Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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Entradas con etiqueta ‘censura’

Quemar libros y bibliotecas, una afición atemporal

2 de mayo de 2010 en Actividades, Literatura

Quema Libros

Sí, la bibliocastia (quema de libros) y la destrucción de bibliotecas (muy habitualmente mediante incendios provocados) ha existido desde prácticamente la invención de la escritura. Existen diferentes razones para querer borrar de la faz de la tierra documentos o los edificios que los contienen, siendo las más importantes las ideológicas, ya sean de índole política o religiosa. También, en ocasiones, se han destruido bibliotecas durante motines sociales, no del todo por error pero sí sin intencionalidad específica en el acto en sí.

Los egipcios fueron de los primeros en practicar con suma perfección el arte de la “destrucción de pruebas”. Salvando las distancias, fueron unos expertos en reescribir la historia: era tan sencillo como coger un punzón y borrar todas las referencias a tal o cual rey en muros de templos y palacios. Así, de algunos faraones no quedó, para la posteridad, ni el nombre (afortunadamente gracias a la arqueología hemos podido recrear reinados enteros, salvando del olvido a tantos y tantos desafortunados monarcas). Un ejemplo claro fue el de Amenhotep IV, más conocido como Akenatón, que tras impulsar el culto al dios Atón, prohibió el de Amón. Muchos historiadores cristianos llegaron a afirmar que Akenatón estaba, realmente, convirtiendo la religión egipcia en una religión monoteísta, y la cultura popular del siglo XX (a través de novelas y películas) ha afianzado esta percepción en el público. Nada más lejos de la realidad: la reforma de Akenatón respondía más a cuestiones políticas (acabar con el poder que detentaban los sacerdotes de Amón, entre otras muchas reformas) que religiosas. Muerto Akenatón, murió también su memoria.

Los romanos perfeccionaron esta técnica hasta límites insospechados, e incluso le dieron un nombre, el de damnatio memoriae (“destrucción de la memoria”), algo que el Senado podía determinar. Muchos fueron, incluso, los emperadores afectados (entre ellos los conocidos Calígula, Nerón, Domiciano o Cómodo), lo cual convertía en imperativo (aparte de la prohibición de pronunciar su nombre en público) la destrucción de todo documento u objeto que le hiciesen referencia, ya fueran documentos escritos (incluyendo inscripciones, poesía, textos históricos o simples actas contables), artísticos (pinturas o esculturas) o incluso monedas. Afortunadamente, y hablando de los libros, la existencia de varias copias ha permitido que conozcamos en mayor o menor grado la vida y obra de estos emperadores.

En la Edad Media, imperando el Cristianismo en Europa occidental, se satanizaron todos aquellos escritos que no estuvieran sujetos a lo que el Papado y la Iglesia consideraban adecuado. Era habitual entonces la quema de libros y documentos de gran valor por el simple hecho de haber sido escritos por paganos. Aunque hubo mecenas (como, sin ir más lejos, Alfonso X el Sabio) que impulsaron la traducción de obras árabes y judías de índole científica, lo habitual era que estos libros fueran destruidos. Ya no es que todo lo que sonara a Ciencia resultara inadecuado para la Iglesia: se destruyeron miles de documentos sin pararse a pensar siquiera en su contenido simplemente porque estaban escritos en un idioma ininteligible o porque tenían ilustraciones que podían recordar a prácticas prohibidas. Por ejemplo, un compendio de hierbas en árabe podía fácilmente ser identificado, a los ojos del clérigo de turno, como un libro con recetas de pociones mágicas; un tratado de geometría, en cambio, podía representar fórmulas arcanas y satánicas.

Quema Libros

Ya en el siglo XX, hay que recordar la quema de libros escritos por judíos e izquierdistas durante el III Reich alemán, algo que el régimen militar chileno repitió treinta años después. Durante la Guerra de los Balcanes las tropas serbias destruyeron la Biblioteca Nacional de Sarajevo, un edificio sin valor estratégico ni militar pero que era un símbolo de integración en Bosnia, acabando con cientos de miles de volúmenes atesorados allí durante siglos. Al respecto del primero de estos hechos, es célebre la frase de Sigmund Freud al conocer que sus libros estaban siendo destruidos en Austria y Alemania:

¡Cuánto ha avanzado el mundo! ¡En la Edad Media me habrían quemado a mí!

