Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

71.309 libros, 14.095 autores y 56.278 usuarios registrados

Entradas de la categoría ‘Cómic’

Tres formas de entender el cómic (III): El cómic estadounidense

19 de noviembre de 2011 en Cómic

Maus - Arte Spiegelman

Es inevitable, cuando mencionamos el cómic estadounidense, pensar en los superhéroes. Y, de cierta forma, sí es cierto que una de las características fundamentales de la historieta en Estados Unidos es la supremacía, a nivel de industria cultural, del superhéroe, y de las dos casas matrices que desde hace décadas han animado el cotarro en cuanto a cómic se refiere, Marvel y DC. Por supuesto, al hablar de cómic estadounidense en seguida nos vienen a la mente un puñado de nombres: Stan Lee, por encima de todos, como creador, y personajes como Batman, Superman, Spiderman o los integrantes de la Patrulla X. Pero reducir una realidad tan amplia como es la industria del cómic en ese país a esto es muy simplista. ¿Es Garfield un superhéroe? ¿Lo son Snoopy y el resto de personajes de Peanuts, seguramente la tira cómica más importante del siglo XX? ¿Cómo encajamos a Robert Crumb y su American Splendor o Peter Bagge y su Odio en todo esto? Y, ¿acaso no fue Maus, de Art Spiegelman, el primer cómic en ganar el Pulitzer?

Fueron precisamente Joseph Pulitzer y William Randolph Hearst, los dos magnates de los medios de comunicación de finales del XIX y principios del XX, los que popularizaron, gracias a los periódicos que controlaban, el humor gráfico. The Yellow Kid (1884) fue seguramente la primera serie importante de la historia del cómic estadounidense, y pronto los personajes de las tiras cómicas de los diarios adquirieron un peso importante, hasta el punto de que se desencadenaron luchas entre periódicos por robarle a la competencia tal o cual historietista. La primera agencia de sindicación de tiras nació en 1914 de la mano, como no podía ser de otra forma, de Hearst: estamos hablando del Kings Feature Syndicate, que en la actualidad no sólo distribuye tiras cómicas entre las cabeceras nacionales y locales de los Estados Unidos, sino también columnas de opinión y pasatiempos. Algunas de las tiras distribuidas por la Kings Feature se cuentan entre las más influyentes del siglo XX, como por ejemplo Popeye, Daniel el Travieso, Betty Boop, Flash Gordon, Félix el Gato o Zits.

La Gran Depresión dio un giro dramático a la historieta estadounidense: a las tiras cómicas eminentemente humorísticas se les sumaron las historias de aventuras, con series como Tarzán, Flash Gordon o The Phantom, en lo que sería el anticipo de los superhéroes inmediatamente posteriores: Superman nace en 1938, Batman y el Capitán Marvel en 1939, y el Capitán América en 1941, todos con un cariz patriótico más o menos pronunciado debido a la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra apareció una de las revistas más influyentes, en cuanto a humor gráfico, de la historia del cómic mundial, MAD (1952), pero realmente el cómic estadounidense no entraría en una nueva edad de oro hasta finales de los 50 y gracias a la competencia de Marvel y DC, enfrascadas en una lucha de franquicias antiguas y nuevas que aún hoy está en la mente de todos los aficionados al cómic.

El cómic underground e independiente, que nació en los años 60 al margen de las grandes editoriales y de los consorcios de prensa, se consolidó una década después, y al le debemos auténticas obras maestras del cómic mundial, enfocadas a un público más adulto que el que Marvel y DC consideraban como lector tipo. Sin embargo, incluso los superhéroes acabaron madurando, especialmente a partir de los años 80, y la irrupción de autores como Frank Miller o Alan Moore hizo que el género se reinventara. Casi treinta años después la tónica general de los superhéroes sigue siendo la misma, y nos parecen risibles e ingenuos los guiones de décadas anteriores, cuando Superman y El Capitán América no hubieran podido morir de ninguna de las maneras y Batman todavía no era El Caballero Oscuro.

