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Entradas con etiqueta ‘Crítica’

El ladrón cuántico, de Hannu Rajaniemi

15 de mayo de 2013 en Ciencia-Ficción, Literatura

El ladrón cuántico

Me gustan las novelas que desafían, que no son complacientes, que se lanzan al vacío y esperan que pueda seguir su ritmo. Así que, tengo que confesarlo, me lo he pasado genial con El ladrón cuántico, primera novela del finlandés Hannu Rajaniemi y que fue nominada al Premio Locus a Mejor Primera Novela en 2011.

Lo primero que habría que advertir sobre esta novela es que se suele enmarcar dentro del género denominado ciencia ficción hard, algo en lo que no estoy de acuerdo, ya que El ladrón cuántico es una excelente y divertida space-opera, eso sí, con un trasfondo científico de primer orden. Su capacidad de lanzar ideas y conceptos y aplicarlas de formas tan variadas hace que la novela de ese salto que Arthur C. Clarke explicaba tan bien: «Toda tecnología lo suficientemente avanzada es indistinguible de la magia». Y es que Rajaniemi logra una comunión perfecta entre anticipación científica y sentido de la maravilla, logrando que cualquier aficionado a la literatura fantástica pueda disfrutar de la novela, con independencia de su conocimiento de la mecánica cuántica y otras teorías similares.

Gracias a unos personajes cargados de encanto, y de épica, Rajaniemi construye una historia que recuerda por momentos al más puro Jack Vance, pero que es capaz de lanzar ideas al ritmo de Greg Egan. Tenemos al ladrón más famoso del universo, a una exótica mercenaria y a su nave sentiente, a todo un imperio dirigido por dioses que en su día fueron humanos -una referencia a El señor de la luz, de Zelazny- y una serie de complejas sociedades con sus códigos, tradiciones y secretos que, en lugar de complicar la narración, la enriquecen. ¿Cómo? Pues de la manera más sencilla, el autor no se para a explicar o justificar la acción o los escenarios. Salta a por ellos y no deja prisioneros. A diferencia de otros libros que componen la nueva ciencia ficción hard -como, por ejemplo, la aburrida Estado de transmisión-, El ladrón cuántico condensa en apenas 250 páginas el inicio de lo que podría ser una de las más interesantes historias de la ciencia ficción en los próximos años.

El ladrón cuántico es una novela divertida y fascinante, que despertará el adormecido sentido de la maravilla de muchos y que, pese al desafío que supone aceptar los nuevos conceptos que propone, resulta accesible a poco que el lector ponga algo de su parte.

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Hannu Rajaniemi
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Desayuno con partículas, de Sonia Fernández Vidal y Francesc Miralles

30 de abril de 2013 en Divulgación, Ensayo

Desayuno con partículas

Dentro de los libros dedicados a la divulgación científica hay un apartado que muchos autores temen: la física cuántica. No vamos a sorprender a nadie si decimos que este apartado presenta una barrera difícil de superar, tanto para explicar como para entender. El mundo cuántico está en el borde del acto de fe, así que no hay demasiados libros que se atrevan a lanzarse a hablar del tema.

En Desayuno con partículas los autores, Sonia Fernández Vidal y Francesc Miralles, no sólo se atreven, sino que además se arriesgan a llevar la divulgación a un nivel básico, de completo neófito en física, comenzando desde la Antigua Grecia hasta la actualidad, pasando por Kepler o Einstein. Narrado de una manera muy didáctica, que recuerda, en cierto modo, a un diálogo de las antiguas academias griegas, los autores aderezan la teoría física con elementos más accesibles para el público, anécdotas, referencias a autores literarios… consiguiendo un avance fluido en el que explicar al lector no sólo qué es la mecánica cuántica sino también de qué modo afecta a nuestra existencia.

