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Entradas con etiqueta ‘Anécdotas de escritores’

Escritores en la cárcel (III)

3 de febrero de 2012 en Autores

Burroughs

En los artículos anteriores os hablamos de escritores cuyas opiniones políticas los habían arrastrado a la privación de su libertad. En este artículo nos centraremos en otro tipo de delito, como aquellos que se cometen por amor, o por pasión, o simplemente por estar más bebido de la cuenta.

En lo que se refiere a la pasión, no le trajo más que quebraderos de cabeza y problemas con la justicia a escritores como Paul Verlaine u Oscar Wilde. Verlaine recibió su primera carta del poeta Rimbaud en 1871, y en poco más de un año ya había abandonado a su esposa e hijo para fugarse con su nuevo amante. Su relación era conflictiva y muy intensa, y en 1873, en un ataque de celos mientras estaba borracho, Verlaine disparó dos veces contra Rimbaud, aunque no lo hirió de gravedad. El incidente desembocó en el encarcelamiento del poeta simbolista, quien, ya en la prisión de Mons, se convirtió al catolicismo y creó gran parte de su cuerpo poético.

En cuanto a Wilde, sabemos que sus líos con jóvenes de su mismo sexo no le trajeron más que problemas. Animado por su amante, Lord Alfred Douglas, Wilde acusó al padre de éste, el Marqués de Quensberry, de difamación, acusación que se volvió en su contra conforme caían sobre él cargos de indecencia y sodomía. Fue condenado a dos años de trabajos forzados, durante los cuales escribió la larga epístola De profundis, en la que se aleja de manera radical de su anterior apego al esteticismo. Una vez liberado abandonó Inglaterra para no volver: pasó el resto de su vida en Francia, dedicado a la poesía. El tiempo en prisión afectó severamente su ánimo y su salud: murió a la temprana edad de cuarenta y seis años.

Otra historia curiosa, relacionada con el alcohol y la persona amada, es la que incumbe al escritor estadounidense William Burroughs quien, estando en México, disparó y mató a su esposa por error, mientras jugaba a una versión alcohólica de Guillermo Tell. Burroughs se hizo con la ayuda de uno de los abogados más prestigiosos de México, para perderlo poco después debido a la imputación de éste en otro caso independiente. Desesperado, el escritor huyó del país, donde fue condenado a dos años de prisión por homicidio, pena que nunca llegó a cumplir. Lo curioso es que Burroughs había llegado a la capital mexicana precisamente por huir de la justicia estadounidense, que lo buscaba por un caso de tráfico de drogas, delito al que se dedicaba de manera ocasional para pagar su adicción a la heroína.

Éstos no son, ni mucho menos, todos los grandes escritores que han sido encarcelados por un motivo u otro. Otros nombres que os resultarán familiares y que han pasado por prisión son Cervantes, James Joyce, Ovidio, Daniel Defoe o Ezra Pound. Y sí, el ser escritor y expresar lo que nadie quiere oír puede conllevar una pena durísima, pero no todos acabaron en la cárcel por ser adalides de la libertad de expresión. Algunos, simplemente, eran delincuentes.

Autores relacionados:
Oscar Wilde
Paul Verlaine
William Burroughs

Escritores en la cárcel (II)

31 de enero de 2012 en Autores, Biografí­as

Voltaire y la cárcel

En el artículo anterior ya os mencionamos a varios escritores que acabaron pasando un tiempo en la cárcel por diferentes razones. En concreto hablamos del Marqués de Sade y de Dostoyevski. En lo que a rusos disidentes se refiere, la lista es muy larga, pero aparte de Dostoyevski es posible que el caso más conocido de encarcelamiento por opiniones políticas sea el de Solzhenitsyn. Acusado de conspirar contra el régimen y de escribir “propaganda antisoviética” (Solzhenitsyn describió con gran detalle la realidad detrás de los gulag o campos de trabajo soviéticos), fue condenado a ocho años de trabajos intensivos y a un destierro posterior (aunque pudo regresar a Rusia muchos años después). En el exilio, trabajaba durante el día como profesor y dedicaba sus noches a escribir. En 1970 recibió el Premio Nobel de Literatura.

