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Entradas de la categoría ‘Ciencia-Ficción’

La krakatita y Estrella roja, dos joyas recuperadas

11 de Marzo de 2010 en Ciencia-Ficción, Literatura

Krakatita

Dentro del incesante bombardeo de novedades editoriales que nos sacude día sí, día también, a veces descubre uno ciertas alegrías que pequeñas editoriales tienen a bien sacar de manera sorprendente. A veces incluso aparecen de dos en dos, como es el caso.

En primer lugar, El olivo azul presenta una obra inédita en castellano del gran Karel Capek, autor checo que es uno de los grandes de la ciencia ficción cuando ni siquiera sabía nadie lo que era eso en realidad. Suyo es el termino robot, que creó para su obra de teatro R.U.R, siendo autor de novelas como La guerra de las salamandras (1936) o La fábrica del absoluto (1922) verdaderos clásicos del género.

Pues bien, La krakatita (1924), nos cuenta la historia de Prokop, un ingeniero que descubre el poder de la krakatita, capaz de liberar energía a partir de cualquier materia y de ese modo destruir ciudades, ejércitos, casi cualquier cosa. Tras un accidente de laboratorio descubre que le ha pasado la fórmula a su ayudante al que no puede localizar. Ahí empieza una búsqueda y huida al mismo tiempo con gobiernos, princesas y anarquistas de por medio.

Hacía tiempo que había oído hablar de esta novela y es una verdadera suerte que la gente de El olivo azul la recupere. Las obras de Capek son escasas y era una lástima que esta permaneciera fuera de nuestro alcance en castellano y con una edición decente.

En segundo lugar tenemos una obra anterior a La krakatita, estamos hablando de Estrella roja, una obra de 1908 y escrita por Alexander Bogdánov, que Nevsky Prospects, en su labor de recuperar textos de literatura rusa, ponen a nuestro alcance.

Bogdánov no destacó por ser un escritor muy afamado, pero su propia vida personal daría para hablar largo y tendido. Hombre de confianza de Lenin, llegó a ser el número dos del partido Bolchevique, fue desde economista a científico y promotor del arte soviético. Autor de experimentos increíbles, murió víctima de uno al intentar conseguir la vida eterna. Un tipo cuanto menos peculiar, ¿verdad?

Estrella Roja

Si La krakaita es una distopia, como suele ser habitual en Capek, Bogdánov nos enfrenta a una utopía socialista situada en el futuro -como preludio a otras grandes obras del género en la Unión Soviética-, con un estilo que podríamos calificar de retrofuturista, un steampunk natural y con anticipación sobre la fusión atómica y aparatos como el vídeo-teléfono.

De esta obra de Bogdánov no había escuchado nada, pero ya estoy deseando hincarle el diente lo antes posible. No puedo evitarlo, tanto la figura del autor como la historia, a lo Julio Verne pero en soviet, me fascinan.

Estos dos libros son ejemplos excelentes de la capacidad de editoriales pequeñas para ofrecer títulos originales que no deberían verse afectados por los cambios tecnológicos: ¿es necesaria para la editorial una versión de ebook para este tipo de libro? Yo creo que con lo pequeño de su mercado se pueden dedicar a editar libros y no a pensar en cuentas y números.

Autores relacionados:
Alexander Bogdanov
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La Krakatita

La era del diamante, de Neal Stephenson

24 de Febrero de 2010 en Ciencia-Ficción, Literatura

La era del diamante

Neal Stephenson es un hábil demiurgo. En 1996, su obra La era del diamante: Manual ilustrado para jovencitas obtuvo tanto el premio Hugo como el Locus, dos de los premios de ciencia ficción y fantasía más importantes a nivel internacional. La complejidad de la obra, su lectura a interminables niveles y su desarrollo de diversas teorías e investigaciones referentes al fascinante mundo de la nanotecnología, le han valido a este escritor un gran éxito que se ha mantenido también con sus novelas posteriores, entre las cuales destaca la ya clásica Criptonomicón, gran favorita de hackers, criptógrafos e historiadores por igual.

