Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

73.878 libros, 14.942 autores y 59.221 usuarios registrados

Entradas de la categoría ‘Cómic’

Rintintín y el cabo Rusty ya tienen nueva casa

24 de abril de 2011 en Actividades, Autores, Cómic

Rintintin

La ceguera de los responsables políticos de turno en cuanto a asuntos culturales a veces no tiene límites. Al tiempo que se emplean grandes partidas presupuestarias para traer, durante las fiestas populares, a los grupos pop más conocidos del momento o para financiar descontextualizadas exposiciones que poco o nada aportan a la “cultura” del ciudadano, a veces se dejan pasar oportunidades únicas por desconocimiento, ignorancia o simple dejadez. La ciudad de Albacete, que se jacta de poseer la más importante feria de las tierras del interior de nuestro país (y las ferias son culturales, o al menos de los presupuestos culturales viven), ha llevado esta inoperancia al extremo, ya que ha tenido una oportunidad magnífica de aumentar su patrimonio de forma gratuita que ha dejado escapar de forma absurda. Los beneficiados del despropósito serán los habitantes de un municipio del norte de la provincia de Granada llamado Huéscar. Huéscar se encuentra a pocos kilómetros de la provincia albaceteña… pero no es Albacete, eso está claro.

La historia empezó hace años, cuando se puso en contacto con el consistorio castellano-manchego el dibujante José Antonio de Huéscar, nacido en Albacete en 1938. De Huéscar había abandonado la ciudad que lo vio nacer muy joven, primero rumbo a Barcelona, y después se instaló en Francia, en donde se convirtió en un importante dibujante durante varias décadas, trabajando para algunas de las más importantes editoriales del momento. La serie más popular de las que realizó seguramente sea Rintintín y el cabo Rusty, habiendo ilustrado también, en España, las más que populares Hazañas Bélicas que acompañaron a varias generaciones de españoles de la postguerra. En Francia fue un habitual de la revista Pif Gadget, en la que compartió páginas con figuras míticas del cómic europeo como Marcel Gotlib, Hugo Pratt (el creador de Corto Maltés), Nikita Mandryka, Roger Lécureux o André Chéret.

La intención de De Huéscar era la de donar todo el material acumulado durante una vida de dedicación al cómic a la ciudad de Albacete. Los responsables del consistorio albaceteño no debieron darle demasiada importancia al ofrecimiento, rechazando la posibilidad de recoger el legado de De Huéscar alegando falta de espacio. El dibujante se puso entonces en contacto con el ayuntamiento de la granadina Huéscar, población con la que solamente compartía apellido. Los oscenses sí vieron una gran oportunidad en el ofrecimiento, y enviaron una pequeña delegación hasta Francia para conocer en persona al dibujante.

El acuerdo llegó a buen término. En 2007 De Huéscar fallecía, y su viuda, la también dibujante Carmen Levi, cumplió a rajatabla la voluntad de su marido de enviar su legado (cientos de páginas originales, bocetos, cuadros y esculturas) al municipio granadino. En la actualidad se está procediendo a su valoración por parte de técnicos de la Diputación Provincial de Granada, tarea que desembocará en la creación de una Fundación pública que gestionará el valioso patrimonio donado y la expondrá al público.

De la viñeta a la pantalla: lo peor de lo peor

29 de enero de 2011 en cine, Cómic

The Green Hornet

Hacer una buena adaptación al cine de un cómic/novela gráfica/tebeo (o como queráis llamarlo) no es imposible: después de todo, Cronenberg filmó magistralmente Una historia de violencia, el tándem Rodríguez-Miller parió una Sin City brutal a nivel visual y totalmente coherente con el original y Christopher Nolan ha hecho que veamos a Batman como nunca antes lo habíamos visto, ni siquiera en las dos meritorias películas de Tim Burton de hace dos décadas.

Pero claro, es difícil olvidar que abundan las malas adaptaciones. Sin ir más lejos, Joel Schumacher violó la memoria del enmascarado de Gotham City en dos horrorosas películas que echaron por tierra todo lo que Burton había logrado poco tiempo antes.

