Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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Entradas de la categoría ‘Literatura electrónica’

Guía básica para eReaders

Pantalla de e-ink flexible

¿Qué es un eReader? Hace más de dos años que comenzamos a explicar qué era un lector de libros electrónicos, con todas sus ventajas y desventajas. Con el boom de nuevos modelos y marcas creo que es necesario volver a hablar de estos dispositivos.

En cuanto a los ebooks, libros electrónicos, parece que es un concepto ya asumido por la mayoría de la gente. Lo único a comentar sería su diversidad de formatos, algo importante a la hora de elegir luego un eReader u otro.

¿ePub, AZW, fb2? Son los formatos más comunes a la hora de trabajar con ebooks. AZW (y su versión libre, el .mobi) son los usados por el superventas de las navidades pasadas, el Kindle de Amazon. El fb2 es el elegido por el modelo español Papyre y el ePub es un estándar usado por la práctica mayoría de las tiendas de ebooks en España, casi siempre con DRM.

¿Qué es el DRM? El DRM es una protección que imponen las editoriales a sus libros y limita las copias que podemos usar y los dispositivos en los que se puede leer un ebook. Tanto el Kindle de Amazon como la mayoría de ePub de Libranda llevan DRM.

Hay que tener claro un concepto: los libros electrónicos se pueden leer en numerosos dipositivos, desde smartphones a ordenadores de mesa, pasando por tabletas o eReaders. Otra cosa es que los eReaders están diseñados y construidos específicamente para leer ebooks, por lo que presentan características únicas, como su tinta electrónica -que no cansa la vista- y su larga duración de la batería -en muchos casos, hasta un mes-.

Con el auge del mercado de libros electrónicos se han puesto a la venta numerosos dispositivos con pantallas TFT retroiluminadas dentro de la clasificación de eReaders cuando en realidad son tabletas -normalmente de gama baja- que, entre otras cosas, pueden leer libros electrónicos, pero que no comparten las características que hemos mencionado antes, siendo gadgets con una resolución bastante baja, más pesados y con una batería más cercana a las horas de uso que a los días.

Esto no quiere decir que sean malos productos, pero lo que sí hacen es generar confusión entre lo que es un dispositivo dedicado por completo a lectura con otro que puede mostrar los libros, pero de una manera muy diferente. A partir de ahí, que cada uno decida qué le interesa más, si un gadget dedicado u otro más enfocado al multimedia.

Además, claro, están las tabletas de gama alta, cuyas características son mucho más evidentes y no se mueven en el nebuloso mundo de esos otros dispositivos. En mi opinión, para los que leen más de veinte minutos, media hora, de manera continua, es preferible un eReader, pero los hay que se pasan horas delante de una tableta sin que parezca afectarles. Será cuestión de cómo se le quemen los ojos a cada uno.

Hoy en día, en el mercado de los eReaders, habría que destacar marcas como Kindle, Sony Reader, BQ, Papyre o Cybook, aunque el mejor consejo que puedo dar es el de que os acerquéis a una tienda y miréis con vuestros propios ojos las diferencias entre unos y otros, así como con los dispositivos con pantallas retroiluminadas.

El nuevo arte de cazar libros

Cazadores de libros - Nabokov

Se ha celebrado en Nueva York la Digital Book Expo, donde cientos de editores y escritores se han lanzado a pintar un futuro brillante para la edición digital en los próximos años en Estados Unidos. La verdad es que las editoriales americanas están haciendo un esfuerzo para adaptarse a los nuevos tiempos, siendo las editoriales independientes las que ven nuevos nichos de mercado, como la escritura social de libros, que aprovechar con la llegada de nuevas tecnologías aplicadas al mundo del libro y las redes sociales.

Me gustaría señalar las declaraciones de Neil Gaiman al periodista de The Guardian, Richard Lea, preguntado por cómo ve el autor británico el futuro del libro.

