente a Argelia. Desde Argelia pudo pasar a Marruecos, donde embarcó rumbo a México, país en el que pasaría el resto de su vida y del que tomaría su cuarta nacionalidad (ya que era francés de nacimiento, alemán por ascendentes y español por la naturalización de su padre siendo él menor de edad). No volvió a España hasta 1969.

El granadino Francisco Ayala, sempiterno candidato español al Nobel desde hace lustros, había residido en Berlín desde 1929 a 1931, años en los que el nazismo cobraba importancia capital en Alemania. De vuelta a España, trabajó para el gobierno republicano como letrado de las Cortes y funcionario del Ministerio de Estado, por lo que tuvo que huir a Argentina al caer la República. De Argentina pasó a Puerto Rico, primero, y Estados Unidos después. Vuelve a España en 1960, y aunque no da el paso de hacerlo definitivamente, desde ese momento y hasta su definitivo traslado a Madrid en 1976, sus viajes entre América y Europa serán constantes.

Sender

Otros exiliados famosos serían Alejandro Casona (que viajó a Argentina en 1937 y no pudo volver hasta 1963, dos años antes de su muerte), Américo Castro (que fue diplomático republicano y que huyó hasta Estados Unidos), Luis Cernuda (que residió en Reino Unido y Estados Unidos antes de establecerse en México), Rosa Chacel (que, aunque residió en parte en Estados Unidos y Argentina pasó la mayor parte de su exilio en Brasil), León Felipe (que tras la guerra volvió a un México que conocía muy bien, en donde fue diplomático del Gobierno Republicano en el exilio, único reconocido en aquellas fechas por el país americano), el ideólogo socialista Fernando de los Ríos (que pasó los últimos diez años de su vida en Nueva York), Ramón Gómez de la Serna (que aunque fue fundador de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y permaneció en Argentina durante la posguerra ayudó económicamente al bando nacional durante la contienda), Jorge Guillén (que vivió en Estados Unidos e Italia), Juan Ramón Jiménez (que se trasladó a Estados Unidos en 1936, pasando después a Puerto Rico que lo vio morir años más tarde), Salvador de Madariaga (Ministro de Educación y Ministro de Justicia durante la República, tuvo que exiliarse en Inglaterra) o Pedro Salinas (que también residió, como Ayala y Juan Ramón Jiménez, en Puerto Rico y Estados Unidos).

Mención aparte merece Ramón J. Sender por todas las vicisitudes que padeció (esa es la palabra) durante la Guerra. Combatiente republicano y esposo de una mujer asesinada por las tropas nacionales, a duras penas recuperó a sus hijos en Francia para pasar de nuevo a España y seguir luchando hasta que, cansado de las disputas internas republicanas, abandonó la lucha, no sin antes dar con sus huesos en un campo de concentración. Pasó posteriormente a México y Estados Unidos, y no volvería a España hasta los años setenta, aunque murió en San Diego sin cumplir su sueño de volver a establecerse en España.

Autores relacionados:
Américo Castro
Francisco Ayala
Jorge Guillén
Juan Ramón Jiménez
León Felipe

La Guerra Civil española y la literatura (II)

10 de abril de 2009 en Autores, Literatura

Buero Vallejo

Terminada la contienda fraticida en 1939, empezó una etapa, conocida como Posguerra, que algunos historiadores han alargado hasta finales de los años sesenta y otros circunscriben tan sólo a la década de los cuarenta. Puestos a colocar fechas de forma aleatoria para delimitar un período marcado por la autarquía y el aislamiento internacional, se podría delimitar la Posguerra española entre el fin de la guerra, 1939, y el fin de la autarquía económica, 1959, sin olvidar que España fue admitida en la ONU, primer paso para acabar con el mencionado aislamiento. En el terreno literario esto nos llevaría a hablar de dos generaciones, la del 36 y la del 50.

