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Entradas con etiqueta ‘Ballard’

J.G Ballard y el arte contemporáneo

17 de febrero de 2010 en Actividades, Arte, Autores, Ciencia-Ficción, Literatura

Ballard arte

J.G Ballard fue el escritor visionario de una sociedad que no quería profetas de su propia decadencia, de ahí que su obra se moviera siempre a caballo entre lo más intelectual y el underground más pop.

Con los años la figura de Ballard fue creciendo -el impacto de ser adaptado por Spielberg en El Imperio del Sol, y luego por David Cronenberg en varias ocasiones elevó su posición varios enteros-, para acabar siendo un autor de género que nunca, en realidad, estuvo ni dentro ni fuera de la ciencia ficción, en una paradoja propia de la esquizofrenia habitante de muchos de sus personajes.

La influencia de Ballard a su alrededor, reconocida o no, o simplemente la conexión del escritor con otros artistas de su tiempo, ha servido como excusa a la Galería Gagosian de Londres para inaugurar una más que interesante muestra: Crash, homenaje a J.G. Ballard.

Desde el 11 de febrero al 1 de abril se podrán disfrutar obras que podrían encajar en el peculiar universo ballardiano sin demasiados problemas, contando con autores de primer nivel como Francis Bacon, Salvador Dalí, Andy Warhol, Roy Liechtenstein o Douglas Gordon.

Sin duda, una manera interesante de comprobar hasta qué punto la pluma de Ballard era capaz de transcribir lo que pasaba por la mente de generaciones de artistas atrapados en cambios sociales y que se enfrentaron a un nuevo mundo tecnológico, vacío y pequeñoburgués.

Ballard Palabras

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Milenio negro, de J.G. Ballard

24 de octubre de 2009 en Ciencia-Ficción, Literatura

Milenio Negro

Un fantasma recorre Europa, el fantasma de la revolución. Pero no la del proletariado, ni la de la telefonía móvil, ni la de los chiquiprecios. Es la revolución de la clase media.

Ballard, ese gran genio que nos deslumbró con El imperio del sol y personalmente me convirtió en devota de su santidad al escribir Supercannes, esa fabulosa distopía hiperrealista del cinismo humano, consiguió con Milenio negro ser políticamente muy incorrecto, al ofrecernos la visión del terrorismo en su forma más peligrosa: el terrorismo de los hipotecados compradores de Mercedes, con hijos en colegios privados. La angustia de la clase media profesional, con estudios universitarios, con 1,2 hijos por familia y una renta per cápita que les permite acudir a cócteles pero no pagar las letras del coche, acaba estallando en el pequeño entorno residencial de Chelsea Marina, donde los habitantes salen a las calles a protestar por todas las trampas que les impone la sociedad en la que habitan y en la que, además, son mayoría. Rehuyendo del consumismo sin sentido, los abusos inmobiliarios y las ataduras del ocio predeterminado, las teorías de su líder, el Dr. Richard Gould, adoptan cada vez posturas más extremas y violentas, consiguiendo introducir al protagonista, David Markham (y a la vez, al incauto lector), en supuestos sociales que llegarán, hasta cierto punto, a justificar el terrorismo más absurdo y sin sentido. Ballard, con su excelente prosa y estilo personal, definió con pinceladas pequeñas y eficaces a todos sus personajes (destaca sobre todo el contraste entre los actantes femeninos principales: la esposa de Markham, con su minusvalía psicosomática; y la amante de éste, líder de las manifestaciones y diosa del sexo), retuerce la trama a su antojo, juega con los principios morales de su lector y describe a la perfección los entornos urbanos y suburbanos que tan familiares nos resultan. La obra es un estudio en profundidad de lo que realmente significa hoy en día formar parte de la clase media, trabajar en el sector servicios y engrasar, día tras día, las ruedas de la maquinaria capitalista. Basándose en un elemento unificador, la muerte de la ex-esposa del protagonista en una explosión en el aeropuerto de Heathrow (incidente, por desgracia, demasiado cercano a la realidad), la historia se teje desde diferentes perspectivas que enfocan a éste y lo obligan a decidirse por una causa: la de la nueva revolución.