La persecución política es una de las razones principales por las que un autor puede acabar pasando largas temporadas a la sombra. Otro de los casos más conocidos, y muy anterior a los ya mencionados es el de Tomás Moro, que nunca aceptó las intenciones de su rey, Enrique VIII, de constituir la iglesia inglesa como una entidad propia independiente de las órdenes de Roma. Debido a la negativa del Papa de concederle el divorcio con Catalina de Aragón para poder casarse con Ana Bolena, el rey anglosajón decidió separarse de la autoridad de Roma de manera definitiva. Si bien Tomás Moro, célebre tanto como consejero de confianza del rey como por ser autor de obras como Utopía y uno de los defensores más acérrimos de la fe católica, terminó por aceptar la separación entre Enrique y Catalina, tomando a la Bolena como legítima reina, no podía consentir la creación de una nueva iglesia independiente, a sabiendas de que ésta se impregnaría con las nuevas creencias que atravesaban la misma Europa que había visto nacer a Lutero, a Calvino y a tantos otros, designados herejes por el Vaticano. Moro pasó sus últimos días en la Torre de Londres, y fue condenado a morir ahorcado y descuartizado, destino reservado a los condenados por alta traición, si bien el rey le conmutó la pena por decapitación, una ejecución bastante más limpia generalmente reservada a nobles y aristócratas.

El escritor francés Voltaire tampoco se libró de la reclusión, durante once meses, en la Bastilla, en gran parte por su propia literatura, de carácter marcadamente crítico y satírico. Durante estos once meses demostró una vez más su gran prolijidad escribiendo su primera obra dramática: Edipo, que llegó a ser una de las obras más representadas del teatro francés. La obra se estrenó el 18 de noviembre de 1718 en la Comédie-Française, estando el propio autor exiliado. Uno de los invitados de honor fue el propio regente, de quien se rumoreaba que mantenía una relación amorosa con su propia hija; por lo que la obra de Voltaire adquirió un carácter satírico sin siquiera proponérselo: dicha representación alcanzó fama y popularidad debido a la polémica asociada al tema de la obra, el incesto.

Autores relacionados:
Voltaire
Aleksandr Solzhenitsyn
Tomás Moro

Escritores en la cárcel (I)

29 de enero de 2012 en Autores, Biografí­as

Zheng Yichun

Como parte activa del entramado cultural e intelectual de un sistema político, es inevitable que la voz del escritor, pertenezca o no al subgrupo periodístico y/o de comunicación de un país, pueda llegar a representar una amenaza al statu quo, sobre todo en regímenes autoritarios o en estados sometidos a la propaganda de los grupos de poder. Es muy frecuente, por tanto, que nos encontremos con casos como los del escritor y disidente chino Zheng Yichun, autor reconocido a nivel internacional, ganador del primer premio internacional de derechos humanos Dr. Rainer Hildebrandt, y liberado hace poco de la cárcel de Nanshan, donde había cumplido una condena de seis años por escribir reivindicando reformas políticas en su país.

Sin embargo, no todos los grandes escritores acaban en prisión por exigir libertades cívicas. Los hay que han dado con sus huesos en la cárcel por tratar temas de discutible moralidad, censurables en su país o época, o simplemente por comportarse como delincuentes comunes. A continuación enumeraremos algunos de los más llamativos.

En lo que se refiere a escribir sobre temas considerados obscenos (y en muchas ocasiones obrar en consecuencia), tenemos el ejemplo notable de Donatien Alphonse François de Sade, mejor conocido como Marqués de Sade. Sus escritos revolucionarios (y actos poco decentes) tuvieron en jaque a varios regímenes, pero se hallaba protegido, hasta cierto punto, por su título nobiliario y contactos en las altas esferas. No queda claro cuánto de cierto hay en las leyendas que rodean a su persona, cuánta verdad existe en las acusaciones y rumores que lo rodearon a lo largo de su vida, pero estuvo recluido en varias prisiones y manicomios, tanto por su comportamiento disoluto como por los manuscritos “peligrosos” que escapaban de su pluma y que se publicaban y circulaban de manera clandestina pero con gran éxito.

