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Entradas con etiqueta ‘Ciencia-Ficción’

¿Cuál es la mejor saga de Ciencia Ficción de la historia?

10 de octubre de 2009 en Ciencia-Ficción, Literatura

Asimov

El que una novela se haga tan popular que los lectores demanden más y más libros ambientados en el universo de personajes y situaciones ideado por el autor no es algo aislado ni atípico. Ahí tenemos a Harry Potter, a Sherlock Holmes, a Conan, a Alatriste o a Sandokán como botones de muestra. Algunas de esas veces, las novelas subsiguientes a la primera ya estaban planeadas por sus escritores; otras, la demanda popular hizo “engordar” la historia inicial, añadiendo nuevas aventuras escritas sobre la marcha.

La ciencia ficción, muy dada a crear universos realmente únicos, no ha sido impermeable a esta tendencia desde que, a mediados del siglo pasado, se definió más o menos definitivamente como género. Han sido muchas las sagas de ciencia ficción, entre ellas la de Darkover (o del Planeta Perdido), de Marion Zimmer Bradley, aunque la autora jugó bastante con elementos narrativos y temáticos más cercanos a la fantasía que a la ciencia-ficción.

Se suelen nombrar a cinco sagas en particular como las más importantes e influyentes de la historia. A saber: la saga de la Fundación, de Isaac Asimov, en los años 50; la saga de Dune, de Frank Herbert, en los 60; la saga de Pórtico (o de los heechee), de Frederik Pohl en los 70; la saga de Ender, de Orson Scott Card, en los 80; y la saga de Hyperion, de Dan Simmons, en los 90. Está aún por ver qué saga será considerada la más importante de la década que ahora da sus últimos coletazos.

Fundación, del científico, historiador y divulgador estadounidense de origen ruso Isaac Asimov, podría considerarse como la más influyente novela y saga de la historia del género. No la mejor, sino la más influyente: cientos de escritores han seguido la estela dejada por Asimov desde las primeras (y mejores) historias de la saga, de los años 50, hasta las dos ultimas (y muy inferiores) de los años 80. La influencia de conceptos como la psicohistoria, o de personajes como Hari Seldon, ya míticos en el imaginario popular y de gran predicamento entre los aficionados al género, se han hecho notar en docenas de novelas ulteriores. Aunque a ojos del lector contemporáneo Fundación adolece de cierta ingenuidad, no hay que negarle a Asimov el que fuera el primer creador de un universo coherente que dio para muchas y entretenidas historias.

Hyperion

En los años 60 Frank Herbert sorprendió a todos con Dune, una novela ambientada en el tórrido planeta Arrakis, y en la que se mezclan elementos más cercanos a la política, la religión y la psicología que a lo que la ciencia ficción estaba habituada hasta entonces. La saga va decayendo conforme avanzan los libros, como casi todas, pero Dune abrió los ojos a muchos lectores ocasionales de libros de este género. En contraste, la saga de Pohl, unos años después, e iniciada con la espléndida Pórtico, podría ser considerada como más cercana a Fundación que a Dune, más centrada en la exploración espacial y la maravilla de lo desconocido que a las conjuras entre facciones rivales, el mesianismo o la psicología inversa recalcitrante de la obra de Herbert.

En los 80, y al tiempo que el género daba la enésima vuelta de tuerca, reinventándose de nuevo, la saga de Ender, de Orson Scott Card, se convirtió en un best-seller que incluso saltó a las estanterías de los no aficionados. Era otro tipo de ciencia ficción, en mi opinión bastante sobrevalorada, tan ingenua o más que los libros de Fundación en una época en la que el cyberpunk y otras tendencias hacían alcanzar la mayoría de edad al género. Obviamente mi animadversión por el mocoso de Ender no ha de ser compartida por todo el mundo; tampoco mi odio visceral a Aenea, protagonista (en parte) de la saga que Simmons, a través de Hyperion y las tres novelas subsiguientes, planteó en años posteriores. Simmons, que con las dos primeras novelas de la saga dejó el listón demasiado alto, plantea un cierre al ciclo con dos novelas (en las que aparece, precisamente, la tal Aenea) que no le hacían justicia.

Así, ¿cuál es, de estas sagas, la mejor? La pregunta sería, más bien, cuál es la favorita de cada uno de los millones de lectores que nos hemos acercado a ellas maravillados de tanta imaginación puesta al servicio del deleite más mundano.