Autores relacionados:
Alan Moore
Art Spiegelman
Robert Crumb

Tres formas de entender el cómic (II): La bande dessinée

17 de noviembre de 2011 en Autores, Cómic

Tintín

Si hay en Europa un lugar en el que el cómic tiene una consideración especial y es tratado con el respeto que merece, equiparándolo al resto de la producción editorial, ese es el mercado francófono, especialmente Francia y Bélgica. Allí el cómic no es considerado un producto para adolescentes y niños, como parece suceder en otras partes del continente, pese a los evidentes avances gracias a novelas gráficas (esencialmente británicas y estadounidenses) que han dado el salto a los puestos de superventas de las librerías no por méritos propios, sino tras ser llevadas al cine, o al boom del cómic japonés. En Francia, el cómic representa aproximadamente el 10% de la producción editorial, lo que da una idea aproximada de su importancia. Su prestigio también es evidente: en Francia se dice del cómic que es le neuvième art, “el noveno arte”. Sobra hacer más comentarios al respecto.

Más allá de los orígenes medievales de la ilustración francesa, el verdadero inicio fueron las caricaturas políticas de principios del siglo XIX, pioneras en todo el mundo. Hoy día no concebimos un diario de información general que no incluya una serie de viñetas que retraten, de forma más o menos humorística, los temas más destacados del día. Pues bien, al César lo que es del César: es un invento francés que se popularizó rápidamente por todo Occidente gracias a su evidente utilidad.

El cómic francés no adoptó los globos de diálogo en fechas tan tempranas como el estadounidense, y no sería hasta los años 20 cuando se popularizara este artificio narrativo. Fueron precisamente dos historietistas belgas, Alain Sant-Ogan (con su serie Zig et Puce) y Hergé (con el inefable Tintín) los primeros en utilizarlas con éxito. A la vista están sus resultados: aunque fuera del mercado francófono Zig et Puce no es demasiado conocido, Tintín, en cambio, se ha convertido en un referente cultural europeo de primera magnitud. Su reciente paso al cine no hará sino aumentar su leyenda, y seguramente le supondrá el salto definitivo a las estanterías de todo el mundo: porque, si algo hay que decir en contra de la bande dessinée es que, al contrario que el cómic estadounidense y el japonés, que se han exportado al resto del mundo con éxito, el cómic franco-belga, tal vez por sus características netamente europeas o por la importancia que el diálogo tiene en contraposición a la imagen, no ha sabido venderse igual de bien fuera del continente. Al respecto, el aclamado Jean Giraud (creador de, entre otros, El teniente Blueberry, y cuya influencia en cine y televisión ha sido notable) dijo: “el manga llega a Europa, pero el cómic europeo no va a Japón”. Tiene razón Giraud en quejarse, pero no parece probable que este salto vaya a producirse jamás: el cómic japonés prima la imagen sobre el diálogo, pues es un cómic basado en la inmediatez, el consumo rápido, nada que ver con lo que encontramos en el mercado francófono. ¿Cómo podría triunfar en Japón, por ejemplo, cualquiera de las obras de la iraní Marjane Satrapi? Tampoco es popular allí el cómic estadounidense más alejado de los convencionales superhéroes: volúmenes como Maus, de Art Spiegelman, desafían claramente la forma que los nipones tienen de entender el cómic. Sin embargo, el manga sí puede (y, de hecho, lo hace) triunfar en cualquier rincón del mundo: su consumo rápido es totalmente asumible por las nuevas generaciones de europeos y americanos de ambos hemisferios.

Es imposible hablar del cómic franco-belga y, tras mencionar a Tintín y a Hergé, no hacer lo propio con el Asterix de Goscinny y Uderzo, Spirou y Fantasio, Lucky Luke, Los Pitufos, Iznogud o El Corto Maltés, del italiano Hugo Pratt, todos nombres ya legendarios, ya no sólo de la bande dessinée, sino del cómic en general.

Autores relacionados:
Hergé
Albert Uderzo
Art Spiegelman
Marjane Satrapi
René Goscinny
Libros relacionados:
Maus. Relato de un superviviente

Tres formas de entender el cómic (I): El Manga

15 de noviembre de 2011 en Arte, Autores, Cómic

Astroboy

Tres son los centros mundiales del cómic, y tres son las concepciones, radicalmente distintas y en cierto modo opuestas, de su forma de entenderlo. El cómic estadounidense, el franco-belga y el japonés son los mayoritarios en el mundo, los que más venden, los que más se adaptan a cine y televisión. No hay que circunscribir estas tres tradiciones, en todo caso, a un entorno geográfico concreto: se hace cómic “estadounidense” en otras partes del mundo (Inglaterra, por poner un caso), al igual que la bande dessinée no se limita a los países europeos francófonos (su influencia es clara, por ejemplo, en España, Italia o Argentina) y ya ni siquiera el manga es solo japonés.

