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Entradas de la categoría ‘Fantástica’

Tras Los Juegos del Hambre: Distopías juveniles (I)

13 de mayo de 2013 en Fantástica, Juvenil, Literatura

La Caza - Andrew Fukuda

El éxito desmesurado de ciertas obras consigue que, de repente, el mundo entero se detenga y tooooda la competencia se ponga a publicar novelas similares, vengan o no a cuento. Tenemos ejemplos para aburrir: la legión de imitadoras de Cincuenta sombras que están chorreando los escaparates de un tiempo a esta parte, las vampiradas que surgieron a la estela de la serie Crepúsculo, la cantidad de magos adolescentes que se dejaron ver después del éxito de Harry Potter, o la sospechosa cantidad de novelas de fantasía épica que «se parecen a» Canción de Hielo y Fuego, de George R. R. Martin. Sin embargo, tal vez se nos esté pasado por alto una veta temática que comienza a parecer una moda, más que una tendencia: las distopías juveniles. La responsable, evidentemente, es Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins, que ha conseguido «despertar el interés» de la competencia. He aquí dos ejemplos.

En primer lugar tenemos La caza, de Andrew Fukuda. Este fiscal estadounidense metido a escritor debió de pensar que si Soy leyenda, de Richard Matheson, molaba un montón, y Los Juegos del Hambre también molaba un montón, mezclar Soy leyenda con Los Juegos del Hambre debía de dar como resultado ¡¡¡la obra más molona del mundo mundial!!! Y bueno, lo cierto es que no, ni mucho menos, aunque juzgar La caza en estos términos tal vez sea un poco injusto por mi parte. Gene es un humano adolescente que se halla rodeado de vampiros… o unos seres que podrían serlo, ya que la palabra «vampiro» no se emplea en toda la novela. Ha aprendido a camuflarse entre ellos, a imitar sus gestos y su comportamiento, y a camuflar ciertos rasgos fisiológicos que podrían delatarlo (el sudor, por ejemplo), pero una vez desaparecido su padre se encuentra solo ante un peligro que va a más cuando el gobierno lo recluta para participar en la caza, un espectáculo que consiste en soltar a otros humanos (o hepers) en el desierto y cepillárselos de mala manera. Una vez en el Instituto de Hepers, Gene descubre que no es el único humano, y que ocultar su humanidad es una tarea tan complicada que uno se pregunta cómo no lo pillaron en la página 1 de novela. Por suerte, la segunda parte, El origen, va por otros derroteros, y se centra en la verdadera personalidad del Científico a quien idolatran los hepers, así como en lo que sucede cuando la utopía irrumpe en la distopía.

Ahora bien, se preguntarán ustedes, ¿cómo es que, con todo el bombo que se les está dando a las distopías juveniles, los autores españoles no se hayan lanzado como posesos a escribir las suyas? La respuesta nos la da Carlos García Miranda, el guionista de El barco y El internado: sí, hay una distopía juvenil española, y se titula Enlazados. El punto de partida es más similar a Los Juegos del Hambre que el de La caza. Solo vive en una sociedad dividida en distritos controlados por diferentes estamentos profesionales, que mantienen viva la Selección, una especie de primarias para elegir al futuro líder, pero a lo bestia: solamente puede quedar uno. Solo va más o menos enchufado, ya que es el hijo del actual líder, pero este tiene un oscuro pasado: tuvo que enfrentarse a la madre de él en la Selección en la que ganó… y, al parecer, la cosa acabó como el rosario de la aurora. Para añadirle más interés al asunto, la Selección de este año cuenta con una novedad: el distrito de Solo aporta un participante más, =Data, el mejor amigo de Solo, por lo que uno de los dos tendrá que morir. Y un aliciente añadido: Dana, una chica cañón capaz de hacer tambalearse las ideas, el cerebro y, en general, todas las vísceras de Solo. Diseñada a la perfección para ser una novela superventas, Enlazados flojea en el retrato de personajes, que son meros estereotipos (cosa que también le sucede a La caza: es imposible encontrar protagonistas más siesos a lo largo de la historia de la novela juvenil), así como en las descripciones explícitas pero demasiado acartonadas de escenas sexuales (y, llegados a este punto, uno no puede dejar de llevarse las manos a la cabeza: ¡ay, madrecita mía, cómo ha cambiado el género juvenil en los últimos años!). Quitando eso, Enlazados da exactamente lo que promete: acción a raudales, persecuciones sin fin, y la sensación de que la gran distopía juvenil española todavía está por llegar, y esta entrada tendrá entonces su continuación.

