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Entradas de la categoría ‘Personajes’

Resurrecciones literarias (II)

13 de abril de 2013 en Autores, Literatura, Personajes

La isla misteriosa - Verne

Tras una primera parte en la que hablábamos de los superhéroes de cómic y de Sherlock Holmes, volvemos a evaluar diferentes ejemplos de personajes literarios que se han marchado al otro lado y han vuelto. Creo que no hace falta decir que a continuación puede haber alguno que otro de esos spoilers que tanto miedo nos dan, pero que se supone que mejoran la experiencia lectora.

Gracias al cine y a la inmensa popularidad de El señor de los anillos, pocos lectores se sorprenderán si les digo que cuando Gandalf cae al vacío en plena lucha con el balrog no está tan muerto como podría parecer. Lo mejor es que además regresa con más poder y con la ropa más limpia: de Gandalf el Gris surge Gandalf el Blanco, y uno no puede evitar preguntarse si no se podría haber dado un poco más de prisa y haberles ahorrado algún que otro sufrimiento al resto de personajes. Otra muerte legendaria fue la del capitán Nemo de Julio Verne, quien desapareció en medio de un torbellino en Veinte mil leguas de viaje submarino, para luego aparecer en La isla misteriosa, lo justo y necesario para ayudar a los protagonistas y desvelar su atribulada identidad e historia.

Las formas de traer a un personaje de regreso son numerosas. El más conocido es el que acabamos de mencionar, el creíais que estaba muerto pero… ¿acaso visteis mi cadáver? o incluso visteis un cadáver que creíais que era mío pero no lo era. Otros muy comunes son los siguientes: El personaje ha muerto pero de sus células se ha creado un clon que es igual que este a efectos prácticos; el personaje muere en un acto de sacrificio altruista supremo y alguna divinidad o poder sobrenatural “reinicia” la historia de modo que pueda vivir de nuevo; y uno de mis favoritos, ¡el viaje en el tiempo! También está el modo muerto viviente, por supuesto, pero cuando el personaje regresa mediante alguna forma de resurrección directa (es decir, cuando no se trata de una maniobra a lo creíais que estaba muerto pero realmente no lo estaba), nada sale bien. No hay más que leerse Cementerio de animales de Stephen King o La pata de mono de W. W. Jacobs para llegar a la conclusión de que si muere un niño en un texto literario, mejor que se quede muerto. La ciencia ficción y el terror dan mucho de sí para esto de las resurrecciones, como demostró Dan Simmons en Hyperion y sus secuelas: nada como un parásito en forma de cruz para hacer que tus personajes regresen de la muerte una y otra vez, y que de paso descubran una nueva, original y asquerosa forma de atravesar grandes distancias en el espacio. Tampoco es buena idea clonar a tus amigos: en la saga Dune de Frank Herbert, Leto Atreides no hace más que fabricar copias del amigo de su padre, Duncan Idaho, que una y otra vez se rebela e intentar acabar con él; aunque todo tiene sentido y un porqué en la muy sofisticada mente de Herbert.

¿Qué otros tipos de resurrecciones literarias conocéis? ¿Cuáles son vuestras favoritas? ¿Cuáles os resultan más irritantes, por repetitivas, previsibles o incoherentes? Esperamos vuestra aportación, como siempre, en los comentarios.

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Seis personajes literarios en busca de un buen bofetón (I)

15 de enero de 2013 en Autores, Literatura, Personajes

Personajes que buscan que les peguen

Observarán que no he titulado esta entrada Los cinco personajes literarios MÁS abofeteables porque la historia de la literatura es tan rica y compleja que resulta imposible abarcarlo todo. Esta es, pues, una lista poco exhaustiva, y completamente subjetiva.

¿Quién no se ha desesperado leyendo una buena novela cuyo protagonista es un sieso y, digámoslo claro, realmente hostiable? Por supuesto, la estulticia de algunos de ellos es un efecto buscado por los autores. ¿Qué gracia tendría incluir en este listado a Joffrey Baratheon? Ya está claro que es hostiable; es más, tanto George R. R. Martin como los guionistas de HBO se encargan de que el muchacho reciba hasta en el carné de identidad. Y a manos de su tío el enano, que duele más. O qué decir de Augustus Gloop y Veruca Salt, los consumidores compulsivos de chocolate más famosos de la historia de la literatura, con permiso de Bridget Jones… (¡Te queremos, Roald Dahl!)

