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Entradas de la categoría ‘Autores’

Adiós a la vigilia de E.A. Poe

23 de enero de 2012 en Actividades, Autores, Literatura, Terror

Tumba de Poe

Ya lo hemos comentado en otras ocasiones, existe la tradición de que en el aniversario de su muerte, un desconocido deje tres rosas y media botella de coñac sobre la tumba del conocido autor de cuentos terror Edgar Allan Poe.

No es una costumbre moderna, llevan fijándose en ella desde 1978, momento en el que Jeff Jerome, cuidador de la casa museo de Poe, decidió iniciar la costumbre de esperar a que un misterioso desconocido, vestido de negro, con una bufanda blanca y sombrero, realizara su curioso ritual. Con el tiempo, la vigilia cerca de la tumba de Poe se convirtió también en una costumbre, a la que Jerome invitaba a otros conocidos seguidores del escritor de Baltimore.

Sin embargo, hace tres años, el desconocido, conocido como Poe Toaster, faltó a su cita por primera vez. Muchos achacaron su desaparición a que la vigilia se había sobredimensionado, más allá del pequeño grupo de aficionados, y que la ofrenda había perdido su magia. Otros achacaron el desencuentro a una enfermedad o a algo puntual y que el año siguiente continuaría.

Pues bien, este ha sido el tercer año seguido en el que no ha acudido el Poe Toaster a su cita con los restos del maestro del horror. Según J. Jerome, la tradición se ha terminado por completo y no alberga esperanzas de que se retome, al menos no de la misma manera. El año pasado ya acudieron algunos impostores que trataron de hacerse pasar por el original, uno incluso llegó a bordo de una limusina, pero sin el verdadero creador de la tradición parece que el acto ha perdido el misterio.

Está claro que a la tumba de Poe no le van a faltar rosas y coñac, puesto que muchos de sus seguidores acuden en peregrinaje para completar la ofrenda, pero de un acto íntimo se pasa a otro de sencilla admiración. No es lo mismo y es una verdadera lástima.

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Edgar Allan Poe

El Zafongate

Descargas de El Prisionero del Cielo

Hace pocos días nos desayunábamos la noticia de que Carlos Ruiz Zafón retiraba todos sus ebooks del mercado por unos misteriosos motivos personales. Enseguida saltaron las alarmas en todos los mentideros de Internet intentando encontrar una razón para tamaña decisión.

A las pocas horas, sin embargo, tanto Zafón como Planeta, la editorial con la que publica, emitían sendos desmentidos sobre el tema. No había retirada alguna de los libros y la relación entre las dos partes implicadas se mantenía, aunque estaban en negociaciones.

La noticia inicial parece haber saltado, en teoría, del entorno de Ruiz Zafón y era, a todas luces, una exageración. ¿Qué buscaban? Sin duda forzar un poco los movimientos de la negociación que están llevando con Planeta para la publicación en ebook de El prisionero del cielo, novela número uno en ventas (en ficción) del año pasado y que, como ya hablamos aquí, se puede encontrar disponible para descargar gratis desde incluso antes de su lanzamiento.

Sin duda las negociaciones con Zafón deben ser duras y no sé exactamente qué cláusulas y peticiones estarán manejando. ¿Cuestiones de precio y DRM o de porcentaje para el autor? Lo que está claro es que ha quedado patente el interés que existe sobre las versiones digitales de las novelas del autor, ya que el «ruido» en la red ha sido incesante.

Ahora ya se anuncia que han renovado un acuerdo que se cancelaba en 2011 y ya están trabajando para sacar El prisionero del cielo en epub, y supongo que para Amazon también, inquietos usuarios de Kindle, algo que, a todas luces llega muy, pero que muy tarde. Sólo tendrá sentido este retraso si el ebook resultante cambia en algo la dinámica de precios y no sale a quince o dieciséis euros.

