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Entradas de la categoría ‘Biografí­as’

La génesis del María Moliner

25 de septiembre de 2011 en Biografí­as, Literatura

María Moliner

Inmaculada de la Fuente es bastante conocida como cronista de una época, la de la Guerra Civil y la posguerra, sobre todo desde el punto de vista de mujeres notables de ese convulso período de nuestra historia más reciente. Suyos fueron Mujeres de la posguerra: de Carmen Laforet a Rosa Chacel. Historia de una generación (2002) y La roja y la falangista. Dos perfiles de la España del 36 (2006), en donde nos habla de las hermanas De la Mora Maura, nietas del político Antonio Maura, cinco veces Presidente del Gobierno español entre 1903 y 1922. Ahora se atreve con una figura poco conocida de la posguerra, al menos desde el punto de vista biográfico. Porque, ¿quién no conoce la historia de María Moliner?

El Diccionario de Uso del Español de María Moliner es el diccionario preferido por muchos, incluso por delante del “oficial” de la Real Academia Española de la Lengua, pero lo que la mayoría no sabe es que María Moliner, que había estudiado historia en Zaragoza, no era ni filóloga ni nada parecido, sino una funcionaria del cuerpo de Bibliotecarios y Archivistas. En todo caso, Gabriel García Márquez le dedicó unas famosas líneas en las que ensalzaba la figura de la aragonesa, aunque a juicio de Inmaculada de la Fuente este homenaje póstumo dio una imagen de Moliner que no se ajustaba del todo a la realidad: no fue una ama de casa y abnegada madre que en sus ratos libres (y durante la friolera de quince años) redactó los dos tomos de un diccionario, fue una mujer de su tiempo (por ello lo de madre y esposa), que además tenía un trabajo para el Estado, que sacrificó su poco tiempo libre en la ilusión de su vida, que no era otra que la de realizarse profesionalmente a través de una obra que ya es inmortal. De la Fuente llega a afirmar que Moliner dedicaba el 90% de su vida al diccionario, que empezó a gestarse en 1952 y cuyo primer tomo vio la luz en 1966 (el segundo lo haría unos meses después, ya en 1967).

De ella dice:

Se pensaba que con ser abnegada y con estar entregada era suficiente, y por eso esa mujer recoleta era la imagen que nos iban difundiendo. Claro, era recoleta porque era una señora que estaba en su contexto, en su época y en su mundo. Pero tenía una gran ambición intelectual porque, aunque ella decía en plan chusco que era tenaz porque era aragonesa, que nunca habría terminado el diccionario si no hubiera sido una tozuda y una bruta, su motor era dejar una obra.

María Moliner fue considerada, según De la Fuente, como una intrusa por los académicos de su tiempo. ¿Quién era aquella bibliotecaria que había dedicado tres lustros en inventarse un diccionario que pretendía convertirse en esencial (y que, digámoslo claro, lo consiguió sobradamente)?

De la Fuente también aporta datos hasta ahora inéditos. Sí se sabía que había sido Dámaso Alonso el que puso a la editorial Gredos sobre aviso de que María Moliner estaba en mitad de algo que merecía la pena, pero no que firmó un contrato con ellos en 1955, y que el proceso de composición del diccionario, que ella iba entregando en fichas, sacó de sus casillas a los empleados de la imprenta, que estuvieron tentados de contactarla para pedirle, con muy buenos modales eso sí, “que no haga más cambios porque nos va a volver locos y humanamente esto no puede ser”.

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Los Libros Plúmbeos

18 de septiembre de 2011 en Biografí­as, Ensayo

Libros Plúmbeos

Resulta difícil cuantificar el número de falsificaciones históricas que han acompañado la historia del Cristianismo en sus casi dos mil años de vida. Centrándonos solamente en las puramente literarias, es enorme el número de hagiografías (algo así como biografías de los santos) que tienen una poco fiable base histórica, eso cuando no son directamente exageraciones que apenas tienen que ver con la realidad. Sirva como ejemplo el compendio hagiográfico más importante del Medievo, el Legenda Aurea, recopilación de la vida de casi doscientos santos reunida por Santiago de la Vorágine. No es estrictamente una falsificación: el autor estaba más preocupado por temas doctrinales y por hacer de la vida de los santos descrita un ejemplo para los lectores que de la fidelidad histórica. Sí que serían falsificaciones algunos de los llamados evangelios apócrifos, ya que intentaron pasar por inmediatamente posteriores a Jesucristo cuando, en realidad, fueron redactados bastante después. Ciertas imposturas (por ejemplo, la inclusión de ideas gnósticas) revelan que estos textos no son lo que aparentan.

