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Entradas con etiqueta ‘Drogas’

Escritores y drogas, ¿amigos para siempre?

18 de mayo de 2010 en Autores, Biografí­as, Literatura, Narrativa

opio

Existe un estereotipo, basado sobre todo en el escritor postromántico de finales del XIX y principios del XX, de escritor bohemio, cuya inspiración primordial aparece en momentos de abuso de diversas sustancias: sean éstas alcohólicas o alucinógenas (o ambas). Si bien nuestro sobrio (o por lo menos más sobrio que los locos años de la revolución sexual del XX, por ejemplo) nuevo siglo se llena de escritores que no dudan en afirmar que el uso de estupefacientes y alcohol no hacen sino entorpecer su trabajo (es interesante para esto leer el fantástico artículo de The Guardian, reseñado en Lecturalia, donde diversos grandes autores del momento daban sabios consejos para escribir: entre estos uno de los que más se repetía era el de mantener una férrea disciplina y evitar este tipo de embriaguez). Sin embargo, a día de hoy, el fastidio universal, ese spleen que atormentaba a los poetas malditos de fin de siglo, se ha convertido en una continuación del aburrimiento por la constante novedad, una habituación al cambio que se traduce en enfermedades diagnosticadas: depresión, ansiedad, manía. El opio y el hachís de los fumaderos bohemios evoluciona al Prozac y el Tranxilium. El heroinómano de hoy es un ser despreciado, marginal, pero el escritor dopado con antidepresivos es un superviviente más al fatal acto de la vida con o sin talento.

Más allá de esta necesidad de combatir el sehnsucht surgen aquellos que descubren nuevos caminos a través de las drogas alucinógenas. Tal vez uno de los más conocidos sea Philip K. Dick, que dedicó varias de sus obras, clasificadas habitualmente dentro de la ciencia ficción, al uso y abuso del LSD y derivados (léase, sin ir más lejos, sus novelas anteriores a 1970, que él mismo admitió haber escrito bajo los efectos de anfetaminas). Aldous Huxley escribió la influyente Las puertas de la percepción (que ha trascendido a diversos aspectos de la cultura actual, desde la música de The Doors a las películas de Stanley Kubrick) bajo los efectos de la mescalina. Y acercándonos aun más a nuestros días, encontramos a los herederos de los estadounidenses revolucionarios como Kerouac y compañía, y a los nuevos adalides del realismo sucio, como puede ser el archiconocido escocés Irvine Welsh, cuya obra más célebre, Trainspotting, se adaptó con gran éxito al cine. Las obras de Welsh, tanto la propia Trainspotting como Acid House o Éxtasis, centran sus argumentos alrededor de personajes adictos a diversas sustancias, y lo hacen de manera muy poco romántica; sus obras son más bien un estudio de determinado segmento de la población obrera que una apología o acusación contra las drogas. Además de múltiples “experimentos” mediante los cuales los escritores usan ácido, setas, pegamento o cualquier material alucinógeno para crear nuevas formas literarias, sin duda el compañero favorito de los autores es el alcohol. La absenta, el bourbon o el vino influyeron de manera potente en el mundo autorial: desde Edgar Alan Poe hasta Bukowski o Hemingway (quien llegó a afirmar que “un hombre no existe hasta que está borracho”). Podemos llegar a preguntarnos si estos autores hubieran dejado muestras literarias tan fantásticas de haber vivido una vida sobria y abstemia, o si su compañero de viaje acabó destruyéndolos sin dejarles alcanzar una genialidad superior que tal vez habrían tenido de habérselo dejado por el camino.

Autores relacionados:
Aldous Huxley
Charles Bukowski
Edgar Allan Poe
Ernest Hemingway
Irvine Welsh
Libros relacionados:
Las puertas de la percepción
Trainspotting

Los libros, droga dura

12 de noviembre de 2009 en Autores, Literatura, Noticias

Mirada a la oscuridad

Una bibliotecaria de Orsk, en los Urales rusos, denunció en su blog que habían recibido un listado de treinta y siete libros que no debían ser entregados a usuarios. Este intento de censura venía de parte del Servicio Antidrogas local que intentaba así dar

“una recomendación de prestar atención a los libros mencionados para ver si contienen materiales perniciosos”

La lista incluía obras que contiene información sobre narcóticos y drogas, incluyendo también literatura. Y es aquí cuando del intento de censura pasamos al teatro del absurdo. En la lista podemos encontrar La reina del Sur de Pérez Reverte, La playa de Alex Garland o Una mirada a la oscuridad de Philip K. Dick, entre otras, novelas, además, fácilmente encontrables. Acompañando a la literatura aparecen monografías científicas sobre productos psicotrópicos o un manual sobre la cría de champiñones.

Parece ser que no es la primera vez que el Servicio Antidrogas ruso confunde el celo profesional con la falta de sentido común, tal y como destaca la prensa rusa, durante un tiempo estuvieron detrás de los veterinarios que utilizaban anestésicos para operar a los animales. En este caso, ha sido el propio Servicio Antidrogas el que ha acusado de exceso de celo al servicio local de Orsk, retirando la lista y subrayando que la literatura sólo se puede retirar mediante orden judicial.

No está de más que, de tanto en tanto, recordemos cuales son las funciones de la bibliotecas y su papel en la difusión del conocimiento, más allá de preguntarnos si el Manual del anarquista debe estar en las bibliotecas públicas.

Por cierto ¿cómo sería la lista si en lugar del Servicio Antidrogas la hubiera elaborado un Servicio Antialcohol?¿cuántos clásicos rusos habrían tenido que retirar?

Vía: El País

Autores relacionados:
Alex Garland
Arturo Pérez-Reverte
Philip K. Dick
Libros relacionados:
La playa
La reina del sur
Una mirada a la oscuridad

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