Publicar hoy en día es como el Klondike. Nadie sabe qué está pasando. Todo lo que saben es que hay oro en las colinas y quieren hacerse con él. A la publicación tradicional le quedan cinco o diez años, pero eso no va a significar menos libros. Habrá un montón de libros más, sólo que la gente los encontrará de manera diferente.

La gente los encontrará de manera diferente. Ahí está una de las claves más importantes dentro del negocio editorial en los próximos años. No tanto cómo serán los ereaders, los formatos de los ebooks o los royalties para los autores. Lo hemos comentado alguna vez, pero lo cierto es que viendo cómo funcionan los servicios de autoedición digital, en los próximos años asistiremos a la irrupción en el mercado de cientos de miles de ebooks de los que no tendremos ni la más mínima referencia.

Una actitud frente a estos libros puede ser la vía dura, filtrando todos los contenidos que no vengan de editoriales que conozcamos. Esto sería darle un valor al trabajo del editor. Pero claro, de esta manera también nos podríamos perder obras interesantes sólo porque muchos escritores se hayan hartado de llevarse apenas un 10% por sus libros. También hemos hablado de ese filtro que deben introducir algunos libreros digitales para destacar novedades que aparezcan desde editoriales pequeñas o independientes, o desde la propia autoedición.

Las redes sociales, como Lecturalia, también van a jugar un gran papel al juntar en un mismo portal un gran número de opiniones y recomendaciones, accesibles de una manera muy sencilla. El poder prescriptor de la comunidad es algo a tener muy en cuenta en el futuro, que se presenta, al menos en un futuro inmediato, algo caótico.

Si hasta ahora encontrar libros nuevos y diferentes era un trabajo complicado, revisando catálogos y autores recomendados entre amigos, pronto se convertirá en un trabajo de caza en una jungla repleta de animales peligrosos. También hay que ir más allá de las listas automatizadas de más vendidos o más visitados por una sencilla razón, acaban por ser listas autoalimentadas. Si se da un espacio privilegiado a una serie de libros acaban siendo siempre los mismos los que reciben un mayor volumen de visitas y ventas. Bueno para el negocio de ventas, no hay duda, pero poco interesante desde el punto de vista de un buen cazador de libros.

¿Y vosotros? ¿Cómo creéis que será el mundo del futuro a la hora de encontrar un buen libro, dejando a un lado el clásico recurso de pasear una tarde de sábado entre las interminables estanterías de una librería?

El Zafongate

Descargas de El Prisionero del Cielo

Hace pocos días nos desayunábamos la noticia de que Carlos Ruiz Zafón retiraba todos sus ebooks del mercado por unos misteriosos motivos personales. Enseguida saltaron las alarmas en todos los mentideros de Internet intentando encontrar una razón para tamaña decisión.

A las pocas horas, sin embargo, tanto Zafón como Planeta, la editorial con la que publica, emitían sendos desmentidos sobre el tema. No había retirada alguna de los libros y la relación entre las dos partes implicadas se mantenía, aunque estaban en negociaciones.

La noticia inicial parece haber saltado, en teoría, del entorno de Ruiz Zafón y era, a todas luces, una exageración. ¿Qué buscaban? Sin duda forzar un poco los movimientos de la negociación que están llevando con Planeta para la publicación en ebook de El prisionero del cielo, novela número uno en ventas (en ficción) del año pasado y que, como ya hablamos aquí, se puede encontrar disponible para descargar gratis desde incluso antes de su lanzamiento.

Sin duda las negociaciones con Zafón deben ser duras y no sé exactamente qué cláusulas y peticiones estarán manejando. ¿Cuestiones de precio y DRM o de porcentaje para el autor? Lo que está claro es que ha quedado patente el interés que existe sobre las versiones digitales de las novelas del autor, ya que el «ruido» en la red ha sido incesante.