Desayuno con partículas es un libro de divulgación apto para cualquiera que se quiera acercar a la mecánica cuántica, que hace gala de una relativa sencillez para explicar problemas complejos y que supone un buen punto de partida para profundizar en el tema más adelante. Eso sí, aquellos ya un poco versados en física encontrarán pocas novedades, al menos hasta pasada la mitad del libro, cuando ya se entra a fondo en las teorías más complejas.

Además, al final encontraremos unos interesantes anexos donde se desarrollan de manera más concreta conceptos y teorías que se nombran durante el libro de una manera más sencilla, perfecto para aquellos que necesiten un poco más de «sustancia». En resumen, un libro ameno que nos ayuda a comprender mejor algunas de las teorías fundamentales que hoy en día nos ayudan a asomarnos, aunque sea sólo un poco, a la inmensa estructura del universo.

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Eugenides y La trama nupcial

20 de abril de 2013 en Autores, Literatura, Narrativa

Eugenides y La trama nupcial

¿Qué es la trama nupcial? La trama nupcial es un recurso temático, recurrente sobre todo en la literatura romántica del siglo XIX, que se centra en una serie de personajes cuyo objetivo último, tras una serie de tribulaciones, obstáculos y/o tragedias, es llegar a unirse en matrimonio. Por lo general, la intriga de la historia consiste en que el lector no sabe quién se casará con quién. Este recurso ha sido objeto de estudio especialmente en la novela victoriana y del periodo Regencia de la literatura inglesa, pero está presente en una gran cantidad de autores españoles y franceses de la época, si bien con ciertas diferencias y características propias de su contexto. Y si todavía no sabéis a qué me refiero, unos cuantos títulos os lo dejarán mucho más claro: Orgullo y prejuicio, Pamela, La feria de las vanidades, La inquilina de Wildfell Hall. Lejos de perderse en el tiempo, este recurso ha ido evolucionando y sigue proporcionando superventas a día de hoy, aunque su credibilidad intelectual haya descendido notablemente debido a la revolución feminista y a la redefinición de las relaciones familiares y de pareja. Sigue utilizándose, de una manera u otra, si bien los ejemplos más simplones podemos encontrarlos en películas románticas predecibles o en libros donde el clásico triángulo amoroso está dirigido hacia un solo objetivo: el matrimonio.

Lo que el escritor Jeffrey Eugenides ha hecho con esta trama nupcial es bastante extraordinario. Su libro más reciente se llama así, tal cual, La trama nupcial, y va de este recurso temático, pero también lo ejerce, lo hace real en su novela, a la vez que lo deconstruye. Nos encontramos con el triángulo amoroso tradicional: la mujer, hermosa, indecisa, joven. Los dos hombres: uno apasionado, atormentado, bello; otro místico, paciente, entregado. Hasta tenemos el típico conflicto burgués, las diferencias sociales y económicas que marcan a los personajes. Y todo esto en un entorno donde las palabras de Roland Barthes acerca del amor zumban en sus oídos; en unos años ochenta donde las nuevas teorías literarias provenientes de Europa (las impactantes nociones de Derrida, de Foucault, de Kristeva, de Eco) comenzaban a hacer añicos ese cariño monógamo por el texto que predicaba el New Criticism y su close reading. Frente a esta historia de amor entre lo escrito y el lector, comienzan a surgir amantes, adúlteros, amenazas. Y de esta misma forma los tres protagonistas se ven envueltos en una historia común que, aunque también termine en matrimonio (o sobre el matrimonio) está demasiado envuelta en el despedazamiento, la autoevaluación, lo histórico y lo social para poder gozar de la pureza argumental de la novela decimonónica. Eugenides juega a varias bandas, con su prosa siempre hipnótica, y produce un texto a distintos niveles que se comunican entre sí de forma constante, como un ejercicio avanzado en crítica literaria. No obstante, tal vez este juego sea su punto débil, por lo menos a nivel comercial: una de las opiniones más repetidas cuando uno lee reseñas y opiniones sobre este libro es que si el lector no tiene un conocimiento básico de las tendencias filosóficas y teóricas tan mencionadas en la novela, puede resultar denso, aburrido y pretencioso.

