Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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Entradas de la categoría ‘Actividades’

La construcción del Literaverso

5 de enero de 2012 en Actividades, Literatura, Tecnologí­a

Literaverso

Podría decirse que cada libro contiene su propio universo, sus personajes, sus reglas, sus lugares secretos… y, al mismo tiempo, comparte el universo en el que vivimos, con ciudades, cantantes, platos de cocina o políticos, por mencionar unos pocos.

La barrera entre ficción y realidad es, pues, difusa y muchas veces, además, puede parecer que el universo privado del escritor nos es completamente ajeno debido a esas referencias oscuras a saxofonistas de jazz, razas desconocidas de gatos o barrios pintorescos de una ciudad de Tokyo. ¿No sería maravilloso poder acceder a esas referencias? Sólo con acceder a las recetas sicilianas del Comisario Montalbano o a los listados de música en Alta fidelidad ya valdría la pena.

Pues bien, la gente de Small Demons se ha puesto en marcha y está creando un completo mapa del Literaverso (storyverse) en el que pretenden crear un mapa -más bien una corografía universal y virtual- en la que tengan cabida desde lugares, personajes, obras, películas, y cualquier otro tipo de cosa que aparezca en un libro, tanto si es real como si no lo es.

Literaverso

Las búsquedas, en teoría -están trabajando en ello- partirían tanto desde las propias obras como por los ítems a buscar. Es decir, se podría buscar cada pueblo que aparece en el Quijote o, directamente, ver en cuántos libros aparece El Toboso. Y así con cada cosa del universo en un mapa trenzado a través de la literatura.

De entrada parece una labor descomunal e infinita sacada de uno de los libros de Jasper Fforde. El mundo de los libros es amplísimo, por no hablar de las simples «cosas» que se podrían aplicar. Por el momento no sé si el proyecto pretende ir más allá de una prueba de concepto, ya que sin contar con el apoyo directo de una enorme comunidad de usuarios es imposible que el proyecto avanzara más allá de una pequeña muestra. Eso sí, las posibilidades comerciales parecen muy interesantes tanto a nivel publicitario como en ventas. Desde luego, una idea a la que habrá que ir siguiéndole el rastro.

Más información: Small Demons (Inglés)

Parafernalia deliciosa y literaria

1 de enero de 2012 en Actividades, Arte, Literatura

Para los que no lo conozcan, Etsy es un lugar de obligada visita en Internet. Allí es donde miles de personas compran y venden pequeños objetos, curiosidades, manualidades y maravillas que antes sólo podían verse en pequeñas tiendas locales o, sencillamente, sólo servían como regalo entre amigos.

Ya hemos puesto en Lecturalia alguna vez colecciones o detalles relacionados con el mundo de los libros, pero creo que todo el mundo debería perder unos minutos navegando por la sencilla búsqueda que acabo de realizar, simplemente con la palabra «books» (libros).

Etsy

De libros ilustrados y encuadernados a mano a dibujos creadas a partir de hojas, llaveros y marcapáginas, colgantes o pulseras en forma de libros. Posters y cuadros creados con textos clásicos, libros troquelados, tazas, ropa, monedas, fundas para móvil y hasta lámparas. Parece que no hay límite a la imaginación humana. Un ejercicio calmado y tranquilo para este día de año nuevo en el que tampoco apetece pensar demasiado.

Godzilla

No sé vosotros, pero a mí este cuadro de Godzilla me parece irresistible…

Alonso Tudela, el hombre del millón de libros

28 de diciembre de 2011 en Actividades, Literatura, Noticias

Millón de libros

Lo primero que llama la atención cuando llegas a la finca de los Tudela, cerca de Albarracín, es su lejanía. No tanto física, apenas a veinte kilómetros del pueblo más cercano, sino espiritual. Con cada kilómetro que nos acercamos a su casa menos parecemos habitar en el mundo ruidoso, artificial y tecnológico que tan bien conocemos y tan bien nos domina. Allí, entre campos de trigo, álamos solitarios y pequeños riachuelos, el tiempo parece haber adoptado una actitud diferente.

