Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

80.874 libros, 17.355 autores y 64.591 usuarios registrados

Entradas con etiqueta ‘Grandes Autores’

Sangre y sexo. El universo Barker (II)

18 de mayo de 2013 en Autores, best-seller, Terror

Imajica- Barker

En la primera parte del artículo hablamos de la trayectoria del escritor británico Clive Barker en el entorno del terror, y del éxito obtenido en su larga relación con otros medios como el cine o el videojuego (además de géneros que no llegamos a mencionar: cómic, ilustración y teatro). Pero es en la fantasía urbana, y en la fantasía oscura en general, donde Barker se ha hecho un nombre muy especial en el mundo de la literatura. Si bien no es el único que ha sabido lucirse en estos terrenos (ahí tenemos a Gaiman, por ejemplo), es indiscutible que su imaginería tiene una potencia de la que disfrutan muy pocos autores. La creatividad de Barker (tenebrosa, extraña, enfermiza), parece no tener límites cuando se trata de crear mundos complejos y personajes surrealistas.

El primer gran mundo fantástico de Barker fue el de aquella alfombra mágica en Sortilegio. Ahí ya calentaba motores para uno de sus libros (y cosmos) más ambiciones: El gran espectáculo secreto, la primera parte de una serie de libros planeada por Barker de la que solo se han publicado dos: el título ya mencionado y Everville (que, si no me equivoco, no se ha publicado en español). Comienzan a verse los patrones narrativos y los elementos favoritos del escritor: mundos que se solapan, que se entrecruzan, que coexisten con el nuestro, llenos de seres y escenarios psicodélicos, de personajes malos que tienen sus razones para ser malos (o que ni siquiera son malos, sino que disponen de una moral muy diferente a la que conocemos), de personajes buenos que no son tan buenos, pero que son, hasta cierto punto, inocentes o bienintencionados. Los personajes se transforman: los malos se nos revelan como nobles, los buenos se pervierten. Los seres humanos no son más que víctimas y peones de otras criaturas, de grandes designios del destino y de los mismos mundos extraordinarios creados por Barker. Siguió desarrollando este modus operandi en Imajica, en Galilee (donde además se atreve con las grandes sagas familiares, al más puro estilo Dinastía cruzado con el poder de las leyendas, las antiguas divinidades y los siempre presentes amor y sexo) y con la saga juvenil Abarat que, aunque esté dirigida hacia un público menos adulto, retiene el poder de sus obras anteriores para horrorizar y a la vez para enamorar.

El tono onírico de sus obras de fantasía no es casual: en el caso de Imajica, Barker asegura que su inspiración surgió de sus propios sueños. El autor ha afirmado que es su escrito favorito, y que lo compuso en un tiempo récord. Escribió la obra completa en catorce meses (escribía de catorce a dieciséis horas al día, siete días a la semana). Es, tal vez, el máximo exponente de su desbordante imaginación y creatividad, pero al ritmo que continúa publicando no parece que vaya a detenerse durante un tiempo: para los próximos años ya están programados los volúmenes restantes de Abarat, una segunda parte para Galilee y varias continuaciones para Cabal: Razas de noche. Y que sean muchos más, Sr. Barker.

Autores relacionados:
Clive Barker
Neil Gaiman
Libros relacionados:
Cabal
El gran espectáculo secreto
Imajica: El quinto dominio
Sortilegio

Sangre y sexo. El universo Barker (I)

14 de mayo de 2013 en Autores, best-seller, Terror

Pinehead - Barker

A todos nos gusta pasar miedo. Es una de esas afirmaciones que se hace así, sin pensar, y que por lo visto hasta tiene explicación científica. Tras ver una película de terror tenemos un subidón de adrenalina que puede llegar a resultar adictiva. Y lo mismo con los libros, con el valor añadido de que no tenemos que ver al monstruo en pantalla, sino que podemos imaginarlo y decorarlo conforme a nuestros temores más profundos.

El terror siempre ha sido un género que, en los niveles más altos de ventas, ha resultado de lo más rentable. El ejemplo más evidente es Stephen King, que además se ha convertido en un producto mediático: el autor que ha sabido escribir no solo para los lectores, sino para los espectadores. King disfruta de un elenco de criaturas legendarias: desde el payaso de It hasta la fan mutiladora (asociada para siempre a la interpretación de Kathy Bates) de Misery. Hay pocos que se acercan a su estatus de productor de iconos; tal vez Clive Barker, con el Pinhead de Hellraiser, sea el más próximo.

Sin embargo, Barker y King no tienen mucho en común. La imaginería y el gore del británico tienen poco que ver con el estadounidense. King es, ante todo, un narrador, es un artista de ideas y personajes, donde el contenido juega un papel principal, donde la insinuación afecta mucho más que la visión directa de lo sobrenatural. Barker, por otro lado, nos lo enseña todo sin inmutarse, no solo al monstruo, sino todo lo asociado a las emociones más viscerales: el asco, el miedo, la lujuria. Con Barker, la asociación entre el eros y el tánatos es mucho más clara; el dolor y lo sexual van cogidos de la mano.