No os desvelaré el final. Solo diré que le otorga sentido, significado, no solo al argumento, a los personajes, sino al recurso mismo del que hemos estado hablando, adaptado, por supuesto, a los nuevos tiempos.

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Calle Berlín, 109, de Susana Vallejo

17 de abril de 2013 en Autores, Literatura, Narrativa, Novela Negra

Calle Berlín, 109 - Susana Vallejo

Susana Vallejo deja a un lado la novela juvenil, campo en el que ha ganado premios como el Edebé en 2011, para traernos una historia a caballo entre lo criminal y un realismo cargado de honestidad, es decir, de la tragicomedia de la que está hecha nuestra vida cotidiana.

En la calle Berlín, 109 encontramos un viejo edificio modernista de Barcelona, un lugar como otro cualquiera del Eixample donde conviven vecinos muy diferentes, tanto por trabajo como por edad o salud. Ah, sí, claro, también hay uno que está muerto y cuyo fantasma recorre los pisos sirviéndonos como nexo, como hilo conductor, al menos en los primeros compases del libro. Lo cierto es que en Berlín 109 hay secretos, pero en su mayoría no son más complicados o extravagantes que los que todos podemos tener, que nadie espere aquí una historia coral de personajes increíbles o poco reconocibles: Vallejo prepara una serie de personas cotidianas y uno de sus aciertos es que podemos vernos reflejados en cada uno de ellos.

Ahora bien… no todos los secretos son tan habituales. Gerard Tauste es un policía temporalmente suspendido que busca la solución al asesinato de uno de sus compañeros. ¿La clave? Berlín 109 y lo que uno de sus vecinos oculta.

La novela se desarrolla de protagonista en protagonista, de vecino en vecino, cada cual con sus propios problemas, inmersos en el aislamiento que las grandes ciudades acaban por imponer a sus habitantes. Uno de los grandes aciertos de Berlín 109 es ver la evolución de la comunidad de vecinos, que pasa de estar compuesta por extraños a ir uniéndose, casi como si nos encontráramos en un barrio de los de antes.

Susana Vallejo narra con fluidez y la novela se lee con facilidad, disfrutando de las pequeñas luchas cotidianas de sus protagonistas, así como al verlos afrontar ciertas grandes dificultades que aparecen casi al final de la historia. En el debe puede, y esto es algo personal, que sea una historia cuyo conjunto resulte demasiado positivo. Pero claro, ¿no es eso algo que necesitamos hoy en día desesperadamente? En todo caso, una novela más que recomendable y que encantará a todos aquellos en busca de un interesante retrato de nuestra sociedad actual, divertido y con ecos de novela policial.

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El festín de John Saturnall, de Lawrence Norfolk

12 de abril de 2013 en Histórica, Literatura, Narrativa

El festín de John Saturnall - Lawrence Norfolk

Lawrence Norfolk es uno de esos autores que caminan entre varios mundos a la hora de escribir cuyas historias beben tanto del imaginario popular como de la novela histórica más estricta. La mezcla que realiza está trufada de influencias, como se puede comprobar en El diccionario de Lemprière, con el que ganó el Somerset Maugham, y que le dio a conocer al gran público.

Norfolk llevaba doce años sin publicar novela, un silencio más largo de lo habitual, pero ha vuelto con ganas, ya que El festín de John Saturnall es una historia en apariencia sencilla, pero capaz de llegar con facilidad al corazón de sus lectores. Podríamos decir que nos encontramos ante una novela histórica, pero lo correcto sería decir que Norfolk nos sitúa en una ambientación histórica. ¿A qué me refiero? A que los eventos importantes de la historia con mayúsculas se diluyen en la lejanía dejando paso a multitud de detalles.