Los escritos de Sade han tenido una acogida dispar a lo largo de los años, Para escritores como Bataille, sus obras eran “apologías del crimen”, mientras que para otros autores, como Rimbaud, Apollinaire, o Breton y los surrealistas, eran obras de arte incomprendidas. Entre los que se vieron influidos por su escritura estuvo el escritor ruso Dostoyevski, otro autor que sufrió el encarcelamiento y un posterior destierro para realizar trabajos forzados en Siberia. Había sido arrestado por razones políticos: según las acusaciones realizados contra él formaba parte del grupo intelectual liberal conocido como Círculo Petrasheyski, acusado de conspirar contra el zar, quien desconfiaba de todo tipo de agrupaciones clandestinas debido al clima revolucionario que se llevaba respirando en Europa desde 1848. Aunque sus compañeros fueron condenados a muerte, el escritor consiguió que se le conmutara la pena por trabajos forzados. La segunda parte de su condena lo obligaba a incorporarse al ejército como soldado raso, una vez finalizara su estancia en Siberia, por lo que pasó cinco años más de su vida bajo el poder del estado, acuartelado en Semipalátinsk, en Kazajistán. Con el tiempo obtuvo una amnistía y pudo recuperar tanto su título nobiliario como permiso del nuevo zar, Alejandro II, para publicar su obra.

Autores relacionados:
André Breton
Arthur Rimbaud
Fiódor Dostoyevski
Georges Bataille
Guillaume Apollinaire

Marginalia (bis)

27 de marzo de 2011 en Autores, Literatura, Narrativa

Al margen

Cuando escribí el artículo Marginalia, acerca del controvertido tema de escribir en los libros y mi propia experiencia al respecto, lo hice inspirada por un artículo que había leído en el New York Times en el que se hablaba de esta práctica (el artículo, de Sam Anderson, se centraba más en el ejercicio de escribir en los márgenes como práctica referencial, hecha para uno mismo; sin embargo para mí y para otros “anotadores”, como para los amantes y amigos del siglo XIX, se trata de una práctica social). Debe de ser un tema bastante llamativo porque semanas después de enviar mi texto encontré otra referencia al respecto por parte de otro articulista del mismo periódico, que también hacía mención de obras que han tratado, de una manera u otra, esta costumbre más o menos polémica.

Este segundo artículo, de Pamela Paul, nos presenta algunas publicaciones interesantes acerca de este tema. La reciente obra de Matthew Grenby, The Child Reader: 1700-1840 (El niño lector: 1700-1840), se centra en las anotaciones de lectores infantiles, y sus curiosas percepciones y arreglos del texto en el que se estaban concentrando. Uno no puede dejar de pensar que sería tal vez más interesante saber qué anotan los niños de nuestro tiempo, quienes, a pesar de la imposición escolar de mantener los libros impolutos, siguen garabateando en sus páginas. Reconozco que mis propios libros de texto están repletos de anotaciones y dibujos, algo que me encanta redescubrir ahora que han pasado los años. La sensación de libertad y rebeldía al trasladar esta destructiva costumbre a los libros de ficción fue importante, algo así como comenzar a colorear los dibujos saliéndome de las líneas, o a escribir poesía que no rimase. Los libros perdían su inocencia, su pureza, pero precisamente esto les proporcionaba vida, experiencia.

La obsesión por los márgenes puede llegar, sin embargo, a ser enfermiza. Paul nos habla también del tratado Marginalia de H. J. Jackson, que reúne miles de anotaciones de escritores conocidos. Curioso, pero lejos de ser apasionante. Aunque dichas notas puedan darnos cierta información sobre la personalidad e intereses de dichos autores, no son tan inspiradoras como pueden ser las notas de nuestros propios conocidos o nosotros mismos (reencontrarse con una anotación propia es, frecuentemente, bucear en los recuerdos y en el mismísimo subconsciente, de una forma parecida, pero más sutil, a la de un diario). Lo que sí es llamativo de esta obra de Jackson es su narración de la “guerra” existente entre los anotadores y los bibliófilos, entre los que garabateaban y los que consideraban dicho garabateo pecado mortal; el enfado de De Quincey con Wordsworth cuando éste le devolvió un libro prestado lleno de marcas de mantequilla es, seguramente, muy razonable, pero hay una gran distancia entre los que simplemente no sienten aprecio físico por el libro y aquellos que llevan su aprecio a límites distintos. El amor hacia el libro se demuestra, sin duda, de diferentes maneras; como el amor, la afición por el libro puede ser de respeto, virginal y platónico, casi religioso, o puede ser terrenal, pecaminoso, repleto de lujuria, con un fálico lápiz (o, perversión de las perversiones, un bolígrafo) para impregnar a la obra de nuestros pensamientos, opiniones y persistente creación de recuerdos.

