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Entradas con etiqueta ‘Biblia’

El Diluvio de Ralf König

25 de febrero de 2010 en Autores, Cómic

Diluvio

Si ya os comentamos en otra ocasión las ganas que teníamos de hincarle el diente a la obra de Crumb sobre el Génesis, ahora nos llega otra novedad del mundo del cómic que nos parece de lo más interesante.

El famoso dibujante Ralf König -aquí más información en el blog-, se lanza también al mundo de la Biblia con su particular versión del Diluvio Universal en su nueva novela gráfica Arquetipo.

Para aquellos que conozcan la naturaleza iconoclasta de König no resultará una sorpresa, pero para muchos es posible que su mezcla de mitos cristianos y mundo actual, Noé es un insurgente capaz de destruir el mundo mientras que Dios está jubilado, sea quizás demasiado ácida. Hay que tener en cuenta que el dibujante alemán utiliza grandes dosis de humor en sus obras, y es así como hay que entenderlas.

Según el propio König

Espero que la novela resulte más cómica que crítica, lo cierto es que la comedia y la religión siempre se han llevando muy bien, por lo menos para los cómicos

Arquetipo es el segundo volumen de la aventura de König que ya hizo lo mismo que Crumb sobre el Génesis con Prototipo, y ahora está preparando un tercer cómic con las aventuras de San Pablo en Atenas, al cual no le tiene demasiado aprecio:

No me gusta San Pablo, todos los fundamentalistas cristianos basan su rechazo hacia el deseo y el cuerpo, y sobre todo hacia la homosexualidad, en frases procedentes de las Epístolas Paulinas

Por si alguien no se había dado cuenta, König es agnóstico, gusta de un humor peculiar y es un homosexual orgulloso de su sexualidad, aunque dice que en sus últimas obras ya hay menos presencia del tema gay -aunque no del sexo-.

La frase que puede definir la actitud del dibujante frente a las críticas está muy clara, sobre todo después de los problemas que tuvo durante los años 90 con obras como El condón asesino:

Ahora voy a tener algún escándalo con los religiosos, pero ellos también se tendrán que aguantar

Vía: Yahoo!

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El evangelio de Pedro

26 de diciembre de 2009 en Literatura

San Pedro

Son muchos los evangelios apócrifos existentes, ninguno de ellos reconocido por la Iglesia Católica como integrante del Nuevo Testamento y la Biblia. Unos pocos de ellos tuvieron carácter “oficial” para algunas sectas cristianas en los primeros siglos de nuestra era; la mayor parte, de todas formas, no nos han llegado sino de forma fragmentaria. Los más interesantes, desde luego, son aquellos que añaden información a la ya contenida en los cuatro evangelios canónicos. Así, por ejemplo, el Evangelio del Pseudo Tomás relata vivencias de Jesucristo en su infancia. No hay que confundirlo con el Evangelio de Tomás, un texto gnóstico utilizado ampliamente por la secta maniquea, y que tiene una estructura muy diferente a la habitual, siendo un mero compendio de dichos atribuidos a Cristo, algunos de los cuales ya aparecen en los evangelios canónicos. Otro texto bastante significativo es el Evangelio de Felipe, también de estructura similar y también de origen gnóstico (esta vez de la secta valentiniana), pero algo más amplio, y que ha sido utilizado hasta la saciedad para intentar demostrar el supuesto matrimonio entre Jesús de Nazaret y María Magdalena. ¿Podría ser alguno de estos dos evangelios la famosa “Fuente Q”? La teoría más generalizada sobre los evangelios sinópticos (los de Marcos, Mateos y Lucas) es que se basaron en dos fuentes distintas. Una de ellas sería el propio Evangelio de Marcos, bastante más antiguo que los otros dos; la otra, la “Fuente Q”, debería ser un compendio de dichos, sentencias y parábolas, por lo que los Evangelios de Felipe y Tomás podrían serlo o, más probablemente, estar basados en dicho texto perdido.

De todas formas, uno de los textos apócrifos más conocidos es el llamado Evangelio de Pedro, que no fue, evidentemente, escrito por el fundador de la Iglesia (según la tradición él fue analfabeto, algo lógico en un pescador de aquella época y parte del mundo). Ha llegado a nuestros días incompleto, conservándose solamente el relato referente a la Pasión y Resurrección de Cristo. Los primeros fragmentos fueron encontrados a finales del siglo XIX, y a partir de ellos se dató su redacción en el primer siglo de nuestra era, pudiendo ser contemporáneo a los evangelios sinópticos. Existen referencias a este Evangelio ya desde los primeros tiempos de la Cristiandad; más concretamente se han documentado quejas por parte de algunos obispos de aquel tiempo sobre que un supuesto Evangelio atribuido al primer Santo Padre estaba circulando en algunas comunidades, alertando sobre su contenido. El problema radica en que, según el Evangelio de Pedro, Cristo pudo no haber sufrido durante la Pasión; es decir, que su dolor no fue más que aparente dada su naturaleza. Sufrió su cuerpo humano, sí, pero no la parte divina, que habría llegado a él tras el bautismo en el río Jordán a cargo de San Juan Bautista. Esto choca completamente con la doctrina oficial de la Iglesia Católica.