Autores relacionados:
Andrew Fukuda
Carlos García Miranda
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Enlazados
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Los juegos del hambre
Soy leyenda

La ciudad y la ciudad, de China Mieville

27 de marzo de 2013 en Fantástica, Literatura, Novela Negra

La ciudad y la ciudad

La ciudad y la ciudad es uno de esos libros de difícil clasificación. Desde luego, que su autor, China Mieville, sea uno de los escritores más premiados del género fantástico en los últimos años lastra, o dirige, según cómo se mire, su posición en la mesa de novedades. Lo cierto es que los aficionados al género la han adoptado como suya y han obrado en consecuencia, premiando La ciudad y la ciudad con galardones como el Locus, el Hugo, el World Fantasy, el BSFA o el Arthur C. Clark. Fuera del mundillo es probable que tú, lector, no hayas escuchado hablar de esta novela. Incomprensible.

La ciudad y la ciudad es el libro menos fantástico y más alejado del recargado estilo habitual de su autor. Es más, podría decirse que ni siquiera es un libro de género fantástico, ya que su manera de ser narrado y desarrollado pertenece por completo a la novela policial y al género negro. Sí, es cierto que la acción transcurre en una ciudad ficticia (bueno, dos) y que hay ciertos elementos no del todo explicados, pero, al igual que El sindicato de policía Yiddish, son novelas cuya permanente dualidad las hace imposibles de situar, como a ciertos personajes de la novela.

Pero vayamos al argumento, desde luego nada convencional. En La ciudad y la ciudad nos encontramos con un extraño fenómeno: dos ciudades, Brezsel y Ul Qoma conviven en el mismo espacio geográfico. Unos edificios y habitantes pertenecen a una y otros a la otra. Entre ellos no hay interacción, los ciudadanos aprenden desde niños a desver todos los elementos de la otra ciudad, a esquivar sus coches, a desoír sus voces. La historia de convivencia de las ciudades no ha sido fácil, hay ecos de guerra, de bloqueo… movimientos políticos que piden la unidad o la exterminación de los otros. Y en medio de todo eso, un asesinato cuya resolución supondrá la colaboración de las fuerzas policiales de ambos países.

La novela está protagonizada por el veterano inspector Tyador Borlú, que cuenta en primera persona, al más puro estilo negro, la extraña experiencia de investigar el asesinato, unas pesquisas que le llevarán a los rincones más misteriosos de las dos ciudades y le harán descubrir secretos que pondrán en peligro algo más que su placa.

Sin duda, la idea de Mieville es original, pero cuesta de imaginar. ¿Es su propuesta de las ciudades empotradas una alegoría de, por ejemplo, la Jerusalén compartida entre judíos y musulmanes? ¿O habla de todas nuestras ciudades modernas, donde hemos aprendido a desver, como explica en el libro, aquellas partes que no consideramos nuestras, a esos vagabundos que piden en las esquinas, a esos ancianos haciendo cola en la beneficencia?

La ciudad y la ciudad es un libro con una gran influencia de autores como Kafka, en el que se aprecia el tortuoso laberinto de una burocracia masiva e intocable, un conjunto de normas absurdas e inalterables que dan como resultado un precario e inestable equilibrio. Borlú, el protagonista, parece en ocasiones ese K. atrapado en un procedimiento interminable o en un castillo de dimensiones cambiantes.

En resumen, La ciudad y la ciudad es más que recomendable a todo público dispuesto a dejarse atrapar por la arriesgada propuesta de Mieville, y que esté dispuesto a dejar atrás prejuicios sobre géneros literarios para disfrutar, sencillamente, de una gran historia.

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China Miéville
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The Host -La huésped- la nueva película de Stephenie Meyer

25 de marzo de 2013 en cine, Fantástica, Juvenil, Literatura

The Host

No nos confundamos: The Host no ha sido un éxito tan abrumador como lo fue en su día la saga Crepúsculo. No sé si es que los extraterrestres tienen menos tirón que los vampiros o bien que su aparición literaria quedó diluida entre miles de títulos de temática parecida, precisamente los que habían surgido a partir de aquella primera trilogía. En cualquier caso, The Host no es un libro que haya vendido precisamente poco, es un superventas, sobre todo en Estados Unidos donde se pasó 26 semanas entre los más vendidos del New York Times, y es más que posible que con el estreno de su versión cinematográfica pueda remontar en las listas de ventas una vez más.