Extraños oficios

24 de febrero de 2011 en Autores, Literatura

Vladimir Nabokov

El oficio de escritor no es, como podría ser el de médico, farmacéutico o abogado, una profesión a la que se llega de manera directa, con unos estudios específicos y unas prácticas reguladas. Estudiar literatura no le convierte a uno en escritor: pocos filólogos, periodistas o teóricos de la literatura son escritores (y menos aun, escritores de éxito o incluso talento), por lo menos no en el sentido clásico del escritor como artista y creador. De hecho, muchos de los grandes de la literatura ni siquiera se habían formado en el campo lingüístico, sino en carreras y vocaciones muy distintas.

Tal vez uno de los más conocidos en este sentido sea Vladimir Nabokov, ya que recientemente se han comenzado a valorar algunas de sus hipótesis sobre la evolución de determinadas especies de mariposa, gracias a que los análisis modernos han permitido la validación de teorías que sus coetáneos rechazaron. Y es que Nabokov era un experto lepidopterólogo, que se gastó el dinero que obtuvo por la publicación de su obra Rey, dama, valet en un viaje a los Pirineos junto a su esposa para capturar mariposas. Para otros escritores, sus experiencias laborales sirvieron como inspiración para su obra literaria: Charles Dickens trabajó un tiempo en una fábrica, pegando etiquetas en botes de betún. Las condiciones deplorables de los trabajadores con los que convivía sirvieron para ilustrar varias de sus novelas, entre ellas Tiempos difíciles y David Copperfield. Ésta última también se vio influida por su trabajo como secretario en un despacho de abogados, un puesto muy distinto al arduo empleo de la fábrica.

Para algunos escritores la fama y el éxito fueron inesperados, ya que la literatura no era, en principio, su mayor ocupación. Dan Brown, celebérrimo autor de El Codigo da Vinci, quiso triunfar en un ámbito muy distinto (aunque tenía formación como escritor): la música. Antes de llegar a la cima con obras como Ángeles y demonios, sacó dos álbumes, uno de los cuales se titulaba, precisamente, Ángeles y demonios; también fue profesor de instituto, al igual que Stephen King. Por otro lado, el autor Zane Grey, que publicó unos noventa libros, vendiendo más de 50 millones de copias en todo el mundo, no consiguió sacar su primera obra hasta que tenía 40 años, gracias al cual pudo, por fin, abandonar una profesión que detestaba: dentista. La escritora de suspense Mary Higgins Clark trabajó como secretaria para una agencia de publicidad, para la que ocasionalmente hacía de modelo (posó para varios folletos junto a cierta actriz en ciernes llamada Grace Kelly). También fue azafata, empleo que le permitió viajar constantemente y conocer a personas de todo el mundo. Otro escritor de vida interesante, William Faulkner, fue durante años cartero para la Universidad de Mississippi.

Más raros son los casos de escritores de profesión que terminan haciéndose célebres por oficios muy diferentes. Sin ir más lejos, Benito Mussolini colaboraba con el periódico socialista italiano Il Popolo d’Italia (periódico del que era fundador), con una novela seriada de corte romántico. Compaginar profesiones siempre es complicado, pero hay oficios más o menos ideales para el escritor en ciernes: tal vez bibliotecario, editor o redactor. O negro literario. Ese, por lo menos, tiene fama de estar bien pagado.

Autores relacionados:
Charles Dickens
Dan Brown
Mary Higgins Clark
Stephen King
Vladimir Nabokov

Anécdotas de escritores X

23 de febrero de 2011 en Autores, Literatura

Yeats

-El editor Robert Giroux le preguntó en una ocasión a T. S. Eliot si estaba de acuerdo con el famoso dicho de que la mayoría de los editores son escritores fracasados. Eliot se quedó un rato pensativo, para finalmente contestar: “Sí, supongo que algunos editores son escritores fracasados, pero es que también lo son casi todos los escritores”.