Ahora ya se anuncia que han renovado un acuerdo que se cancelaba en 2011 y ya están trabajando para sacar El prisionero del cielo en epub, y supongo que para Amazon también, inquietos usuarios de Kindle, algo que, a todas luces llega muy, pero que muy tarde. Sólo tendrá sentido este retraso si el ebook resultante cambia en algo la dinámica de precios y no sale a quince o dieciséis euros.

De todas formas, toda esta confusión no ha quedado nada bonita. No sé de quién sería la idea de filtrar las «posibles» intenciones de Zafón, si él mismo, alguien de su entorno, o la misma Planeta, pero el buzz negativo que se ha generado con todo esto es capaz de afectar a una novela con mucha facilidad. Esto no es el mercado tradicional, aquí las cosas se mueven mucho más deprisa. Además, cada día que ha pasado sin el ebook de El prisionero del cielo en las tiendas les va a reportar una significativa pérdida de ventas. Espero que todos lo recuerden antes de volver a lanzar la piedra y esconder la mano.

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Librerías y libreros digitales

Librerías

Aunque el porcentaje de ventas de ebooks frente al de libros en papel se mantiene todavía muy distante en el mercado español, no pasa de la misma forma en el estadounidense, donde este año las ediciones electrónicas han pasado por encima de las tradicionales. Está claro que el dominio de Amazon es apabullante gracias a su sistema automatizado de recomendaciones, todavía en pañales en España debido a la falta de usuarios necesarios para alcanzar una masa crítica.

Lo cierto es que ese sistema de recomendaciones funciona bastante bien, lo he comprobado en varias ocasiones al comprar en las tiendas americana e inglesa, pero, de todas formas, no deja de ser una recomendación generada por un algoritmo en base a las compras y opiniones de otros usuarios. El otro día comentábamos si la crítica debía ser necesaria, ya que el nacimiento de estos sistemas podía ser suficiente para nuestras necesidades de prescripción. Esto me lleva a plantearme una cuestión sobre el futuro de las librerías y, sobre todo, de aquellas que acepten -o puedan sobrellevar- la dualidad del libro que se nos presenta en un futuro relativamente cercano.

Entiendo que es una costumbre que se va perdiendo, la del librero que aconseja por motu propio, o bien la del que conoce perfectamente el mercado editorial y puede dar respuesta a las preguntas de cualquier cliente. Es cierto que hay gente que no quiere consejo alguno y ya sabe perfectamente qué le gusta, pero nunca está de más saber qué es lo que se lleva y lo que puede interesar a cierto grupo de clientes. Tras un rápido vistazo a la mayoría de tiendas virtuales de ebooks es fácil comprobar que no hay detrás una fuerte voluntad prescriptora, más allá de recomendar lo último de Reverte, Rothfuss o la novedad Davinciana de turno. De vez en cuando aparece algo más sutil, más definido, pero lo que no encontramos es la razón o el motivo de esa selección.

Dentro de nada las tiendas virtuales se van a tener que enfrentar a Amazon y su sistema de recomendaciones, que te bombardea cada semana con productos que podrían gustarte… y con los que normalmente acierta. Pienso que las librerías virtuales deberían volverse más sociales y prescriptoras, más literarias y menos supermercado, con mayor cuidado por los libros que destacan y con la capacidad de argumentar una recomendación, aunque sea genérica. A casi todos nos gusta que nos enseñen libros curiosos, diferentes o interesantes. Si los editores digitales no se prestan a ejercer de filtro -casi no lo hacían cuando eran editores sólo de papel-, puede que el papel de los libreros se recupere a partir de compartir su pasión por los libros, por la literatura y el placer de que la gente disfrute leyendo un buen libro.

Nuevas (y viejas) maneras de editar y de escribir

Folletín

A nadie se le escapa que el formato de novela es el rey indiscutible del sector editorial, donde se centran los mayores esfuerzos tanto por parte de los escritores como de las propias editoriales. La novela en sí se ha convertido en un icono literario que lleva asociado un lanzamiento y una promoción -así como una producción industrial- que a día de hoy está perfectamente desarrollada.