Otra verdadera falsificación, mucho más reciente, sería la de los Libros Plúmbeos. Aparecidos en Granada, en lo que entonces se conocía como Valparaíso y ahora es el Sacromonte, a finales del siglo XVI, su presencia ya había sido vaticinada en 1588. En esa fecha, y durante las obras de demolición de una antigua mezquita para convertirla en templo cristiano, apareció entre los escombros una caja metálica en cuyo interior se encontraron unos huesos, un pergamino, y una imagen de la Virgen. El pergamino, escrito en latín, castellano y árabe, hablaba de Cecilio, un mártir cristiano de origen árabe que había llegado a la ciudad acompañando a Santiago, y al que la Virgen había dado un encargo importante: el de ocultar una serie de documentos en los alrededores. Estos documentos fueron los Libros Plúmbeos, veintidós discos de plomo, de aproximadamente diez centímetros de diámetro, que estaban escritos (lo cual demostraba claramente que se trataba de una falsificación) en un tipo de árabe no cursivo, sin puntos diacríticos ni vocales, al que se denominó “letras salomónicas”. Obviamente era una impostura histórica: el árabe no existía todavía como lengua literaria en los tiempos inmediatamente posteriores a Jesucristo, por lo que era difícil que un compañero de Santiago hubiera sido el responsable de ocultarlos.

La falsificación, que como podemos ver había sido planificada al detalle, tuvo una motivación política: acababan de terminar las Guerra de las Alpujarras, y se estaba expulsando a la población morisca (esto es, musulmanes conversos al cristianismo) del Reino de Granada. Los Libros Plúmbeos, según las investigaciones más fiables, fueron un ardid de un grupo de moriscos de las clases superiores para justificar la presencia de árabes en la época romana. Y no sólo de árabes, sino de árabes cristianos, como el propio Cecilio. Si se convencía a la Corona de que había habido árabes antes del 711 en la Península, se echaría por tierra una de las principales ideas de la Reconquista, la de que los árabes eran recién llegados que debían ser expulsados de la península. La idea, pese a lo elaborado de la falsificación, no llegó a buen puerto, y todos los moriscos de Granada fueron expulsados. El exilio fue doble, porque también los Libros Plúmbeos fueron sacados de la ciudad y llevados al Vaticano, en donde permanecieron hasta que en el año 2000, y después de múltiples peticiones del consistorio de la ciudad, fueron devueltos al Sacromonte, en cuya abadía descansan hoy día.

El único árabe cristiano que quedó en Granada, por cierto, fue el supuesto Cecilio (más bien sus huesos), que se convertiría en patrón de la ciudad. Como vemos, no hubo problema ninguno en tachar de falsos los libros y, en cambio, tomar por verdaderos los restos del mártir, y el pergamino y la imagen de la Virgen que los acompañaba.

Todo sobre el fénix de los ingenios

17 de septiembre de 2011 en Autores, Biografí­as

Lope de Vega

Más allá de su incesante y prolífica producción literaria, que le valió apelativos como el de fénix de los ingenios o el tal vez menos cariñoso de monstruo de la naturaleza (dado por Miguel de Cervantes, con el que tuvo una relación con muchos altibajos), la importancia cualitativa de Lope de Vega suele pasar a un segundo plano. Pero no hay que olvidar que estamos hablando del autor que revolucionó la dramaturgia, creando una Comedia Nueva (que teorizó en su libro Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo, de 1609) de la que fue máximo exponente junto a otros dramaturgos como Calderón de la Barca, y que rompía con las reglas comúnmente aceptadas desde la Antigüedad tales como el no mezclar Comedia con Tragedia, o las unidades de acción, de lugar y de tiempo.