Stephenie Meyer no estaba contenta de cómo se había filmado la primera película de Crepúsculo, así que para esta ocasión se puso el mono de faena y firmó el guión junto al director Andrew Niccol. Desconozco si esto ha sido para mejor o para peor: escribir un libro y escribir un guión son dos cosas completamente diferentes. Lo cierto es que la relación descrita en el libro -ese triángulo amoroso chica-chico-parásito alienígena- funciona mejor en el medio escrito que en el visual, siendo, para los no aficionados a la obra de Meyer, un poco chocante.

Lo mejor de la película, en mi opinión, es el trabajo del director. Pese a los bajones en la carrera de Niccol, este sigue manteniendo una mirada personal y una atención por la puesta en escena y el detalle que marcan la diferencia en una película que, de otro modo, sería absolutamente anodina. También habría que destacar el papel de Saoirse Ronan, nominada a un Oscar por Expiación, que logra sobrellevar su trabajo con bastante dignidad, algo que, en principio, no parecía nada fácil.

La pregunta es si habrá finalmente trilogía literaria y cinematográfica. Por el momento, Meyer ha comentado que está trabajando en dos continuaciones, o secuelas, de The Host , The Soul (El alma) y The Seeker (El buscador/La buscadora) aunque por el momento no parece que haya ningún tipo de fecha anunciada para su publicación.

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Stephenie Meyer
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¿Qué fue de la fantasía de cachava y boina?

16 de marzo de 2013 en Autores, Ciencia-Ficción, Fantástica, Literatura

Cachava y boina

Hacia finales del siglo pasado, la irrupción de nuevas publicaciones especializadas en fantasía, ciencia ficción y terror produjo algunas obras que se cuentan entre las más originales del género jamás publicadas en español. Esta pequeña edad de oro se tradujo en el surgimiento de algunos autores hoy plenamente consolidados, pero también de otros que prometían mucho y cayeron en el olvido. A lo largo de la década de 1990 se constató la existencia de una tendencia «cañí», de carácter claramente localista, que bebía de fuentes como la serie de las Tierras Vagas, de Enrique Lázaro, Los cuentos del Sabio Loco de Majadahonda, de Ignacio Romeo, y novelitas ye-yé como Viaje a un planeta wu-wei, de Gabriel Bermúdez Castillo, en la que la capital del mundo era una Toledo de apenas ochenta habitantes, y en la que se editaba un periódico llamado El Clarinazo Matinal y el Avisador Irregular de la Gran Región Europea. Todo este sustrato estalló en forma de nova con la publicación de un relato singular de César Mallorquí, El mensaje perdido. A orajabiá suncai e Gedeón Montoya, en el que un gitano del Sacromonte adquiría el don de la omnisciencia. Después de aquello se publicaron obras como Estado crepuscular, una de las primeras incursiones narrativas del hoy muy famoso Javier Negrete, que también jugaba con las connotaciones fantásticas más cañís de la España profunda.

Por fuerza, todo este caldo de cultivo tuvo que traducirse en un movimiento que, de manera harto irónica, se dio en llamar de cachava y boina, por contraposición a la fantasía de espada y brujería (o a las películas de katana y gabardina). Fruto de estas inquietudes fue una antología absolutamente inencontrable hoy en día y que, pese a ser bastante irregular y haber quedado superada por el tiempo, conserva no obstante cierto valor histórico y literario, más allá del de mera curiosidad: Cuentos españoles de la España profunda, editada por José Miguel Pallarés. En ella se citaban los autores más destacados de aquel subgénero, desde José María Faraldo hasta Eugenio Sánchez, pasando por Ramón Muñoz, Elia Barceló, Javier Cuevas y Daniel Mares. Después de aquella antología parecía como si el subgénero fuera a hacer fortuna y consolidarse, pero nada más lejos de la realidad: apenas si consiguió despegar, y las publicaciones de género fantástico con componente castizo quedaron muy atenuadas, tal vez por la globalización del cambio de milenio y las posibilidades comerciales, hasta entonces inéditas, que empezaron a acompañar al género. Así pues, novelas como El enfrentamiento, de Elia Barceló, se quedaron en hitos excepcionales, y la corriente de la cachava y boina fue diluyéndose, cultivada, si acaso, por algún autor (casi siempre aragonés) como Óscar Bribián, Roberto Malo o Carlos Martínez Córdoba, pero en todo caso nada que justificase una segunda parte de la antología fundacional. El peso del género basculó hacia el terror y la ciencia ficción distópica, y de este modo las apariciones de la España rural en el género fantástico pasaron a convertirse en algo meramente decorativo, en vez de plantearse como parte de la premisa argumental. Las únicas excepciones de fuste ya no eran novelas de cachava y boina, sino obras de género fantástico en las que la España profunda formaba parte de la razón de ser de la novela, pero sin elementos exóticos o chuscos. ¿Ejemplos? Fin, de David Monteagudo, o Cenital, de Emilio Bueso. Resultaban impensables si no se ambientaban en la España profunda, pero estaba claro que no eran fantasía centrada en elementos tradicionales o cañís.

