Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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Entradas de la categoría ‘Mundo Editorial’

Guía básica para eReaders

Pantalla de e-ink flexible

¿Qué es un eReader? Hace más de dos años que comenzamos a explicar qué era un lector de libros electrónicos, con todas sus ventajas y desventajas. Con el boom de nuevos modelos y marcas creo que es necesario volver a hablar de estos dispositivos.

En cuanto a los ebooks, libros electrónicos, parece que es un concepto ya asumido por la mayoría de la gente. Lo único a comentar sería su diversidad de formatos, algo importante a la hora de elegir luego un eReader u otro.

¿ePub, AZW, fb2? Son los formatos más comunes a la hora de trabajar con ebooks. AZW (y su versión libre, el .mobi) son los usados por el superventas de las navidades pasadas, el Kindle de Amazon. El fb2 es el elegido por el modelo español Papyre y el ePub es un estándar usado por la práctica mayoría de las tiendas de ebooks en España, casi siempre con DRM.

¿Qué es el DRM? El DRM es una protección que imponen las editoriales a sus libros y limita las copias que podemos usar y los dispositivos en los que se puede leer un ebook. Tanto el Kindle de Amazon como la mayoría de ePub de Libranda llevan DRM.

Hay que tener claro un concepto: los libros electrónicos se pueden leer en numerosos dipositivos, desde smartphones a ordenadores de mesa, pasando por tabletas o eReaders. Otra cosa es que los eReaders están diseñados y construidos específicamente para leer ebooks, por lo que presentan características únicas, como su tinta electrónica -que no cansa la vista- y su larga duración de la batería -en muchos casos, hasta un mes-.

Con el auge del mercado de libros electrónicos se han puesto a la venta numerosos dispositivos con pantallas TFT retroiluminadas dentro de la clasificación de eReaders cuando en realidad son tabletas -normalmente de gama baja- que, entre otras cosas, pueden leer libros electrónicos, pero que no comparten las características que hemos mencionado antes, siendo gadgets con una resolución bastante baja, más pesados y con una batería más cercana a las horas de uso que a los días.

Esto no quiere decir que sean malos productos, pero lo que sí hacen es generar confusión entre lo que es un dispositivo dedicado por completo a lectura con otro que puede mostrar los libros, pero de una manera muy diferente. A partir de ahí, que cada uno decida qué le interesa más, si un gadget dedicado u otro más enfocado al multimedia.

Además, claro, están las tabletas de gama alta, cuyas características son mucho más evidentes y no se mueven en el nebuloso mundo de esos otros dispositivos. En mi opinión, para los que leen más de veinte minutos, media hora, de manera continua, es preferible un eReader, pero los hay que se pasan horas delante de una tableta sin que parezca afectarles. Será cuestión de cómo se le quemen los ojos a cada uno.

Hoy en día, en el mercado de los eReaders, habría que destacar marcas como Kindle, Sony Reader, BQ, Papyre o Cybook, aunque el mejor consejo que puedo dar es el de que os acerquéis a una tienda y miréis con vuestros propios ojos las diferencias entre unos y otros, así como con los dispositivos con pantallas retroiluminadas.

El nuevo arte de cazar libros

Cazadores de libros - Nabokov

Se ha celebrado en Nueva York la Digital Book Expo, donde cientos de editores y escritores se han lanzado a pintar un futuro brillante para la edición digital en los próximos años en Estados Unidos. La verdad es que las editoriales americanas están haciendo un esfuerzo para adaptarse a los nuevos tiempos, siendo las editoriales independientes las que ven nuevos nichos de mercado, como la escritura social de libros, que aprovechar con la llegada de nuevas tecnologías aplicadas al mundo del libro y las redes sociales.

Me gustaría señalar las declaraciones de Neil Gaiman al periodista de The Guardian, Richard Lea, preguntado por cómo ve el autor británico el futuro del libro.

Publicar hoy en día es como el Klondike. Nadie sabe qué está pasando. Todo lo que saben es que hay oro en las colinas y quieren hacerse con él. A la publicación tradicional le quedan cinco o diez años, pero eso no va a significar menos libros. Habrá un montón de libros más, sólo que la gente los encontrará de manera diferente.