Al igual que cada era del hombre se ha visto representada por un metal o material (la era del bronce, la era del hierro, etc.), “la era del diamante” tiene varios significados. Por un lado el título nos habla del contexto temporal de la obra, un futuro más o menos lejano en el que la construcción de estructuras diamantinas a través de la nanotecnología define la estructura tecnológica de la sociedad; y por otro lado habla de la formación social: en este futuro posiblemente distópico el mundo se divide en phyles o tribus, siendo las más importantes Nueva Atlantis, una formación neo-victoriana, la Han (china) y la Nippon (japonesa), existiendo asimismo muchas otras tribus menores. La referencia al diamante surge de la época de la reina Victoria de Inglaterra, época que intentan recrear los neovictorianos, la tribu alrededor de la que se desarrolla gran parte de la narración.

La inmensa cantidad de información presente en la obra puede resultar, sobre todo para aquellos de nosotros menos educados en las maravillas de la ciencia y la tecnología, abrumadora. La era del diamante no es un libro de rápida asimilación, y se presta a lecturas repetidas para terminar de entender muchos de los aspectos de ésta. Lo que queda claro es que nos encontramos, en el fondo, ante una bildungsroman, una novela de aprendizaje por la cual Nell, nuestra protagonista, se educa y crece mediante el apoyo de un “manual”, un libro interactivo que la prepara para enfrentarse a la vida, guiada por la inteligencia artificial de este libro-máquina y a la vez por la “ractriz” real que se oculta tras el libro y con quien Nell formará un vínculo filial. Stephenson explora, a través de este libro, los límites de la inteligencia artificial, ya que aunque en su obra aparecen diversos ejemplares de este manual, sólo el de Nell la conduce a una madurez completa y funcional, debido al apoyo de esta figura humana y maternal, y a la vez tropieza con la metaliteratura conforme se fusiona la vida de Nell con la vida descrita, mediante cuentos de hadas, en el libro. El proceso de aprendizaje de Nell se muestra en el abigarrado contexto social y cultural de este extraño mundo futurista que nos presenta el autor, donde se explora el uso de la información como poder absoluto, la relevancia de la educación, y el eterno enfrentamiento entre Oriente y Occidente. Este mundo se ubica unos 80 o 100 años posteriores en el tiempo al mundo de Snow Crash, novela de la que ya hablamos en Lecturalia.

La habilidad de Stephenson para crear mundos tecnológicamente subversivos nace, probablemente, de su procedencia de una familia de científicos. Sin embargo sus mundos extraños crean personajes extraños, con los que resulta muy difícil crear una simbiosis lectora, y su narrativa a menudo se ve disminuida por un exceso descriptivo que impide el desarrollo fluido de la trama. De cualquier forma sus tramas siempre resultan múltiples, con ramificaciones elocuentes frecuentemente gratuitas cuya única intención es mostrar nuevos o diferentes aspectos del universo que ha creado. Sea como sea, es posible que Stephenson no sea el narrador más eficiente al otro lado del charco, pero sin duda es un demiurgo impresionante.

Autores relacionados:
Neal Stephenson
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La era del diamante

El libro de Avatar

18 de Febrero de 2010 en Ciencia-Ficción, Literatura

Avatar Pop-Up?

Pocas películas como Avatar han conseguido hacer que todo el mundo se rasque el bolsillo -más difícil todavía en tiempos de crisis- para ir al cine, actividad que más de uno sólo recordaba de sus tiempos de adolescente o previos a la contratación del ADSL.

Pero no podemos engañarnos, la historia que Cameron, como guionista, creó para Avatar no era la más compleja del mundo, dejando a un lado, como ya comentamos en otra ocasión, la infinidad de influencias recibidas a la hora de construir las aventuras en Pandora.

Además de las promesas de Cameron sobre la secuela de Avatar, en la que, según dice, va a mejorar mucho el apartado del guión, algo, por otra parte, sencillo, también nos llega la noticia, por parte de su productor Jon Landau, del interés de Cameron por publicar un libro explicando el mundo de Pandora.

La novela, que sería la primera incursión narrativa de Cameron al margen de sus guiones, sería una precuela de los hechos acontecidos en Avatar, con la fundación del mundo de los Naavi, la muerte de Tommy -el que iba a ocupar el puesto de enlace en Pandora en lugar de su hermano marine-, y la labor de enseñanza por parte del personaje de Sigourney Weaver.