-El hijo del escritor Nathaniel Hawthorne, Julian, era escritor al igual que su padre, y la gente los confundía con frecuencia. Una vez una señora se le acercó a Julian exclamando lo mucho que le había gustado La letra escarlata. Julian se encogió modestamente de hombros y le contestó a su admiradora: “Ah, ese libro. Salió al mercado cuando yo tenía tan sólo cuatro años”.

-Tras una agradable velada en la que había disfrutado de una suculenta cena, el poeta Robert Frost salió al balcón junto con otros invitados para ver ponerse el sol. Una joven exclamó: ¡Oh, Sr. Frost! ¿No es una puesta de sol espectacular?. Frost respondió: “Lo siento, nunca hablo de trabajo después de cenar”.

-Un periódico al que el escritor Rudyard Kipling, conocido autor de El libro de la selva, estaba suscrito, publicó por error su epitafio. Inmediatamente Kipling le escribió a uno de los editores, pidiéndole que, ya que estaba muerto, que no se olvidaran de borrarlo de la lista de suscriptores.

-En el diario del abogado John Manningham, hay una entrada de 1602 en la que hace referencia a una famosa anécdota respecto al célebre dramaturgo William Shakespeare y uno de sus actores habituales, Richard Burbage. Aunque Burbage no era un hombre especialmente guapo, su carisma encima del escenario lo convirtieron en un hombre que disfrutaba de un gran éxito con las mujeres. Una dama del público le hizo llegar un mensaje invitándolo a visitarla esa misma noche, diciéndole que se anunciara como Ricardo Tercero (en esos momentos Burbage interpretaba a Ricardo III en la obra honónima de Shakespeare). Shakespeare oyó el mensaje, y se presentó en el domicilio de la dama antes de que llegara Burbage. Cuando llegó Burbage, Shakespeare ya estaba con la dama y, enterado de la llegada del actor, le envió a la criada con un mensaje: William (Guillermo) el Conquistador fue antes que Ricardo III.

-El poeta irlandés William Butler Yeats era un hombre, cuanto menos, peculiar. Aparte de su trato con numerosas sectas y su colaboración con los hermetistas de su época, siendo ya bastante mayor decidió hacerse un transplante de testículos, implantándose unos testículos de mono que, según él, aumentaban su potencia sexual. Los irlandeses lo llamaban su Viejo Hombre Glande”.

-Aunque era más conocido como pintor, el artista inglés Dante Gabriel Rosetti también escribía poesía. Cuando falleció su mujer, Elizabeth Siddal, de una sobredosis de láudano, en 1862, al poco tiempo de dar a luz a un niño sin vida, Rosetti cayó en una gran depresión y enterró todos sus poemas con su mujer en el Cementerio de Highgate. Con el paso de los años se arrepintió de esta decisión y finalmente acabó desenterrando su cadáver para poder recuperarlos.

Autores relacionados:
Nathaniel Hawthorne
Rudyard Kipling
Thomas Stearns Eliot
William Shakespeare
William Butler Yeats

Anécdotas de escritores (IX)

26 de noviembre de 2010 en Autores, Literatura, Narrativa

Moby Dickr

-Algunos escritores no tienen mucha suerte a la hora de publicar sus obras, aunque éstas luego se conviertan en clásicos de la literatura. En el caso de Herman Melville y Moby Dick, fue un desastre tras otro. Primero, sus editores británicos cambiaron el título del libro sin su consentimiento (por razones de márketing decidieron llamarlo “La ballena”. Por otro lado, cuando Melville les envió el manuscrito, la última página acabó aplastada e ilegible, de tal forma que no llegó a imprimirse. Así, la obra se publicó sin su final, y el libro obtuvo numerosas críticas de especialistas que se mostraron descontentos con su final abrupto. Pasaron varios años antes de que los lectores británicos se enterasen de que Ishmael sobrevivía al ataque de la ballena blanca.

Tampoco tuvo mucha suerte en Estados Unidos. La nave donde se imprimía la obra se incendió dos años después de la publicación inicial, perdiéndose las planchas y miles de libros no vendidos. El editor se negó a crear planchas nuevas ni a compensar a Melville. En total, durante toda su vida, el autor sólo vendió 3800 copias de un libro que hoy en día ha vendido millones.

-Rudyard Kipling se mostró muy agradecido con la enfermera que había cuidado de su hijo primogénito. Le regaló un manuscrito, diciéndole que si algún día necesitaba dinero posiblemente podría obtener algo de dinero con su venta. Varios años más tarde, efectivamente, la enfermera lo vendió, y pudo vivir el resto de su vida de la venta. Kipling le había regalado el manuscrito original de El libro de la selva.