Es una gran lástima, entonces, que toda esta magnificencia se vea atacada por un defecto apenas perdonable, el hecho de que la trama en sí sea de escaso interés. En efecto, la lectura es tediosa, falta de empuje y la intriga adolece del mortal peligro de aburrir, por mucho que el autor pretenda engancharnos con su particular whodunnit(1), en el que lo de menos es el autor del asesinato y lo de más es la reflexión acerca del crimen mismo. También es digno de mención que en la traducción se pierden múltiples guiños a la cultura anglosajona, expuesta y parodiada (pero con un clarísimo afecto) una y otra vez. Milenio negro está lejos de compararse con obras brillantes como Noches de cocaína pero, pese a estas notas negativas, la obra sigue siendo altamente recomendable, aunque sólo sea para hacer tambalearse durante unos momentos nuestras concepciones y fundamentos acerca del orden social y personal.

(1) Término anglosajón que se refiere al tipo de texto, normalmente policíaco o de misterio, que se centra en el suspense originado por el intento de averiguar quién ha cometido el crimen alrededor del cual gira la narración.

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El mediodía de la Gioconda crepuscular, de J.G Ballard

12 de junio de 2009 en Literatura, Narrativa

Playa terminal

Hace poco que nos dejó Ballard, en mi opinión uno de los grandes visionarios del futuro cercano, un futuro que ya nos ha alcanzado en algunos aspectos, y me gustaría rescatar uno de mis cuentos favoritos del escritor inglés.

La Gioconda del mediodía crepuscular, incluida en Playa Terminal , nos plantea una situación sencilla: Richard Maitland sufre de ceguera temporal y descansa junto a Judith, su mujer, en la casa de la playa. Ballard nos cuenta cómo se adapta progresivamente a esa falta de visión y también el proceso por el cual se agudizan el resto de sus sentidos.

Así contado, desde luego, parece una historia manida y contada cien veces: el descubrimiento de las cosas bellas de la vida, esas que por fijarse sólo en lo que vemos, dejamos pasar por alto. Crecimiento personal, desarrollo, autoestima, algo digno de un telefilme para la sobremesa de los domingos.

Ballard nos lleva un paso más allá, como hace con su protagonista. A medida que pasa el tiempo profundiza, tanto en sí mismo como en un pasado que imagina o cree recordar, un momento, un lugar del que ni puede ni desea escapar. Esta es una de las constantes en Ballard, el mundo interior que más que liberar, atrapa en una mezcla de placer y horror.

El cuento finaliza de una de las maneras más horrorosas y poéticas a la vez que yo haya leído, y ahí es donde se aprecia la grandeza de Ballard en un cuento corto e intrascendente capaz de dejarme fuera de combate a partir de una premisa más que usada. La versión onírica de Ballard mezclada con una realidad demasiado cercana, la violencia incontenida e irracional, elementos del universo del escritor que me fascinan y atrapan al mismo tiempo que producen un rechazo visceral.

Por eso no puedo dejar de recomendar a Ballard, sobre todo sus cuentos cortos. Puro veneno para el alma sencilla.

