Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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Entradas con etiqueta ‘futuros del libro’

Una máquina decidirá si tu libro tendrá éxito o no

10 de enero de 2014 en best-seller, Literatura, Tecnologí­a

Máquina Libros

Hasta ahora, el que una editorial apostara por un libro se daba por dos motivos: el departamento de marketing confiaba en la novela o bien el editor sentía en las tripas que esa novela merecía la pena. Sin embargo, si hacemos caso a la noticia del Daily Telegraph, resulta que es más que probable que el destino de tu manuscrito acabe siendo decidido por un ordenador.

Varios científicos han desarrollado un algoritmo mediante el cual son capaces de anticipar el éxito que va a tener un libro, y su eficacia -según ellos- es de un 84%. El equipo de la Universidad de Stony Brook ha incluido en su análisis un variado rango de factores, como la «interesabilidad», el estilo o cómo enganche la historia. Eso sí, reconocen que la suerte también es un factor a tener en cuenta.

Los datos del algoritmo se han comprobado con libros descargados del Proyecto Gutenberg y han comparado sus resultados con los que recibieron los libros históricamente, incluyendo poesía, ciencia ficción o literatura clásica. Como curiosidad, los libros con menos éxitos tenían más verbos y adverbios y basaban su redacción en la acción y la emoción, frente a los que utilizaban descripciones basadas en el pensamiento.

Con más de 800 libros analizados, incluso han probado con los libros menos valorados de Amazon, incluyendo El símbolo perdido de Dan Brown, para comprobar su teoría a la baja y ver qué novelas iban a fracasar, el equipo ha quedado satisfecho con el experimento. Ahora sólo falta afinar un poco más ese sistema para lograr un filtro automático por el que todos los autores deberán pasar en el futuro. Por lo menos así tal vez no haya que esperar cuatro meses para que te digan que tu obra no encaja en su línea editorial. Algo es algo.

¿Y vosotros? ¿Pensáis que un algoritmo puede adivinar si un libro tendrá éxito o no? ¿Será superior a la intuición de un editor experimentado? Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

¿Vivimos realmente un Farenheit 451?

3 de julio de 2013 en Autores, best-seller, Literatura, Noticias

451 Farenheit

La opinión de la fundadora de Tusquets ha abierto un fuerte debate en las redes sociales sobre el futuro del libro.

Leo en El País una entrevista a Beatriz de Moura, haciendo un análisis de la situación del mercado editorial un año después de que Planeta se hiciera con el control de su editorial, Tusquets. Durante mucho tiempo, Tusquets se había destacado por publicar autores como Henning Mankell, Haruki Murakami o John Connolly, cuidando las traducciones, presentando buenas ediciones y cobrando a precios dolorosos.

Hoy, de Moura afirma que las tiradas han bajado a tiempos de Franco, de 5.000 a unos 2.000 ejemplares para las editoriales medianas y lo atribuye directamente al fin del libro como elemento de ocio. Vamos, que la gente ya no lee y por eso no se vende: el ocio cultural es un fracaso rendido a las nuevas tecnologías. Su solución para las pequeñas editoriales, crear una distribuidora conjunta para resistirse a la desaparición del libro. Lo de adecuarse al siglo XXI y lo digital, eso por lo visto no es solución, sino problema

Me da cierto reparo criticar la opinión de alguien cuya trayectoria como editora es tan larga y con tan grandes éxitos a sus espaldas, pero parece más una queja sin ningún tipo de base, un pensamiento soltado así, sin más, que un análisis de la situación cultural actual. Dice de Moura que no se lee, y yo me quedo helado: nunca en la historia de este país se ha leído más. Las estadísticas nos dicen que la lectura ha vuelto a subir de nuevo, que los jóvenes leen más que nunca, que el libro se sitúa como uno de los elementos de ocio más importantes. Entonces, ¿qué es lo que pasa? Que confunde no vender con no leer. Así de claro y así de triste, porque transmite la opinión de toda una generación de grandes editores que huyen de la autocrítica y prefieren echarle las culpas ya no sólo al ebook sino, directamente, a la sociedad.

