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Entradas con etiqueta ‘Asimov’

Las leyes de la robótica

31 de enero de 2010 en Autores, Ciencia-Ficción, Literatura

Robotica

Un robot no puede lastimar a un ser humano, ni por inacción permitir que un ser humano sufra daño.
Un robot debe obedecer a un ser humano, excepto si las órdenes entran en conflicto con la primera ley.
Un robot debe proteger su existencia, siempre y cuando tal protección no entre en conflicto con la primera o segunda ley.

Formuladas por el escritor del género especulativo Isaac Asimov, las tres leyes de la robótica (actualmente consideradas válidas por la propia comunidad científica) tienen como función mantener controlados a los seres creados por el hombre. La enorme trascendencia de estas tres leyes se refleja en la literatura en general, dando origen a numerosos relatos como Tik-Tok de John Sladek, en el que un fallo de hardware anula la primera ley y convierte a un robot en un asesino; o Primera Ley del propio Asimov, donde un robot deja abandonado a un ser humano en las terribles tormentas de arena de la Luna por ir a cuidar a un animal al que ha cogido bajo su protección. La especulación al respecto de las tres leyes de la robótica ideadas por el escritor y científico es inmensa, la propia manipulación de estas leyes por parte del ser humano se observa en El pequeño robot perdido, también de Asimov, donde el ejército utiliza robots con la primera ley modificada con el fin de que no se expongan a peligros innecesariamente, ya que son demasiado valiosos.

Esta temática, repleta de los habituales temores del hombre a ser dominado por sus propias creaciones, se desarrolla ampliamente en narraciones como Yo, robot (Asimov) o Segunda Variedad (Philip K. Dick) donde, en el primer caso, una inteligencia artificial decide que para proteger a los seres humanos hay que prescindir de la opinión de los propios seres humanos, y en el segundo el hombre crea robots de guerra tan perfectos que acaban volviéndose en su contra. Dick además juega en este relato, como en tantos otros de su autoría, con la confusión hombre-máquina, la idea de que el hombre pueda crear una máquina tan parecida a él mismo que no sepa distinguirla de un ser humano. De hecho, en el cuento Infiltrado o en La hormiga eléctrica, el propio protagonista desconoce que él es un robot, y en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? los personajes deben someterse a pruebas continuas para demostrar su condición humana. No sólo se contempla la posibilidad de ser un robot sin saberlo, Algis Budrys trata, por otro lado, la progresiva transformación de un hombre en robot y las implicaciones psicológicas que esto produce. Este constante recurso en la literatura en general y en el género de la ciencia ficción en particular nos habla de unos Estados Unidos y Europa, a mediados del siglo XX, en la que la rápida tecnificación e introducción de asombrosos inventos y avances, unidos al consumismo y a la renovación política tras la Segunda Guerra Mundial, contribuyen a un clima de esperanza y a la vez temor hacia la ciencia y su boom de aportaciones casi heréticas.

Asimov añadió posteriormente una cuarta ley, probablemente desarrollada para justificar la trama de su archiconocida Fundación, llamada la “Ley Cero”: Un robot no puede dañar a la humanidad, o a través de su inacción, permitir que se dañe a la humanidad. De esta manera, los robots pasan de estar al servicio de la Humanidad a convertirse en seres superiores, auditores del destino del hombre. El hombre ha pasado de ser Dios a crearse un nuevo Dios, su criatura ha cambiado y evolucionado, y vela por los intereses de su padre.

Autores relacionados:
Isaac Asimov
Philip K. Dick
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La segunda variedad
Yo, robot

Precuela anunciada para Yo Robot

29 de octubre de 2009 en Ciencia-Ficción, Literatura, Noticias

 Yo, Robot

Asimov, además de uno de los más influyentes escritores de ciencia ficción, es también uno de los que más versiones, precuelas y secuelas ha sufrido, tuteladas o no por él. Por tanto, no es de extrañar que sus herederos continúen con la costumbre de alargar las historias más allá de lo establecido por Asimov, que siempre tuvo muchas más ideas que capacidad para la escritura narrativa. La obra que va a ser “precuelada” es Yo robot, probablemente una de las obras de ciencia ficción más influyentes de la historia. Los herederos de Asimov han llegado a un acuerdo con la editorial Penguin, a través de su sello Berkley, para contar la historia de Susan Calvin en su primer año de residencia en el Hospital de Nueva York.