¿Será realmente Cameron quien escriba el libro? ¿Será una de esas historias en las que un autor de ciencia ficción firmará la coautoría con el director, como en Nocturna? ¿Logrará una tirada descomunal en busca del efecto arrastre de la película? Y lo más importante, ¿será un libro pop-up para no perder el efecto 3D?

La respuesta a todas esas preguntas llegará, si nada se tuerce, este mismo año 2010. Hagan sus apuestas.

J.G Ballard y el arte contemporáneo

17 de Febrero de 2010 en Actividades, Arte, Autores, Ciencia-Ficción, Literatura

Ballard arte

J.G Ballard fue el escritor visionario de una sociedad que no quería profetas de su propia decadencia, de ahí que su obra se moviera siempre a caballo entre lo más intelectual y el underground más pop.

Con los años la figura de Ballard fue creciendo -el impacto de ser adaptado por Spielberg en El Imperio del Sol, y luego por David Cronenberg en varias ocasiones elevó su posición varios enteros-, para acabar siendo un autor de género que nunca, en realidad, estuvo ni dentro ni fuera de la ciencia ficción, en una paradoja propia de la esquizofrenia habitante de muchos de sus personajes.

La influencia de Ballard a su alrededor, reconocida o no, o simplemente la conexión del escritor con otros artistas de su tiempo, ha servido como excusa a la Galería Gagosian de Londres para inaugurar una más que interesante muestra: Crash, homenaje a J.G. Ballard.

Desde el 11 de febrero al 1 de abril se podrán disfrutar obras que podrían encajar en el peculiar universo ballardiano sin demasiados problemas, contando con autores de primer nivel como Francis Bacon, Salvador Dalí, Andy Warhol, Roy Liechtenstein o Douglas Gordon.

Sin duda, una manera interesante de comprobar hasta qué punto la pluma de Ballard era capaz de transcribir lo que pasaba por la mente de generaciones de artistas atrapados en cambios sociales y que se enfrentaron a un nuevo mundo tecnológico, vacío y pequeñoburgués.

Ballard Palabras

Autores relacionados:
Andy Warhol
James Graham Ballard
Salvador Dalí

El Barómetro de Lectura y los géneros

Terror Best Seller

Como cada año, la Federación de Gremios y Editores de España nos ofrece un detallado análisis de los hábitos lectores (frecuencia, número de libros, razones de no lectura, asistencia a bibliotecas), los cuales analizaremos en profundidad más adelante.

Uno de los apartados que siempre me llama la atención en el barómetro es el que pregunta por géneros literarios favoritos y odiados. Es curioso lo ambiguo de los nombres utilizados, ¿qué se entiende por género de aventuras? ¿en qué se diferencia de la literatura histórica de acción que está tan de moda? ¿Y la ciencia-ficción y fantasía? Vamos, que largo fían la novela de aventuras a menos que pregunten por clásicos como Salgari o Verne, ya que hoy en día la hibridación de argumentos es total y absoluta.

Eso me lleva a preguntarme qué es el género Best Seller, ya que al parecer no le gusta a nadie y, en teoría, agruparía a las obras de Brown y Coelho, por poner un ejemplo, dos de los autores más vendidos. ¿No sería entonces esa la definición de la novela histórica, la gran aglutinadora, ya que ella sola puede ser policial, fantástica, romántica, de aventuras e incluso juvenil, y además se dispone como en años anteriores al principio de la lista?.

Con la literatura romántica es curioso ver que es a la vez uno de los géneros más odiados y a la vez más queridos, sin dejar de ser también, claro está, uno de los más vendidos. La explicación es sencilla: este género cuenta con un gran apoyo femenino -aunque no total-, pero sufre el rechazo casi unánime de la población masculina.

