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Entradas de la categoría ‘Literatura’

Tu libro no es solo tuyo

18 de junio de 2013 en Autores, Literatura

Escribir en comunidad

En la eterna discusión entre los que están a favor de la autoedición (o de la coedición) y los que apuestan por la edición tradicional, hay un dicho que empieza a escucharse más y más, sobre todo en relación a la edición digital: tenemos que eliminar a los intermediarios. En una nueva era en la que cada vez es más común que un libro triunfe sin la intervención de una editorial, vendiendo a destajo en plataformas como Amazon, se vitorea el concepto de háztelo todo tú mismo. Prescinde de editor, de maquetador, de corrector, de diseñador, de distribuidor y librería, y dedícate solo a pagar el grueso del pastel a una gran infraestructura virtual. Al fin y al cabo, tu libro es solo tuyo. Como escritor, has hecho tú todo el trabajo, ¿no es verdad?

Hoy en día, tal vez más que nunca, se concede una importancia fundamental a la idea de creación. El escritor crea, luego merece todo el mérito del texto. Hace surgir de la nada una composición, le da vida. ¿Pero esto es realmente así?

Para empezar, partamos de la base de que nada surge de la nada más absoluta. El escritor tiene el peso de la influencia de todo lo que ha leído, todos los medios que lo rodean, y además no escribe exclusivamente para él mismo, sino con una figura muy concreta de lector en mente (por lo menos si busca publicar; no hablamos de escritores cuyos legajos solo van al cajón de la mesita de noche). Forma parte de un contexto, de una textualidad, es decir, está condicionado por el acervo cultural en el que ha nacido y donde se desarrolla. No hay nada nuevo bajo el sol, dicen, y por mucho que uno intente innovar, esta supuesta innovación parte como respuesta a formas tradicionales, a las que el autor les debe precisamente su deseo de antagonismo. Por otro lado, hasta el escritor más experimentado y profesional necesita lectores de prueba para comprobar que no haya erratas e incoherencias. Ese primer filtro ya nos otorga un texto ligeramente diferente del que se escribió en primera instancia.

La corrección de estilo, cuando se aplica, proporciona una dinámica extraordinaria a un texto. Los ojos de un buen corrector saben reconocer estructuras cacofónicas, torpes o desmañadas, identifican repeticiones innecesarias tanto fonéticas como gramaticales, pillan incongruencias al vuelo. Y qué decir de los lectores profesionales, que orientan de manera crítica. Todo el trabajo realizado sobre el texto original lo enriquece, forma parte de la obra y se vincula al todo que es ahora tu compendio de palabras escritas, tecleadas o recitadas.

Y, por fin, el lector es el que le proporciona auténtica vida a la obra. Ese lector aplicará sus propias emociones, inteligencia y comprensión a tu texto. Le dará una vida nueva que lo convertirá en algo más complejo y redondo. Merece tener entre sus manos una obra válida, bien escrita, bien editada. Porque si no es así, ocurrirá una de dos cosas: el lector prescindirá de esta obra, que no está a la altura de sus exigencias mínimas; o bien aceptará una experiencia de lectura mediocre que rebajará su nivel de expectativas y contribuirá a construir una sociedad con una demanda cada vez más conformista, con un criterio cada vez más reducido y una visión cada vez más limitada de las posibilidades del arte.

Tu libro no es solo tuyo. Tu libro es de todos. Es un proyecto conjunto, no existe en el vacío. La eliminación de intermediarios que pueden llegar a convertirse en innecesarios (como distribuidoras o librerías físicas) puede redistribuir los ingresos de un libro y convertir las regalías del autor en un porcentaje mucho más digno y justo (en proporción al esfuerzo de este y el tiempo invertido). Pero prescindir del equipo editorial por completo (del editor competente que sabrá adaptar tu obra a las exigencias del mercado y podrá discernir si tiene la calidad suficiente para entregarlo a este; del corrector que transformará tu libro en una lectura mucho más digna; del diseñador que le dará una apariencia mucho más atractiva y cómoda para tus lectores potenciales; incluso de los profesionales publicitarios que pueden ayudarte a llegar a rincones insospechados) puede ser un gran error. Cierto, no estamos en una sociedad perfecta en la que todos los profesionales de la edición cumplen bien su trabajo, pero esta no es razón para eliminarlos de un plumazo. Un libro sigue necesitando de filtros de calidad y de trabajadores que sepan construir, entre todos, un elemento completo del maravilloso acto de la comunicación estética.