No, en realidad quiero hablarles de seis personajes (tres chicos y tres chicas) que se merecen la peor de las suertes a pesar de sus autores, quienes, sospecho, tienen muy buen concepto de ellos, e incluso los consideran sublimes. Pongámonos, pues, manos (y puños, llegado el caso) a la obra.

Comenzaré con Kvothe, el protagonista de la Crónica del Asesino de Reyes, de Patrick Rothfuss, de la que hasta el momento han aparecido dos entregas de más de mil páginas cada una: El nombre del viento y El temor de un hombre sabio. ¿Qué tiene Kvothe que lo convierte en un cretino de armas tomar? Para empezar, el rollito ese retrospectivo de que sepas que yo soy un tío que ha hecho cosas terribles, que supongo que veremos en la tercera parte, porque lo que es en las dos primeras, lo más chungo que ha hecho es pasarse trescientas páginas jugando a ser Karate Kid y persiguiendo como un imbécil a una chica que no hace más que jugar con él y calentarle la bragueta (pero ¿es que no lo ve?). ¿Kvothe ha fidelizado a su público lector haciéndonos empatizar con un personaje igualico que sus lectores? Podría ser. Porque como nuestro aprendiz de mago favorito no espabile en la tercera entrega de la serie, muy complicado va a tener que lo quite de la lista negra. Y miren, al incluir a Kvothe ya sobrentendemos a la interminable legión de trasuntos del Héroe de las Mil Caras, desde Frodo Bolsón hasta Ender Wiggin, pasando por Harry Potter y Paul Atreides.

Pero vamos, nada que ver con lo que cualquier lector con dos dedos de frente acabaría haciéndole a Daniel, el protagonista de La posibilidad de una isla, de Michel Houellebecq, de quien es un clarísimo álter ego. Sin la gracia del álter ego de Bret Easton Ellis en Lunar Park, llega un momento en el que nos la trae absolutamente floja lo que le pase o le deje de pasar en el trasunto de secta raeliana en la que se ve inmerso, y hasta consigue que nos caiga bien la pedorra de su mujer: pobrecita, aguantar a un pieza así… Vale, no es un héroe al uso, y seguro que la intención del autor era convertirlo en un antihéroe, y desde luego no consigue fastidiarnos la que por otro lado es una buena novela, pero qué quieren que les diga, es el único personaje prescindible de La posibilidad de una isla…; al menos, en la trama que se desarrolla en el tiempo presente. Luego se despersonaliza, por así decir, y gana enteros e interés. Y total, para qué molestarse en hostiarlo, si bastante tiene con lo que tiene…

Aunque para personaje exasperante, Hamlet, el auténtico y original príncipe de Dinamarca. Recapitulemos, y dígannos si existe algún otro personaje que perpetre mayor cantidad de despropósitos por línea de diálogo a lo largo de la historia de la literatura. Para empezar, pierde una oportunidad de oro para quitarse de en medio a su tío magnicida. Después deja que los invasores noruegos le entren hasta la cocina porque está demasiado pendiente de dilucidar si quiere o no quiere a Ofelia. A continuación va y mata a su mejor amigo por no saber distinguir al fantasma de su padre. Por si fuera poco, le hace luz de gas a Ofelia hasta que esta se vuelve tarumba… Y todo esto, nada más que a mitad de obra. ¿Quieren que siga? En resumen, Hamlet es uno de los principales responsables de la mindundización imparable de la sociedad occidental, que encima va y adopta como arquetipo canónico al personaje más borderline que ha dado la literatura británica, mucho más que Romeo Montesco, quien al fin y al cabo no era más que un adolescente en plena efervescencia hormonal, y caaaasi al mismo nivel que Winston Smith, un chollo de súbdito para cualquier Gran Hermano que se precie.