La gente los encontrará de manera diferente. Ahí está una de las claves más importantes dentro del negocio editorial en los próximos años. No tanto cómo serán los ereaders, los formatos de los ebooks o los royalties para los autores. Lo hemos comentado alguna vez, pero lo cierto es que viendo cómo funcionan los servicios de autoedición digital, en los próximos años asistiremos a la irrupción en el mercado de cientos de miles de ebooks de los que no tendremos ni la más mínima referencia.

Una actitud frente a estos libros puede ser la vía dura, filtrando todos los contenidos que no vengan de editoriales que conozcamos. Esto sería darle un valor al trabajo del editor. Pero claro, de esta manera también nos podríamos perder obras interesantes sólo porque muchos escritores se hayan hartado de llevarse apenas un 10% por sus libros. También hemos hablado de ese filtro que deben introducir algunos libreros digitales para destacar novedades que aparezcan desde editoriales pequeñas o independientes, o desde la propia autoedición.

Las redes sociales, como Lecturalia, también van a jugar un gran papel al juntar en un mismo portal un gran número de opiniones y recomendaciones, accesibles de una manera muy sencilla. El poder prescriptor de la comunidad es algo a tener muy en cuenta en el futuro, que se presenta, al menos en un futuro inmediato, algo caótico.

Si hasta ahora encontrar libros nuevos y diferentes era un trabajo complicado, revisando catálogos y autores recomendados entre amigos, pronto se convertirá en un trabajo de caza en una jungla repleta de animales peligrosos. También hay que ir más allá de las listas automatizadas de más vendidos o más visitados por una sencilla razón, acaban por ser listas autoalimentadas. Si se da un espacio privilegiado a una serie de libros acaban siendo siempre los mismos los que reciben un mayor volumen de visitas y ventas. Bueno para el negocio de ventas, no hay duda, pero poco interesante desde el punto de vista de un buen cazador de libros.

¿Y vosotros? ¿Cómo creéis que será el mundo del futuro a la hora de encontrar un buen libro, dejando a un lado el clásico recurso de pasear una tarde de sábado entre las interminables estanterías de una librería?

Amanda Hocking en castellano y cómo ha cambiado el cuento

25 de enero de 2012 en Juvenil, Literatura, Mundo Editorial

Amanda Hocking - instinto

Ya os hemos comentado con anterioridad el caso de la joven autora americana Amanda Hocking, que a base de esfuerzo y muchas horas dedicadas a chatear, dejar mensajes y, en definitiva, a venderse en la red, se convirtió el año pasado en una verdadera revelación en el top ventas de Amazon.

Además de todo su esfuerzo, Hocking tenía clara una cosa: el precio de sus libros, que en digital estaban desde a menos de un mísero dólar hasta cuatro o cinco, una vez ya tuvo un nombre hecho y sólo en las novedades. Cimentando su éxito tanto en su labor de marketing y en la agresiva política de precios, Hocking consiguió colarse en los tops de la venta online -con lo que ello supone- además de conseguir un eco impresionante en la prensa especializada de todo el mundo.

Pese a todas sus virtudes hay que decir que la crítica especializada -y la no tan especializada- no ha sido demasiado generosa con la obra de Hocking y que en numerosas ocasiones se le ha pedido que buscara a algún corrector que le ayudara con sus libros, ya que contenían numerosos errores, algo que, por otro lado, no detuvo nunca a sus fans. Claro que, por un dólar, tampoco hay que ponerse picajoso.

Pues bien, de una autora que ha basado su éxito en el trato directo y los precios bajos, primando el ebook sobre todas las cosas, nos encontramos con que Destino Joven (Grupo Planeta) se ha quedado los derechos de Amanda Hocking y ha comenzado a publicar en castellano dos de sus series fantásticas (Lazos de sangre y Tierra de magia) buscando repetir el éxito en España. Pero… ¿ha seguido el mismo camino?