De todas formas, toda esta confusión no ha quedado nada bonita. No sé de quién sería la idea de filtrar las «posibles» intenciones de Zafón, si él mismo, alguien de su entorno, o la misma Planeta, pero el buzz negativo que se ha generado con todo esto es capaz de afectar a una novela con mucha facilidad. Esto no es el mercado tradicional, aquí las cosas se mueven mucho más deprisa. Además, cada día que ha pasado sin el ebook de El prisionero del cielo en las tiendas les va a reportar una significativa pérdida de ventas. Espero que todos lo recuerden antes de volver a lanzar la piedra y esconder la mano.

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Carlos Ruiz Zafón
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Los libros más caros de 2011 (II)

13 de enero de 2012 en Arte, Autores, Literatura

The Making of a Fly

Más allá de los libros que Abebooks ha vendido este año pasado por precios más que interesantes, el 2011 estuvo marcado por la venta de algunas otras obras por cantidades desorbitadas. Si entramos en el terreno de los manuscritos, la ganadora sería una obra inédita de Charlotte Brontë. La Musee des Lettres et Manuscrits de París adquirió este curioso texto de Brontë por nada menos que 691.000 libras esterlinas (unos 837.350 €), quitándoselo de las manos al que todos pensaban que sería su nuevo propietario, el Bronte Parsonage Museum, un museo del norte de Inglaterra especializado en las hermanas escritoras. Y decimos curioso porque no es una obra muy normal: se trata de un libro en miniatura. La obra, que mide apenas 6,3 por 3,8 cm y consta de 4.000 palabras, es una de seis que escribió la autora anglosajona cuando contaba con tan sólo catorce años (y de las que sólo se han encontrado cinco; el museo Brontë Parsonage posee cuatro).

Mención aparte merecen las obras más caras aparecidas en la gigantesca Amazon. Amazon sigue toda una serie de complicadas fórmulas para alterar sus precios según las demandas del mercado (y la propia cantidad de visitas de cada libro), por lo que a veces aparecen libros con precios más que ridículos. Si un libro de segunda mano figura como agotado, cada vez que es solicitado aumenta su precio, ya que los algoritmos de Amazon lo interpretan como una creciente demanda. Como no hay control individual de cada libro por parte de Amazon ni de las editoriales, el precio puede seguir subiendo hasta alcanzar cotas absurdas, del mismo modo que algunos proveedores prefieren poner precios irreales a obras agotadas para mantener su espacio en la web hasta poder reponer, sin riesgo de que nadie adquiera el libro. También puede ocurrir que un vendedor establezca su precio en relación a otro (y viceversa), de manera que si uno sube su precio, el otro lo multiplica por una cantidad dada, y viceversa. ¿Por qué? Sea por la falta de stock mencionada anteriormente (uno generalmente comprará el ejemplar al proveedor más barato, por lo que el libro agotado o no disponible del vendedor más caro puede permanecer en la web sin peligro de ventas hasta que se repongan ejemplares) o porque uno de los vendedores considera que su prestigio le permite sacar más beneficio que el otro, ocurre que puedan existir libros como The Making of a Fly: The Genetics of Animal Design, un libro bastante común, de uso habitual en departamentos de biología, que asciende al increíble precio de $23.698.655,93, una nada desdeñable cifra equivalente a 18.313.986 €

Por otro lado, para la fecha de publicación de este artículo probablemente sabremos si se ha roto o no el récord de venta en subasta de un libro. Una copia de la obra Birds of America (Pájaros de América) de John James Audubon se subastaba el día 10 de enero en Christie’s. El récord anterior de venta en subasta pertenece a otra copia de la misma obra, adquirida en Sotheby’s de Londres por £7.321.250 (unos 8.871.858 €) el 7 de diciembre de 2010. El tiempo dirá si en esta ocasión se supera la cifra y tenemos un nuevo récord de coleccionista millonario; la obra, que incluye detalladísimos grabados a color que ya en su producción original costaron una pequeña fortuna, parece tener, en principio, mayor atractivo que un manual sobre moscas.