Freud, que murió en el exilio en 1939, no podía saber cuando exclamó esto que, desgraciadamente, los nazis no se conformaron con erradicar la cultura germano-judía de las bibliotecas del país.

Autores relacionados:
Sigmund Freud

La censura y sus miserias

22 de abril de 2010 en Actividades, Autores, Literatura, Poesía

Censura

Nos ofrece elpais.com un interesante reportaje sobre la censura en nuestro país durante la época del franquismo, cuando lectores adoctrinados eran los privilegiados en leer las últimas obras escritas en España y podían decidir, bolígrafo rojo en mano, si esta era publicada o no. Ocultos tras el anonimato que les otorgaba ser un número en una lista se permitían el considerar que Gil de Biedma era un poeta cursi y snob; aunque de poco le servía que otro número censor le considerara un buen poeta, en ambos casos el bolígrafo rojo marcaba el destino del libro.

El Archivo General de la Administración custodia los expedientes sobre la censura literaria y en ellos podemos encontrar los casos concretos de la tijera censora que, aunque puedan llevar a la anécdota y al chiste, como ocurre tantas veces cuando se habla de la censura en el cine, no hemos de perder de vista de lo que se trataba: intentar controlar el pensamiento y el que algunas medidas fueran ridículas o ridiculizables no minimiza ni la intención ni los hechos ni la culpabilidad de los que las pusieron en marcha.

Dicho esto, vamos a reírnos un poco.

Tal y como nos cuenta elpais, no sólo Gil de Biedma era un poeta cursi y snob o un buen poeta “cuya poesía es francamente buena” según el censor con el que se topara sino que Marsé parecía ser una de esos “pseudointelectuales que cuando salen al extranjero leen y ven marranadas y puerquean con mujeres fáciles“. Aunque, sin duda, el premio a la clarividencia y al conocimiento literario deberían dárselo al número censor que no entendía como los hermanos Goytisolo pueden gozar de tanto reconocimiento en el extranjero y considera que en este caso no debería censurarse la obra ya que así los desenmascararían:

No hacerles el juego. No darles pies a heroísmos y martirios. Olvidarlos, que se pudrirán solos. No tiene consistencia literaria. Condenémosles a la libertad, libertad vigilada

El censor debía ver si la obra atacaba de alguna forma al dogma, la moral, la Iglesia o sus ministros, al Régimen y sus instituciones, a las personas que colaboraban con el Régimen,… porque ese es uno de los peores rasgos de todos los totalitarismos: considerar que la cultura, la libertad de expresión y pensamiento son un peligro.

Autores relacionados:
Jaime Gil de Biedma y Alba
Juan Marsé
Juan Goytisolo
Luis Goytisolo

Libros que no dejarías leer a tus hijos… ni a tus presos

13 de febrero de 2010 en Literatura, Noticias

Diccionario Webster

Aunque ya hablamos en su momento de algunos de los libros más censurados en la historia de la literatura, es curioso comprobar cómo este tema del recorte y la prohibición siempre da más de sí. ¿Es justificable este acto de restringir la lectura de ciertas publicaciones a la población en general, o incluso a determinados segmentos de ésta? Nuestros fundamentos sociales consideran perfectamente lógico evitar que ciertas lecturas caigan en manos de niños, por ejemplo, para que conserven cierto grado de inocencia, del mismo modo que controlamos para ellos otros medios de comunicación como Internet, con el conocido programa de control parental, o la televisión (en muchos países algunos contenidos sólo pueden emitirse a partir de cierto horario, en el que se supone que los niños están durmiendo). Sin embargo siempre hay quien desea rizar el rizo. Algunas escuelas del sur de California han decidido prohibir el diccionario. Sí, han leído bien, la décima edición del Diccionario Webster, el más conocido de los Estados Unidos, no podrá hacer acto de presencia en estos colegios californianos, debido a una desafortunada entrada, la de la expresión sexo oral, que dichos colegios encuentran sexualmente gráfica y no apta para determinadas edades. Al escuchar esto, uno podría pensar que la definición sería cuasi pornográfica. La definición exacta presente en este diccionario es estimulación oral de los genitales. A pesar de nuestros mejores esfuerzos, teniendo en cuenta lo que el infante medio californiano puede ver en la televisión, encontrar en Internet (a pesar de ese control parental) o simplemente comentar con los amigotes, esta medida parece, como mínimo, exagerada. Teniendo en cuenta la inmensa cantidad de libros que han sido prohibidos en las bibliotecas de colegios (o incluso de librerías) en varios estados de EEUU por razones tan dispares como el ser sexualmente descriptivos, ser anticristianos o tratar la homosexualidad, no debería extrañarnos, pero uno pensaría que algunos libros estarían a salvo de la discriminación moral, y prohibir el uso del diccionario sale del área de la lógica y entra en el terreno de lo ridículo.