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J.G. Ballard, mito del género fantástico

24 de abril de 2009 en Autores, Ciencia-Ficción, Literatura, Narrativa

Ballard

No es una exageración, o al menos no se lo parecerá a gran parte de los aficionados al género fantástico, afirmar que el británico James Graham Ballard, recientemente fallecido a la edad de setenta y ocho años a consecuencia de un cáncer de próstata, era una de las pocas leyendas del género que permanecían con vida. En menos de tres años han fallecido tres de los autores más importantes de ese movimiento, denominado New Wave (o Nueva Ola para los hispanohablantes), que renovó la ciencia ficción en las décadas de los sesenta y setenta: Kurt Vonnegut en 2007, Thomas Disch en 2008 y el propio Ballard. Esto, unido a otros decesos de escritores considerados imprescindibles en el fantástico (especialmente el de Stanislaw Lem en 2006, de gran impacto entre sus lectores), sirve para alimentar el pesimismo instalado entre los aficionados desde hace tiempo. La muerte de Ballard no hace sino confirmar que, dentro de no mucho, ya no quedará ni uno sola de las grandes voces de la ciencia ficción.

Esto sería asumible de existir un recambio generacional cualitativamente comparable, pero ahí radica el problema: la tan trillada máxima de “cualquier tiempo pasado fue mejor” se ha convertido, de un tiempo a esta parte, en la consigna suprema de muchos aficionados a la ciencia ficción. ¿Realmente no ha surgido, en todo este tiempo, una generación válida para reemplazar a los ancianos mitos? ¿No será el pesimismo al respecto de esta cuestión otra cosa más que una parte fundamental del discurso victimista que ciertos aficionados tienen a bien esgrimir?

Crash

Sea como fuere, lo paradójico es que, más allá de las distopías que lo hicieron famoso entre los seguidores del género fantástico, J. G. Ballard será recordado por una autobiografía, ambientada en la Segunda Guerra Mundial, titulada El Imperio del Sol, posteriormente llevada al cine de manera notable por Steven Spielberg. Ballard, nacido en Shanghai, estuvo recluido, efectivamente, en un campo de prisioneros japonés durante la guerra, hecho que reflejan la novela y la película. La popularidad del libro se multiplicó tres años después con la multi-nominada producción hollywoodiense (seis candidaturas a los premios Oscar), por lo que para el grueso del público, que desconocía la actividad literaria del autor durante las décadas anteriores, Ballard era un autor mainstream en toda regla (algo que se vería reforzado en novelas posteriores).

En la década de los 90 Ballard volvería por sus fueros, volviendo a adentrarse en mundos distópicos situados en un futuro que bien podría empezar mañana mismo: es el caso de sus comentadas Noches de cocaína (Cocaine Nights, 1996), Super-Cannes (2000) o Milenio Negro (Millenium People, 2003). En el caso de la primera, una excelente novela ambientada en la Costa del Sol malagueña, está por ver si, a día de hoy, deberíamos seguir considerándola una novela de ciencia ficción y no una obra realista en toda regla.

Con Ballard se nos ha ido uno de los más imaginativos autores del siglo XX, y también uno de los que más nos ha puesto en sobreaviso sobre problemas futuros (y presentes) de nuestra sociedad: la crisis de las clases medias, el peligro de la cultura del ocio en las clases altas, el impacto humano en el medioambiente, etc. No es difícil considerarle como un adelantado, en cierto sentido, a su tiempo, no tanto por algo parecido a la premonición sino por sus grandes dotes de observación de lo que le rodeaba. Que se dedicara fundamentalmente al género distópico nos dice muy a las claras que no le gustó demasiado lo que vio.

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Día del libro: ¿Por qué regalar siempre novedades?

23 de abril de 2009 en Actividades, Literatura, Mundo Editorial, Narrativa

Sol

Podría hacer lo que todo el mundo y recomendar, en este día tan especial, un puñado de novedades editoriales. Que las hay buenas, por supuesto. No obstante, ¿por qué se regalan siempre libros recién publicados? La respuesta es muy fácil: el libro es un regalo socorrido. No sólo se regalan a familiares y amigos libros que hemos leído y nos han gustado, también se regalan libros de los que hemos oído hablar (y que creemos que se amoldan a los gustos de la otra persona) o, directamente, cogemos el primero que nos llama la atención en las pilas de los centros comerciales o librerías. Estos tres factores explicarían en parte por qué siempre se compran los mismos libros, por qué la gente habla de los mismos títulos y por qué, al tiempo que se comenta que el mercado editorial no está viéndose afectado por la crisis, sino al contrario, muchas pequeñas editoriales están yendo a la quiebra.

