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Una manzana para atarlos a todos

20 de Marzo de 2010 en Autores, Literatura electrónica, Noticias

Manzana Única

A nadie debería sorprenderle ya que en la Apple iStore los libros superan en número al resto de aplicaciones. La lectura en los iTouch o Iphone es relativamente cómoda y cuando llegue el desembarco del iPad habrá que ver como reacciona el mercado y los lectores ocasionales.

Hay muchas cosas que me gustan de la tecnología Apple, como su diseño, su sistema operativo, su facilidad de uso… hay otras que me gustan menos, como su precio o sus decisiones alrededor de cómo limitar las posibilidades de sus dispositivos.

Otra de las cosas que no me gusta es la de la exclusividad con la que juegan. Me explico: cada aplicación vendida en la tienda Apple -que es la única si tienes uno de esos dispositivos- está sometida al arbitrio y decisión de la compañía dirigida por Steve Jobs. Eso quiere decir que en cualquier momento pueden decidir que tu aplicación -tu libro- ya no les interesa y hacerlo desaparecer tanto de la tienda como de los dispositivos.

Esto, que en realidad no debería ser más que una ligera limitación: existen muchos dispositivos de lectura y muchas tiendas virtuales además de Apple, no deja de inquietar a quienes apuesten por el inmenso mercado que se está construyendo alrededor de sus dispositivos móviles, así como aquellos a quien se vete antes o después. Estamos hablando de más de 40 000 000 de posibles clientes, con lo que todavía falta por llegar, así que no es segmento marginal, sobre todo por el codiciado target de mercado que es un propietario de iPhone.

La política de coto cerrado no es agradable ni para el usuario ni para el desarrollador (editor o escritor) pero por el momento Apple, en silencio, va construyendo un escaparate de acuerdo a sus propios intereses sin que nadie, o casi nadie, se atreva a levantarle la voz por miedo a quedarse fuera, un mundo exterior que existe, sin duda, pero que queda cojo sin poder acceder a todas las posibilidades.

Por el momento no parece que vaya a cambiar nada, así que si os planteáis crear un libro extendido o multimedia para Apple tened en cuenta el contrato: la empresa puede retirar vuestro producto y pagaros una indemnización limitada a los 50 euros. Da qué pensar, ¿verdad?

No puedes engañar a todos los lectores todo el tiempo

Lector

Así de contundente empieza un post del blog del Kindle sobre una encuesta realizada entre los poseedores del lector de Amazon, encuesta claramente enmarcada en la disputa abierta entre la tienda online, Apple y los editores en Estados Unidos y de la que os hemos hablado en otras ocasiones. Aunque no deje de ser, por tanto, un estudio que barre para casa, algunas de las conclusiones son muy interesantes y no estaría de más que los editores, y no sólo los de los EE.UU., las tuviesen en cuenta.

Por un lado, el cambio de hábito de lectura (o de compra de libros, que al fin y al cabo es lo que les interesa a los editores) entre los usuarios de Kindle. Un 61% compraban quince o más libros físicos, mientras que ahora tan sólo un 15% de los lectores continúan a ese ritmo. Esta disminución se ve ampliamente compensada: un 64% compra online quince o más libros al año y más de la mitad de estos voraces lectores comprará más de treinta libros.

Por otra parte, parece que la guerra de precios, cuya última puesta en escena ha sido la aparición de Apple y las grandes editoriales, las Big Six, en los medios frente a Amazon, ha conseguido que los compradores empiecen a cuestionarse los precios de los libros. Así de los 1.892 entrevistados sólo seis no sabían quiénes eran las Big Six (Hachette Book Group, HarperCollins Publishing, Macmillan, Penguin Group, Random House y Simon & Schuster) y más de un 60% estaban bastante de acuerdo en investigar el acuerdo entre Apple y las editoriales respecto a la fijación del precio de los libros electrónicos. Un par de preguntas trataban directamente el enfrentamiento entre Amazon y Macmillan y parece que la plataforma online cuenta con el favor del público, ya que lo ven como un posicionamiento contra la política de precios altos que intentan imponer los editores.

Hay que destacar otro punto que me ha parecido muy interesante: la mayor parte (un 93%) considera que los precios de la tapa dura son excesivos y buena parte de los poseedores de un Kindle están dispuestos a mirar más allá del best seller de turno, buscando descatalogados (término a desaparecer con la edición online) o de editoriales pequeñas, que ven superado en buena parte su problema de visibilidad.

Vía: Dos doce

Los escritores que no amaban a los ebooks

Publetariat

Con todo este barullo que si Amazon, MacMillan, Murdoch y Apple, un gran número de escritores americanos han decidido posicionarse, y de manera muy activa, en el conflicto.