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Charlotte Brontë

Cómo se hace un libro (VII): Las correcciones

4 de enero de 2012 en Autores, Literatura

Correcciones

Tema peliagudo el de las correcciones, sobre todo para muchos autores, ya sean noveles o experimentados, que no consideran necesario que se haga ninguna más allá de la más básica, la ortotipográfica. Pero, en realidad, la corrección es uno de los procesos más importantes para la realización de un libro. Contrariamente a lo que se piensa, ni siquiera se termina cuando se encuaderna el libro, sino que va más allá, pues un buen editor seguirá haciendo anotaciones previendo las reediciones futuras.

Algunas editoriales no dan la importancia que se merece a la corrección. En el caso de encontrar erratas en el texto, es responsabilidad absoluta del editor, no del autor, ya que éste, al escribir (y luego repasar) el libro tiende a dar más importancia al contenido que al continente. Por el contrario, es trabajo del editor adecuar éste último a unos estándares de calidad decentes. Es imposible, o casi imposible, conseguir “la edición perfecta”, un libro que no tenga absolutamente ningún error, pero un buen editor bien formado, y rodeado de correctores capaces, se acercará bastante a esta soñada perfección.

La corrección de estilo sería la más importante. El editor ha de leer detenidamente el original, corrigiéndolo en base a criterios filológicos. Es la corrección más lenta y difícil, pero muchas veces marcará la diferencia entre una obra mediocre y una buena obra. Un buen corrector respetará el estilo del autor (o traductor), sus giros lingüísticos, su forma de expresarse (siempre y cuando sea correcta), etcétera, centrándose en las imprecisiones en el uso de la lengua, la construcción gramatical inadecuada, las repeticiones (de palabras o incluso de sonidos), la concordancia verbal o la falta de fluidez y de claridad. Los dos conceptos fundamentales que el corrector de estilo ha de tener en su cabeza al enfrentarse a un texto son la corrección y la uniformidad. El tema de la uniformidad cobra una importancia capital en libros con varios autores, ya que podemos encontrarnos una diversidad de normas observadas que obligatoriamente deben unificarse.

En cuanto al tema de las traducciones, el editor ha de enfrentarse a un tema crucial: ha de elegir a un traductor competente en la materia tratada. No se trata tan sólo de elegir un traductor que conozca a la perfección ambos idiomas (el original y el final), sino que tenga conocimientos básicos sobre la temática del libro. Así, hay traductores especializados en libros técnicos, o en novela histórica, e incluso en poesía. Es bastante obvio que cualquiera no puede enfrentarse a la traducción de un poema: aparte de tener una sensibilidad especial ha de conocer el resto de traducciones de la obra del autor, de haberlas, a fin de, o bien seguir las pautas marcadas o, en el caso de malas traducciones, mejorarlas.

El editor, en todo caso, no puede olvidarse de que el texto es del autor, no de la editorial. Así, en todo caso, hay que contar con el autor en los procesos de corrección. Algunos de ellos tal vez no se tomen a bien las recomendaciones del corrector, pero han de tener siempre en cuenta de que él es un profesional que no pretende destruir el libro, sino mejorarlo.

El mejor regalo para un escritor

3 de enero de 2012 en Autores, Literatura

Regalo para escritor

Siempre hablamos de regalos para lectores. Hablamos de obras, de lectores electrónicos, de ediciones especiales y de cuándo no regalar libros. ¿Pero qué hay del escritor? ¿Qué deberíamos regalar a nuestros allegados escritores en estas fechas de presentes y obsequios, en las que agasajamos a nuestros seres más queridos?

La respuesta más sencilla es el propio libro. Todo escritor es, por deducción lógica, un ávido lector (o debería serlo), por lo que un libro será seguramente un buen regalo. Por otro lado, puede ser complicado escoger el libro adecuado, ya que el escritor suele ser un lector exigente (además de gozar de una biblioteca bastante completa). Así que podríamos plantearnos algunas opciones igual de interesantes, pero bastante más originales:

-Un lector electrónico. Puede parecer una elección obvia, pero la posibilidad que ofrece el e-reader para realizar anotaciones y corregir sobre el propio texto de uno es algo que hará las delicias de cualquier escritor meticuloso.

