Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

71.720 libros, 14.254 autores y 56.542 usuarios registrados

Entradas con etiqueta ‘Edad Media’

Novela Histórica VIII: La Edad Media (I)

17 de marzo de 2011 en Histórica, Literatura

Northumbria

Dejando atrás la Antigüedad Clásica, que aunaba a partes iguales sofisticación, misterio, leyenda y acción, nos encontramos con la Edad Media, un periodo más o menos enclavado entre el siglo V y el XV, es decir, unos mil años en los que en Europa hubo prácticamente de todo: guerras, revueltas, herejías, cruzadas, pestes y cristianismo.

Tantos años dan para infinidad de historias y leyendas: los grandes castillos, los magníficos caballeros, las conjuras entre reyes y papas, las batallas por Jerusalén, el misterio de los cátaros… vamos a ver qué puede ofrecernos la vieja Europa Medieval.

Lo primero, quizás, sería analizar una serie de novelas relacionadas con esta época desde un punto de vista más mítico. Creo que es necesario mencionar las novelas artúricas de Chrétien de Troyes, ya que sin sus Cuentos del Grial quizá la percepción de esa época habría sido diferente. Así mismo, comentar otro hermoso libro, La muerte de Arturo, de Thomas Malory, también una de esas obras necesarias para comprender nuestra imagen del mundo medieval.

También podríamos hablar de Flecha negra, de Stevenson, o de Ivanhoe, la gran obra de Sir Walter Scott, posiblemente el pistoletazo de salida a la este género literario, íntimamente ligado al movimiento romántico, grandes clásicos, poco fieles históricamente hablando, pero de una gran calidad literaria.

Empezaremos por Bernard Cornwell, del que ya hemos hablado y hablaremos, también tiene varias novelas de tipo medieval, entre las que destacan Las crónicas del Señor de la Guerra, los Arqueros del rey y su serie sobre sajones y vikingos en Northumbria.

Para los que gustan de leer mucho, Jean Plaidy, seudónimo histórico de Eleanor Burford Hibbert, más conocida como Victoria Holt, la cual escribió numerosos libros históricos, muchos de ellos situados en la Edad Media. A destacar su serie dedicada a los Plantagenet.

El alemán Peter Berling consiguió uno de los grandes best-sellers medievales con su novela Los hijos del Grial, de la que llegó a publicar cuatro secuelas. Además, Berling tiene libros notables como La condesa hereje o La cruzada de los niños.

Otro de los grandes escritores que han contribuido a la novela histórica es Umberto Eco. El nombre de la rosa fue un éxito editorial arrollador y su paso a la gran pantalla logró publicitar más aun un libro no demasiado convencional. Las aventuras de Guillermo de Baskerville son todo un referente. Menos conocido es su libro Baudolino, escrito en tiempos, y tierras, del Preste Juan y que sólo es recomendable a seguidores de Eco y amantes de las historias entre verdaderas, oníricas y relatadas a la antigua usanza.

Si os interesa la Peste Negra, esa plaga que arrasó Europa sin dejar títere con cabeza, podéis acercaros desde un punto de vista científico con La Plaga y Ruta del fuego, escritas por Ann Benson. Eso sí, dudo de si meterlo como género histórico o de ciencia ficción. Recomendable, de todas formas.

Llegamos a uno de los grandes clásicos por excelencia en el mundo de la ficción medieval, Los pilares de la tierra, de Ken Follet. Un best-seller que, todavía hoy, se sigue buscando, vendiendo y leyendo casi como el primer día. Para los adictos a Follet, también está la continuación: Un mundo sin fin. Los pilares de la tierra es uno de los libros que más ha marcado tendencia dentro de la literatura histórica contemporánea.

Hablando de best-sellers medievales: El médico, de Noah Gordon, fue uno de los grandes éxitos de los años 80 en todo el mundo. La mezcla de historia y medicina, mundo occidental y árabe, fue una verdadera sorpresa para todos los aficionados al género. Lástima que, en mi opinión, el resto de su producción no llegue a la altura de esta novela.