Han sido muchos sus biógrafos, siendo el primero de ellos (que cifró en 1800 sus obras teatrales) Juan Pérez de Montalbán, muy cercano a él. Posteriormente también escribieron sobre su vida y obra Cayetano Alberto de la Barrera, Américo Castro, Hugo Renner, Karl Vossler, Luis Astrana Marín o Ramón Gómez de la Serna. Ahora ve la luz una amplísima nueva biografía titulada inequívocamente Biografía de Lope de Vega. 1562-1635, con más de 800 páginas y a un precio de 45 euros, que pretende ser exhaustiva. En palabras de su autor, José Florencio Martínez:

Lope de Vega es un clásico incuestionable, aunque mal conocido, y al ser un autor popular, los expertos han tendido al superlativo y a quedarse con los tópicos.

Los tópicos son muchos: el más prolífico creador literario de nuestra historia, amigo de Quevedo y enemistado con Góngora, enamoradizo y mujeriego. Martínez, que ha tardado una década en terminar esta obra, habla de todo esto, matizándolo, y cubre un hueco que él considera importante: aunque Lope de Vega tiene consideración de clásico, y sus obras siguen representándose con asiduidad cuatrocientos años después, sus numerosas biografías (muchas de ellas, como hemos dicho, llenas de tópicos) no se reeditan. Martínez cita la de Américo Castro de 1919 como uno de los últimos trabajos realmente interesantes que se hicieron sobre el dramaturgo. También apareció mucho material a raíz de la celebración en 1935 del tercer centenario de su muerte, pero el nuevo interés que surgió en esa fecha gracias a la efeméride se vio truncado, como tantas otras cosas, por la Guerra Civil española que empezó al año siguiente.

Una de las cosas que el libro ayudará a redescubrir es el valor literario de Lope más allá del mundo del teatro. Se le suele asociar principalmente a sus piezas teatrales, olvidando que también cultivó la prosa (con varias novelas a sus espaldas) y, sobre todo, la poesía. Esta nueva biografía también pretende ser una antología de su obra poética, inadvertida para muchos lectores posteriores por una fácil cuestión: si en teatro su predominio es incontestable, más allá de que hubiera otros autores importantes en su tiempo, en poesía tuvo que vérselas con Villamediana, Quevedo, y con el que realmente fue el puntal, Góngora, incomprendido en su tiempo aunque su obra ya haya sido rescatada posteriormente y considerada en su justa medida.

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Nombres de escritores y cómo quedar como un tipo listo

14 de septiembre de 2011 en Autores, Biografí­as

Reconozcámoslo: a todos nos gusta quedar bien hablando de libros sesudos, los hayamos leído o no, lanzando citas sacadas de viejos almanaques aptas para cualquier ocasión y, cómo no, corrigiendo a un amigo cuando nos está robando el protagonismo en una fiesta.

Para esto último no hay mejor ayuda que una tabla que acabo de ver en Booklicious y que es toda una joya para los amantes del puntillismo y que se niegan a seguir la regla no escrita en la que ante una palabra compuesta en un idioma extranjero siempre hay que pronunciar una parte bien y una mal, ya que pronunciar las dos bien es de pedante y las dos mal, de paleto.

Pues bien, esta regla (también llamada Ley White Label) podría ser aplicada a los nombres de famosos escritores extranjeros, ya que muchos de ellos tienen unos apellidos de lo más peculiar que son pronunciados un poco como más nos da, o como le hemos escuchado a alguien alguna vez en algún lugar. Vamos, que no tenemos ni idea. Para quedar como auténticos connoisseurs o para darle en los morros a otro connoisseur, podemos aprendernos algunos de estos nombres y su pronunciación (atención que está preparado para anglófonos, pero se entiende bastante bien).