Por el momento, y hay quien se ha extrañado al principio, se han puesto de lado de MacMillan y no han dejado de lanzar acusaciones contra Amazon. Es cierto que ese momento de rabieta en el que miles de libros, incluyendo los no-digitales, dejaron de estar a la venta ha escocido y mucho a los escritores que de repente se vieron apartados del principal supermercado del libro en Internet.

Dejando a un lado el apoyo a su propia editorial, algo que es entendible en superventas, pero que a menor rango ya cuesta algo más que seguir, se engloba dentro de esa teoría de la devaluación del libro, que ya hemos comentado antes. En realidad, el modelo de Apple, el de la nueva tienda iBooks, va a resultar menos beneficiosa para el autor que con los precios de Amazon. En Publetariat [Inglés] han hecho el cálculo completo y por cada libro van a recibir un dólar menos. Curioso, ¿verdad?

En España, y Europa, los escritores y los agentes están pugnando por ampliar el porcentaje de los derechos para el autor en los libros digitales, aumentando del clásico 8% a un 20 o 25, mientras en Inglaterra están planeando llegar a un 50. Amazon, como ya comentamos, ofrece un 70% para el autor si se publica con ellos sin pasar por una editorial (quedándose una minitasa por descarga, eso sí) y ese gesto puede haber motivado también el recelo de las grandes editoriales ahora que pueden darle donde más le duele.

Eso sí, para autoeditar cada autor se paga la corrección y la maquetación de su propio bolsillo, así como la publicidad y el esfuerzo. Es algo parecido a lo que planteó también en su día Google como el futuro de Google Editions, así que no es de extrañar que las editoriales quieran con locura al proyecto de Apple. Ahora, ¿los escritores? ¿Es posible que dejen pasar la oportunidad de sentar las bases de un escenario en el que no serán el último mono del mercado? Lo cómodo, claro, es dejarse llevar por los más famosos y por quien está poniendo ahora el dinero y lo incierto, arriesgado y valiente es luchar por los derechos que les corresponden.

¿Hacia dónde va el precio del libro electrónico?

Kindle DX

El gran debate en Estados Unidos está servido tras el acuerdo de Apple con varias de las grandes editoriales americanas y la polémica con Amazon. Aquí, estando como estamos viéndolas venir y con casi todo el mercado por articular, se sigue con interés el desenlace por parte, sobre todo, de las editoriales.

Pongámonos en antecedentes. Amazon, dispuesto a convertir a su Kindle en el e-reader más usado del mundo, llega a un acuerdo con las editoriales para vender las novedades a 9.99$, siendo en algunos casos capaz de pagar a la editorial un suplemento para que no pusieran problemas a la hora de discutir el precio. Amazon lograba esto gracias a su posición de poder como el mayor vendedor de libros electrónicos en EEUU, con lo que las editoriales tenían poco margen de maniobra.

Tras la presentación del iPad de Apple, el cual va asociado a una tienda de libros electrónicos en formato ePub -ojo, en ePub pero con DRM de Apple, con lo que demuestran lo mucho que aprendieron con la música-, en la que los editores pueden poner el precio que les venga bien a sus libros, dejando las novedades de 12 a 15$. A los cuatro días el ultimátum es directo, MacMillan, que ya ha firmado con Apple, le dice a Amazon que ponga los libros al mismo precio que en la BookStore mientras que la librería americana decide, en un primer momento, eliminar a MacMillan del sistema.

Finalmente ha sido Amazon quien ha tenido que bajarse de su posición y ha accedido a las condiciones de la editorial. Aquellos que quieran pagar los quince dólares correspondientes podrán hacerlo, no sin que Amazon, en su página web, manifieste su total desacuerdo con dicho precio.

El movimiento de MacMillan , mega-editorial con nombres como Douglas Preston, Orson Scott Card, o Tatiana de Rosnay (por poner tres ejemplos completamente diferentes de sus cientos de autores) es un golpe encima de la mesa confiando en que el iPad funcione y la Bookstore sea un éxito… algo que puede o no puede ser y que tardará bastante en probarse. En el caso de que los libros caros con DRM de Apple no se vendan Amazon volverá a plantar cara a los editores para vender su formato DRM más barato -eso sí, ya desde el año pasado su sistema de protección está roto- y seguirá con su proceso monopolístico.