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Autores de renombre y ciencia-ficción

20 de agosto de 2009 en Autores, Ciencia-Ficción, Literatura

CF Pulp

El término Ciencia Ficción es posiblemente uno de los estigmas más dolorosos que se puede imponer a fuego en los lomos (literarios) de algunos autores de renombre. La existencia de una ciencia ficción pulp con mucho éxito popular, de escasa calidad y muchas veces en el límite de las reglas ortográficas, ha condicionado toda aquella novela que pudiera entrar en el enorme cul-de-sac en que el término del género se ha convertido.

Así pues, con la sacrosanta regla genérica en la mano, es ciencia ficción La mano izquierda de la Oscuridad y la novela romántica de viajes en el tiempo El highlander inmortal, siendo posiblemente los dos libros más diferentes que se pudieran comparar. Así, para muchos escritores, y editores asustadizos, el hecho de escribir ciencia ficción era, instantáneamente, pasar a escribir novelas sobre dinosaurios parlantes del espacio exterior que acosan a amazonas de abundantes pechos enamoradas de viajeros nazis del espacio.

De esa forma surgió el extraño concepto de “lo mío no es ciencia ficción, que es mala, lo mío es otra cosa igual que la ciencia ficción, pero en bueno”. Agarrados a ese paradigma como a una biblia frente a una horda de vampiros sedientos de sangre, nos encontramos a algunos excelentes escritores de nuestro tiempo.

Primo Levi, por ejemplo, publicó un libro de cuentos de literatura fantástica, me atrevería a decir que varios de ellos entran dentro de la ciencia-ficción, bajo el seudónimo de Damiano Malabaila. Al parecer, un superviviente de un campo de concentración no podía escribir sobre cosas imaginarias, eso le restaría validez a su testimonio sobre los campos, al parecer. Según él no era ciencia ficción “si por ciencia ficción se entiende futurismo, la fantasía futurista barata. Estas historias son más posibles que muchas otras”. Vamos, que es lo mismo que decir que no es ciencia ficción si la ciencia ficción es un gamusino verde borracho dentro de un saco de arpillera.

Otra gran escritora de nuestro tiempo que se tiró al monte armada de un fusil para defenderse de los aficionados de ciencia ficción que se atrevieron a premiarla con el Arthur C. Clarke y nominarla al Premio Nébula, es Margaret Atwood, que llegó a declararse ofendida por considerar su obra como ciencia ficción, una obra, El cuento de la criada, distópica de connotaciones sociales en la línea de muchas otras obras -buenas obras- de género. Del mismo modo que Levi, opinaba que si la ciencia ficción era “calamares hablando en el espacio” su obra no era ciencia ficción. A la anterior comparación anterior del gamusino verde me remito.

Canopus

En dirección contraria, sin frenos y tocando el claxón para que Levi y Atwood se aparten del camino, tenemos a la Premio Nobel Doriss Lessing, autora de una serie de novelas de ciencia ficción (Canopus en Argos) a la que no le duelen prendas en reconocer que lo suyo era ciencia ficción de verdad y que dentro del género se encuentran algunas de las obras sobre la sociedad moderna más interesantes. Lástima que la incursión de Lessing en el género sea menor en su carrera. (Diablos, el libro de Atwood es mucho mejor que los de Lessing)

¿Qué tenemos más? Una novela de corte post-apocalíptico como La carretera de Cormac McCarthy tampoco entraba en el género. Vaya. Nunca me abandones, de Ishiguro, tampoco. ¿Por? Porque el concepto de lo que es la ciencia ficción se reduce de nuevo a la literatura pulp y al cine para adolescentes. Y entonces claro, si eso es cf, lo suyo no lo es, de ninguna de las maneras.

Después de todo, también es cierto, ¿acaso tiene alguna importancia? Puede que sólo para los que no se indignan cuando les conceden algún premio de nombre ignoto y entienden que la literatura sólo debería dividirse entre buena y mala, y que todo lo demás, como se suele decir, es tontería.

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Cyrano, Cyrano

29 de julio de 2009 en Autores, Biografí­as, Literatura

Cyrano

Ayer mismo, pero en 1655 moría el auténtico y verdadero Cyrano, cuyo nombre completo era Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac.

Con este escritor del siglo XVII ha pasado algo muy curioso, ya que la obra de Edmond Rostand, levemente biográfica, logró tal éxito que sus constantes adaptaciones al cine, y a otros medios: hasta una ópera, han conseguido que el personaje de Cyrano pase de real a imaginario, siguiendo el sentido contrario de otros mitos que primero se inventan y luego se confunden con la realidad.