En El festín de John Saturnall no nos vamos a encontrar con un protagonista inmerso en conjuras cortesanas, aunque las haya, ni tampoco será un aguerrido soldado el que lleve la trama, y eso que hay batallas: no esperemos a un redomado seductor, pese a que esta es la historia de un amor, no: John Saturnall es un cocinero. Y no uno cualquiera. En la Inglaterra del XVII ser un gran cocinero puede que no tuviera el glamour y la fama de ahora, pero su papel era fundamental para la casa de cualquier noble.

La historia de El festín de John Saturnall toma como base el conflicto religioso y político iniciado por Oliver Cromwell y su New Model Army, una época convulsa y oscura de persecuciones y venganzas. Imaginad, entonces, a aquellos arraigados a las viejas tradiciones, a los que guardaban los viejos secretos de la tierra, las hierbas curativas y la medicina tradicional… víctimas propiciatorias del fanatismo. Huérfano precisamente por estos motivos, Saturnall se convierte en el heredero de un legado gastronómico y filosófico con el que nos podríamos remontar a tiempos de la Britania romana.

Entre receta y receta, entre batalla y desgracia, El festín de John Saturnall es, ante todo, la historia de un amor lleno de dificultades, una narración en la que los personajes luchan por encontrarse a sí mismos y también entre ellos. Destacar finalmente la edición de Galaxia Gutenberg, con sus pequeños grabados y miniaturas. Un placer para la vista.

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Una noche en el teatro: Shirley Valentine, de Willy Russell

1 de abril de 2013 en Teatro

Shirley Valentine

En 1986, el dramaturgo británico Willy Russell estrenó la obra Shirley Valentine, una puesta en escena con un solo personaje, en el entorno de clase obrera-casi-media de un Liverpool de barrio, industrial, gris y nublado. El monólogo precisaba de la interpretación de una sola actriz que pudiera dar vida al personaje de una mujer de su época que decide, tras mucho dudar, aceptar la invitación de una amiga y marcharse quince días a unas vacaciones al sol, en Grecia. Gozó de gran éxito en el West End londinense, y pronto se convirtió en un clásico del teatro anglosajón, tanto británico como estadounidense. Alcanzó verdadera inmortalidad cuando la actriz Pauline Collins, que ya había trabajado con la obra de Russell en el escenario, interpretó a Shirley, la protagonista de esta historia de revolución personal, en la versión cinematográfica de 1989 dirigida por Lewis Gilbert. Con el tiempo, la obra llegó también a España, donde tanto Esperanza Roy como Amparo Moreno se colocaron el delantal de Shirley, y donde, más recientemente, Verónica Forqué interpreta a la heroína de Russell con gran acierto y arrolladora emotividad.

La belleza de una obra sencilla, que narra una historia simple de la boca de un solo personaje que en apariencia no es nada complicado, estriba en la realidad de que, con frecuencia, la sencillez oculta todo un torbellino de realidades y de mensajes que van mucho más allá de una pátina limpia, dulce y clásica. Russell parte de un argumento que nos resulta familiar: la ama de casa aburrida, madre que ya ha criado a sus hijos, casada con un hombre poco atento, subyugada por su rol de sirvienta, de mujer tradicional, de ángel del hogar, escapa de su vida anodina para encontrar un nuevo amor, una nueva vida. Y por el camino encuentra algo más que eso, encuentra un mundo de posibilidades, donde uno tiene derecho a tomarse un vino al sol, junto al mar, a solas.