Si tuviéramos que hacer un listado sobre las peores adaptaciones al cine de cómics, hay varios nombres que nos vendrían irremediablemente a la cabeza. Y, tras los nombres, imágenes que han poblado las pesadillas de miles de fans de todo el mundo que observaron horrorizados engendros fílmicos que fueron rodados para mayor gloria de los estudios de Hollywood. Un clásico de estas películas malditas sería Superman IV (The quest for peace, 1987). Dejando a un lado la primera de las películas del que probablemente es el superhéroe más popular de la historia, una muy buena aproximación al inmortal cómic, la franquicia entró en franca decadencia inmediatamente. La segunda de las adaptaciones cuyo protagonista fue el malogrado Christopher Reeve era mucho peor. La tercera, horrorosa. La cuarta es sencillamente desastrosa: no estamos hablando tan sólo de una mala adaptación, sino de una de las peores películas de la historia del cine. No, no estoy exagerando ni una pizca, por desgracia.

Otro horror nos llegó en 1995: Juez Dredd. Ver a Sylvester Stallone, ya en horas bajas, destrozando con su sola presencia un cómic que, sin ser la panacea, tenía detalles interesantes, marcó a toda una generación de adolescentes entre los que me incluyo. En comparación, las dos mediocres adaptaciones de Punisher (o El Castigador, como se prefiera) son obras de arte llenas de sutileza. Dentro de poco verá la luz una nueva versión de Juez Dredd, y creo no equivocarme al asegurar que es imposible que sea peor que la ya existente.

Un título muy mencionado cuando se habla de este tema en los mentideros habituales es Catwoman (2004), que se convirtió en una ridícula comedia… sin pretenderlo.

Pero todo es muy subjetivo: a algunos tampoco gustaron demasiado V de Vendetta (2005) por destruir la esencia de la novela gráfica homónima, 300 (2007) por ridícula y Watchmen (2009), y curiosamente del mismo director que 300, Zack Snyder) por ser demasiado inaccesible para los no familiarizados con la obra de la que bebe. Y, aún así, estamos hablando de tres de las películas más importantes de la década, sobre todo a nivel visual.

Queda por ver qué opinará crítica y público sobre The Green Hornet, una no muy ortodoxa adaptación libre de El Avispón Verde, un héroe ya de por sí poco ortodoxo y sobrino nieto, para más inri, de El Llanero Solitario, otro personaje de ficción. ¿Estaremos ante un nuevo bodrio y el primer batacazo serio del otrora admirado Michael Gondry?

Autores relacionados:
Tim Burton
Libros relacionados:
Watchmen

Iconoclasta Miguel Ángel Martín

9 de enero de 2011 en Autores, Cómic, Literatura

Miguel Ángel Martín

Supe en primera instancia de la obra del historietista leonés Miguel Ángel Martín (1960) a través de sus colaboraciones con la industria discográfica, especialmente con una de las casas de discos independientes más exitosas de España, Subterfuge Records, en cuyo sitio web todavía aparecen sus ilustraciones. Aquellos dibujos, de trazo sencillo, me interesaron desde un primer momento debido a la incomodidad que me producían, algo que también se repitió al ver algunos carteles cinematográficos suyos (como los de “La lengua asesina” o, sobre todo, “Killer Barbys”). Cuando conocí su obra en cómic esa incomodidad se multiplicó por cien.

Si a alguien que no conozca su trabajo le llegara a las manos una de sus primeras obras, “Kyrie: nuevo europeo”, inicialmente una tira cómica aparecida en “La Crónica de León” y luego recopilada en nueve tomos, ya casi inencontrables, seguramente no entendería esta desazón de la que hablo. Es una obra cínica hasta decir basta ambientada en una oficina en la que trabajan animales antropomórficos, y en la que se desarrolla una historia en la que se mezclan tipos estereotipados que podemos encontrar en muchos lugares de trabajo (el tipo pesado y fanfarrón, la secretaria sexy, el compañero cínico) con un trasfondo, seguramente no muy bien hilvanado, de crítica al sistema capitalista y a la hipocresía en general. No es una obra redonda, pero se lee con agrado, consiguiendo además algo que, en la mayor parte del resto de la obra de Martín apenas se consigue: sonreír.