El manga, que a nivel estético bebe de una tradición de ilustradores que se remonta a los siglos XI-XII, no podría haber surgido sin la influencia de la ilustración satírica europea del siglo XIX. Los primeros mangas propiamente dicho aparecerían a principios del siglo XX, y pertenecerían al género que hoy se denomina kodomo, es decir, el infantil. En pocos años la temática y el público objetivo se ampliaron, convirtiéndose en muy populares los álbumes de historias militares, fieles reflejo de la sociedad japonesa inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial. No hay que olvidar que durante los años 30 Japón invadió Manchuria en dos ocasiones, la segunda de las cuales fue el inicio de la Segunda Guerra Chino-Japonesa.

Tras la rendición incondicional de 1945, Estados Unidos prohibió las historias de corte militarista que tanto habían ayudado a la difusión del manga, la mayor parte financiadas por el estado, que las usó como un medio propagandístico más. Sin embargo, el manga se vio fortalecido por la situación precaria del país en la posguerra. También fueron aquellos los mejores años del cine japonés, lo cual es sintomático de una nación que necesitaba ocupar con actividades de ocio un tiempo precioso que les ayudara a evadirse de la vergonzosa y humillante claudicación ante los estadounidenses.

El primer mangaka de esta nueva época fue Osamu Tezuka, que tuvo un éxito sin parangón con la edición de muy baja calidad de su obra La nueva isla del tesoro, que vendió medio millón de ejemplares. Tezuka pasó inmediatamente a la revista Manga Shonen, que había sido fundada en 1947, y se convirtió en el primer mangaka de prestigio gracias a Astroboy. Tezuka fue también un pionero en la animación (Astroboy fue el primer manga que dio el salto a la televisión, lo que se conoce como anime), y ayudó a la diversificación de géneros temáticos (La princesa caballero, otra de sus obras destacadas, es considerada el primer manga shojo de la historia). El kodomo, el manga infantil, dejó de ser el único, apareciendo una serie de mangas agrupados por rangos de edades del público objetivo: a grandes rasgos el manga se divide en kodomo (infantil), shojo (adolescente femenino), shonen (adolescente masculino), josei (adulto femenino), seinen (adulto masculino) y hentai (erótico). Los subgéneros temáticos son muchísimos: desde los populares mecha (de robots) o maho shojo (chicas con poderes mágicos) al yaoi (homosexualidad masculina) o el jidaimono (de ambientación feudal).

En el resto del mundo el shonen y el shojo, sobre todo a través de la animación, fueron los primeros en hacerse populares. En la actualidad el manga es un fenómeno global, y supone un porcentaje altísimo de las ventas de cómics en todos los países del mundo. Aún más, ha supuesto una influencia notable en autores europeos y americanos, tal y como ha ocurrido en Francia con el movimiento La nouvelle manga, o en Estados Unidos con el “amerimanga”, estéticamente japonés pero específico para un público estadounidense. Otro ejemplo de fusión de estilos podría ser el popular cómic canadiense Scott Pilgrim versus The World, cuya estética le debe mucho al cómic japonés.

Harry Potter y el final de un ciclo

14 de julio de 2011 en Cómic, Juvenil, Literatura

Potter

El 15 de julio, fecha fetiche para todos los seguidores de Harry Potter ya que ha sido la tradicional para la publicación de los libros y el estreno de las películas, llegará el fin de una de las más fructíferas y famosas asociaciones de la historia del cine y la literatura.

La adaptación de los libros de Harry Potter se enfrentó desde un principio al reto de encontrar a los actores protagonistas, unos niños que iban a pasar su adolescencia al ritmo de una película por año y a los que, en caso de cualquier problema, iban a ser casi imposibles de sustituir. No es fácil acertar cómo crece una persona, ya que elegir un actor para un momento concreto es mucho más sencillo que adivinar si encajará en su papel cinco o seis años después. ¿Alguien pensaba que Draco Malfoy iba a pegar ese estirón?

Ese aspecto quedó bien resuelto. También, a mi juicio, el sucesivo cambio de director y de estilo a medida que la historia pasaba de un público más infantil a uno adolescente. Del costumbrismo, quizá un poco lento, de Chris Columbus a la agilidad de Cuarón o al tecnicismo de Yates, el equipo tras las cámaras ha sabido captar el espíritu de los libros, bajo la atenta mirada supervisora de J. K. Rowling, y traspasar a la gran pantalla la legión de seguidores.