La historia, con el nombre provisional de Robots y Caos, tendrá forma de trilogía, pero lo que llama poderosamente la atención es la persona elegida para escribirla. Se trata de Mickey Zucker Reichert, autora de fantasía épica, conocida sobre todo por su serie Renshai, donde, con una revisitación de la mitología escandinava, nos cuenta la historia de Colbey Calistinsson, último superviviente de su tribu y muy hábil con la espada. Vamos, Asimov puro.

No dudamos de la capacidad de la autora para realizar un trabajo digno, probablemente su Susan Calvin tendrá más fondo que el personaje de Asimov, pero ¿realmente no había ningún autor/autora de ciencia ficción disponible? En otras ocasiones se ha recurrido, pienso en el mismo Asimov, a autores con un poco más de reconocimiento como David Brin. Aunque igual no han logrado encontrar a un admirador del doctor que se haya prestado a realizar esas precuelas, quizá por que al final sea una Anatomía de Calvin más que otra cosa.

Autores relacionados:
David Brin
Isaac Asimov
Libros relacionados:
Yo, robot

¿Cuál es la mejor saga de Ciencia Ficción de la historia?

10 de octubre de 2009 en Ciencia-Ficción, Literatura

Asimov

El que una novela se haga tan popular que los lectores demanden más y más libros ambientados en el universo de personajes y situaciones ideado por el autor no es algo aislado ni atípico. Ahí tenemos a Harry Potter, a Sherlock Holmes, a Conan, a Alatriste o a Sandokán como botones de muestra. Algunas de esas veces, las novelas subsiguientes a la primera ya estaban planeadas por sus escritores; otras, la demanda popular hizo “engordar” la historia inicial, añadiendo nuevas aventuras escritas sobre la marcha.

La ciencia ficción, muy dada a crear universos realmente únicos, no ha sido impermeable a esta tendencia desde que, a mediados del siglo pasado, se definió más o menos definitivamente como género. Han sido muchas las sagas de ciencia ficción, entre ellas la de Darkover (o del Planeta Perdido), de Marion Zimmer Bradley, aunque la autora jugó bastante con elementos narrativos y temáticos más cercanos a la fantasía que a la ciencia-ficción.

Se suelen nombrar a cinco sagas en particular como las más importantes e influyentes de la historia. A saber: la saga de la Fundación, de Isaac Asimov, en los años 50; la saga de Dune, de Frank Herbert, en los 60; la saga de Pórtico (o de los heechee), de Frederik Pohl en los 70; la saga de Ender, de Orson Scott Card, en los 80; y la saga de Hyperion, de Dan Simmons, en los 90. Está aún por ver qué saga será considerada la más importante de la década que ahora da sus últimos coletazos.

Fundación, del científico, historiador y divulgador estadounidense de origen ruso Isaac Asimov, podría considerarse como la más influyente novela y saga de la historia del género. No la mejor, sino la más influyente: cientos de escritores han seguido la estela dejada por Asimov desde las primeras (y mejores) historias de la saga, de los años 50, hasta las dos ultimas (y muy inferiores) de los años 80. La influencia de conceptos como la psicohistoria, o de personajes como Hari Seldon, ya míticos en el imaginario popular y de gran predicamento entre los aficionados al género, se han hecho notar en docenas de novelas ulteriores. Aunque a ojos del lector contemporáneo Fundación adolece de cierta ingenuidad, no hay que negarle a Asimov el que fuera el primer creador de un universo coherente que dio para muchas y entretenidas historias.