Harina de otro costal serían otros trabajos suyos, dejando a un lado algunos encargos de corte infantil que, no obstante, para muchos de los que conocemos su obra, siguen incomodando al reconocer su estilo trasplantado a un ámbito supuestamente inocente. Es difícil concebir cómo puede el autor de la controvertida “Psychopathia Sexualis” dedicarse a la ilustración para niños. Es precisamente esta última obra una de las más famosas, en parte por su contenido políticamente correcto, rayano en lo desagradable en la mayor parte de sus páginas, en parte por ser más que representativa de muchas de las obsesiones que han recorrido la obra de Martín desde que empezó su carrera a finales de los años 80. Su edición italiana, por ejemplo, fue retirada de las librerías por inducir, según la fiscalía, al suicidio, homicidio y pedofilia, siendo procesado (y finalmente absuelto) el editor Jorge Vacca. Sin embargo, para mí es un trabajo menor, muy alejado de la genialidad que demuestra en sus, para mí, dos mejores trabajos, “Brian the Brain” y “Rubber Flesh.

Estas dos obras, relacionadas entre sí, son difíciles de explicar para los que no las hayan visto (y, en el buen término de la palabra, sufrido). Si leyendo “Kyrie” queda claro que Miguel Ángel Martín es lector de Ballard, la influencia del cineasta Cronenberg es evidente en “Brian the Brain” y “Rubber Flesh”, dos de las historias más desquiciadas (e interesantes) del cómic español de los últimos veinte años. No obstante, y mientras que “Kyrie” ha sido adaptada recientemente al teatro, no parece muy probable un salto parecido de estos dos trabajos, aunque tal vez funcionarían, y muy bien, como base para guiones de alguna película de serie B que, no me engaño, muchos devoraríamos con fruición.

Autores relacionados:
Miguel Ángel Martín
Libros relacionados:
Brian the Brain
Psychopathia Sexualis

Viñetas para todos: El webcómic

6 de enero de 2011 en Cómic, Literatura, Literatura electrónica

Webcomics

Hemos hablado ya largo y tendido de las posibilidades de la Literatura 2.0, del texto digital en todas sus formas y maneras, de la adaptación de los géneros habituales a formatos nuevos, y de la creación de géneros novedosos que sólo pueden sobrevivir gracias a Internet. Y si hay un género del que se habla poco y sin embargo se consume cada vez más, ese es el webcómic.

No hay duda de que el webcómic en España todavía está en pañales. Exceptuando alguna tira más o menos conocida, como podrían ser Runtime Error, La Legión del Espacio, Chica de Serie B, y algunos más, no se trata de un producto muy consumido en nuestro país, como tampoco lo es, generalmente, en otros países europeos. No es así en Estados Unidos, donde se ha convertido en todo un fenómeno de masas, recibiendo los más populares de ellos millones de visitas diarias, llegando a subsistir sus creadores gracias a la publicidad alojada en su web y al merchandising asociado a su obra. Se celebran convenciones multitudinarias donde los guionistas y dibujantes más famosos firman camisetas, pósters y versiones impresas de su franquicia a largas colas de aficionados, y el usuario medio de Internet visita con la misma regularidad las actualizaciones de sus viñetas favoritas que sus redes sociales o su bandeja de correo electrónico.

Por supuesto, por cada tira de éxito hay cien desconocidas, páginas y páginas de guiones sin chispa dibujados con el acierto de un niño de siete años. La mayoría de estas producciones desaparecen en el vacío de Internet tras un par de meses, y sólo las más regulares y longevas consiguen el trofeo dorado de la fidelidad por parte de sus visitantes. Algunas respetan el formato del cómic tradicional, imitando su tamaño y estructura, otras prefieren el estilo de las típicas tiras de periódico, pudiendo ser simplemente orientadas al sketch diario o llegando a desarrollar complejos arcos argumentales. Algunas son adaptaciones de legendarios del papel (como es el caso de Dilbert, por ejemplo), otros acaban adaptándose al formato tradicional, y terminan vendiéndose sólo en versión impresa. Su mayor aliciente, por lo general, es que se trata de un producto gratuito, exceptuando algunas asociaciones en concreto que ofrecen un amplio abanico de productos de calidad a cambio de una tarifa mensual. En cualquier caso se trata de un elaborado ejercicio de amor al arte, debido al trabajo que implica la creación de cualquier webcómic decente, y la disciplina necesaria para mantenerlo activo con una periodicidad férrea. Son muy pocos los que llegan realmente a hacerse un nombre en un mundo cada vez más competitivo, y menos los que convierten éste, su hobby, en una profesión remunerada. Algunos lo han conseguido, obras como Penny Arcade, Questionable Content o Xkcd son rentables para sus creadores, otras han podido dar el paso a los periódicos o han sido adoptados por una editorial (aunque en este caso suele tratarse de autoediciones).