El público lector también se ha acostumbrado a la novela, incluso a pagar sus buenos treinta euros por un libro con la promesa de que el resultado tras varias horas de lectura va a ser satisfactorio. Las antologías de relatos se siguen publicando pero parece vox populi entre muchos editores que son un negocio ruinoso (yo personalmente no entiendo, entonces, que las sigan publicando) aunque creo que se refieren más que otra cosa a la diferencia de ventas habitual con novelas. Del formato de novela corta parece que nadie se acuerda, con la honrosa excepción de editoriales como Libros del Zorro Rojo, Rey Lear o Nórdica, aunque con la peculiaridad de convertir las novelas cortas en preciosas joyas ilustradas.

Hay que decir también que el desarrollo tecnológico en imprentas y distribuidoras también ha favorecido que las novelas puedan crecer en cuanto a tamaño, hasta el punto en que algunos libros parecen no tener fin, como por ejemplo, las novelas de George R.R. Martin o la última de Patrick Rothfuss. Con esos tamaños a veces me pregunto si una novela de más de mil páginas sigue siendo una novela tal y como la conocimos en el siglo XX, sobre todo si sólo es una parte de una serie mayor.

Lo cierto es que la tecnología, tal y como dio el salto para permitir la aparición de novelas más largas y mejor editadas, ahora nos presenta la oportunidad de retomar una serie de formatos que, como ya hemos señalado, suelen estar marginados o dados de lado por editoriales y público. Hablamos, claro, del salto digital, de qué podemos hacer ahora que nos hemos visto liberados, por decirlo de alguna manera, del corsé impuesto por las tapas y contratapas del libro tradicional.

Los cuentos. Hoy en día los relatos se leen poco… pero son ideales para la lectura ocasional o de tiempo limitado. Leer una novela en el metro se puede hacer eterno, sin contar con el hastío que puede provocar dedicarle semanas a una trama en la que apenas se avanza. Para los viajes de metro el cuento es un producto ideal. Lo malo es que, hoy por hoy, hay que comprarlo en antologías, bien de un autor o de varios, con lo que la probabilidad de encontrarnos un libro descompensado es bastante alto. Sería interesante poder confeccionar nuestra propia antología de relatos a medida que los vayamos necesitando, a precios reducidos. Vamos, de la misma manera que puedes comprar en tiendas de música digital las canciones que componen un disco.

La novela corta. A día de hoy es un formato casi muerto por imposición editorial. Hay unos costes fijos que cubrir con la edición de un libro y muchos lectores no se atreven a arriesgar demasiado dinero con un libro «fino». El síndrome de «caballo grande, ande o no ande», está arraigado en el mundo literario. Sin embargo, y es mi opinión, la novela corta en formato digital puede ser un excelente escaparate de muy bajo precio, o incluso gratuito, para autores no demasiado conocidos por el gran público. También hay que tener en cuenta que escribir una novela corta no lleva el mismo tiempo que una novela larga, y mucho menos del tamaño que algunas editoriales demandan hoy en día. Otra ventaja del digital es que el síndrome del «caballo grande…» es menos acentuado.

El Folletín o la Novela por entregas. Una suerte prácticamente desaparecida a día de hoy. Sin embargo, puede que sea una de las que más futuro tenga si los lectores electrónicos acaban formando parte de nuestra vida diaria. Historias largas preparadas para ser leídas en capítulos cortos de gran intensidad… hay obras, ¿hablábamos de Martin?, que ya son folletines en formato de novela. Imaginad no tener que esperar cuatro años a que salga el siguiente libro de Canción de Hielo y Fuego y poder disfrutar de un par de capítulos al mes.

Supongo que a medida que avance la tecnología y los escritores intenten colocar sus obras aparecerán nuevos modos, estilos y formatos, tanto de escribir como de editar. ¿Y a vosotros? ¿Se os ocurre alguno más? ¿Creéis que la novela mantendrá su hegemonía en el siglo XXI?

