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Entradas de la categoría ‘Literatura’

Servicio completo. Un escandaloso tributo a la vida sexual de las grandes estrellas de Hollywood

11 de febrero de 2012 en best-seller, Biografí­as, Literatura

Full Service

Puede que el nombre de Scotty Bowers no sea tan conocido como el de Katherine Hepburn, Cary Grant o Errol Flynn, pero en la época dorada de Hollywood era un personaje célebre, si bien sólo en las más altas esferas del cine estadounidense. Bowers era un ex-marine que trabajaba en una gasolinera, desde donde llevaba un lucrativo negocio que consistía, básicamente, en acostarse con las estrellas o procurarles compañeros o compañeras sexuales.

Ahora que la mayoría de sus clientes y amigos han fallecido, Bowers se ha atrevido a contar su historia en el libro Full Service, que cuenta con el apoyo, nada menos, del legendario Gore Vidal. En un mundo en el que abundaba la homosexualidad y bisexualidad, pero donde se firmaban cláusulas “morales” en los contratos con las grandes productoras cinematográficas, los grandes del cine no tenían más remedio que buscar parejas a través de intermediarios como Bowers, quien asegura que todo empezó cuando Walter Pidgeon, protagonista de Qué verde era mi valle, lo “descubrió” en la gasolinera y le ofreció 20 dólares de aquel entonces para regresar con él a su mansión. Bowers tuvo relaciones con Pidgeon y con el novio de éste, ambos casados, que le rogaron que mantuviera la experiencia en secreto. Así lo hizo, pero Pidgeon se encargó de que sus amigos más influyentes conocieran la existencia de este joven apuesto y discreto. Poco a poco, Bowers recibía más y más visitas, no sólo de actores que buscaban acostarse con él, sino de actrices secretamente lesbianas que buscaban amantes y sabían que Bowers se las podía procurar (el propio Bowers cuenta que acudía para ello a sus amigos ex-marines y a sus novias, pero que nunca aceptó dinero por este tipo de servicio, sólo por prostituirse él mismo) e incluso estrellas heterosexuales que buscaban cierto tipo de persona o simplemente tener una aventura lejos de un matrimonio sin vida, a menudo de conveniencia o impuesto por sus agentes y productoras.

Algunos de los grandes nombres que aparecen en el muy detallado libro de Bowers son Errol Flynn, de quien cuenta que se emborrachaba y se quedaba dormido antes de consumar con las señoritas que el ex-marine le procuraba. Asegura que se acostó con Vivien Leigh y que le conseguía amantes a Rock Hudson, a Tennessee Williams y a Laurence Olivier, entre muchos otros. Pero seguramente su afirmación más escandalosa es la que se refiere a Eduardo VII, el rey británico que abdicó para casarse con la estadounidense Wallis Simpson. Según Bowers, ambos eran homosexuales, y el matrimonio era la tapadera perfecta para poder disfrutar, él con amantes masculinos y ella con amantes femeninas. Al igual que la pareja predilecta de Hollywood, Spencer Tracy y Katherine Hepburn.

Bowers asegura que disfrutaba del dinero, pero que lo mejor era, de hecho, el sexo. No abandonó sus costumbres hasta bien entrados los años 80, cuando el miedo al SIDA recorría el globo. Ya un anciano, recuerda aquellos tiempos con cariño y nostalgia; lo que opinarían sus amigos y clientes de este libro es algo que nunca sabremos.

Para la persona que lo tiene todo

10 de febrero de 2012 en Autores, Literatura

How to Avoid Huge Ships

Ahora que se acerca San Valentín, algunos prefieren eludir el regalo tradicional de bombones, flores o joyas y partir en busca de un obsequio realmente original. Desde Lecturalia, como siempre, abogamos por regalar libros, ¿pero qué libro puede regalarse a esa personas que los devora con ansiedad, que tiene una estantería gigantesca repleta de títulos? Más aun, ¿qué libro sería lo bastante especial para celebrar un día que los comercios nos aseguran que es la jornada obligatoria del sentimentalismo y el despilfarro cursi?

