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Entradas con etiqueta ‘consejos’

El autor umbral

24 de octubre de 2010 en Actividades, Autores, Literatura, Mundo Editorial

Autor Umbral

Tras pasar por un par de eventos dedicados tanto a la literatura como al mundo del cómic no puedo dejar de pensar en algunas de las reflexiones y conversaciones que he mantenido con compañeros y visitantes, sobre todo las dedicadas al mundo profesional y al salto que hay del amateurismo a la semi-profesionalidad.

Lo primero, y esto es algo que me hicieron notar, yo soy de natural despistado, la mayor parte de los interesados en conferencias, presentaciones y otros eventos, eran, en su mayoría, aspirantes a escritores o dibujantes -o editores, que el masoquismo no siempre va en la misma dirección-, con un pequeño bagaje a sus espaldas pero con unas ganas tremendas por conseguir el sueño definitivo: vivir de hacer lo que más les gusta, crear.

No tengo que decir que el mundo de la literatura, el del cómic, igual que otros dedicados a la creación, es un lugar en el que convive el profesional absoluto, a los que se pueden contar con los dedos de una mano -Zafón, Somoza, Reverte-, con aquellos que en mayor o menor medida pueden acortar su jornada laboral para dedicarle más tiempo a la escritura. Luego están los más, los que necesitan arrancarle horas al sueño cada noche para pulir un par de páginas y que, más o menos, están en el proceso de ser profesionales. Alrededor, y mirando, están los que, manuscritos en mano, aguardan su oportunidad para avanzar un par de círculos en el infierno editorial.

Muchos de ellos se cansan de esperar y optan por la autoedición o la coedición, convirtiéndose en objetivo deseado de numerosas editoriales que, hoy más que nunca, ofrecen precios muy competitivos. Además, claro, tenemos la facilidad de publicar vía web: nunca antes fue tan sencillo compartir nuestra obra con los demás, aunque luego queda el detalle de conseguir a alguien que quiera prestarnos atención.

Entonces, ¿cuáles son los ánimos para todos esos profesionales en potencia? Poco hay que decir excepto que toda obra es susceptible de mejora y que no hay que hacer demasiado caso a los que, tras leerte, se asombran de que no hayas sido publicado. Las palmaditas en la espalda están bien, pero lo que todo escritor necesita es sangre en las páginas y puñaladas traperas para mejorar los textos. Con el trabajo constante, la paciencia y el movimiento se consiguen resultados… normalmente.

Desde luego que nos acercamos a una revolución, que no será tan rápida como creen algunos, en la que el modelo tradicional (buscarse un agente, encontrar una editorial, lanzar miles de ejemplares) tendrá que ajustarse a la realidad social y económica del libro digital y las tiradas bajo demanda. Si bien no hay que dejar de lado a las nuevas tecnologías y sus usos creativos, todavía no podemos apartarnos, los autores umbral, al menos, de las editoriales y sus sistemas tradicionales, que siguen siendo la referencia en el mercado.

Autores relacionados:
Arturo Pérez-Reverte
Carlos Ruiz Zafón
José Carlos Somoza

Las reglas de los escritores

23 de febrero de 2010 en Autores, Literatura, Narrativa

Reglas

El diario inglés The Guardian ha preguntado a varios escritores qué reglas se autoimponen como autores y que recomiendan al resto. Los entrevistados son, entre otros, Michael Moorcock, Hilary Mantel, Will Self, Roddy Doyle, Margaret Atwood y Zadie Smith. Algunas de las reglas son bastante comunes, como la de leer mucho (excepto Will Self que recomienda dejar de leer ficción) o la de tener en cuenta que escribir es un trabajo y difícilmente te va a hacer rico, aunque como dice Hillary Mankel no puedes poner tu alma en la literatura si estás pensando en pagar los impuestos. Tal y como dice Margaret Atwood: has elegido tú el trabajo, así que no te quejes.