Más ridículas todavía son las prohibiciones vigentes en el estado de Texas para los que están sirviendo sentencia en sus cárceles. No se permiten publicaciones que contengan imágenes de niños desnudos (suponemos que esto se debe al alto índice de criminales encerrados por delitos de pedofilia), pero sí de niños desnudos con alas, ya que se consideran querubines. Por tanto, si quieres ver una imagen del niño Jesús, o le pones pañales o alas. Es comprensible que algunas publicaciones no puedan ver el interior de una cárcel, como manuales de física o química que contengan información sobre la creación de productos tóxicos o explosivos, o la famosa publicación estadounidense Guns and Ammo (Pistolas y munición); pero otras carecen por completo de sentido: se prohibió la obra The Elements of Persuasion: Use Storytelling to Pitch Better, Sell Faster and Win More Business (Los elementos de la persuasión: Cómo usar la narrativa para vender mejor tus ideas, vender más rápido y obtener más negocio), porque se temía que los internos pudieran usarlo para convencer a otros. También se prohibió la obra Precious (recientemente llevada, con gran éxito, al cine) y obras de otros autores como Harold Robbins, Pat Conroy o John Grisham.

Ya nos imaginamos que también habrá una lista de películas y series no recomendadas para los encarcelados, y dudo que Prison Break esté entre las permitidas.

Autores relacionados:
Harold Robbins
John Grisham
Pat Conroy

Los libros más censurados de la historia (y III)

13 de diciembre de 2009 en Autores, Literatura

Lolita

Terminamos con una tercera y última parte de la serie de artículos sobre libros prohibidos, censurados, recortados y vilipendiados en general por políticos, fanáticos religiosos y familias conservadoras de Massachussets:

-Las uvas de la ira, de John Steinbeck. La obra tuvo una recepción crítica salvaje, fruto del enfrentamiento entre los que consideraban el libro como una representación justa y necesaria de la terrible situación de la comunidad agrícola de California y aquellos que la consideraban una exageración de tintes comunistas y un compendio de violencia e inmoralidad. Hoy en día el consenso es que la obra fue prohibida y quemada en público por una razón mucho más sencilla: Le daba mala prensa a California.

-Lolita, de Vladimir Nabokov. Estaba claro que ésta tenía que aparecer tarde o temprano. Su retrato de la obsesión de un hombre hecho y derecho por una adolescente condujo a una prohibición en Francia, Reino Unido, Argentina, Nueva Zelanda y Sudáfrica. El personaje principal, Humbert Humbert, es experto en literatura francesa, citando, entre otros, a Gustave Flaubert, cuya obra magna, Madame Bovary, también fue censurada repetidamente en su nativa Francia, por sus connotaciones sexuales y morales al tratar el tema del adulterio.

-La metamorfosis, de Franz Kafka. De las pocas cosas en las que estaban de acuerdo nazis y comunistas: La metamorfosis exigía censura. No queda muy claro por qué no pasó el filtro de los censores de Hitler ni de Stalin, es posible que su terrible nihilismo se considerara demasiado cruel para lectores que ya convivían en un estado de desconcierto y alienación.

-Mein Kampf, de Adolf Hitler. No podemos dejar de mencionar un libro que, incluso a día de hoy, sigue manteniendo intacto su carácter polémico. Si bien en Alemania se prohíbe su venta, no es ilegal poseer una copia ni tomarla prestada de una biblioteca, aunque las versiones para bibliotecas se hallan editadas y comentadas. Recientemente Amazon y Barnes and Noble consiguieron permiso para vender ejemplares de Mein Kampf en su web alemana, pero decidieron paralizar estas ventas por presión de la opinión pública. Respecto a otros países, el contenido político y racista del libro ha impulsado diferentes medidas. Así, en Canadá, la mayor franquicia de librerías, Chapters/Indigo, se niega a vender la obra. En Francia se trata de una obra accesible al público, siempre que la edición en concreto lleve una serie de notas de acompañamiento. Estados Unidos no parece tener ningún problema con su venta y lectura (aquí ya se sabe que sólo molestan los pingüinos homosexuales y las palabrotas de Margaret Mitchell, como ya apuntamos en artículos anteriores), sin embargo tanto Austria como China prohíben su posesión y venta, si bien en China puede consultarse en determinadas bibliotecas, sólo para fines documentales.