Aunque nuestra variante española, Amazon.es, parece tener una oferta más limitada, cualquiera que haya pasado un rato navegando por la mastodóntica Amazon.com se habrá dado cuenta de la inmensa cantidad de objetos extraños que pueden adquirirse en ella. Amazon es conocido en primer lugar como vendedor de libros, y más allá de eso sabemos que también ofrece videojuegos, música, electrónica y juguetes, entre algunas cosas más. Entre esas “algunas cosas más” pueden encontrarse objetos tan curiosos como orina de lobo ( ), réplicas de trajes espaciales (ya no disponibles, una lástima), muñecos de Sigmund Freud u ovejas hinchables. Pero ya que estamos buscando libros, no podemos dejar de lado los títulos más llamativos, ya que encontramos desde un tratado ecologista sobre los nazis, How green were Nazis, hasta cómo hacer punto usando pelo de tu perro, Knitting dog hair better Sweater. Otras lindezas de lo raro y peculiar son How to Avoid Huge Ships (Cómo evitar barcos grandes ; The Big Book of Lesbian Horse Stories (El gran libro de historias lésbicas con caballos ; The Worst Baby Name Book Ever, El libro de los peores nombres para bebés; How to Date a White Woman: A Practical Guide for Asian Men (Cómo salir con una mujer blanca: Guía práctica para hombres asiáticos o The Big Coloring Book of Vaginas (El gran libro para colorear de vaginas), que incluye numerosas ilustraciones en blanco y negro para colorear todo tipo de genitales femeninos (curiosamente, Amazon.com no te ofrece aquí su opción habitual de “mirar dentro”).Y si lo que queréis es una lista elaborada sobre libros muy muy extraños a lo largo de la historia, no tenéis más que visitar el blog Incredibly Strange Books que, pese a su título, está escrito en español.

Como siempre, lo mejor de cada producto son las reseñas falsas que les dedica más de un consumidor sarcástico. En cualquier caso habrá que andarse con ojo, que también nos encontramos con situaciones inintencionadamente cómicas, como las de la estudiante Sophia Stockton, que adquirió a través de la empresa Warehouse Deals (una subsidiaria de Amazon) un libro de texto sobre terrorismo. Cuál no sería la sorpresa de Sophia, al desembalar su compra y ver que junto a ella había una bolsita con un sospechoso polvo blanco. ¿Polvo blanco, junto a un libro sobre terrorismo? Temiendo que pudiera tratarse de ántrax, asustada, la estudiante llevó la bolsa a la policía, que la analizó. Tras los resultados, le preguntaron si había pedido cocaína con su libro. La bolsita estaba valorada en $400.

Este año, compra libros para San Valentín. Como habréis visto, títulos “especiales” no faltan (si bien no son precisamente románticos, con la posible excepción del libro de colorear), y siempre que tengáis cuidado con los extras no deseados, no deberíais tener problema en dar con la obra perfecta.

Guía básica para eReaders

Pantalla de e-ink flexible

¿Qué es un eReader? Hace más de dos años que comenzamos a explicar qué era un lector de libros electrónicos, con todas sus ventajas y desventajas. Con el boom de nuevos modelos y marcas creo que es necesario volver a hablar de estos dispositivos.

En cuanto a los ebooks, libros electrónicos, parece que es un concepto ya asumido por la mayoría de la gente. Lo único a comentar sería su diversidad de formatos, algo importante a la hora de elegir luego un eReader u otro.

¿ePub, AZW, fb2? Son los formatos más comunes a la hora de trabajar con ebooks. AZW (y su versión libre, el .mobi) son los usados por el superventas de las navidades pasadas, el Kindle de Amazon. El fb2 es el elegido por el modelo español Papyre y el ePub es un estándar usado por la práctica mayoría de las tiendas de ebooks en España, casi siempre con DRM.

¿Qué es el DRM? El DRM es una protección que imponen las editoriales a sus libros y limita las copias que podemos usar y los dispositivos en los que se puede leer un ebook. Tanto el Kindle de Amazon como la mayoría de ePub de Libranda llevan DRM.