Mankel también recomienda escribir un libro que te gustaría leer (si no te interesa a ti, difícilmente le interesará a nadie), aunque el consejo que más me ha llamado la atención de esta autora es el aislarse cuando tengas un bloqueo: puedes ir a pasear, pintar, tomar un baño… pero no busques la compañía de otra gente, mantente en un espacio narrativo propio. Zadie Smith coincide en buscar el aislamiento, sobre todo de las personas que te son más cercanas, cuando escribes. Y tener Internet desconectado si utilizas el ordenador.

Una vez está escrito el libro, Zadie Smith aconseja en dejar pasar un tiempo hasta la edición, y Margaret Atwood cree necesario dárselo a leer a algún amigo ya que nunca podrás tener la experiencia de la primera lectura, que es la que, al fin y al cabo, tendrán los posibles lectores; Atwood incide en que es mejor no dejar esa lectura crítica a alguien con quien mantengas una relación amorosa, a no ser que quieras acabar con esa relación.

De los consejos de Roddy Doyle destacaría el de escribir las primeras cincuenta páginas lo más rápidamente posible, una vez hecho parar y empezar a preocuparte de la calidad. Y sentir la ansiedad. También recomienda encontrar un título lo antes posible y no tener miedo a cambiar de ideas: una buena idea puede ser substituida por otra mejor. Por su parte, Michael Moorcock tiene claro que una novela tiene que tener tres partes: introducción, nudo y desenlace, y que copiar a tu escritor favorito para ir aprendiendo es una buena idea. Pero, sobre todo, tiene claro un último consejo: olvídate de todo esto y crea tus propias reglas.

Autores relacionados:
Hilary Mantel
Margaret Atwood
Michael Moorcock
Roddy Doyle
Zadie Smith

Pequeños consejos para el escritor novato

24 de diciembre de 2009 en Literatura

Novato

Muchos de los visitantes que tenemos en el blog de Lecturalia y de los que pasan de vez en cuando por nuestra base de datos de libros y autores tienen, en el fondo, el sueño de convertirse en escritores, de ver sus textos publicados y de lograr, quieras que no, cierto reconocimiento a su trabajo. Incluso nos llegan de vez en cuando libros enteros a nuestro correo con la esperanza de que les demos nuestro visto bueno sin saber bien quiénes somos, unos sencillos blogueros, y los llevemos en alas hasta la fama.

Lo cierto es que todo aspirante a escritor debería tener claras unas normas básicas y un planteamiento medianamente realista. Digo medianamente por la sencilla razón de que un escritor, desde luego, no es una persona realista, ya que entonces se buscaría otra profesión, afición o sueño y no el duro oficio de escribir.

En todo proceso creativo hay que ir paso a paso. La primera norma que un aspirante a escritor debe tener clara es que hay que tener paciencia. No me refiero al tipo de paciencia necesaria para fumarse un cigarrillo mientras se espera al autobús, no, es la de esperar años antes de lograr un mísero resultado positivo. Teniendo en cuenta entonces que el proceso de llegar a publicar un libro en condiciones no es algo que se consiga de la noche a la mañana, habría que dejar claras unas cuantas normas.

Sacar tiempo de donde no lo hay. Si quieres ser escritor eso quiere decir que tienes que estar dispuesto a sacrificar muchas horas de tu tiempo libre, muchas noches, o mañanas, dedicadas a teclear como un loco delante de una pantalla vacía. La labor del escritor es una labor solitaria, y no hay nada glamuroso en ello. Tenlo en cuenta, escribir satisface la necesidad que te recorre el cuerpo, pero es una carrera de fondo. Hay que sacrificarse. Una vez que tienes claro esto…

La corrección ortográfica. No sólo hace falta creer que se escribe de manera correcta, además hay que lograrlo. Eso suele arreglarse de varias maneras, una sería leyendo mucho y fijándose en cómo se escribe de forma correcta. También, como no, un estudio de las normas ortográficas y gramaticales del castellano tampoco estaría de más. Hay diversas guías escritas ex-profeso para aquellos que se inician en la labor de la escritura. Aunque a la gente que empieza esto pueda parecerle poco importante, no hay que subestimar la capacidad de una editorial de lanzar a la basura tu manuscrito tras encontrarle cinco o seis faltas de ortografía en el primer párrafo. En un mundo saturado de aspirantes, la primera y rápida criba se fundamenta en los detalles fundamentales.