Uvas de la ira

En México también es ilegal comprar o poseer una copia, si bien es posible encontrarlas en algunas librerías pequeñas y algunos comercios “piratas”. En Holanda se considera ilegal vender la obra, pero es perfectamente legal poseerla y prestarla. Suiza es un caso especial, ya que su inexistencia en dicho país se debe más a una cuestión de derechos de autor y de traducción que de censura. En la antigua URSS la obra se hallaba vetada, pero en la actualidad está disponible y se reedita con frecuencia, si bien en 2009 se abogó, sin éxito, por su prohibición.

Por supuesto hasta aquí hemos mencionado sólo algunos de los libros que han ido arrastrando polémica y censura a lo largo de su tiempo de vida, tal vez los más llamativos. Seguro que vosotros, los lectores, conocéis muchos más. Google lleva un par de años celebrando la “Semana de los libros prohibidos”, en la que se fomenta la lectura de las obras que más controversia han provocado en los últimos años. Algunos colegios, conscientes del atractivo de lo prohibido, han conseguido que sus alumnos lean algunos clásicos de la literatura universal simplemente colocándolos en una estantería de su biblioteca donde colgaron carteles con indicaciones como “no autorizado para menores de 14 años” o “prohibida su lectura por contenido inmoral”.

Autores relacionados:
Adolf Hitler
Franz Kafka
Gustave Flaubert
John Steinbeck
Vladimir Nabokov
Libros relacionados:
La metamorfosis
Las uvas de la ira
Lolita
Madame Bovary
Mi lucha

Los libros más prohibidos de la historia (II)

8 de diciembre de 2009 en Autores, Literatura, Narrativa, Noticias

Cuentos de Canterbury

Siguiendo con el post inicial sobre libros que han sido censurados o directamente prohibidos a través de los tiempos, continuamos con la lista de obras “peligrosas”, “revolucionarias” e “incendiarias”:

-La Sagrada Biblia. La Biblia es posiblemente la obra más recortada, modificada, censurada y problemática de toda la historia. Prohibida en muchos países y existente en varias versiones, incluso en la Edad Media se procuraba que no fuera leída en su totalidad por seglares y que no fuera traducida a idiomas vernáculas. Por otro lado, contiene todas las temáticas que han sido raíz de prohibiciones y censuras en otras obras: violaciones, incesto, asesinato, racismo, infanticidio, etc. Directamente relacionada con nuestra siguiente propuesta.

-El Cantar de los Cantares (atribuido al Rey Salomón): Durante siglos la Iglesia ha mantenido que se trata de una obra alegórica, donde los versos explícitamente sexuales no son más que metáforas del amor entre el creyente y la divinidad. También ha aconsejado desde siempre a los sacerdotes jóvenes a evitar la lectura de esta obra para evitar “suscitar pasiones”. Si la obra es alegórica, ¿por qué es peligrosa? ¿Tal vez porque habla de pechos, labios y demás? ¿Tal vez porque se cree que el Rey Salomón tuvo varios cientos de esposas y concubinas?

-Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer: Una de las obras más importantes de la lengua inglesa, ha sido prohibida en varios centros de enseñanza estadounidenses y hasta 1895 no se podía enviar por correo en todo el territorio de los Estados Unidos. Y es que el uso de palabras como “cunt”, “arse” y “shit”, eso sí, en inglés arcaico, no era considerado muy correcto. Al uso de una muy conocida obra nuestra, El libro del buen amor, del Arcipreste de Hita, contiene a su vez varias escenas picantes que hacen santiguarse a los sectores más conservadores.

-La naranja mecánica, de Anthony Burgess, es otro de los libros que más problemas ha tenido con nuestros queridos libreros estadounidenses. Supuestamente todas las quejas y objeciones han sido a raíz de su “lenguaje inapropiado” (está claro que no entienden el Nadsat); lo que indica que no tienen ningún problema con la extrema violencia que en ella se muestra. Un poco como los que muestran conflicto con videojuegos como Los Sims (por su contenido “erótico”) y ninguno con el GTA: San Andreas.