En cuanto a velocidad de lanzamiento, sin duda, ya lleva dos libros y se espera el tercero en breve. En cuanto a fenómeno en la red, lo desconozco, aunque creo que sin ella, es difícil lograr repetirlo. Y bueno, en cuanto a precios, es para llorar. Salen en papel a 17 euros y en ebook a 12, demostrando que no han aprendido absolutamente nada de cómo logró tener tanto éxito Hocking en su país con sus folletines a un dólar.

Supongo que la maquinaria de Planeta le asegurará unas buenas ventas, pero no deja de ser un ejemplo sintomático de cómo se entiende el negocio del libro digital en este país, como un reflejo directo del libro físico y sin atender a las técnicas que han logrado que en Estados Unidos se vendan más ebooks que cualquier otro tipo de formato.

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Amanda Hocking

Joyce queda libre

24 de enero de 2012 en Autores, Mundo Editorial

Joyce - Derechos de autor

Hasta ahora, muchos editores temblaban con la simple mención del nombre de James Joyce. El escritor irlandés ha tenido una de las herencias más polémicas de la historia de los derechos literarios, gracias al excesivo celo de sus sucesores, para quienes siempre ha sido más importante proteger la intimidad de la familia que dar a conocer la obra de su antepasado. Stephen Joyce, en concreto, su nieto, ha sido una pesadilla para todos los amantes de la literatura, ya que cobraba regalías hasta por citar a su ilustre abuelo, y se jactaba de haber quemado documentos de éste para “preservar el honor de la familia”. Cada vez que alguien usaba las palabras (permitidas) de James, en algún lugar Stephen y los suyos se frotaban las manos, y sus restricciones afectaban incluso al festival de Bloomsday, celebración que este año podrá llevarse a cabo, por vez primera, sin ningún tipo de cortapisas ni limitaciones establecidas por el principal heredero de los derechos y fortuna de la herencia Joyce. Este año tienen pensado organizar una flash-mob donde figuren todos los capítulos del Ulises, algo que hasta ahora sería impensable, bien por los costes desorbitados que ello conllevaría o una prohibición directa del nieto de Joyce.

En 1991 todos suspiraban, aliviados, al anunciarse que había caducado el periodo estipulado para los derechos de autor de Joyce. Sin embargo, una nueva ley europea exigía que dicho periodo de cincuenta años se alargase hasta setenta, por lo que de nuevo comenzó la batalla legal constante con un hombre que, en un exceso de celo por la intimidad de su abuelo, destruyó más de mil cartas que había recibido Joyce de su hija Lucía. Así que, con la finalización del año 2011, por fin han quedado libres los derechos del célebre escritor.

Los intentos de proteger la obra original llevan en ocasiones a los guardianes testamentarios a llevar a cabo actos ridículos. Como cuenta en el diario The Independent el especialista Gordon Bowker, este celo absurdo ha afectado a muchísimos escritores: la mayoría de las cartas de Jane Austen fueron quemadas por su hermana, a los diarios de Lewis Carroll les faltan páginas (probablemente arrancadas por familiares), el marido de Sylvia Plath directamente destruyó uno de los suyos, y los herederos de Joyce impidieron que la cantante británica Kate Bush utilizara las palabras finales de Molly Bloom de Ulises en una de sus canciones. En otras ocasiones son los propios escritores los que interfieren en la herencia de su obra: Beckett dejó especificado que ninguna mujer debía tener un papel protagonista en su obra dramática Esperando a Godot, Mary Shelley, Kafka y Phillip Larkin solicitaron que sus cartas se quemaran tras su muerte, y Thomas Hardy escribió una autobiografía que debía publicarse cuando muriera como si la hubiera escrito su viuda. Pero el tiempo pasa, antiguos manuscritos salen a la luz y se agotan los derechos de autor. En resumen, algunos escritores célebres no consiguen escapar de la posteridad, incluso cuando intervienen, de manera casi herética, amigos, familiares y ellos mismos.

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El Zafongate

Descargas de El Prisionero del Cielo

Hace pocos días nos desayunábamos la noticia de que Carlos Ruiz Zafón retiraba todos sus ebooks del mercado por unos misteriosos motivos personales. Enseguida saltaron las alarmas en todos los mentideros de Internet intentando encontrar una razón para tamaña decisión.