La Generación del 36, o Primera Generación de Posguerra, fue definida por el escritor y crítico astorgano Ricardo Gullón, perteneciente a ella. Formarían parte de ella, según las directrices explicitadas por el leonés, todos aquellos escritores que ya publicaban más o menos asiduamente en el año de inicio de la contienda, sin olvidar su edad, los medios en los que publicaban, o la relación entre ellos. Muchos de ellos fueron afines al gobierno republicano, y se posicionaron claramente durante la guerra en contra del alzamiento fascista. Uno de los casos más llamativos es el de Miguel Hernández, combatiente republicano y poeta comprometido, que fue apresado por la policía portuguesa tras salir del país y entregado a las autoridades españolas, que lo condenaron a muerte. Por intercesión de varios intelectuales (como José María de Cossío) y del vicario general de la Diócesis de Orihuela, de donde era vecino Hernández, la pena capital fue conmutada por treinta años de prisión que nunca llegaría a cumplir. Preso en una cárcel alicantina, enfermó de tifus, bronquitis y tuberculosis y falleció en 1942 a los treinta y un años de edad.

Compañero suyo de celda en Alicante fue el dramaturgo alcarreño Antonio Buero Vallejo, también combatiente republicano. Tras ser liberado se convirtió en uno de los autores teatrales más importantes de la historia de la literatura española, aunque algunas de sus obras, de fuerte contenido social, no pudieron ser estrenadas debido al veto de la censura franquista.

El propio Ricardo Gullón también fue encarcelado tras la guerra acusado de colaboracionismo con el gobierno republicano. Aunque fue liberado de forma rápida, se le inhabilitó profesionalmente por un período de tres años.

Tres de los más importantes prosistas de la historia de España pertenecerían a esta generación: hablamos nada menos que de Camilo José Cela, Miguel Delibes y Gonzalo Torrente Ballester. Ninguno de los tres fue republicano, perteneciendo dos de ellos al menos (Cela y Torrente Ballester) al bando nacional: Cela, casi apasionadamente; Torrente Ballester, como mal menor.

Juan Goytisolo

Torrente Ballester, falangista por conveniencia (se afilió durante la guerra siguiendo el consejo de un sacerdote amigo de su familia), pudo desarrollar su carrera literaria con relativa comodidad, aunque tuvo, como casi todos los escritores de su época, múltiples problemas con la censura. En relación con él hay que hablar de Pedro Laín Entralgo, que en 1941 fundó la revista Escorial perteneciente a Falange Española. Fue una de las puntas de lanza de un movimiento que, desde la oficialidad franquista, intentó acabar con la falta de calidad (más allá de la alabanza al régimen y al caudillo) que poblaba las publicaciones de la época. El llamado “Grupo de Burgos” estaba compuesto, además de por él, por otros intelectuales como Luis Rosales, Luis Felipe Vivanco o Dionisio Ridruejo.

A la Generación del 36 siguió la del 50, autores que se autodenominaban “hijos de la Guerra Civil”. El existencialismo de la anterior generación da paso al realismo social y al intimismo, dando importantes poetas como Ángel González, Jaime Gil de Biedma, José Ángel Valente o Francisco Brines. En prosa, la pujanza de la novela social fue definitiva para conformar una literatura que, a media voz, hablaba de las penurias de un país asolado y empobrecido a través de escritores tan válidos como el propio Cela (con la famosa novela La Colmena), Luis Martín-Santos, Juan Goytisolo, Luis Romero o Josep Maria Castellet.

Autores relacionados:
Ángel González
Antonio Buero Vallejo
Camilo José Cela
Francisco Brines
Gonzalo Torrente Ballester

La Guerra Civil española y la literatura (I)

5 de abril de 2009 en Autores, Histórica, Literatura, Narrativa

Miliciano

El pasado 1 de abril se cumplieron setenta años del fin de la Guerra Civil Española, conflicto que se desarrolló durante los años treinta del siglo XX y que, para muchos, fue un preludio de la Segunda Guerra Mundial que debía empezar en el verano de 1939.