Es interesante que el personaje más conocido de Barker, protagonista de toda una saga cinematográfica, provenga de una novela corta (The Hellbound Heart), muy en la línea de los relatos del escritor, recopilados en los ya legendarios Libros de sangre. Es un relato, como la mayoría de sus relatos, de terror, de nueva carne (donde lo tecnológico, lo inorgánico y lo biológico se unen de manera fascinante), donde, debajo de todo, uno se encuentra con preguntas inevitables acerca de la ambición humana, el vínculo entre el placer y el dolor y los límites de la ética. Barker ha sabido desarrollar esta novela breve y convertirla en un mundo propio, repleto de atrocidades a la altura de las exigencias de un público deseoso de sangre, vísceras, garfios y erotismo desenfrenado, perfecto para la gran pantalla. En este sentido, hay dos Barkers similares, pero a la vez diferentes: el Barker de Hellraiser, de Razas de noche, de Los libros de sangre y el Barker, igualmente oscuro pero más sutil, menos gráfico, que esconde sus intereses más violentos bajo capas y capas de magia y escenarios imposibles. En definitiva, el Barker del terror (el relacionado con sus series de películas, videojuegos como Jericho o Undying, relatos sangrientos, vampiros y asesinos en serie) y el Barker creador de mundos (el escritor de Sortilegio, del Gran espectáculo secreto, de Imajica o la serie juvenil Abarat). De este último hablaremos en la segunda parte de este artículo.

Autores relacionados:
Clive Barker
Libros relacionados:
El gran espectáculo secreto
Hellraiser
Imajica: El quinto dominio
Libros de sangre 1
Sortilegio

Cosas que no sabías sobre Chuck Palahniuk (II)

6 de mayo de 2013 en Autores, Narrativa

El cub de la lucha

Como ya os narramos en la primera entrega de este artículo, hace poco el autor y periodista estadounidense Chuck Palahniuk estuvo conversando en la red de foros Reddit (una especie de Menéame cruzado con ForoCoches) con sus seguidores, como parte de la sección IAmA, dedicado a personas famosas o protagonistas de hechos singulares (estas personas deben acreditarse y demostrar que son quienes aseguran ser y, a continuación de dicha acreditación, entran en comunicación con todos los visitantes al foro e interactúan con estos en formato pregunta-respuesta). Aquí os dejamos algunas perlas más de información sobre este autor que fueron surgiendo a lo largo de su conversación con fans y miembros de Reddit:

-Muchos ya sabíais que Palahniuk es homosexual, y que tiene una relación seria desde hace años (esto salió a la luz debido a una entrevista polémica para Entertainment Weekly, que acabó en un enfrentamiento algo absurdo entre el escritor y la periodista Karen Valby). En la conversación de Reddit aclaró que su novio se llama Mike, y que este, desde el principio de la relación, le dejó muy claro que quería permanecer en el anonimato, razón por la que nunca lo menciona ni habla de su relación de pareja.

-El club de la lucha fue un fracaso: Al contrario de lo que podríamos pensar, su novela más conocida fue, en su momento, un desastre de ventas. Y la película tampoco ayudó, ya que recaudó mucho menos de lo esperado cuando se estrenó. Tuvieron que pasar bastantes años antes de que esta adaptación cinematográfica se convirtiera en una obra de culto y que, como consecuencia, comenzara a venderse el libro de forma notable. Hoy en día es un clásico de la literatura contemporánea y forma parte de un elenco de escritores que se han hecho grandes con un estilo sucio y conciso, con obras que se han llevado con gran éxito a la gran pantalla, ese elenco donde sobresalen títulos como Trainspotting o American Psycho.

-Le envía regalos a los que le escriben cartas: Palahniuk tiene por costumbre responder a algunas de las cartas que recibe de fans con cajas llenas de regalitos aleatorios; cosas como casetes, bisutería o paquetes de pipas.

-Su consejo para los que empiezan a escribir: Escribe algo que la gente tal vez no “disfrute”, pero que nunca olvide. Nuestros gustos cambian con el tiempo, y algo que persiste tiene mayor oportunidad de ser apreciado en el futuro.

Y, para terminar, os dejo con una de mis frases favoritas de un autor que, por lo menos en un foro de internet, ha dado la impresión de ser simpático, modesto, divertido y entrañable, por mucho que escriba sobre masturbación, vómitos, sangre y flemas:

There’s an old saying: “No piece of writing is ever finished, it’s just abandoned.” But my own rule is: “No piece of work is done until you want to kill everyone involved in the publishing process, especially yourself.”

(Hay un viejo dicho: Un texto nunca se termina, simplemente se abandona. Pero mi propia regla es la siguiente: Un texto no se termina hasta que quieres matar a todo el mundo involucrado en el proceso de publicación, sobre todo a ti mismo)

Autores relacionados:
Chuck Palahniuk
Libros relacionados:
El club de la lucha

Cosas que no sabías sobre Chuck Palahniuk (I)

3 de mayo de 2013 en Autores, Narrativa

Chuck Palahniuk

Reddit es una red social que tiene un peso tremendo en el mundo anglosajón. A diferencia de otras redes de interacción como Facebook o Twitter, Reddit mantiene el formato foro para crear tablones, posts e hilos completos de conversación. Es, como cualquier foro, un arma de doble filo: una fuente interesantísima de conocimiento, donde puede tratarse cualquier tema (por muy extraño y específico que sea), y a la vez es un lugar donde puede lucirse lo más barriobajero de internet. No obstante, merece la pena como punto de encuentro con autores significativos, que detrás de una pantalla de ordenador pueden sentirse más abiertos y menos expuestos, menos cohibidos a la hora de hablar de su vida personal, como ha ocurrido con el escritor estadounidense Chuck Palahniuk, conocido por libros como El club de la lucha y por describir su literatura como ficción transgresiva (con razón).