Mi amigo el demonio, de Carolyn Jess-Cooke

17 de junio de 2013 en Fantástica, Literatura

Mi amigo el demonio, de Carolyn Jess-Cooke

Carolyn Jess-Cooke nos presenta Mi amigo el demonio, su segunda obra tras Diario de un ángel, una fábula en la que reflexiona sobre el libre albedrío a través de los ojos de un ángel… que es también una adolescente. Con el mismo estilo, Jess-Cooke nos lleva ahora al otro lado, al de los demonios que atormentan, o tal vez sería mejor decir experimentan, con el joven Álex.

Como bien dice en su pequeña y magnífica introducción, Álex tiene un amigo, se llama Ruen y es un demonio de 3000 años. La autora nos presenta la historia narrada mediante el diario de Álex, un chico de once años de Belfast, y de los pensamientos de Anya, la psiquiatra infantil que se hace cargo de su caso. Jess-Cooke presenta un tema complicado, como es el de la esquizofrenia infantil, también el de la marginación social e incluso el conflicto norirlandés, y lo envuelve en una pátina de fantasía: Álex habla con Ruen, un demonio cambiaformas que se ha convertido casi en su único amigo.

Pero… ¿es Ruen un delirio esquizofrénico o existe de verdad? Ahí es donde la trama de la novela gira, jugando al despiste mientras la historia avanza, cada vez más oscura y abocada a una situación casi insostenible. No sólo es Álex quien se ve inmerso en sus fantasías, sino que la propia psiquiatra comienza a revivir un trauma de su pasado que ha sido incapaz de superar, la muerte de su propia hija.

Mi amigo el demonio es un libro en apariencia sencillo que trata temas de gran profundidad. Se lee con rapidez y agrado, aunque muchos lectores encontrarán el final un tanto insatisfactorio por no resolver todas sus dudas. Algo que, por otra parte, no es necesario, ya que la historia principal del libro queda cerrada. Como único punto negativo para este libro, quizá la traducción, o la corrección de estilo, me ha parecido algo menos buena de lo habitual en Duomo. Nada, en realidad, que reste valor al conjunto de un libro más que correcto. Recomendable.

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Fútbol es fútbol (y ciencia ficción española)

15 de junio de 2013 en Ciencia-Ficción, Literatura

Madrid, de Dani Mares

¿Todavía andan de bajón por las humillaciones que han sufrido el Real Madrid y el Barça en las semis de la Champions? ¡No pasa nada! Esta entrada del blog les servirá para levantar esos ánimos.

Uno de los axiomas que te inculcan a sangre y fuego cuando estudias un máster de edición es que los libros sobre fútbol no venden. Bueno, claro, hablo de los másteres de edición que se impartían durante la década pasada, porque a estas alturas de feria está más que claro que los libros sobre fútbol sí que venden. Y un montón, añado. Dejo para otra entrada un bosquejo de esas obras literarias (de ficción, no de biografías ni de ensayos) relacionadas con el deporte rey desde un punto de vista realista, desde Mario Benedetti hasta Nick Hornby, y me centraré en las que lo abordan en clave de ciencia ficción.

Lo cual, dicho sea de paso, es un fenómeno relativamente reciente. Salvo laguna literaria mayúscula, la ciencia ficción y el fútbol no se habían llevado excesivamente bien hasta la década pasada. Ya saben: o bien el fútbol era demasiado populachero para los lectores de un género demasiado intelectual, o bien la ciencia ficción era demasiado marciana para gente tan racial como aquella a la que le gusta el fútbol los domingos por la tarde y es la mejor de sus aficiones. El caso es que hasta fechas recientes, gracias a una serie de elementos que hoy no tengo tiempo para intentar desentrañar (pero que podríamos resumir como sigue: el escritor medio de ciencia ficción pasó a ser un señor normal con los pies en tierra y sin chorradas elitistas en la cabeza), hacia el cambio de milenio comenzaron a verse algunos ejemplos de obras en las que el fútbol pasó a ser uno de los ejes de las tramas de obras de ciencia ficción. Quien dice fútbol, dice deporte en general, como podrá atestiguar el lector de Cinco días antes, de Carlos Fernández Castrosín, una intriga ballardiana con elemento político y el trasfondo de una omnipresente final de rollerball (sí, ese deporte sangriento al que jugaba James Caan en la película de Norman Jewison). O, ya puestos, el lector de Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins: vale, los Juegos son política y espectáculo, pero ¿acaso no son también un deporte extremo llevado hasta sus últimas consecuencias de sangre y arena? (Si consideran deporte el boxeo, no se pierdan Futureland, de Walter Mosley.)

