Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

71.309 libros, 14.095 autores y 56.263 usuarios registrados

Entradas de la categoría ‘Arte’

Tatuajes literarios

8 de febrero de 2012 en Arte, Autores, best-seller, Literatura

Tatuaje literario - Bukowski

Los tatuajes, antaño símbolo de rebeldía, de delincuencia, de pertenencia a un grupo u oficio, se han convertido en un accesorio más de la moda actual. Al igual que el piercing, han evolucionado y popularizado hasta el punto de formar parte de nuestro entorno diario. Y es que no hace falta tatuarse un dragón gigante en la espalda, la mayoría se conforman con un pequeño detalle ubicado en una parte discreta del cuerpo. Una imagen, un icono, unas letras. ¿Y si tuvieras que elegir qué llevar dibujado en tu cuerpo para el resto de tu existencia, qué mejor que una serie de palabras que han marcado tu vida? Pueden pertenecer a una cita filosófica que represente una forma de pensar, un carpe diem o un lo que no me mata me hace más fuerte, pero cada vez aparecen más referencias a libros y textos favoritos. Por un lado está el uso de imágenes asociadas a la literatura: retratos de escritores (a nivel mundial, Shakespeare parece ser el más popular), imágenes de personajes y escenas (sí, existen versiones de póster de Crepúsculo tatuados en espaldas enteras, y un tal John Mosly, de Norwich, Inglaterra, tiene una gigantesca imagen donde uno puede divertirse buscando a Wally). Hay muchas páginas webs que dedican atención a este tipo de tatuajes, seguramente la más conocida sea Contrariwise.

Algunos escritores son más citados que otros. Bukowski es uno de los grandes favoritos, ya que tiene muchísimo material controvertido con el que jugar. Bastante más inocente es otro de los preferidos para dibujos permanentes: El principito de Saint Exupéry, a través sobre todo de las imágenes realizadas para la obra por el propio autor, quien había estudiado arquitectura de joven pero que nunca había recibido formación artística. Sus delicadas acuarelas han avivado la imaginación de sus seguidores desde que salió la primera edición de la obra en 1943.

Fuera de nuestras fronteras, sobre todo en el mundo anglosajón, parece ser que la obra de referencia más popular es Matadero cinco de Kurt Vonnegut (en concreto, la expresión “so it goes”, “así fue”, utilizada en la novela ante todas las situaciones de muerte y/o pérdida), seguido de cerca por Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll. Otros tatuajes globales provienen de la obra El club de la lucha, de Chuck Palahniuk, o el célebre monólogo inicial (y final) de la película Trainspotting que se basa en la novela homónima de Irvine Welsh. Pero también hay aprecio por lo hispano: el Quijote es otro tema relativamente común, sobre todo en la versión casi abstracta que imaginó Pablo Picasso del Caballero de la Triste Figura, imagen que realizó en 1955 para la publicación francesa Les Lettres Françaises y que se ha convertido casi en un logotipo para el personaje.

Gran parte de estos tatuajes son creaciones originales y hermosas que seguramente seguirán en la piel para siempre, ya que cuando uno se enamora de un libro, no suele desenamorarse con facilidad. El éxito suele estar en la sutileza y en el ingenio, como la divertida idea de tatuarse el número de Azkaban de Sirius Black, por ejemplo, un gesto que sólo apreciarán los muy aficionados a la obra de J. K. Rowling. Sin embargo, también hay desastres, como puede ocurrir con un mal tatuador, un cliente con mal gusto o la tremenda resaca con la que uno se levanta y descubre, horrorizado, que tiene a Daniel Radcliffe tatuado en el culo.

Autores relacionados:
Antoine de Saint-Exupéry
Charles Bukowski
Chuck Palahniuk
Irvine Welsh
Joanne Kathleen Rowling
Libros relacionados:
Don Quijote de la Mancha
El Principito
Matadero Cinco

El verdadero trabajo del escritor

4 de febrero de 2012 en Arte, Autores, Literatura

El trabajo del escritor

Pasar la tarde en el Twitter, contestar a los mensajes del Facebook, revisar la página del G+, actualizar la biografía en la página web, escribir algo ocurrente para el blog, discutir en los foros por culpa de los libros electrónicos, preguntarse si debería publicar con Amazon a 0,99 o aparecer en las redes sociales ligero de ropa.

