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La Tontología, de Gerardo Diego

3 de mayo de 2009 en Literatura, Mundo Editorial, Noticias, Poesía

Gerardo Diego

¿Cuántos de nosotros tenemos bajo llave en un cajón, escondido bajo los zapatos en una carpeta vieja en el armario o sirviendo de marcapáginas en algún libro añejo un fajo de poemas de adolescencia que no hemos quemado por pura dejadez? Ya sabéis, el tipo de poema que se escribe cuando, con el corazón dolorido tras el fracaso del primer amor, ignoramos las reglas más básicas de la estética y nos dedicamos al desahogo inconsciente y despreocupado, hilando unos versos que nos hacen encogernos de vergüenza cada vez que nos los encontramos. Si tantos somos culpables de esta gran afrenta, no van a ser menos los poetas famosos, los poetas celebérrimos y canónicos, los poetas, por ejemplo, de la Generación del 27.

Hay que tener muy mala idea para rebuscar en la buhardilla de tus amigos hasta dar con versos terribles para compilar una antología de lo “menos bueno” de su legado. Eso podríamos pensar de Gerardo Diego que, con toda su buena (o mala) fe, consiguió reunir un despropósito de versos de sus colegas del 27 en su curiosa Tontología, donde llega a burlarse de él mismo, definiéndose en la introducción como “tontólogo”. La edición original se publicó en el último número de Lola, suplemento de la revista Carmen, allá por 1928, pero el Centro Cultural de la Generación del 27 ha realizado una reedición para nuestro gozo y disfrute.

El compendio incluye poemas desastrosos de los hermanos Machado, Juan Ramón Jiménez, Enrique Diez Cañedo, Ramón Pérez de Ayala, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Manuel Altolaguirre, Federico García Lorca, Dámaso Alonso, Rafael Alberti y del propio Gerardo Diego. La reedición se presentará en la Feria del Libro de Málaga (que comenzará el día 26 de mayo y cerrará el 4 de junio) de la mano de los profesores Francisco Javier Díez de Revenga y Julio Neira. Es interesante señalar que esta reedición, de sólo 350 ejemplares, se ha realizado en la Antigua Imprenta Sur, que era propiedad del poeta malagueño Manuel Altolaguirre

Para ir abriendo apetito os dejamos algunos ejemplos de estos “poemas malos de poetas buenos”. Ni que decir tiene que a algunos de ellos esta edición no les sentó nada bien en su momento (sobre todo en el caso de Juan Ramón Jiménez, que vio en la publicación un ataque directo a su persona):

De Rafael Alberti:

¡Al sur,

de donde soy yo,

donde nací yo,

no tú!

De Antonio Machado:

Ni vale nada el fruto

cogido sin razón…

ni aunque te elogie un bruto

ha de tener razón.

Y de Juan Ramón Jiménez:

¡Mañana de primavera!

vino ella a besarme, cuando

una alondra mañanera

subió del surco, cantando:

¡Mañana de primavera!

Así que ya sabéis, si desconfiáis de vuestra habilidad poética, pensad que hasta los grandes genios líricos produjeron una aceptable cantidad de versos lamentables.

Autores relacionados:
Antonio Machado
Dámaso Alonso
Federico García Lorca
Gerardo Diego
Jorge Guillén

La Guerra Civil española y la literatura (y III)

12 de abril de 2009 en Autores, Literatura, Tecnologí­a, Terror

Alberti

Muchos fueron los escritores que, ya fuera durante la Guerra Civil o inmediatamente después, se vieron en la obligación de abandonar España, ya fuera por temor a ser encarcelados o para huir de la extrema pobreza y del fascismo. Sin duda, al hablar de los exiliados, un nombre se nos viene a la cabeza por encima de todos: el del genial poeta portuense Rafael Alberti.

Desde principios de los años treinta la obra de Alberti se había ido politizando al tiempo que él se convertía en un activo militante comunista. Durante la Guerra luchó en el bando republicano, llegándose a decir incluso que estuvo al mando de una checa en Madrid. Tras la victoria nacional, hubo de huir junto a su mujer, María Teresa León (también escritora), a América, residiendo en Argentina hasta 1962 para trasladarse posteriormente a Roma. Amigo personal de Stalin y de Fidel Castro, siguió siendo comunista durante su exilio, lo que le imposibilitó volver a España hasta 1977, dos años después de la muerte de Francisco Franco. Ya aquí llegó a ser elegido diputado por Cádiz tras las primeras elecciones democráticas, representando al PCE.