No, en esta entrada hablaré de fútbol a secas. Del fútbol es fútbol de los domingos, en el que son once contra once, no hay rival pequeño, hasta el pitido final no hay nada decidido y, ¡ay!, al final gana Alemania.

Aunque hay precedentes como el relato El medio punta, una historia sobre un cíborg que conseguía hacer historia en la Real Sociedad, firmada con el seudónimo de Borja Mátame Camión por el señor que se había disfrazado de Hombre Invisible en la hispacón de 1994 y aparecida en 1995 en el mítico fanzine electrónico Ad Astra, el fenómeno comenzó en 2003 con la publicación de una novela corta impecable, Ñ, de David Soriano, una ucronía cuya acción transcurría en una Espanya alternativa que, debido a que la Peste Negra diezmó el reino de Castilla, se articula en torno a Cataluña y tiene la capital en Lleida. Se produce una conspiración para asesinar al dirigente castellanista, que acaba de regresar del exilio, todo ello en el marco del partido de la máxima rivalidad. Las coñas con la España que pudo haber sido y no fue, así como los giros verbales y argumentales a la catalana, hacen de esta novela corta una de las verdaderas obras cumbre del género en España. Está recopilada en (y es el germen de) la antología Franco. Una historia alternativa, seleccionada por Julián Díez, donde también aparece otra ucronía sobre fútbol, El derbi, de Pedro Pablo García May, en la que una final de Copa entre el Atlético de Madrid y un Real Madrid cuya estrella es Pelé sirve de pretexto para urdir un atentado contra un Adolf Hitler aquejado de álzheimer y la plana mayor del Partido Nazi. Este relato está dedicado a todos los que creen que el Malditos bastardos de Quentin Tarantino es lo más.

En la misma onda delirante podemos leer la recién aparecida Orsai, de Jordi de Manuel, en la que se traza, en forma de narraciones fragmentadas, un repaso a la idiosincrasia culé, vista a través de los ojos de un forofo multimillonario. En ella vemos a profesores de matemáticas que ponen como ejercicios de clase una razón equivalente consistente en comparar el salario de Cristiano Ronaldo con los de los padres de los alumnos, o una final del Mundial de fútbol celebrada en el estadio Lluís Companys de Montjuïc en la que se enfrentan Alemania y una selección polaca que no termina de entender por qué los aficionados catalanes van a muerte con ellos, o el papel decisivo que un clon de Pelé puede desarrollar en una final del Mundial que, en un futuro lejano, enfrentará a Catalunya con Brasil. Es una lectura desquiciada y agradecida que hay que leer con lupa, so pena de perderse alguna carga de profundidad.

Con todo, y para lectura desquiciante, Madrid, de Daniel Mares, en la que el fin del mundo se cierne sobre una humanidad que está histérica ante el inminente fin de las cosas tal como las conocemos. ¿Toda? ¡No! En la Villa y Corte están pendientes de la final de la Champions, que enfrenta (¡por fin!) al Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona, y cosas como el fin del mundo, un asesino en serie que está haciendo de las suyas o una inminente guerra parecen de lo más secundarias.

Como ven, el frikismo español ha conseguido interesarse por el fútbol después de varias décadas de no acercarse a él, pero lo hace a su manera, con un espíritu libre y lleno de mala leche, toneladas de intencionalidad política y, sobre todo, mucha originalidad.

Eso sí, y aquí les lanzo el guante a los escritores españoles de ciencia ficción que seguro que me están leyendo: si el fútbol nos mola y tal, pero el deporte del que uno acaba hablando con otros frikis en las convenciones de ciencia ficción es el baloncesto, ¿se puede saber por qué no he leído ninguna novela de género ambientada en el mundillo del deporte de la canasta?

Autores relacionados:
Daniel Mares
Pedro Pablo García May
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La muerte anunciada de Iain (M) Banks

14 de junio de 2013 en Autores, Ciencia-Ficción, Literatura

Iain M. Banks

El Sr. Banks era dos escritores en uno. Por un lado era Iain M. Banks (la M. era de Menzies, su segundo nombre), autor de ciencia ficción y creador de universos tan distintos y especiales como el de la Cultura. Por otro era Iain Banks, escritor de ficción a secas (si es que existe tal cosa, sobre todo en el caso de Banks), narrador de voces tan extraordinarias como la del niño asesino de La fábrica de avispas.