En España, y en el mundo hispanohablante en general, el género crece, y a través de páginas como WEE podéis encontrar una selección de cómics online bastante amplia. Todavía nos falta bastante para que cobre la importancia que tiene en Norteamérica, pero estoy segura de que poco a poco iremos desarrollando más y más productos de calidad en este ámbito. Mientras, los que se defiendan con el inglés pueden visitar páginas como The Webcomic List, con más de 17200 cómics en su base de datos. Casi nada.

Carpanta, el tebeo de la posguerra

1 de enero de 2011 en Autores, Cómic

Carpanta

Varios fueron los tebeos que triunfaron en la España de posguerra, y entre ellos hay que mencionar los evidentemente fantasiosos como El Capitán Trueno (creado por el dibujante Miguel Ambrosio “Ambrós” y el guionista Víctor Mora en 1956), Roberto Alcázar y Pedrín (de Juan Bautista Puerto y Eduardo Bañó, de 1940) o El Guerrero del Antifaz (de Manuel Gago, creada en 1944). El más polémico de ellos es sin duda el segundo de ellos, que ha sido sistemáticamente criticado por ser considerado afín a la ideología fascista, algo que sus creadores siempre han desmentido. En palabras del crítico Pedro Porcel:

Si la imputación viene dada por el sistemático recurso a la violencia para la resolución de los problemas, debemos recordar que tal actitud nunca ha sido específicamente fascista y que aunque así se creyese es compartida por la totalidad de los héroes de papel del momento tanto españoles como extranjeros (…)

No hay que olvidar con respecto a este cómic que uno de sus guionistas más importantes fue precisamente José Jordán Jover, un militar republicano que sufrió las represalias del régimen franquista tras la finalización de la Guerra Civil de 1936.

Pero aunque estos cómics se contaron entre los más populares de la época, no podemos olvidar a otros que, alejados de ambientaciones exóticas, transcurrían en la España contemporánea. La única manera de pasar por alto la censura fue, por supuesto, darle un cariz cómico a los argumentos. Francisco Ibáñez es, por méritos propios, el más importante e internacional de nuestros dibujantes de humor, siendo sus personajes más conocidos los inefables Mortadelo y Filemón (que han estado ininterrumpidamente con nosotros desde 1958), los alocados protagonistas de El botones Sacarino (1963), el miope Rompetechos (1964) y Pepe Gotera y Otilio (1966), sin olvidar una de sus más magistrales series, la de 13, Rue del Percebe, iniciada en 1961. No es difícil, ojeando las historias de estos divertidos personajes, darse cuenta de la carestía económica de la época, pero nunca deja de ser un trasfondo más o menos amable que es utilizado como recurso humorístico.

Dentro del cómic humorístico de la posguerra, y una vez mencionado a Ibáñez, es preciso hablar de Josep Escobar i Saliente, más conocido como Escobar, autor de una de las series más populares del cómic español de todos los tiempos, Zipi y Zape. Zipi y Zape, iniciada en 1948, narra las aventuras y desventuras de dos gemelos muy peculiares, siendo dos secundarios de lujo e imprescindibles sus padres, Don Pantuflo y Doña Jaimita, y su profesor, Don Minervo. Pero poco nos pueden decir las aventuras de estos dos hermanos sobre la situación social de la época, siendo fácilmente identificables como miembros de la burguesía acomodada catalana de la época. Sin embargo, las estrecheces de aquellos años de autarquía (aunque finalmente se superara este tipo de régimen económico) fueron reflejadas más fielmente en el otro gran personaje de Escobar, Carpanta.