Pero no se crean que aquí solo pringarán los personajes masculinos. Tenemos tres personajes femeninos que demuestran que la abofeteabilidad literaria no entiende de género, ni de época, ni de idioma, ni de cultura. Ya verán, ya verán.

Autores relacionados:
Michel Houellebecq
Patrick Rothfuss
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El nombre del viento
Hamlet
La posibilidad de una isla

El final de Poirot

16 de octubre de 2012 en Autores, Literatura, Personajes

Hércules Poirot

Empecemos por lo más importante: Si eres aficionado a las historias de detectives de Agatha Christie protagonizadas por su peculiar sabueso gourmet Hércules Poirot, es posible que este artículo revele más de lo que te gustaría saber. Si has leído su novela Telón, seguramente no haya peligro ya de spoilers, esa palabra que puede referirse bien a un tipo de alerón que se añade a los coches o a desvelar al incauto lector información acerca del final o de algún aspecto importante (y hasta ahora desconocido) de la trama de una obra.

Christie supo desde el principio cómo iba a terminar su popular detective. Cuatro décadas antes de su publicación, ya lo tenía escrito. Mantuvo el texto a buen recaudo, mientras escribía y publicaba libro tras libro de misterios, asesinatos y asombrosas revelaciones finales. Pero con el tiempo hemos descubierto aspectos aún más esclarecedores de la relación de la escritora anglosajona con su personaje más emblemático. Hace poco ha salido a la luz un ensayo de la escritora que fue encargado en 1945 por el Ministerio de Información británico, acerca del estado del género policiaco en su país. Suponemos que la idea original era presentar un estudio que alabase el talento literario nacional ante la mirada atenta de otros países, pero Christie fue más allá, presentando un cuadro de lo más completo de grandes autores y obras contemporáneas, sin olvidarse de grandes clásicos y favoritos como Conan Doyle, y sin dejar de criticar a aquellos que le parecían menos que perfectos, eso sí, siempre con elegancia y de manera constructiva. Termina, de hecho, atacándose a sí misma, y pone al gran Poirot como ejemplo de lo que puede fallar al crear un personaje sin tener en cuenta su posible largo recorrido. Exclama en su ensayo Be very careful what central character you create -you may have him with you for a very long time! (Ten mucho cuidado con qué personaje central creas, ¡podrías tener que tratar con él durante mucho tiempo!).

Teniendo en cuenta el carácter revelador de este ensayo, y todo lo que nos dice del trabajo de una de las mujeres que más libros ha vendido en la historia de la literatura, sorprende que el texto, creado en 1945, haya tardado tanto en compartirse con el público lector. David Brawn, editor de Harper Collins, descubrió el escrito en 1997, pero no tuvo ocasión de publicarlo hasta ahora, como prefacio a una obra detectivesca reeditada, originalmente de 1933, que salió de las plumas de los mejores escritores de la época. Si bien el texto apareció en una revista rusa allá por el año 47, fue más o menos ignorado hasta su distribución actual, donde sirve como accesorio ideal para un conjunto de textos de autores coetáneos de Christie, que se unieron en su momento en lo que definían como The Detection Club (El Club de la Detección) para escribir una novela común llamada Ask a Policeman (Pregúntale a un policía). La obra será así, en conjunto, una representación coherente de la intriga y el suspense en la narrativa inglesa de su tiempo. Y en cuanto al final del policía particular, del investigador más conocido de Christie, ese término a una vida de lucha contra el crimen más enrevesado y extraño, esa anticipación de cuarenta años que supo guardarse su creadora, ese adiós que llegó a materializarse incluso en un obituario en el New York Times, mejor será que leáis Telón y no os estropeemos del todo el gusto por la sorpresa.

Autores relacionados:
Agatha Christie
Arthur Conan Doyle
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Telón
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Hércules Poirot

La influencia de los personajes

21 de julio de 2012 en Literatura, Personajes

Personaje - Hermione

Hay personajes literarios que son capaces de meterse dentro de nosotros, de tocarnos la fibra sensible bien sea para lograr que nos identifiquemos con ellos o bien para que los aborrezcamos sin remedio. Los hay tan bien escritos que puede que no sepamos nunca si nos caen bien o mal, como el complicado Ignatius J. Reilly de La conjura de los necios.