No se lee, se dice, cuando en plena época de crisis te venden tapa blanda a más de 20 euros; no se lee, se comenta, cuando se promocionan libros de infame calidad literaria para arañar beneficios; no se lee, es un clamor en las editoriales, pero nos permitimos poner libros electrónicos a 19 euros, para quejarnos luego de que «no se vende nada». No se lee, en resumen, pero nosotros, los editores, no tenemos nada que ver en el asunto. Sois vosotros. Que no sabéis apreciar lo que es bueno.

Quizá tenga finalmente razón de Moura y el libro tal y como lo conocemos está a punto de desaparecer, con sus editoriales creadoras de clones, haciendo gala de su nula relación con los gustos de sus clientes lectores, su despersonalización multinacional y su búsqueda de beneficio antes que de calidad. Porque ese es al fin y al cabo el problema del mercado editorial, ¿no? Los beneficios. Nada más. Pues entonces que muera el libro. Mejor eso que verlo sufrir a sus manos.

Autores relacionados:
Haruki Murakami
Henning Mankell
John Connolly

Posibles futuros del libro (III): La ficción automática

8 de abril de 2013 en Autores, best-seller, Literatura, Mundo Editorial

Robot escritor

Vender lo máximo posible. Ese es el lema de muchas grandes editoriales hoy en día. Esto es un negocio y aquí hemos venido a ganar dinero. Todo eso de la literatura y el arte está muy bien, pero si tengo que sacar euros, habrá que buscar best-sellers hasta debajo de las piedras. ¿Calidad literaria? Pues… si la tienen bien, y si no… también. El resultado no hay más que verlo, a la que salta una obra que consigue despuntar un poquito en el mercado, ¡Bang! Dos meses después ya tenemos la mesa de novedades cubierta de obras del mismo estilo, de la misma extensión y hasta con un diseño similar.

La producción de libros clónicos, muchos de ellos por encargo, otros lo son por mera coincidencia o por estar abandonados en el fondo editorial, es todo un mundo. Los escritores de best-sellers también buscan esas tendencias para poder presentar a sus editores ideas que les gusten, así que, en el fondo, es un bonito círculo que mueve bastante dinero.

Permitidme entonces que lance la vista hacia delante. No mucho, no hace falta, quizá dentro de diez años, donde el crecimiento del ebook y de la autoedición habrá subido a niveles nunca vistos y, además, el desarrollo tecnológico en el campo de la inteligencia artificial y la semántica alcanzará también su plenitud. Con ese escenario en mente me gustaría hablaros de Philip M. Parker, un profesor de marketing que lleva más de una década perfeccionando un software dedicado a la creación de libros enteros. Son obras entresacadas de otras, revisadas rápidamente por un experto -o no- y muy, muy específicas, dedicadas a la tecnología, la ciencia o la lingüística. Con los datos que he podido revisar, a día de hoy lleva por lo menos 700.000 obras registradas, casi todas a la venta en Amazon. Parker anunció hace unos años que ya estaba trabajando en un sistema similar para producir libros de ficción romántica, al ser un género con tramas muy similares y fáciles de revisar. Todavía, que yo sepa, ha cumplido su amenaza, pero, ¿dentro de una década?

Y es que escribir un libro clónico a partir de otro no es tan difícil. Son palabras y las palabras se organizan de una manera lógica. Partiendo, por ejemplo, de 50 sombras de Grey, de E. L. James, podemos alimentar un programa de ordenador e ir cambiando parámetros: En lugar de en Washington, en la Toscana, que la protagonista no sea una estudiante sino una turista; nada de ejecutivo agresivo, ponemos un especialista en vinos y finalmente se retocan a mano algunas perversiones. En una semanita o menos podemos tener cien libros de esos, y si la tecnología avanza como parece, incluso podemos eliminar una intervención humana.