Al fin y al cabo es algo normal: si no sabes expresarte correctamente por escrito, lo más probable es que el texto resulte inconexo y poco legible. Por poner un ejemplo sencillo: es como ser fontanero y no saber cómo hacer encajar dos tuberías.

El envío a las editoriales. No basta con imprimir tu texto, meterlo en un sobre y mandarlo a cuanta editorial conozcas. Eso no funciona exactamente así. Probablemente primero deberías acudir a registrar tu obra, es relativamente sencillo y barato, y te asegurará cierta paz de espíritu si eres demasiado nervioso. Luego, ten en cuenta que la impresión resulte clara, a doble espacio, con márgenes adecuados, y que muchas editoriales prefieren que les adjuntes un buen resumen, con sinopsis corta, larga, e incluso un análisis de las probabilidades de venta y mercado. Así es probable que logres pasar un primer corte de selección.

La espera. Una vez has enviado tu manuscrito, sólo queda esperar. Unos tres meses en el mejor de los casos y la posibilidad de nunca recibir una mísera respuesta por parte de algunas editoriales que ni siquiera se preocupan de mandar una nota de rechazo. Nota de rechazo que, no os alarméis, es más que probable que recibáis en numerosas ocasiones. Un consejo: una nota de aprobación en vuestro primer texto, increíblemente optimista y maravillosa es probable que se corresponda con una editorial de autoedición. Que queráis aceptar ese tipo de publicación para vuestra novela es completamente digno y válido, pero que no os engañen apelando a la parte más débil de un escritor: su enorme Ego.

También, con el mismo proceso y con la misma dificultad, se puede acceder a la mítica figura del Agente Literario, que moverá vuestro texto por sus contactos editoriales a cambio de un 10 o un 15% de vuestro exiguo beneficio. ¿Es importante un agente literario? Sí, sin duda. Por el momento son figuras clave en la industria literaria española. Desconfiad, sin embargo, de los que os pidan dinero por adelantado para mover vuestro libro.

Los concursos. Mundo del que hemos hablado largo y tendido en Lecturalia. Qué decir, a veces están preparados u orientados a determinados participantes, a veces no. ¿Cómo diferenciar unos de otros? Es complicado y muchas veces se aprende, como todo en esta vida, a base de la prueba y el error. No hay nada como la experiencia personal para desarrollar cierto ojo crítico. De todas formas, el ganar un premio, aunque sea uno pequeño, siempre cuenta para pasar ese primer corte editorial del que hablábamos con anterioridad.

Moverse por círculos literarios. Esta parte no es sencilla. Es más fácil para aquellos que vivan en capitales importantes, tengan tiempo libre y facilidad para socializar. Acudir a presentaciones, conocer gente de la industria editorial, a otros escritores y ser simpático y agradable… pues para que os voy a engañar, es un plus que añadir a todo lo anterior.

Novato

Bien, estas son unas normas básicas. Quizá habría que añadir que lanzarse directamente a la escritura de novelas de ochocientas páginas sin haber practicado antes con cuentos o novelas cortas, tampoco es demasiado aconsejable. Que repetir los esquemas y argumentos de los autores a los que admiramos acaba por lastrar cualquier intento por nuestra parte de resultar originales. Sobre todo que para escribir es necesario tener algo que contar, necesidad por gritarlo y paciencia para apretar los dientes durante años.