-¿Y si regalamos algo no físico, algo que un escritor suele necesitar más que ninguna otra cosa? Hablo de tiempo. Regálale tiempo a un escritor. Ofrécete a limpiarle la casa, hazle un vale como canguro para que pueda disponer de unas cuantas horas sin niños, permítele alojarse unos días en tu propio hogar mientras te ocupas de proporcionarle todo lo que necesita: comida, orden, paz y tranquilidad.

-Puedes ir más allá y ofrecerle un retiro. Un viaje o estancia en un lugar relajado, apartado, donde no tenga que hacer nada más que escribir. Un spa, una casa rural, un alquiler en la playa. Nada como escribir perdido en las montañas o frente a las olas del mar.

-También puedes cubrir los gastos de algún curso o taller para perfeccionar su técnica. Infórmate antes de qué tipo de clases se ofrecen en tu ciudad y cuáles serían adecuadas para las necesidades de tu escritor. Procura que no parezca un insulto (ofrecerle un curso titulado “Aprende a escribir” puede no entrar bien, de primeras, a un escritor más o menos consumado).

-Hay software que puede hacerle la vida un poco más sencilla a un autor. Puedes obsequiar una suscripción a Freedom, por ejemplo, ese programa que te desconecta de Internet para obligarte a concentrarte en tu escritura. Como a muchos autores les ayuda escribir con música de fondo, también puedes ofrecerles una suscripción a algún programa de música como Spotify o Last.fm.

-Siempre nos quedarán los regalos más tradicionales, asociados con el arte de escribir a mano, como los cuadernos de lujo tipo Moleskine o Paperblanks y las plumas. La elegancia tampoco tiene que estar reñido con lo tecnológico, y las memorias USB, ideales para llevar la obra de uno siempre encima, ofrecen modelos muy originales y elegantes.

-Dependiendo del escritor, a más de uno le hará ilusión recibir como regalo la edición de su propio libro. Regalarle a un escritor un ejemplar de su propia obra, o incluso una pequeña tirada, está a disposición de los más solventes a través de la autoedición. Tal vez este no sea un presente para todos los gustos, pero para escritores inéditos o que están empezando puede ser un obsequio ideal.

Y tras todo lo anterior, una reflexión. Para el escritor el mayor placer es que lo lean, que expresen interés por su obra. Puede que el mejor regalo que puedas hacerle a un escritor estos días es comprar su obra y hablar de ella a todos tus amigos y conocidos, proporcionándole opiniones positivas en todos los lugares que puedas (sobre todo en comunidades de libros como Lecturalia) y compartiendo su obra en las redes sociales.

Cómo se hace un libro (VI): El proceso editorial

31 de diciembre de 2011 en Autores, Literatura

Proceso editorial

Un autor ha recibido el visto bueno de una editorial a su libro, o ha entregado (si es el caso) la obra que le encargaron. ¿Y ahora qué? El original queda en manos del editor y el autor puede llegar a desesperarse si desconoce los entresijos que lo llevarán a convertirse en un libro. Los autores con más experiencia pueden conocer ya las respuestas a algunas preguntas, pero para los noveles todo son incógnitas: no saben quién va a intervenir en la confección del libro, ni los plazos, ni cómo será el diseño interior o de la cubierta. Si no tienen noticias de la editorial durante un tiempo pueden llegar a pensar que no se está trabajando en su obra. Esto es un error: hay que tener mucha paciencia y tener siempre en cuenta que, incluso en editoriales muy pequeñas, lo más probable es que el editor no se esté ocupando solamente de tu libro, sino de diez, de veinte, o incluso de más, a la vez y cada uno en una fase distinta de producción. Suponer que un editor ocupa el 100% de su tiempo en un solo original (el tuyo) es de una candidez superlativa.