Pero Cyrano de Bergerac existió y fue, es cierto, gran escritor, poeta, soldado, burlón, arrogante, hábil con la espada, aficionado a los duelos y poseedor de una nariz con personalidad abundante. De su obra como escritor, fue prolífico y ecléctico. De él se dice que es un pionero de la ciencia ficción, por su obra sobre cómo viajó a la luna y lo que allí encontró, aunque también cultivó la sátira feroz, la comedia y hasta la filosofía natural.

Sin embargo, la obra de Rostan lo eclipsó todo, como su nariz. Y para muestra, un botón, un fragmento de Cyrano que me encanta. Un duelo por narices a verso afilado.

Pueden decirse muchas más cosas sobre mi nariz variando el tono. Por ejemplo, agresivo: «Si tuviese una nariz semejante, caballero, me la cortaría al momento»; amigable; « ¿Cómo bebéis; metiendo la nariz en la taza o con la ayuda de un embudo?»; descriptivo; « ¡Es una roca… un pico… un cabo…! ¿Qué digo un cabo?… ¡es toda una península!»; curioso; «¿De qué os sirve esa nariz?, ¿de escritorio o guar­dáis en ella las tijeras?»; gracioso; «¿Tanto amáis a los pájaros que os preocupáis de ponerles esa alcándara para que se posen?»; truculento; «Cuando fumáis y el humo del tabaco sale por esa chimenea… ¿no gritan los vecinos; ¡fuego!, ¡fuego!?»; prevenido; «Tened mucho cuidado, porque ese peso os hará dar de narices contra el suelo», tierno; «Por favor, colocaros una sombrilla para que el sol no la marchite»; pedante; «Sólo un animal, al que Aristóteles llama hipocampelefantocamelos, tuvo debajo de la frente tanta carne y tanto hueso»; galante: «¿Qué hay, amigo? Ese garfio… ¿está de moda? Debe ser muy cómodo para colgar el sombrero»; enfático: «¡Oh, magistral nariz!, ¡ningún viento logrará resfriarte!»; dramático; « ¡Es el mar Rojo cuando sangra!»; admirativo; « ¡Qué maravilla para un perfumista!»; lírico; «Vuestra nariz… ¿es una concha? ¿Sois vos un tritón?»; sencillo; «¿Cuándo se puede visitar ese monumento?»; respetuoso; Permitidme, caballero, que os felicite; ¡eso es lo que se llama tener una personalidad!»; campestre; ¿Que es eso una nariz?… ¿Cree usted que soy tan tonto?… ¡Es un nabo gigante o un melón pequeño!»; militar: «Apuntad con ese cañón a la caballería!»; práctico: «Si os admitiesen en la lotería, sería el premio gordo». Y para terminar, parodiando los lamentos de Píramo: « ¡Infeliz nariz, que destrozas la armonía del rostro de tu dueño!» Todo esto, poco más, es lo que hubierais dicho si tuvieseis ingenio o algunas letras. Pero de aquél no tenéis ni un átomo y de letras únicamente las cinco que forman la palabra «tonto».

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Una visión sobre el futuro de los libros

4 de julio de 2009 en Lecturalia

Futuro

El mundo del libro se acerca poco a poco a un cambio inexorable con la llegada de una red global, un acceso permanente a ella y a una necesidad -justificada o no- cada vez mayor de información.

La mayor parte de los artículos en los que hablamos de este tema se centran sobre el corto medio plazo: cómo las editoriales preparan sus fondos, cómo van a ser las próximas pantallas de e-tinta o qué papel pueden jugar las operadoras de telefonía y las grandes cadenas comerciales en todo este negocio.

Ahora que estamos en verano, y casi nadie nos escucha, me gustaría ir un poco más allá, avanzar unos veinte años en el tiempo, realizar un ejercicio de anticipación sobre el futuro del libro y hablar un poco de cómo es mi visión personal de hacia dónde nos dirigimos (si superamos el año 2012, que según algunos significará el fin de la civilización tal y como lo conocemos).