La decisión de dividir en dos el último libro para el cine me pareció, de entrada, un movimiento destinado a ganar más dinero, pero tras ver la primera de las entregas tuve que reconocer que la duración del metraje era más que adecuado. De hecho, me parece más entretenida esa parte en el cine que el libro, que, en mi opinión, es el peor de toda la serie.

Tras diez años llega el final de Harry Potter en el cine, una máquina de hacer dinero que acompaña el lanzamiento mundial de Pottermore, la continuación natural en el nuevo medio de masas por excelencia, Internet. Mi única duda es, ¿habrán filmado el epílogo del último libro…? Espero que no.

Autores relacionados:
Joanne Kathleen Rowling

Mujeres de cómic. Ahora, Madonna

28 de junio de 2011 en Autores, Biografí­as, Cómic

Cómic de Madonna

La editorial Bluewater Production publicará en breve un cómic de 32 páginas con la biografía de Madonna, cantante e icono pop donde los haya. El tomo ha sido guionizado por C. W. Cooke e ilustrado por Michael Johnson, y no es ni mucho menos el primer cómic de este tipo. En los últimos años han aparecido, en esta misma editorial y dentro de una serie denominada Female Force, numerosos volúmenes de la misma longitud dedicados a algunas de las mujeres más importantes, sobre todo a nivel político pero no sólo de ese ámbito, del planeta. Bluewater Production ha incluido en esta colección a personajes como Martha Stewart (gurú televisiva de las artes domésticas), Hillary Clinton, Anne Rice (autora de las Crónicas Vampíricas), Ruth Handler (creadora de la muñeca Barbie), Diana de Gales, Caroline Kennedy, Charlaine Harris (creadora de True Blood), Carla Bruni-Sarkozy, Ellen DeGeneres (una de las presentadoras más importantes de la televisión en Estados Unidos y una de las mayores defensoras de los derechos de la comunidad homosexual en su país), J. K. Rowling (creadora de Harry Potter), Angelina Jolie, Meredith Vieira (periodista y conductora en Estados Unidos del programa Who Wants to be a Millionaire), Michelle Obama, Sarah Palin, Olivia Newton John, Condoleezza Rice, Margareth Thatcher, Sonia Sotomayor (jueza de la Corte Suprema), Rosie O´Donnell y Betty White (actriz conocida sobre todo por su papel como Rose Nylund en la serie Las chicas de oro).

A primera vista llama la atención, desde luego, la mezcla que Bluewater propone al público: por un lado, gran cantidad de personalidades políticas, tanto estadounidenses como extranjeras, y tanto de talante conservador (ahí tenemos a la Dama de Hierro o a Sarah Palin) como “progresista” (Michelle Obama y Hillary Clinton). Aparte, algunas personalidades de la televisión (destaca la no inclusión de la mujer más influyente del país, Oprah Winfrey, seguramente por problemas de derechos de imagen), algunas escritoras… y un par de actrices, Angelina Jolie y Betty White, que siendo benevolentes parecen provenir de planetas distintos.

El éxito de algunos de estos volúmenes ha sido indudable, dentro de una escala de ventas modesta: un primer tomo sobre Hillary Clinton (como mujer poderosa) vendió 20.000 ejemplares en 2008, por lo que en unas semanas saldrá un nuevo número dedicado a ella, esta vez resaltando su faceta política. No es la única mujer poderosa que repite aparición: Sarah Palin y Michelle Obama también han tenido este “honor”.

La editorial no sólo publica este tipo de cómics. Entre su numeroso catálogo encontramos versiones de Jason y los Argonautas, La Fuga de Logan, The Mis-Adventures of Adam West, Quatermain, Simbad-Rogue of Mars, Warlock y Wrath of the Titans. Bizarro como poco, sobre todo teniendo en cuenta otras series de la editorial, más del tono de Female Force. Por un lado, una serie recién inaugurada y titulada, inequívocamente, como Infamous, que por ahora ha tenido dos protagonistas populares por sus desventuras y problemas varios como son Lindsay Lohan y Charlie Sheen. Por otro, la serie FAME, que junta lo mejor (y peor) de cada casa para ofrecernos la biografía ilustrada de personajes como David Beckham, Britney Spears, Justin Bieber, Beyoncé, Danica Patrick o Lady Gaga, además de volúmenes dedicados no a uno, sino a varios personajes, ya sean estos los protagonistas de la serie Glee o de la saga Crepúsculo.

Me pregunto qué les habrá hecho la pobre Danica Patrick a los editores para semejante castigo.