¿Os imagináis terminar, no sé, el último libro de John Connolly y decirle a tu propio ordenador que te genere una historia parecida? ¿Que incluso pueda continuar con el mismo personaje protagonista? El resultado no será muy original, pero eso no ha detenido a la industria editorial hasta ahora, ¿verdad?

Si esto os parece demasiada ciencia ficción, deciros que Alexander Prokopovich ya sacó en 2008 un libro construido a partir de Ana Karenina y otros 17 libros más, con un estilo, según él, como el de Haruki Murakami. Habría que verlo, claro, pero quizá el futuro esté más cerca de lo que pensamos.

Autores relacionados:
E. L. James
Haruki Murakami
John Connolly

Escritores, lectores y privacidad: Posibles futuros del libro (II)

23 de marzo de 2013 en Autores, Literatura, Tecnologí­a

Pirvacidad Hangout Escritores

Ya os hemos hablado en otras ocasiones de la posibilidad, cada vez más real, que lo que hoy consideramos como libro vaya convirtiéndose en sólo una pieza más del ecosistema literario, que ese discurso basado en la conexión entre mensaje escrito por el autor y leído en solitario por el lector, sea completado -o sustituido, según los más agoreros-, por otros sistemas.

Dejando a un lado la interactividad multimedia -o transmedia, como vais a escuchar a partir de ahora-, en la que el uso complementario de vídeo, imágenes y música va a ser fundamental, me gustaría hablar de las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías en cuanto a la comunicación.

¿A qué me refiero? A las posibilidades que ofrecen las redes sociales -sean las que sean- a la hora de compartir y redescubrir la lectura. Hasta ahora la manera más sencilla de hacerlo ha sido a partir de replicar el clásico esquema del club de lectura. Hay numerosas maneras de hacerlo, desde el típico foro a los grupos de Facebook, por poner un par de ejemplos, aunque el futuro nos lleva a poder comentar directamente desde el lector electrónico, a compartir pasajes que nos gustan, con todo el mundo que lea el mismo libro que nosotros. Amazon ya ha dado algunos pasos en esa dirección, pero me gustaría pensar que no dependeremos de un sistema cerrado para esto, sino que se podrá usar algún método capaz de agrupar distintas redes sociales y luego aplicar los filtros que queramos (edad, lugar geográfico, etc.).

Pero el avance de las redes sociales no acaba en compartir la lectura o las opiniones con otros lectores, existe la posibilidad de interactuar con el autor de una manera que jamás antes había existido. Sí, es cierto, ahora los escritores tienen su perfil Facebook y su cuenta de Twitter, aunque cada uno lo maneja mejor o peor, una tendencia que pronto se hará casi universal. En este sentido, los autores tienen que tener cuidado, ya que se enfrentan al reto de estar siempre presentes y a la vez, mantener la distancia. Para que os hagáis una idea: un escritor puede firmar libros en la feria, hablar un poco con cada lector y dedicarle un ejemplar, pero no puede irse a tomar unas cañas con todos los que acuden. Internet y las redes sociales son así, el autor debe estar allí para atender a sus seguidores, pero no puede dejarse arrastrar por ellos.

En este sentido son geniales los encuentros virtuales que pronto se pondrán en marcha, mucho más dinámicos que los actuales chats. Por ejemplo: un hangout de G+ de vez en cuando con charlas y preguntas conseguirá que la relación entre autores y lectores dé un paso hacia delante sin que se pierda la privacidad que todos nos merecemos.

¿Para qué comprar nuevos libros?

Libros nuevos

Nos encanta leer. Buscamos ratos muertos en el metro, en el autobús, en el tren, en un parque después de comer, haciendo cola, en casa justo antes de ir a dormir. Si bien es cierto que no todo el mundo puede leer tanto como le gustaría ya que la falta de tiempo es un problema de difícil solución. Pero leemos. Y compramos libros. Al menos, hasta ahora.