Nada de lo anterior es el verdadero trabajo del escritor.

Leer aburridos libros de historia, observar, sin que se den cuenta, a extraños en los bares, apuntar anécdotas que cuentan los amigos, anotar sueños nada más despertar, pasar horas delante del teclado venciendo la tentación del correo electrónico, borrar treinta páginas al darse cuenta que no podían funcionar, descubrir a mitad de novela que te apetece escribir un cuento, alargar un cuento tanto que se convierte en novela, revisar hasta que se caen los ojos, acostarte de madrugada robándole horas al sueño. Escribir. Revisar. Esperar.

A veces, de tanto hablar del mercado, de la industria, del libro electrónico, de las distribuidoras y las nuevas tecnologías parece más que hablemos de chorizos y salchichones que de literatura. En cierto modo, si los lectores no hacen más que vernos hablar de porcentajes, targets, derechos de autor, piratas, descargas y que si Amazon por aquí y Apple por allá, ¿qué imagen damos?

La verdad es que tengo más preguntas que respuestas. ¿Qué quiere un escritor? ¿Ser leído? ¿Triunfar? ¿Qué es triunfar entonces? ¿Vender libros, ser leído, escribir lo mejor posible? ¿Puede todo lo anterior ser compatible? ¿Qué hay que hacer para conseguirlo todo? ¿Quién quieres ser, Pérez Reverte o acabar como John Kennedy Toole?

Sin duda, cada caso individual será diferente, sobre todo si tenemos en cuenta de que el acto de escribir es uno de los más personales que puede ejecutar una persona. Me temo que si siguiera escribiendo acabaría en la eterna discusión de artistas y artesanos, que por ser maniquea y manida es mejor no enfrentar. Tan sólo reflexionemos como escritores la razón que nos mueve a escribir y qué esperamos de ello, qué estamos dispuestos a sacrificar, qué es lo que al final merece la pena y lo que no.

Y es que el verdadero trabajo del escritor es dejarse herir por las palabras y morir en cada página. Nada más.

Febrero, el mes de las cartas

1 de febrero de 2012 en Actividades, Arte, Literatura

Proyecto Poema

Resulta difícil concebir, en nuestra era de redes sociales, teléfono móvil y correo electrónico, que no hace tanto tiempo los seres humanos se comunicaban escribiendo (sí, escribiendo, con pluma, o bolígrafo, o lápiz) sobre un soporte físico que luego se introducía en un sobre que era recogido y transportado por una empresa de correo. Seguimos recibiendo cartas, sí, pero en general se trata de facturas, extractos bancarios, tal vez alguna tarjeta de cumpleaños o de Navidad, o paquetes pedidos por internet. Es curioso pensar que personas como Voltaire y sus contemporáneos podían escribir diez epístolas al día, en un rabioso afán de estar “actualizado” que competía con nuestro interés contemporáneo por el e-mail o los mensajes instantáneos.

Con el tiempo, esas cartas en papel han ido desapareciendo, y aunque se conservan iniciativas interesantes como el postcrossing, en la que los participantes envían y reciben tarjetas postales unos a otros por todo el mundo, ya casi no las escribimos. Yo misma inicié un proyecto el año pasado que consiste en enviar poemas ilustrados por correo postal, y la respuesta de los participantes suele ser bastante entusiasta, ya que reconocen la rareza de abrir el buzón y encontrar algo que vaya más allá de recibos o publicidad. Algunos de nosotros incluso conservamos, con afecto, las cartas que nos enviábamos en una época en la que todavía se creaban textos manuscritos para los demás.

Para este mes de febrero, la escritora estadounidense Mary Robinette Kowal ha lanzado el reto de escribir una carta diaria (excepto domingos y posibles festivos). La escritora redescubrió el placer de enviar y recibir cartas al tomarse este septiembre pasado unas vacaciones de internet; al no estar conectada a la red, sus conocidos comenzaron a sustituir el correo electrónico por el tradicional. Disfrutó tanto de la experiencia que ahora anima a los demás usuarios de la red a apuntarse. Sólo hay dos reglas:

1.Durante el mes de febrero (de lunes a sábado), envía por lo menos un texto al día por correo postal. Puede ser una carta, un dibujo, un recorte, una tarjeta postal, no importa.
2.Responde a todos los que te escriban a ti. Estas respuestas también pueden contar como textos enviados.