No tanto por intentar ser original sino porque creo que hay libros, publicados hace años, que han de ser rescatados y releídos, me permito recomendar cinco libros nada recientes. También haré dos apreciaciones en caso de que estén descatalogados o sean inencontrables (cosa que dudo ya que algunos han sido reeditados con profusión): la primera, un buen libro de segunda mano puede ser el regalo perfecto para un lector empedernido; la segunda, pasar el Día del Libro en una biblioteca leyendo una buena novela no es una pérdida de tiempo, es una manera perfectamente válida de celebrar el día en el que lectores de todo el planeta celebramos nuestra afición común.

-Laberinto de muerte, de Philip K. Dick

Una de las supuestas obras menores del genial escritor de Illinois, lo cual es discutible. Más conocido por novelas como Ubik o El hombre en el castillo, o por haber sido llevado al cine con asiduidad (como en Blade Runner, Minority Report y Desafío Total, por mencionar tres películas de las casi veinte basadas en su obra), Laberinto de muerte no es sólo una de sus novelas más complejas, escrita cuando el autor ya empezaba a obsesionarse con la teología, sino también de las más divertidas. Muy buena piedra de toque para todo aquel que desconozca a este nada olvidado genio de la literatura de ciencia ficción.

-El imperio del sol, de J. G. Ballard.

Autobiografía del recientemente fallecido autor inglés. Alejándose de su tono habitual, Ballard nos cuenta un episodio importante de su infancia, su reclusión (junto a su familia) en un campo de prisioneros japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Buena novela de tintes históricos.

-El club Dumas, Arturo Pérez Reverte

Una pena que algunos conozcan esta obra de Pérez Reverte por la nefasta adaptación al cine que años después perpetraría Roman Polanski (todavía me sorprende que Garzón esté tardando tanto tiempo en abrir una causa contra él). Lejos del histrionismo de dicha adaptación, la novela refleja un juego entre bibliófilos magistralmente enhebrado en el que nada es lo que parece. Genial la caracterización de Lucas Corso, el protagonista.

Nimh

-Rey Jesús, de Robert Graves

El autor de obras imprescindibles como Los Mitos Griegos es más conocido por Yo, Claudio o Las aventuras del Sargento Lamb, pero es en Rey Jesús en donde encontramos a un Graves en estado puro. La recreación histórica es intachable, aunque las excéntricas teorías acerca de la vida de Jesucristo hacen que esta novela no sea recomendable para fundamentalistas cristianos. No es de lectura fácil, lo cual se agradece en estos tiempos que corren.

-La señora Frisby y las ratas de Nimh, Robert C. O´Brien

Muy buena novela juvenil protagonizada por las famosas ratas de Nimh y algunos ratones en apuros (entre ellos, la mencionada señora Frisby y sus hijos). De mejor factura que la película de animación de 1982 El secreto de NIMH, de Don Bluth (que veinte años después nos sorprendería con Titan A.E.), puede ser una buena lectura para todo tipo de público, no tan sólo el de pequeña edad.

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¿Qué regalar el día del libro?

22 de abril de 2009 en Literatura, Mundo Editorial, Narrativa, Noticias

Rosa

Una de las cosas buenas de tener un día al año en el que acordarnos de los libros es, obviamente, que es una excusa para regalar y recibir libros. Por supuesto que esta no es tarea fácil: tanto encontrar un libro adecuado para regalar como poder poner buena cara a esos libros recibidos que nos hacen dudar seriamente de la cordura del que regala son imposiciones cuanto menos problemáticas. El que es aficionado a la lectura sabe perfectamente quién se ha molestado en indagar acerca de sus hábitos y preferencias, y quién se ha limitado a adquirir cualquier best-seller o clásico canonizado para salir del paso. A continuación detallo algunos libros que no se deben regalar, y otros que probablemente resulten ser un regalo apropiado y agradecido.