Que nadie se sorprenda. A día de hoy cualquiera con un conocimiento de Internet básico puede encontrar páginas web con ebooks para descargar, o páginas web con enlaces a esos libros (o incluso páginas web con los enlaces escritos, pero desactivados, a libros, no vaya a ser que alguien tropiece y haga clic por accidente) y descargarlos a golpe de ratón en algunos segundos. Sí, no están todos los libros. Pero hay muchos. Muchísimos. Algunos muy buenos, otros sencillamente entretenidos y también una gran multitud de libros aburridos.

Así que mientras se discute sobre el futuro del modelo del copyright y los derechos de autor, se teoriza sobre la naturaleza de la obra original y de la propia autoridad del creador para reconocer un texto como suyo, la gente va a lo suyo y se descarga libros, la mayoría sin entrar en filosofías o pensar en los futuros del libro. Esto es así.

Ojo, que no quiero decir que esto sea algo totalmente negativo. Se dan casos donde la descarga de libros ha redundado en un aumento de las ventas de determinados autores (no de todos) y que hay muchos creadores cuya satisfacción se ve resuelta con la propia gratificación de verse reconocido. Hoy, simplemente, me gustaría hacer una reflexión como lector.

Si puedo acceder a, no sé, pongamos unos 300 libros, entre novelas, antologías y ensayos, de buena calidad, que no me haya leído y que pueden estar en mi e-reader en unos diez minutos… bueno, sería genial, ¿verdad? Teniendo en cuenta la media de lectura en España, ese bloque de libros podría durarme unos doce años. 12. Más de una década de buena lectura asegurada. Gratis. Más de diez años en los que no tendría que preocuparme no sólo de comprar libros, sino de estar atento al panorama editorial. ¿Para qué comprar libros nuevos, sin apenas referencias de su calidad, si tengo a mi alcance años de obras ya contrastadas?

He dicho 300 libros, pero podrían ser más de mil. Y sin irme muy atrás en el siglo XX, me parece. Se ha publicado tanto ya, y tan bueno, que, sinceramente, nunca se puede estar al día. Así que ¿para qué comprar libros nuevos? no es tanto una pregunta a la que pretenda dar respuesta con este artículo, sino un interrogante que abro para que vosotros, lectores, participéis de los posibles cambios y soluciones que tienen que llegar de manera inevitable. Y me refiero al momento actual, ahora, ya, no dentro de diez o quince años y a cómo será el futuro, si un oligopolio del copyright o un paraíso de la cultura libre.

Así que esperamos vuestra opinión, hoy más que nunca, en los comentarios.

Digital y papel, un nuevo enfrentamiento

2 de marzo de 2013 en Literatura, Tecnologí­a

ebook futuro lectura comprensión

¿Es mejor leer en papel o en ebook? Esta debe de ser una de las preguntas que más se han realizado (y contestado) en los últimos tiempos dentro del mercado editorial y del mundo de la lectura en general. Hay respuestas para todos los gustos: están los nostálgicos del papel, aquellos que hablan de su comodidad visual, su tacto y su olor, aquellos que asocian contenidos emocionales con el contenido impreso; y por otro lado están los que defienden lo electrónico, su aspecto práctico y las posibilidades que ofrece por sus aplicaciones y diseño. También es cierto que los lectores electrónicos de hoy en día, con su ligereza, sus pantallas anti-brillo y todo lo demás, tienen poco que ver con los primeros e-readers que aparecían poco a poco, aquellos que pensamos que nunca podrían sustituir al papel.

Para muchos se trata de una discusión sin ganador ni perdedor; disfrutan de las ventajas de ambos formatos, aunque la mayoría sigue teniendo vínculos sentimentales con la obra impresa. Y esto ha influido de manera notable en la recepción que ha tenido un estudio reciente que pretendía demostrar, de una vez por todas, cuál de los dos formatos era más cómodo para la lectura. El Dr. Schlesewsky, un profesor del departamento de Literatura y Lingüística de la universidad alemana Johannes Gutenberg de Maguncia, publicó los resultados de su experimento en uno de los periódicos más importantes de su país, y la respuesta de los lectores fue apabullante: no aceptaban lo que Schlesewsky tenía que decirles: que, desde un punto de vista estrictamente científico, no nos cuesta más leer en ebook que en papel.