En cuanto a la posibilidad de vivir exclusivamente de la literatura, hoy por hoy, es algo realmente complicado. A un 10% sobre el precio, sin IVA, de un libro, habría que vender una muy buena cantidad de libros cada año para mantenerse. A eso, claro, hay que añadir la posibilidad de dar cursos, conferencias y otros apaños a los que los escritores que no son estrellas editoriales tienen que recurrir para seguir en la brecha. Y es que escribir es una droga que no se puede eliminar una vez te ha infectado, quedándose en tu cuerpo dando vueltas para siempre jamás.

Leyes de mercado: La Autoedición

19 de diciembre de 2009 en Mundo Editorial

Autoedición

La autoedición de libros ha existido desde el inicio de la imprenta. Sin embargo, hablando con propiedad, no se hizo algo habitual hasta mediados de los años 80 por razones técnicas. Me explico: si bien se suele identificar como “autoedición” a todo aquel libro costeado por su autor y no por una editorial, sea cual fuere la razón, en realidad el término debería limitarse a aquellas obras que han sido preparadas para impresión (con todo lo que ello conlleva), impresas y distribuidas por el escritor. Esto, que no era muy habitual antes de la era informática, va convirtiéndose poco a poco en una popular forma de difusión de literatura gracias a plataformas on-line que ofrecen servicios de distribución virtual (e incluso de impresión a demanda) basadas en maquetaciones no profesionales realizadas, por ejemplo, en procesadores de texto estándares.

No obstante, existen empresas que se autodenominan como “de autoedición”, es decir, editoriales que, por un precio, se ocupan de producir un libro. Gran parte de ellas incluso se ocupan de su distribución, aunque esta no es una conditio sine qua non. De ellas vamos a hablar.

Hace un tiempo hice un pequeño sondeo entre las empresas de autoedición más importantes de España. Me puse en contacto con una docena de ellas para comprobar la disparidad de precios y condiciones que ya suponía. La respuesta fue sorprendente. Los rangos de precios ofertados fue desconcertante: así, la empresa más barata dio un presupuesto tres veces más barato que la más cara. Ninguna de ellas, todo hay que decirlo, es la empresa líder del sector. La mayoría de las autoeditoriales más conocidas tenían precios similares, algo más del doble del presupuesto dado por la editorial más barata. Solicité la preparación e impresión de un libro de poesía, en formato A5, con 150 páginas; solo una de las doce editoriales consultadas tuvo el descaro de comentar que no solían hacer presupuestos antes de leer una obra pero que conmigo harían una excepción. Otra editorial fue la única que se negó a tratar conmigo si no era a través del teléfono (el resto no tuvo ninguna objeción en que todo se hiciera a través del e-mail).

Algo que me dejó bastante sorprendido fue que dos de esas editoriales incluyeran en sus presupuestos costes por procesos gratuitos. Para ambas editoriales, por lo visto, la tramitación con la Agencia Nacional del ISBN y el depósito legal de libros valían dinero. Hay que aclarar que la obtención de un número de ISBN (o ISSN en el caso de publicaciones periódicas) se soluciona con el envío de una simple carta, y que el depósito legal consiste en entregar varios ejemplares del libro (el número varía según el país) a las agencias estatales establecidas a tal efecto. En España dicho depósito legal es obligatorio para la imprenta, no para el editor y, desde luego, no para el autor. Algunas imprentas cobran este servicio, pero siempre en su justa medida: el coste de impresión de los libros entregados, ni más ni menos. Sin embargo, una de las editoriales consultadas fijó un precio de 200 euros por ambos trámites legales. Eso sí, los descontaban del presupuesto final haciendo hincapié en que era una oferta transitoria.