Pues bien, es posible, además, que los personajes y sus peripecias, tengan más influencia en nosotros, lectores, de lo que en un principio podríamos pensar. Leo en The Guardian que en Estados Unidos se ha realizado un pequeño experimento en la Universidad de Ohio, presentando tres versiones de un mismo texto a varios grupos y realizando luego la misma encuesta.

En la primera historia, el protagonista se muestra como homosexual casi al final del texto; en la segunda, al principio. En el tercer caso, el protagonista es heterosexual. Pues bien, aquellos que leyeron el primer texto mostraron una actitud bastante más favorable a los derechos de los homosexuales que los del segundo grupo. Quizá la empatía sobre un personaje puede llevarnos a replantearnos, o a entender, nuevos puntos de vista que mantenemos bajo un cierto prejuicio.

También se probó con otras historias en las que un personaje pasaba por grandes dificultades para lograr ejercer su derecho a voto. Casi todos los que leyeron el texto se mostraron más activos a la hora de manifestar su deseo por votar. Claro que esto se plantea en historias que están cocinadas por los investigadores y buscan un perfil positivo. Habría que ver cómo saldría este estudio si probáramos con historias orientadas a desacreditar el voto o a hundir el colectivo homosexual. Desde luego, la manipulación a través de la literatura no es nueva y no la vamos a descubrir, así que no está de más saber que es real, que sí que influye y no es algo que podamos tomar a la ligera.

Y es que la literatura sigue siendo una fuerte influencia dentro de la cultura popular aunque hayamos interiorizado el proceso lector y lo veamos como algo natural. De cada libro extraemos algo, nos quedamos algo, que acaba por moldearnos como personas. ¿Quién no se ha identificado alguna vez con un personaje literario? ¿Quién no ha sido Sandokán o Alatriste? ¿Qué chica no se ha visto reflejada en Hermione?

Personajes relacionados:
Alatriste
Hermione Granger
Ignatius J. Reilly
Sandokán

El rostro de los personajes

17 de febrero de 2012 en Literatura, Personajes, Tecnologí­a

Está claro que las descripciones que un autor utiliza para dar vida a sus personajes no son sólo un montón de rasgos, normalmente llevan asociados una serie de parámetros más allá de lo físico y que apelan a nuestra imaginación, sentimientos y referentes. Así pues, un mismo personaje es único para cada uno de nosotros, lectores, al menos hasta que se nos contamina la mente con alguna adaptación cinematográfica y acabamos por ponerle un rostro real.

Sin embargo, existe otra iniciativa que me ha llamado la atención. Usando un software de la policía americana para el desarrollo de retratos-robot, el escritor y artista Brian Joseph Davis ha logrado recrear algunos de los rostros más famosos de la literatura siguiendo las descripciones exactas escritas por sus autores.

De ese modo podemos ver a Aomame, de la novela 1Q84 de Murakami, cuya apariencia es:

Aoame - 1q84

Ni un sólo gramo de más… La oreja izquierda mucho más grande que la derecha y deformada, pero su pelo siempre cubriéndoselas… Labios formando una recta y fina línea… Nariz pequeña y estrecha, mejillas algo salidas, frente ancha y ojos alargados… Su cara tiene una agradable forma ovalada.

Davis ha realizado otros retratos de grandes personajes, como Finn, el protagonista de algunas novelas de William Gibson, Sam Spade, uno de los grandes detectives de la novela negra, o hasta Humbert Humbert, salido de las páginas de la Lolita de Nabokov.

Os dejo otro de los retratos de Davis, ¿cuál creéis que es, de entre todos los anteriores? ¡No vale mirar en su página web!

Personaje retrato robot

Por cierto, acepta peticiones… ¿es hora de mandarle algún personaje de la literatura en castellano para añadirlo a su colección?