¿Es todavía necesaria la crítica literaria?

6 de enero de 2012 en Literatura, Literatura electrónica

Crítica Literaria

A nadie se le escapa que con la aparición de las nuevas tecnologías el mundo de las críticas literarias en Internet ha ido cambiando a medida que una mayor parte de la población lectora ha ido incorporándose a las redes sociales. Quizá, antes que preguntarse si la crítica literaria es necesaria, habría que preguntarse qué busca un lector ante una crítica de esa índole.

La mayoría de la gente, hoy por hoy, busca la prescripción literaria. Quiere que alguien le diga si un libro es bueno o malo, si le gustará o no, si merece la pena perder unas cuantas horas, días o incluso meses, con una historia que puede elegir entre cientos de otras novedades. Esa prescripción venía antes desde medios tradicionales y escritos, con mayor o menor fortuna, en artículos que podían variar de extensión desde un párrafo a varias páginas. Dejando a un lado a aquellos que piden, necesitan, de análisis bien estructurados y complejos que soporten sus opiniones, nos encontramos que en el mundo digital es muy complicado lograr que un lector aguante más de cinco minutos leyendo el mismo texto sin que haga click en un enlace o pase directamente a la siguiente reseña del lote.

De ahí que haya muchas webs de crítica que apenas dejan caer unas cuantas líneas en su valoración, la valoración del crítico, su opinión personal, y se empieza a perder la crítica más elaborada. En Lecturalia, por ejemplo, dejamos más espacio a la reseña que a la opinión personal, ya que la crítica bien hecha necesita de un espacio que nosotros no podemos dar. De ese modo hay que preguntarse si la nueva crítica, rápida y muchas veces poco sostenible, tiene sentido frente a la propia opinión de los usuarios.

Habría que preguntarse, desde un punto de vista prescriptivo y no académico, si la tecnología de hoy en día es superior para acertar en cuanto a gustos personalizados que la propia identificación que puede conseguir un crítico con sus lectores. En ese campo, aunque más relacionado con la compra que con el gusto, Amazon siempre ha destacado, aunque es más probable que desde una red social, con opiniones más duras, se logre un equilibrio de recomendaciones más interesante. También existen proyectos directamente dedicados a la recomendación literaria, hablamos en su día del importante Proyecto Genoma, así que quizá no esté lejano el día en que cada mañana recibamos en nuestro correo el título que más nos puede interesar leer de entre todas las novedades.

¿Dónde queda entonces el crítico? Creo que, como viene siendo habitual, irán desapareciendo los críticos ocasionales o los que hoy en día persisten pese a estar por debajo de la media. Seguirán aquellos que o bien lo toman como una afición más o los que destaquen y consigan un buen número de seguidores, y que seguirán ocupando los lugares destacados en páginas dedicadas a la cultura. También, y sigue siendo mi opinión, todos tendrán que dar un salto hacia delante en cuanto a sus lecturas, arriesgando más con textos alejados de las grandes editoriales y con autores desconocidos que, en cualquier momento, podrían convertirse en auténticos best-sellers partiendo de un simple ebook.

¿Debe la cultura ser gratuita?

Cultura libre y gratuita

La respuesta a la pregunta que da título al artículo no debería suponer un esfuerzo para toda persona de bien: En las condiciones adecuadas la cultura siempre debe ser gratuita. No sólo eso, debería ser, además, libre. Libre para ser copiada, transmitida, modificada, usada, denostada, ensalzada, mordida, digerida y gastada. Todo siempre, y este es el punto importante, en las condiciones adecuadas.

Sostener que la cultura debe ser onerosa, que hay que pagar por ella sí o sí, sólo puede responder a intereses puramente personales. Pensemos de manera utópica durante unos segundos, ¿no sería maravilloso un mundo en el que toda forma artística, todo conocimiento, estuviera al alcance de nuestras manos con tan sólo quererlo? ¿Acaso se banalizaría la cultura por disponer de un acceso universal y gratuito a ella?