Mary también proporciona algunas ideas para involucrar a otros amigos, como hablar del proyecto en tu Facebook, para que los que quieran que les escribas te manden su dirección, o en Twitter (el hashtag es #LetterMo, pero podría crearse uno específico para hispanohablantes). Y antes de que penséis “pero es que escribir una carta al día me llevaría mucho tiempo”, pensad en cuánto tiempo diario dedicáis a enviar emails, mensajes por redes sociales, mensajes instantáneos o sms; y considerad también el valor de conservar algo en papel, de abrir el buzón y encontrarlo ahí, de tomaros por fin algo de tiempo para relajaros y disfrutar del placer de escribir a mano.

¿Qué os parece esta iniciativa, os veis capaces de llevarla a cabo? ¿Conocéis otros proyectos similares que recuperen el ya casi extinto arte de la epístola tradicional?

Autores relacionados:
Voltaire

Los libros más caros de 2011 (II)

13 de enero de 2012 en Arte, Autores, Literatura

The Making of a Fly

Más allá de los libros que Abebooks ha vendido este año pasado por precios más que interesantes, el 2011 estuvo marcado por la venta de algunas otras obras por cantidades desorbitadas. Si entramos en el terreno de los manuscritos, la ganadora sería una obra inédita de Charlotte Brontë. La Musee des Lettres et Manuscrits de París adquirió este curioso texto de Brontë por nada menos que 691.000 libras esterlinas (unos 837.350 €), quitándoselo de las manos al que todos pensaban que sería su nuevo propietario, el Bronte Parsonage Museum, un museo del norte de Inglaterra especializado en las hermanas escritoras. Y decimos curioso porque no es una obra muy normal: se trata de un libro en miniatura. La obra, que mide apenas 6,3 por 3,8 cm y consta de 4.000 palabras, es una de seis que escribió la autora anglosajona cuando contaba con tan sólo catorce años (y de las que sólo se han encontrado cinco; el museo Brontë Parsonage posee cuatro).

Mención aparte merecen las obras más caras aparecidas en la gigantesca Amazon. Amazon sigue toda una serie de complicadas fórmulas para alterar sus precios según las demandas del mercado (y la propia cantidad de visitas de cada libro), por lo que a veces aparecen libros con precios más que ridículos. Si un libro de segunda mano figura como agotado, cada vez que es solicitado aumenta su precio, ya que los algoritmos de Amazon lo interpretan como una creciente demanda. Como no hay control individual de cada libro por parte de Amazon ni de las editoriales, el precio puede seguir subiendo hasta alcanzar cotas absurdas, del mismo modo que algunos proveedores prefieren poner precios irreales a obras agotadas para mantener su espacio en la web hasta poder reponer, sin riesgo de que nadie adquiera el libro. También puede ocurrir que un vendedor establezca su precio en relación a otro (y viceversa), de manera que si uno sube su precio, el otro lo multiplica por una cantidad dada, y viceversa. ¿Por qué? Sea por la falta de stock mencionada anteriormente (uno generalmente comprará el ejemplar al proveedor más barato, por lo que el libro agotado o no disponible del vendedor más caro puede permanecer en la web sin peligro de ventas hasta que se repongan ejemplares) o porque uno de los vendedores considera que su prestigio le permite sacar más beneficio que el otro, ocurre que puedan existir libros como The Making of a Fly: The Genetics of Animal Design, un libro bastante común, de uso habitual en departamentos de biología, que asciende al increíble precio de $23.698.655,93, una nada desdeñable cifra equivalente a 18.313.986 €

Por otro lado, para la fecha de publicación de este artículo probablemente sabremos si se ha roto o no el récord de venta en subasta de un libro. Una copia de la obra Birds of America (Pájaros de América) de John James Audubon se subastaba el día 10 de enero en Christie’s. El récord anterior de venta en subasta pertenece a otra copia de la misma obra, adquirida en Sotheby’s de Londres por £7.321.250 (unos 8.871.858 €) el 7 de diciembre de 2010. El tiempo dirá si en esta ocasión se supera la cifra y tenemos un nuevo récord de coleccionista millonario; la obra, que incluye detalladísimos grabados a color que ya en su producción original costaron una pequeña fortuna, parece tener, en principio, mayor atractivo que un manual sobre moscas.