Es muy importante tener en cuenta la edad, la formación y los gustos del lector. No podemos, por ejemplo, regalarle El Quijote a un chaval de quince años, ni El Código da Vinci a un licenciado en filología hispánica, por razones obvias. El nivel de exigencia del agasajado es muy importante, no basta con fijarse en la lista de los más vendidos para complacer a un lector asiduo y culto: un truco común es recurrir a colecciones de probada calidad, como las que ofrecen editoriales como Anagrama o Siruela. Con la primera, acertaremos (siempre que no tenga ya ese libro en concreto, por lo que deberíamos adquirir alguno no muy conocido) en cuanto a calidad del contenido, y con la segunda además complaceremos el esteticismo de los lectores más fetichistas. Los libros joya suelen ser una buena inversión para los lectores amantes de la forma: las ediciones limitadas ilustradas son siempre un obsequio excelente, si bien costoso. También es imprescindible tener en cuenta el grado de confianza que tenemos con el agasajado: una edición de lujo de Historia de O posiblemente no sea bien recibida por un compañero de trabajo con el que apenas hayamos cruzado unas palabras. Debemos huir de libros de autoayuda, pueden ser malinterpretados (“¿Trucos para adelgazar?¿Me estás llamando gorda?”, “¿Cómo tener éxito en el trabajo? ¿Me estás llamando fracasado?”, y un largo etc.)., al igual que las obras de autores con agenda política (hace muchísimo tiempo, en mi supina ignorancia, regalé un libro sobre la Guerra Civil de Pío Moa a un historiador, todavía no me lo ha perdonado). Asimismo, si lo que queremos es incitar a la lectura a una persona joven o poco aficionada a leer, debemos evitar obras densas. En resumen, debemos pensar más en los gustos del otro que en los nuestros. Que Guerra y paz nos parezca una obra maestra no significa que los demás vayan a apreciarlo en el mismo grado. Partiendo de estos principios, allá van mis cinco sugerencias para regalar (a otros o a sí mismo) este año en el Día del Libro.

Guia Zombi

-El libro homenaje: Si queremos reivindicar aniversarios, muertes, eventos, etc., de autores y libros del año, qué mejor que recurrir al libro homenaje. La maravillosa Muertes de perro, de Francisco Ayala, que ha cumplido 103 años y de nuevo se alza como candidato para el Nobel, complacerá a lectores todoterreno. Para una lectura más ligera, recomiendo, en honor a Ballard, recientemente fallecido, la sorprendente Super-Cannes.

-El libro anzuelo: Dícese del libro que se usa para enganchar a alguien a la lectura, normalmente a gente joven que huye de los libros debido a las imposiciones académicas (determinados bodrios recomendados en ESO y bachillerato no hacen más que eliminar el más mínimo interés del estudiante por la literatura). Aunque no soy fan de Lucía Etxebarría, tengo comprobado que Beatriz y los cuerpos celestes es un excelente incentivo para las chicas, y que Manual de supervivencia zombi, de Max Brooks, funciona igual de bien para los chicos. Por supuesto lo del género es intercambiable, aunque todavía no he conseguido convencer a un adolescente masculino de la conveniencia de Beatriz y los cuerpos celestes.

-El libro película: Recomendado sobre todo para aquellos que no suelen gustar de la lectura, el haber visto la película (y haberla disfrutado) es una excusa para que el regalo no permanezca en la estantería cogiendo polvo. Obras como Ensayo sobre la ceguera, de Saramago, por mencionar alguna más reciente, o clásicos como Lo que queda del día, de Kazuo Ishiguro o La casa de los espíritus, de Isabel Allende, pueden ser nuestros aliados en esta contienda. Para los aficionados a las películas de ciencia ficción estilo A Scanner Darkly, Paycheck, Blade Runner, etc., tenemos una completa biblioteca de Philip K. Dick donde elegir.