Hace unos meses, Banks revolucionó a la comunidad lectora con un anuncio inesperado: se moría de cáncer. Con el sentido del humor intacto, aunque decididamente negro (una de las primera cosas que hizo al enterarse de su diagnóstico fatal fue pedirle a su novia que se convirtiera en su viuda), comunicó a sus aficionados que dedicaría los últimos meses de su vida a su boda, luna de miel y a visitar a familiares y amigos. También contribuyó a acelerar la salida al mercado de la que sería su última obra: The Quarry (La cantera). Y hace apenas unos días, mucho antes de lo esperado, nos dejó, con una muerte que su esposa, Adele, describió como tranquila y sin dolor. Su marcha ha dejado un vacío inmenso en la escena literaria británica (más aún en la escocesa), y el lamento de sus fans ha llenado un extenso libro de visitas disponible en su página web, Banksophilia.

Respecto a su trabajo como escritor de diferentes géneros, el propio Banks aclaró, en uno de sus posts más recientes, que nunca escribió ciencia ficción, como creían algunos, para cubrir una serie de necesidades económicas, para poder permitirse escribir unas novelas de ficción que le aportaban ingresos escasos. Muy al contrario, Banks insistió en que siempre escribió sus novelas fantásticas por puro amor y afición, y que estas vendían bastante menos que sus novelas mainstream. De hecho, estimó que vendía un solo ejemplar de ci-fi por cada tres o cuatro ejemplares de literatura de otros géneros. Imagino que esta afirmación llega en respuesta a una reacción habitual del lector medio, que asume que la ciencia ficción es un género comercial con el que contentar a adolescentes y a lectores poco exigentes. Sin embargo, la obra de Banks iba muchísimo más allá del clásico pulp, formando sociedades y mundos revolucionarios, no solo por las tramas y personajes, sino por las mismísimas ideas políticas y culturales que se atrevió a plasmar, más cercanas tal vez de una Ursula K. Leguin que de una Guerra de las galaxias u otras space-operas de aventuras que suelen asociarse al viaje espacial literario.

Como era de esperar, una muerte tan sonada, de alguien que además se había ganado el respeto y la admiración de sus colegas de profesión, ha tenido una respuesta multitudinaria y muy sentida. Probablemente los dos apuntes al respecto de mayor interés sean los que han dado su mentor, Ken MacLeod, quien insiste en el periódico The Guardian en la importancia de la creación fantástica de Banks, y su compañero de juergas literarias, Neil Gaiman, que dijo de este, en su blog, si nunca has leído ninguno de sus libros, lee uno de sus libros. Luego lee otro. Hasta sus libros malos eran buenos, y los buenos eran alucinantes.

Adiós, Sr. Banks. Lo echaremos mucho de menos.

Autores relacionados:
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Pensad en Flebas

Escritores aficionados a otras artes (III) Elia Barceló

12 de junio de 2013 en Autores, Literatura

Elia Barceló

Seguimos con otra entrega donde preguntamos a escritores a qué dedican el tiempo libre. O, mejor dicho, en qué otros campos artísticos les gusta perderse de vez en cuándo, y cómo se relacionan estos con su trabajo como autores. En esta tercera parte hemos hablado con Elia Barceló, autora que destaca por su labor dentro tanto del género fantástico como del juvenil (y que ha estrenado nuevo libro hace poco con Ediciones Destino: Anima mundi). Al igual que ocurrió con Susana Vallejo en la primera entrega de la serie, Elia se decanta por la pintura y el dibujo:

“Buscando hacia atrás en mi pasado, buceando en mis primeros recuerdos, veo el pasillo de la casa de mi infancia, la que derribaron después para construir una más moderna, y que se me aparece de vez en cuando en sueños.

En ese pasillo, y en la salita del tresillo de terciopelo verde, y en el comedor, mis padres habían colgado reproducciones –ahora sé que bastante aceptables– de varios cuadros que me acompañaron durante toda mi infancia. En ellos aparecían princesas de grandes faldas, gente vestida a la antigua jugando a la gallina ciega en un prado, hombres casi desnudos trabajando en una fragua bajo una luz que yo identificaba con el infierno del que nos hablaban en la iglesia los domingos, jarros de barro sobre una mesa de madera oscura, un payaso triste vestido de blanco… Todos ellos formaban parte de mi vida cotidiana y muchas veces me inventaba historias, o más bien viñetas, en las que tenían el papel principal.