Autores relacionados:
Charlotte Brontë

Libros antiguos y usados, ¿guardar, destruir, reciclar?

9 de enero de 2012 en Actividades, Arte, Literatura

Postales literarias

Hace poco hablábamos de diversos usos poco convencionales que podían darse a los libros. Uno de los ejemplos fue el reciclaje del libro como obra de arte (recientemente he encontrado otro ejemplo espléndido de esta faceta artística, en manos del escultor de libros Guy Laramee). En esta misma línea, en un blog de diseño se publicó recientemente un artículo sobre cómo convertir libros no deseados en tarjetas postales, dándoles así una nueva vida. Podéis encontrar el artículo en concreto en la web Apartment Therapy, una página enfocada al diseño de interiores y a la creatividad. Lo que me llamó realmente la atención del artículo, y lo que su autor probablemente no se esperaba, fue la avalancha de comentarios negativos respecto a su idea. Para muchos, la idea de destruir un libro, aunque sea para reciclarlo de una manera tan original, era inconcebible. Muchos de vosotros expresasteis también sorpresa en mi artículo de Lecturalia sobre la marginalia, o la costumbre de escribir (¡sí, incluso con bolígrafo!) en los márgenes de los libros.

El debate que se generó al hilo del artículo de Marginalia fue interesante, más que nada porque todos expresaban puntos de vista válidos: por un lado, había quien consideraba que escribir en un libro era mancillarlo y estropearlo, por otro había quien pensaba que enriquecía el contenido y la propia lectura de la obra. Imaginad que aplicásemos el mismo debate al hecho, ya no de escribir en los márgenes de los libros, sino de transformarlos completamente, ya sea para crear una obra artística, ya sea para darle una vida nueva como proyecto rudimentario, como en el caso de las tarjetas postales. Por un lado, parece un crimen estropear de esta manera un libro, pero por otro… ¿qué hay de la cantidad de libros que todos los años se convierten en pulpa, se queman, o acaban en los vertederos? ¿No se merecen, acaso, la bondad de una nueva vida? A la hora de destruir un libro para concederle un nuevo uso, nadie implica que debamos romper a tiras una obra favorita o un ejemplar valioso. ¿A cuántas personas conocéis que en vez de regalar o donar sus libros sobrantes simplemente los tira a la basura? Muchas bibliotecas, editoriales y librerías se quejan de acabar con almacenes llenos de libros que ya han agotado su vida útil, y el simple hecho de buscar a quién revender estos libros, o a quién y cómo donarlos, es un proceso con frecuencia muy frustrante. Por otro lado, todos tenemos algún libro que consideramos de valor nulo, algún superventas de baja calidad que no encontrará nunca una salida a su estado inamovible de decoración de estantería.

¿Qué opináis vosotros? ¿Merece la pena destruir un libro si de éste nacerá algo bello o útil? ¿O consideráis que todo libro es sagrado y debe conservarse? ¿Qué ideas se os ocurren para reutilizar esas obras que ya no caben en vuestras estanterías? Como siempre, esperamos vuestras respuestas en los comentarios.

Extraños usos para un libro

7 de enero de 2012 en Actividades, Arte, Literatura

El 21 de diciembre de 2011, en el vuelo entre Washington DC y Chicago, un pasajero fue detenido por llevar encima un libro muy especial, titulado Ninja. El guerrero sombra. Lo realmente extraordinario de esta obra, más allá de su contenido textual, resultó ser su contenido físico: el libro había sido vaciado para portar dos peligrosos cuchillos arrojadizos.