Hay que tener claro un concepto: los libros electrónicos se pueden leer en numerosos dipositivos, desde smartphones a ordenadores de mesa, pasando por tabletas o eReaders. Otra cosa es que los eReaders están diseñados y construidos específicamente para leer ebooks, por lo que presentan características únicas, como su tinta electrónica -que no cansa la vista- y su larga duración de la batería -en muchos casos, hasta un mes-.

Con el auge del mercado de libros electrónicos se han puesto a la venta numerosos dispositivos con pantallas TFT retroiluminadas dentro de la clasificación de eReaders cuando en realidad son tabletas -normalmente de gama baja- que, entre otras cosas, pueden leer libros electrónicos, pero que no comparten las características que hemos mencionado antes, siendo gadgets con una resolución bastante baja, más pesados y con una batería más cercana a las horas de uso que a los días.

Esto no quiere decir que sean malos productos, pero lo que sí hacen es generar confusión entre lo que es un dispositivo dedicado por completo a lectura con otro que puede mostrar los libros, pero de una manera muy diferente. A partir de ahí, que cada uno decida qué le interesa más, si un gadget dedicado u otro más enfocado al multimedia.

Además, claro, están las tabletas de gama alta, cuyas características son mucho más evidentes y no se mueven en el nebuloso mundo de esos otros dispositivos. En mi opinión, para los que leen más de veinte minutos, media hora, de manera continua, es preferible un eReader, pero los hay que se pasan horas delante de una tableta sin que parezca afectarles. Será cuestión de cómo se le quemen los ojos a cada uno.

Hoy en día, en el mercado de los eReaders, habría que destacar marcas como Kindle, Sony Reader, BQ, Papyre o Cybook, aunque el mejor consejo que puedo dar es el de que os acerquéis a una tienda y miréis con vuestros propios ojos las diferencias entre unos y otros, así como con los dispositivos con pantallas retroiluminadas.

Tatuajes literarios

8 de febrero de 2012 en Arte, Autores, best-seller, Literatura

Tatuaje literario - Bukowski

Los tatuajes, antaño símbolo de rebeldía, de delincuencia, de pertenencia a un grupo u oficio, se han convertido en un accesorio más de la moda actual. Al igual que el piercing, han evolucionado y popularizado hasta el punto de formar parte de nuestro entorno diario. Y es que no hace falta tatuarse un dragón gigante en la espalda, la mayoría se conforman con un pequeño detalle ubicado en una parte discreta del cuerpo. Una imagen, un icono, unas letras. ¿Y si tuvieras que elegir qué llevar dibujado en tu cuerpo para el resto de tu existencia, qué mejor que una serie de palabras que han marcado tu vida? Pueden pertenecer a una cita filosófica que represente una forma de pensar, un carpe diem o un lo que no me mata me hace más fuerte, pero cada vez aparecen más referencias a libros y textos favoritos. Por un lado está el uso de imágenes asociadas a la literatura: retratos de escritores (a nivel mundial, Shakespeare parece ser el más popular), imágenes de personajes y escenas (sí, existen versiones de póster de Crepúsculo tatuados en espaldas enteras, y un tal John Mosly, de Norwich, Inglaterra, tiene una gigantesca imagen donde uno puede divertirse buscando a Wally). Hay muchas páginas webs que dedican atención a este tipo de tatuajes, seguramente la más conocida sea Contrariwise.

Algunos escritores son más citados que otros. Bukowski es uno de los grandes favoritos, ya que tiene muchísimo material controvertido con el que jugar. Bastante más inocente es otro de los preferidos para dibujos permanentes: El principito de Saint Exupéry, a través sobre todo de las imágenes realizadas para la obra por el propio autor, quien había estudiado arquitectura de joven pero que nunca había recibido formación artística. Sus delicadas acuarelas han avivado la imaginación de sus seguidores desde que salió la primera edición de la obra en 1943.