Y así fue como murió, sin haber llegado a nacer del todo, lo que podría haber sido un subgénero propio y distintivo, a la manera de las piernas amputadas que se entierran en Las sombras peregrinas, de Ramón Muñoz. Y así fue, también, como la única referencia válida de la cachava y boina española, después de tantos años, es una película inmortal y atemporal: Amanece, que no es poco, de José Luis Cuerda.

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Los cinco mejores libros de Terry Pratchett

5 de enero de 2013 en Autores, Fantástica

Pratchett - Gato sin adulterar

Aunque esto de hacer listas siempre es divertido, elegir solo cinco obras de entre la vasta bibliografía del actual rey de la fantasía cómica anglosajona (y el autor británico más robado en tiendas y librerías) es muy complicado. Es casi imposible ser del todo objetiva, después de todo, ¿con qué criterio realizamos la selección? ¿Por técnica, por personajes, por ingenio, por pura y llana diversión? Tras darle unas cuantas vueltas al asunto, he decidido que os presentaría una lista, más o menos dispar, de aquellas que se han quedado grabadas a fuego en mi memoria. Tal vez no sean las mejores, ni las favoritas de todos sus lectores, pero se trata de un compendio de lo más representativo del Pratchett escritor en estado puro.

-Empezamos por Buenos presagios. Sé que muchos no estaréis de acuerdo, tal vez por la voz, muy notable, de Neil Gaiman en la narración. Pero no puedo evitarlo. Solo por aquella escena paródica de La profecía en la que el can infernal enviado desde el averno se transforma en un chucho adorable por obra y magia de Adam, el supuesto anticristo, tenía que incluir este título.

-Elegir novelas del Mundodisco es complicadísimo. ¿Cómo dejarnos fuera a las brujas, a los miembros de la Guardia, a Rincewind? Pero por ahora tengo que limitarme a dos, solo dos, y escojo a los dos que parecen haber impactado más a fans en general: Pirómides y Dioses menores. Dos obras que, a pesar de no incluir a nuestros personajes favoritos de Pratchett, rebosan de humor, sátira y bastante inteligencia.

-Me resulta imposible dejarme fuera a Tiffany Doliente y sus aventuras de bruja adolescente, en la serie de libros juveniles de Pratchett donde también suelen aparecer los gamberrísimos Nac Mac Feegle. La mejor, a mi juicio, es la que todavía no ha aparecido en España: I Shall Wear Midnight. Pronto estará entre nosotros, y podréis decirme si he elegido bien o no. La trama recuerda a las mejores historias de las brujas, y nos ofrece más información de lo que implica el poder, la verdadera magia, y la responsabilidad de ejercerla.

-Y para finalizar tengo que incluir una obra que tampoco ha aparecido en español (y no tiene pinta, por desgracia, de aparecer). Se trata de The Unadulterated Cat, una obra ilustrada e hilarante sobre cómo son los verdaderos gatos, ya sabéis, aquellos que no se dejan acariciar y no comen de ningún comedero que tenga su nombre.

Por supuesto nos hemos dejado demasiados títulos fuera. Siempre hay que mencionar a las otras sagas de Pratchett, obras tan divertidas como Camioneros o La gente de la alfombra, sus otros libros juveniles (Solo tú puedes salvar a la Humanidad y los demás libros protagonizados por Johnny Maxwell) o incluso su limitada incursión en la ciencia ficción (Strata, The Dark Side of the Sun, además de un par de novelas a medias con Stephen Baxter). Mi selección ha sido, como habéis visto, variada y muy subjetiva. ¿Cuál sería la vuestra? Esperamos vuestras respuestas en los comentarios.