Dentro de los avances tecnológicos y de soporte doy por hecho que el papel electrónico flexible e interactivo será una realidad, sobre todo teniendo en cuenta que ya hay prototipos hoy en día. Eso nos lleva a gadgets multifunción, de gran pantalla y resolución, finos como una hoja de papel, plegables o enrollables. El acceso a una red global de comunicación a velocidades muy superiores a las actuales nos daría capacidad vídeo y música en streaming desde prácticamente cualquier lugar en el que nos encontremos. Eso, claro, se aplica con mayor facilidad a los ebooks.

Los libros en papel se convertirán -si no lo son ya- en elementos de lujo personal. La edición de bolsillo barata, la que más se vende hoy, es probable que desaparezca a favor de sistemas de suscripción o de alquiler temporal, como ya pretende instaurar Google. Se comprarán en papel aquellos libros que realmente se quiera poseer o regalar. La compra compulsiva o de prueba desaparecerá de los libros físicos.

El desarrollo de las tecnologías de nube y almacenamiento externo nos ofrecerán acceso en cualquier momento y lugar a nuestra propia biblioteca. Incluso el formato de los libros podrá ir cambiando de manera automática a medida que la tecnología o el software avance, evitando la obsolescencia de antiguos textos.

Las actuales distribuidoras de libros tendrían que empezar a buscar nichos alternativos de mercado: el volumen de libros en movimiento o almacenados bajará muchísimo. El viejo dicho de “Si quieres hacer dinero con la literatura, cómprate un camión” pasará a ser “Si quieres hacer dinero con la literatura, monta un servicio de suscripción lo más amplio posible a través de la red”

¿Dónde deja esto a editores, escritores y libreros?

Los editores, si siguen el modelo que deberían seguir y no se aferran al formato en papel hasta la muerte, comprenderán que su fondo editorial pasa a ser un todo, un conjunto por el que la gente estará dispuesta a pagar para tener acceso a él. Si la demanda se genera sin que exista una oferta correcta, la piratería se convertirá en un fenómeno imparable.

Los escritores se enfrentan a dos cosas: La primera, el cambio que supondrá escribir libros en una sociedad plenamente digital. Muchos libros se convertirán en piezas de hipertexto en los que el autor deberá ser capaz de atrapar al lector entre un mar de datos, ventanas emergentes y mensajes de mail. Por otro lado, la interacción entre el escritor y sus lectores aumentará a niveles nunca vistos. La sociedad digital no perdona ni la reclusión ni los malos modos.

Los libreros. Ahí es donde me surgen más incógnitas. De hecho, la especialización de la pequeña librería me parece la mejor manera de su supervivencia, sobre todo si repunta el Print-On-Demand. A mi juicio, y puede parecer raro decirlo ahora, a quien veo peor dentro de veinte años es a las grandes cadenas de librerías y a los apartados de libros en los grandes centros comerciales. El libro de paso, el libro de batalla, que es el que suele comprar ahí, pasará al dominio de las tiendas electrónicas o al e-book. El librero como guía a la hora de comprar y descubrir autores nuevos siempre ha sido un referente que puede ser borrado por la capacidad de los algoritmos de recomendación en las tiendas virtuales. El trato humano, sin embargo, no puede ser sustituido.

Esta es una visión incompleta, por supuesto, no incluye muchos factores, sobre todo los de presión económica por parte de muchos sectores, pero no creo que se aleje tanto de la realidad del año 2029, año en que por tradición la humanidad debería estar ya colonizando la galaxia.

Estoy desnudo, de Yasutaka Tsutsui

Estoy desnudo

No había leído nada de Tsutsui aunque me habían recomendado mucho la única recopilación de cuentos que había en castellano, editada bajo el sugerente título de Hombres salmonela en el planeta porno, así que me decidí a hacerme con Estoy desnudo y otros cuentos [Atalanta] para ver si el japonés era tan bueno como me decían.

Después de varias sobredosis de Murakami y algo de Kobo Abe, la verdad es que la imagen de la literatura japonesa no era demasiado animada. Interesante, sí, sin duda, como por ejemplo la brutal Out, de Mariko Hasioka, pero divertida, no, desde luego. Hasta que abrí el libro y leí la primera página del cuento que da nombre a la antología: Estoy desnudo.

Se nombra a Tsutsui como escritor de ciencia ficción, quizá en un intento de calificarle de alguna forma. De los cuentos que componen Estoy desnudo podemos encontrar de todo, de la fantasía al realismo, del absurdo puro y duro a la ciencia ficción. Si hay alguien inclasificable dentro de un género, ese es sin duda el escritor japonés.