Nombres de autores

Recomiendo, por eso de la actualidad, fijarnos que Michel Houellebecq sería “Uellbeq“, nada de “Jalebeq“, como a más de un crítico literario se le ha escapado por la radio, o que Thomas Pynchon se pronuncia “Pinshan” y no “Pinchon” (o Painchón). Es un respiro también saber que a Palahniuk hay que nombrarlo como “Palanik”. Aunque ahora que miro… eso de que a Borges haya que llamarlo “Borjais” me suena a complot gafapasta para desacreditarnos a partir de ahora en presentaciones literarias y cócteles de alto copete.

El diario de Akira Otsuka

6 de septiembre de 2011 en Biografí­as, Literatura

La guerra del pacífico de los estudiantes

Acaba de ver la luz el libro La guerra del Pacífico de los estudiantes, todavía no traducido al español, escrito por Makoto Kumagai. Kumagai, que hoy cuenta con ochenta y ocho años, se ha basado fundamentalmente en un documento de gran importancia para entender la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista japonés, el diario de su antiguo compañero de secundaria Akira Otsuka, muerto el 29 de abril de 1945 en Okinawa en una acción suicida. Porque Otsuka, que antes de que Japón declarara unilateralmente la guerra a EEUU estaba preparándose para ingresar en la Universidad, había sido designado por sus mandos para efectuar un ataque kamikaze contra la Armada estadounidense. Hay que hacer notar que el vocablo kamikaze (de kami, dios, y kaze, viento), que se ha popularizado en todo el mundo, no es el utilizado por los propios japoneses, que prefieren llamar a estas unidades suicidas tokktai, abreviatura de Unidad Especial de Ataque Shinpu.

Otsuka, que era poco más que un adolescente en 1945, escribió un diario los meses anteriores a su muerte, siendo la última entrada del diario la del 19 de abril, diez días antes de su ataque. No existe en Occidente mucha bibliografía sobre el punto de vista japonés de la II Guerra Mundial, habiendo preponderado en este caso la opinión estadounidense acerca del frente del Pacífico y sus enemigos asiáticos, pero el nipón suele ser mostrado como un pueblo fanático que sigue ciegamente todas las órdenes de los altos cargos del ejército y que considera al emperador poco menos que un dios. En el diario de Akira Otsuka esto último parece confirmarse: no existe ninguna duda de la naturaleza divina de Hirohito y del propio Japón, patria bendecida por los dioses, pero el fanatismo, el cumplimiento a toda costa de las órdenes, no queda exento de dudas. Otsuka no quería morir, y se sentía mal por ello. Sus remordimientos le llevaron a escribir, el 1 de abril de 1945, menos de un mes antes de su muerte:

Japón, una nación divina, definitivamente tiene que ganar. Creo que debería ser un buen hijo de la patria y morir por la causa imperial. Pero, ¿es egoísta querer seguir viviendo y cumplir con mis deberes hacia mis padres?

Una entrada fechada el 4 de abril rezuma patetismo: Otsuka viajó durante un permiso a casa de sus padres, en donde les da la noticia de que ha sido designado para un ataque suicida. “Su rostro se ensombreció por un momento, pero me animó a llevar a cabo mi misión, pensando en la situación del país y mi responsabilidad“, escribió sobre su padre. Tras el permiso el joven soldado se reincorporó a su destacamento. Nunca volverían a verlo. Ni siquiera se sabe a ciencia cierta si su ataque tuvo éxito o si fue derribado antes de que el cuarto de tonelada de explosivos que transportaba en su avión monoplaza hiciera el efecto devastador deseado.

El diario de Otsuka, que estuvo en manos del ahora octogenario escritor Makoto Kumagai, ha sido donado a un museo de Tokyo, el de “Voces desde el océano”, que tiene gran cantidad de material de estudiantes japoneses que vieron truncada su vida durante un período que literalmente despobló Japón de varones jóvenes.

“En aquellos días, no podíamos decir que queríamos vivir“, dijo Kumagai. “Otsuka probablemente escribió en el diario lo que había en su corazón, exponiendo sus sentimientos reprimidos”.