Y es que Palahniuk tiene mucho que contar. Con su propia vida ya tendría para escribir varias novelas. Para empezar, perdió a sus padres a una edad temprana. Se divorciaron cuando Chuck tenía unos catorce años, y su padre inició una relación con otra mujer, cuyo ex-novio acabó por asesinarlos a ambos. Como autor, busca crear impacto: en las lecturas de su relato Guts (Tripas) pide a sus asistentes que contengan la respiración durante la duración de la narración; a día de hoy es responsable de más de setenta desmayos en sus lecturas en público (y si no entendéis por qué, solo tenéis que acercaros al texto, que narra múltiples accidentes relacionados con el acto masturbatorio). Y sin embargo hay mucho más, toda una retahíla de datos curiosos que el escritor compartió con los foreros de Reddit. A continuación os dejamos algunas de las joyas del intercambio fascinante que surgió a raíz de dicha interacción:

-Acerca de su pose de escritor borracho: Al comentarle un fan que se quedó impresionado por ver cómo le pegaba un trago a una botella de Jack Daniels sin parpadear en una presentación, Palahniuk admitió que se trataba de un truco que utilizó durante aquella gira en particular: en realidad la botella estaba llena de té Lipton.

-Le parece bien que robes sus libros. Palahniuk asegura que robó un ejemplar de El placer de sexo de Alex Confort allá por 1975 o 76. Se lo metió en los pantalones y salió de la tienda con él; cuando un fan le confesó que había robado una copia de El club de la lucha, Palahniuk le aseguró que, para los veinticinco céntimos que habría obtenido de ese libro en regalías, tampoco pasaba nada, que le comprara su nuevo libro y ya estaría libre de pecado.

-Se afeita la cabeza cuando le toca revisar un libro. Asegura que cuando tiene que llevar a cabo ediciones realmente duras se deshace de su pelo, que es “un poco como morir”, porque eso hace que se sienta luego mejor a la hora de matar (recortar) párrafos y escenas que todavía ama.

En la segunda parte del artículo, os contaremos más curiosidades que fueron surgiendo en esta singular conversación con internautas. Mientras esperáis, ¿por qué no leer un libro de Palahniuk? Asfixia, por ejemplo, que no es de los más desagradables, y del que hablamos en su momento aquí en Lecturalia.

Sigue leyendo: Cosas que no sabías sobre Chuck Palahniuk (II)

Autores relacionados:
Chuck Palahniuk
Libros relacionados:
Asfixia

Amanda McKittrick Ros, la peor escritora del mundo

29 de abril de 2013 en Autores, best-seller

Amanda McKittrick Ros

A los seres humanos nos encantan los extremos. Siempre hablamos de lo mejor y lo peor, lo fabuloso y lo terrible; en raras ocasiones nos centramos en comentar la mediocridad, lo mejorable, lo meramente satisfactorio. El cine es un ejemplo perfecto: aparte de lo que consideramos grandes obras de arte, nos encanta entretenernos con películas tan malas que son buenas: horribles ejemplos de serie B donde el diálogo es tan absurdo, los efectos especiales tan falsos y el argumento tan ridículo que disfrutamos sin cargo de conciencia de una pieza de basura tan horrorosa que llega a ser, a su manera, un objeto de culto.

Algo similar ocurre en la literatura. Seguramente no os sonará el nombre de Amanda McKittrick Ros, una autora que vivió entre 1860 y 1939, pero en ciertos círculos esta señora se convirtió en una leyenda. De ella hablaban J. R. R. Tolkien, Aldous Huxley y Mark Twain. De hecho, el grupo literario de Oxford conocido como The Inklings (Tolkien, C. S. Lewis y compañía) solía convocar concursos de lectura, donde ganaba aquel que pudiera leer en voz alta obras de McKittrick Ros durante más tiempo sin desternillarse de risa. Del mismo modo, se puso de moda en los salones de Londres de la época celebrar fiestas dedicadas a los libros de la irlandesa McKittrick, donde los participantes se disfrazaban de sus personajes e intentaban hablar como estos (algo, por otra parte, imposible).

¿Pero tan mala era esta señora? No solo eso, sino que se enorgullecía de lo que ella consideraba una prosa (y poesía, sí, también escribía en verso) excelente. Cuando el cómico Barry Pain dijo de su obra Irene Iddesleigh (un libro que se editó ella misma, pero que parece ser que consiguió un número muy respetable de lectores y ventas), con una ironía inconfundible, que era “El libro del siglo”, la escritora aseguró que Pain solo la criticaba porque estaba enamorado de ella. No obstante, este comentario de Pain fue lo que lanzó a la escritora de prosa barroquísima al estrellato. Ros se convirtió en una autora de culto, y la leían (y la leen) por las mismas razones por las que hay personas que ven, una y otra vez, películas como Payasos asesinos del espacio exterior, con la diferencia de que esta última no tiene mayor pretensión que divertir a sus espectadores, mientras que Ros se consideraba a sí misma una especie de genio malentendido.