A las pocas horas, sin embargo, tanto Zafón como Planeta, la editorial con la que publica, emitían sendos desmentidos sobre el tema. No había retirada alguna de los libros y la relación entre las dos partes implicadas se mantenía, aunque estaban en negociaciones.

La noticia inicial parece haber saltado, en teoría, del entorno de Ruiz Zafón y era, a todas luces, una exageración. ¿Qué buscaban? Sin duda forzar un poco los movimientos de la negociación que están llevando con Planeta para la publicación en ebook de El prisionero del cielo, novela número uno en ventas (en ficción) del año pasado y que, como ya hablamos aquí, se puede encontrar disponible para descargar gratis desde incluso antes de su lanzamiento.

Sin duda las negociaciones con Zafón deben ser duras y no sé exactamente qué cláusulas y peticiones estarán manejando. ¿Cuestiones de precio y DRM o de porcentaje para el autor? Lo que está claro es que ha quedado patente el interés que existe sobre las versiones digitales de las novelas del autor, ya que el «ruido» en la red ha sido incesante.

Ahora ya se anuncia que han renovado un acuerdo que se cancelaba en 2011 y ya están trabajando para sacar El prisionero del cielo en epub, y supongo que para Amazon también, inquietos usuarios de Kindle, algo que, a todas luces llega muy, pero que muy tarde. Sólo tendrá sentido este retraso si el ebook resultante cambia en algo la dinámica de precios y no sale a quince o dieciséis euros.

De todas formas, toda esta confusión no ha quedado nada bonita. No sé de quién sería la idea de filtrar las «posibles» intenciones de Zafón, si él mismo, alguien de su entorno, o la misma Planeta, pero el buzz negativo que se ha generado con todo esto es capaz de afectar a una novela con mucha facilidad. Esto no es el mercado tradicional, aquí las cosas se mueven mucho más deprisa. Además, cada día que ha pasado sin el ebook de El prisionero del cielo en las tiendas les va a reportar una significativa pérdida de ventas. Espero que todos lo recuerden antes de volver a lanzar la piedra y esconder la mano.

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Carlos Ruiz Zafón
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Los libros más vendidos de 2011

19 de enero de 2012 en best-seller, Literatura, Mundo Editorial

Método Dukan

El panorama de los libros más vendidos en 2011 es desolador, y no lo digo ya por la proliferación habitual de best-sellers o novelas llevadas en volandas por la propaganda editorial a ocupar los primeros puestos, no, lo hago viendo que el primer puesto es para El método Dukan (!!!!!) y el segundo para ¡Indignaos!

Entiendo los motivos de las ventas del segundo, su precio más o menos ajustado, la situación social, el 15M, y puede ser que la gente esté obsesionada con su peso más allá de lo razonable y sigue creyendo en sacamuelas y buhoneros como explicación para el tremendo éxito del Método Dukan.

Si miramos quién sigue en la lista no encontramos demasiadas sorpresas, tenemos El prisionero del cielo, de Zafón, El tiempo entre costuras, que es de 2009, Si tú me dices ven, lo dejo todo… pero dime ven, El jardín olvidado, El ángel perdido y La caída de los gigantes de Follett cerrando la cola de perseguidores. Sinceramente, creo que el 2011 es un año olvidable en cuanto a la calidad de los libros más vendidos, casi como el 2010, y se afianza la tendencia editorial a nadar y guardar la ropa antes que arriesgarse a marcar tendencia. Todas las grandes se miran a ver cuál va a ser su siguiente movimiento y no parece que estén dispuestas a gastarse mucho dinero en promociones.

En cuanto al mercado general siguió la bajada de ingresos, con un 4% menos de ventas sintomático de la crisis económica y de la medianía de muchos lanzamientos clónicos con los que nos están regalando las editoriales. Un rasgo curioso me parece la caída de los libros juveniles (un 6%) supongo que debido a la falta de los grandes éxitos del 2010 como Los juegos del Hambre o la falta de novedad ya de Crepúsculo. Si bien los títulos de LIJ se han multiplicado no parece que nadie destaque especialmente por sus ventas. Al parecer la distopía no vende tan bien como el romance vampírico, pese a los estudios de mercado.