-A Edgar Allan Poe nunca le faltaron empleos, gracias a su gran talento como escritor y redactor, pero los perdía con gran facilidad debido a su alcoholismo. Siempre andaba escaso de fondos, y su aspecto dejaba mucho que desear, tanto que cuando presentó su poema El cuervo a la revista Graham’s Magazine, rechazaron el poema, pero les dio tanta lástima que iniciaron una colecta para darle algo de dinero. En total consiguieron 15 dólares. Cuando finalmente consiguió vender su poema, al New York Mirror, sólo le pagaron 10.

La penuria económica acompañó siempre a Poe. Con 17 años, recién matriculado en la Universidad de Virginia, perdió apostando todo el dinero destinado a mantenerlo durante el curso, y en poco tiempo debía más de 2500 dólares. Se pasó el semestre entero completamente borracho, pero aun así consiguió las notas más altas en sus exámenes.

-Durante la era dorada de Hollywood, los productores andaban locos por conseguir guiones para sus películas, recurriendo a autores populares sin molestarse realmente en averiguar algo sobre ellos. Así, un productor quiso contratar a Goethe (1749-1832) como guionista, y otro intentó entrevistarse con Robert Louis Stevenson (1850-1894). Otro intentó ponerse en contacto con William Makepeace Thackeray (1811-1863), halagando su obra Henry Esmond y ofreciéndose a comprarle los derechos para una adaptación cinematográfica. El editor a cargo de sus derechos en aquel momento, Bennett Cerf, le envió una rápida respuesta, asegurándole que el autor precisamente estaba en ese momento trabajando en un emocionante “thriller”, que se llamaría La feria de las vanidades. Estos casos no son propios sólo de aquella época; no hace tanto, tras la producción de la película basada en Sentido y sensibilidad, un agente preguntó si la señorita Austen estaría disponible para una entrevista. Con todo, teniendo en cuenta la reciente invasión de títulos estilo Orgullo y prejuicio y zombies, no podemos descartar la posibilidad de dicha entrevista.

Autores relacionados:
Edgar Allan Poe
Herman Melville
Rudyard Kipling
Libros relacionados:
El libro de la selva
Moby-Dick, o la ballena

Anécdotas de escritores VIII

15 de octubre de 2010 en Autores, Literatura

Isaac Asimov

-El escritor Alan Furst se impuso algunas condiciones muy raras cuando creó sus primeras novelas. Las escribió con un ojo cerrado, los pies atados, con la mano izquierda y con un lápiz casi sin punta. No es el único escritor con manías peculiares; Ernest Hemingway a menudo escribía en la cama, Graham Greene escribía exactamente 500 palabras al día, dejando una frase a medias si era necesario, y James Joyce escribía siempre en una esquina.

-John Berdan, profesor de creación literaria de la prestigiosa Universidad estadounidense de Yale, le llevó un día a sus alumnos un escrito que era realmente horroroso; sus alumnos criticaron duramente la composición. Esto es muy interesante<, dijo Berdan. Lo escribí yo mismo. Me pasé dos horas realizando un esfuerzo tremendo para conseguir un texto que tuviera todas las características de una escritura nefasta, y creo que lo he conseguido. Lo que me sorprende sobremanera es cómo vosotros conseguís presentar textos como este todos los días en menos de diez minutos.

-James Joyce tardó siete años en completar su Ulises, del que decía que “tenía todas las palabras pero no sabía en qué orden ponerlas”. Ulises fue rechazado por varios países hasta que consiguió ser publicado en Francia en 1922 (en Estados Unidos estuvo prohibido hasta 1933, año en el que un juez declaró que “no era obsceno”). En cuanto a Finnegans Wake, tardó nada menos que diecisiete años en terminarlo; Dublineses fue rechazado por 22 editores hasta que consiguió su publicación.

-En 1965, un editor británico casualmente acabó en la redacción de una revista donde trabajaba Mario Puzo, a quien oyó contar historias sobre la mafia italiana. El editor le ofreció un adelanto para un libro sobre el tema y así nació El Padrino. Más adelante, Puzo reveló en quién se había inspirado para crear el personaje de Don Vito Corleone, ¡en su propia madre! Según Puzo, su mama era una mujer maravillosa y bella, pero no tenía muchos escrúpulos.