En su tiempo, la mala fama de Ros le sirvió para colocar más novelas y poemarios en el mercado y obtener un seguimiento que ya querrían muchos escritores profesionales hoy en día. Con el dinero de sus regalías pudo comprarse una casa, a la que llamó Iddesleigh en homenaje a su primer libro. Se ha convertido, además, en una autora perseguida por coleccionistas, una de sus primeras ediciones ahora tiene un precio de varios cientos de dólares.

Así que ya sabéis, amigos escritores. Si no vais a ser los mejores, a lo mejor merece la pena ser los peores. Pero recordad, no basta con ser malo, con no tener talento o escribir como si uno estuviera borracho. Uno debe ser rematadamente inútil, debe trabajar con una prosa que haga a los demás retorcerse de dolor. Entonces, llegará el éxito.

Autores relacionados:
Aldous Huxley
Clive Staples Lewis
John Ronald Reuel Tolkien
Mark Twain

José Luis Sampedro (1917-2013)

10 de abril de 2013 en Autores, Ensayo, Literatura

José Luis Sampedro

Con José Luis Sampedro me ocurría lo mismo que a los contemporáneos de Ed Wood con Bela Lugosi: durante casi toda la década pasada, cada vez que leía alguna entrevista o me enteraba de que sacaba nuevo libro, no podía evitar preguntarme: «Ah, pero ¿no había muerto»? Supongo que, de alguna manera, lo maté cuando padeció la grave enfermedad que lo llevó a escribir el que es mi libro favorito de todos los que escribió: Monte Sinaí. En él contaba, de manera breve, concisa, directa e implacablemente hermosa, los pormenores de su estancia en un hospital neoyorquino cuando padeció una grave dolencia cardíaca que casi acaba con él. Esta obra, con sus no recuerdo si ochenta o noventa páginas a tamaño de letra grandote, contiene más consuelo y alegría (y motivos) de vivir que toda la morralla de autoayuda que me había leído diez años antes, cuando padecí una enfermedad bastante seria. Siempre pensé que ojalá hubiera existido Monte Sinaí por aquel entonces, porque me habría ayudado de verdad a sobrellevar las sesiones de quimioterapia, no como las manidas páginas de La enfermedad como camino o Usted puede sanar su vida, que no hacían sino ponerme de mala leche por aprovecharse del dolor ajeno con fines comerciales.

La alegría de vivir y las ganas de transmitirla. Dos constantes en la vida y obra de José Luis Sampedro. Toda esa actitud que convierte Monte Sinaí en uno de mis libros de referencia se puede ver en La vieja sirena, Real Sitio o, sobre todo, La sonrisa etrusca. La aventura interior de un viejo cascarrabias que se amansa durante sus últimos meses gracias a un nietecito recién nacido es un buen resumen de ese José Luis Sampedro ancianito de barba profética, ese pope de las juventudes, ese abuelito que todos habríamos querido tener; en resumen, ese anciano con vocación de referente moral de las nuevas generaciones (tras las desapariciones de José Luis López Aranguren y Enrique Tierno Galván, que desempeñaban ese papel hasta los años ochenta). Quiso la fatalidad que Sampedro viviera una situación irónica: nada más escribir este delicioso canto a la vida y la aceptación de la muerte inminente, Sampedro pasó por el trance de la pérdida de su primera esposa.

Contaba Sampedro que, cuando él era joven, los jóvenes leían y comentaban los escritos de Unamuno o de Ortega y Gasset, como sabios que eran. Añadía que le aterraba la idea de que lo consideraran un sabio, porque no era esa su intención. En realidad, esta parte de su biografía, los últimos tres o cuatro años en los que fue el pope español de la literatura indignada, podrían titularse Sabio por accidente. El motivo: haber escrito el prólogo de ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, con quien lo unían muchos elementos en común, y haber escrito parte del ensayo colectivo Reacciona, una de las biblias del movimiento 15-M. Si La sonrisa etrusca lo convirtió en el abuelito ideal de los jóvenes de la generación X y Monte Sinaí lo convirtió en el héroe de todo aquel que haya padecido una enfermedad seria, sus últimos ensayos lo convirtieron en un icono pop, el último superviviente de una generación (Francisco Ayala, Medardo Fraile y pocos más) de moral inconmovible y ética a prueba de bombas. Los paralelismos entre Hessel y Sampedro son evidentes: ambos pertenecieron a dos bandos enfrentados (Hessel, alemán nacionalizado francés, participó en la Segunda Guerra Mundial como dirigente destacado de la Francia Libre; Sampedro, más modesto, combatió en ambos bandos y vivió en el Marruecos colonial), desarrollaron una trayectoria profesional impecable durante la posguerra (Hessel, como coautor de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre; Sampedro, como catedrático y lector de economía en varias universidades españolas y anglosajonas), explotaron como ideólogos de masas ya en su novena década, a base de contar, de manera breve y sencilla, verdades como puños… y, para rematar el paralelismo, fallecen ambos con apenas un mes de diferencia. No sabemos cómo le sentaba esta notoriedad a Hessel, pero a Sampedro le resultaba cargante y, de hecho, fue su deseo expreso que la noticia de su fallecimiento no trascendiera hasta después de haber sido incinerado, para evitar el circo mediático y necrófilo consustancial a los fallecimientos de gente mediática.