Y sin embargo, la historia de Shirley Valentine es bastante más que eso. Russell utiliza la figura de la mujer entrada en años, maltratada por la rutina y por una sensación de desperdicio absoluto para ilustrar algo mucho más profundo: un deseo no solo de evasión sino de autodescubrimiento, de empezar a vivir por uno mismo. Más allá de la política sexual de la obra, más allá de su interpretación desde el ángulo de cualquier ola de feminismo, el personaje reclama no solo su condición de mujer, su independencia de las cadenas del papel predestinado de madre y esposa, sino su condición de ser humano. Valentine es consciente de que el tiempo y la vida, que se la han ido comiendo poco a poco, no solo la han devorado a ella, sino también a su marido, a aquel compañero con el que, hace tantísimos años, se reía y compartía ilusiones y momentos para el recuerdo. Por esto, es inevitable que el receptor de la obra, ya sea como lector o como espectador, sienta ciertas emociones contradictorias al abandonar el texto o al bajar el telón. Por un lado, la infinita tristeza de la separación, del cambio; por otro, la alegría indefinible de lo nuevo, de lo propio.

La ciudad y la ciudad, de China Mieville

27 de marzo de 2013 en Fantástica, Literatura, Novela Negra

La ciudad y la ciudad

La ciudad y la ciudad es uno de esos libros de difícil clasificación. Desde luego, que su autor, China Mieville, sea uno de los escritores más premiados del género fantástico en los últimos años lastra, o dirige, según cómo se mire, su posición en la mesa de novedades. Lo cierto es que los aficionados al género la han adoptado como suya y han obrado en consecuencia, premiando La ciudad y la ciudad con galardones como el Locus, el Hugo, el World Fantasy, el BSFA o el Arthur C. Clark. Fuera del mundillo es probable que tú, lector, no hayas escuchado hablar de esta novela. Incomprensible.

La ciudad y la ciudad es el libro menos fantástico y más alejado del recargado estilo habitual de su autor. Es más, podría decirse que ni siquiera es un libro de género fantástico, ya que su manera de ser narrado y desarrollado pertenece por completo a la novela policial y al género negro. Sí, es cierto que la acción transcurre en una ciudad ficticia (bueno, dos) y que hay ciertos elementos no del todo explicados, pero, al igual que El sindicato de policía Yiddish, son novelas cuya permanente dualidad las hace imposibles de situar, como a ciertos personajes de la novela.

Pero vayamos al argumento, desde luego nada convencional. En La ciudad y la ciudad nos encontramos con un extraño fenómeno: dos ciudades, Brezsel y Ul Qoma conviven en el mismo espacio geográfico. Unos edificios y habitantes pertenecen a una y otros a la otra. Entre ellos no hay interacción, los ciudadanos aprenden desde niños a desver todos los elementos de la otra ciudad, a esquivar sus coches, a desoír sus voces. La historia de convivencia de las ciudades no ha sido fácil, hay ecos de guerra, de bloqueo… movimientos políticos que piden la unidad o la exterminación de los otros. Y en medio de todo eso, un asesinato cuya resolución supondrá la colaboración de las fuerzas policiales de ambos países.

La novela está protagonizada por el veterano inspector Tyador Borlú, que cuenta en primera persona, al más puro estilo negro, la extraña experiencia de investigar el asesinato, unas pesquisas que le llevarán a los rincones más misteriosos de las dos ciudades y le harán descubrir secretos que pondrán en peligro algo más que su placa.

Sin duda, la idea de Mieville es original, pero cuesta de imaginar. ¿Es su propuesta de las ciudades empotradas una alegoría de, por ejemplo, la Jerusalén compartida entre judíos y musulmanes? ¿O habla de todas nuestras ciudades modernas, donde hemos aprendido a desver, como explica en el libro, aquellas partes que no consideramos nuestras, a esos vagabundos que piden en las esquinas, a esos ancianos haciendo cola en la beneficencia?

La ciudad y la ciudad es un libro con una gran influencia de autores como Kafka, en el que se aprecia el tortuoso laberinto de una burocracia masiva e intocable, un conjunto de normas absurdas e inalterables que dan como resultado un precario e inestable equilibrio. Borlú, el protagonista, parece en ocasiones ese K. atrapado en un procedimiento interminable o en un castillo de dimensiones cambiantes.