Fuera de nuestras fronteras, sobre todo en el mundo anglosajón, parece ser que la obra de referencia más popular es Matadero cinco de Kurt Vonnegut (en concreto, la expresión “so it goes”, “así fue”, utilizada en la novela ante todas las situaciones de muerte y/o pérdida), seguido de cerca por Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Otros tatuajes globales provienen de la obra El club de la lucha, de Chuck Palahniuk, o el célebre monólogo inicial (y final) de la película Trainspotting que se basa en la novela homónima de Irvine Welsh. Pero también hay aprecio por lo hispano: el Quijote es otro tema relativamente común, sobre todo en la versión casi abstracta que imaginó Pablo Picasso del Caballero de la Triste Figura, imagen que realizó en 1955 para la publicación francesa Les Lettres Françaises y que se ha convertido casi en un logotipo para el personaje.

Gran parte de estos tatuajes son creaciones originales y hermosas que seguramente seguirán en la piel para siempre, ya que cuando uno se enamora de un libro, no suele desenamorarse con facilidad. El éxito suele estar en la sutileza y en el ingenio, como la divertida idea de tatuarse el número de Azkaban de Sirius Black, por ejemplo, un gesto que sólo apreciarán los muy aficionados a la obra de J. K. Rowling. Sin embargo, también hay desastres, como puede ocurrir con un mal tatuador, un cliente con mal gusto o la tremenda resaca con la que uno se levanta y descubre, horrorizado, que tiene a Daniel Radcliffe tatuado en el culo.

Autores relacionados:
Antoine de Saint-Exupéry
Charles Bukowski
Chuck Palahniuk
Irvine Welsh
Joanne Kathleen Rowling
Libros relacionados:
Don Quijote de la Mancha
El Principito
Matadero Cinco

Libros de récord

7 de febrero de 2012 en Literatura

Libros de Récord

Más allá del valor del propio texto, y de la estética de su formato, surgen obras que desean ir más allá, llamar la atención no tanto por su contenido sino por lo extraordinario de su forma. Este es el caso de Teeny Ted from Turnip Town (El pequeño Ted de la ciudad de los nabos), una fábula infantil escrita por Malcolm Douglas Chaplin sobre un granjero que cosecha gran éxito con sus nabos en la feria local. Una fábula que no tendría mayor importancia si no fuera porque en su formato actual necesitarías un microscopio para leerlo. En el año 2007, Robert Chaplin, investigador de la Universidad Simon Fraser en Canadá, decidió publicar el libro de su hermano utilizando nanotecnología, estableciéndose como el creador del libro más pequeño del mundo (tiene hasta su propio ISBN). La obra completa mide 0,07 mm por 0,10 mm, y se utilizó un rayo de siete nanómetros de diámetro (tened en cuenta que un nanómetro es la millonésima parte de un metro) para inscribir cada carácter. La obra está realizada sobre treinta microtabletas contenidas en una sola pieza de silicio cristalino. Y nosotros que creíamos que los libros escritos en granos de arroz eran pequeños.

En cuanto al libro más grande del mundo, a no ser que desde el 2010 se haya construido otro mayor, sostiene el récord el inventor húngaro Belga Varga, que junto a su esposa y veinticinco voluntarios, creó Our Fragile Natural Heritage (Nuestro frágil patrimonio natural), un libro que mide 4,18 por 3,77 metros y pesa más de 1.400 kilos. Se presentó cerca de Budapest, y tiene 346 páginas. Por otro lado, el atlas más grande del mundo es el Atlas Klencke, que se exhibió por primera vez con las páginas abiertas en la Biblioteca británica en verano del 2010. El atlas tiene 350 años, ya que fue un regalo realizado al rey anglosajón Carlos II con motivo de su restauración en el trono. Se necesita de seis personas para levantarlo, ya que mide 1,78 metros de alto por 1.05 metros de ancho.

Si seguimos hablando de libros gigantescos, ¿por qué no hablar de libros monumentales? Este es el caso de una versión muy particular de las enseñanzas de la escuela theravada de budismo, inscritas en una serie de tablas de piedra que rodean a la pagoda Kuthodaw en Mandalay, Myanmar (Birmania). Consta de 730 tablas, con 1460 “páginas”, cada una de más de un metro de ancho y más de metro y medio de alto. Cada tableta tiene su propio techo, como si de un pequeño templo se tratase, con una gema decorativa por tabla (si bien con el tiempo la mayoría de las gemas han desaparecido). Inicialmente las inscripciones estaban rellenas de tinta de oro, pero al perderse ésta siguieron llenándose de una tinta negra realizada con goma laca. El libro fue construido bajo las órdenes del Rey Mindon, a quien le preocupaba que se perdieran los conocimientos budistas con la invasión de las tropas británicas, y se abrió al público en 1868.