Fueron bastantes los seguidores de estas ideas aparecidas en el Evangelio de Pedro, y el problema fue tal que Juan, en su primera epístola (que está incluida en el Nuevo Testamento), hace referencia directa a esta herejía, conocida habitualmente como “docética”. El docetismo tiene múltiples influencias de la filosofía griega, sobre todo de ideas platónicas y también gnósticas, y pudo tener cierta relevancia en comunidades cristianas de Asia Menor. Así, una de las cartas atribuidas a Serapión (a la sazón obispo de Antioquía), fue enviada a la comunidad de Rhossos instándoles a recuperar la ortodoxia y a abandonar la lectura del Evangelio de Pedro, tal y como aparece documentado en la obra “Historia eclesiástica” del erudito Eusebio de Cesarea, uno de los más importantes personajes de su época, a caballo entre los siglos tercero y cuarto.

Como ya he comentado, los primeros textos del Evangelio de Pedro fueron encontrados a finales del siglo XIX. Más tarde han aparecido nuevos fragmentos, más cortos, que han ayudado a conocer mejor la totalidad de la obra, pero sigue sin tenerse un compendio de fragmentos que pueda ser considerado como definitivo.

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El canon Muratoniano

25 de diciembre de 2009 en Literatura

Apocalipsis

Luigi Antonio Muratoni fue un estudioso católico que vivió entre los siglos XVII y XVIII, y es considerado como uno de los padres de la historiografía italiana. Formado con los jesuitas, de los que formó parte, fue el coautor de la primera historia de Italia (los Annali d’Italia, publicados entre 1743 y 1749), entre otras muchas obras tanto históricas como religiosas. También fue uno de los responsables de la modernización de las técnicas historiográficas, pudiendo ser considerado como cercano a los ilustrados de su tiempo.

No obstante, una de las más importantes obras de Muratoni fue fruto de la casualidad. Mientras ampliaba su formación en la Biblioteca Ambrosiana de Milán halló un manuscrito fechado en el siglo VII aunque recogía información del período inmediatamente posterior a la muerte por tortura del papa Pío I, que falleció en 155 y que fue sustituido por Aniceto. Así, se tiene por comprobado que el manuscrito original en el que se basó el hallado por Muratoni fue escrito a finales del siglo II de la era cristiana. En él se enumeraban los libros de la Biblia, en concreto del Nuevo Testamento que, en la época, eran considerados como canónicos según la Iglesia Católica. No son, desde luego, los mismos libros que hoy día conforman la segunda parte del libro sagrado de los cristianos.

Para empezar, las primeras páginas del manuscrito se habían perdido, mencionándose sólo dos de los cuatro evangelios, los de Lucas y Juan. Dado que desde la Edad Media estos han sido los evangelios situados en tercer y cuarto lugar del Nuevo Testamento, nada hace pensar que los dos primeros no debían ser, ya en el siglo II, los de Mateo y Marcos. Así, se confirma que ninguno de los evangelios denominados “apócrifos” han tenido en ningún momento, ni siquiera en los primeros momentos de la Iglesia, condición de oficiales. Y no son pocos los evangelios apócrifos, de los que ya hablaré otro día, siendo algunos de ellos muy interesantes para comprender las diferencias tendencias sectarias que, casi desde el principio, dividieron a aquellos primeros cristianos, algunas de ellas tan llamativas como la de los gnósticos cainitas, que dignificaron la figura del discípulo Judas Iscariote al afirmar que él había entregado a Jesucristo siguiendo un plan fijado días antes de la Pasión.