No es la primera vez que nos encontramos con un uso poco habitual del libro común. Aunque no estamos a favor de utilizar los libros como compartimentos secretos donde guardar armas blancas, puede ser una opción divertida simplemente para esconder cualquier objeto privado o incluso como regalo original. En Youtube pueden encontrarse vídeos que nos explican cómo vaciar un libro para utilizarlo como recipiente:

El uso del libro como objeto o material artístico es frecuente y produce auténticas joyas (sólo hay que ver el trabajo que realizan con recortes los artistas Sue Blackwell, o Thomas Allen, que se especializa en la ficción pulp para crear sus puestas en escena de género negro), pero podemos darle también una utilización más cotidiana y práctica. Podemos convertirlo en bolso, por ejemplo:

O también en un práctico mueble. Pueden encontrarse mesas, sillones, lámparas e incluso estanterías creadas con libros, y hay quien hace árboles de Navidad. Con todo, el libro rey para aplicaciones alternativas es, por supuesto, la guía telefónica. Al fin y al cabo, ¿qué hacer con una cantidad tan grande de papel cuyos datos expiran de un año para otro? Hay usos pequeños y sencillos como la creación de lacitos para regalos o como papel de envolver, y cualquiera que haya limpiado una ventana habrá probado el truco, bastante eficiente, de utilizar papel de guía telefónica, de revista o de periódico. Otros usos más complejos, de guía telefónica o de cualquier tipo de papel, se refieren a la moda. En esta ronda de fotos de Flickr podéis encontrar un ejemplo muy elaborado de las posibilidades de una guía telefónica completa, diseñado y producido por una estudiante de arte.

Y no podemos olvidarnos del libro, y del arte asociado a éste, en lo que se refiere al acto de protesta. En Edimburgo ha surgido un artista que ha dejado un rastro de pequeñas esculturas creadas de libros, posiblemente como respuesta a los recortes presupuestarios dedicados a bibliotecas y a otros centros relacionados con la literatura. Las piezas son auténticas muestras de amor por el arte y el libro y han ido apareciendo a lo largo del año a las puertas (o en el interior) de diferentes centros que se dedican a la promoción y conservación del libro. El artista permanece en el anonimato, y deja pequeñas notas junto a sus regalos, generalmente con palabras de agradecimiento por la labor del centro agasajado, además de una extraña fijación con el escritor Ian Rankin. Sólo se sabe, por sus propias notas, que se trata de una mujer. En el blog del “paparazzi literario” escocés Chris Scott pueden encontrarse numerosas imágenes de las obras regaladas, además de información sobre qué han hecho los centros con sus presentes.

Parafernalia deliciosa y literaria

1 de enero de 2012 en Actividades, Arte, Literatura

Para los que no lo conozcan, Etsy es un lugar de obligada visita en Internet. Allí es donde miles de personas compran y venden pequeños objetos, curiosidades, manualidades y maravillas que antes sólo podían verse en pequeñas tiendas locales o, sencillamente, sólo servían como regalo entre amigos.

Ya hemos puesto en Lecturalia alguna vez colecciones o detalles relacionados con el mundo de los libros, pero creo que todo el mundo debería perder unos minutos navegando por la sencilla búsqueda que acabo de realizar, simplemente con la palabra «books» (libros).

Etsy

De libros ilustrados y encuadernados a mano a dibujos creadas a partir de hojas, llaveros y marcapáginas, colgantes o pulseras en forma de libros. Posters y cuadros creados con textos clásicos, libros troquelados, tazas, ropa, monedas, fundas para móvil y hasta lámparas. Parece que no hay límite a la imaginación humana. Un ejercicio calmado y tranquilo para este día de año nuevo en el que tampoco apetece pensar demasiado.

Godzilla

No sé vosotros, pero a mí este cuadro de Godzilla me parece irresistible…

Tres formas de entender el cómic (I): El Manga

15 de noviembre de 2011 en Arte, Autores, Cómic

Astroboy

Tres son los centros mundiales del cómic, y tres son las concepciones, radicalmente distintas y en cierto modo opuestas, de su forma de entenderlo. El cómic estadounidense, el franco-belga y el japonés son los mayoritarios en el mundo, los que más venden, los que más se adaptan a cine y televisión. No hay que circunscribir estas tres tradiciones, en todo caso, a un entorno geográfico concreto: se hace cómic “estadounidense” en otras partes del mundo (Inglaterra, por poner un caso), al igual que la bande dessinée no se limita a los países europeos francófonos (su influencia es clara, por ejemplo, en España, Italia o Argentina) y ya ni siquiera el manga es solo japonés.