Cultura y propaganda

5 de febrero de 2012 en Actividades, best-seller, Literatura

Putin

El presidente ruso Vladimir Putin, que ejerce su mandato por tercera vez consecutiva, sorprendió a los medios de comunicación hace unos días al anunciar su intención de introducir un listado de lectura obligatoria para estudiantes. Putin formaría un grupo profesional que seleccionaría cien libros que todo estudiante pre-universitario* deberá haber leído (en su propio tiempo, no en horario escolar) al terminar sus estudios. El presidente asegura que la idea le llegó inspirado por el canon occidental que comenzó a proponerse en las universidades estadounidenses allá por los años veinte. Explica su decisión y la procedencia de ésta en un muy extenso artículo publicado en el periódico ruso Nezavisimaya Gazeta.

El canon, o conjunto de obras consideradas “clásicas”, trascendentes, aquellas que definen la esencia de lo literario, aquellas que gozan de una calidad superior y merecen una lectura meticulosa y repetida, ya sea de una zona en concreto, de una época, o de la literatura universal a lo largo del tiempo, es un monstruo que muta y se desarrolla de una manera que ni los más avezados críticos y teóricos han sabido explicar de manera convincente. Si bien intervienen las leyes de mercado, el poder de la opinión pública y académica, las condiciones socioculturales y económicas de cada época y país, no hay una definición exacta que explique por qué algunas obras sobreviven al paso del tiempo, por qué algunas obras trascienden dictados políticos y culturales para asentarse de manera indiscutible en el trono de la calidad y el eterno retorno. Cada obra elegida responde a cientos de factores entrelazados que trabajan, de manera abierta o soterrada, para convertirla en una lectura obligada. Precisamente por esta conjunción de motivos, es absurdo hablar de un canon artificial, condicionado, sin pensar en propaganda, más aun cuando la experiencia nos enseña que el canon preseleccionado suele ser centrista, limitado, y responder a intereses que van más allá de lo meramente cultural. El listado de Putin poco tiene que ver con una pequeña selección de lecturas recomendadas para escolares, se trata de un compendio de información obligatoria seleccionada por alguien en una posición de poder casi supremo sin conocimientos ni formación educativa.

Desconocemos todavía cuáles serán los libros seleccionados por Putin, pero algunas voces detractoras apuntan a que serán títulos con una intensa carga propagandística, orientados a glorificar la política soviética. Todos serán, por supuesto, títulos rusos, lo que dificulta a dichos estudiantes que puedan dedicar parte de su tiempo de lectura a libros extranjeros. El presidente ruso es consciente, sin duda, de la influencia que ejercen las lecturas realizadas a determinadas edades, y su interés por establecer un rígido corpus de lectura (que exigiría, además, una cantidad extra de estudio en horario extraescolar, lo que restaría oportunidades para otras formas de ocio) son, cuanto menos, sospechosas. Su canon, que por ahora parece no ser más que una simple propuesta, pretende proteger y reivindicar la esencia rusa frente a una imparable globalización, o por lo menos en esa dirección apuntan las palabras del presidente. Propone que las cien obras sean escogidas por un grupo de personas “culturalmente influyentes”, una de esas expresiones que a uno siempre hace que se le pongan los pelos de punta (al fin y al cabo, Justin Bieber y Belén Esteban son figuras culturalmente influyentes, y la idea de que pudieran meter mano a un canon preseleccionado es preocupante, si bien mucho menos aterradora que la idea de que dicha mano pertenezca a profesionales políticamente condicionados, como podría ser el caso ruso).

El verdadero trabajo del escritor

4 de febrero de 2012 en Arte, Autores, Literatura

El trabajo del escritor

Pasar la tarde en el Twitter, contestar a los mensajes del Facebook, revisar la página del G+, actualizar la biografía en la página web, escribir algo ocurrente para el blog, discutir en los foros por culpa de los libros electrónicos, preguntarse si debería publicar con Amazon a 0,99 o aparecer en las redes sociales ligero de ropa.