La casa de Alonso Tudela es grande. Algunos la calificarían de mansión, pero le falta visión señorial para eso; está construida a grandes bloques, creciendo de manera desigual a medida que a la familia le hacía falta espacio. Hoy en día sólo vive en esta casa Alonso Tudela, de noventa y cuatro años, y su cuidadora. Además, claro, entre esos muros de piedra gris y bajo la techada roja les acompaña ese millón de libros por el que Tudela ha ocupado numerosas notas en diarios aragoneses.

La cuidadora, Marta, nos abre las puertas de la casa. Ya en el recibidor se levantan dos o tres filas de libros todavía envueltos en plástico protector. El señor todavía no ha tenido tiempo de clasificar estos ejemplares -nos comenta- a veces se le acumula el trabajo, sobre todo en navidades o en las fechas de la feria del libro. Lanzo un vistazo rápido antes de continuar, Reverte, Zafón, Eco… al parecer Tudela tiene un gusto ecléctico.

El señor de la casa nos espera, como no podía ser de otra manera, en la biblioteca. Nos quedamos sin aliento en medio de una sala no apta para claustrofóbicos. Cientos, miles, de volúmenes se apilan en estanterías que ocupan hasta el último rincón de una habitación que en otro tiempo había servido para apilar enormes cubas de vino. Tudela se da cuenta de nuestro asombro y sonríe tras las gafas redondas que le dan un cierto aire a intelectual de los años 20. Sentado en un enorme sillón orejero, lucha contra el frío aragonés con una estufa de gas y una manta sobre las piernas. El rostro lo tiene surcado de arrugas y viste una chaqueta gris de paño. A su lado se levanta una pila de libros que, mientras nos esperaba, ha ido despojando de sus envoltorios.

La entrevista se desarrolla más deprisa de lo que esperamos en un principio. Tudela nos confirma el número exacto de los volúmenes de su colección: un millón de ejemplares que ocupan esa sala y casi en su totalidad el resto de la casa. A la pregunta de cuándo nació su afición por los libros contesta mientras etiqueta la última novela de Lucía Etxebarría. Los libros son cultura -afirma-, eso decía mi padre. Así que en casa siempre había libros, lo único que hice yo fue coger la costumbre de ir comprando. Primero poco a poco, siempre que bajaba a la capital, y luego ya, con el Círculo, por catálogo. Ahora compro por Internet todas las novedades y me las traen a casa gratis.

Así que hasta aquella casa abandonada han llegado las ventajas de la red. Tudela deja a un lado el libro y continúa. También he comprado varias bibliotecas completas de saldo, tengo un librero de viejo que me visita un par de veces al año y que viene con un camión lleno de libros en perfecto estado.

Mientras Joan, el fotógrafo, sale a la caza de unas buenas fotos, no puedo hacer la pregunta inevitable: ¿Cuántos de esos libros se ha leído? A lo que yo creo que es una pregunta divertida y que, normalmente, hace que el entrevistado se suelte, el señor Tudela parece algo incómodo. ¿Leídos? -repite- Bueno, la verdad es que nunca he leído un libro en mi vida. Entiéndame, sí que he leído los de estudiar en la escuela, y en su día el Código de circulación, pero de estos, de mis libros, todavía no me ha dado tiempo a empezar ninguno. Si casi no puedo ni ordenarlos, imagínese si tuviera que leerme alguno.

No acabo de creerme la historia del señor Tudela, pero su ceño fruncido y la cara de la cuidadora acaban por convencerme. Parece algo irreal, un millón de libros comprados y ninguno leído… así que le pregunto si piensa donar sus libros en algún momento.

Tudela sonríe con un cierto brillo de orgullo en los ojos. Se quita las gafas y las pliega. Por supuesto -anuncia-, ya estoy preparando mi legado. A mi edad estas cosas hay que dejarlas claras. Cuando muera he dejado las instrucciones pertinentes para que mis libros sean donados a un museo y puedan ser contemplados.

¿A un museo? -le interrumpo- Será a una biblioteca. No -contesta-, a un museo. Esta no es una biblioteca para leer, es una biblioteca para mirar. Con lo que me ha costado. Lo dice de manera tajante, tanto que prefiero no seguir discutiendo. Llamo a Joan, que parece entusiasmado con sus fotos, y nos despedimos del señor Tudela, el cual pierde rápidamente el interés en nosotros mientras sigue catalogando sus libros pendientes.