El editor debe ser consciente de que para el autor el único libro que existe es el suyo, así que lo recomendable es dejarle bien claro el recorrido que va a seguir su obra hasta su publicación, hacerle un breve esquema de los pasos (que no de los plazos: no hay nada que desespere más a un autor que un plazo incumplido, por mucho que se haya insistido en su provisionalidad) y hacerle notar en qué estadios se necesitará de su colaboración y, por tanto, habrá una comunicación más fluida. Porque el concurso del autor será fundamental, en primer lugar, durante la corrección de estilo y la posterior corrección de pruebas y, después, tras la impresión, cuando la editorial comience la promoción. Incluir al autor en más etapas de las necesarias es una complicación para ambas partes.

Los editores (o, de haberlos, los correctores en los que delegan su trabajo) han de leer el libro por completo y comprobar que se ha entregado todo el material necesario para su elaboración. Puede parecer una perogrullada, pero de no hacerse algo tan básico surgirán complicaciones durante el proceso editorial, sobre todo en el caso de los ensayos. No tiene sentido, por ejemplo, entregar un ensayo sin la bibliografía correcta, porque el corrector acabará trabajando el doble. Todo original entregado a una editorial tras su aprobación debería incluir (cuando corresponda, según el género):

-Título (aunque a veces, por cuestiones de promoción, la editorial puede llegar a proponer cambiarlo)
-Índice (indistintamente al principio o final del original: su colocación no depende del autor, sino de la editorial, que seguirá unas pautas prefijadas)
-Páginas preliminares (dedicatoria, introducción o prefacio, agradecimientos)
-Capítulos
-Bibliografía (a ser posible correctamente citada. Hay que tener en cuenta que existen varios sistemas aceptados para citar bibliografía. Dependiendo de la editorial se respetará la opción elegida por el autor o se adaptará al sistema que se haya usado en el resto del catálogo)
-Apéndices (glosarios, apéndices documentales o fotográficos)

Además, el editor debería aportar al corrector, de haberlo, las ilustraciones interiores que acompañarán al texto.

Otro paso fundamental sería, por parte del editor, comprobar que las cifras aportadas por el autor, o los hechos citados, se ajustan a la realidad. Hay que valorar las consecuencias legales que podrían derivar de la incorrección (malintencionada o no) de éstas. También hay que tener cuidado con los contenidos del libro: si se considera ofensivo o difamatorio también podrían surgir problemas a posteriori.

¿Debe la cultura ser gratuita?

Cultura libre y gratuita

La respuesta a la pregunta que da título al artículo no debería suponer un esfuerzo para toda persona de bien: En las condiciones adecuadas la cultura siempre debe ser gratuita. No sólo eso, debería ser, además, libre. Libre para ser copiada, transmitida, modificada, usada, denostada, ensalzada, mordida, digerida y gastada. Todo siempre, y este es el punto importante, en las condiciones adecuadas.

Sostener que la cultura debe ser onerosa, que hay que pagar por ella sí o sí, sólo puede responder a intereses puramente personales. Pensemos de manera utópica durante unos segundos, ¿no sería maravilloso un mundo en el que toda forma artística, todo conocimiento, estuviera al alcance de nuestras manos con tan sólo quererlo? ¿Acaso se banalizaría la cultura por disponer de un acceso universal y gratuito a ella?

Sin embargo, no estamos en un mundo utópico. La cultura conlleva un coste de creación, no se genera de manera espontánea, aunque a muchos pueda parecerles que el acto creativo no requiera dificultad o esfuerzo. Siempre hay un gasto, aunque no contemos con los entresijos editoriales que hacen que una obra se defina, perfeccione y llegue a nuestras manos de la mejor manera posible, el gasto personal existe y suele ser más grande de lo que pensamos.

Hasta ahora los autores, los creadores, permitidme que hable de los escritores en concreto, reciben un porcentaje por libro vendido, tradicionalmente establecido en un 8 o un 10 por ciento. Con esta premisa no es tan raro que pocos autores clamen al cielo por lo caro de sus libros y también pocos vean con buenos ojos los precios bajos que se reclaman por los ebooks. Ese, más el anticipo, calculado en base a tirada y prestigio, es el maná con el que las editoriales llevan décadas alimentando a los escritores. No me malinterpretéis, es un negocio cómodo para el escritor, que se desentiende de prácticamente el resto del proceso editorial. Ni márketing, ni organizar giras, ni preocuparse de portadistas, correctores o distribuidores. Nada de nada. Es lógico entonces que cuando el sistema se tambalea y las cosas cambian, los propios escritores se asusten al ver amenazado un modo de vida que ha demostrado su solvencia.