Autores relacionados:
Haruki Murakami
Vladimir Nabokov
William Gibson

Amores que matan (II)

24 de septiembre de 2011 en Literatura, Personajes

Ana Karenina

A veces el amor parece una simple excusa, una gota más en el vasto océano de la disconformidad, la depresión y el hastío. Que se lo digan a Emma Bovary, que con aquello de serle infiel a su marido y ser adicta a ciertas sustancias poco recomendables, decidió convertirse en una heroína romántica como las de las novelas y suicidarse ingiriendo arsénico. En situación parecida se vio Anna Karenina, el célebre personaje de Tolstoi, si bien para ella no fueron las deudas y el miedo, sino los celos y la ira, las manos que la empujaron a la vía del tren, en un memorable suicidio digno de una gran novela. Eso sí, ambas compartían el gusto por los opiáceos y el odio hacia la reclusión rural, con el aburrimiento que ello implicaba. Y no es raro en la literatura que el amor trascienda a la propia muerte, de un modo más o menos amable. No parecía muy contento Heathcliff con las apariciones de su amada Catherine en las noches tormentosas de Cumbres borrascosas, la novela escrita por Emily Brontë, cuya visión extrema de la devoción amorosa contrasta con su vida personal, en la que parece que no hubo ningún gran romance (probablemente porque ya tenía que lidiar con su propio hermano, un personaje de lo más byroniano que ya era protagonista de grandes historias pasionales y adúlteras). Otra aparición fantasmagórica más bienvenida es la intervención estelar de Doña Inés, quien salva de la condenación eterna al incorregible Don Juan Tenorio; y en lo que a regresos desde el más allá se refiere, podemos incluir en dicha categoría a gran parte de la literatura de vampiros (¡o de zombies!), por la que aquellos que se ven separados por la muerte pueden volver a encontrarse, para bien o para mal, como la Berenice de Edgar Allan Poe, que regresó en busca de su amado y de sus dientes.

En lo que se refiere a muertes literarias asociadas al amor, el suicidio acompañó a la esposa enajenada de Rochester, que se lanzó desde el tejado tras provocar un gran incendio que devoró su vivienda, dejando vía libre para que éste pudiese vivir feliz para siempre (o por lo menos, una vez recuperó la vista) con su querida Jane Eyre. Y es que para que triunfe el amor con frecuencia tienen que sufrir otros, añadiendo el asesinato, el suicidio o el desafortunado accidente al pecado de los amantes. En otras ocasiones, es la tercera persona la que origina el fallecimiento de uno o dos de los enamorados, como en el cuento de La doncella de hielo de Hans Christian Andersen, donde una entidad femenina que vive bajo un lago helado reclama para sí al personaje principal, quitándole la vida con sus besos de nieve. Y el amor y su tragedia pueden ir también más allá del tiempo, como ocurre con la pareja protagonista de La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger. En todos estos supuestos, en relación con todas estas variantes de lo trágico y lo amoroso, todos tenemos nuestros favoritos, todos recordamos esa triste historia amorosa que nos llevó a la relectura y tal vez a la lágrima. Como siempre, os animamos a que mencionéis los vuestros en los comentarios al artículo.

Autores relacionados:
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Catherine Earnshaw
Heathcliff
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Nuestras brujas favoritas

4 de abril de 2011 en Literatura, Personajes

Brujas

Ya hemos hablado alguna vez de la injusta apreciación de la figura de la “bruja”, que tradicionalmente se ha asociado a cualquier personaje femenino ligeramente fuera de lo normal, generalmente mujeres poderosas, diferentes e inconformistas. Por supuesto también tenemos a la bruja en el sentido clásico: mujer malévola, fea, con poderes mágicos. A continuación vamos a enumerar a algunos de los personajes femeninos asociados al término “bruja” que más han hecho volar nuestra imaginación.

-La Malvada Bruja del Oeste: Tanto en la versión original del Mago de Oz como en la más reciente versión de Gregory Maguire (Wicked), el personaje de la bruja verde levanta miedos, curiosidad y cierta compasión. Con un toque de Dr. Frankenstein genetista, Elphaba crea, además, a sus monos voladores, criaturas que han pasado al imaginario popular.