Manuel Altolaguirre huyó de España durante la guerra, residiendo en Francia, Cuba y México, donde se convirtió en un importante autor cinematográfico al amparo de su amigo Luis Buñuel, llegando a ganar en 1952 el Premio de la Crítica al mejor argumento en el Festival de Cine de Cannes. Quiso la mala fortuna que regresara a España en 1959 para presentar una película en el Festival de Cine de San Sebastián, muriendo en Burgos en un accidente de tráfico.

Max Aub tuvo que huir a Francia en enero de 1939, después de haber desarrollado numerosas funciones dentro del gobierno republicano (diplomático y secretario del Consejo Nacional del Teatro, entre otros). En Francia fue acusado de comunista e internado en varios campos de detención como el de Roland Garros o el de Vernet, siendo después expulsado primero a Marsella y posteriormente a Argelia. Desde Argelia pudo pasar a Marruecos, donde embarcó rumbo a México, país en el que pasaría el resto de su vida y del que tomaría su cuarta nacionalidad (ya que era francés de nacimiento, alemán por ascendentes y español por la naturalización de su padre siendo él menor de edad). No volvió a España hasta 1969.

El granadino Francisco Ayala, sempiterno candidato español al Nobel desde hace lustros, había residido en Berlín desde 1929 a 1931, años en los que el nazismo cobraba importancia capital en Alemania. De vuelta a España, trabajó para el gobierno republicano como letrado de las Cortes y funcionario del Ministerio de Estado, por lo que tuvo que huir a Argentina al caer la República. De Argentina pasó a Puerto Rico, primero, y Estados Unidos después. Vuelve a España en 1960, y aunque no da el paso de hacerlo definitivamente, desde ese momento y hasta su definitivo traslado a Madrid en 1976, sus viajes entre América y Europa serán constantes.

Sender

Otros exiliados famosos serían Alejandro Casona (que viajó a Argentina en 1937 y no pudo volver hasta 1963, dos años antes de su muerte), Américo Castro (que fue diplomático republicano y que huyó hasta Estados Unidos), Luis Cernuda (que residió en Reino Unido y Estados Unidos antes de establecerse en México), Rosa Chacel (que, aunque residió en parte en Estados Unidos y Argentina pasó la mayor parte de su exilio en Brasil), León Felipe (que tras la guerra volvió a un México que conocía muy bien, en donde fue diplomático del Gobierno Republicano en el exilio, único reconocido en aquellas fechas por el país americano), el ideólogo socialista Fernando de los Ríos (que pasó los últimos diez años de su vida en Nueva York), Ramón Gómez de la Serna (que aunque fue fundador de la Alianza de Intelectuales Antifascistas y permaneció en Argentina durante la posguerra ayudó económicamente al bando nacional durante la contienda), Jorge Guillén (que vivió en Estados Unidos e Italia), Juan Ramón Jiménez (que se trasladó a Estados Unidos en 1936, pasando después a Puerto Rico que lo vio morir años más tarde), Salvador de Madariaga (Ministro de Educación y Ministro de Justicia durante la República, tuvo que exiliarse en Inglaterra) o Pedro Salinas (que también residió, como Ayala y Juan Ramón Jiménez, en Puerto Rico y Estados Unidos).

Mención aparte merece Ramón J. Sender por todas las vicisitudes que padeció (esa es la palabra) durante la Guerra. Combatiente republicano y esposo de una mujer asesinada por las tropas nacionales, a duras penas recuperó a sus hijos en Francia para pasar de nuevo a España y seguir luchando hasta que, cansado de las disputas internas republicanas, abandonó la lucha, no sin antes dar con sus huesos en un campo de concentración. Pasó posteriormente a México y Estados Unidos, y no volvería a España hasta los años setenta, aunque murió en San Diego sin cumplir su sueño de volver a establecerse en España.

Autores relacionados:
Américo Castro
Francisco Ayala
Jorge Guillén
Juan Ramón Jiménez
León Felipe

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