Parece ser que en Alemania hay una creencia bastante generalizada (me atrevería a decir que hasta cierto punto en España también) de que el lector electrónico ofrece una lectura más pobre, una comprensión lectora menor a la del libro impreso. Según Kretzschmar, otro de los responsables del estudio iniciado por Schlesewsky, lo que la gente percibe y cómo interpreta su propio comportamiento no es lo mismo que lo que te dicen los datos de los mismos sujetos al realizar una prueba lingüística. Aunque tú insistas en que te cuesta más leer en un formato que en otro, esa no tiene por qué ser la realidad objetiva de lo que está ocurriendo en tu cerebro.

Ayudados de una tecnología que les permitía monitorizar el movimiento del ojo y de sensores EEG para medir el voltaje de la actividad theta del cerebro (directamente relacionada con la codificación y recuperación de la memoria), el equipo científico de varias universidades alemanas pudo trabajar en colaboración con grupos de lectores de diferentes edades para determinar las diferencias entre la lectura en ebook y en papel. Los profesionales descubrieron que la actividad era la misma, tanto en movimiento visual como en actividad cerebral, para la lectura en tres formatos diferentes: papel, lector electrónico y tableta; si bien la mayor parte de los participantes, en una ronda de preguntas anteriores a la prueba, había especificado que preferían la lectura en papel que la realizada en un soporte electrónico. La única pequeña variación surgía con el grupo de adultos de mayor edad (de 60 a 77 años), que demostraba menor nivel de actividad al utilizar una tableta; es decir, que les costaba menos esfuerzo, tal vez por el tamaño mayor de la pantalla. Podéis leer el informe completo del estudio aquí (en inglés).

Todo esto da a entender que, independientemente de nuestras tendencias subjetivas, el esfuerzo y el proceso de comprensión del texto es el mismo, leamos en el soporte que leamos (siempre que este tenga unas condiciones mínimas, claro, no creo que los monitores de ordenador de hace quince años o las pequeñas pantallas de los teléfonos móviles sean comparables con los soportes que se utilizaron en las pruebas mencionadas). Es interesante reconocer hasta qué punto somos animales de costumbre, y hasta qué punto nos agarramos a determinados elementos por pura fijación emocional o nostalgia.

No hay nada como el olor de un libro nuevo, es cierto. Pero lo que ya no podremos argumentar es que leer ese libro en papel sea más fácil o más cómodo para nuestra mente que un .mobi, .pdf o similar en nuestro soporte electrónico favorito.

Posibles futuros del libro (I)

Narrativa transmedia

Una de las ideas que está sonando últimamente dentro de la industria editorial se relaciona con los libros electrónicos dedicados a los más jóvenes, aquellos que incorporan a su vida todo tipo de medios -música, vídeo, imágenes-, creando no sólo ediciones ampliadas sino libros pensados ya con ese componente transmedia.

Esto quiere decir que es probable que asistamos en breve a un boom de libros creados para tablets en los que la palabra escrita pase a ser un complemento más junto al vídeo y la música, perdiendo el papel preponderante que hasta ahora mantenía. Habrá que analizar estos libros con detenimiento, si es que a estos nuevos contenedores de información se les puede llamar libros o si hay que empezar a pensar en un nuevo nombre para ellos.

Hay que tener en cuenta también que la manera que tenemos de recibir la información influye en nuestra manera de pensar. La estructura de un libro presenta unas características con las que nos hemos ido formando en los últimos siglos, algo que podría cambiar si el discurso interior de la lectura se cambia por un método interactivo.