Muere el hombre, a los noventa y seis años, pero nos queda la obra. Es un topicazo del tamaño de cualquiera de esos árboles que transportaban Tajo abajo los gancheros de El río que nos lleva, pero, en el caso de alguien como José Luis Sampedro, es una invitación a leer magníficas novelas como La sonrisa etrusca o La vieja sirena, confesiones sinceras hasta la lágrima como Monte Sinaí, o ensayos necesarios y veraces como Reacciona.

Autores relacionados:
José Luis Sampedro
Stéphane Hessel
Libros relacionados:
El río que nos lleva
La sonrisa etrusca
La vieja sirena
Monte Sinaí
Reacciona

A propósito de Trueque mental, de Robert Sheckley

30 de marzo de 2013 en Arte, Biografí­as, Ciencia-Ficción

Trueque mental

Una buena noticia para los aficionados a la ciencia ficción: RBA acaba de reeditar Trueque mental, una novela de Robert Sheckley (1928-2005) que no debería pasar desapercibida, y que debería leerse con algo más que la simpatía inherente que suscita el autor, y la condescendencia que otorga la etiqueta de clásico menor.

Pongo en antecedentes a quienes no conozcan a Sheckley. Allá por la década de 1950, la ciencia ficción vivió la llamada Edad de Plata gracias a publicaciones como la Galaxy que dirigía Horace H. Gold y The Magazine of Fantasy and Science Fiction de Anthony Boucher, que igualaron en capacidad de influencia y superaron en logros literarios a la mítica Astounding de J. W. Campbell. Los autores ya establecidos se dieron cuenta de que la ciencia ficción no solo podía ser un vehículo de transmisión de ideas sino también un medio para publicar buena literatura subversiva (en sus páginas se publicaron algunas de las mejores obras de Isaac Asimov o Theodore Sturgeon), y surgió una nueva generación de autores todoterreno, con un estilo muy depurado, una capacidad de fabulación asombrosa y un talento impresionante para la ficción breve.

A esta categoría pertenece Robert Sheckley, un judío de Brooklyn criado en un pueblecito de Nueva Jersey (como Marvin Flynn, el protagonista de Trueque mental) que venía de desarrollar un voluntariado en Corea justo antes de que estallase la guerra, y de ejercer toda la plétora de profesiones que suelen conformar al escritor medio estadounidense. Sheckley se pasó toda esa década publicando una obra maestra detrás de otra, a ser posible en Galaxy, cuya línea editorial parecía hecha a medida de su talento y sus aptitudes. Quien quiera leer esa sucesión milagrosa de relatos (los más destacados, Un pasaje a Tranai, Ciudadano del espacio o El motín del bote salvavidas) con los que le dio lustre a la ciencia ficción de la década de 1950 puede adquirir (de segunda mano, eso sí, ya que todas ellas están descatalogadas) recopilaciones como Ciudadano del espacio, Peregrinación a la Tierra, El arma definitiva o La séptima víctima, cuyo relato epónimo es el origen de todos los Battle Royale, Juegos del Hambre e inventos similares, gracias a la exitosa adaptación cinematográfica de Elio Petri (1965), titulada La décima víctima y protagonizada por Marcello Mastroianni y Ursula Andress. El propio Sheckley se encargó de novelizar la película… y a ese punto queríamos llegar.

Las novelas de Sheckley. No es que sean malas. Trueque mental no lo es, en absoluto, como tampoco lo son Los viajes de Joenes, Dimensión de milagros, Dramocles o, ya puestos, La décima víctima. Lo que sucede, por un lado (y esto se nota mucho en Trueque mental), es que muchas veces dan la impresión de estar formadas por relatos independientes hilvanados a costurones a una novela con la que no siempre guardan relación (véase la subtrama de Juan Valdez y de la búsqueda de Cathy, que es una novela dentro de la novela). Por otro lado, durante la década de 1960 Sheckley perdió el toque, como él mismo decía, redujo de manera drástica su producción de ficción breve, no supo adaptarse a la creciente mercantilización del mercado editorial (que pasaba, de manera inevitable, por dejar de escribir relatos y publicar novelas), se embarcó en una vida un tanto dispersa y alocada (que lo llevó a casarse cuatro veces y vivir a lo hippie en Ibiza durante largas temporadas) y, para cuadrar números, se vio abocado a aceptar proyectos, reescrituras y franquicias a cual más garbancera. Las más presentables son las novelitas de la franquicia de Bill, héroe galáctico de Harry Harrison (En el planeta de los cerebros embotellados) y algunas novelas de Star Trek y Babylon 5. Por resumir mucho, Sheckley se pasó quince años forjando una sólida reputación que lo convirtió en uno de los (¿cinco?, ¿diez?) mejores cuentistas de toda la historia de la ciencia ficción, y treinta años cayendo en barrena, al borde de la indigencia, hasta el punto de que sus últimos meses fueron todo un suplicio. Enfermó de gravedad en una convención en Ucrania, y solo se lo pudo repatriar gracias a lo que hoy en día llamaríamos crowdfunding de aficionados de todo el mundo, pero ya era demasiado tarde: Sheckley solo sobrevivió seis meses.