Sin embargo, no estamos en un mundo utópico. La cultura conlleva un coste de creación, no se genera de manera espontánea, aunque a muchos pueda parecerles que el acto creativo no requiera dificultad o esfuerzo. Siempre hay un gasto, aunque no contemos con los entresijos editoriales que hacen que una obra se defina, perfeccione y llegue a nuestras manos de la mejor manera posible, el gasto personal existe y suele ser más grande de lo que pensamos.

Hasta ahora los autores, los creadores, permitidme que hable de los escritores en concreto, reciben un porcentaje por libro vendido, tradicionalmente establecido en un 8 o un 10 por ciento. Con esta premisa no es tan raro que pocos autores clamen al cielo por lo caro de sus libros y también pocos vean con buenos ojos los precios bajos que se reclaman por los ebooks. Ese, más el anticipo, calculado en base a tirada y prestigio, es el maná con el que las editoriales llevan décadas alimentando a los escritores. No me malinterpretéis, es un negocio cómodo para el escritor, que se desentiende de prácticamente el resto del proceso editorial. Ni márketing, ni organizar giras, ni preocuparse de portadistas, correctores o distribuidores. Nada de nada. Es lógico entonces que cuando el sistema se tambalea y las cosas cambian, los propios escritores se asusten al ver amenazado un modo de vida que ha demostrado su solvencia.

O, al menos, eso es lo que nos cuentan los escritores que viven de sus libros. Si hiciésemos un listado de escritores y nos fijáramos en los que única y exclusivamente viven de sus libros con este sistema nos daríamos cuenta de que son muy pocos, una élite de gran éxito, éxito conseguido por sus medios y valía, que conste, pero que no pueden ser representativos de la mayoría.

¿Y qué le parece a esa mayoría? Bueno, para qué engañarnos, a mi me encantaría dedicarme sólo a escribir, mandar un correo electrónico a mi editor y olvidarme hasta cobrar el cheque. Pertenecer al olimpo literario es una aspiración llena de glamour, vivir bajo los focos, ser conocido, popular… el masaje de ego que todo escritor necesita amplificado por mil. Ahora, tampoco pasa nada por combinar trabajo y literatura, sobre todo, en mi caso, por ejemplo, si mi trabajo, o trabajos, están dentro de ese «mundo literario» (talleres, charlas, artículos). Otros autores, por ejemplo, son muy felices siendo químicos, ingenieros, arquitectos, periodistas o músicos, además de escritores, aunque no siempre se tiene esa suerte (no ya que te guste el trabajo, sino, simplemente, tener uno).

Pues bien, la cultura en un mundo ideal sería gratuita, y la literatura, en el mundo que nos ha tocado vivir, no lo es. Sin embargo, parece que en el futuro es más que probable que el sistema actual de producción y venta de libros cambie, si a mejor o a peor, no se sabe, lo que está claro es que va a ser mucho más grande y más barato. ¿Se repartirá más el dinero en una base amplia y menos en una élite? ¿Se creará una nueva élite que ganará mucho más dinero? ¿Se agruparán los autores para pagar servicios editoriales al margen de las grandes empresas? ¿Conseguirán desde las editoriales controlar las descargas y el modo de consumo al que nos dirigimos?

Todo son preguntas a las que no tengo respuesta, y sé que vosotros, lectores, escritores, libreros, editores, tenéis más preguntas todavía. Creo que es el momento de comenzar a dialogar, de conocer más vuestras inquietudes y propuestas. Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

Frivolizar la literatura

6 de diciembre de 2011 en Autores, Literatura electrónica

Mario Vargas Llosa

Es una constante, un continuo murmullo que llega desde las más altas figuras literarias, muchas de las cuales en edad ya respetable, y que no deja de molestarme. El último en manifestar su escepticismo ante las nuevas tecnologías ha sido el Premio Nobel Vargas Llosa, que ha manifestado:

No tengo nada en contra de Internet pero prefiero leer en papel. Mi temor es que el libro se frivolice como ha ocurrido con la televisión, que ha sido importante, pero no ha dado muchos frutos creativos

Está claro que no soy nadie para enmendarle la plana a Vargas Llosa, pero ya llueve sobre mojado y habría que romper una lanza por varias generaciones de autores que no contemplan el mundo digital como un invento del diablo. Está claro que la preferencia sobre los libros en papel es algo normal y entiendo que hoy por hoy la sensación física de uno a otro es muy superior en la edición tradicional. Las tipografías, la tinta, el tacto del papel, son parte de un ritual muy establecido y que va a seguir vigente durante años.

Sin embargo, no puedo estar más en contra de la segunda parte de sus declaraciones. Frivolizar la literatura por el mero hecho de su facilidad de consumo y transmisión. Quiero decir, si nos enfrentamos a una tecnología que puede llevar la literatura a cualquier parte del mundo, con costes muy reducidos, democratizando su acceso como nunca antes jamás en la historia había sucedido, no entiendo qué cliché snob puede llevar a considerar que un libro pierda aprecio por ser universalmente accesible.

Igual es que hay una confusión en cuanto a valor y precio. Un Quijote en formato electrónico descargable gratis desde Perú a España mantiene el mismo valor que cualquier otra edición en papel, sin que la obra, en mi opinión, se devalúe. ¿Se referirá Vargas Llosa a que con la llegada de Internet cualquiera puede escribir, publicar un libro, subirlo a la red y que se codee con los suyos? La democratización de la cultura lleva a que pase algo parecido. ¿Se devalúa la obra de Vargas Llosa por aparecer en un listado junto a autores desconocidos? Sólo si se piensa que Internet es un sitio sin algún tipo de criterio, algo que no es cierto. Está claro que estamos todavía dando los primeros pasos para eliminar el constante ruido que provocan miles de personas hablando, trabajando y compartiendo el mismo espacio, pero que no se equivoquen Vargas Llosa y muchos de los grandes autores que miran con recelo a Internet: se seguirán escribiendo grandes obras y nacerán nuevos escritores.

De todas formas, me pregunto si la literatura no está ya lo bastante frivolizada con los libros en papel de toda la vida. Quizá Vargas Llosa hace tiempo que no visita el apartado de libros de una gran cadena librera o de un centro comercial. Sinceramente, pienso que la selección democrática que puede proporcionar la red dará como resultado éxitos menos frívolos que los que el actual sistema editorial nos ofrece cada temporada navideña.

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Las descargas de El prisionero del cielo

Prisionero del cielo

El otro día hablamos del papel decimonónico de la industria editorial y de cómo debía cambiar para adecuarse a la revolución tecnológica del siglo XXI. Está claro que su manera de trabajar está todavía llena de tics por corregir, pero hay que trabajar entre todos, autores, editores, libreros y lectores, para llegar a un punto en común.

Sin embargo, si el otro día había que hablar mal de los editores, hoy hay que hacerlo de los lectores. Debido a algún despiste de seguridad ya es posible descargar el ebook de El prisionero del cielo, la última novela de Carlos Ruiz Zafón, en numerosas webs y foros dedicadas al intercambio de enlaces, tanto en epub como en pdf y otros formatos, como el del Kindle o el Fbb2 de Papyre. Antes del lanzamiento oficial apareció esta versión electrónica que ha batido récords de descarga.