Posiblemente nos encontremos ante una división más grande que la de los ebooks y los libros en papel: el verdadero libro electrónico del futuro tenderá a acumular la información relacionada con su contenido en todos los formatos posibles, no sólo en texto plano o enlaces de hipertexto. ¿Estamos capacitados para hilar ese tipo de discursos fragmentados que se desarrollan a diferentes planos? Dentro de unos años, cuando el dominio de las pantallas se haga mucho más evidente, la cultura del libro tendrá que especializarse frente al ocio más popular, incluso convirtiéndose en una afición más peculiar y característica, de lo que es hoy en día.

Sin duda, todavía falta mucho para esta situación, y habrá que ver si este tipo de contenedores es capaz de funcionar frente al cine o la televisión -también en sus formas futuras-, mucho más adaptables, en principio, al ocio multimedia de duración limitada.

Más que libros, lectores

16 de febrero de 2013 en Actividades, Autores, best-seller, Tecnologí­a

Lectores y libros

En Lecturalia llevamos unos cuantos años hablando sobre la revolución del libro digital y la importancia de encontrarnos con un medio tecnológico capaz de ofrecer acceso casi instantáneo a millones de libros. Si sumamos a los e-readers las tabletas digitales, tenemos un parque de dispositivos en constante aumento con una capacidad para ofrecer información como no ha habido antes en toda la historia de la humanidad. Sin embargo, seguimos siendo humanos, nos pongamos como nos pongamos, y si la información nos sigue llegando vía texto me temo que seguimos con las mismas limitaciones a las que nos enfrentábamos con los libros de papel. Se lee lo que se puede, sea digital o no.

Comentábamos en 2009 que España es un país en el que no se lee demasiado. Esa situación apenas ha cambiado, aunque las estadísticas desde entonces han mejorado un poco, pese a que el mundo editorial ha empezado a sufrir no sólo las consecuencias de la crisis económica sino también la del cambio de percepción del objeto libro por parte de los lectores, sobre todo los más jóvenes.

La reverencia ancestral al libro, esa que llevamos dentro todos los que tenemos más de treinta años, se diluye a medida que hablamos con gente que ha crecido y se relaciona a partir de pantallas. Desde luego que la capacidad del papel para transmitir sensaciones es superior, pero eso no nos debe distraer de la verdad: la mayor parte de lo que consumimos culturalmente de manera habitual entra en la categoría del usar y tirar. Sí, hay títulos, canciones, series de televisión y películas que siguen alcanzando cotas de excelencia capaces de hacernos volver a ellas una y otra vez, pero son las menos y compiten con el constante bombardeo de producciones azucaradas y creadas en laboratorios de márketing donde nos conocen mejor que nuestros propios padres gracias al análisis de nuestro historial de navegación. Si el cerebro se acostumbra a pagar menos de un euro por golosinas brillantes y adictivas es muy difícil conseguir que se pague algo más por un producto que no sólo es menos bonito a la vista, sino que requiere un esfuerzo mayor por ser consumido.

Productores y consumidores. A eso me lleva esta reflexión. ¿Nos acercamos a un futuro en el que el mundo del libro se va a dividir? Me pregunto si la edición electrónica no va a acaparar un mundo entero de ruido en el que va a ser imposible destacar, a través del cual el SPAM en redes sociales va a ser insoportable y el diálogo se va a convertir más en un encuentro multitudinario en el que competir a ver quién habla más alto y más lejos, mientras que las editoriales independientes, muchas de las cuales no están interesadas ni de lejos en pasarse al ebook, se van a quedar con esas pequeñas joyas que se descatalogan luego con demasiada facilidad y que no hay manera de encontrar, ni gratis, ni pagando. Es cierto que también surgen nuevas iniciativas que buscan alternativas en el crowdfunding, la impresión bajo demanda e incluso apelando al «precio libre» donde cada lector paga lo que quiere -o puede- por un ebook. Quizá sea ese el futuro, la de la miríada de opciones, la de la oferta infinita, en definitiva, la del creador de filtros.