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Ojos de lagarto, de BEF

29 de diciembre de 2012 en Fantástica, Literatura

Ojos de lagarto, de BEF

Para quienes no conozcan el acrónimo, BEF pertenece al autor mexicano Bernardo Fernández, conocido tanto por su obra dedicada al género negro como a la ciencia ficción, así como por su trabajo en el mundo del cómic.

Ojos de lagarto, la obra que hoy nos ocupa, es una novela escrita de manera episódica, con un elemento principal -¿existen los dragones?- y varias historias que se entrecruzan a lo largo que se desarrolla la narración. Nos encontraríamos, pues, ante varios cuentos largos engarzados entre sí, pero que logran convertirse, gracias al acierto del autor, en una novela dinámica y divertida.

¿Qué nos podemos encontrar en Ojos de lagarto? Bien, BEF toma elementos de la criptozoología -ya saben, esa pseudociencia que estudia la biología de seres mitológicos o legendarios-, en un momento como el final del siglo XIX y principios del XX, en el que la exploración de espacios salvajes hasta entonces desconocidos daba como resultado el hallazgo de nuevas especies animales. De ese modo introduce la posibilidad de la existencia del dragón como un animal real… algo que mezcla entonces con leyendas orientales y la emigración china hacia Estados Unidos y México durante la construcción del ferrocarril.

BEF escribe, pero dibuja un cómic. Ojos de lagarto es una novela visual, rápida, con personajes muy bien definidos y que proporciona un buen rato al lector en busca de una historia divertida, inteligente y con el grado justo de detalle para lograr una inmersión total en la trama. Recomendada para aquellos que disfrutan con las historias de aventuras, sean fantásticas o no, con regusto a novela pulp.

¿Algo negativo? Es evidente que al buscar el artificio y el espectáculo como lo hace BEF, al presentarnos ese mundo a base de cuentos y personajes ya definidos, la narración carece de mayor profundidad y los personajes permanecen estáticos. Algo que, sinceramente, no importa lo más mínimo puesto que el estilo y el planteamiento de la obra cumplen al cien por cien con su objetivo: hacer disfrutar al lector.

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Bef
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John Wayne y un ornitorrinco entran en un saloon…

25 de diciembre de 2012 en Autores, Fantástica, Literatura

Albert of Adelaide

Los lectores más avezados habrán reparado en que el título de esta entrada se inspira en Platón y un ornitorrinco entran en un bar, de Thomas Cathcart. ¿Significa eso que vamos a hablar de libros de filosofía? No, pero sí vamos a hacerlo de ornitorrincos. En concreto, de Albert, el simpático protagonista de Albert of Adelaide, de Howard Anderson, que próximamente será publicada por RBA y que apunta maneras de sorpresón de la temporada.

Albert es un prófugo del zoológico de Adelaida y se interna en el Gran Desierto para buscar la Vieja Australia, el territorio mítico de sus ancestros. En vez de eso, se mete en mil y una aventuras, que lo terminan convirtiendo en una especie de Robin Hood del desierto. Albert se alía con un uombat alcohólico y un diablo de Tasmania un pelín zumbado para luchar contra los mafiosos locales (una zarigüeya y un ualabí), la amenaza de los dingos montaraces, y la xenofobia y el desprecio de los canguros y bandicuts. Albert of Adelaide es una historia dura, de perdedores que intentan trascender todos los obstáculos que se interponen entre ellos y su sueño, contada con la épica de un western de John Ford, la crudeza de un western de Sam Peckimpah y la economía de medios de un western de Sergio Leone. También es un retrato de la contradictoria Australia, tan acogedora con los emprendedores pero, al mismo tiempo, tan racista con los aborígenes. Es, por definirla de alguna manera, lo que le habría salido a Robert Crumb si adaptara Hell on Wheels o Deadwood al cómic, pero situando la acción en Australia y añadiendo animalitos.

Animalitos. Esta es la clave. Lo que hace que Albert of Adelaide funcione como un novelón (aparte de lo bien escrita que está) es el tono de fábula. La presencia de animales, desde Esopo hasta nuestros días, pasando por Lafontaine y Samaniego, es una coartada argumental para presentar los vicios y virtudes de los seres humanos. El mensaje se entiende mejor si introducimos en la narración una cigarra y una hormiga… o una granja en la que los cerdos se hacen con el poder, como hacía George Orwell en Rebelión en la granja, que es otro de los referentes ineludibles de Howard Anderson.