En general la sensación al negociar con estas editoriales fue la de encontrarme ante empresas que no tenían muy claro lo que estaban ofreciendo, de ahí la disparidad de precios y de condiciones. Sólo la mitad de ellas, por poner un ejemplo especialmente sangrante, me ofrecieron un contrato, algo que se me antoja indispensable. Para más inri, menos de la mitad de las empresas envió el presupuesto en un archivo separado del cuerpo del mensaje, ya fuera en formato .pdf o de texto. Los presupuestos, que son vinculantes, no deberían ir escritos sin más en un mensaje de correo electrónico.

En definitiva, la experiencia me sirvió para comprobar varias cosas. La primera y más significativa, relativa a los precios, es que antes de embarcarse en la aventura de la autoedición es necesario hablar con varias empresas: el autor se puede ahorrar un coste significativo. La segunda, y no menos importante, es que hay que exigir que todo se haga dentro de la legalidad, por supuesto. En cualquier caso, el escritor interesado en este tipo de edición haría bien en contar con algún tipo de asesor legal para evitar posibles estafas y engaños, lamentablemente tan comunes en este mundo donde edición tradicional, coedición y autoedición pueden llegar a confundirse en aras del beneficio ajeno.

Ojo con los premios literarios

19 de septiembre de 2009 en Actividades, Literatura, Noticias, Premios Literarios

Azar

Muchos que empiezan a escribir pueden llegar a ver en los premios literarios la solución a muchos problemas: por un lado, gran parte de ellos están dedicados al cuento o relato corto, o a la poesía (no a poemarios completos, quiero decir, sino a simplemente un puñado de poemas), por lo que no se ven obligados a tener que embarcarse, a las primeras de cambio, en la confección de una interminable novela; por otra parte, existen tantos premios y tan diversos (algunos temáticos, otros dirigidos a ciertos colectivos), y pueden llegar a ofrecer premios en metálico a priori muy jugosos, que el incauto escritor novel se frotará las manos ante las perspectivas de éxito inmediatas.

Craso error. Dejando a un lado el hecho de que el “casi cualquiera puede escribir” no es equivalente a que cualquiera pueda hacerlo bien, también es cierto que no nos podemos engañar (aunque escribamos de forma fantástica) pensando que todos los premios que se ofrecen son susceptibles de ser ganados. Algunos, aunque no nos guste, están dados de antemano, y esto sucede tanto con concursos literarios importantes y consolidados (de esos con premios en metálico de varios miles de euros) como con pequeños certámenes organizados por corporaciones locales o asociaciones de vecinos. La mayoría de estos falsos concursos (falsos en el sentido de que no hay disputa alguna ni proceso concursal propiamente dicho) dejarán bien claro en sus bases una serie de parámetros parecidos a los de bases de concursos “limpios”; sin embargo, y he de reconocer que estoy hablando más por una corazonada personal derivada de la experiencia como jurado y participante, los concursos que más hincapié hacen en las bondades de los miembros del jurado son los que más me hacen sospechar. Como autor, cuantos más doctorados, cátedras y libros a sus espaldas tienen dichos miembros, más raudo huyo de participar en el premio en cuestión.

No hay que desesperarse, de todas formas: una buena parte de los premios que año tras año se convocan son legítimos y objetivos. Con el tiempo uno aprende a discriminar entre unos y otros: por ejemplo, si al echar un vistazo al palmarés de un premio uno se encuentra con multitud de nombres conocidos, es mejor intentar probar fortuna en otro. De la misma forma rehusaría en participar si, al revisar la lista de anteriores ganadores de un premio de carácter local (por ejemplo, organizado por un ayuntamiento de una localidad pequeña o una biblioteca pública), uno se encuentra con que todos o gran parte de ellos son oriundos del municipio. Gracias a Internet se suele dar amplia publicidad de hasta el más pequeño certamen, así que no hace falta más que sumar dos y dos para darse cuenta de lo poco probable que resulta dicha “casualidad”.