Carpanta es un vagabundo sin techo cuya mayor preocupación es la de comer, leitmotiv de la obra. Carpanta nació en 1947, y no es extraño que tuviera problemas con la censura debido a que no podía ser bien visto un personaje que pasaba un hambre constante (de ahí los nuevos diálogos en los que este mendigo ya no pasaba hambre, sino que tenía apetito). No tuvo ningún problema la censura, después de todo, con que Carpanta, que sufría de un apetito extremo (posiblemente ocasionado por una gula nada bien disimulada y no por la carencia de algo que llevarse a la boca, debían pensar los lectores que no pudieron acercarse a sus primeras intervenciones en las revistas de la época) tuviera fijada su residencia bajo un puente. Se mire como se mire, Carpanta fue el reflejo de una época de adversidad para las familias españolas, y aunque reviste de comicidad y la crítica social tan sólo se intuye, es una buena muestra de que, en tiempos de Franco, y contrariamente a lo que decía aquella frase bien publicitada de “En la España de Franco nadie pasa hambre”, sí había gente que malvivía. Tanto que, movidos por caridad cristiana, algunas personas enviaron comida y dinero a los editores de Carpanta para que este pobre hombre no pasara tanto “apetito”.

Autores relacionados:
José Escobar Saliente
Víctor Mora

Cómics para regalar(se)

31 de diciembre de 2010 en Cómic, Literatura, Terror

Kitaro

Ya os hemos hablado antes de una selección personal de libros para regalar(se). No podemos dejar pasar la oportunidad para elegir cinco cómics (o tebeos) que también nos parecen interesantes y que pueden alegrarle la Navidad o el principio de año a más de uno.

He intentado dar una mirada general, con algo de manga, cómic clásico, un poco de terror (bueno, un mucho de terror, es cierto), pero siempre con la idea de mostrar estilos lo más diferentes posibles. Espero que estos cinco ejemplos os sirvan de guía por si queréis encontrar algo original, aunque es cierto que hay muchísimos más ejemplos esperando vuestra visita en las librerías especializadas.

Kitaro, de Shigeru Mizuki. Personaje clásico, Kitaro resulta una pequeña joyita para los amantes del manga clasicote con cierto ambiente oscuro y terrorífico. Son aventuras autoconclusivas en las que se narran las aventuras de Kitaro, el último niño fantasma. Historias de lo más entretenidas que estoy deseando tener entre mis manos gracias a la gente de Astiberri.

Strange Suspense, los archivos de Steve Ditko, una recopilación magistral de las mejores historias de horror que el genial dibujante Steve Ditko publicó en la década de los cincuenta. Si bien Ditko es más conocido por su trabajo con Spiderman o el Doctor Extraño, esta época de su vida nos muestra una faceta suya imprescindible todo gracias a la gente de Diábolo.

Predicador, de Garth Ennis y Steve Dillon, es una serie peculiar, con personajes peculiares, argumentos peculiares y dedicada a gente peculiar, como yo mismo, podríamos decir. Acaba de salir reunido en un bonito el volumen 3, el primero correspondiente al Nuevo Testamento. Tras acabar de leer el Antiguo, no puedo evitar correr a por él. Recomendable para irreverentes aficionados y pecadores del cómic.

Hellboy, volumen 1, de Mike Mignola. Poco hay que decir de Hellboy, tras las dos películas dirigidas por Guillermo del Toro, poco, es cierto, además de que Mignola es un auténtico genio del dibujo y el color, y que esta edición es una verdadera gozada. Tan imprescindible que ya me la he regalado, lo confieso.

Predicador, Antiguo Testamento

30 días de noche: Más allá de Barrow, de Steve Niles y Bill Sienkiewicz. Está claro que recomendar una parte de una serie completa no tiene demasiado sentido, pero lo cierto es que 30 días de noche se recomienda por sí sola. Lo que me hace desear este nuevo tomo es la presencia de uno de mis dibujantes favoritos, Bill Sienkiewicz, quien me descubrió un mundo nuevo en el cómic con Electra o con obras menos conocidas como Stray Toasters. Me lo pido.

Bien, hasta aquí algunos de los cómics que, ejem, ejem, me gustaría tener para este año que viene. Seguro que hay un montón de novedades que os están tentando en estos momentos, así que ya estáis tardando en nombrar a vuestros favoritos en los comentarios. ¡Os estamos esperando!