Trueque mental, como decimos, es una novela digna, tal vez caótica y dispersa pero llena de hallazgos, con personajes entrañables, la socarronería típica de Sheckley (la misma que lo convierte en una de las fuentes de inspiración más o menos reconocidas de series como Futurama y relatos emblemáticos de la ciencia ficción española como Cuestión de oportunidades, de Gabriel Bermúdez Castillo, y que lo habría convertido en un autor tan célebre como Kurt Vonnegut si hubiera perseverado), un buen ejemplo de una época en la que se podían escribir novelitas de doscientas páginas sin necesidad de estirarlas hasta lo absurdo, y toda la magia, el toque, que Sheckley dijo haber perdido no mucho después de escribirla. Marvin Flynn es el prototipo del personaje inquieto que sale del pueblo gracias a una agencia de intercambio de cuerpos para descubrir que el marciano con quien se ha intercambiado es un delincuente en busca y captura, y embarcarse en una aventura que lo lleva de Nueva Jersey a Marte, y de ahí hacia el infinito y más allá. En el camino tenemos comedia de enredo, novela de espionaje, picaresca a saco, policíaco metafísico, novelón romántico, un western y una vuelta al hogar digna de la de la Dorothy de El mago de Oz. Y todo eso, no lo olvidemos, y aun reconociendo que los bruscos giros argumentales deslucen un poco el resultado, en solo 256 páginas. Hoy en día se necesitarían varias trilogías para contar tantas cosas.

Autores relacionados:
Gabriel Bermúdez Castillo
Harry Harrison
Isaac Asimov
Kurt Vonnegut
Robert Sheckley
Libros relacionados:
Ciudadano del espacio
Dramocles
La décima víctima
Trueque mental

Haciendo el gamberro por una buena causa

29 de enero de 2013 en Autores, Literatura, Noticias

Crowdfunding por Jay Lake

El escritor de ciencia ficción estadounidense Jay Lake no lo tiene nada fácil. Sufre de un cáncer de colon bastante avanzado que combate, por cuarta vez, con quimioterapia. La única oportunidad que ven sus médicos es que puedan realizar una secuenciación del genoma, es decir, trazar un mapa genético del escritor, que pueda ofrecerles una pista acerca de qué tratamientos seguir para darle una posibilidad de resistir al cáncer.

Claro está que no se trata de un proceso barato, al igual que los otros tratamientos que ha tenido que seguir el autor. Por esto, varios de sus amigos y colegas de profesión han decidido hacer una recaudación a lo crowdfunding de lo más interesante. La idea es que con cada meta alcanzada, cada cantidad recaudada, veremos a un escritor famoso llevar a cabo alguna acción o proyecto de lo más absurdo. Por ahora han alcanzado más de 40000 dólares (unos 30000 euros), pero quién sabe dónde llegarán (podéis ver el informe completo aquí).

Y es que Lake no tiene unos amigos cualesquiera. Os dejo, a continuación, con algunas de las metas más curiosas, ya completadas, que hasta podéis ver por Internet:

-Por 4000 dólares (unos 3000 €), la ganadora del Premio Hugo y dobladora profesional Mary Robinette Kowal ha leído extractos de clásicos literarios como si fueran sexo telefónico.

-Por 10000 dólares (unos 7500 €), la escritora superventas Cherie Priest ha creado un desfile de moda steampunk/gótica con ayuda de sus mascotas: su gato Spain y su perro Greyson. Cuenta que resultó más complicado de lo que esperaba; las fotos en su blog que presentan la falta de cooperación del gato y la cara de resignación del perro no tienen precio

-Por 15000 dólares (unos 11200 €), el escritor ganador de un Hugo John Scalzi (La vieja guardia) cantó una canción perdida de Bob Dylan, al estilo de Dylan. Podéis verlo aquí. Pista: La canción no es realmente de Dylan.

-Por 17500 dólares (unos 13000 €), el conocidísimo autor de El nombre del viento, Patrick Rothfuss, leyó un extracto de la novela que escribió en el instituto, que incluye un bárbaro, un enano, y un samurái mitad hombre, mitad gato. Aquí lo tenéis.

Hay muchas más, algunas completadas pero sin enlace disponible todavía, o por completar si consiguen reunirse determinadas cantidades. Entre ellas, Neil Gaiman cantará una versión de una canción (a elegir por los donantes) del álbum 69 Love Songs de Magnetic Fields, tocando el ukelele; Cory Doctorow se escaneará la cabeza en 3D a la vez que recrea alguna mueca extravagante de John Scalzi; y el experto en idioma Klingon Lawrence Schoen nos enseñará cinco frases clásicas para ligar en bares de la Federación en Klingon. Casi nada.