Rintintín y el cabo Rusty ya tienen nueva casa

24 de abril de 2011 en Actividades, Autores, Cómic

Rintintin

La ceguera de los responsables políticos de turno en cuanto a asuntos culturales a veces no tiene límites. Al tiempo que se emplean grandes partidas presupuestarias para traer, durante las fiestas populares, a los grupos pop más conocidos del momento o para financiar descontextualizadas exposiciones que poco o nada aportan a la “cultura” del ciudadano, a veces se dejan pasar oportunidades únicas por desconocimiento, ignorancia o simple dejadez. La ciudad de Albacete, que se jacta de poseer la más importante feria de las tierras del interior de nuestro país (y las ferias son culturales, o al menos de los presupuestos culturales viven), ha llevado esta inoperancia al extremo, ya que ha tenido una oportunidad magnífica de aumentar su patrimonio de forma gratuita que ha dejado escapar de forma absurda. Los beneficiados del despropósito serán los habitantes de un municipio del norte de la provincia de Granada llamado Huéscar. Huéscar se encuentra a pocos kilómetros de la provincia albaceteña… pero no es Albacete, eso está claro.

La historia empezó hace años, cuando se puso en contacto con el consistorio castellano-manchego el dibujante José Antonio de Huéscar, nacido en Albacete en 1938. De Huéscar había abandonado la ciudad que lo vio nacer muy joven, primero rumbo a Barcelona, y después se instaló en Francia, en donde se convirtió en un importante dibujante durante varias décadas, trabajando para algunas de las más importantes editoriales del momento. La serie más popular de las que realizó seguramente sea Rintintín y el cabo Rusty, habiendo ilustrado también, en España, las más que populares Hazañas Bélicas que acompañaron a varias generaciones de españoles de la postguerra. En Francia fue un habitual de la revista Pif Gadget, en la que compartió páginas con figuras míticas del cómic europeo como Marcel Gotlib, Hugo Pratt (el creador de Corto Maltés), Nikita Mandryka, Roger Lécureux o André Chéret.

La intención de De Huéscar era la de donar todo el material acumulado durante una vida de dedicación al cómic a la ciudad de Albacete. Los responsables del consistorio albaceteño no debieron darle demasiada importancia al ofrecimiento, rechazando la posibilidad de recoger el legado de De Huéscar alegando falta de espacio. El dibujante se puso entonces en contacto con el ayuntamiento de la granadina Huéscar, población con la que solamente compartía apellido. Los oscenses sí vieron una gran oportunidad en el ofrecimiento, y enviaron una pequeña delegación hasta Francia para conocer en persona al dibujante.

El acuerdo llegó a buen término. En 2007 De Huéscar fallecía, y su viuda, la también dibujante Carmen Levi, cumplió a rajatabla la voluntad de su marido de enviar su legado (cientos de páginas originales, bocetos, cuadros y esculturas) al municipio granadino. En la actualidad se está procediendo a su valoración por parte de técnicos de la Diputación Provincial de Granada, tarea que desembocará en la creación de una Fundación pública que gestionará el valioso patrimonio donado y la expondrá al público.

De la viñeta a la pantalla: lo peor de lo peor

29 de enero de 2011 en cine, Cómic

The Green Hornet

Hacer una buena adaptación al cine de un cómic/novela gráfica/tebeo (o como queráis llamarlo) no es imposible: después de todo, Cronenberg filmó magistralmente Una historia de violencia, el tándem Rodríguez-Miller parió una Sin City brutal a nivel visual y totalmente coherente con el original y Christopher Nolan ha hecho que veamos a Batman como nunca antes lo habíamos visto, ni siquiera en las dos meritorias películas de Tim Burton de hace dos décadas.

Pero claro, es difícil olvidar que abundan las malas adaptaciones. Sin ir más lejos, Joel Schumacher violó la memoria del enmascarado de Gotham City en dos horrorosas películas que echaron por tierra todo lo que Burton había logrado poco tiempo antes.

Si tuviéramos que hacer un listado sobre las peores adaptaciones al cine de cómics, hay varios nombres que nos vendrían irremediablemente a la cabeza. Y, tras los nombres, imágenes que han poblado las pesadillas de miles de fans de todo el mundo que observaron horrorizados engendros fílmicos que fueron rodados para mayor gloria de los estudios de Hollywood. Un clásico de estas películas malditas sería Superman IV (The quest for peace, 1987). Dejando a un lado la primera de las películas del que probablemente es el superhéroe más popular de la historia, una muy buena aproximación al inmortal cómic, la franquicia entró en franca decadencia inmediatamente. La segunda de las adaptaciones cuyo protagonista fue el malogrado Christopher Reeve era mucho peor. La tercera, horrorosa. La cuarta es sencillamente desastrosa: no estamos hablando tan sólo de una mala adaptación, sino de una de las peores películas de la historia del cine. No, no estoy exagerando ni una pizca, por desgracia.