Seamos serios. No se le puede pedir a la industria que haga un esfuerzo para adecuarse a la realidad que vivimos mientras por el otro lado se descargan novedades incluso antes de que salgan a la venta. El perjuicio económico es alto, ahí no hablamos de libros descatalogados, de precios inalcanzables, o un clásico cuyo acceso debería ser gratuito. Hablamos del hedonismo por la novedad, el «lo quiero ya y punto» que afecta no sólo a la editorial, también alcanza al autor. Si en otras ocasiones hemos hablado de que el editor puede ser un elemento accesorio, creo que nadie debería llevarse a engaño: escribir es algo que lleva tiempo, paciencia y que para conseguir unos resultados aceptables necesita algo más que comentarios en un foro. Si el objetivo de los usuarios de libros electrónicos es no pagar nada nunca, me temo que el camino va a ser muy oscuro para la creación literaria en este país, alejando incluso la posibilidad no ya de la profesionalización, al alcance sólo de unos pocos, sino de ese punto semi-profesional en el que se mueven muchos autores, entre libros publicados, talleres, sus trabajos a jornada reducida y columnas de opinión.

Un escritor no es una estrella del rock, para muchos el don de gentes no es precisamente su virtud más destacada, y si hay que elegir entre dedicar horas a las redes sociales para darse un poco a conocer y poner caritas sonrientes a gente que ni conoces, ni conocerás, en tu vida, igual la idea de escribir se va haciendo más cuesta arriba, pese a que sea un gusanillo que te corroe por dentro, a lo mejor vas espaciando la dedicación, mientras se van perdiendo las ganas. No le pasará a todos, claro, escritores, como editores o lectores, los hay de todo pelaje y condición.

Ya hemos hablado de otros modelos de edición y publicación basados en la teoría del freemium y, como ya os enseñamos, el crowdfunding, por poner un ejemplo. Pero la pregunta a los lectores es clara, ¿qué es lo que queréis de los escritores y los editores? ¡Pedid por esa boquita!

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Desmitificando a la Tienda Kindle

Kindle 4

Al final Amazon llegó a un acuerdo con las grandes editoriales españolas para vender su catálogo a través de su lector electrónico de referencia, el Kindle, el cual, además, también ha puesto a la venta bajando la barrera psicológica de los 100 euros y amenazando con fuerza a otras tiendas que habían apostado también por ofertar sus propios lectores.

Sin embargo, las ventajas de Amazon se reducen mucho en el mercado español si tenemos en cuenta que los precios de los libros se mantienen al mismo precio que en el resto de tiendas dedicadas a la venta de ebooks. Si en Estados Unidos tuvo sus momentos de tira y afloja, aquí parece más que ha pasado por el mismo aro que todos los demás y también venderá libros a más de 20 euros, o a lo que la editorial de turno se le ocurra.

Sin duda la aparición del Kindle en España es una novedad, pero tampoco existe una gran diferencia con la situación anterior en la que ya se podía comprar a Estados Unidos con un par de clicks de ratón. Es cierto que la visibilidad ahora es mucho mayor, pero la oferta es limitada -no venden todavía el Touch- y la horquilla de precio se mueve en unos veinte euros con los nuevos modelos más baratos. No hay que olvidar que Amazon introduce su propio y particular DRM en los libros y sólo se pueden leer a través del Kindle o de los programas que la empresa para ordenador, teléfono o tablet. En cuanto al Kindle en sí, hay que realizar alguna conversión que otra para que pueda leer libros en otro formato, como por ejemplo, el ePub. Eso sí, su oferta irá creciendo y la facilidad de compra está afinada al máximo, mucho más que en cualquiera de sus competidores, y no hay que olvidar el sistema de recomendaciones, una de sus estrategias de venta más importantes.

De todas maneras, es un primer paso. Ya veremos como evoluciona el mercado a partir de este momento, pero supongo que poco a poco se irán regulando los precios. De entrada parece que algunos libros ya han bajado, pero faltan días para realizar una comprobación más a fondo.

Por mi parte, creo que realmente hace falta, cuanto antes, que Amazon implante su sistema de autoedición en la filial española y facilite la aparición de fenómenos como Amanda Hocking y que vender libros a un euro se convierta en una acción normal y que sirva como toque de atención a las editoriales. También espero que comience a fichar a algún escritor conocido para saltarse a Planeta o Alfaguara y que la edición del siglo XXI comience a llegar a España.


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