¿Qué panorama nos espera para este año 2012?

A falta de saber cómo se articula finalmente el libro electrónico (a ver si es posible que las editoriales adopten un criterio común, unos precios normales y un sistema de venta más sencillo) y su influencia en las ventas finales -hoy por hoy, despreciable-, no parece que la crisis anime a la experimentación. Vienen más novelas de sentimientos, otro libro de Stéphane Hessel y un montón de grandes autores reconocidos desgranarán sus novelas a lo largo de los primeros meses del año. Quedamos a la espera de que alguna novedad se convierta en fenómeno sin necesidad de prometer perder kilos o que nos crezca de nuevo el pelo en la cabeza.

Fuente: Diario Público

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El método Dukan ilustrado: Cómo adelgazar rápidamente y para siempre
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Librerías y libreros digitales

Librerías

Aunque el porcentaje de ventas de ebooks frente al de libros en papel se mantiene todavía muy distante en el mercado español, no pasa de la misma forma en el estadounidense, donde este año las ediciones electrónicas han pasado por encima de las tradicionales. Está claro que el dominio de Amazon es apabullante gracias a su sistema automatizado de recomendaciones, todavía en pañales en España debido a la falta de usuarios necesarios para alcanzar una masa crítica.

Lo cierto es que ese sistema de recomendaciones funciona bastante bien, lo he comprobado en varias ocasiones al comprar en las tiendas americana e inglesa, pero, de todas formas, no deja de ser una recomendación generada por un algoritmo en base a las compras y opiniones de otros usuarios. El otro día comentábamos si la crítica debía ser necesaria, ya que el nacimiento de estos sistemas podía ser suficiente para nuestras necesidades de prescripción. Esto me lleva a plantearme una cuestión sobre el futuro de las librerías y, sobre todo, de aquellas que acepten -o puedan sobrellevar- la dualidad del libro que se nos presenta en un futuro relativamente cercano.

Entiendo que es una costumbre que se va perdiendo, la del librero que aconseja por motu propio, o bien la del que conoce perfectamente el mercado editorial y puede dar respuesta a las preguntas de cualquier cliente. Es cierto que hay gente que no quiere consejo alguno y ya sabe perfectamente qué le gusta, pero nunca está de más saber qué es lo que se lleva y lo que puede interesar a cierto grupo de clientes. Tras un rápido vistazo a la mayoría de tiendas virtuales de ebooks es fácil comprobar que no hay detrás una fuerte voluntad prescriptora, más allá de recomendar lo último de Reverte, Rothfuss o la novedad Davinciana de turno. De vez en cuando aparece algo más sutil, más definido, pero lo que no encontramos es la razón o el motivo de esa selección.

Dentro de nada las tiendas virtuales se van a tener que enfrentar a Amazon y su sistema de recomendaciones, que te bombardea cada semana con productos que podrían gustarte… y con los que normalmente acierta. Pienso que las librerías virtuales deberían volverse más sociales y prescriptoras, más literarias y menos supermercado, con mayor cuidado por los libros que destacan y con la capacidad de argumentar una recomendación, aunque sea genérica. A casi todos nos gusta que nos enseñen libros curiosos, diferentes o interesantes. Si los editores digitales no se prestan a ejercer de filtro -casi no lo hacían cuando eran editores sólo de papel-, puede que el papel de los libreros se recupere a partir de compartir su pasión por los libros, por la literatura y el placer de que la gente disfrute leyendo un buen libro.

Nuevas (y viejas) maneras de editar y de escribir

Folletín

A nadie se le escapa que el formato de novela es el rey indiscutible del sector editorial, donde se centran los mayores esfuerzos tanto por parte de los escritores como de las propias editoriales. La novela en sí se ha convertido en un icono literario que lleva asociado un lanzamiento y una promoción -así como una producción industrial- que a día de hoy está perfectamente desarrollada.