Brújula dorada

-La trilogía de His Dark Materials (La materia oscura), de Philip Pullman. Uno de los casos más curiosos de censura, lo que el periódico The Atlantic llamó “Cómo Hollywood salvó a Dios”. La conocida película La brújula dorada consiguió convertir una obra pro-ateísmo y antirreligiosa en una bonita fábula moral al estilo cristiano de Lewis en Narnia (el propio Pullman definió su obra como “moralmente opuesta a Narnia”, definiendo la visión de C.S. Lewis como “obscena”). Volvemos al puritanismo estadounidense: las obras más controvertidas son las que incluyen sexo, palabrotas y ateísmo. En La materia oscura Pullman mata, literalmente, a Dios; así que es obvio que iba a tener problemas.

Autores relacionados:
Anthony Burgess
Clive Staples Lewis
Geoffrey Chaucer
Philip Pullman
Libros relacionados:
Cuentos de Canterbury
El cantar de los cantares
La naranja mecánica
Luces del norte. La materia oscura I (La brújula dorada)

Los libros más censurados de la historia

6 de diciembre de 2009 en Literatura, Narrativa

Lo que el viento se llevó

Todos sabemos que desde el principio de los tiempos los libros han sido una fuente de preocupación para el poder, en cualquiera de sus formas. El peligro del pensamiento propio, el riesgo de las nuevas ideas, la posibilidad de la revolución y la mecha de la disconformidad eran algunos factores que impulsaron a lo largo de los siglos a la quema, recorte y prohibición de múltiples obras. Desde la propia Mesopotamia, en la que determinadas tablillas eran destruidas por ser consideradas impías, impropias o incendiarias, hasta nuestro propio siglo XXI, en el que la historia de dos pingüinos macho que adoptan una crí­a es rechazada por libreros estadounidenses y Harry Potter es acusado de satanismo, los libros han sido maltratados por considerarse peligrosos de una forma u otra. Por supuesto contamos con la famosa lista Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum de la Santa Madre Iglesia (si bien no se ha renovado desde 1966), pero a dí­a de hoy se mueve en numerosos círculos el famoso índice de libros del Opus Dei, puntuados por peligrosidad del 1 al 6, desde válido hasta para niños a mejor consulte a su director espiritual antes de leer esta bazofia. A continuación voy a enumerar algunos de los libros que más han dado que hablar y que más han movilizado a dirigentes polí­ticos y religiosos, comunidades de madres preocupadas y otros conservadores en general:

-1984, de George Orwell. Todo un clásico en el farragoso terreno de la paradoja: Un libro que trata de la censura que es censurado. Hoy en día todavía provoca dolores de cabeza a los sectores más retrógrados, debido a su talante pro-comunista y su contenido sexualmente explí­cito. Este curioso terreno también incumbe a Farenheit 451, de Ray Bradbury, obra prohibida en algunos colegios estadounidenses: una obra que trata de la quema de libros, de la prohibición del libro, es prohibida. Curiosamente, una de las razones por las que se ha prohibido esta obra entre católicos conservadores es que, al parecer, aboga por la quema de libros, entre ellos la Biblia. Obviamente algunas personas no se leen los libros antes de vetarlos.

-Los versos satánicos, de Salman Rushdie. Suficiente como para que se emitiera una fatwa contra el escritor de origen indio. El libro fue prohibido en su país natal y en su país de residencia, Inglaterra, además de ser quemado en diversas manifestaciones públicas de grupos islámicos extremistas.

-Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell. Aunque nos parezca increí­ble, en su momento la novela atrajo numerosas quejas debido a su uso de las palabras damn (maldita sea) y whore (puta). Tampoco gustaba que la protagonista se casara más de una vez. Nada que nuestros niños no vean en los anuncios de la tele ahora, pero en 1936 hizo arquearse más de una ceja. Recientemente la novela ha suscitado reproches una vez más, pero por corrección polí­tica, por su inherente racismo y el uso de la palabra nigger, con connotaciones claramente despectivas. Razones parecidas impulsaron a algunos colegios a eliminar de su lista de lectura obras como La cabaña del Tí­o Tom, Matar a un ruiseñor o Las aventuras de Huckleberry Finn.