Ya en mi adolescencia, una gran editorial comenzó a publicar, por fascículos, una historia universal del arte; con mi asignación semanal empecé a comprarla, me enteré de que todas aquellas imágenes habían sido pintadas por algunos de los más grandes artistas de la humanidad: Goya, Velázquez, Ribera, Watteau… y descubrí muchos otros que me abrieron para siempre el mundo del arte. Luego vinieron los museos y los deslumbramientos, esos cuadros que te marcan como una herida, que dejan cicatriz y te hacen buscarlos de nuevo, observarlos, sumergirte en ellos para salir renovada, deslumbrada y feliz.

Junto a la literatura, no hay otra actividad artística que me emocione tanto como la pintura, aunque el cine y el teatro le siguen muy de cerca.

Siempre he dicho que si no fuera escritora querría ser pintora. Empecé a aprender a pintar en mi época universitaria, pero luego la vida me llevó en otra dirección y desde entonces soy espectadora, observadora de la pintura, asidua visitante de museos y exposiciones, entusiasta de documentales de arte. Pero como tengo cierta tendencia a hacer planes a largo plazo y quiero reservarle un lugar activo en mi vida futura, cuando deje mi trabajo en la universidad, hace un año empecé a aprender a dibujar.

Desde entonces veo las cosas con más intensidad, de otra manera. Siempre he sido muy visual y todas mis novelas tienen escenas que parecen cuadros o fotografías o tomas de una película, pero ahora es todavía mejor porque, a medida que progreso en el dibujo –más despacio de lo que me gustaría por falta de tiempo para practicar– más cuenta me doy de lo que quiero que vea mi lector.

Antes, cuando estaba de viaje y veía algo que me impresionaba, tomaba una foto y, al volver al hotel, escribía un par de páginas en mi diario. Ahora lo que hago es sentarme en algún lugar y dedicar unos minutos a dibujar lo que estoy viendo. En ese tiempo disfruto del sol, del viento, de la llovizna… de sentir el ambiente, y fijarme en las luces y las sombras, y de tratar de reproducir las texturas, para el recuerdo, para el futuro.

Dibujo el pasado para el futuro. Lo mismo que tantas veces hago en mis novelas. Y en algún momento empezaré a jugar con el color. Lo bueno es que, como en la escritura, nunca se llega a un final. Siempre hay otra historia que contar, otra escena que pintar, otros sentimientos, otros colores”.

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Hijos del clan rojo

Feria del libro de Madrid de 2013: primer fin de semana

5 de junio de 2013 en Actividades, Autores, best-seller, Literatura

Cartel Feria del Libro de Madrid 2013

Un año más nos hemos trasladado a la feria del libro de Madrid para disfrutar de un par de jornadas de libros y de actos relacionados con la lectura en el idílico entorno (siempre que no seas alérgico al polen) del Parque del Retiro. La feria en sí dura más de dos semanas, del 31 de mayo al 16 de junio, y este año ha modificado su horario (de 11:00 a 14:00 y de 18:00 a 21:30 de lunes a viernes, y de 11:00 a 15:00 y de 17:00 a 21:30 los sábados, domingos y festivos).

Durante el primer sábado de este evento, feria del libro ya ha sido trending topic en Twitter, lo cual dice mucho de la gran popularidad de estos días de paseo, socialización y (esperamos) compra. Es un plan perfecto para el fin de semana y los días de ocio y, si bien tendremos que esperar a ver cómo se desarrollan las ventas en relación con años anteriores, durante el sábado y el domingo las casetas han estado atestadas de curiosos y consumidores, además de las siempre esperadísimas firmas. Las colas más largas se formaban el sábado para ver al cocinero Alberto Chicote y a la escritora de literatura fantástica juvenil Laura Gallego. Chicote firmaba el libro de recetas del programa Pesadilla en la cocina, y Gallego su esperada novedad El libro de los portales, que figuraba también en alguna que otra camiseta de jóvenes aficionados. A lo largo del domingo, nombres como Arturo Pérez Reverte o Almudena Grandes atraían a sus fieles habituales, alternando con nuevos fenómenos del momento en ámbitos de autoayuda, cocina, política o cómic. En las casetas había libros omnipresentes: el Inferno de Dan Brown, el Brújulas que buscan sonrisas perdidas de Albert Espinosa o El maestro del Prado de Javier Sierra.