Edgar Allan Poe y el misterio de la bella cigarrera

25 de agosto de 2011 en Autores, Biografí­as, Narrativa

Edgar Allan Poe y el misterio de la bella cigarrera

Edgar Allan Poe y el misterio de la bella cigarrera es una curiosa propuesta que nos hace Daniel Stashower en la que mezcla la investigación de un crimen y la biografía de Poe con el mar de fondo del nacimiento de la prensa amarilla en Nueva York. La muerte de Mary Rogers se cruza con la vida de Poe y sus desesperados intentos de sobrevivir económicamente; Poe ve en este caso la posibilidad de reeditar el éxito conseguido con Los asesinatos de la calle Morgue y “encarga” a su personaje Dupin el trabajo de resolver un homicidio que llevaba de cabeza a los responsables del orden público neoyorquino. Para ello Poe traslada la acción a París y la protagonista pasa a llamarse Marie Rogêt.

Mary Rogers era conocida en la ciudad por su belleza que había podido ser admirada mientras estuvo trabajando como vendedora de cigarros en un establecimiento de Nueva York. Los almacenes de cigarros eran lugar de encuentro y se disputaban los mejores clientes. Mary era un reclamo para estos, consiguiendo que el almacén de Anderson se pusiera de moda. Retratos de Mary Rogers llegaron a aparecer en los periódicos mientras la cigarrera merecía versos de algunos de los clientes literatos.

Mary tenía gran número de admiradores y, aunque ya había abandonado el trabajo cara al público al montar su madre una pensión, su belleza continuaba siendo recordada. Es comprensible, pues, que el hallazgo de su cuerpo flotando en el Hudson provocara una gran conmoción e iniciara la caza del “crimen del siglo” con gran protagonismo de la prensa que utilizó este hecho para aumentar su tirada, atacar a sus antagonistas políticos o insistir en reyertas personales.

Stashower va entremezclando en la narración capítulos sobre la vida de Mary Rogers, el crimen, el comportamiento de la prensa y las fuerzas del orden, con aspectos de la vida de Poe y sus intentos por situarse en la esfera literaria y periodística del país, intentos muchas veces frustrados por su propio errático comportamiento. Además de Mary y Poe, Nueva York es también protagonista. La ciudad todavía estaba forjando su carácter: la inmigración, fundamentalmente europea, con sus bandas y sus guetos, su estructura política, escasa, corrupta y desfasada, sus oportunidades de negocios, lícitos o no, compensados por sus crisis económicas… eran algunos rasgos reconocibles. El asesinato de Mary Rogers supuso un mazazo moral para muchos ciudadanos de esta ciudad que vieron entonces el monstruo que estaba creciendo bajo sus pies e intentaron, con llamamientos a la moral y al orden, pero tímidas acciones, cambiar la situación.

Stashower consigue una historia entretenida mezclando la biografía con la novela. Sus mejores momentos son, probablemente, los dedicados a la prensa, en los que, además de las disputas más o menos personales, se reflejan claramente los rasgos de lo que será la prensa sensacionalista y donde la verdad es sacrificada sin demasiados escrúpulos para conseguir un titular impactante. Pero no dejaba de ser hija de una época y de una sociedad, ávida por consumir escándalos ajenos.

La edición de la editorial Alba incluye un apéndice con El misterio de Marie Rogêt de Poe.

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Nefasta última semana de julio

2 de agosto de 2011 en Autores, Biografí­as

Agota Kristoff

La última semana de julio de este año ha visto cómo fallecían tres escritores que, cada uno en su terreno, han sido de gran importancia en las últimas décadas. El primero en abandonarnos fue el historiador, especializado en el mundo árabe, Joan Vernet i Ginés. Vernet es uno de los historiadores españoles más importantes en su campo de todo el siglo XX, y uno de los promotores principales de los novedosos estudios sobre ciencia árabe, además de la evolución de la ciencia en el Medievo y el Renacimiento. Sobre el mundo islámico no se limitó a profundizar en sus avances científicos y tecnológicos y en su repercusión en el mundo cristiano medieval, sino que también son importantes sus aportaciones en materia de investigación religiosa. Suya es una importante traducción del Corán, el libro sagrado de los musulmanes, y suya también es una biografía de Mahoma, su principal profeta, publicada hace un lustro. Sus intereses también le llevaron, entre otros muchos trabajos, a traducir el libro de Las Mil y Una Noches. Vernet fue merecedor de muchos premios a lo largo de su carrera, entre ellos el Premio Menéndez Pidal, la Cruz de San Jordi o el Premio Sharjah.