-Alicia en el Paí­s de las Maravillas, de Lewis Carroll. ¿Por qué? Muchos pensaréis, es por aquello de que se sospecha que el Sr. Carroll fuera un malvado pederasta. Pues no. Resulta que en la provincia china de Hunan la obra fue prohibida en 1931 porque contení­a animales que hablaban. Las autoridades argumentaron que esto poní­a al mismo nivel a animales y seres humanos, y que por tanto era inaceptable.

-Belleza negra, de Anna Sewell. Otro caso curioso de censores mal informados. Un clásico de la literatura juvenil anglosajona, la obra fue prohibida en Sudáfrica durante la época del apartheid, ya que un censor relacionó las palabras belleza negra con algún tipo de tratado sobre los derechos de la población negra, sin saber que lo que reivindicaba el libro eran los derechos de los animales.

Autores relacionados:
Anna Sewell
George Orwell
Lewis Carroll
Margaret Mitchell
Ray Bradbury
Libros relacionados:
1984
Alicia en el país de las maravillas
Belleza negra
Fahrenheit 451
Lo que el viento se llevó

Los libros prohibidos por el Opus Dei

27 de noviembre de 2009 en Literatura, Narrativa, Noticias

451

El título de este post puede resultar engañoso: no estamos hablando de libros prohibidos per se, sino más bien de libros que han de ser leídos sólo bajo supervisión y/o con permiso de la autoridad superior (a excepción de los que pertenecen al nivel máximo de precaución). El Opus Dei califica los libros según seis categorías:

1 - Libros que pueden leer todos, incluso niños.
2 - Lectura en general recomendable aunque requiere un poco de formación.
3 - Los pueden leer quienes tengan formación (puede haber escenas o comentarios “inconvenientes”). Se necesita permiso del director espiritual.
4 - Los pueden leer quienes tengan formación y necesidad de leerlos. Se necesita permiso del director espiritual.
5 - No se pueden leer, salvo con un permiso especial de la delegación.
6 - Lectura prohibida. Para leerlos se necesita permiso del Padre (Prelado).

En las bibliotecas dependientes de la Obra los libros pertenecen, casi en su totalidad, a los grupos 1 y 2. Ejemplos de estos grupos serían la obra completa de J. R. R. Tolkien, los hermanos Grimm o Agatha Christie, así como la mayor parte de los libros de Arthur Conan Doyle (exceptuando Los refugiados y La gran sombra). Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, pertenece por cierto al grupo 2, toda una paradoja para un libro que habla sobre lo que habla. No deben de haberlo leído.

En el grupo 3, libros que para ser consultados y leídos necesitarían del “permiso del director espiritual”, estarían, entre otros, muchas de las mejores novelas de Delibes, El Aleph (una de las obras más universales del autor argentino Jorge Luis Borges) o, sorprendentemente, la popular novela anónima El peregrino ruso, un clásico de la espiritualidad de nuestro tiempo.

Con el nivel 4 ya entramos en palabras mayores: ya no estamos hablando tan sólo de tener que pedir permiso al director espiritual o de tener formación: además hay que tener necesidad de leerlos. Me pregunto cómo se puede demostrar semejante cosa. Pero no está de más saber que, para leer libros como Frankestein desencadenado (de Brian Aldiss), la antología poética de Vicente Aleixandre, Cañas y barro (de Blasco ibañez), El canon occidental (de Harold Bloom), El laberinto español (de Gerald Brenan), RUR (de Karel Capek), 2001 (de Arthur C. Clarke) o El club Dumas y La piel del tambor (ambas de Arturo Pérez Reverte), los miembros de la Obra habrán de cumplir esos requisitos. Incomprensible (si es que algo de todo esto tiene el más mínimo sentido) lo de la obra de Harold Bloom: yo habría creado para ella un nivel 7 como mínimo.

En el quinto nivel nos encontramos con obras muy diversas, como por ejemplo La casa de los espíritus (de Isabel Allende), El árbol de la ciencia (de Pío Baroja)… y Fundación (de Isaac Asimov). El que haya pensado que esta novela del autor estadounidense de origen ruso era totalmente inocente se equivoca, por lo visto. ¿Está la psicohistoria en conflicto directo con Dios o con los prelados correspondientes?