Pero no todo es glamour y estrellato. Pensad en los editores que dedican horas interminables a llevar de un lado a otro pesadas cajas de libros, buscar aparcamiento, lidiar con escritores invitados, acompañarles y ocuparse de ellos, resolviendo problemas con hoteles, restaurantes y taxis. Pensad en los escritores que deben ir corriendo de una caseta a otra (generalmente cada una en una punta opuesta de la feria) para llegar a tiempo a un encuentro con un editor, a un acto de presentación o a una sesión de firmas. Pensad en sus pobres muñecas acalambradas (eso si tienen suerte y son lo bastante conocidos para tener que firmar bastante) o sus estómagos vacíos mientras las firmas o el acto de turno se alargan más de lo esperado, en sus nervios mientras reúnen valor para presentarse ante algún editor en concreto, un compañero autor de prestigio o incluso algún blogger de reseñas incandescentes. Pensad en los organizadores, el personal de seguridad, los camareros de mesitas repletas de lectores sedientos, en los profesionales que mantienen limpios los aseos (y ya sabéis cómo se ponen los aseos en cualquier encuentro multitudinario), en todo el personal que pasa horas eternas al sol. Uno no puede dejar de considerar todo lo que se pone en movimiento para que nos paseemos con tranquilidad y hojeemos libros. Una reunión de este tipo siempre resulta extraordinaria: una oferta tan dispar en un espacio tan grande, donde uno puede comprar o el superventas de turno o alguna edición obsoleta de un libro desconocido, parece ir más allá de un simple intercambio de dinero. Durante unos días al año, un antiguo paseo de carruajes se transforma en una demostración de afecto por el libro. Y eso, ahora mismo, es más necesario que nunca. Por mucha revolución digital que haya, es difícil trasladar al ámbito virtual una experiencia de interacción como esta: no solo para visitantes lectores, sino para la propia industria del libro, esos mismos editores y escritores, y todos los profesionales relacionados con el sector.

Al finalizar la feria, haremos un resumen como acostumbramos, con datos y estadísticas de ventas y otra información objetiva y numérica. Pero por ahora nos gustaría conocer algo mucho más subjetivo: vuestras impresiones acerca de lo que habéis vivido de la feria hasta ahora, y a qué libros le habéis dedicado vuestro interés (¡y dinero!). Esperamos vuestras aportaciones, como siempre, en los comentarios.

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Escritores aficionados a otras artes (II): Juan Ramón Biedma

30 de mayo de 2013 en Autores, Literatura

Juan Ramón Biedma

En la primera entrega de esta serie de artículos, le preguntamos a Susana Vallejo a qué otro tipo de actividades artísticas dedicaba su tiempo, además de a la escritura. En esta ocasión le hemos pedido lo mismo a Juan Ramón Biedma, autor conocido sobre todo por sus novelas de género policíaco. Biedma nos ha hablado de su afición a las series de televisión:

“Durante una cena, mi amigo Fernando Marías me dijo que no veía series televisivas; como él es sobradamente listo para haber calibrado los pros y los contras de tal vicio antes de descartarlo y yo no soy tan imbécil como para intentar hacerle cambiar de opinión con nuevos pros de mi cosecha, la cosa quedó ahí.

Pero de vez en cuando, en aquellos momentos en los que un rastro de fuerza de voluntad resurge en el fondo de mi conciencia y me hace abominar de mi adicción, no puedo evitar acordarme de él con la envidiosa mirada del que se sabe encadenado para siempre a su asquerosa perversión.

Mi intoxicación televisiva me ha acompañado toda la vida, primero como una inocente diversión doméstica, después como esparcimiento perfectamente compatible con el resto de mis actividades y al final como una fijación que determina gran parte de mis días y mis noches.

Lo peligroso de las series, el gran reclamo, es su justa duración; mientras que la extensión de una película nos obliga a acotar una parte de nuestras jornadas para dedicársela en régimen de exclusividad, los capítulos televisivos, esos cuarenta y cinco minutos de media en las series americanas y europeas, encajan a la perfección con nuestras comidas y cenas –las españolas, en general, por desgracia, van clasificadas en categoría aparte según el tiempo que tardamos en verlas y olvidarlas-; después, según que el vicio se afianza, nosotros afinamos: si la comida es tranquila y reposada podemos permitirnos los casi sesenta minutos de un Juego de tronos o un The Wire, mientras que si es más apresurada nos inclinaremos por los cuarenta de un Hannibal o un Expediente X, e incluso si debemos ser especialmente frugales, deberemos contentarnos con los veintidós de un Bored to Death o un Becker.