Por último me gustaría hablaros del Terror, uno de los grandes vilipendiados en las encuestas, pero que luego mantiene unos niveles más que aceptables de ventas con, sin ir más lejos, Stephen King, o con toda la literatura de zombis que se ha puesto tan de moda. Si hay mucho más terror que otros años en el mercado… ¿no será que mucha gente piensa que está leyendo aventuras o best-seller? El terror se hibrida bien, no hay más que mirar las novelas policiacas de John Connolly, ¿qué son, novela negra o de terror? Supongo que la respuesta, como el resto de estos barómetros, dependerá mucho del entrevistado. Leer histórica queda bien y ahora la novela negra es lo mejor… igual si dices que lees novelitas de terror te creas fama de chico raro. Quién sabe, con el fenómeno crepúsculo y el auge del romance paranormal, igual el barómetro de dentro de cuatro o cinco años nos da una sorpresa de lo más interesante, con géneros como el terror y el romántico en lo alto de las preferencias de los cuatro lectores que quedarán en España

Autores relacionados:
Dan Brown
John Connolly
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Stephen King

Premio Minotauro 2010 para Víctor Conde

Víctor Conde Minotauro 2010

Víctor Conde ha resultado ganador del Premio Minotauro 2010 gracias a su obra Crónicas del Multiverso, llevándose de ese modo los 10.000 euros con los que Planeta-Minotauro dota al premio (que ha adelgazado desde los 18.000 euros de sus inicios).

El jurado, como en años anteriores, integraba a Fernando Delgado, Juan Eslava Galán, Laura Falcó, Ángela Vallvey y al ganador del año pasado, Fernado J. López del Oso.

Hacía tiempo que no se premiaba una novela de ciencia-ficción en el Premio Minotauro, y todo apunta a que Crónicas del multiverso entraría en un género cercano a la space opera y al llamado New Weird.

Enhorabuena a Víctor Conde, pero, como en otras ocasiones, el Premio Minotauro no da ninguna sorpresa y ha recaído en el autor que todo el mundo esperaba sin dejar demasiado margen a los finalistas.

Autores relacionados:
Ángela Vallvey
Fernando Jiménez López del Oso
Juan Eslava Galán
Víctor Conde

Las leyes de la robótica

31 de Enero de 2010 en Autores, Ciencia-Ficción, Literatura

Robotica

Un robot no puede lastimar a un ser humano, ni por inacción permitir que un ser humano sufra daño.
Un robot debe obedecer a un ser humano, excepto si las órdenes entran en conflicto con la primera ley.
Un robot debe proteger su existencia, siempre y cuando tal protección no entre en conflicto con la primera o segunda ley.

Formuladas por el escritor del género especulativo Isaac Asimov, las tres leyes de la robótica (actualmente consideradas válidas por la propia comunidad científica) tienen como función mantener controlados a los seres creados por el hombre. La enorme trascendencia de estas tres leyes se refleja en la literatura en general, dando origen a numerosos relatos como Tik-Tok de John Sladek, en el que un fallo de hardware anula la primera ley y convierte a un robot en un asesino; o Primera Ley del propio Asimov, donde un robot deja abandonado a un ser humano en las terribles tormentas de arena de la Luna por ir a cuidar a un animal al que ha cogido bajo su protección. La especulación al respecto de las tres leyes de la robótica ideadas por el escritor y científico es inmensa, la propia manipulación de estas leyes por parte del ser humano se observa en El pequeño robot perdido, también de Asimov, donde el ejército utiliza robots con la primera ley modificada con el fin de que no se expongan a peligros innecesariamente, ya que son demasiado valiosos.

Esta temática, repleta de los habituales temores del hombre a ser dominado por sus propias creaciones, se desarrolla ampliamente en narraciones como Yo, robot (Asimov) o Segunda Variedad (Philip K. Dick) donde, en el primer caso, una inteligencia artificial decide que para proteger a los seres humanos hay que prescindir de la opinión de los propios seres humanos, y en el segundo el hombre crea robots de guerra tan perfectos que acaban volviéndose en su contra. Dick además juega en este relato, como en tantos otros de su autoría, con la confusión hombre-máquina, la idea de que el hombre pueda crear una máquina tan parecida a él mismo que no sepa distinguirla de un ser humano. De hecho, en el cuento Infiltrado o en La hormiga eléctrica, el propio protagonista desconoce que él es un robot, y en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? los personajes deben someterse a pruebas continuas para demostrar su condición humana. No sólo se contempla la posibilidad de ser un robot sin saberlo, Algis Budrys trata, por otro lado, la progresiva transformación de un hombre en robot y las implicaciones psicológicas que esto produce. Este constante recurso en la literatura en general y en el género de la ciencia ficción en particular nos habla de unos Estados Unidos y Europa, a mediados del siglo XX, en la que la rápida tecnificación e introducción de asombrosos inventos y avances, unidos al consumismo y a la renovación política tras la Segunda Guerra Mundial, contribuyen a un clima de esperanza y a la vez temor hacia la ciencia y su boom de aportaciones casi heréticas.