El manga, que a nivel estético bebe de una tradición de ilustradores que se remonta a los siglos XI-XII, no podría haber surgido sin la influencia de la ilustración satírica europea del siglo XIX. Los primeros mangas propiamente dicho aparecerían a principios del siglo XX, y pertenecerían al género que hoy se denomina kodomo, es decir, el infantil. En pocos años la temática y el público objetivo se ampliaron, convirtiéndose en muy populares los álbumes de historias militares, fieles reflejo de la sociedad japonesa inmediatamente anterior a la Segunda Guerra Mundial. No hay que olvidar que durante los años 30 Japón invadió Manchuria en dos ocasiones, la segunda de las cuales fue el inicio de la Segunda Guerra Chino-Japonesa.

Tras la rendición incondicional de 1945, Estados Unidos prohibió las historias de corte militarista que tanto habían ayudado a la difusión del manga, la mayor parte financiadas por el estado, que las usó como un medio propagandístico más. Sin embargo, el manga se vio fortalecido por la situación precaria del país en la posguerra. También fueron aquellos los mejores años del cine japonés, lo cual es sintomático de una nación que necesitaba ocupar con actividades de ocio un tiempo precioso que les ayudara a evadirse de la vergonzosa y humillante claudicación ante los estadounidenses.

El primer mangaka de esta nueva época fue Osamu Tezuka, que tuvo un éxito sin parangón con la edición de muy baja calidad de su obra La nueva isla del tesoro, que vendió medio millón de ejemplares. Tezuka pasó inmediatamente a la revista Manga Shonen, que había sido fundada en 1947, y se convirtió en el primer mangaka de prestigio gracias a Astroboy. Tezuka fue también un pionero en la animación (Astroboy fue el primer manga que dio el salto a la televisión, lo que se conoce como anime), y ayudó a la diversificación de géneros temáticos (La princesa caballero, otra de sus obras destacadas, es considerada el primer manga shojo de la historia). El kodomo, el manga infantil, dejó de ser el único, apareciendo una serie de mangas agrupados por rangos de edades del público objetivo: a grandes rasgos el manga se divide en kodomo (infantil), shojo (adolescente femenino), shonen (adolescente masculino), josei (adulto femenino), seinen (adulto masculino) y hentai (erótico). Los subgéneros temáticos son muchísimos: desde los populares mecha (de robots) o maho shojo (chicas con poderes mágicos) al yaoi (homosexualidad masculina) o el jidaimono (de ambientación feudal).

En el resto del mundo el shonen y el shojo, sobre todo a través de la animación, fueron los primeros en hacerse populares. En la actualidad el manga es un fenómeno global, y supone un porcentaje altísimo de las ventas de cómics en todos los países del mundo. Aún más, ha supuesto una influencia notable en autores europeos y americanos, tal y como ha ocurrido en Francia con el movimiento La nouvelle manga, o en Estados Unidos con el “amerimanga”, estéticamente japonés pero específico para un público estadounidense. Otro ejemplo de fusión de estilos podría ser el popular cómic canadiense Scott Pilgrim versus The World, cuya estética le debe mucho al cómic japonés.

Ian Rankin y el misterio de las figuritas de papel

21 de septiembre de 2011 en Arte, Autores, best-seller, Novela Negra

Papel

Ian Rankin es uno de los autores de novela policial con más éxito en Reino Unido y una figura pública muy conocida en Escocia, donde reside. Sus libros protagonizados por el inspector Rebus son superventas en varios países y fueron llevadas a la televisión en la cadena ITV.

La obra de Rankin mezcla la peculiar idiosincrasia escocesa con un estilo muy cercano al hard-boiled americano, como puede ser, por ejemplo, la obra de James Ellroy. Lo cierto es que sus novelas se venden muy bien y el autor escocés es muy conocido en Edimburgo, donde reside.

Pues bien, en las últimas semanas han ido apareciendo una serie de curiosas esculturas en puntos clave de Edimburgo y todas parecen señalar, de una manera u otra, a Ian Rankin. Por ejemplo, las esculturas están hechas a partir de novelas de Rankin y en una de ellas aparece incluso el propio escritor, sentado en un cine. Las esculturas han aparecido en la Biblioteca Nacional de Escocia o en la Filmoteca, siempre en lugares relacionados con la cultura y la transmisión de ideas. El autor, además, deja notas en las que explica que sus creaciones son un regalo por la labor incansable de estos centros en favor de la lectura y la imaginación.