Que quede claro: no estamos hablando de novelas con animalitos que hablan (y aquí podríamos remontarnos a Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, El viento en los sauces, de Kenneth Grahame, El mago de Oz, de L. Frank Baum o, ya puestos, hasta la teleserie Alfred J. Kwak o la película Porco Rosso), sino de novelas para adultos en las que los animales han sido humanizados para que la moraleja de la fábula se entienda mejor. Novelas en las que se ha antropomorfizado personajes animales.

Los referentes son la ya citada Rebelión en la granja, de George Orwell y La colina de Watership, de Richard Adams. Dos obras maestras indiscutibles a las que Albert of Adelaide, pese a ser una buena novela, tal vez no se acerque, ni literaria ni antropomorfizadoramente hablando, pero con las que tiene una deuda evidente.

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Nacidos de la bruma

8 de diciembre de 2012 en Autores, best-seller, Fantástica, Literatura

Nacidos de la bruma

Nacidos de la bruma es una de las mejores series de fantasía de los últimos años y que confirma a su autor, Brandon Sanderson, dentro de los escritores más prometedores del género. Sus tres primeros libros dedicados a la serie son El imperio final, El pozo de la ascensión y El héroe de las eras, aunque recientemente también ha aparecido Aleación de ley, si bien es una novela independiente situada en el mismo universo.

Uno de los principales aciertos de Sanderson a la hora de crear la serie de Nacidos de la bruma estriba en su peculiar concepto de la «magia», la alomancia, ligada al poder de quemar ciertos metales dentro del cuerpo para obtener unos beneficios, tales como mayor fuerza, aumentar sentidos o poder atraer y repeler otros metales. La manera en que está diseñado este sistema y el cómo lo aplica en la práctica supone la columna vertebral de la serie y, pese a que al principio puede parecer algo complicado, pronto pasa a formar parte de los protagonistas y se integra en la lectura sin más problemas.

En un mundo dominado por el Lord Legislador -un autoproclamado Dios-, una casta de nobles domina el territorio esclavizando al pueblo de los Skaa. La rebelión siempre ha estado latente entre los oprimidos, pero nunca ha llegado a nada: el poder militar y de los nobles alománticos es muy superior al de ellos. Sin embargo, la aparición de Kelsier, un skaa con dichos poderes, en busca de venganza, sitúa al Imperio Final en una situación donde nunca antes había llegado.

Sin duda, la joven Vim, recogida de las calles por la banda de Kelsier, es la protagonista de la trilogía, aunque en cada libro otros personajes igualen su importancia. Digamos que ella es el hilo narrativo que une los tres libros. Sanderson también hace un gran trabajo aquí, muy realista a la hora de detallar motivaciones, sentimientos y cambios en cada uno de sus personajes.

En resumen, Nacidos de la bruma es una serie muy interesante y que es plenamente recomendable para todos los aficionados al género que quieran darle una oportunidad a una visión nueva y original de la fantasía, alejada de clichés repetitivos.

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Las furias de Alera, de Jim Butcher

23 de noviembre de 2012 en Autores, Fantástica, Literatura

Las furias de Alera

Jim Butcher es conocido en España gracias a su serie sobre el mago más golpeado de Chicago, Harry Dresden, una serie que cuenta con una legión de seguidores y que sin duda ha sido su escaparate más internacional hasta el momento. Con Las furias de Alera (RBA), el primero de sus libros enmarcados en la serie del Codex Alera, Butcher nos presenta un perfil muy diferente a lo que nos tenía acostumbrados, pasando de fantasía urbana a épica, pero cuyo resultado no podría ser más satisfactorio.

Las furias de Alera se publicó originalmente en 2004 y es el primero de seis títulos ya terminados que han llegado a la lista de los más vendidos del New York Times, y la verdad es que no me extraña. Butcher presenta un escenario fantástico en el que, gracias a su capacidad para el diálogo y la descripción rápida, pronto nos encontramos como en casa. El autor es capaz de dotar de un notable verismo a toda la estructura social y económica de Alera sin caer en engorrosas explicaciones y dando más importancia a esos pequeños momentos en los prefiere mostrar a los personajes de una manera más realista.