O, al menos, eso es lo que nos cuentan los escritores que viven de sus libros. Si hiciésemos un listado de escritores y nos fijáramos en los que única y exclusivamente viven de sus libros con este sistema nos daríamos cuenta de que son muy pocos, una élite de gran éxito, éxito conseguido por sus medios y valía, que conste, pero que no pueden ser representativos de la mayoría.

¿Y qué le parece a esa mayoría? Bueno, para qué engañarnos, a mi me encantaría dedicarme sólo a escribir, mandar un correo electrónico a mi editor y olvidarme hasta cobrar el cheque. Pertenecer al olimpo literario es una aspiración llena de glamour, vivir bajo los focos, ser conocido, popular… el masaje de ego que todo escritor necesita amplificado por mil. Ahora, tampoco pasa nada por combinar trabajo y literatura, sobre todo, en mi caso, por ejemplo, si mi trabajo, o trabajos, están dentro de ese «mundo literario» (talleres, charlas, artículos). Otros autores, por ejemplo, son muy felices siendo químicos, ingenieros, arquitectos, periodistas o músicos, además de escritores, aunque no siempre se tiene esa suerte (no ya que te guste el trabajo, sino, simplemente, tener uno).

Pues bien, la cultura en un mundo ideal sería gratuita, y la literatura, en el mundo que nos ha tocado vivir, no lo es. Sin embargo, parece que en el futuro es más que probable que el sistema actual de producción y venta de libros cambie, si a mejor o a peor, no se sabe, lo que está claro es que va a ser mucho más grande y más barato. ¿Se repartirá más el dinero en una base amplia y menos en una élite? ¿Se creará una nueva élite que ganará mucho más dinero? ¿Se agruparán los autores para pagar servicios editoriales al margen de las grandes empresas? ¿Conseguirán desde las editoriales controlar las descargas y el modo de consumo al que nos dirigimos?

Todo son preguntas a las que no tengo respuesta, y sé que vosotros, lectores, escritores, libreros, editores, tenéis más preguntas todavía. Creo que es el momento de comenzar a dialogar, de conocer más vuestras inquietudes y propuestas. Os esperamos, como siempre, en los comentarios.

Kitchen, de Banana Yoshimoto

26 de diciembre de 2011 en Autores, Literatura, Narrativa

Kitchen - Banana Yoshimoto

Kitchen fue el primer libro escrito por Banana Yoshimoto, escritora japonesa que ya nos ha visitado en blog unas cuantas veces. Con este libro Yoshimoto consiguió un gran éxito con más de cincuenta ediciones, un par de películas y multitud de premios, convirtiéndose así, en uno de los estandartes de la nueva literatura contemporánea japonesa. Esta historia, muy breve, va acompañada en muchas ediciones de otro relato, Moonlight Shadow. La prosa de Yoshimoto es engañosamente sencilla, directa, al igual que sus historias, contadas en primera persona.

En Kitchen la protagonista es una joven japonesa que debe enfrentarse a la pérdida de un ser querido. Mikage, se encuentra sola tres la muerte de su abuela, la mujer que la ha criado, y encuentra refugio en la casa de Yuichi, un chico de su edad, que hizo amistad con su abuela.