Las calles de arena, de Paco Roca

14 de diciembre de 2010 en Autores, Cómic, Literatura

Las calles de arena, de Paco Roca

Las calles de arena del dibujante Paco Roca es su primera novela gráfica tras la exitosa y premiada Arrugas y, con ella, vuelve a demostrar que es uno de los mejores historietistas que podemos encontrar en el panorama nacional. En Las calles de arena el dibujante valenciano cambia de registro adentrándose en el realismo mágico para hablarnos sobre la inseguridad, la insatisfacción, la aceptación del destino, todo ello en la aventura del protagonista “el hombre sin nombre” que debe llegar a una cita con el banco y su hipoteca y que, tras retrasarla cuanto puede, intenta coger un atajo a través del barrio viejo.

Ese barrio viejo en el que se sumerge resulta ser un laberinto de calles que es incapaz de superar, perdiéndose sin remedio. Tras dar vueltas y más vueltas encuentra un hotel donde preguntar cómo salir del barrio pero, en cambio, se ve arrastrado a pasar allí la noche. El Hotel la Torre resulta ser un mundo habitado por personajes de lo más peculiar, como la recepcionista que nunca puede tomarse un momento libre, el de mantenimiento, en lucha constante contra las calderas del enorme edificio, la mujer cartera que sólo se comunica a través de cartas,… todos estos personajes se encuentran atrapados en este barrio al que llaman Las calles de arena y del que algunos intentan huir, como es el caso de Ignacio, compañero de habitación de nuestro protagonista, que lleva treinta años preparándose para salir, mientras otros se han resignado a que ese sea su mundo.

Tal y como demostró en Arrugas, uno de los fuertes de Paco Roca es la creación de personajes, entrañables y creíbles, aunque estemos hablando de un vampiro con apego a sus recuerdos o de un hombre que lleva toda su vida preparando su muerte. Este desfile de personajes acompaña al protagonista en su odisea por las calles de arena en su intento por regresar a su vida y sus obligaciones, en una historia fantástica llena de referentes.

Ganador del Premio Nacional de Cómic en 2008, Paco Roca lleva años siendo un referente de la historieta en España. Habitual de revistas míticas como El Víbora, comenzó su andadura profesional junto al ilustrador y escritor Juan Miguel Aguilera, colaboración de la que surgieron títulos como Gog. En estos momentos trabaja directamente para el mercado francés a través de la editorial Delcourt mientras en España es Astiberri quien está publicando sus últimas obras.

Autores relacionados:
Juan Miguel Aguilera
Paco Roca
Libros relacionados:
Las calles de arena

La pasión persa

27 de noviembre de 2010 en Autores, Cómic, Literatura

Persépolis

De entre todos los dibujantes y guionistas de cómic aparecidos en la última década he de reconocer que siento una devoción especial por la iraní Marjane Satrapi. Por alguna extraña razón sus historias me conmueven hasta la médula, de esa forma extraña en que sólo lo hacen las obras maestras. El concepto de “obra maestra” es, definitivamente, subjetivo: yo no podré convencer jamás a un detractor de Satrapi de que sus historias lo son al igual que es inútil que haga lo propio conmigo un fanático de, por poner dos ejemplos sangrantes de distintos ámbitos, David Lynch o Cortázar.

Entrando en materia, la obra más conocida de Satrapi es, sin duda, Persépolis, una historia autobiográfica que la catapultó de la noche a la mañana a la popularidad en Francia, su patria chica. Criada en la Persia (perdón, Irán) prerrevolucionaria, y descendiente de una dinastía destronada, Satrapi creció en una opulencia relativa y en un ambiente laico nada favorable al rey. Su familia apoyó de forma franca la revolución que destronó al Sha y a la dinastía Pahlavi, pero se encontraron de bruces con la nueva realidad de su país: se pasó de un régimen obsoleto e injusto a una teocracia extremista. La Revolución iraní, con cimientos supuestamente firmes y asentados en múltiples focos progresistas, degeneró en el régimen islamista más radical (salvando las distancias con los “vecinos” talibanes) de toda la historia.