-El conocido escritor de acción e intriga Tom Clancy quiso servir en Vietnam, pero no lo aceptaron por sus problemas de vista. Sin embargo, aunque nunca había estado en un submarino, su descripción de uno en La caza del Octubre Rojo era tan detallada que el entonces secretario de la Marina, John Lehman, comentó que, de haber estado Clancy bajo su mando, lo habría hecho arrestar por violaciones de seguridad. A pesar de esto, el manuscrito fue rechazado por varias editoriales, para ser publicado finalmente por la editorial oficial de la marina estadounidense. Más tarde, el entonces presidente Ronald Reagan recomendó públicamente el libro, lo que llevó a un éxito inmediato que se tradujo en innumerables ediciones y traducciones.

-La madre del autor de ciencia ficción Isaac Asimov, tras vender el negocio familiar, decidió asistir a una escuela nocturna y aprender a escribir en inglés (ella dominaba el idioma pero sólo sabía escribir en yiddish y ruso, así que tenía que aprender a usar la grafía latina). Le escribía cartas en inglés a su hijo para practicar, y un día uno de sus profesores se atrevió a preguntarle si su hijo era, por casualidad, el famoso Isaac Asimov. Ella, orgullosa, le contestó que sí. Ah, dijo el profesor, eso explica que ud. escriba tan bien. No, contestó ella, eso explica por qué él escribe tan bien.

Autores relacionados:
Alan Furst
Ernest Hemingway
Graham Greene
Isaac Asimov
James Joyce
Libros relacionados:
Dublineses
El Padrino
Finnegans Wake
La caza del octubre rojo
Ulises

Anécdotas de escritores VII

10 de octubre de 2010 en Autores, Literatura

Truman Capote

Estaba Truman Capote cenando una noche en un restaurante de Nueva York cuando se le acercó un gran grupo de mujeres que lo habían reconocido, pidiéndole un autógrafo. El marido de una de ellas, molesto ante tanta admiración, afirmó que era absurdo dedicarle tanta atención femenina a un hombre homosexual, y se acercó él mismo a la mesa del autor, se desabrochó los pantalones, se sacó el miembro y le sugirió al escritor que se lo firmara. Capote lo examinó con educación y le respondió: “No sé si podría firmárselo, a lo mejor podría simplemente ponerle mis iniciales”.

-En una ocasión, Mark Twain asistió a una gala que tenía como objeto recaudar dinero para alguna causa benéfica. Uno de los conferenciantes empezó a hablar sobre la necesidad de contribuir a esta causa y Twain decidió que donaría cien dólares. Sin embargo, como el conferenciante seguía hablando y hablando y comenzaba a aburrir a los asistentes, Twain decidió reducir su donación a la mitad. Y la conferencia se alargaba más y más, por lo que Twain se desesperaba y decidió reducir la donación a 10 dólares. Finalmente, cuando pasaron la cesta de recaudación y ésta llegó hasta él, Twain cogió un dólar de la cesta antes de pasársela al asistente más cercano.

-Una revista británica creó un concurso que premiaría a la mejor parodia que recibiera de la obra de Graham Greene. Cuando el jurado falló su decisión y se hizo público el nombre del ganador, la revista recibió una carta del propio Greene, quien expresaba su satisfacción al saber que había ganado el señor John Smith, y su decepción de que otros dos participantes, John Doakes y William Jones, no hubieran recibido ni siquiera una mención de honor. Los tres nombres eran pseudónimos del propio Greene, que había enviado como concursantes extractos de obras suyas que no habían llegado a ser publicadas.

-Mazo de la Roche, escritora canadiense famosa por sus novelas de la saga Jalna, envió una vez un relato a la revista literaria Tamarack Review. Cuando rechazaron su manuscrito con cordiales excusas, la autora les respondió de la siguiente forma: “No me sorprende que no os gustara el relato. A Carolina (la compañera de la autora) no le gusta, y a mí tampoco me agrada mucho, pero como nunca me han gustado las obras que publica vuestra revista pensé que tendría bastante éxito”.