La novela está contada desde varios puntos de vista, aunque está claro que el protagonista del libro, y de toda la saga, es el joven Tavi. Del mismo modo que en otras obras recientes, como El nombre del viento, esta es una historia de aprendizaje que promete una evolución del personaje digna del mejor Miles Vorkosigan. Además, el libro, que deja un final abierto sin caer en un odioso cliffhanger, se lee de un tirón y deja con ganas de más.

¿Qué podemos encontrar en Las furias de Alera? Una historia de conspiraciones, conjuras, amores, traiciones, grandes batallas y un elemento mágico muy original en el uso de las furias, unos poderosos espíritus elementales. También tenemos los típicos personajes duros de Butcher con los que, pese a no alcanzar una complejidad extrema, acabas por encariñarte, incluyendo, además, a los supuestos enemigos.

Creo que Las furias de Alera es un libro imprescindible para los seguidores de la literatura fantástica actual y que Butcher pronto debería estar reconocido en España al nivel de autores como Patrick Rothfuss o Brandon Sanderson.

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La caída de Arturo y El Hobbit, Tolkien vuelve a estar de moda

24 de octubre de 2012 en Autores, Fantástica, Narrativa, Noticias

La caída de Arturo - Tolkien

Cuesta pensar que, hasta que se estrenaron las películas de Peter Jackson basadas en El Señor de los Anillos, había un buen puñado de personas que nunca habían oído hablar de John Reginald Reuel Tolkien. Ahora, todos estamos a la espera de la aparición de El Hobbit, El Silmarillion, y todo lo que Hollywood quiera y pueda echarnos. Y claro, no es mal momento tampoco para las editoriales relacionadas con el mundo Tolkien.

No es que lo haya sido nunca: antes de las películas la marca Minotauro ya se desenvolvía bastante bien a lomos de su producto estrella (hasta le quedaban ingresos para deleitarnos con ediciones de papel grueso y lujosa tapa dura de clásicos de la ciencia ficción e incluso algún que otro autor español). Pero el cine ha abierto caminos que los lectores de fantasía no pudieron, y permitió, entre paisajes de infarto, escenas de acción trepidante, un casting excelente y una historia bien contada, que se aficionaran a Tolkien las mismas personas que, inspiradas por la plasmación en pantalla grande, acudieron a la fuente original (y tal vez a otras muchas obras de fantasía: Memorias de Idhún, por ejemplo, fue una de las grandes beneficiarias de este fenómeno fan masivo).

Pero los ingresos y la comercialización no son la única razón para seguir aprovechando esta mina de oro que es el legado de un profesor universitario nacido en Sudáfrica, al que le gustaba tejer historias con tintes mitológicos e irse de tertulias con grandes de la fantasía como C. S. Lewis, mientras inspiraba a alumnos suyos que a su vez se convertirían en gigantes del género, como Diana Wynne Jones. Minotauro ofrece, 75 años después de la primera publicación de El hobbit de manos de Allen & Unwin, una edición de lujo de las mejores ilustraciones del mundo de Bilbo Bolsón. El libro fue creado por Wayne G. Hammond y Christina Scull, dos especialistas de la obra de Tolkien que han recopilado todo el material pictórico relacionado con la historia: más de cien dibujos, mapas, bocetos, etc., incluyendo imágenes nunca publicadas.

Ah, y también anticipamos la publicación de un poema de Tolkien, unas 200 páginas de versos que se han encajado en un libro rellenado con ensayo y anotaciones de su hijo, Christopher Tolkien. Aparecerá editado por HarperCollins (desconozco si acabará por estar disponible en español; traducir al Tolkien poeta debe de ser una tarea de gigantes). Se trata de una poesía no terminada e inspirada por los mitos artúricos (se titula The Fall of Arthur, La caída de Arturo), en la que el gran escritor trabajó poco antes de comenzar con El hobbit. Es una pieza que podríamos considerar estrictamente para aficionados a la poesía especializada (la obra está escrita en verso aliterativo, una forma germánica en la que se crearon, ya hace mucho, grandes obras como Beowulf), o para fans completistas del universo Tolkien; probablemente estemos ante una publicación de escaso interés para el público general. Sea como sea, las editoriales siguen ofreciendo material, el cine sigue ofreciendo películas, los escritores siguen inspirándose en su mundo… Tolkien es, ante todo, un producto de lo más rentable.

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