Autores relacionados:
Ann Benson
Bernard Cornwell
Chrétien de Troyes
Ellis Peters
Jean Plaidy
Libros relacionados:
Baudolino
El cuento del Grial y sus continuaciones
El médico
El nombre de la rosa
El rey de hierro. Los reyes malditos I

Quemar libros y bibliotecas, una afición atemporal

2 de mayo de 2010 en Actividades, Literatura

Quema Libros

Sí, la bibliocastia (quema de libros) y la destrucción de bibliotecas (muy habitualmente mediante incendios provocados) ha existido desde prácticamente la invención de la escritura. Existen diferentes razones para querer borrar de la faz de la tierra documentos o los edificios que los contienen, siendo las más importantes las ideológicas, ya sean de índole política o religiosa. También, en ocasiones, se han destruido bibliotecas durante motines sociales, no del todo por error pero sí sin intencionalidad específica en el acto en sí.

Los egipcios fueron de los primeros en practicar con suma perfección el arte de la “destrucción de pruebas”. Salvando las distancias, fueron unos expertos en reescribir la historia: era tan sencillo como coger un punzón y borrar todas las referencias a tal o cual rey en muros de templos y palacios. Así, de algunos faraones no quedó, para la posteridad, ni el nombre (afortunadamente gracias a la arqueología hemos podido recrear reinados enteros, salvando del olvido a tantos y tantos desafortunados monarcas). Un ejemplo claro fue el de Amenhotep IV, más conocido como Akenatón, que tras impulsar el culto al dios Atón, prohibió el de Amón. Muchos historiadores cristianos llegaron a afirmar que Akenatón estaba, realmente, convirtiendo la religión egipcia en una religión monoteísta, y la cultura popular del siglo XX (a través de novelas y películas) ha afianzado esta percepción en el público. Nada más lejos de la realidad: la reforma de Akenatón respondía más a cuestiones políticas (acabar con el poder que detentaban los sacerdotes de Amón, entre otras muchas reformas) que religiosas. Muerto Akenatón, murió también su memoria.

Los romanos perfeccionaron esta técnica hasta límites insospechados, e incluso le dieron un nombre, el de damnatio memoriae (“destrucción de la memoria”), algo que el Senado podía determinar. Muchos fueron, incluso, los emperadores afectados (entre ellos los conocidos Calígula, Nerón, Domiciano o Cómodo), lo cual convertía en imperativo (aparte de la prohibición de pronunciar su nombre en público) la destrucción de todo documento u objeto que le hiciesen referencia, ya fueran documentos escritos (incluyendo inscripciones, poesía, textos históricos o simples actas contables), artísticos (pinturas o esculturas) o incluso monedas. Afortunadamente, y hablando de los libros, la existencia de varias copias ha permitido que conozcamos en mayor o menor grado la vida y obra de estos emperadores.

En la Edad Media, imperando el Cristianismo en Europa occidental, se satanizaron todos aquellos escritos que no estuvieran sujetos a lo que el Papado y la Iglesia consideraban adecuado. Era habitual entonces la quema de libros y documentos de gran valor por el simple hecho de haber sido escritos por paganos. Aunque hubo mecenas (como, sin ir más lejos, Alfonso X el Sabio) que impulsaron la traducción de obras árabes y judías de índole científica, lo habitual era que estos libros fueran destruidos. Ya no es que todo lo que sonara a Ciencia resultara inadecuado para la Iglesia: se destruyeron miles de documentos sin pararse a pensar siquiera en su contenido simplemente porque estaban escritos en un idioma ininteligible o porque tenían ilustraciones que podían recordar a prácticas prohibidas. Por ejemplo, un compendio de hierbas en árabe podía fácilmente ser identificado, a los ojos del clérigo de turno, como un libro con recetas de pociones mágicas; un tratado de geometría, en cambio, podía representar fórmulas arcanas y satánicas.

Quema Libros

Ya en el siglo XX, hay que recordar la quema de libros escritos por judíos e izquierdistas durante el III Reich alemán, algo que el régimen militar chileno repitió treinta años después. Durante la Guerra de los Balcanes las tropas serbias destruyeron la Biblioteca Nacional de Sarajevo, un edificio sin valor estratégico ni militar pero que era un símbolo de integración en Bosnia, acabando con cientos de miles de volúmenes atesorados allí durante siglos. Al respecto del primero de estos hechos, es célebre la frase de Sigmund Freud al conocer que sus libros estaban siendo destruidos en Austria y Alemania:

¡Cuánto ha avanzado el mundo! ¡En la Edad Media me habrían quemado a mí!

Freud, que murió en el exilio en 1939, no podía saber cuando exclamó esto que, desgraciadamente, los nazis no se conformaron con erradicar la cultura germano-judía de las bibliotecas del país.

Autores relacionados:
Sigmund Freud

Lecturalia Lecturalia