El público lector también se ha acostumbrado a la novela, incluso a pagar sus buenos treinta euros por un libro con la promesa de que el resultado tras varias horas de lectura va a ser satisfactorio. Las antologías de relatos se siguen publicando pero parece vox populi entre muchos editores que son un negocio ruinoso (yo personalmente no entiendo, entonces, que las sigan publicando) aunque creo que se refieren más que otra cosa a la diferencia de ventas habitual con novelas. Del formato de novela corta parece que nadie se acuerda, con la honrosa excepción de editoriales como Libros del Zorro Rojo, Rey Lear o Nórdica, aunque con la peculiaridad de convertir las novelas cortas en preciosas joyas ilustradas.

Hay que decir también que el desarrollo tecnológico en imprentas y distribuidoras también ha favorecido que las novelas puedan crecer en cuanto a tamaño, hasta el punto en que algunos libros parecen no tener fin, como por ejemplo, las novelas de George R.R. Martin o la última de Patrick Rothfuss. Con esos tamaños a veces me pregunto si una novela de más de mil páginas sigue siendo una novela tal y como la conocimos en el siglo XX, sobre todo si sólo es una parte de una serie mayor.

Lo cierto es que la tecnología, tal y como dio el salto para permitir la aparición de novelas más largas y mejor editadas, ahora nos presenta la oportunidad de retomar una serie de formatos que, como ya hemos señalado, suelen estar marginados o dados de lado por editoriales y público. Hablamos, claro, del salto digital, de qué podemos hacer ahora que nos hemos visto liberados, por decirlo de alguna manera, del corsé impuesto por las tapas y contratapas del libro tradicional.

Los cuentos. Hoy en día los relatos se leen poco… pero son ideales para la lectura ocasional o de tiempo limitado. Leer una novela en el metro se puede hacer eterno, sin contar con el hastío que puede provocar dedicarle semanas a una trama en la que apenas se avanza. Para los viajes de metro el cuento es un producto ideal. Lo malo es que, hoy por hoy, hay que comprarlo en antologías, bien de un autor o de varios, con lo que la probabilidad de encontrarnos un libro descompensado es bastante alto. Sería interesante poder confeccionar nuestra propia antología de relatos a medida que los vayamos necesitando, a precios reducidos. Vamos, de la misma manera que puedes comprar en tiendas de música digital las canciones que componen un disco.

La novela corta. A día de hoy es un formato casi muerto por imposición editorial. Hay unos costes fijos que cubrir con la edición de un libro y muchos lectores no se atreven a arriesgar demasiado dinero con un libro «fino». El síndrome de «caballo grande, ande o no ande», está arraigado en el mundo literario. Sin embargo, y es mi opinión, la novela corta en formato digital puede ser un excelente escaparate de muy bajo precio, o incluso gratuito, para autores no demasiado conocidos por el gran público. También hay que tener en cuenta que escribir una novela corta no lleva el mismo tiempo que una novela larga, y mucho menos del tamaño que algunas editoriales demandan hoy en día. Otra ventaja del digital es que el síndrome del «caballo grande…» es menos acentuado.

El Folletín o la Novela por entregas. Una suerte prácticamente desaparecida a día de hoy. Sin embargo, puede que sea una de las que más futuro tenga si los lectores electrónicos acaban formando parte de nuestra vida diaria. Historias largas preparadas para ser leídas en capítulos cortos de gran intensidad… hay obras, ¿hablábamos de Martin?, que ya son folletines en formato de novela. Imaginad no tener que esperar cuatro años a que salga el siguiente libro de Canción de Hielo y Fuego y poder disfrutar de un par de capítulos al mes.

Supongo que a medida que avance la tecnología y los escritores intenten colocar sus obras aparecerán nuevos modos, estilos y formatos, tanto de escribir como de editar. ¿Y a vosotros? ¿Se os ocurre alguno más? ¿Creéis que la novela mantendrá su hegemonía en el siglo XXI?