Otro horror nos llegó en 1995: Juez Dredd. Ver a Sylvester Stallone, ya en horas bajas, destrozando con su sola presencia un cómic que, sin ser la panacea, tenía detalles interesantes, marcó a toda una generación de adolescentes entre los que me incluyo. En comparación, las dos mediocres adaptaciones de Punisher (o El Castigador, como se prefiera) son obras de arte llenas de sutileza. Dentro de poco verá la luz una nueva versión de Juez Dredd, y creo no equivocarme al asegurar que es imposible que sea peor que la ya existente.

Un título muy mencionado cuando se habla de este tema en los mentideros habituales es Catwoman (2004), que se convirtió en una ridícula comedia… sin pretenderlo.

Pero todo es muy subjetivo: a algunos tampoco gustaron demasiado V de Vendetta (2005) por destruir la esencia de la novela gráfica homónima, 300 (2007) por ridícula y Watchmen (2009), y curiosamente del mismo director que 300, Zack Snyder) por ser demasiado inaccesible para los no familiarizados con la obra de la que bebe. Y, aún así, estamos hablando de tres de las películas más importantes de la década, sobre todo a nivel visual.

Queda por ver qué opinará crítica y público sobre The Green Hornet, una no muy ortodoxa adaptación libre de El Avispón Verde, un héroe ya de por sí poco ortodoxo y sobrino nieto, para más inri, de El Llanero Solitario, otro personaje de ficción. ¿Estaremos ante un nuevo bodrio y el primer batacazo serio del otrora admirado Michael Gondry?

Autores relacionados:
Tim Burton
Libros relacionados:
Watchmen

Iconoclasta Miguel Ángel Martín

9 de enero de 2011 en Autores, Cómic, Literatura

Miguel Ángel Martín

Supe en primera instancia de la obra del historietista leonés Miguel Ángel Martín (1960) a través de sus colaboraciones con la industria discográfica, especialmente con una de las casas de discos independientes más exitosas de España, Subterfuge Records, en cuyo sitio web todavía aparecen sus ilustraciones. Aquellos dibujos, de trazo sencillo, me interesaron desde un primer momento debido a la incomodidad que me producían, algo que también se repitió al ver algunos carteles cinematográficos suyos (como los de “La lengua asesina” o, sobre todo, “Killer Barbys”). Cuando conocí su obra en cómic esa incomodidad se multiplicó por cien.

Si a alguien que no conozca su trabajo le llegara a las manos una de sus primeras obras, “Kyrie: nuevo europeo”, inicialmente una tira cómica aparecida en “La Crónica de León” y luego recopilada en nueve tomos, ya casi inencontrables, seguramente no entendería esta desazón de la que hablo. Es una obra cínica hasta decir basta ambientada en una oficina en la que trabajan animales antropomórficos, y en la que se desarrolla una historia en la que se mezclan tipos estereotipados que podemos encontrar en muchos lugares de trabajo (el tipo pesado y fanfarrón, la secretaria sexy, el compañero cínico) con un trasfondo, seguramente no muy bien hilvanado, de crítica al sistema capitalista y a la hipocresía en general. No es una obra redonda, pero se lee con agrado, consiguiendo además algo que, en la mayor parte del resto de la obra de Martín apenas se consigue: sonreír.

Harina de otro costal serían otros trabajos suyos, dejando a un lado algunos encargos de corte infantil que, no obstante, para muchos de los que conocemos su obra, siguen incomodando al reconocer su estilo trasplantado a un ámbito supuestamente inocente. Es difícil concebir cómo puede el autor de la controvertida “Psychopathia Sexualis” dedicarse a la ilustración para niños. Es precisamente esta última obra una de las más famosas, en parte por su contenido políticamente correcto, rayano en lo desagradable en la mayor parte de sus páginas, en parte por ser más que representativa de muchas de las obsesiones que han recorrido la obra de Martín desde que empezó su carrera a finales de los años 80. Su edición italiana, por ejemplo, fue retirada de las librerías por inducir, según la fiscalía, al suicidio, homicidio y pedofilia, siendo procesado (y finalmente absuelto) el editor Jorge Vacca. Sin embargo, para mí es un trabajo menor, muy alejado de la genialidad que demuestra en sus, para mí, dos mejores trabajos, “Brian the Brain” y “Rubber Flesh.