La Guerra Civil de 1936-1939 es, sin lugar a dudas, la contienda bélica desarrollada en nuestro territorio que más ha influido en las Artes y las Letras españolas en toda la historia, sólo equiparable (aunque matizándolo) con el impacto que tuvo la Reconquista. Sin embargo, la trascendencia de ambos hechos históricos no es comparable: por ejemplo, las diferentes fases de la Reconquista no son consideradas habitualmente como un conflicto entre españoles, sino entre estos e invasores extranjeros. Así, aunque ha habido casos puntuales de loa de algunos líderes españoles de origen árabe, ya fueran políticos (como Abderramán III) o militares (como Almanzor), así como de científicos o poetas andalusíes, el Arte y la Literatura españolas no han estado divididos en bandos irreconciliables de los que han centrado su labor artística en torno a los conquistadores (o, más concretamente, sus ideologías) o a los conquistados; esta condición, que sí se da en los años posteriores a la Guerra Civil, no es gratuita.

La creación artística en torno a la Reconquista, pese a no haber conflicto de ideologías y valores, se mantuvo y cobró importancia en su momento, pero su trascendencia es más limitada porque la base histórica no se discutió y no hubo una lucha interna entre la clase “artística”. Aunque no sea obvio, no es menos cierto que, aparte de las siempre presentes luchas estilísticas, las luchas ideológicas hacen que autores de diversa índole (escritores, pintores, escultores) puedan realmente desarrollar todo su potencial. En este caso, la Reconquista no fue, para España, lo que la Reforma para el norte de Europa o la Contrarreforma para los países católicos. Así, el arte y la literatura españolas que han trascendido de aquellos siglos es fundamentalmente de carácter religioso, con pequeñas excepciones.

Tuvo que llegar el siglo XIX y el Romanticismo para que se reescribiera, por primera vez en muchos siglos, una historia a favor de la España musulmana, lo que motivó reinterpretaciones de la cultura española que ponían en su justo sitio la influencia que Al-Andalus ejerció en las posteriores Letras, Artes y Ciencias españolas bajo los Austria y aun los primeros Borbones.

Cartel

La Guerra Civil Española de 1936 es diferente: se originó entre dos bandos bien diferenciados, fue corta en duración y larga en consecuencias. Tampoco hubo una asimilación cultural del vencido por parte del vencedor, sino una erradicación casi total de toda ideología y manifestación cultural que proviniera de los elementos afines a la República. Esto tuvo muchas consecuencias: en primer lugar, la huida a otros países de los más destacados literatos, artistas y científicos de ideología contraria al nuevo régimen, especialmente a América (México, Argentina) o a Francia. En segundo lugar, la implantación en el territorio español de una cultura (o, mejor dicho, de una manera de poder expresarse “culturalmente”) oficialista unida a unos instrumentos de control de la misma (autocensura, censura gubernamental, prohibición o semi-prohibición de algunas lenguas españolas, medidas legales para los que se extralimitaran, etc.). En tercero, y en respuesta a esto, surge un importante fenómeno, no reglado y de carácter casi personal, que trata de adecuar la expresión artística (una novela, una película, un puñado de poesías) a las normas pero sin someterse a ellas.

Para no extenderme, creo que sería interesante hablar de estos tres puntos, centrándome particularmente en la Literatura. Es decir:

-Literatura española en la Posguerra (tanto la “oficialista” como la que evitó la censura).

-Literatura española del exilio.

Considero más importante la influencia ideológica en los autores españoles tras la Guerra que la creación literaria en torno al conflicto. Las únicas obras referentes a la Guerra en sí misma de las que hablaré serán de autores extranjeros, lo que supondrá un tercer y último capítulo en esta mini-serie de artículos, el de la literatura extranjera y la Guerra Civil.


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