-Morgana Le Fey: En las diferentes versiones de las leyendas artúricas la figura de Morgana, hermanastra del Rey Arturo, se entremezcla con la de Morcadés, su hermana, con quien Arturo cometió incesto y tuvo al hijo que finalmente habría de derrotarlo, Mordred. Curiosamente, la figura de Morgana se nos muestra en ocasiones como la de una hechicera poderosa y benévola, otras como una mujer despiadada y ambiciosa.

-Las brujas del Mundodisco: Terry Pratchett creó a las que seguramente son las brujas más entrañables de la literatura contemporánea: un trío fatal y muy divertido compuesto por Yaya Ceravieja, la Tata Ogg y Magrat Ajostiernos …. Posteriormente, y tras la retirada de Magrat, Agnes Nitt ocupa su puesto y llevará sobre sus hombros responsabilidades tan terribles como servir el té a una vieja gruñona y a una anciana bastante obscena.

-Las brujas de Roald Dahl: Lo maravilloso de Dahl es que era capaz de crear villanos surrealistas. Las intenciones y comportamiento de sus villanos no tienen que tener un sentido lógico, y ese es parte de su encanto. Las malignas señoras de Brujas, son una raza aparte, diferente de la humana, que se disfraza y oculta y comete terribles atrocidades como encerrar a los niños en cuadros, donde quedan prisioneros el resto de su vida.

-Las brujas de Macbeth. Entraría en esta categoría cualquier grupo de parcas, brujas, o sibilas que disfrutan amargándole la existencia al héroe o heroína prediciéndole su futuro de manera poco clara. Las predicciones fatalistas están estrechamente vinculadas al concepto clásico griego de ironía, por el que los personajes se comportan de manera extrema para intentar eludir (u obtener, en el caso de Macbeth y su esposa) el destino predicho, consiguiendo precisamente con dicho comportamiento que éste se complete.

Por supuesto que hay muchísimas más brujas que los lectores llevan en el corazón. Tenemos a Bellatrix LeStrange de la saga de Harry Potter, a la Bruja Blanca de C.S. Lewis, a las clásicas brujas de los cuentos de hadas (Hansel y Gretel, Blancanieves, la Sirenita), a brujas que nos son menos conocidas pero que están enlazadas al folklore de diferentes países: éste es el caso, por ejemplo, de Baba Yaga.

¿Cuál es tu bruja favorita? Esperamos, como siempre, que contribuyáis con vuestras propias hechiceras favoritas en los comentarios.

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Clive Staples Lewis
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Veneno mortal, de Dorothy L. Sayers

7 de febrero de 2011 en Literatura, Novela Negra, Personajes

Veneno Mortal

Dorothy L. Sayers quizá no sea tan conocida como otras grandes damas del crimen, pero hay que reconocerle un dominio del lenguaje maravilloso con el que hace disfrutar de las aventuras del peculiar detective Lord Peter Wimsey.

Traductora de profesión, su trabajo sobre la Divina Comedia fue muy celebrado, Sayers también destacó como publicista, siendo responsable de verdaderos iconos publicitarios todavía vigentes hoy en día como el conocido Tucán de la cerveza irlandesa Guinness.

Amiga de escritores como T.S. Eliot o Agatha Christie -y del grupo de los Inklings-, Sayers dio el salto a la ficción criminal en 1923 con la publicación de El cadáver con lentes, el primero de los libros en los que apareció el diletante lord inglés, Lord Peter, un personaje curioso para la época ya que se alejaba de los clásicos moldes detectivescos: Lord Peter es un hombre cultivado, refinado y de gran inteligencia que siente especial atracción por resolver asesinatos, como lo podría haber hecho por la jardinería o el golf.

Lo cierto es que Sayers posee un sentido del humor muy notable que se traduce en una mordacidad que ronda la sátira en muchos de los pasajes de sus novelas, en los que no se corta en abogar por sus ideas a favor de los derechos de las mujeres pese al peso de su fe religiosa, que también se respira en varias ocasiones.

En Veneno Mortal, Lord Peter tiene que resolver un complejo caso de asesinato por el que Harriet Vane -escritora de asesinatos- está casi a punto de poner los dos pies en alto sobre el cadalso. En un arrebato, Lord Peter se ve tan atraído por ella que le propone matrimonio, incluso todavía dentro de la cárcel, cuando no sabe si podrá salvarla o no. La historia se nos va desgranando bien por las averiguaciones del propio Lord o bien gracias a la intervención de sus colaboradores, un elenco de secundarios muy bien armado que hace la lectura muy agradable.