Estas dos obras, relacionadas entre sí, son difíciles de explicar para los que no las hayan visto (y, en el buen término de la palabra, sufrido). Si leyendo “Kyrie” queda claro que Miguel Ángel Martín es lector de Ballard, la influencia del cineasta Cronenberg es evidente en “Brian the Brain” y “Rubber Flesh”, dos de las historias más desquiciadas (e interesantes) del cómic español de los últimos veinte años. No obstante, y mientras que “Kyrie” ha sido adaptada recientemente al teatro, no parece muy probable un salto parecido de estos dos trabajos, aunque tal vez funcionarían, y muy bien, como base para guiones de alguna película de serie B que, no me engaño, muchos devoraríamos con fruición.

Autores relacionados:
Miguel Ángel Martín
Libros relacionados:
Brian the Brain
Psychopathia Sexualis

Viñetas para todos: El webcómic

6 de enero de 2011 en Cómic, Literatura, Literatura electrónica

Webcomics

Hemos hablado ya largo y tendido de las posibilidades de la Literatura 2.0, del texto digital en todas sus formas y maneras, de la adaptación de los géneros habituales a formatos nuevos, y de la creación de géneros novedosos que sólo pueden sobrevivir gracias a Internet. Y si hay un género del que se habla poco y sin embargo se consume cada vez más, ese es el webcómic.

No hay duda de que el webcómic en España todavía está en pañales. Exceptuando alguna tira más o menos conocida, como podrían ser Runtime Error, La Legión del Espacio, Chica de Serie B, y algunos más, no se trata de un producto muy consumido en nuestro país, como tampoco lo es, generalmente, en otros países europeos. No es así en Estados Unidos, donde se ha convertido en todo un fenómeno de masas, recibiendo los más populares de ellos millones de visitas diarias, llegando a subsistir sus creadores gracias a la publicidad alojada en su web y al merchandising asociado a su obra. Se celebran convenciones multitudinarias donde los guionistas y dibujantes más famosos firman camisetas, pósters y versiones impresas de su franquicia a largas colas de aficionados, y el usuario medio de Internet visita con la misma regularidad las actualizaciones de sus viñetas favoritas que sus redes sociales o su bandeja de correo electrónico.

Por supuesto, por cada tira de éxito hay cien desconocidas, páginas y páginas de guiones sin chispa dibujados con el acierto de un niño de siete años. La mayoría de estas producciones desaparecen en el vacío de Internet tras un par de meses, y sólo las más regulares y longevas consiguen el trofeo dorado de la fidelidad por parte de sus visitantes. Algunas respetan el formato del cómic tradicional, imitando su tamaño y estructura, otras prefieren el estilo de las típicas tiras de periódico, pudiendo ser simplemente orientadas al sketch diario o llegando a desarrollar complejos arcos argumentales. Algunas son adaptaciones de legendarios del papel (como es el caso de Dilbert, por ejemplo), otros acaban adaptándose al formato tradicional, y terminan vendiéndose sólo en versión impresa. Su mayor aliciente, por lo general, es que se trata de un producto gratuito, exceptuando algunas asociaciones en concreto que ofrecen un amplio abanico de productos de calidad a cambio de una tarifa mensual. En cualquier caso se trata de un elaborado ejercicio de amor al arte, debido al trabajo que implica la creación de cualquier webcómic decente, y la disciplina necesaria para mantenerlo activo con una periodicidad férrea. Son muy pocos los que llegan realmente a hacerse un nombre en un mundo cada vez más competitivo, y menos los que convierten éste, su hobby, en una profesión remunerada. Algunos lo han conseguido, obras como Penny Arcade, Questionable Content o Xkcd son rentables para sus creadores, otras han podido dar el paso a los periódicos o han sido adoptados por una editorial (aunque en este caso suele tratarse de autoediciones).

En España, y en el mundo hispanohablante en general, el género crece, y a través de páginas como WEE podéis encontrar una selección de cómics online bastante amplia. Todavía nos falta bastante para que cobre la importancia que tiene en Norteamérica, pero estoy segura de que poco a poco iremos desarrollando más y más productos de calidad en este ámbito. Mientras, los que se defiendan con el inglés pueden visitar páginas como The Webcomic List, con más de 17200 cómics en su base de datos. Casi nada.