Yuichi y su madre, Eriko, forman una curiosa familia. Eriko, una mujer espectacular, es en realidad, el padre de Yuichi; tras la muerte de la madre biológica de Yuichi, el amor de su vida, decidió adoptar el papel de madre con todas sus consecuencias. Eriko trabaja en un bar de transexuales y, a pesar de que su vida nocturna hace que no la vean mucho, la vida de los dos jóvenes gira entorno a ella. Mikage siempre se ha encontrado cómoda en las cocinas. Limpiándolas, cocinando en ellas encuentra una paz y una seguridad que le niega el mundo (la muerte de sus padres, la de su abuela). En casa de los Tabane, en su cocina y en su desordenado modo de vida, consigue encontrar el impulso para seguir adelante. La modernidad, los electrodomésticos que sin parar compra Eriko, la propia vida de Eriko y la independencia que busca Mikage, contrastan con el sentir tradicional de cocinar, el ritmo lento de la cocción.

Cuando parece que su vida, ya fuera del refugio que habían supuesto los Tabane, empieza a enderezarse, rodeada de cocinas y de recetas, una nueva muerte le lleva a volver a coger impulso, a replantearse su vida.

En Moonlight Shadow, Satsuki vive conmocionada por la muerte de su novio en un accidente de coche, una muerte súbita que le impide seguir adelante. El encuentro con una mujer, Urara, le brindará la oportunidad de pasar página.

Como vemos, nuevamente Banana Yoshimoto, como en NP o en Sueño profundo, nos cuenta la historia de una joven mujer que debe enfrentarse a un trauma que la ha sumido en un estado de inercia y consigue hacerlo tan bien y con protagonistas tan curiosos, que no nos importa que nos esté contando la misma historia.

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Cómo se hace un libro (III): El inicio del proyecto editorial

24 de diciembre de 2011 en Autores, Literatura, Mundo Editorial

Proyecto

Aunque a lo largo del proceso de elaboración de un libro el editor puede llegar a introducir modificaciones de casi cualquier tipo, hay una serie de elementos que ha de tener planificados de antemano. Lo principal es conocer la expectativa que el título que se planea publicar generará en el mercado, si responde a una demanda real o no, cuál es el público objetivo (o target), así como detalles técnicos tales como el formato de publicación o el precio de comercialización. Una vez solucionadas ciertas problemáticas junto a los responsables de marketing y de producción, se pasaría a la negociación con el autor, firmando un contrato, estableciendo cuáles serán las regalías y los adelantos de derechos y, por supuesto, fijando una fecha tope (en el caso de los libros por encargo) para la entrega del material, así como determinar la extensión que tendrá.

Por otra parte, muchos autores, sobre todo los noveles, no son conscientes de que la presentación de originales completos no es a veces lo más apropiado, sobre todo en ciertas editoriales. Es lógico pensar que una editorial, para que valore una novela, debe tener esta ya finalizada en sus manos, pero ¿no es igualmente razonable darse cuenta de que en editoriales de pequeño y mediano que no cuentan con personal específicamente empleado para la lectura y valoración sería mejor ponerles las cosas más fáciles? El autor haría bien en dejar su original bien guardado y redactar una presentación de su obra más o menos detallada. La más simple podría reducirse a una sinopsis y una pequeña parte del texto (un par de capítulos, por ejemplo), material más que suficiente para que el editor se haga una idea de la obra. Si a la sinopsis general y al texto de ejemplo añadimos una escueta sinopsis de cada capítulo, una evaluación del público al que va dirigido (argumentando las razones por las que será atractiva la obra) e incluso una DAFO en la que pormenorizar las fortalezas y debilidades respecto a otros libros publicados, mejor que mejor.

Cuando el original (o la propuesta de hacer cierto libro) llega al editor nos podemos encontrar con un problema: aunque se presupone en él una cultura general amplia, puede que el tema tratado, sobre todo cuando hablamos de ensayos, no le sea siquiera familiar. No obstante, cualquier editor con cierta experiencia debería ser capaz de valorar el interés de la propuesta simplemente formulándose ciertas preguntas básicas acerca de la consistencia lógica de la obra, de la coherencia de su estructura, o de si la información que presenta está fundamentada. En el caso de una novela es tan sencillo como comprobar que la prosa es sólida y el argumento se sostiene, sin olvidar otros factores que harán “vendible” el libro final.