Nada de lo anterior es el verdadero trabajo del escritor.

Leer aburridos libros de historia, observar, sin que se den cuenta, a extraños en los bares, apuntar anécdotas que cuentan los amigos, anotar sueños nada más despertar, pasar horas delante del teclado venciendo la tentación del correo electrónico, borrar treinta páginas al darse cuenta que no podían funcionar, descubrir a mitad de novela que te apetece escribir un cuento, alargar un cuento tanto que se convierte en novela, revisar hasta que se caen los ojos, acostarte de madrugada robándole horas al sueño. Escribir. Revisar. Esperar.

A veces, de tanto hablar del mercado, de la industria, del libro electrónico, de las distribuidoras y las nuevas tecnologías parece más que hablemos de chorizos y salchichones que de literatura. En cierto modo, si los lectores no hacen más que vernos hablar de porcentajes, targets, derechos de autor, piratas, descargas y que si Amazon por aquí y Apple por allá, ¿qué imagen damos?

La verdad es que tengo más preguntas que respuestas. ¿Qué quiere un escritor? ¿Ser leído? ¿Triunfar? ¿Qué es triunfar entonces? ¿Vender libros, ser leído, escribir lo mejor posible? ¿Puede todo lo anterior ser compatible? ¿Qué hay que hacer para conseguirlo todo? ¿Quién quieres ser, Pérez Reverte o acabar como John Kennedy Toole?

Sin duda, cada caso individual será diferente, sobre todo si tenemos en cuenta de que el acto de escribir es uno de los más personales que puede ejecutar una persona. Me temo que si siguiera escribiendo acabaría en la eterna discusión de artistas y artesanos, que por ser maniquea y manida es mejor no enfrentar. Tan sólo reflexionemos como escritores la razón que nos mueve a escribir y qué esperamos de ello, qué estamos dispuestos a sacrificar, qué es lo que al final merece la pena y lo que no.

Y es que el verdadero trabajo del escritor es dejarse herir por las palabras y morir en cada página. Nada más.

El nuevo arte de cazar libros

Cazadores de libros - Nabokov

Se ha celebrado en Nueva York la Digital Book Expo, donde cientos de editores y escritores se han lanzado a pintar un futuro brillante para la edición digital en los próximos años en Estados Unidos. La verdad es que las editoriales americanas están haciendo un esfuerzo para adaptarse a los nuevos tiempos, siendo las editoriales independientes las que ven nuevos nichos de mercado, como la escritura social de libros, que aprovechar con la llegada de nuevas tecnologías aplicadas al mundo del libro y las redes sociales.

Me gustaría señalar las declaraciones de Neil Gaiman al periodista de The Guardian, Richard Lea, preguntado por cómo ve el autor británico el futuro del libro.

Publicar hoy en día es como el Klondike. Nadie sabe qué está pasando. Todo lo que saben es que hay oro en las colinas y quieren hacerse con él. A la publicación tradicional le quedan cinco o diez años, pero eso no va a significar menos libros. Habrá un montón de libros más, sólo que la gente los encontrará de manera diferente.

La gente los encontrará de manera diferente. Ahí está una de las claves más importantes dentro del negocio editorial en los próximos años. No tanto cómo serán los ereaders, los formatos de los ebooks o los royalties para los autores. Lo hemos comentado alguna vez, pero lo cierto es que viendo cómo funcionan los servicios de autoedición digital, en los próximos años asistiremos a la irrupción en el mercado de cientos de miles de ebooks de los que no tendremos ni la más mínima referencia.

Una actitud frente a estos libros puede ser la vía dura, filtrando todos los contenidos que no vengan de editoriales que conozcamos. Esto sería darle un valor al trabajo del editor. Pero claro, de esta manera también nos podríamos perder obras interesantes sólo porque muchos escritores se hayan hartado de llevarse apenas un 10% por sus libros. También hemos hablado de ese filtro que deben introducir algunos libreros digitales para destacar novedades que aparezcan desde editoriales pequeñas o independientes, o desde la propia autoedición.