Asimov añadió posteriormente una cuarta ley, probablemente desarrollada para justificar la trama de su archiconocida Fundación, llamada la “Ley Cero”: Un robot no puede dañar a la humanidad, o a través de su inacción, permitir que se dañe a la humanidad. De esta manera, los robots pasan de estar al servicio de la Humanidad a convertirse en seres superiores, auditores del destino del hombre. El hombre ha pasado de ser Dios a crearse un nuevo Dios, su criatura ha cambiado y evolucionado, y vela por los intereses de su padre.

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Isaac Asimov
Philip K. Dick
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Android Karenina

27 de Enero de 2010 en Ciencia-Ficción, Literatura, Narrativa

Android Karenina

Dentro de la dinámica de “otra vuelta de tuerca” en que parece haberse metido una parte del mercado editorial anuncian la llegada a las estanterías de Android Karenina, reescritura del clásico de Leon Tolstoi que se convierte ahora en una novela de ambiente steampunk. Al igual que sus antecesoras la versión sigue el esquema del original y la historia principal sigue siendo la relación adúltera entre Ana Karenina y el Conde Vronsky pero, en lugar de encontrarnos en la Rusia del XIX estamos en un mundo distópico donde los robots empiezan a rebelarse contra sus creadores.

El libro será publicado en junio, en los EE.UU., por la editorial Quirk Books responsable editorial de otros mash-up, comenzando por el que inició la moda, Orgullo y prejuicio y zombis de Seth Grahame Smith y siguiendo por Sentido y sensibilidad y monstruos marinos de Ben H. Winters, autor que firma, junto a Tolstoi, este Android Karenina. Winters parece ser un “escritor de la casa” ya que se encarga de la colección Worst-Case Scenario serie de libros de humor con títulos como Guía de bolsillo del peor escenario: Nueva York, o Guía del peor escenario: Escuela Secundaria, publicados por Quirk Books.

En este tipo de novelas es habitual que el nombre del autor del original aparezca junto al del reescritor o perpetrador del invento y así han hecho con Tolstoi. El escritor ruso no era conocido precisamente por su sentido del humor y no creo que entendiera que se convierta una novela que describía y criticaba la aristocracia rusa en una novela de ciencia ficción, pero, al fin y al cabo, no deja de ser una manera de dar a conocer obras clásicas a un público que estará mayoritariamente alejado de ellas, aprovechando de paso para divertirse.

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Avatar: Cameron, Anderson y los Strugatski

18 de Enero de 2010 en Ciencia-Ficción, Literatura, cine

Avatar

De todas las polémicas que están acompañando al brutal éxito de la película de James Cameron me llama la atención las voces que se han alzado desde Rusia clamando por un plagio destacado del universo de los hermanos Boris y Arkadi Strugatski.

Poco conocidos en España, si nos alejamos de los círculos dedicados a la ciencia ficción, el mayor éxito de los hermanos escritores fue Es difícil ser Dios, cuya adaptación cinematográfica, El poder de un dios, logró darle cierto empujón a su carrera en toda Europa.

Para que nos situemos, los hermanos Boris y Arkadi han publicado más de 25 novelas y dado a luz, a lo largo de veinte años de escritura, a un universo propio y detallado que, como no podía ser de otra forma, ha tratado decenas de ideas y tópicos dentro de la ciencia ficción.

Por lo visto el problema que han visto los rusos es en el nombre del planeta elegido por Cameron, Pandora (aunque por ahora nadie de Grecia ha reclamado el nombre), que en las novelas rusas también es un planeta lleno de vegetación y criaturas asombrosas. Lo cierto es que la comparación para ahí, ya que ese planeta es usado en el Universo Noon para cazar y poco más. Hay, sin embargo, otro planeta en el que podría verse una similitud, Tagora, habitado por unos seres lagarto y en el que habita, o espía, un ser humano.