La revolución iraní conllevó unos cambios intolerables para una parte de la sociedad del país que tal vez se antoje minúscula, pero la familia de la autora se puede contar entre ellos, lo que condiciona el conjunto. Es lo normal en estos casos: los acomodados cubanos también fueron, en líneas generales, los más perjudicados tras al advenimiento castrista. No soy quién para juzgar uno u otro proceso, pero soy consciente de que existieron y de que, cómo no, cada cual ha de luchar por sus propios intereses. Sin ánimo de ser demagógico, el éxito de la obra de Satrapi ha de ser entendido dentro de su contexto: la amplia repercusión de Persépolis se puede comprender mejor dentro de una sociedad como la francesa, inmersa en una simbiosis forzosa con el mundo musulmán debido a la gran cantidad de inmigrantes magrebíes y subsaharianos, que si Satrapi hubiera permanecido más tiempo en Austria, el primer país al que emigró desde su Irán natal.

Pollo con ciruelas

No obstante, Persépolis, dejando a un lado el contexto que rodeó a la autora, es una magna obra, una de esas novelas gráficas que te golpea directamente en la cara, pero, lo siento, no por sus referencias a la política de su tiempo (no, esto no es Maus), sino por su valor puramente humano. Después de todo, gracias a que pertenecía a una “familia bien” pudo emigrar a Europa. Luego volvió a Irán, en donde fue una incomprendida ya que la gente de su edad ya había pasado a formar parte del sistema impuesto por los “revolucionarios”, pero igualmente pudo emigrar de nuevo (esta vez a su destino definitivo, Francia). Espero que Satrapi sea consciente de que es una persona con suerte.

Persépolis es una bonita historia que merece ser leída y disfrutada en todos los niveles (existe una fiel película de animación que es francamente recomendable). Yo no la calificaría como “recomendable”, sino más bien como “imprescindible”, sobre todo para los que no saben nada del régimen actual iraní. Con todo, no es la mejor obra de la autora: el cómic Pollo con ciruelas, algo posterior, es para muchos su obra cumbre. Para mí también: allí donde Persépolis sienta las bases para conocer el estilo de esta gran autora, Pollo con ciruelas (y, en menor medida, Bordados) la define claramente como una de las mejores historietistas de nuestra historia reciente.

Si Persépolis en vez de ser recomendable es imprescindible, Pollo con ciruelas deja de ser imprescindible para convertirse en Esencial. Así, con mayúsculas.

Autores relacionados:
David Lynch
Julio Cortázar
Marjane Satrapi
Libros relacionados:
Bordados
Persépolis I
Pollo con ciruelas

El capitalismo nazi-disneyinano de Miguel Brieva

20 de noviembre de 2010 en Autores, Cómic

Dinero, de Miguel Brieva

Miguel Brieva (Sevilla, 1974) se ha convertido, por méritos propios, en uno de los dibujantes cómicos más importantes de los últimos tiempos, y desde luego en uno de los más feroces críticos de la sociedad actual que podemos encontrar en nuestras librerías. Sus álbumes, por supuesto, se distribuyen con licencia Creative Commons, algo nada extraño en alguien que, en sus viñetas, disecciona al capitalismo en todas sus variantes. Podéis encontrar sus obras “Bienvenido al mundo. Enciclopedia Universal Clismón“, “Dinero” y “El otro mundo” en cualquier librería.

Brieva, que también hace sus pinitos en el terreno musical a través del grupo sevillano “Las buenas noches” (que también distribuye gratis su música a través de internet), empezó en el cómic autoeditándose. Ahora su obra ya está en manos de una de las mayores editoriales europeas, Mondadori, pero sigue siendo igual de ácido en la representación de sus obsesiones. Cualquiera que le haya leído habrá podido comprobar que no deja títere con cabeza, haciendo especial hincapié en algunos de los iconos de nuestro tiempo. ¿Por qué no imaginar un nazismo triunfante montando un parque temático a medias con Disney, con Goebbels preparando un montaje titulado “El Triunfo de la Voluntad sobre hielo”? ¿Por qué no convertir a Dios en un currito tras siglos de hartazgo de tantos y tantos problemas? ¿Por qué no bromear sobre las tendencias artísticas del hijo de Superman?