Papel

Algunas de ellas son realmente curiosas y muy trabajadas, aunque no han sido dejadas en cualquier lugar para ser rápidamente descubiertas, sino que han aparecido en sitios poco transitados, casi escondidos. Ante estos descubrimientos, Rankin ha declarado que él no tiene ni idea de quién está dejando estos curiosos regalos, aunque reconoce que es cierto que hay una conexión con su obra. Además, la obra dejada en la Biblioteca Nacional representaba un poema del poeta escocés Edwin Morgan, con lo que puede que todavía falte por aparecer algún homenaje esperando ser descubierto en una biblioteca, librería o cine de reestreno.

Quién sabe, quizá estemos ante la inspiración de una nueva novela del inspector Rebus. Sería curioso asistir al nacimiento de una historia creada de un modo tan sugerente, ¿no es cierto?

Vía: Booklicious

Autores relacionados:
Ian Rankin

Sobre recitales, presentaciones y lecturas

25 de julio de 2011 en Actividades, Arte, Autores

Charles Dickens

Aunque en España estamos ya más que acostumbrados al frecuente acto de la presentación literaria, aquel en el que autor, editor e invitados varios convocan a prensa, amigos y familiares para hablar de su libro, tal vez nos estemos librando, por ahora, de la aun más frecuente costumbre extranjera de la lectura pública, por la que el autor realiza una gira de visitas a librerías para promocionar su libro a través de una lectura del mismo de, por lo menos, treinta minutos.

Si bien en nuestro país existe esta actividad, no está tan generalizada y suele restringirse a los extremos: o bien se concentra en ámbitos universitarios y academicistas, o bien para libros de gran tirada y mayor promoción; pero, en países como Estados Unidos parece ser que cualquier escritor de medio pelo se halla obligado a organizar por lo menos una lectura de su obra, a la que habrán de asistir (o no), periodistas, lectores y cualquier interesado en aprovecharse de la ocasional copa de vino de cortesía. Caso aparte es el del escritor de literatura infantil y juvenil, que en España sí tiene una actividad paralela a la del escritor general estadounidense, debido a su aparición estelar en centros educativos. Los niños, curiosamente, parecen mostrar más interés y paciencia en este sentido y, además, los escritores de literatura infantil parecen estar, en su mayoría, versados en el arte del cuenta-cuentos, especializados en poner voces de princesa o de monstruo, según donde y cuando haga falta.

En Estados Unidos, comienzan a alzarse voces protesta contra esta práctica, cada vez más insulsa, y ahora de poco interés comercial para la entidad editora. Llenar una librería de asistentes era vital para vender ejemplares hace veinte años, pero hoy en día, debido al rápido acceso por internet de unidades tanto en papel como digitales, no es tan necesaria la comunión con el autor, y mucho menos si éste no es precisamente un showman. En un reciente artículo del New York Observer, el periodista literario Michael H. Miller se lamentaba de la gran cantidad de lecturas a las que se veía obligado a asistir y que encontraba, francamente, muy aburridas. Asegura Miller que las mejores lecturas son aquellas que llevan a cabo escritores con una gran capacidad de entretenimiento, generalmente aquellas que no son tanto lecturas y se centran más en la interacción con el público mediante sesiones de pregunta-respuesta o incluso lecturas conjuntas entre todos los asistentes.

Y tal vez aquí es donde se separa la lectura de la prosa del acto de recitado. Generalmente, el propio ritmo de la poesía permite una interpretación más activa e interesante del texto, por lo que un recital es, en potencia, bastante más interesante (debido, también, a la lectura de textos cortos). Por supuesto, esta separación no es estricta, ya que existen escritores de prosa con una capacidad asombrosa para la lectura en voz alta (algunos de ellos incluso con formación teatral), y poetas con nulas capacidades interpretativas. De cualquier forma, cada vez nos cuesta más pararnos a escuchar, rememorando los viejos tiempos de la tradición oral, en los que la literatura se compartía de boca a boca, y más en un tiempo en el que el escritor es, ante todo, escritor; no actor, cantante ni cómico.


Lecturalia Lecturalia