En resumen, La ciudad y la ciudad es más que recomendable a todo público dispuesto a dejarse atrapar por la arriesgada propuesta de Mieville, y que esté dispuesto a dejar atrás prejuicios sobre géneros literarios para disfrutar, sencillamente, de una gran historia.

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Buda en el ático, de Julie Otsuka

21 de marzo de 2013 en Literatura, Narrativa

Buda en el ático

Con Buda en el ático de Julie Otsuka ganó el Premio PEN/Faulkner de 2012 y se reafirmó como una de las voces más interesantes de la literatura contemporánea estadounidense tras Cuando el emperador era dios, su primera novela, de la que se vendieron más de 250.000 ejemplares y que ha sido recientemente publicada por la editorial Duomo, al igual que el libro que hoy nos ocupa.

Otsuka nos cuenta la historia de las mujeres japonesas que llegaron a principios del siglo XX a San Francisco, a vivir una vida imaginada y mejor, al lado de maridos a los que no conocían y de los que tan solo sabían lo leído en las cartas y lo visto en las fotografías que les enseñaron las casamenteras, imágenes tan falseadas como la vida que les habían prometido. Eran mujeres, algunas casi niñas, de todo el país que esperaban un futuro lejos de la vida dura del campo o de la casa de geishas. Estados Unidos se presentaba como el marco perfecto para un futuro perfecto y ellas, ataviadas con sus mejores galas, con todos sus miedos y, desarraigadas en un país extraño, sin más apoyo que la ilusión y la esperanza en un buen matrimonio, llegaron a su puerto de destino para descubrir que el de la foto no era su esposo, que el de la buena posición económica no era su esposo, que el temporero que necesitaba una mujer que trabajara sin quejarse, ese sí, ese era su marido.

Las veremos trabajar en el campo, como criadas, como dependientas, como putas y amantes. Las veremos odiar a sus maridos, amarlos, soportarlos, abandonarlos, tener hijos, llorar a sus muertos. Integrarse en la sociedad, algunas, o quedarse en el barrio japonés, la mayoría. Estar orgullosas de sus hijos mientras estos se avergüenzan de ellas. Y la vida avanza, el tiempo pasa. Hasta que llega la guerra y ya no eres el temporero que recoge fruta, o el de la tintorería, sino que eres un posible enemigo. Y los políticos han de tomar medidas: puedes ser un quintacolumnista. Y tus vecinos demostrarán, de nuevo, lo fácil que es construir al otro con lo difícil que es construirse a sí mismo. Y lo fácil que es mirar y no ver, no querer ver, porque la voluntad humana, como dicen del agua, siempre va por el camino más sencillo.

La guerra del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial, supuso el internamiento de más de 110.000 personas de origen japonés, muchas de ellas con nacionalidad estadounidense, en campos de concentración situados en el centro del país. Tuvieron pocos días para evacuar, abandonando negocios, trabajos, propiedades. Y estas mujeres volvieron a abandonarlo todo, con la misma incertidumbre que entonces, pero sin la esperanza de una vida mejor reluciendo en el horizonte.

La novela está construida como un relato coral, una elección que, con un lenguaje preciso y precioso, permite construir una historia sensible sin sentimentalismos, una narración redonda de las que impactan, tanto por la historia en sí, como por la prosa.

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El jinete de la onda del shock, de John Brunner

13 de marzo de 2013 en Ciencia-Ficción, Literatura

Jinete en la onda del shock

Antes de empezar esta reseña, tengo que manifestar mi más profunda admiración por John Brunner. De todos los autores que surgieron alrededor de la New Wave, Brunner es posiblemente el que siento más cercano, no sólo por su calidad literaria y su voluntad de experimentación, sino también por su compromiso y su visión del futuro. Leer hoy en día obras como Todos sobre Zanzíbar o El rebaño ciego produce un cierto cosquilleo desagradable: Brunner proyectó una serie de futuros que, si bien no son nuestro presente, no se alejan demasiado de lo que podría llegar a ser nuestro futuro más inmediato. Quizá sea, junto con Ballard, uno de los autores cuya ficción ha sonado con más fuerza en mi cabeza durante los últimos años.