Otro aviso a escritores en ciernes: los editores muchas veces se mueven por instinto, y valoran cada detalle antes de lanzarse a aprobar un libro. La comunicación con el autor es, entonces, un tema peliagudo: un autor que, incluso antes de firmar el contrato, se muestra agresivo, tarda en contestar correos electrónicos (o no coge el teléfono) o es descuidado en la redacción de sus mensajes hará plantearse al editor muchas cosas, y no precisamente buenas a la hora de decidirse finalmente por su obra. En este sentido, y dado que en este punto del proceso es la editorial la que tiene la sartén por el mango, es normal pensar que el escritor ha de ser más permisivo con el editor que viceversa, algo que cambiará una vez se haya formalizado la relación de forma contractual.

El lamento del escritor analógico

21 de diciembre de 2011 en Autores, best-seller, Literatura, Mundo Editorial

Queja del escritor

Desde luego, llueven los ejemplos de autores reconocidos que parecen algo perdidos al afrontar estos nuevos tiempos de redes sociales y cultura compartida. De grandes literatos a mediocres ensalzados, son numerosos los encontronazos, revueltas, malentendidos y salidas de tono en cuanto nos acercamos de puntillas al espinoso tema de los ebooks.

Los hay que reniegan de su esencia, ya que parece que la literatura se banaliza al mutar de papel a unos y ceros, y luego los hay que se asustan ante una bajada de sus ventas en papel y no tardan en acusar a la descargas fuera del mercado. Ni a la crisis, ni a un libro fallido, ni a que su editorial ya no gasta lo mismo en promoción que antes, no, eso, por lo visto, resulta impensable. Es mejor buscar un chivo expiatorio informe, anónimo, y que por lo tanto, no pueda defenderse. Si se hace todo en base a conjeturas y cavilaciones, mejor que mejor. Es más, puede que ponerse en el disparadero sirva para aquellos autores que se han acostumbrado a vivir de la polémica y conseguir esos minutos extra en radios y televisiones que se les había negado en los últimos tiempos.

Pero seamos serios, la pose gamberra tiene su gracia unas cuantas veces, pero lo que no puede hacer un provocador es quejarse de la respuesta que reciba. Es una lección dolorosa, pero el mundo de las redes sociales no es el de los diarios y revistas de antaño, donde unas declaraciones «audaces» sólo recogían el feedback de unos cuantos amigos y un par de críticos. Ahora hay que tener en cuenta que el diálogo es mucho más amplio, Internet es un altavoz prodigioso, pero el eco es tan poderoso que puede llegar a dejarte sordo.

En cuanto a las descargas digitales, hay que dejar las cosas claras. El parque de ereaders en España, aunque en continuo crecimiento, todavía es ridículo como para afectar de verdad a las ventas de un libro en papel. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, una descarga no es un libro leído, ni una venta no realizada. Teniendo en cuenta que en el mundo de las ebooks se descargan archivos con cientos de títulos a la vez, mucho hay que afinar para saber qué novelas pueden resultar afectadas en un futuro. Lo que está claro es que los usuarios de lectores electrónicos quieren usarlos, es de perogrullo, sería interesante para los autores cuyos libros circulan por la red que se preguntaran los motivos por los cuales sus editoriales no los ponen a la venta. ¿Acaso no quieren llegar a todos sus lectores? ¿Acaso no quieren ser leídos?

Es más, creo que ya es hora de que muchos autores dejen el apesebramiento del 10% y comiencen a explorar los nuevos caminos que se abren ante ellos en este momento. Es difícil para un escritor novato, pero los que mantienen una fiel comunidad de seguidores lo tienen mucho más fácil para dar un paso hacia delante y negociar nuevos contratos, dejar de lado a editoriales tradicionales e incluso, para los más valientes, liarse la manta a la cabeza y publicar en solitario.

Nadie ha dicho que sea sencillo, desde luego, nos enfrentamos a un cambio profundo en la industria cultural y va a suponer un reajuste doloroso para los autores ya establecidos y con pocas ganas de actualizarse. Espero que todos, desde los más grandes a los que viven de rentas antiguas, sean capaces de darse cuenta.


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