Ballard

-Clásicos juveniles: A diferencia de lo que se suele pensar, El señor de los anillos no es necesariamente el mejor libro para regalarle a un niño. Muchos abandonaron la obra, decepcionados, tras ver las películas. El libro, aun siendo una indiscutible obra maestra de la fantasía, es largo y denso. Tal vez sea mejor empezar con algo de Laura Gallego, C.S. Lewis, George R.R. Martin o J. K. Rowling o incluso presentar al adolescente en cuestión el genial mundo de la novela gráfica: 300, Watchmen, Sin City, son algunos de los títulos que además cuentan con la promoción cinematográfica como apoyo. Por otro lado, algunas editoriales presentan obras dirigidas al público juvenil que no tienen nada que envidiar a las dirigidas al público adulto. Alfaguara dispone de un excelente catálogo que incluye desde Irène Némirovsky a José Antonio Cotrina. Intentemos recurrir a las sagas tipo Crepúsculo sólo en última instancia; cualquier lectura es buena, pero unas son mejores que otras.

-El libro comodín: ¿Qué regalar a alguien a quien apenas conocemos? Desde luego es complicado elegir un título para alguien de quien desconocemos gustos y tendencias en cuanto a la lectura. Si disponemos de un presupuesto generoso, podemos recurrir, como hemos mencionado antes, al libro fetiche, a alguna edición especial de algún clásico no muy trabajoso, como puede ser alguna antología poética no muy alternativa o cualquier obra de Dickens o de las hermanas Brönte, por poner algún ejemplo. Algunas obras recientes están cautivando tanto a lectores profesionales como ocasionales, como es el caso de la trilogía de Stieg Larsson o del autor japonés Haruki Murakami (After Dark, Tokio Blues, Kafka en la orilla…). Y si realmente estamos desesperados, y nuestro presupuesto pasa de generoso a muy generoso, siempre podemos regalar un lector tipo Kindle, y que elijan ellos mismos qué libros quieren para este día tan señalado.

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Ballard: Conversaciones no verá la luz

21 de abril de 2009 en Autores, Literatura, Mundo Editorial

Milagros de vida

La muerte de Ballard podía pasar en cualquier momento. La lucha contra el cáncer llevaba minando la enorme energía del escritor durante demasiado tiempo. Apenas le dio tiempo a terminar sus memorias Milagros de vida antes de quedarse sin fuerzas.

Conversaciones es un libro sin terminar escrito a partir de las conversaciones de Ballard con su oncólogo. Sin duda, y conociendo la obra de Ballard, iba a resultar toda una lectura impresionante. Ahora bien, desde la editorial Harper Collins anuncian que el libro, que iba a salir publicado en Septiembre, no será sacado a la luz. La razón es lógica y normal: no estaba terminado, no saldrá.

Esta noticia, que no lo parece, demuestra que se puede dejar la obra inacabada de un autor donde pertenece, es decir, a su familia, y si ésta lo permite, a los que estudien su obra. Para bien o para mal, Ballard no era Michael Crichton y no contratarán a nadie para que “revise” sus notas. Si bien es cierto que el que lo hiciera sería maldito por el espíritu de Ballard y acabaría loco, demente y deshauciado. Como cualquier personaje suyo que se preciara.

El que no ha tenido tanta suerte es Nabokov. Uno de sus últimos deseos fue que quemaran las notas de El original de Laura, pero, además de no hacerle caso, Penguin tiene planeado publicar las fichas en las que está escrita. Aquí ya no sólo se encuentra una obra inacabada, es que se va en contra de la última voluntad del autor en nombre de la literatura. Bueno, de la literatura y de unos cuantos euros.

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