Nos montamos en el coche y abandonamos, entre campos de trigo y caminos sin asfaltar, ese cementerio literario en que se ha convertido la biblioteca del hombre de un millón de libros.

Actualización: Este artículo es en realidad una pequeña broma realizada para el Día de los Inocentes. Ni Alonso Tudela ni su millón de libros existen realmente. ¡Gracias a todos por vuestros comentarios!

Homenaje improvisado a Joaquín Bosque Maurel

17 de diciembre de 2011 en Actividades, Autores, Ensayo

Joaquín Bosque Maurel

El pasado 29 de noviembre, y en un acto organizado por el Área de Cultura de la Diputación Provincial de Granada al que Lecturalia fue invitada expresamente, se produjo la presentación del libro Granada. Historia y cultura, del eminente geográfo zaragozano Joaquín Bosque Maurel, y que se convierte en el trigésimo sexto título de la colección Los libros de la estrella. Aunque sea aragonés de nacimiento y esté radicado desde hace décadas en Madrid vinculado a la Universidad Complutense (de la que es profesor emérito de Geografía Humana ), buena parte de su obra, que es considerada imprescindible para los estudios sobre geografía en nuestro país (y con gran repercusión en el extranjero), habla sobre Andalucía y, en especial, sobre Granada, ciudad a la que llegó en su juventud y en la que se formó, hasta el punto de que su tesis doctoral versó sobre ella. Entre sus libros más accesibles para el público no especializado podríamos mencionar En torno a Andalucía: Estudios de Geografía Humana y La creación del patrimonio cultural de la ciudad de Granada.

No obstante, puede ser precisamente el novísimo Granada. Historia y cultura una buena piedra de toque para el que quiera acercarse a su obra. Se trata de un texto más que recomendable para expertos y profanos y, desde luego, casi imprescindible, por su concisión y su lectura amena totalmente alejada de enrevesadas explicaciones (que no de erudición), para el lector interesado en conocer los entresijos culturales y humanos de la ciudad de la Alhambra, aparte de unos breves apuntes sobre su historia. La edición, plagada de ilustraciones y mapas a todo color, es notable y muy visual, y el libro es lo suficientemente exhaustivo para contentar también a los que ya tengan nociones sobre el tema.

Lo que en principio era una presentación editorial más, sin embargo, se convirtió rápidamente en un merecido homenaje al octogenario autor, que con cierto mal disimulado embarazo (“¡Yo he venido a hablar de mi libro!”, podría haber gritado, y tal vez con razón, emulando a Paco Umbral ) acogió los elogios vertidos tanto por el vicepresidente provincial, José María Guadalupe, como por dos de sus colegas y discípulos, Francisco Villegas (de la Universidad de Granada) y Carles Carreras (de la de Barcelona). Los elogios no se limitaron a la actividad profesional de Bosque Maurel, sino que se hicieron extensivos a su condición humana, abundando las anécdotas que hicieron que el numeroso público (que prácticamente llenó la sala) pudiera conocer un poco mejor al autor zaragozano. Villegas, además, aprovechó para pedir encarecidamente que Bosque Maurel fuera reconocido cuanto antes como hijo predilecto de la ciudad, lanzando un guante a Guadalupe que el político aceptó de buen grado y entre sonrisas.

Los libros de la estrella es una de las colecciones más conocidas del organismo provincial nazarí, aunque fuera de Granada tal vez sean más populares sus dos colecciones de poesía, Maillot amarillo, dirigida por el omnipresente Luis García Montero, y Genil, esta vez a cargo de Antonio Carvajal.

Los libros de Lecturalia en 2011 (II)

11 de diciembre de 2011 en Actividades, Literatura

HHhH

En esta segunda entrega de nuestros libros de 2011 pasamos de fijarnos en editoriales minoritarias, como Sajalín, Impedimenta o Valdemar, para comentaros dos novedades en editoriales un poco más grandes. Tampoco es que Seix Barral o Siruela sean las habituales acaparando escaparates en los centros comerciales, pero sí que tienen un punto más en cuanto a presencia en librerías.