Cómo se hace un libro (V): El contrato

29 de diciembre de 2011 en Literatura, Mundo Editorial

Contrato Editorial

Antes de decidir publicar un libro la editorial debe estimar los costes. En grandes editoriales estos son complejos de calcular, ya que no estamos hablando tan sólo del precio de producción, sino también de los costes de promoción y marketing. Las campañas de venta del libro son una parte importante, y en ocasiones son tan costosos como la fabricación del libro en sí misma. Además, hay que tener en cuenta que no todo se reduce a pagarle al escritor o a los que lo van a editar y maquetar, ya sean internos o externos de la editorial: las ilustraciones, fotografías, el diseño de la cubierta o, en su caso, la traducción, son costes fijos que han de ser tenidos en cuenta. En el caso de libros técnicos, también habrá que recurrir a asesores, lo que encarece aún más el precio. Sin embargo, los libros especializados tienen costes variables más fáciles de calcular, ya que al tratarse de un mercado restringido, la campaña de marketing no influirá habitualmente en las ventas. A veces la promoción puede limitarse simplemente a enviar un servicio de prensa a publicaciones de su área temática, y esto podría ser suficiente para que la publicación sea conocida por la mayor parte del público potencial.

Pero sea como fuere, debe existir un contrato con el autor. Aunque dependiendo del sector al que se dedique la editorial estos pueden variar muchísimo (no es lo mismo una editorial técnica que una comercial, por ejemplo), dentro de un mismo sector los contratos tienden a ser muy parecidos, a veces casi indistinguibles de una editorial a otra. Una característica de los libros comerciales y de sus autores es que, a diferencia de los libros y autores especializados, suele intervenir la figura de un agente, que dependiendo del autor (pues algunos dejan absolutamente todo el proceso en sus manos) tendrá una mayor o menor importancia en el proceso de elaboración del libro. Sus honorarios suelen ser una décima parte del los ingresos para el autor.

Las regalías dependerán, como hemos dicho, del sector editorial concreto. En las ediciones comerciales se suelen incluir cláusulas que permiten al autor aumentar sus honorarios en caso de que el libro tenga unas buenas ventas, lo cual es completamente lógico: recompensar a un autor popular hará que éste, en un futuro, quiera seguir trabajando con esa editorial y no con una de la competencia. Además, para la editorial esto no supone perder dinero, ya que estos aumentos en los porcentajes suelen hacerse coincidir con las reimpresiones (erróneamente llamadas de forma habitual “reediciones”), y reimprimir un libro es bastante más económico que producir uno nuevo. Los autores que aseguran buenas cifras de ventas están muy cotizados, y las editoriales los tratan de una forma mucho más cercana y comprensiva que a los autores noveles. De todas formas las editoriales deberían ser conscientes (muchas veces no lo son) de que la industria de la que forman parte no existiría sin los creadores, y de que un escritor novel es un potencial futuro escritor comercial de éxito (y, en parte, su futuro éxito dependerá de que la editorial apueste plenamente por sus libros).

En cuanto a los derechos que se especifican en los contratos hay que distinguir entre el derecho de edición, el fundamental para que una editorial pueda publicar un libro, y otro tipo de derechos subsidiarios que, sobre todo para las editoriales comerciales, son más que interesantes, ya que pueden explotarlos ellas mismas o incluso cederlos a otra editorial. Estamos hablando de las traducciones, la publicación en otros formatos (por ejemplo en bolsillo) o la inclusión en catálogos de clubes de lectores (en España tenemos como ejemplo más claro el Círculo de Lectores). Sin embargo, los agentes son cada vez más reticentes a otorgarle todos estos derechos a la editorial que publica el libro, especialmente el tema de las traducciones o de la edición en países distintos al de la editorial (aunque compartan idioma). Otro derecho que cada vez se restringe más es el de la adaptación de la obra a cine y televisión. En todos estos casos los agentes y los escritores se han dado cuenta de que los réditos son mayores si retienen y negocian ellos mismos todo esto, aunque a veces no son conscientes de que si están en la mano de la editorial será más fácil “colocar” el libro en otros mercados, por ejemplo.

¿Debe la cultura ser gratuita?

Cultura libre y gratuita

La respuesta a la pregunta que da título al artículo no debería suponer un esfuerzo para toda persona de bien: En las condiciones adecuadas la cultura siempre debe ser gratuita. No sólo eso, debería ser, además, libre. Libre para ser copiada, transmitida, modificada, usada, denostada, ensalzada, mordida, digerida y gastada. Todo siempre, y este es el punto importante, en las condiciones adecuadas.