Según el denominado Canon (o Fragmento) Muratoriano, también eran canónicos tanto el libro de Hechos de los Apóstoles como trece de las epístolas de Pablo, no estando incluida la Carta a los Hebreos, que en la actualidad sí goza de reconocimiento oficial. Sin embargo, se sabe que esta epístola no fue escrita por Pablo de Tarso: las referencias a Timoteo (al que Pablo dedicó dos cartas) y a Italia (en donde, por aquellos tiempos, debía de estar preso Pablo) fueron añadidos posteriores que buscaban darle mayor importancia al texto del que hubiera tenido siendo anónimo. Además, ni siquiera se trata de una carta dirigida a los judíos, sino de una homilía presuntamente escrita para ser leída ante una comunidad en la que debían existir un buen número de conversos judíos, lo que no es desde luego lo mismo. Así, el Fragmento Muratoriano parece indicar que, efectivamente, la “canonización” de este texto fue muy posterior a la del grueso del Nuevo Testamento, y que se hizo por motivos que iban más allá a los de una autoría demostrada. La pregunta sería, entonces, ¿por qué?

Otras dos diferencias entre el Canon descubierto por Muratoni y el actual serían la pertenencia al conjunto de sólo dos epístolas de San Juan, en vez de tres (aunque no se mencionan sus nombres), y la inclusión, además del Apocalipsis de San Juan, del Apocalipsis de Pedro. Eso sí, se demuestra que este último, ya entonces, no gozaba de popularidad alguna en ciertas comunidades al advertirse en el manuscrito que muchos se negaban a que fuera leído en aquellas primitivas iglesias. Otra pregunta, la de su caída en desgracia, que quedaría en el aire para futuros artículos.

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Los libros más prohibidos de la historia (II)

8 de diciembre de 2009 en Autores, Literatura, Narrativa, Noticias

Cuentos de Canterbury

Siguiendo con el post inicial sobre libros que han sido censurados o directamente prohibidos a través de los tiempos, continuamos con la lista de obras “peligrosas”, “revolucionarias” e “incendiarias”:

-La Sagrada Biblia. La Biblia es posiblemente la obra más recortada, modificada, censurada y problemática de toda la historia. Prohibida en muchos países y existente en varias versiones, incluso en la Edad Media se procuraba que no fuera leída en su totalidad por seglares y que no fuera traducida a idiomas vernáculas. Por otro lado, contiene todas las temáticas que han sido raíz de prohibiciones y censuras en otras obras: violaciones, incesto, asesinato, racismo, infanticidio, etc. Directamente relacionada con nuestra siguiente propuesta.

-El Cantar de los Cantares (atribuido al Rey Salomón): Durante siglos la Iglesia ha mantenido que se trata de una obra alegórica, donde los versos explícitamente sexuales no son más que metáforas del amor entre el creyente y la divinidad. También ha aconsejado desde siempre a los sacerdotes jóvenes a evitar la lectura de esta obra para evitar “suscitar pasiones”. Si la obra es alegórica, ¿por qué es peligrosa? ¿Tal vez porque habla de pechos, labios y demás? ¿Tal vez porque se cree que el Rey Salomón tuvo varios cientos de esposas y concubinas?

-Los cuentos de Canterbury, de Geoffrey Chaucer: Una de las obras más importantes de la lengua inglesa, ha sido prohibida en varios centros de enseñanza estadounidenses y hasta 1895 no se podía enviar por correo en todo el territorio de los Estados Unidos. Y es que el uso de palabras como “cunt”, “arse” y “shit”, eso sí, en inglés arcaico, no era considerado muy correcto. Al uso de una muy conocida obra nuestra, El libro del buen amor, del Arcipreste de Hita, contiene a su vez varias escenas picantes que hacen santiguarse a los sectores más conservadores.

-La naranja mecánica, de Anthony Burgess, es otro de los libros que más problemas ha tenido con nuestros queridos libreros estadounidenses. Supuestamente todas las quejas y objeciones han sido a raíz de su “lenguaje inapropiado” (está claro que no entienden el Nadsat); lo que indica que no tienen ningún problema con la extrema violencia que en ella se muestra. Un poco como los que muestran conflicto con videojuegos como Los Sims (por su contenido “erótico”) y ninguno con el GTA: San Andreas.

Brújula dorada

-La trilogía de His Dark Materials (La materia oscura), de Philip Pullman. Uno de los casos más curiosos de censura, lo que el periódico The Atlantic llamó “Cómo Hollywood salvó a Dios”. La conocida película La brújula dorada consiguió convertir una obra pro-ateísmo y antirreligiosa en una bonita fábula moral al estilo cristiano de Lewis en Narnia (el propio Pullman definió su obra como “moralmente opuesta a Narnia”, definiendo la visión de C.S. Lewis como “obscena”). Volvemos al puritanismo estadounidense: las obras más controvertidas son las que incluyen sexo, palabrotas y ateísmo. En La materia oscura Pullman mata, literalmente, a Dios; así que es obvio que iba a tener problemas.

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