HHhH, de Laurent Binet. El título del libro de Binet se refiere a la frase en alemán Himmlers Hirn heisst Heydrich (por lo visto una frase muy repetida en la Alemania Nazi) y recrea el plan para matar al líder de la Gestapo Reinhard Heydrich en la Praga de la II Guerra Mundial. Un libro de lo mejorcito del año y que ganó el Premio Goncourt a mejor Primera Novela en 2010. Acierto de Seix Barral que este año parece que ha dado un salto hacia delante con títulos como este.

HHhH. Tras este misterioso título se esconde la frase en alemán Himmlers Hirn heisst Heydrich, «el cerebro de Himmler se llama Heydrich». Esto es lo que se decía en las SS de Reinhard Heydrich, jefe de la Gestapo, considerado el hombre más peligroso del Tercer Reich y una de las figuras más enigmáticas del nazismo. En 1942, dos miembros de la Resistencia aterrizan en paracaídas en Praga con la misión de asesinarlo. Después del atentado, se refugian en una iglesia, donde, delatados por un traidor y acorralados por setecientos hombres de las SS, se suicidan.

El ejército furioso, de Fred Vargas. Podría estar mucho rato hablando de Fred Vargas; como ya he comentado en alguna ocasión, es una de mis autoras favoritas gracias a sus diálogos irreales, sus tramas enroscadas y sus personajes más grandes que la vida misma. Vargas es exceso en estado puro. Con El ejército furioso sigue con el protagonista que más éxito le ha dado, el comisario Adamsberg y, en la línea de sus últimos libros, mezclando lo policial con leyendas y mitos tradicionales que revive para nosotros con maestría.

El infalible comisario Adamsberg tendrá que enfrentarse a una terrorífica leyenda medieval normanda, la del Ejército Furioso: una horda de caballeros muertos vivientes que recorren los bosques tomándose la justicia por su mano… Una señora menuda, procedente de Normandía, espera a Adamsberg en la acera. No están citados, pero ella no quiere hablar con nadie más que con él. Una noche su hija vio al Ejército Furioso. Asesinos, ladrones, todos aquellos que no tienen la conciencia tranquila se sienten amenazados. Esta vieja leyenda será la señal de partida para una serie de asesinatos que se van a producir. Aunque el caso ocurre lejos de su circunscripción, Adamsberg acepta ir a investigar a ese pueblo aterrorizado por la superstición y los rumores. Ayudado por la gendarmería local, por su hijo Zerk y por sus colaboradores habituales, tratará de proteger de su macabro destino a las víctimas del Ejército Furioso.

Y hasta aquí mis recomendaciones. En los próximos días Gabriella Campbell irá desgranando sus libros favoritos de este año. ¿Y vosotros? ¿A qué esperáis para comentarnos vuestras obras más destacadas de 2011?

Autores relacionados:
Fred Vargas
Laurent Binet
Libros relacionados:
El ejército furioso
HHhH

Los libros de Lecturalia en 2011 (I)

9 de diciembre de 2011 en Actividades, Autores, Literatura

La juguetería errante

Llega el fin de año y es el momento para que todas las webs y blogs saquen sus listados dedicados a desgranar lo mejor y peor del año literario, así que desde Lecturalia no podíamos ser menos y hemos pensado en prepararos una pequeña selección de títulos, algunos de los cuales ya hemos leído y otros por los que sentimos una necesidad, a veces preocupante, de que caigan en nuestras manos. Esta no pretende ser la lista de lo mejor publicado durante el año 2011, nada más lejos de nuestra intención, sino de esos libros que, famosos o no, han captado nuestra atención.

Empezaré por los que ha caído dentro mi radar personal, y en posteriores entregas el resto del equipo Lecturalia irá añadiendo esas pequeñas joyas que nos gusta destacar entre esa marabunta que es el panorama editorial en español.

La juguetería errante, de Edmund Crispin. Este era uno de esos libros que sólo con leer la sinopsis ya necesitaba leer. De hecho, lo acabo de terminar y ya estoy preparando una reseña que saldrá en los próximos días en Lecturalia. Debo decir que es delicioso, cargado de una ironía divertidísima y que mezcla con dominio el medio literario y el académico. Es como leer un libro del Inspector Morse, pero con una buena dosis de alucinógenos en el cuerpo.