Apenas unos días después fue Agota Kristof, escritora húngara en lengua francesa, la que falleció. Aunque sus primeras incursiones en la literatura fueron en el teatro y la poesía, es conocida principalmente por una trilogía de novelas que en España ha sido publicada bajo el título de Claus y Lucas. La trilogía está compuesta por las novelas El gran cuaderno (1986, Premio Europeo de Literatura Francesa), La prueba (1988) y La tercera mentira (1991). El gran cuaderno es su obra más importante, y ha sido traducida hasta la fecha a una treintena de idiomas.

El último día de julio fue el autor cubano Eliseo Alberto el que nos dejó, tras una larga búsqueda de un donante de riñón que pudiera salvarle la vida. El riñón llegó finalmente, pero murió por complicaciones cardíacas durante la intervención. Eliseo Alberto, que residía desde hace décadas en México (cuya nacionalidad adoptó), se hizo popular en las letras hispanas después de ganar en 1998 el prestigioso premio de novela Alfaguara, que se convocaba de nuevo después de un parón de más de veinticinco años. La obra premiada fue Caracol Beach. No era su primera novela, tampoco fue la última; ni siquiera era el primer premio importante que recibía (ya había ganado años atrás el Premio Nacional de la Crítica cubano por su primera novela, La fogata roja). Eliseo Alberto, nacido en una familia que lleva las letras en la sangre (su padre fue el poeta Eliseo Diego, y su hermana, que todavía reside en Cuba, también es escritora), fue muy crítico con el gobierno castrista, que lo consideró un traidor a la revolución por su libro Informe contra mí mismo, escrito en 1978 después de que las autoridades cubanas le obligaran a denunciar por escrito a sus propios familiares.

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Grandes pseudónimos II

31 de julio de 2011 en Autores, Biografí­as

Richard Bachman

Si bien ya hemos mencionado algunos de los pseudónimos más conocidos de la historia de la literatura, las razones que se escondían tras estos nombres falsos eran sencillas: vergüenza, interés profesional, o la necesidad de cambiarse de sexo. Pero se dan algunos casos donde la propia identidad del escritor se desdobla con el pseudónimo, creando un tira y afloja muy particular entre escritor y alter ego. Esto es lo que ocurrió, por ejemplo, con Stephen King y Richard Bachman.

Cuando King estaba ya en la cúspide del éxito, se preguntaba frecuentemente si éste se debía a una simple cuestión de suerte y excelente márketing, o al talento en sí. Además, le irritaba no poder publicar la cantidad de libros con la frecuencia que querría, ya que sus editores limitaban su producción a un libro por año para no saturar el mercado. Así que se inventó al escritor Richard Bachman (escogió el nombre Richard en honor al pseudónimo del escritor Donald E. Westlake, Richard Stark; y el apellido Bachman por el grupo de rock Bachman-Turner Overdrive), y publicó con éste una serie de libros usando escasos medios publicitarios, para ver cómo funcionaría. Lamentablemente para King, el secreto no duró mucho, ya que los libros estaban llenos de referencias a su obra en general, y el estilo era muy similar al que empleaba con su nombre real, algo que los fans no tardaron en reconocer, a pesar del esfuerzo del escritor por crear una persona ficticia, con foto y dedicatorias falsas en los libros firmados por Bachman. Acabó dándose por vencido, y mató a Bachman, informando de su “fallecimiento por cáncer de pseudónimo” (aunque desde entonces se han “encontrado” varias obras póstumas del autor). King no fue el primer escritor famoso que decidió escribir bajo pseudónimo para probarse, en Francia algo similar fue llevado a cabo por Romain Gary, que publicó varios libros con el nombre de Émile Ajar, en un intento de descubrir si sus libros tendrían la misma aceptación sin la influencia de su propio prestigio. El resultado de su experimento (que a King realmente no le dio tiempo de comprobar, ya que se descubrió antes de tiempo su ardid) fue positivo, obteniendo unas cifras de ventas notables.