Sostener que la cultura debe ser onerosa, que hay que pagar por ella sí o sí, sólo puede responder a intereses puramente personales. Pensemos de manera utópica durante unos segundos, ¿no sería maravilloso un mundo en el que toda forma artística, todo conocimiento, estuviera al alcance de nuestras manos con tan sólo quererlo? ¿Acaso se banalizaría la cultura por disponer de un acceso universal y gratuito a ella?

Sin embargo, no estamos en un mundo utópico. La cultura conlleva un coste de creación, no se genera de manera espontánea, aunque a muchos pueda parecerles que el acto creativo no requiera dificultad o esfuerzo. Siempre hay un gasto, aunque no contemos con los entresijos editoriales que hacen que una obra se defina, perfeccione y llegue a nuestras manos de la mejor manera posible, el gasto personal existe y suele ser más grande de lo que pensamos.

Hasta ahora los autores, los creadores, permitidme que hable de los escritores en concreto, reciben un porcentaje por libro vendido, tradicionalmente establecido en un 8 o un 10 por ciento. Con esta premisa no es tan raro que pocos autores clamen al cielo por lo caro de sus libros y también pocos vean con buenos ojos los precios bajos que se reclaman por los ebooks. Ese, más el anticipo, calculado en base a tirada y prestigio, es el maná con el que las editoriales llevan décadas alimentando a los escritores. No me malinterpretéis, es un negocio cómodo para el escritor, que se desentiende de prácticamente el resto del proceso editorial. Ni márketing, ni organizar giras, ni preocuparse de portadistas, correctores o distribuidores. Nada de nada. Es lógico entonces que cuando el sistema se tambalea y las cosas cambian, los propios escritores se asusten al ver amenazado un modo de vida que ha demostrado su solvencia.

O, al menos, eso es lo que nos cuentan los escritores que viven de sus libros. Si hiciésemos un listado de escritores y nos fijáramos en los que única y exclusivamente viven de sus libros con este sistema nos daríamos cuenta de que son muy pocos, una élite de gran éxito, éxito conseguido por sus medios y valía, que conste, pero que no pueden ser representativos de la mayoría.

¿Y qué le parece a esa mayoría? Bueno, para qué engañarnos, a mi me encantaría dedicarme sólo a escribir, mandar un correo electrónico a mi editor y olvidarme hasta cobrar el cheque. Pertenecer al olimpo literario es una aspiración llena de glamour, vivir bajo los focos, ser conocido, popular… el masaje de ego que todo escritor necesita amplificado por mil. Ahora, tampoco pasa nada por combinar trabajo y literatura, sobre todo, en mi caso, por ejemplo, si mi trabajo, o trabajos, están dentro de ese «mundo literario» (talleres, charlas, artículos). Otros autores, por ejemplo, son muy felices siendo químicos, ingenieros, arquitectos, periodistas o músicos, además de escritores, aunque no siempre se tiene esa suerte (no ya que te guste el trabajo, sino, simplemente, tener uno).

Pues bien, la cultura en un mundo ideal sería gratuita, y la literatura, en el mundo que nos ha tocado vivir, no lo es. Sin embargo, parece que en el futuro es más que probable que el sistema actual de producción y venta de libros cambie, si a mejor o a peor, no se sabe, lo que está claro es que va a ser mucho más grande y más barato. ¿Se repartirá más el dinero en una base amplia y menos en una élite? ¿Se creará una nueva élite que ganará mucho más dinero? ¿Se agruparán los autores para pagar servicios editoriales al margen de las grandes empresas? ¿Conseguirán desde las editoriales controlar las descargas y el modo de consumo al que nos dirigimos?

Todo son preguntas a las que no tengo respuesta, y sé que vosotros, lectores, escritores, libreros, editores, tenéis más preguntas todavía. Creo que es el momento de comenzar a dialogar, de conocer más vuestras inquietudes y propuestas. Os esperamos, como siempre, en los comentarios.


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