Cuando el poeta Richard Cadogan decide pasar unos días de vacaciones en Oxford tras una discusión con el avaro de su editor, poco puede imaginar que lo primero que encontrará al llegar a la ciudad, en plena noche, será el cadáver de una mujer tendido en el suelo de una juguetería. Y menos aún que, cuando consigue regresar al lugar de los hechos con la policía, la juguetería habrá desaparecido y, en su lugar, lo que encontrarán será una tienda de ultramarinos en la que, naturalmente, tampoco hay cadáver. Cadogan decide entonces unir fuerzas con Gervase Fen, profesor de literatura inglesa y detective aficionado, el personaje más excéntrico de la ciudad, para resolver un misterio cuyas respuestas se les escapan. Así, el dúo libresco tendrá que enfrentarse a un testamento de lo más inusual, un asesinato imposible, pistas en forma de absurdo poema, y persecuciones alocadas por la ciudad a bordo del automóvil de Fen, Lily Christine III.

El callejón de las almas perdidas, de William Lindsay Gresham. La editorial Sajalín lleva un par de años sacando unos libros más que interesantes. Podríamos decir que rascan la superficie de la realidad para enseñarnos un mundo limítrofe con nuestro vivir cotidiano. En el caso de El callejón de las almas perdidas, Gresham nos traslada a una feria de fenómenos, de mediums, adivinos y seres deformes. A mí me ha ganado.

El callejón de las almas perdidas empieza con la extraordinaria descripción de un abyecto espectáculo de feria cuyo principal reclamo es «el monstruo», alguien que ha caído tan bajo que está dispuesto a humillarse, por un trago de whisky, delante de un público ávido de sensaciones extremas. El joven Stan Carlisle, que trabaja en la feria ambulante, está convencido de que nunca acabará así. Es inteligente y ambicioso, y pronto descubre que puede engañar a cualquiera encontrando su punto débil. En poco tiempo se convertirá en un mentalista de primera, pero triunfar en una feria ambulante timando a pobres desgraciados no es suficiente para Stan, quien decide establecerse como falso reverendo y médium para estafar a ricos desesperados que ansían comunicarse con difuntos queridos a cualquier precio. Parece que Stan tiene el mundo a sus pies y que nada ni nadie puede detenerlo? al menos por ahora.

Zothique, el último continente, de Clark Ashton Smith. De todos los integrantes del llamado Círculo de Lovecraft, Ashton Smith siempre fue uno de los que más me intrigaron. Poeta, pintor, de educación autodidacta, su talento parecía uno de los destinados a triunfar, pero en 1937 dejó la escritura y poco más se supo de él. Zothique es una antología de relatos en un futuro oscuro y que mezcla ciertos aspectos más cercanos a Howard con su apabullante imaginación. Un diamante para los aficionados, como yo, a la literatura fantástica más clásica.

«C.A. Smith concibe Zothique como el último continente de la Tierra, en un futuro muy distante en el que el sol se ha oscurecido, el mundo ha envejecido y feroces mares han engullido el resto de los continentes. Las ciencias han sido olvidadas con el devenir de los siglos; las oscuras artes de la brujería y la magia han resurgido. El resultado es un mundo oscuro de misterios ancestrales donde reyes lujuriosos y depravados y héroes vagabundos exploran y viven aventuras en paisajes tenebrosos, luchando con fuerza y sabiduría contra poderosos nigromantes y dioses extraños, bajo un sol moribundo».

Hasta aquí esta primera entrega. Pronto iremos añadiendo libros a nuestro listado y, como siempre, esperamos impacientes en los comentarios vuestras novelas favoritas de este año.