Almuerzo desnudo

Y ya llegados al sexto y último nivel, el de los libros “prohibidos” (estoy utilizando su terminología, desde luego), podemos mencionar, entre muchísimos otros, el Manual de Economía Política (publicado por la Academia de Ciencias de la URSS), obras de Rafael Alberti como pueden ser Coplas de Juan Panadero o Lo que canté y dije de Picasso, la humorada Cómo acabar de una vez por todas con la cultura (de Woody Allen), los Textos escogidos de Salvador Allende, obras de Isabel Allende como Cuentos de Eva Luna o De amor y de sombra, el Curso de puericultura de Cuper, La negritud (de Luis María Ansón), El cuento de la criada (de Margaret Atwood), Las flores del mal (de Baudelaire), el Manifiesto del surrealismo (de André Breton), el Decamerón, La naranja mecánica (de Anthony Burgess), el Tratado de la regalía de amortización (de Pedro Campomanes), La colmena (de Cela), La ilustración gráfica del siglo XIX (de Valeriano Bozal), Rey Jesús (de Robert Graves), buena parte de la obra de Cortázar, y las obras casi completas de Fernando Arrabal, Clive Barker, Mario Benedetti, William S. Burroughs, José Caballero Bonald, Santiago Carrillo, Ricardo de la Cierva, Paulo Coelho, Auguste Comte, Bertolt Brecht y Bukowski, entre muchos otros.

Me siento muy orgulloso de haber leído algo de casi todos ellos. Incluso de De la Cierva.

Autores relacionados:
Agatha Christie
André Breton
Anthony Burgess
Arthur C. Clarke
Arthur Conan Doyle
Libros relacionados:
2001: una odisea espacial
Cañas y barro
El Aleph
El canon occidental. La escuela y los libros de todas las épocas
El club Dumas

Enid Blyton, historia de un veto

17 de noviembre de 2009 en Autores, Infantil, Juvenil, Literatura

Los cinco

Me atrevería a decir que muchos de los que estáis leyendo esta entrada habéis crecido, como yo misma, leyendo libros de Enid Blyton, sobre todo las aventuras de Los cinco. Blyton es una de las escritoras más populares del mundo, contando por millones sus ventas y siendo una constante en los estantes de los niños y niñas durante varias generaciones. Esta escritora inglesa, que también firmó con su nombre de casada, Mary Pollock, tenía preferencia por dos tipos de historias, las protagonizadas por pandillas de niños, como Los cinco o Los siete secretos, o las que ocurrían en internados ingleses femeninos, como Santa Clara; recuerdo que estos me gustaban bastante menos, supongo que por lo extraño que me parecía el escenario.

Pues bien, para la BBC, elitista como pocas, las cifras de ventas o la influencia en varias generaciones no era suficiente para considerar a Enid Blyton poco más que competente a la hora de escribir no queriéndose convertir “en una víctima más de la increíble campaña de publicidad que ha elevado a esta competente y tenaz segundona a astronómicos niveles de éxito“. Este veto fue explícitamente explicado a la autora por el responsable de La hora de los niños, Derek McCulloch, en 1950 dando así la razón a la autora que aseguraba en una carta un año antes que “yo y mis obras estamos completamente vetados de la BBC en lo que respecta a los niños, ninguna historia ha sido emitida y, por lo que se dice, ninguna lo será jamás

Esta posición llevó a que la escritora inglesa estuviese vetada por la televisión pública británica, no sólo a la hora de promocionar sus obras o de llevar adelante programas sobre sus personajes, sino también a la hora de presentarla como personaje público y mujer de éxito; así, su aparición en el programa radiofónico La hora de la mujer se retrasó hasta 1963 cuando su primer contacto con la BBC fue en 1936 y gran parte de su obra fue escrita, y vendida, en las décadas de los cuarenta y cincuenta; en 1954 se negó su participación en el programa por considerar que rebajaría los estándares.

Enid Blyton llega a la BBC, pero no gracias a sus obras si no que es su vida la que va a ser llevada a la pequeña pantalla con la actriz Helena Bonham Carter encarnándola. No sé si con las declaraciones de la actriz hablando de su personaje como una mujer inmadura o las de su hija Imogen como “arrogante, insegura y sin un ápice de instinto maternalEnid Blyton hubiese preferido seguir siendo vetada en la BBC. Al menos, nos quedan sus libros que, probablemente no lleguen a los mínimos de la calidad que establecía la BBC de la época, pero que me siguen pareciendo un entretenimiento válido para los niños y una buena forma de entrar en contacto con la literatura.