Las redes sociales, como Lecturalia, también van a jugar un gran papel al juntar en un mismo portal un gran número de opiniones y recomendaciones, accesibles de una manera muy sencilla. El poder prescriptor de la comunidad es algo a tener muy en cuenta en el futuro, que se presenta, al menos en un futuro inmediato, algo caótico.

Si hasta ahora encontrar libros nuevos y diferentes era un trabajo complicado, revisando catálogos y autores recomendados entre amigos, pronto se convertirá en un trabajo de caza en una jungla repleta de animales peligrosos. También hay que ir más allá de las listas automatizadas de más vendidos o más visitados por una sencilla razón, acaban por ser listas autoalimentadas. Si se da un espacio privilegiado a una serie de libros acaban siendo siempre los mismos los que reciben un mayor volumen de visitas y ventas. Bueno para el negocio de ventas, no hay duda, pero poco interesante desde el punto de vista de un buen cazador de libros.

¿Y vosotros? ¿Cómo creéis que será el mundo del futuro a la hora de encontrar un buen libro, dejando a un lado el clásico recurso de pasear una tarde de sábado entre las interminables estanterías de una librería?

Febrero, el mes de las cartas

1 de febrero de 2012 en Actividades, Arte, Literatura

Proyecto Poema

Resulta difícil concebir, en nuestra era de redes sociales, teléfono móvil y correo electrónico, que no hace tanto tiempo los seres humanos se comunicaban escribiendo (sí, escribiendo, con pluma, o bolígrafo, o lápiz) sobre un soporte físico que luego se introducía en un sobre que era recogido y transportado por una empresa de correo. Seguimos recibiendo cartas, sí, pero en general se trata de facturas, extractos bancarios, tal vez alguna tarjeta de cumpleaños o de Navidad, o paquetes pedidos por internet. Es curioso pensar que personas como Voltaire y sus contemporáneos podían escribir diez epístolas al día, en un rabioso afán de estar “actualizado” que competía con nuestro interés contemporáneo por el e-mail o los mensajes instantáneos.

Con el tiempo, esas cartas en papel han ido desapareciendo, y aunque se conservan iniciativas interesantes como el postcrossing, en la que los participantes envían y reciben tarjetas postales unos a otros por todo el mundo, ya casi no las escribimos. Yo misma inicié un proyecto el año pasado que consiste en enviar poemas ilustrados por correo postal, y la respuesta de los participantes suele ser bastante entusiasta, ya que reconocen la rareza de abrir el buzón y encontrar algo que vaya más allá de recibos o publicidad. Algunos de nosotros incluso conservamos, con afecto, las cartas que nos enviábamos en una época en la que todavía se creaban textos manuscritos para los demás.

Para este mes de febrero, la escritora estadounidense Mary Robinette Kowal ha lanzado el reto de escribir una carta diaria (excepto domingos y posibles festivos). La escritora redescubrió el placer de enviar y recibir cartas al tomarse este septiembre pasado unas vacaciones de internet; al no estar conectada a la red, sus conocidos comenzaron a sustituir el correo electrónico por el tradicional. Disfrutó tanto de la experiencia que ahora anima a los demás usuarios de la red a apuntarse. Sólo hay dos reglas:

1.Durante el mes de febrero (de lunes a sábado), envía por lo menos un texto al día por correo postal. Puede ser una carta, un dibujo, un recorte, una tarjeta postal, no importa.
2.Responde a todos los que te escriban a ti. Estas respuestas también pueden contar como textos enviados.

Mary también proporciona algunas ideas para involucrar a otros amigos, como hablar del proyecto en tu Facebook, para que los que quieran que les escribas te manden su dirección, o en Twitter (el hashtag es #LetterMo, pero podría crearse uno específico para hispanohablantes). Y antes de que penséis “pero es que escribir una carta al día me llevaría mucho tiempo”, pensad en cuánto tiempo diario dedicáis a enviar emails, mensajes por redes sociales, mensajes instantáneos o sms; y considerad también el valor de conservar algo en papel, de abrir el buzón y encontrarlo ahí, de tomaros por fin algo de tiempo para relajaros y disfrutar del placer de escribir a mano.