Autores relacionados:
Clark Ashton Smith
Edmund Crispin
William Lindsay Gresham
Libros relacionados:
El callejón de las almas perdidas
La juguetería errante
Zothique

Las diez ciudades más literarias según National Geographic (II)

5 de diciembre de 2011 en Actividades, Autores, Literatura

Santiago de Chile

De nuevo nos adentramos en el compendio que ha realizado la marca National Geographic de las ciudades consideradas como “más literarias”, aquellas en las que podemos vivir las mejores experiencias relacionadas con el mundo de la lectura. Ya hablamos en el artículo anterior de Edimburgo, de Dublín, de Londres, de París, de Estocolmo y de Portland y Washington D.C. A continuación nos centraremos en las restantes: Melbourne y Santiago de Chile.

Si Camberra es la capital política de Australia, Melbourne es la cultural, sin discusión posible. Su biblioteca central, la State Library de Victoria, que se construyó a mediados del siglo XIX, ofrece entrada gratuita y se muestra orgullosa de su sala principal, La Trobe, adornada además de citas de escritores famosos. Melbourne también cuenta con sus rutas literarias (pubs y bares incluidos, en los que no podía faltar el omnipresente Oscar Wilde), y una muy interesante feria del libro semanal todos los sábados en la Plaza Fed.

National Geographic es, qué remedio, anglocéntrica, y enumera varias ciudades británicas y estadounidenses, además de incluir Estocolmo como adalid de la vieja Europa, a San Petersburgo como campeón de los rusos de finales del XIX, dejándonos sólo a Chile como representante no anglosajón más allá de los mares. En Santiago se centran en Neruda, promocionando su casa-museo, y celebrando también a la ganadora del Nobel Gabriela Mistral. Pero parece ser que el mayor encanto de Santiago de Chile se encuentra en sus mercadillos, rastros y ferias, protagonizados por libros de segunda mano y cafeterías literarias. Parece ser que el elevado precio del libro en Chile impulsa un comercio de segunda mano y de intercambio muy importante, lo que se traduce en el crecimiento de establecimientos relacionados con este tipo de obras y de rastros especializados.

Las listas, como ocurre siempre, son incompletas y subjetivas. Seguramente nuestros lectores habrán vivido experiencias literarias incomparables en ciudades que esta selección no recoge, y os animamos a que las compartáis en los comentarios. Más aun, y teniendo en cuenta la ausencia notable de más países no anglosajones, tanto europeos como hispanoamericanos, en esta lista, ¿qué mejor que compilar la nuestra propia? En lo que se refiere a nuestra lengua, ¿qué ciudades españolas, sudamericanas, centroamericanas, recomendaríais para entrar en contacto con el fantástico mundo de la literatura? ¿En qué lugar del mundo habéis realizado una ruta, una visita excepcional que os haya enseñado más sobre vuestros autores y libros favoritos? Y yendo más allá, ¿qué ciudades creéis que os inspirarían a vosotros mismos para crear, para escribir? ¿Os llaman la atención vuestros lugares de siempre, aquellos donde os habéis criado y que conocéis como la palma de vuestra mano? ¿O preferiríais viajar lejos para encontrar el punto exacto donde se escribió vuestra obra preferida, el lugar donde se emborrachaba, drogaba o simplemente contemplaba el paisaje vuestro escritor más leído? Como siempre, estaremos encantados de conocer vuestra visión respecto a este tema, la geografía de lo literario.

Autores relacionados:
Gabriela Mistral
Oscar Wilde
Pablo Neruda

Las diez ciudades más literarias según National Geographic (I)

3 de diciembre de 2011 en Actividades, Autores, Literatura

París

National Geographic es una de esas marcas que sobrevive a los cambios, a las inclemencias económicas y culturales, al olvido y a la pérdida de calidad. Sinónimo de viaje, de excelente fotografía y texto, de descubrimiento, siempre ha marcado tendencia en el mundo del periodismo y del reportaje gráfico, tanto que puede permitirse, de vez en cuando, la intrusión en campos ajenos a su cobertura habitual, tales como el mundo de la gastronomía, del ocio o de la propia literatura. En la edición de septiembre de 2011, en su revista de viaje National Geographic Traveler, mencionan diez ciudades como las más “literarias”, o más recomendadas para los aficionados a la lectura en general.

