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Entradas con etiqueta ‘Diccionario’

El buzón de sugerencias de la R.A.E.

7 de agosto de 2011 en Noticias

Buzón RAE

Parece que, por fin, algunas voces desde dentro de la Real Academia Española de la Lengua han hecho caso a la petición que muchísimos hispanohablantes llevábamos tiempo reclamando casi a gritos: que no sea una institución encerrada en sí misma, que recoja las opiniones de los ciudadanos para que su Diccionario, el más importante de nuestra lengua y sobre el que se basan todos los demás, se modifique de acuerdo a los tiempos que corren.

Exagero, ciertamente. Lo que la R.A.E. ha creado es un simple buzón de sugerencias electrónico, a través de una dirección de e-mail, en el que cualquiera puede aportar su opinión con respecto al diccionario. Estas opiniones pueden ser muy amplias, desde la petición de inclusión de nuevos vocablos a la eliminación de otros o la corrección de definiciones erróneas o incorrectas. En realidad ésta última utilidad es la que sospecho que en la práctica será más usada. Darío Villanueva, secretario de la R.A.E., lo ha ejemplificado a la perfección con sus últimas declaraciones, en las que comenta una anécdota al respecto: una hispanohablante totalmente anónima (en este caso una ciudadana colombiana residente en Australia) se puso en contacto con la Real Academia para avisarles de que la definición que el Diccionario daba de la palabra “champú” no era correcta. Dicha definición, que seguirá siendo la oficial hasta que en la próxima edición del Diccionario (la vigésimo tercera edición, por cierto) sea revisada, es la de “loción para el cabello”. Según ella sería más adecuado que, en vez de “loción” se utilizara la palabra “jabón”, y según Villanueva tenía toda la razón. Un poco extraño toda vez que la definición que la R.A.E. hace de “loción” sea, en su segunda acepción, la de “producto preparado para la limpieza del cabello o para el aseo corporal”. No entiendo demasiado bien que fuera precisamente este el ejemplo elegido para mostrarnos las virtudes del nuevo servicio.

Villanueva, eso sí, ha advertido sobre que no se aceptarán propuestas sobre corrección política. Ya hablamos aquí en Lecturalia hace unos meses del debate surgido alrededor de la palabra “rural” y sus connotaciones negativas. Es justo a lo que se refiere el secretario de la Academia: “El Diccionario no puede ser políticamente correcto”, manifestó, “porque la lengua sirve para amar pero también para insultar. No podemos suprimir las palabras que usamos cuando nos enfadamos o cuando somos injustos, arbitrarios o canallas”. Villanueva, con respecto al buzón electrónico, fue muy claro al manifestar que “cualquier hablante es para nosotros una autoridad” a la que hay que prestar oídos.

La 23ª edición del Diccionario de la Real Academia ya está en marcha, después de que la publicación de la anterior, de 2001, no estuviera exenta de polémica. Pedro Álvarez de Miranda, filólogo nacido en Roma y uno de los académicos más recientes (“heredó” el sillón Q de Carlos Castilla del Pino en 2010) ha sido el elegido para ser el director de la nueva edición, en la que estarán involucradas las veintidós Academias de la Lengua Española. Como novedades aparecerán por primera vez palabras como “abducir”, “cultureta”, “jet lag”, “libro electrónico” y “muslamen”, así como también “antiespañol”. Porque, como bien dice Villanueva, nuestro idioma no sirve sólo para amar, claro.

La RAE instada a cambiar el significado de “Rural”

14 de mayo de 2011 en Noticias

Rural

Define el Diccionario de la Real Academia, en su segunda acepción, la palabra rural como

2. adj. Inculto, tosco, apegado a cosas lugareñas.

lo cual no termina de gustar, por no decir que irrita, a ciertos sectores que, ahora, se unen a la cruzada de intentar que la RAE elimine dicho significado. La propuesta partió del alcalde de Cudillero, una localidad asturiana, y cuenta ahora con el respaldo de dos de los principales sindicatos agrarios españoles, UPA (Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos) y COAG (Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos). Dichos sindicatos integran la denominada Alianza por la Unidad del Campo, y han manifestado al respecto que

Entendemos que tratándose de la institución de referencia en relación a nuestro idioma, la RAE debe omitir esta definición absolutamente despreciativa y peyorativa que clasifica a los ciudadanos del medio rural de forma desigual respecto a los del medio urbano (…). La sociedad avanza muy serena y convincentemente hacia un escenario cada vez más justo e igualitario, y todo lo que sea mantener estereotipos que no se ajustan a la realidad y que además son ofensivos resulta un dislate y absurdo modo de denigrar a los hombres y mujeres del campo.

No es la primera vez que aparece una iniciativa de este tipo. Ya ha habido acciones de este tipo, por ejemplo encaminadas a eliminar del diccionario de la RAE las acepciones peyorativas con respecto a la palabra gallego. La cuestión de base con respecto a la palabra rural puede tener su parte de razón, sobre todo porque seguramente el significado que se critica está en franco desuso. No es el caso de la palabra gallego, que sigue siendo utilizada en varias partes del continente americano de forma despectiva. ¿Debe, entonces, la RAE plegarse a este tipo de peticiones, eliminando significados que siguen siendo válidos simplemente porque no son del gusto de un colectivo?

En una reciente discusión sobre el tema, uno de mis interlocutores argumentó algo interesante y que no sé hasta qué punto es cierto o no: que la RAE no es una institución infalible, y que siempre se ha plegado a exigencias políticas, incluyendo significados en su diccionario y omitiendo otros. Los ejemplos que ponía eran, precisamente, los de las palabras gallego y polaco. Según él, no había habido ningún problema en ofender a los habitantes de Galicia incluyendo los usos peyorativos de su gentilicio en la América Hispana, pero se habían cuidado mucho de no hacer notar que, en muchas partes de España, polaco es sinónimo de catalán. Me pareció un argumento interesante aunque no considere que esto último esté lo suficientemente extendido, y me hizo recapacitar: si realmente la RAE puede usar su diccionario como instrumento para evitar la discriminación, haya o no injerencias políticas, ¿debe hacerlo? ¿Debemos eliminar todas las entradas sobre palabras usadas peyorativamente si un colectivo concreto se siente maltratado especialmente porque aparezcan?

Lanzo la pregunta al aire de los lectores de esta página, porque realmente me parece un tema muy peliagudo y que no puede tomarse tan a la ligera como lo están haciendo los medios de comunicación españoles, que en el caso de la iniciativa de las agrupaciones agrarias apenas han incidido en el hecho de que, con otros actores y no hace mucho, sí se consiguió modificar el diccionario.


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