Carpanta, el tebeo de la posguerra

1 de enero de 2011 en Autores, Cómic

Carpanta

Varios fueron los tebeos que triunfaron en la España de posguerra, y entre ellos hay que mencionar los evidentemente fantasiosos como El Capitán Trueno (creado por el dibujante Miguel Ambrosio “Ambrós” y el guionista Víctor Mora en 1956), Roberto Alcázar y Pedrín (de Juan Bautista Puerto y Eduardo Bañó, de 1940) o El Guerrero del Antifaz (de Manuel Gago, creada en 1944). El más polémico de ellos es sin duda el segundo de ellos, que ha sido sistemáticamente criticado por ser considerado afín a la ideología fascista, algo que sus creadores siempre han desmentido. En palabras del crítico Pedro Porcel:

Si la imputación viene dada por el sistemático recurso a la violencia para la resolución de los problemas, debemos recordar que tal actitud nunca ha sido específicamente fascista y que aunque así se creyese es compartida por la totalidad de los héroes de papel del momento tanto españoles como extranjeros (…)

No hay que olvidar con respecto a este cómic que uno de sus guionistas más importantes fue precisamente José Jordán Jover, un militar republicano que sufrió las represalias del régimen franquista tras la finalización de la Guerra Civil de 1936.

Pero aunque estos cómics se contaron entre los más populares de la época, no podemos olvidar a otros que, alejados de ambientaciones exóticas, transcurrían en la España contemporánea. La única manera de pasar por alto la censura fue, por supuesto, darle un cariz cómico a los argumentos. Francisco Ibáñez es, por méritos propios, el más importante e internacional de nuestros dibujantes de humor, siendo sus personajes más conocidos los inefables Mortadelo y Filemón (que han estado ininterrumpidamente con nosotros desde 1958), los alocados protagonistas de El botones Sacarino (1963), el miope Rompetechos (1964) y Pepe Gotera y Otilio (1966), sin olvidar una de sus más magistrales series, la de 13, Rue del Percebe, iniciada en 1961. No es difícil, ojeando las historias de estos divertidos personajes, darse cuenta de la carestía económica de la época, pero nunca deja de ser un trasfondo más o menos amable que es utilizado como recurso humorístico.

Dentro del cómic humorístico de la posguerra, y una vez mencionado a Ibáñez, es preciso hablar de Josep Escobar i Saliente, más conocido como Escobar, autor de una de las series más populares del cómic español de todos los tiempos, Zipi y Zape. Zipi y Zape, iniciada en 1948, narra las aventuras y desventuras de dos gemelos muy peculiares, siendo dos secundarios de lujo e imprescindibles sus padres, Don Pantuflo y Doña Jaimita, y su profesor, Don Minervo. Pero poco nos pueden decir las aventuras de estos dos hermanos sobre la situación social de la época, siendo fácilmente identificables como miembros de la burguesía acomodada catalana de la época. Sin embargo, las estrecheces de aquellos años de autarquía (aunque finalmente se superara este tipo de régimen económico) fueron reflejadas más fielmente en el otro gran personaje de Escobar, Carpanta.

Carpanta es un vagabundo sin techo cuya mayor preocupación es la de comer, leitmotiv de la obra. Carpanta nació en 1947, y no es extraño que tuviera problemas con la censura debido a que no podía ser bien visto un personaje que pasaba un hambre constante (de ahí los nuevos diálogos en los que este mendigo ya no pasaba hambre, sino que tenía apetito). No tuvo ningún problema la censura, después de todo, con que Carpanta, que sufría de un apetito extremo (posiblemente ocasionado por una gula nada bien disimulada y no por la carencia de algo que llevarse a la boca, debían pensar los lectores que no pudieron acercarse a sus primeras intervenciones en las revistas de la época) tuviera fijada su residencia bajo un puente. Se mire como se mire, Carpanta fue el reflejo de una época de adversidad para las familias españolas, y aunque reviste de comicidad y la crítica social tan sólo se intuye, es una buena muestra de que, en tiempos de Franco, y contrariamente a lo que decía aquella frase bien publicitada de “En la España de Franco nadie pasa hambre”, sí había gente que malvivía. Tanto que, movidos por caridad cristiana, algunas personas enviaron comida y dinero a los editores de Carpanta para que este pobre hombre no pasara tanto “apetito”.

Autores relacionados:
José Escobar Saliente
Víctor Mora

Lecturalia Lecturalia