Notas básicas para participantes en certámenes literarios

1 de septiembre de 2009 en Actividades, Literatura, Premios Literarios

Librosobre

Aclaro que voy a hacer referencia en especial a concursos literarios de cuento y relato corto, que son en los que tengo más experiencia como organizador, participante y jurado. Ciertamente, algunas de las cuestiones que mencionaré pueden parecer de perogrullo, pero no obstante no deben de serlo tanto dado que he visto cometer los mismos errores docenas de veces.

Lo principal para participar en un certamen es atenerse a las bases y no hacer caso omiso a ciertas reglas tales como la inclusión de una plica que garantice el anonimato del texto. Además, y aunque parezca mentira, mucha gente se olvida de no hacer figurar su nombre al inicio o final del texto, y eso pese a haber cumplido escrupulosamente con el resto de normas. Puede sonar jocoso, pero os aseguro que utilizar tu propio nombre con pseudónimo o lema (o un nombre demasiado “real”) no es para nada una buena idea, y puede predisponer negativamente al jurado, cuando no directamente ser decisorio para la eliminación de tu relato. Un texto firmado por un tal Carlos Pérez, se llame o no así el autor, llamará la atención y hará sospechar. Aunque en un escritor se presupone un mínimo de imaginación, yo recomendaría firmar con algo más que un nombre y un apellido comunes. Algunos, eso sí, crean grandes pseudónimos o lemas, que llamarán positivamente la atención (aunque no lo creáis, si tenéis ante vosotros cuarenta relatos y has de preseleccionar a cinco, en caso de duda es posible que elijas el del lema chistoso tipo “El chiste del loro no está incluido” o el del pseudónimo siniestro tipo “El niño que mascaba calaveras” antes que uno firmado por “La casa de Bernarda Alba” o “Anthony Rubio”). Otra recomendación: nunca podéis saber a ciencia cierta de qué pie cojea ese jurado o preseleccionador: puede ser católico practicante o ateo recalcitrante, militante político de uno u otro signo, futbolero a mucha honra o instructor de boy scouts, así que no es buena idea ofenderlo con lemas o pseudónimos tales como “Virgen puta”, “Ernesto Guevara consumiéndose en la hoguera” o “Asesino de Boy Scouts”. Lo mismo se puede decir de la temática del cuento: en un concurso de tipo generalista no hay muchas opciones para un relato acerca de monjas satánicas que son sodomizadas por siervos de Lucifer: seguramente si has tenido el estómago para escribir sobre el particular, podrás esperar un poco más hasta encontrar un concurso adecuado para este texto.

Sobre la temática, no hay mucho más que decir: si un concurso es sobre relatos de ciencia ficción, uno sobre unicornios o dragones sobra. Si es sobre fantasía épica, estarán de más los viajes en el tiempo y los rangers espaciales. Si es erótico, es erótico, no romántico (y al revés). Si es infantil o juvenil, mejor no incluir según qué elementos, por muy queridos que te sean (por lo pronto, y aún a riesgo de que se me tache de reaccionario, yo prescindiría de alusiones a sexo y drogas, a no ser que el convocante del premio lo quiera así: no mencionar el equivocado uso de las drogas en un concurso llamado “Di no a las drogas” puede llevar a su vez a equívocos, sobre todo si aparecen unicornios y viajes temporales).

Por último, una recomendación que también parecería de perogrullo: cuando a un jurado o preseleccionador le llegan treinta o cuarenta relatos, cada uno con sus buenas diez, quince o treinta páginas, se le pasan muchas cosas por la cabeza. La primera es un “¿qué hago yo aquí?” que deriva, instantáneamente, en un “hagámoslo lo antes posible”, así que probablemente hará una criba anterior a la criba definitiva, eliminando todos aquellos relatos que, tras el primer párrafo, acumulan una docena de faltas de ortografía, fallos de coordinación o joyas del tipo “La intentó tranquilizar con mucha tranquilidad” (más comunes de lo que uno puede creer), así como los que tienen dibujos en los márgenes, negritas por doquier, textos en varios colores, diálogos entre cinco personas sin acotaciones, etc.


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