¿Qué quiero decir con esto? Es el mismo mensaje de siempre, quizás algo más triste ya que se ven pocos cambios, tanto en lectores como en editores o escritores. Sí, hay que cambiar muchas cosas en el mercado editorial, sobre todo en precios y derechos digitales, pero hay algo fundamental para que este mercado eclosione, y no es otra cosa que un mayor número de lectores. Unos lectores con sentido crítico y ansiosos de compartir sus opiniones y recomendaciones a través de las pantallas que tan bien conocen. Por desgracia, tal y como se plantea el futuro, tengo poca confianza en que las editoriales presten atención a algo fuera de su propia esfera de influencia.

Autores que serán famosos dentro de cien años… o no

8 de junio de 2012 en Autores, best-seller, Literatura

Stephen King

No sé si alguna vez os habréis preguntado si, del mismo modo que hemos estudiado a ciertos escritores en los libros de texto del colegio, en un futuro no muy lejano aparecerán en los manuales (o e-libros, o lo que sea) de literatura esos autores que hoy en día son conocidos, ya sea por su condición de superventas o por cierta medida de calidad y prestigio determinada por la crítica especializada. ¿Estudiarán nuestros nietos a J. K. Rowling, a Suzanne Collins y a Stephen King? ¿Se decantarán más bien los redactores de manuales por nombres como Jonathan Franzen o Roberto Bolaño? ¿O estarán sus libros llenos de autores que apenas nos suenan, escritores cuya inclusión en el canon estará determinada, como ocurre con tanta frecuencia, por modas o grupos de presión futuros que apenas podemos atisbar en el presente? La pregunta del canon es intrigante, e imposible de responder. No podemos imaginar por qué criterios se regirá la educación de mañana, por qué criterios se regirá esa supuesta “calidad”, tan difícil de delimitar en un texto de función estética (siempre queda la posibilidad de que, al igual que ocurrió con aquel famoso informe sobre ley agraria de Jovellanos, surjan “clásicos” de la literatura que hoy no asociaríamos, bajo ningún concepto, con lo que entendemos por literario).

Por esto mismo siempre es interesante volver la vista atrás y analizar qué autores y obras han pasado a los anales de lo clásico, de lo universalmente aceptado como buena literatura, en contraposición con su contexto en los años de desarrollo de dichos autores y obras. Hace poco descubrí un artículo del periódico inglés The Manchester Guardian de 1929, en el que se invitaba a los lectores de esta publicación a especular sobre qué escritores de su tiempo seguirían arrasando, tanto en popularidad como en relevancia literaria, cien años más tarde. Aunque todavía estamos lejos de 2029, es divertido ver hasta qué punto estamos (o no) de acuerdo con las predicciones que se realizaron. La visión retrospectiva, como ya os enseñamos en un artículo acerca de la visión del mercado literario del futuro que se tenía en 1962, puede ser muy curiosa.

En este artículo, que reflejaba las opiniones de más de mil lectores, quedaban los siguientes autores en posiciones de preferencia (por orden de votos, de mayor a menor):

John Galsworthy, con 1.180 votos
H. G. Wells, con 933 votos
Arnold Bennett , con 654 votos
Rudyard Kipling, con 455 votos
J. M. Barrie, con 286 votos
Hugh Walpole, con 233 votos

Se trata de una votación de escritores británicos, pero es suficiente para llevarnos algunas sorpresas. Si bien ninguno de estos escritores es del todo desconocido, el lector medio apenas reconocerá un par de nombres (seguramente, H. G. Wells, que sigue manteniendo hoy en día su estatus de superventas, y Kipling, sobre todo por las adaptaciones de su obra emblemática, El libro de la selva). Barrie os resultará más familiar si os digo que es el creador de Peter Pan, pero en su momento toda su obra gozaba de gran seguimiento. Sin embargo, algunos escritores que hoy en día disfrutan de un número de lectores muy alto obtuvieron una puntuación muy escasa en estas votaciones; tal fue el caso de Conan Doyle, Chesterton, Aldous Huxley o el propio James Joyce, que apenas obtuvo un manojo de votos. Llama también la atención la notable ausencia de votos para cierta dama que hoy en día es una de las mujeres más leídas del mundo: Agatha Christie. Así que, quién sabe, tal vez el día de mañana nadie se acuerde de Harry Potter ni de Crepúsculo, pero se vendan a millones obras de escritores que hoy, lástima, son conocidos en su casa a la hora de comer.