Más allá de lo conveniente de hacerse pasar por hombre o por mujer, cada vez es más común que los escritores reduzcan a iniciales su nombre para evadir los prejuicios asociados a cada sexo. En especial, las mujeres procuran esconder su nombre usando esta treta para publicar en géneros todavía asociados a escritores masculinos, como es el caso de la ciencia ficción. Un buen ejemplo sería D. C. Fontana (Dorothy Catherine Fontana), guionista de la serie Star Trek, que también ha utilizado varios pseudónimos masculinos. La propia J. K. Rowling prefirió abreviar su nombre para no condicionar con éste a lectores habituales de fantasía, género donde el sexo femenino puede asociarse a un tipo de literatura más romántica, menos “épica” que la de sus equivalentes masculinos. Otro caso curioso, en lo que se refiere a la literatura fantástica y a la ficción especulativa, es el que lleva años dándose en nuestro país, por el que numerosos escritores españoles utilizan nombres extranjeros para publicar sus obras, debido a la desconfianza que todavía existe hacia la calidad de lo producido en España dentro de dicho género.

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La violenta muerte de un poeta

16 de julio de 2011 en Autores, Biografí­as

Facundo Cabral

Cuando alguien conocido y respetado en su trabajo fallece por causas naturales la tristeza entre sus seguidores y amigos es grande, acompañada por cierta sorpresa en caso de que dicha muerte haya llegado sin avisar. En caso de muerte violenta, por ejemplo un accidente de tráfico, la sensación general de que podría haberse evitado es superior a la tristeza. El caso del argentino Facundo Cabral es aún peor: ha sido asesinado el pasado 9 de julio en Ciudad de Guatemala, tiroteado por sicarios mientras era llevado en coche al aeropuerto. ¿Qué pecado había cometido uno de los cantautores más importantes de los últimos años, un hombre que siempre ha cantado a las bondades de vivir? Simplemente ir acompañado de un empresario, de nombre Henry Fariña, al que debían haber puesto precio a su cabeza. En el tiroteo, así son las cosas, Fariña fue herido pero sobrevivió. Cabral, en cambio, falleció. En toda guerra siempre existe el riesgo del daño colateral: en este caso, un ajuste de cuentas entre grupos de poder guatemaltecos se ha llevado por delante al autor que hizo famoso el “No soy de allí, ni soy de allá”.

No soy de allí, ni soy de allá”, sin dudar su canción más representativa, es toda una declaración de principios, y una de las canciones más optimistas y vitalistas de su carrera. Para muchos de sus seguidores, fundamentalmente latinoamericanos, es poco menos que un himno. Cabral no fue un cantautor al uso: en sus interpretaciones había mucho de música, sí, pero también mucho de poesía, mucho de diálogo con un interlocutor mudo, mucho de soliloquio y mucho de hacer llegar al público no sólo un puñado de canciones y poemas, sino una parte de su ser, de su forma de ver las cosas, de su filosofía de vida. Publicó numerosos libros recogiendo sus pensamientos (según él más de veinte libros “sin títulos y sin autor”), pero no era necesario leerlos para llegar a conocerlo a él. En sus numerosos discos aprovechó para introducir sus impresiones sobre una existencia humana que le fascinaba, que le llenaba completamente. Cabral siempre aprovechaba, ya fuera en sus discos, sus libros o sus intervenciones públicas, para intentar contagiar su particular visión a quien estuviera dispuesto a escucharle. Tal vez por eso nos parezca aún más injusta la forma en que ha tenido que desaparecer.

Cabral llegó a la música por medio de lo que podríamos denominar intervención divina. Escuchó a un mendigo declamar el sermón de la montaña, una madrugada de febrero de 1954. El jovencísimo autor de La Plata se impresionó tanto que, ya en casa, escribió su primera canción. Durante décadas ha declarado públicamente su fe en Dios, un Dios vitalista y no dogmático que le hizo cantar aquello de me gusta el vino tanto como las flores, una fe que le hizo declararse violentamente pacifista. Descanse en paz el maestro, y quede su estribillo más famoso en nuestras cabezas para siempre, porque

No soy de aquí, ni soy de allá,
no tengo edad ni porvenir
y ser feliz es mi color de identidad.