No sólo es su extensión lo que nos atrae de las sagas catódicas; a medida que aumenta nuestra instrucción en el medio, también irá creciendo nuestra pericia para elegir el título que mejor se adecue a nuestra disposición anímica, de manera que si nos levantamos deprimidos, nos administramos un capítulo de Boston Legal; si con ganas de dinamitar el mundo entero, uno de Misfits; si con defecto de adrenalina uno de 24; si con exceso de adrenalina un Hércules Poirot; si místicos uno de Carnivale; si exquisitos uno de Retorno a Brideshead

Hay una serie de televisión para cada estado de ánimo. Lo malo es que al final, en esa última fase que citaba más arriba, hay un estado de ánimo para cada serie de televisión, y somos nosotros los que terminamos modificando nuestro talante para adaptarlo a nuestros episodios predilectos.

Al igual que terminaremos almorzando o cenando cuatro o cinco veces para agotar las últimas entregas de otra de las obras de las que seamos devotos; al fin y al cabo, cuarenta y cinco minutos de media no son nada.

O hasta descargándolas en nuestra tableta y dejando que el autobús nos dé una vuelta completa tras otra por la ciudad mientras sonreímos como lunáticos con los ojos clavados en la pantalla.

Dicen que aún me queda por conocer una etapa ulterior en la que el enfermo prescinde de cualquier actividad –incluyendo el sueño, la alimentación, la literatura y hasta el sexo– para disfrutar de su afición.

Espero con ansiedad la llegada de ese estado”.

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Juan Ramón Biedma

Todo irá bien, de Matías Candeira

29 de mayo de 2013 en Literatura, Narrativa, Terror

Todo irá bien - Candeira

Todo irá bien es la frase que le susurras al oído a tu hija pequeña cuando ves, a lo lejos, cómo la ola de un tsunami está arrasando la playa donde os encontráis. Ella no puede verla, te está abrazando, y tú apenas puedes hacer otra cosa que decir esa última mentira que no quiere ser mentira. Todo irá bien. Y luego las olas os hacen desaparecer.

Además, Todo irá bien es el título de la tercera antología de Matías Candeira, una de las nuevas voces a seguir de la literatura en castellano, colaborador de numerosos medios culturales y profesor de la Escuela de Escritores de Madrid. Un título bien escogido, ya que esa sensación de ambigüedad, de mentira piadosa, se extiende por cada uno de los relatos que Candeira firma en esta ocasión.

En Todo irá bien, Candeira nos narra el horror que vive dentro de nosotros mismos, el miedo a no poder controlarlo o, en ocasiones, a disfrutarlo. Situaciones cotidianas, momentos con la persona amada, con los hijos, en casa, en el coche… donde una vena terrible palpita en el interior del protagonista, que nos cuenta, con un estilo impresionista de tintes oníricos, las más terribles atrocidades y los amores más hermosos.

Se nota que Candeira lleva años puliendo sus relatos, buscando las palabras exactas, las metáforas incorrectas, pero que encajan, utilizando un simbolismo muy personal pero con el que es fácil identificarse. De todas maneras, no es una lectura fácil: la empatía con el monstruo que se desarrolla puede no ser del gusto general. En cualquier caso, relatos inquietantes con los que asustarnos de nosotros mismos y de lo que podríamos llegar a hacer, a veces sin motivo aparente. Sin necesidad.

Así que no os asusten mis palabras y dedicadle un rato a esta excelente antología. No os preocupéis. Todo irá bien.

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Matías Candeira
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Escritores aficionados a otras artes (I): Susana Vallejo

28 de mayo de 2013 en Autores, Literatura

Susana Vallejo

Muchas veces hablamos de escritores famoso que compaginaron su labor de autores con otros trabajos, ya fuera por gusto o por la simple necesidad de disponer de unos ingresos que la literatura les negaba. Así, ya sabréis que Kurt Vonnegut trabajaba vendiendo Saabs en un concesionario, Hilary Mantel era asistente social en un hospital geriátrico o que Stephen King era conserje. ¿Pero qué hay de las aficiones? ¿Y qué hay de otros campos artísticos? No es raro que una persona creativa que dedique su tiempo y talento a la literatura tenga también interés por otras ramas artísticas. Para muchos de ellos, además, esta afición por otras artes tiene mucho que ver con la forma en la que enfocan su propia producción literaria.