Autores relacionados:
Enid Blyton

Los pingüinos gay y la Materia Oscura

6 de octubre de 2009 en Infantil, Juvenil, Literatura, Mundo Editorial, Noticias

Tres con Tango

La Asociación de Bibliotecas Americana acaba de publicar un ránking en el que se listan los libros disponibles en Estados Unidos que más han sido atacados para provocar su retirada de las estanterías de colegios y bibliotecas públicas. Por lo visto, el total de intentos ha subido a 518 de los cuales 74 fueron prohibidos o restringidos con éxito.

El autor conocido que más palos se ha lleado este año es Philip Pullman, autor de la saga de la Materia Oscura -aquí es conocida su adaptación al cine con el título de La brújula dorada- que viene siendo objeto de una campaña constante promovida por grupos ultracatólicos. A Pullman, que ya está curtido en estas lides, le parece un orgullo estar en el Top-10 de libros prohibidos, aunque lamenta que haya gente que se crea con el derecho a decidir lo que otros pueden o no pueden leer.

En los últimos años se han registrado más de 4000 intentos para quitar libros de las bibliotecas, siendo las obras con protagonistas gays o lesbianas las que se llevan la palma como tres obras en el Top-10.

En esta línea, el libro más perseguido y vilipendiado de este año se llama Tres con tango, una historia infantil sobre una anécdota real: Dos pingüinos macho, cuya relación era… cercana, criaron a un pequeño pingüino en el zoo de Central Park. Esa premisa, que en el libro quiere acercar a los niños la posibilidad de familias diferentes a la tradicional, no ha gustado nada -pero nada, nada- a multitud de asociaciones e iglesias americanas que han montado una campaña de acoso y derribo contra el libro. Esperemos que por el momento no salten las vallas del zoo y dejen a los tres pingüinos vivir en paz en su pequeña casita.

Los libros de J.K Rowling también se enfrentaron a duras acusaciones por fomentar la brujería entre los niños, y hace poco ha salido a la luz una noticia sobre la Administración Bush en la que no se llegó a premiar a la autora británica por ese mismo motivo.

De entre los clásicos de siempre, El color púrpura y El guardián en el centeno parecen los objetivos más apreciados por los censores americanos, que intentan, año tras año, evitar que alguien puede leer por sí mismo, no vaya a ser que aprenda algo peligroso.

Vía: The Guardian

Autores relacionados:
Joanne Kathleen Rowling
Philip Pullman
Libros relacionados:
El color púrpura
El guardián entre el centeno
Luces del norte. La materia oscura I (La brújula dorada)
Tres con Tango

Nueva polémica por Tintín en el Congo

3 de septiembre de 2009 en Autores, Cómic, Literatura

Tintín en el Congo

De todos los álbumes que dibujó Hergé sobre el joven reportero belga Tintín, ninguno ha dado más problemas que Tintín en el Congo, una de sus primeras obras (es el segundo, publicado con 23 años) y que está profundamente influenciado por el ambiente colonial belga de principios de siglo (una época que en Bélgica es apenas tratada y está “en el limbo” de su historia contemporánea).

El libro tiene marcas racistas -las comunes de la época (no por ello realmente justificables, claro)- y apenas tiene una documentación decente, al contrario que el resto de obras de Hergé. El mismo autor reconoció en varias ocasiones lo desafortunado de algunos elementos del libro, llegó a cambiar viñetas por petición de diversos editores, y todavía hoy es un cómic prohibido en algunos países.

Lo cierto es que hace tiempo saltó a la luz de nuevo por la petición de la Comisión para la Igualdad Racial británica de retirar el libro de la parte infantil de las bibliotecas. Además, un estudiante congoleño decidió interponer una demanda a la editorial Moulinsart para que retirara el libro.

Pues bien, ahora tanto una asociación pro-igualdad francesa y el ciudadano congoleño Mbutu Mondondo vuelven a la carga, esta vez en Francia. Piden también la retirada del cómic y un euro simbólico como daños morales. Dicen que acudirán hasta el tribunal de los derechos humanos si es necesario.

Moulinsart, la editorial, se defiende: para leer Tintin en el Congo hay que tener en cuenta cuándo fue escrito y actuar en consecuencia. Añade que aplicar filtros políticamente correctos a libros de siglos anteriores nos dejaría sin multitud de obras clave en la historia de la literatura.

Vía: The Bookseller

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Hergé
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Tintín en el Congo

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