-En 1926, Ernest Hemingway abandonó a su primera mujer, Hadley Richardson, con la que tenía un niño pequeño, por una escritora rica llamada Pauline Pfeiffer. Cuando, poco tiempo después, le preguntaron al autor por qué lo había hecho, respondió: “Porque soy un bastardo”.

-El escritor danés Hans Christian Andersen fue huésped durante un tiempo de la familia Dickens, que acabó francamente harta de éste y que no sabía cómo hacer que se marchara. Dickens escribió una nota que pegó sobre el cabecero de la cama de la habitación de invitados. La nota decía: “Hans Andersen durmió en esta habitación durante cinco semanas, que a la familia Dickens le parecieron SIGLOS”.

Autores relacionados:
Charles Dickens
Ernest Hemingway
Graham Greene
Hans Christian Andersen
Mark Twain

Los tres Tolstói

24 de junio de 2010 en Autores, Biografí­as, Ciencia-Ficción, Literatura

Tres Tolstoi

La figura enorme y avasalladora dentro del mundo de la literatura que supone León Tolstói hace que cuando hablamos de Tolstói -a secas- todos tengamos presente de quién estamos hablando, de ese ruso barbudo con mal genio, padre de la novela moderna y autor de Guerra y Paz, Anna Karénina, La muerte de Iván Ilich o Los cosacos.

Además, Tolstói fue una figura popular de alcance mundial, algo desconocido para la época, y más en la Rusia zarista de principios del XX. Mucha gente desconoce la influencia de Tolstói sobre gente como Gandhi y en el pensamiento de la no resistencia.

Pero diez años antes del nacimiento de León Tolstói llegó al mundo Alekséi Konstantinovich Tolstói, primo lejano de León, y que se mantuvo en una línea mucho más cercana al título de conde que portaba su primo que él mismo, estando ligado a la cancillería real y siendo incluso maestro de ceremonias en la corte de Alejandro II.

Alekséi K. también tenía el gusanillo de la literatura, dicen que por la influencia que Goethe, a quién conoció de niño, tuvo sobre él. Su obra es romántica, nacionalista y escribió desde poesía a obra teatral, siendo muy famosos sus cuentos sobre leyendas rusas El vampiro y La familia del Vurdalak, dos pequeñas joyas publicadas hace poco en español.

Pero la familia Tolstói de escritores no queda aquí, complicándole más el asunto a libreros y lectores que se ven arrollados por la diferente grafía con la que se traducen los símbolos cirílicos al castellano. Alekséi Nikolayevich Tolstói, el más joven de los tres, nacido en 1883 en Pugachyov. Su nombre, Alekséi, se le puso en honor de Alekséi K. -con quien se le suele confundir- y fue criado alejado de la corte y la nobleza por culpa de un enorme escándalo de amantes, duelos y engaños protagonizado por sus padres.

Esto podría resultar anecdótico, pero Alekséi se crió ateo y antimonárquico, leyendo a Marx y a Plekhanov. Hasta los 13 años no conoció la identidad de su verdadero padre, el Conde Nikolai Tolstói, y siempre se negó a conocerlo en persona. A su muerte heredó una pequeña fortuna y el nombre de la familia. Pese a todo, siguió con sus ideas políticas y su afición por la escritura, animado por autores como Gorky.

Alekséi N. vivió muchos años en París y Berlín, pero se hizo muy famoso en la Unión Soviética por sus novelas procomunistas, entre las que me gustaría llamar la atención sobre Aelita -recién editada por la gente de Nevsky-, una novela de ciencia ficción en la que los soviets se lanzan a viajar hasta Marte. (Al parecer los rusos llevan desde entonces con el mismo proyecto)

Gracias a sus novelas, e historia pasada, Alekséi N. fue uno de los pocos nobles que podía exhibir sin problemas su título de noble, siendo llamado popularmente Camarada Conde.

Estos son entonces los tres Tolstói: León, Alekséi Konstantinovich y Alekséi Nikolaevich, tres maneras muy diferentes de vivir, soñar y entender la vida y la literatura.

Autores relacionados:
Alekséi K. Tolstoi
Alexéi Nikolaevich Tolstoi
Karl Heinrich Marx
León Tolstoi
Mahatma Gandhi
Libros relacionados:
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Ana Karenina
El vampiro. La familia del vurdalak
Guerra y Paz
Los cosacos

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