Autores relacionados:
Agatha Christie
Aldous Huxley
Arnold Bennett
Arthur Conan Doyle
Gilbert Keith Chesterton

Los satélites del libro

19 de febrero de 2012 en Autores, best-seller, Literatura, Mundo Editorial

Dickens leyendo

En Lecturalia hemos publicado una serie bastante completa de artículos que analizan el proceso completo de producción de un libro, desde su escritura hasta su venta, explicando la función de todos los profesionales que suelen intervenir en dicha cadena, desde agentes literarios hasta encargados de prensa. Pero de lo que no somos conscientes por lo general es del negocio que se genera alrededor de ese proceso, un negocio relativo a los servicios complementarios por y para el escritor, que pueden ser útiles, necesarios o simplemente absurdos.

El escritor Ewan Morrison comentaba hace poco en un artículo para el periódico británico The Guardian que le resultaba sorprendente que la publicación de su obra The End of Books, un ensayo sobre el futuro del libro en una industria cambiante, le procuraría mayores ingresos que sus propios libros de ficción. Morrison se mostraba asombrado de que, a pesar de contar con un reconocimiento aceptable para sus obras, su ensayo, de una naturaleza mucho más práctica, producía una avalancha continua de invitaciones a conferencias, congresos y lecturas; evidentemente la industria editorial estaba muy interesada en lo que tenía que decir, pero también los propios escritores, preocupados por los cambios que están afectando a su ya de por sí volátil profesión. Morrison apuntaba, con gran acierto, que estamos en un momento burbuja en el que crece de manera exponencial la demanda de información para escritores en estos tiempos inciertos: las librerías, sobre todo las virtuales, están llenas de libros que explican cómo crear y vender un libro electrónico.

Algo parecido ocurrió (y hasta cierto punto sigue ocurriendo) con las bitácoras online. Si bien sólo hay una decena de personas en el mundo que pueden haberse hecho millonarias con su blog (y gran parte de ese dinero proviene de ofrecer cursos, conferencias y actos similares, por no hablar de ventas de productos afiliados), se produjo una explosión de manuales para crear blogs de éxito. Ahora que los blogs parecen entrar en declive frente al poder de atracción de las redes sociales, surgen obras especializadas, unidas también a conferencias, talleres y cursos, dedicadas a enseñar al escritor a promocionarse a través de éstas. Uno no puede dejar de preguntarse si los escritores que realmente han obtenido un gran número de ventas gracias a las redes sociales estaban apuntados a estos cursos o si han recurrido a a) un talento natural de márketing o b) un spam tan insidioso y pesado que todo el mundo ha acabado comprando su libro sólo para poder respirar tranquilo. Por no mencionar que los escritores que han conseguido un alto volumen de ventas a través de las redes sociales son, realmente, muy pocos, y deben su éxito más bien a conceptos novedosos de venta e ideas de promoción muy originales y creativas.

El escritor se halla sujeto a la caza y captura al igual que lo está el ciudadano medio. El mercado está repleto de libros sobre cómo enriquecerse en cinco minutos, perder ocho kilos en tres días o encontrar la felicidad en los posos del café, ¿cómo no iban estos mismos productores de libros en cadena aprovecharse de esta burbuja de la que habla Morrison? Y cuando la burbuja explote, cuando el mercado esté saturado y/o el escritor decida que no necesita ocho manuales de cómo vender millones de libros a base de anuncios en Tuenti, no importará: siempre habrá un nuevo campo que explorar.


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