Autores relacionados:
Cherie Priest
Cory Doctorow
John Scalzi
Neil Gaiman
Patrick Rothfuss

Grandes autores que se quitaron la vida

10 de noviembre de 2012 en Autores, Biografí­as, Literatura

Escritores y suicidio

El suicidio es un tema considerado tabú, tanto por sus implicaciones emocionales, normalmente muy negativas, como por un cierto temor a un supuesto «efecto llamada» en el caso de que el hecho de quitarse la vida llegara a percibirse como algo más habitual de lo que a primera vista parece. Sin embargo, cuando el suicidio afecta a figuras públicas, como músicos o escritores, es mucho más difícil que pase desapercibido y trasciende hasta el gran público… o no. Hoy en Lecturalia os vamos a hablar de varios escritores que decidieron poner punto y final a sus vidas en un momento determinado.

Jack London fue un viajero incansable y un hombre comprometido políticamente durante toda su vida. Sus aventuras reales son casi superiores a las que describió en muchos de sus libros y recomiendo encarecidamente sus textos sobre viajes. Pese a todo, London siempre fue una persona atormentada y con numerosos problemas de alcoholismo. Muchos piensan que el 22 de noviembre de 1916, London acabó con su vida con una sobredosis de morfina.

Hunter S. Thompson, cuya figura está ahora recibiendo nuevos homenajes, fue el creador del periodismo Gonzo, no sé si más por necesidad que por buscar caminos nuevos. Thompson vivió sus últimos años entre el alcohol y las drogas, arriesgándose incluso a infiltrarse en la banda de motoristas de Los ángeles del inferno. Se suicidó a los 67 años, 17 más de los que, según él, necesitaba o quería. Se disparó con su propia arma.

Sylvia Plath fue una poeta de gran intensidad pero que jamás fue feliz en este mundo. Después de varios intentos de suicidio a lo largo de los años, Plath murió por una intoxicación de dióxido de carbono. Para saber más de esta autora americana, imprescindible su libro La campana de cristal. En 2001, el psicólogo James C. Kaufman presentó una investigación en la que hablaba del Efecto Sylvia Plath. Según su trabajo, los poetas son más dados a sufrir de enfermedades mentales que el resto de escritores, agravándose esta situación en el caso de que el poeta en cuestión sea mujer.

Otra poeta cuya vida se detuvo por su propia mano fue la argentina Alejandra Pizarnik, autora de poemarios como Los trabajos y las noches o El infierno musical, y muy conocida por La condesa sangrienta. Con 36 años, y tras varios intentos anteriores, Pizarnik se suicidó con una sobredosis de pastillas. A lo largo de su trayectoria había recibido una beca Guggenheim y una Fullbright.

Vsévolod Garshin no es uno de los autores rusos más conocidos. Hace poco reseñamos su obra La flor roja, un claro ejemplo de su desgraciado conocimiento de las instituciones mentales de su época. Garshin apuntaba a convertirse en uno de los grandes escritores de su generación. En 1882 se lanzó por el hueco de una escalera. Tenía sólo 33 años.

Escritor romántico por excelencia, Mariano José de Larra se suicidó con 27 años, siguiendo de fiel manera el trágico sentimiento de la vida en el que se vio envuelto. ¿La causa? Siendo un romántico del siglo XIX no podía ser otra que la del amor. Su separación de Dolores Armijo lo hundió en una severa depresión de la que sólo pudo escapar de un tiro en la sien.

Más reciente tenemos el caso de David Foster Wallace, novelista americano que parecía destinado a revolucionar por completo el panorama literario anglosajón gracias a obras como La broma infinita. Wallace se ahorcó en 2008, tras ser incapaz de superar una depresión que le había acompañado los últimos veinte años de su vida.

Un autor cuyo suicidio marcó su obra de una manera diferente a la de los demás fue John Kennedy Toole. Ninguna editorial quiso publicar la genial La conjura de los necios, algo que afectó al joven escritor de tal manera que acabó quitándose la vida al inundar su coche con el humo del tubo de escape de su coche. Años más tarde ganaría el Pulitzer de manera póstuma.

Sin duda, la muerte de Ernest Hemingway es uno de los suicidios más conocidos de la historia. Autor venerado en su país y de una influencia enorme en todo el mundo, Hemingway acabó sus días con un disparo de escopeta en 1961, harto de sufrir una enfermedad que en los últimos años había minado su salud y de la que no encontraba salida.

Emilio Salgari se quitó la vida al estilo del suicidio ritual japonés tras varios años de frustración completa al ver cómo sus obras se vendían por todo el mundo mientras que él, como autor, apenas recibía dinero de sus editores. Su carta de despedida fue una acusación muy dura y se levantó una fuerte polémica a su alrededor.

Ryunosuke Akutagawa fue uno de los principales escritores de Japón; en su homenaje se entrega actualmente el más importante de los premios literarios de su país. Akutagawa fue otro de los que murieron demasiado pronto, con apenas 35 años decidió tomar una sobredosis de barbital al no poder sobrellevar los síntomas de una incipiente esquizofrenia.