¿Qué os parece esta iniciativa, os veis capaces de llevarla a cabo? ¿Conocéis otros proyectos similares que recuperen el ya casi extinto arte de la epístola tradicional?

Autores relacionados:
Voltaire

Historia de un estado clandestino, de Jan Karski

30 de enero de 2012 en Literatura

Historia de un estado clandestino - Jan Karski

Historia de un estado clandestino fue escrito por Jan Karski en 1944 y en él narra en primera persona sus vivencias tras la invasión nazi de Polonia. Karski es un joven de clase media con un futuro en el mundo de la diplomacia y que se enfrenta, al igual que su país, de manera confiada a una posible guerra con Alemania; la guerra relámpago y la humillación del ejército polaco por parte del ejército nazi con la subsiguiente ocupación son el inicio de esta biografía novelada. Karski escribe de manera ágil sin ahorrar demasiados detalles y consigue ofrecernos una visión clara de la resistencia polaca. Esta resistencia toma la forma de un estado clandestino estructurado y con contactos con el gobierno polaco en el exilio.

Karski es uno de los oficiales derrotados por los alemanes y hechos prisioneros por los soviéticos, en una demostración de que en Polonia saben perder guerras como nadie. Tras conseguir huir de los soviéticos comienza su regreso a Varsovia esperando encontrar noticias sobre la resistencia o supervivencia del ejército polaco pero solo encontrando pruebas de la gran derrota sufrida. Una vez en Varsovia consigue contactar con la resistencia y comenzar a trabajar para ellos.

En el libro veremos a Karski sirviendo de enlace entre Varsovia y París, ser descubierto por la Gestapo, torturado, rescatado, volver a trabajar como propagandista, … hasta que llega su misión más importante: viajar a Londres para contactar con el gobierno polaco y con el resto de gobiernos aliados e informar de la situación en Polonia, con su peculiar estado clandestino, y de la situación de los judíos.

En el relato se explican algunas de las maneras que encontró la resistencia polaca de luchar contra el poder prácticamente omnipresente de los nazis, creando una red clandestina bajo la premisa de “sin contacto hacia arriba de manera que una detención o traición no afectara a la estructura o apelando al patriotismo polaco y a una actitud inflexible frente al ocupante. Los Volksdeutche era el nombre que se daba a los colaboracionistas con los nazis que conseguían prebendas en base a una más o menos creíble ascendencia germana y son los protagonistas de una de las acciones de boicot de Karski en su faceta de propagandista cuando está refugiado en la granja Sawa, una de las partes más ágiles del libro.

Pero sin duda, la parte más llamativa del relato de Karski es la relativa a la situación de los judíos en Polonia. Como parte de la preparación de su viaje a Londres, donde debe ofrecer la imagen más amplia y real de lo que está ocurriendo en Polonia, se pone en contacto con dos líderes judíos que consiguen introducirlo en el gueto de Varsovia y en el campo de concentración de Belzec donde es testigo de las ejecuciones. Los dos capítulos son terribles ya que se trata de un relato en primera persona de un testigo directo pero la totalidad de su horror llega varias páginas después cuando Karski les narra a una pareja alemana amiga lo que ha visto en Belzec. Belzec fue el primer campo de exterminio nazi y también el primero en desmantelarse y sus números son terribles: únicamente dos supervivientes del más de medio millón de personas, mayoritariamente judíos pero también gitanos o polacos, que se calcula llegaron al campo.

Creo que es un libro imprescindible para cualquier aficionado a la Segunda Guerra Mundial o a la historia, aunque por la manera de narrar de Karski y los temas que trata lo recomendaría sin dudar a cualquier buen lector. La edición de Acantilado es, como es habitual, muy cuidada con una introducción a la figura del autor y las circunstancias de libro y con extensas notas que apostillan la memoria del escritor, aunque, para los lectores perezosos a los que nos les gusta tener que buscar las notas a final de libro, tampoco son imprescindibles para seguir la narración.

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Jan Karski
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