Hyperion

En los años 60 Frank Herbert sorprendió a todos con Dune, una novela ambientada en el tórrido planeta Arrakis, y en la que se mezclan elementos más cercanos a la política, la religión y la psicología que a lo que la ciencia ficción estaba habituada hasta entonces. La saga va decayendo conforme avanzan los libros, como casi todas, pero Dune abrió los ojos a muchos lectores ocasionales de libros de este género. En contraste, la saga de Pohl, unos años después, e iniciada con la espléndida Pórtico, podría ser considerada como más cercana a Fundación que a Dune, más centrada en la exploración espacial y la maravilla de lo desconocido que a las conjuras entre facciones rivales, el mesianismo o la psicología inversa recalcitrante de la obra de Herbert.

En los 80, y al tiempo que el género daba la enésima vuelta de tuerca, reinventándose de nuevo, la saga de Ender, de Orson Scott Card, se convirtió en un best-seller que incluso saltó a las estanterías de los no aficionados. Era otro tipo de ciencia ficción, en mi opinión bastante sobrevalorada, tan ingenua o más que los libros de Fundación en una época en la que el cyberpunk y otras tendencias hacían alcanzar la mayoría de edad al género. Obviamente mi animadversión por el mocoso de Ender no ha de ser compartida por todo el mundo; tampoco mi odio visceral a Aenea, protagonista (en parte) de la saga que Simmons, a través de Hyperion y las tres novelas subsiguientes, planteó en años posteriores. Simmons, que con las dos primeras novelas de la saga dejó el listón demasiado alto, plantea un cierre al ciclo con dos novelas (en las que aparece, precisamente, la tal Aenea) que no le hacían justicia.

Así, ¿cuál es, de estas sagas, la mejor? La pregunta sería, más bien, cuál es la favorita de cada uno de los millones de lectores que nos hemos acercado a ellas maravillados de tanta imaginación puesta al servicio del deleite más mundano.

Autores relacionados:
Dan Simmons
Frank Herbert
Frederik Pohl
Isaac Asimov
Orson Scott Card
Libros relacionados:
Dune
El juego de Ender
Fundación
Hyperion
Pórtico

Literatura necrótica

6 de abril de 2009 en Autores, Literatura, Mundo Editorial, Noticias

Crichton

Ante la búsqueda desesperada del best-seller definitivo, gran parte de la industria editorial parece abocada a la búsqueda de la continuación de viejos superventas. Sin embargo, cuando la reedición ya no parece suficiente, incluso sacando del olvido viejos éxitos que tenían en barbecho, y los escritores franquicia no producen las novelas seudo-históricas adecuadas, no hay más que empezar a rebuscar en ciertos archivos.

De un tiempo a esta parte proliferan las obras olvidadas, desechadas, ocultas e incompletas que sus autores dejaron así por propia decisión o bien por sufrir la tremenda desgracia de morirse. Ya hablamos de Bolaño, al que se le han encontrado hasta tres novelas inéditas de las que al menos una ya tiene los derechos comprometidos.

Siguiendo la línea de inacabados, no faltan los completismos sobre series, como se ha hecho como La rueda del tiempo, La Fundación de Asimov o bien Blade Runner, que se ha visto alargada hasta una inverosímil tercera parte.

A medio camino entre las dos formas de edición, anuncian la próxima aparición de una novela de Michael Crichton que, estando “acabada” ha sido retocada en la editorial (esto es una práctica habitual en el mundo americano) y que saldrá dentro de poco a la venta. A la vez, tras encontrar algún capítulo escrito y algo de documentación, desde la editorial buscan a un solvente escritor de thrillers para terminar la obra de Crichton.

Yo sigo pensando que es una falta de respeto al autor, pero es cierto que las nuevas obras generan unos buenos ingresos para las familias de los escritores… ¿dónde está el límite entre continuidad y explotación?

Autores relacionados:
Michael Crichton
Roberto Bolaño

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