Por si fuera poco, Rupert Murdoch, dueño de periódicos y de un imperio editorial basado en Harper Collins, tampoco está de acuerdo con los precios de Amazon. Ha olido la sangre fresca y un tiburón como él no ha podido dejar de morder para ver si se libra de ese competidor que era la empresa librera. Lo curioso es que, como él afirma, no es por dinero ganado (ya que Amazon les paga como si los libros valieran 14 dólares), sigue con la consigna y lo hace para que no se devalúe el producto de tapa dura… impresionante.

A todo esto, parece que todo el mundo se ha centrado en Apple vs. Amazon dejando fuera del escenario al que parecía el verdadero revolucionario del mundo del e-book. O mucho me equivoco o nadie está hablando de Google, y está claro que en el futuro de todo este negocio tiene mucho que decir: a Google no le interesa el desmantelamiento de un negocio en red como el de los e-books, así en los próximos meses no sería de extrañar un nuevo movimiento por parte de la empresa más importante de Internet en estos momentos.

En España carecemos de una librería como Amazon que aglutine a casi todas las editoriales, pero me da que, tal y como han puesto los precios en las distintas tiendas virtuales que ya existen, la teoría de los 15 euros también gustará mucho por estos lares. Eso sí, luego, como estamos avisando, se preguntarán por las bajas ventas. Y entonces será, lamentablemente, demasiado tarde.

El iPad y los libros

iPad Bookstore

Lo reconozco, me ha sido imposible no hablar aquí del iPad también, regalándole publicidad a Steve Jobs, el reconocido Señor del Márketing, pero entiendo que un dispositivo tan mediático cuyo dossier de prensa se han comido numerosos periódicos y revistas, sin hacer un poco de análisis o crítica, merece su espacio en Lecturalia.

No voy a hablar del tema más orientado a juegos y aplicaciones, de eso ya hay otros mucho más conocedores de el estado actual de la tecnología que yo, pero teniendo en cuenta el hype generado por las capacidades como lector de libros electrónicos del iPad es necesario dejar algunos puntos claros antes de que la publicidad oficial se haga carne y se convierta en vox populi.

El nacimiento de los lectores de libros electrónicos viene determinado por la tecnología de tinta electrónica -aunque hay variantes, muchas de ellas en proceso-, y tienen éxito por convertir la lectura en la pantalla de un dispositivo en lo más parecido a leer un libro físico. Sin brillo alguno, capaces de ser expuestos a la luz directa del sol, con batería de larga duración, ligeros, los e-readers son unos aparatos dedicados a una función concreta (si dejamos al margen su capacidad para reproducir música): leer.

Por leer, claro, me refiero a que sirven tanto para veinte minutos de lectura como para cuatro horas. Es cierto que las estadísticas de lectura en iPhones e iTouchs, aparatos similares al iPad pero mucho más pequeños, habían mostrado ser altísimas, y la descarga de libros para esos dispositivos similar o incluso superior a los juegos. Sin embargo, y esta es una gran diferencia, en la pantalla de un iTouch se puede leer un rato corto, en el metro, en el autobús, mientras se está de viaje o esperando en una cola. Es un lector de libros de minibolsillo, y como tal cumple estupendamente su función. Ahora, más rato delante de la pantalla llega a ser molesto. Ese es el quid de la cuestión: el iPad es una pantalla igual que la de un ordenador, en la que se puede leer durante un rato, pero que no tiene nada que hacer en comparación con una pantalla de tinta electrónica.

Donde sí que tendrá su nicho, eso parece claro, es en el mundo de las revistas y los periódicos, ideales para lecturas rápidas y que agradecerán las capacidades multimedia -capacidades que se le suponen en un futuro, ya que ahora no hay Flash ni multitarea- que les brinda la plataforma iPad. En los cómics también parece que puede triunfar, ya que el tamaño de la pantalla y el color convierte al aparato de Apple en un gadget interesante, siempre y cuando, claro, no quieras estar muchas horas leyendo tebeos.

¿Quién se ha emocionado con el iPad y su Bookstore? Las editoriales, por supuesto. Apple ha realizado un movimiento completamente diferente al que inició con iTunes y sus canciones a un dólar: los libros van a costar 15$, mucho más que los 9,99 de Amazon y se acerca a la paridad con el libro físico de manera preocupante. Está claro que muchos editores venían reclamando ese tipo de precios desde hace tiempo para los ebooks: según ellos, bajar el precio de los libros depreciaría el valor del producto en general. Luego vendrán quejándose de la piratería, por supuesto.

En resumen, el iPad de Apple es un dispositivo para lecturas cortas y que, por ahora, no supone un cambio en el mundo del libro electrónico y es más que probable que pierda muchos enteros cuando los tablets de la competencia aparezcan con pantallas Pixel-q, capaces de pasar de modo LCD a casi tinta electrónica con sólo apretar un botón.


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