Uno de los autores que gozaron de una gran popularidad y que luego fueron olvidados fue Sándor Márai, escritor húngaro cuyo estilo realista y su activismo político contra los nazis le llevaron al exilio en Estados Unidos. En 1989 acabó con su vida de un disparo, cansado de luchar contra un duro cáncer. Hoy en día su obra se está recuperando y se le sitúa al mismo nivel que otros autores como Joseph Roth.

Cesare Pavese destacó tanto por su obra literaria, de las más importantes del siglo XX italiano, como por su compromiso social y político. Precisamente, su desengaño sobre la política y problemas personales desembocaron en una depresión de la que sólo escapó con una sobredosis de barbitúricos en 1950. Ese año ganó el Premio Strega, el más prestigioso de su país.

La lista no acaba ahí, claro. Es mucho más larga. Estremecedoramente larga, diría. Me hace pensar si es por el hecho, como ya he comentado, de ser figuras públicas o si la vida al filo del escritor influye en buscar este tipo de salida. Resulta entristecedor leer sobre todos esos jóvenes autores, con apenas 30 años, que no encontraron su lugar en este mundo cuando tenían tanto que ofrecer. Una verdadera lástima.

Autores relacionados:
Alejandra Pizarnik
Cesare Pavese
David Foster Wallace
Emilio Salgari
Ernest Hemingway
Libros relacionados:
La campana de cristal
La condesa sangrienta
La conjura de los necios
La flor roja

Mantel triunfa en el Man Booker… otra vez

19 de octubre de 2012 en Actividades, Histórica, Literatura, Narrativa

Bring up the bodies - Hilary Mantel

Hilary Mantel no es una escritora cualquiera. Es la primera británica que ha ganado el Premio Booker dos veces, y la primera mujer en hacer este codiciado doblete.

En una época de seres sobrenaturales resplandecientes y conservadores; de erótica mal escrita; de reediciones ad infinitum de autores consagrados cuyas novelas nuevas apenas muestran un mínimo de esfuerzo, de consideración por el lector ni por la prosa; en una época así, donde el Pulitzer de ficción ni siquiera parece merecer un ganador, llega el Man Booker y demuestra que a veces sí se puede premiar a una obra de calidad, que a veces se premia a un escritor que se dedica precisamente a lo que debe dedicarse: a escribir. A un autor que, lejos de las luces del estrellato, compagina trabajo, documentación, esfuerzo y pasión para crear obras que puedan perdurar. Obras que puedan entrar en el colectivo literario, en el entramado cultural (usando cultural en el sentido más elevado de la palabra), en la textualidad (nunca mejor dicho) de hoy y de mañana. Y tengo la firme convicción de que Hilary Mantel es un ejemplo perfecto de este tipo de autor.

Lejos de la novela histórica a la que estamos acostumbrados en el circuito comercial, donde hay mucho más de novela (y no necesariamente buena) que de base histórica, la trilogía de esta británica gira alrededor de la figura de Thomas Cromwell, uno de los personajes más vilipendiados por la tradición británica, al que Mantel resucita como uno de los pocos actantes de su obra (si es que uno puede hablar de acción en sus novelas, donde el tiempo y los personajes fluyen, se entrecruzan y mueren) al que no apetece encerrar para siempre en la Torre de Londres. Su texto goza de una atención al detalle asombrosa, de un fondo contextual que responde a cientos de horas invertidas en la investigación sobre la vida de este curioso consejero de Enrique VIII, de la recopilación de documento tras documento que pudiera arrojar luz sobre la personalidad de este ser misterioso. El coro de personajes de Mantel parece ser un homenaje a todo lo que es complejo y malévolo en el ser humano, apoyado por el desastre del fanatismo religioso y político. Del mismo modo que ocurre en el Yo, Claudio de Graves, la autora juega con una corte fervorosa, compuesta de maniobras y juegos de poder que harían palidecer a la propia Livia, donde un hombre noble (o tal vez simplemente humano) intenta mantenerse a flote y proteger a los que quiere, por cualquier medio, ético o no. Pero lo ético tiene poco peso en las historias de Mantel, donde los lazos familiares, el deseo y la ambición son los verdaderos protagonistas.

La obra ganadora en concreto ha sido Bring Up the Bodies, la secuela de Wolf Hall, que ya ganó el Man Booker en el 2009 (en España se tradujo como En la corte del lobo). Mantel ya está trabajando en la tercera y última entrega, que tiene el título provisional de The Mirror and the Light. Se desconoce cuándo saldrá publicada esta última parte, y a Mantel le gusta tomarse el tiempo necesario para escribir sus obras. La escritora ha declarado que no se esperaba en absoluto ganar de nuevo el Booker. Tiene ya sesenta años, y toda una vida de escritura a sus espaldas, con obras que recibieron críticas muy positivas pero que nunca despegaron a nivel comercial. El éxito de su trilogía sobre Cromwell, compuesta de obras elaboradas y densas, con una prosa algo extraña y trabajada hasta la obsesión, es totalmente inesperado. En cuanto al premio, en la ceremonia de entrega se mostró eufórica, aturdida. No sé, dijo la Mantel, esperas veinte años a que te den un Booker y de repente llegan dos de golpe.

Autores relacionados:
Hilary Mantel
Libros relacionados:
En la corte del lobo

Lecturalia Lecturalia