Hay cuentos que me han recordado bastante a Stanilaw Lem, los que sí podríamos decir que son ciencia ficción, en los que se trata el contacto extraterrestre y los problemas de comunicación entre las especies. Claro que tratadas de una manera completamente aberrante y hasta maníaca, mostrando siempre una mala leche innata que me hacía reír cada cuatro frases.

Mi favorito -además de Estoy desnudo, la odisea interior de un japonés en calzoncillos en su intento de cruzar Tokyo-, es el cuento con el se cierra el volumen, una historia que vuela de Kafka a Cortázar y en la que se muestra de forma hilarante hasta donde puede llegar la locura y la maldad humana*.

Estoy desnudo es una de las mejores colecciones de cuentos que han pasado por mis manos en los últimos años. Si no te asusta horrorizarte con las barbaridades que se esconden dentro del alma humana y no te importa saltar de la historia de un demonio a otra con 18 pasajeros con una cicatriz en la frente dentro de un extraño autobús, esta es una antología que no deberías dejar pasar.

*Spoiler: En el cuento un oficinista llega a casa para encontrarse a la policía: un preso fugado retiene a su mujer y a hijo a punta de pistola. Tras intentar negociar su liberación descubren que todo lo hace por su mujer, que piensa dejarlo. El oficinista entonces retiene a la familia del secuestrador mientras se van amenazando por teléfono y torturando a la familias del otro para lograr liberar a la suya. Magistral.

Autores relacionados:
Mariko Hashioka
Yasutaka Tsutsui
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Hombres salmonela en el planeta porno
Out

Literatura Prospectiva

17 de febrero de 2009 en Ciencia-Ficción, Fantástica, Noticias, Terror

Literatura Prospectiva

En un intento por romper las barreras que suelen atenazar al género de la literatura fantástica, un grupo de aficionados y profesionales han decidido poner marcha una nueva iniciativa para acercar un poco los mundos de la imaginación al difícil camino de la literatura generalista.

Literatura Prospectiva cuenta con el apoyo de la asociación Xatafi, que ya con su revista Hélice estaba realizando una labor encomiable dentro del mundo de la crítica literaria, además de portales web como Stardust o Literatura Fantástica.

En la web de Literatura prospectiva se podrán encontrar columnas de opinión, críticas y reseñas, así como referencias desde otras webs que resulten afines o cuyos contenidos puntuales puedan interesar a sus usuarios.

Nunca me abandones

24 de enero de 2009 en Ciencia-Ficción, Narrativa

Nunca me abandones

Reconozco que me acerqué por primera vez a este libro por una tonta polémica sobre si la novela de Kazuo Ishiguro era ciencia-ficción o no lo era. Como siempre, resultó ser una discusión un tanto llevada por los pelos, ya que, a fin de cuentas, ¿qué importa una etiqueta? ¿reconocimiento del género o devaluación de la novela? En cierto modo, el reconocimiento viene implícito al usar el género y el valor de un libro sólo puede ser juzgado por sus lectores. Así que en este caso concreto, ¿qué más da? Lo importante, como siempre, son las sensaciones que proporciona durante y después de la lectura.

Ishiguro nos regala una pequeña obra maestra con Nunca me abandones, Anagrama [2005]. Relata con un ritmo pausado y lleno de pequeños detalles una odisea vital, un viaje desde la infancia hasta la muerte a través de personajes que son humanos y, a la vez, podrían no serlo.

¿Qué define a un ser humano completo? ¿El apartado físico? ¿O el espiritual? Ahí es donde el autor nos va lanzando señales. Aprovecha la condición borrosa, de zona gris, en la que viven los protagonistas, siempre sin saber si realmente son personas como los demás o simples copias, meros recipientes criados en granjas sin más destino que el sacrificio.

Ishiguro usa el descubrimiento personal para trazar historias con pulso firme. Para hablar acerca de sentimientos, relaciones, descubrimientos, perdón y hasta redención desde una mirada nueva, fresca, con un conflicto presente durante todo el libro sin que sea en realidad la historia principal.

Nunca me abandones es un gran libro, pero triste. Destila melancolía a medida que avanza quizá por la fuerza con la que aceptan su destino, y me pregunto si en realidad todos somos copias de alguien, sin alma, destinados al matadero, sin más esperanza que la de encontrar a alguien que dé sentido a nuestra vida de algún modo.

Y que nunca nos abandone.

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Kazuo Ishiguro
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