El estilo de Brieva es muy característico, recordándonos al de las ilustraciones comerciales estadounidenses de los años cincuenta. Si uno no se fija demasiado es justo eso lo que parecerá, pero en el momento en que entramos en el juego del autor y nos damos cuenta de que está usando ese estilo pretendidamente publicitario para masacrar el consumismo, volviéndolo todo del revés y convirtiendo el patetismo y lo ridículo en la razón de ser de su literatura (porque, para mí, los textos que acompañan a los dibujos de Brieva son pura literatura, por supuesto). Tal vez la palabra “bizarro” no esté mal aplicada en algunas de sus ilustraciones, después de todo.

El fascismo-capitalismo, los juguetes, la factoría Disney, los superhéroes, la cruel infancia, los cuentos antiguos trasplantados al ficticio mundo moderno que reside en la cabeza de Brieva, todo ello conforma una amalgama más que satisfactoria para los que todavía creemos que la política existe incluso en las pequeñas cosas, que la concienciación no tiene por qué venir disfrazada de ásperas campañas de las ONGs o de organizaciones gubernamentales sin alma (y aviesas intenciones). Leyéndolo a él, igual que cuando nos adentramos en la obra de otros “humoristas” (muchas comillas) como El Roto o Forges, nos estamos educando mucho mejor que con sesudos artículos de la élite de la intelectualidad progre. Supongo que es un pecadillo sin importancia que, además de ayudarnos a recapacitar, este tipo de historias cortas ilustradas nos diviertan.

Autores relacionados:
Miguel Brieva
Libros relacionados:
Bienvenido al mundo: Enciclopedia universal Clismón
Dinero: revista de poética financiera e intercambio espiritual
El otro mundo

Feliz cumpleaños, Calvin y Hobbes

19 de noviembre de 2010 en Autores, Cómic, Noticias

Calvin y Hobbes

Cuando Bill Watterson creó a Calvin y su inseparable amigo tigre Hobbes no podía tener en mente que acababa de conseguir uno de los referentes de la cultura popular más reconocibles de su época. Calvin es un niño de seis años y, como tal, es preguntón, soberbio, escatológicamente desagradable, pero, sobre todo, muy imaginativo.

Calvin recibe su nombre del teólogo Calvino y Hobbes del filósofo inglés Thomas Hobbes, siendo esta una clara declaración de intenciones: no estamos ante un tira cómica al uso, los personajes, las situaciones, las referencias literarias o culturales en general, son usados por Watterson para ofrecer su visión del mundo. Porque la inocencia de Calvin es, muchas veces, cruel y despiadada, y sus mundos imaginarios no son más fantásticos que algunos dogmas adultos. En palabras del propio autor: “No querría tener a Calvin en mi casa, pero en el papel, me ayuda a sortear y entender mejor mi vida.” Hobbes, por su parte y además de ser un gran compañero de juegos, siente un gran orgullo en no ser humano.

Al contrario que en otras tiras protagonizadas por niños, con Calvin sí conocemos a sus padres que, aunque sean figuras de autoridad y realidad frente a la mente de hiperactiva del niño, su sentido de humor lleno de sarcasmo son un contrapunto perfecto: aparte de no poder dejar de sentir empatía con ellos. Otros personajes importantes son Susie, compañera de clase de Calvin, la señora Carcoma, la maestra que debe sufrirlo en clase o la canguro Rosalyn.

Es conocida la negativa de Watterson de crear productos derivados de sus tiras, a la manera de Peanuts, desde una postura anticomercial que, si bien es loable por su coherencia, no ha dejado de fastidiar a muchos de sus fans, coleccionistas como somos de iconos culturales en forma de figuritas, pósters o camisetas. (¿Quién hubiera podido resistirse a regalar un Hobbes de peluche a cada sobrino o hijo del vecino?)

Calvin y Hobbes hicieron su primera aparición pública el dieciocho de noviembre de mil novecientos ochenta y cinco y durante diez años los personajes creados por Bill Watterson acudieron a su cita diaria con sus seguidores en multitud de diarios y revistas, donde sigue apareciendo regularmente. También podemos encontrarlo en alguno de los dieciocho volúmenes recopilatorios, con nombres tan sugerentes como Felino maníaco homicida o El ataque de los monstruosos muñecos de nieve mutantes, que contiene uno de los temas recurrentes más exitosos y divertidos de Calvin.

Autores relacionados:
Bill Watterson

Lecturalia Lecturalia