Por esta razón, le hemos pedido a algunos escritores españoles que nos hablen de sus artes favoritas, de sus aficiones predilectas, y de cómo afectan estas a sus propios libros. Una de las primeras en responder a nuestra petición fue Susana Vallejo, una escritora de origen madrileño conocida sobre toda por su trayectoria en la literatura fantástica con la saga Porta Coeli. Susana se licenció en Publicidad y Relaciones Públicas, y su vida laboral se desarrolla en este entorno, pero cuando no está trabajando o escribiendo (hace poco se ha publicado su obra más reciente, Calle Berlín, 109, una novela de trama negra), está dibujando o cosiendo:

Además de escribir, me encanta pintar y dibujar. No soy demasiado mala en ello y de jovencita llevé a cabo alguna exposición y llegué a trabajar en el mundo de los dibujos animados. Ahora es una actividad más que me relaja y me divierte, a la que me entrego cuando puedo y quiero. Por comodidad dejé el óleo y ahora pinto con acrílicos. Me puede dar tanto por hacer paisajes, como cuadros de pequeño formato de los motivos más variados (hojas, naturaleza, objetos cotidianos, personajes de cómics…).

Creo que cada vez pinto menos porque mis pocas horas de ocio se reparten entre demasiadas actividades.

La pintura tiene una enorme relación con mi mundo literario, o mejor dicho, con mi mirada literaria. “Veo” los paisajes, las calles, los personajes… Veo los colores de un cielo, de una pared y de un vestido… Lo observo y lo veo todo, e intento plasmar esa mirada con palabras en un papel o en un lienzo a base de pintura. El resultado puede ser un producto diferente, pero la mirada es la misma. Dibujo con palabras o con acrílicos. En suma, yo soy una escritora visual: tengo que verlo todo en mi imaginación, para después poder escribirlo.

También coso (patchwork) y de vez en cuando NECESITO coser”.

Durante las siguientes entregas de este artículo, os iremos presentando a más escritores e iremos analizando cuáles son los otros campos en los que les encanta moverse, y qué vínculo tienen estos con su ocupación literaria. Y aprovechamos para preguntaros a los escritores que nos leéis: ¿A qué otras actividades artísticas dedicáis vuestro tiempo? Esperamos vuestras aportaciones, como siempre, en los comentarios.

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Porta Coeli: La orden de Santa Ceclina

Kindle Worlds: Amazon y el Fan Fiction

25 de mayo de 2013 en Autores, best-seller, Literatura

Kindle Worlds

El fan fiction es una de las expresiones más genuinas de la literatura popular y que gracias a Internet había encontrado su momento de expansión más grande. Para los que esto les pille un tanto por sorpresa, explicar que el fan fiction consiste en la creación de obras derivadas de la literatura, el cine, la música, etc., por parte de aficionados, de fans, que lejos de quedarse tranquilos con las historias que les cuentan los autores, usan esos personajes que tanto les gustan para escribir sus propios relatos.

Durante años se han creado webs y foros dedicados a este tipo de literatura, con sus propias y, en ocasiones, complicadas reglas de comportamiento. Se han escrito fanfics sobre sagas como Harry Potter o Crepúsculo, no olvidemos que 50 sombras… de E.L. James empezó así, aunque con el boom de las series de televisión han surgido más y más autores aficionados, en un crecimiento casi exponencial.

¿Y los autores profesionales? De su trabajo derivan los fanfics y no todos están de acuerdo con el uso de sus historias y personajes, algunos por defender el concepto de su propia obra, otros por la aparición de nuevos textos -incluso libros- sobre los que no tienen control ni beneficio.

Pues bien, Amazon, que siempre está atenta a las nuevas oportunidades de negocio, lanza Kindle Worlds, un espacio donde publicar fanfics derivados de numerosas obras, con cuyos propietarios han llegado a un acuerdo: se quedarán con el 35% de las ventas. Hay que tener en cuenta que, hoy por hoy, los sitios de fanfics son gratuitos, pero no ofrecen los servicios en ebook y de publicidad, que Kindle Worlds va a ofrecer.

Así que ahora, frente a ese caos en ocasiones alegal del fanfic artesano, va a aparecer la versión Amazon, reglada y con acuerdos, especialmente creada para que aquellos que no pueden esperar a publicar sus historias de Crónicas Vampíricas o crear nuevas tramas para Gossip Girl tengan un lugar donde, a partir de una pura afición, alguien consiga sacar dinero. Amazon, en ocasiones, me inspira tanto miedo como admiración.

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E. L. James

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