Ni que decir tiene que, pese a todo, estamos frente a un novela enigma, de resolución casi tramposa, pero que no engaña al lector lo más mínimo ya que desde el principio se nos deja claro qué tipo de historia estamos leyendo. Eso sí, Sayers escribe muy bien, mucho mejor que otros autores de novela detectivesca de la época, convirtiendo Veneno Mortal, y el resto de su obra, en un curioso objeto de colección.

En resumen, Veneno Mortal hará las delicias de los aficionados al género y satisfará a aquellos en busca de una historia peculiar protagonizada por uno de los detectives más atípicos que he tenido el placer de conocer. Recomendable.

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Dorothy Leigh Sayers
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Veneno mortal

Animales de la literatura

28 de agosto de 2010 en Literatura, Personajes

Moby Dick

Muchos son los animales que se han hecho famosos gracias a obras literarias. De hacerse una encuesta entre los lectores de todo el mundo, estoy seguro de que algunos de los que voy a mencionar a continuación estarían entre los más votados.

Ni que decir tiene que Moby Dick estaría en el “top-10” de animales ficticios más populares de todos los tiempos. Este enorme y peligroso cachalote blanco se convirtió en inmortal tras la publicación de la novela homónima por parte del escritor estadounidense Herman Melville en 1851. La novela ha dejado principalmente dos personajes imborrables para la historia de la literatura: la propia Moby Dick y el capitán del barco ballenero Pequod, el indescifrable capitán Ahab. Hay que señalar que Moby Dick está basado en un cachalote albino real, llamado por los balleneros de la época Mocha Dick, que después de docenas de escaramuzas con navíos de varios tamaños fue finalmente abatido en 1838 frente a las costas chilenas. A esta ballena real se une otro hecho contemporáneo a Melville, el de un barco ballenero, el Essex, que sostuvo una épica batalla con un cachalote en 1820, yéndose finalmente a pique. Los supervivientes, divididos en varios grupos, tuvieron incluso que recurrir al canibalismo para poder sobrevivir.

Otro animal ficticio ampliamente conocido por el público es Shere Khan, el tigre protagonista de varios cuentos de Rudyard Kipling. Fue él el que, tras hostigar a los padres de Mowgli, hizo que éstos perdieran al pequeño humano, que sería después recogido por una pareja de lobos, que le dieron ese nombre debido a su carencia de pelo (Mowgli significaría literalmente “La rana”). Shere Khán, en la obra de Kipling, es un tigre de Bengala lisiado (sufre de una cojera que lo convierte en algo menos temible y en un rival aceptable y no imposible para Mowgli en su adolescencia). No es el único animal de “El libro de la selva” (o “El libro de las tierras vírgenes”) que es notablemente famoso: también hay que señalar a los dos lobos que ejercen de padres del niño, Ramma y Raksha, al jefe de la manada de lobos, Akela, al oso Baloo, la pantera Bagheera o la serpiente Kaa. Llama la atención que uno de los personajes más populares de la adaptación al cine de Walt Disney, el rey mono Louie, no aparezca en la obra de Kipling. Es más, dado que el pueblo de los monos aparece en estas historias como un ejemplo total de anarquía, la figura de Louie no hubiera tenido ningún sentido.

Otros animales muy famosos serían, por ejemplo, el fiel caballo de Don Quijote, Rocinante, un corcel que, aunque en palabras del caballero andante era “mejor montura que los famosos Babieca del Cid y Bucéfalo de Alejandro Magno“, al parecer no era más que un saco de huesos no mucho mejor que el asno en el que viajaba el pobre Sancho Panza.

Platero, ese burro imaginado por Juan Ramón Jiménez, ha dado lugar a uno de los inicios más conocidos de la literatura hispanoamericana. ¿Quién no recuerda estas líneas?

Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro. Lo dejo suelto y se va al prado y acaricia tibiamente, rozándolas apenas,las florecillas rosas, celestes y gualdas. Lo llamo dulcemente: ¿Platero?, y viene a mi con un trotecillo alegre, que parece que se ríe en no se qué cascabeleo ideal.

Si Platero inspiraba ternura, y muchos fuimos los que lloramos con su muerte siendo niños, a unas edades parecidas hubo otro animal imaginario que nos puso los pelos como escarpias: el famoso sabueso gigante de los Baskerville, un chucho de tamaño descomunal que parecía estar al cuidado de una maldición centenaria. Dadle las gracias de tantos y tantos escalofríos a Arthur Conan Doyle. Afortunadamente, allí estaba Sherlock Holmes para desenmascarar el engaño, precisamente en una novela en la que el protagonista absoluto es el doctor Watson.

Todos estos animales, sin embargo, tienen que compartir protagonismo con humanos. Si queremos mencionar una obra en la que los animales son los auténticos amos (y nunca mejor dicho), nada mejor que recordar a los protagonistas y secundarios de “Rebelión en la granja“, la alegórica obra de George Orwell, en donde los humanos sólo aparecen en un segundo plano. O tal vez no, pero he ahí la gracia de esta genial novela.

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George Orwell
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Platero y yo
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Grandes villanos de la literatura (II)

28 de julio de 2010 en Literatura, Personajes

Fu Manchu

Sigamos hablando de villanos en la literatura. Tras nuestra primera entrega de grandes bastardos literarios es hora de nombrar a otros cinco personajes a los que no invitaríamos a pasar el fin de semana en nuestra casa. Además, como extra, vamos a destacar algunos de los que han logrado hacer carrera en el cine, mostrando su horrible rostro, en el caso de que tengan uno, en la gran pantalla.

-El conde Drácula: Mucho se ha hablado de dónde sacó Stoker su inspiración para el personaje, que si fue más de la Condesa Bathory que de Vlad Drakul… lo cierto es que Drácula es un excelente villano. Tiene un maléfico plan, elegantes modales, muchísimo poder y no se corta en utilizarlo en cuanto tiene ocasión. Hoy en día puede que de menos miedo que antaño, pero cuando el libro original fue publicado, en el Londres de la época a más de uno se le atragantó el té con pastas leyendo algún capítulo.

-El Capitán Garfio: No nos engañemos, miedo, miedo, lo que se dice miedo, el Capitán Garfio no acaba de dar. Es posible que Disney tenga algo que ver en todo esto, pero lo cierto es que hay que reconocerle su malignidad. Después de todo es un adulto mutilado obsesionado con un jovencito vestido con mallas verdes. ¿Y el cocodrilo? Ese sí que da verdadero miedo…

-Mr. Hyde: La verdad es que tanto Hyde como Jeckyll son igual de malvados a su propia manera, pero Hyde, que representa todo lo animal y bestia que hasta un refinado doctor inglés puede llevar dentro, se lleva la palma en cuanto a su representación y falta de escrúpulos. Dentro de las incontables adaptaciones que se han hecho, la de Fredric March, que se transforma en Hyde a base de correas y trabajo físico, resulta espectacular.

-Fu Manchú: Otro de los grandes malvados de todos los tiempos que está siendo injustamente olvidado, aunque tuvo su época de Manchuxplotation en los setenta, en parte gracias al trabajo de Jess Franco. Fu Manchú es el mal refinado por la milenaria cultura china, experto en torturas y ambicioso conquistador mundial. Lástima de su mala suerte.

-Sauron: La sombra que se alza, el Señor Oscuro, convertido en un ojo gigante en lo alto de su torre, lo ve todo. Malvado y cruel, dominador más allá de lo humano, Sauron se muestra como el reflejo de aquello que fue en El Señor de los Anillos; una entidad antigua y capaz de roerte el cerebro en una fracción de segundo. Por desgracia, debió haber prestado atención a los hobbits mucho antes.

¿Y vosotros? ¿Cuál es vuestro malo favorito de la literatura que ha conseguido su papelito en el mundo del cine? Las respuestas, como siempre, a los comentarios.

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Bram Stoker
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