También se habla de que una de las razas de Pandora, creo recordar que son una especie de perros, son llamadas Nave y los aliens de Cameron son los Navi. Bueno, ¿coincidencia? A saber.

Y es que las ideas de Cameron en Avatar no son nada nuevas, ni tienen por qué serlo, ya que su guión, además de sus evidentes similitudes con cierta historia acerca de unos colonos americanos y una princesa india, está pensado para dar rienda suelta a más de dos horas de puro espectáculo y entretenimiento palomitero. Si se disecciona la película se parecería más a Es difícil ser Dios, en la que un ser humano se mezcla con una civilización diferente, que en cualquiera de las novelas del Universo Noon.

Nueva dimensión

Además, si hay que buscar una probable influencia literaria en Avatar, sería Llamadme Joe, un relato de Poul Anderson, uno de los clásicos entre los clásicos de la ciencia ficción americana, escrito en 1957 y cuyo argumento trata de la exploración de Júpiter utilizando formas de vida artificiales controladas de manera telepática. Joe, el protagonista, usa también una silla de ruedas, como el militar de Avatar. No hay mucho más en común, ¿mucha pelea en un entorno exótico, tal vez? De cualquier forma, si hubiera que señalar a alguien como gran influencia sobre Cameron, yo creo que Anderson es más plausible que los hermanos Strugatski.

El cuento en cuestión está más que descatalogado, salió publicado en castellano en el número 108 de la mítica revista Nueva Dimensión allá por 1979, aunque si se tiene mucha curiosidad parece ser que circulan varias copias en Internet, disponibles ahora supongo que por ese parecido con Avatar del que hemos hablado.

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Snow Crash, de Neal Stephenson

14 de Enero de 2010 en Ciencia-Ficción, Literatura

Snow Crash

Neal Stephenson es un personaje cuando menos peculiar: capaz de escribir largas sagas de aventuras con complejos argumentos barrocos, como ya hemos hablado en El sistema del mundo y sus partes, como de saltar a la ciencia ficción más original y rompedora.

Mientras esperamos hincarle el ojo a Anatema, su última publicación en castellano, vamos a hablar de una de sus obras más conocidas y que Gigamesh nos devuelve en una nueva edición más cuidada y revisada.

Ante todo hay que decir que Snow Crash es una obra escrita en 1992, y casi todos los conceptos que en su día podían considerarse novedosos en esta novela han sido machacados y repetidos hasta la saciedad en libros, películas y series de televisión. Es una pena entonces que un lector actual no disfrute, como entonces, de la frescura de ideas que en un principio nos enseñó Stephenson.

Snow Crash podría considerarse una obra ligera dentro del trabajo de Stephenson. Lo cierto es que es endiabladamente divertida y con una historia que, aunque en apariencia sea sencilla, se complica lo suficiente para que ningún productor cinematográfico se haya atrevido con ella ya que, por otro lado, requeriría de una cantidad impresionante de dinero para recrear el universo del libro.

Pero hablemos del libro: En el futuro del infocalipsis los americanos sólo saben hacer tres cosas bien, música, películas de acción y entregar pizza a toda velocidad. En el universo real, compuesto de microciudades y clanes, Hiro Protagonist es un repartidor de pizza, trabajo nada sencillo en ese mundo futurista, y a la vez uno de los mayores guerreros del Metaverso, un ciberespacio mucho más parecido al que podemos intuir hoy en día que el que salió de la imaginación de William Gibson.

La aventura se mueve a dos niveles, el real y el virtual, en una frenética búsqueda del origen de snow crash, una droga capaz de reventarle el cerebro al mejor de los hackers. La criptología y la nanotecnología, dos constantes en la obra de Stephenson, son también una constante en la trama. Stephenson aprovecha para mostrarnos su visión de ese futuro en lo social, desde las ciudades encerradas en sí mismas a grupos de élite social, pasando por lugares y situaciones de una acción incontestable.

Snowcrash es, después de todo, una divertida novela en la que la aventura y el sentido de la maravilla son elementos plenamente soportados por unas bases de ficción especulativa que, tras veinte años, siguen aguantando sin fisura alguna. Ciencia ficción para pasar un rato de lo más entretenido. Háganme caso y atiendan a razones, me lo agradecerán.

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