En El jinete de la onda del shock, Brunner critica, no sólo a la sociedad capitalista -me pregunto cómo habrían definido al autor americano hoy, ¿anarquista radical antisistema? Casi peor que en los 70- sino a la propia naturaleza humana, atraída por un sistema que da rienda suelta a lo peor de nosotros.

Brunner anticipa esa red de comunicaciones móvil que hoy tanto utilizamos, aunque a su manera, claro, en mitad de unos Estados Unidos polarizados por movimientos religiosos. La novela sigue a Nick Hafflinger, un genio fugitivo que ha logrado mantenerse al margen del sistema durante años… hasta que es atrapado. Su interrogatorio, sus vivencias, sus secretos, se vuelcan en la historia hasta darle forma. No es una lectura fácil, de hecho, Brunner experimenta con la narración, con el estilo, con el tiempo de la acción, formando un primer muro que puede provocar el rechazo del lector que no busca más que un rápido entretenimiento. Una vez superado este escollo, la novela va cogiendo forma y se convierte en una de las mejores obras de anticipación de los años 70, hoy más de actualidad que nunca.

En resumen, una excelente novela que requiere cierto trabajo por parte del lector, un pequeño esfuerzo que se verá recompensado con creces a medida que el libro avanza. Destacar la nueva traducción de Antonio Rivas para la edición de Gigamesh. Recomendable también leer El shock del futuro, obra de Alvin Toffler para redondear la experiencia.

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La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero

4 de marzo de 2013 en Narrativa

La ridícula idea de no volver a verte - Rosa Montero

La verdad es que el último libro de Rosa Montero es de difícil clasificación. ¿Es un ensayo? ¿Es narrativa? ¿Es una biografía? Quizá una mezcla de los tres y algo más, una narración híbrida para un libro notable.

La semana pasada tuvimos la suerte de hablar con la autora y desgranar con ella las claves del texto. Gestado en sus inicios como un prólogo al diario de Marie Curie, notas que empezó a tomar tras la muerte de su marido Pierre, La ridícula idea de no volver a verte pronto cambia, muta, y toma conciencia propia, convirtiéndose en una narración donde Rosa Montero nos enseña retazos de la vida de Curie y a la vez pone gran parte de sí misma en una obra donde la muerte, el duelo, pero también la vida, la energía y la ligereza, forman un camino por el que perderse.

Montero usa un lenguaje directo, habla al lector de manera sincera y sin tapujos. En este sentido, el libro se comparte con el autor, participamos de su visión y de sus confesiones. Como nota novedosa, Montero introduce una serie de hashtags al más puro estilo tuitero, que usa para remarcar las ideas que le parecen más importantes (como la #intimidad, #honraralpadre o las #palabras) que sirven también para hacerse un mapa visual de la narración.

¿Y qué nos cuenta? Un poco de todo. Admiración por alguien del intelecto y la pasión de Marie Curie, por su fuerza y su valentía, pero también nos destaca esa parte humana, ese lado torturado desde el amor perdido, del sinsentido que resulta enfrentarse a la ausencia y al silencio de una parte de nosotros. Montero proyecta su propio duelo, sus propias historias, que son, al fin y al cabo, universales.

En definitiva, un libro peculiar, personal, cargado de una intensidad poco habitual y que sirve para hacernos reflexionar sobre la vida, la muerte y el amor. Ahí es nada. Apenas doscientas páginas que contienen algo inmaterial y precioso, un trocito del alma de Rosa Montero. Aprovéchenlo. Les vendrá bien.

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