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Mujeres de cómic. Ahora, Madonna

28 de junio de 2011 en Autores, Biografí­as, Cómic

Cómic de Madonna

La editorial Bluewater Production publicará en breve un cómic de 32 páginas con la biografía de Madonna, cantante e icono pop donde los haya. El tomo ha sido guionizado por C. W. Cooke e ilustrado por Michael Johnson, y no es ni mucho menos el primer cómic de este tipo. En los últimos años han aparecido, en esta misma editorial y dentro de una serie denominada Female Force, numerosos volúmenes de la misma longitud dedicados a algunas de las mujeres más importantes, sobre todo a nivel político pero no sólo de ese ámbito, del planeta. Bluewater Production ha incluido en esta colección a personajes como Martha Stewart (gurú televisiva de las artes domésticas), Hillary Clinton, Anne Rice (autora de las Crónicas Vampíricas), Ruth Handler (creadora de la muñeca Barbie), Diana de Gales, Caroline Kennedy, Charlaine Harris (creadora de True Blood), Carla Bruni-Sarkozy, Ellen DeGeneres (una de las presentadoras más importantes de la televisión en Estados Unidos y una de las mayores defensoras de los derechos de la comunidad homosexual en su país), J. K. Rowling (creadora de Harry Potter), Angelina Jolie, Meredith Vieira (periodista y conductora en Estados Unidos del programa Who Wants to be a Millionaire), Michelle Obama, Sarah Palin, Olivia Newton John, Condoleezza Rice, Margareth Thatcher, Sonia Sotomayor (jueza de la Corte Suprema), Rosie O´Donnell y Betty White (actriz conocida sobre todo por su papel como Rose Nylund en la serie Las chicas de oro).

A primera vista llama la atención, desde luego, la mezcla que Bluewater propone al público: por un lado, gran cantidad de personalidades políticas, tanto estadounidenses como extranjeras, y tanto de talante conservador (ahí tenemos a la Dama de Hierro o a Sarah Palin) como “progresista” (Michelle Obama y Hillary Clinton). Aparte, algunas personalidades de la televisión (destaca la no inclusión de la mujer más influyente del país, Oprah Winfrey, seguramente por problemas de derechos de imagen), algunas escritoras… y un par de actrices, Angelina Jolie y Betty White, que siendo benevolentes parecen provenir de planetas distintos.

El éxito de algunos de estos volúmenes ha sido indudable, dentro de una escala de ventas modesta: un primer tomo sobre Hillary Clinton (como mujer poderosa) vendió 20.000 ejemplares en 2008, por lo que en unas semanas saldrá un nuevo número dedicado a ella, esta vez resaltando su faceta política. No es la única mujer poderosa que repite aparición: Sarah Palin y Michelle Obama también han tenido este “honor”.

La editorial no sólo publica este tipo de cómics. Entre su numeroso catálogo encontramos versiones de Jason y los Argonautas, La Fuga de Logan, The Mis-Adventures of Adam West, Quatermain, Simbad-Rogue of Mars, Warlock y Wrath of the Titans. Bizarro como poco, sobre todo teniendo en cuenta otras series de la editorial, más del tono de Female Force. Por un lado, una serie recién inaugurada y titulada, inequívocamente, como Infamous, que por ahora ha tenido dos protagonistas populares por sus desventuras y problemas varios como son Lindsay Lohan y Charlie Sheen. Por otro, la serie FAME, que junta lo mejor (y peor) de cada casa para ofrecernos la biografía ilustrada de personajes como David Beckham, Britney Spears, Justin Bieber, Beyoncé, Danica Patrick o Lady Gaga, además de volúmenes dedicados no a uno, sino a varios personajes, ya sean estos los protagonistas de la serie Glee o de la saga Crepúsculo.

Me pregunto qué les habrá hecho la pobre Danica Patrick a los editores para semejante castigo.


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