Los afortunados han sido Edimburgo, Dublín, Londres, París, San Petersburgo, Estocolmo, Portland, Washington D.C., Melbourne y Santiago de Chile. De Edimburgo, Escocia, los redactores destacan su inspirador ambiente, que ha alimentado a las musas de escritores de todos los tiempos, desde el poeta del XVIII Robert Burns hasta los contemporáneos Ian Rankin e Irvine Welsh, que gozan de visitas guiadas en las que se incluyen unos cuantos pubs tradicionales y varias excursiones a pie por la ciudad (además de la siempre recomendada visita al Writer’s Museum dedicado a Burns, Walter Scott y Robert Louis Stevenson). En Dublín también se recomienda una ruta de pubs para disfrutar de una buena Guinness mientras los actores-guía nos hablan de Joyce o de Yeats, y una visita pausada al Trinity College para ver el famoso manuscrito miniado llamado Libro de Kells. Londres presenta otra opción repleta de eventos y excursiones, entre los cuales tampoco pueden faltar, de nuevo, las visitas a pubs con múltiples referencias a Shakespeare y a Dickens. Los fans de James Bond pueden hacer una excursión alcohólica un tanto más refinada, pasando por el Dukes Bar cuyos martinis inspiraron a Ian Fleming.

En París abundan los cafés famosos por haber abrigado a escritores procedentes de todo el mundo, y las casas-museo dedicadas a escritores como Víctor Hugo o Balzac. De San Petersburgo la National Geographic recomienda seguir la ruta de Crimen y castigo, además de la residencia de su autor, el célebre Dostoievski; de Estocolmo, Suecia, destacan la relevancia del Premio Nobel y todos los eventos y comercios asociados, además de la estatua dedicada a Astrid Lindgren (creadora de la entrañable Pippi Calzaslargas) y la gira por la ciudad que ofrece una visión completa de los lugares que aparecen en la conocidísima saga de Stieg Larsson.

En cuanto a ciudades estadounidenses, desde un tiempo a esta parte Portland se ha convertido en el centro cultural del país americano. Destaca por sus cafés de estilo europeo, su inmensa oferta artística (sobre todo en lo que se refiere a lo “underground”, a lo alternativo y a lo moderno) y sus librerías, entre las que reina con indiscutible corona Powell’s City of Books, una gigantesca manzana completa de libros apilados sobre libros, sean nuevos o de segunda mano, con más de un millón de ejemplares en sus estanterías. Pero la competencia es abrumadora en Washington D.C., que ofrece un tono más clásico con su tremenda Biblioteca del Congreso, la más grande del mundo. También es el hogar de la Poetry Foundation, que organiza visitas relacionadas con poetas como Walt Whitman.

Autores relacionados:
Astrid Lindgren
Charles Dickens
Fiódor Dostoyevski
Honoré de Balzac
Ian Rankin

Cuándo no regalar un libro

30 de noviembre de 2011 en Actividades, Literatura

Libros y regalos

Ahora que se acercan las Navidades (algo que la televisión, Internet y demás medios llevan asegurándonos desde finales de septiembre), aparece la perentoria necesidad del consumo para los demás. El regalo, ese enemigo atroz, surge de entre la neblina de nuestro reposo para empujarnos hacia terrenos ya conocidos (y temibles) de obligación, correspondencia e incomodidad. Y por supuesto, como somos lectores, y nos gusta leer (o eso doy por sentado, teniendo en cuenta el nombre de esta página web), lo primero que se nos viene a la mente es “voy a regalar un libro”.

Regalar un libro parte de la premisa siempre peligrosa del regalo, esa premisa clásica de “como me gusta a mí, a ti te gustará más”. Una lástima que no siempre sea así, ya que nuestra afición por los libros no tiene por qué imponerse sobre personas que, tal vez, no tengan el mismo interés por la palabra escrita. Y aunque lo tuvieran, ¿qué nos garantiza que nuestros gustos coincidan con los suyos? Además, hoy en día surge una dificultad extra… ¿debo regalar en papel, o en formato electrónico? Regalar un mamotreto de mil páginas a alguien que se duerme con su e-reader en brazos tal vez no sea una elección sensata; del mismo modo que determinados géneros (jardinería, esoterismo, cría de perros) no tienen por qué ser los más adecuados para nuestros amigos, conocidos y familiares, por mucho que a nosotros nos apasionen. Tal vez tendríamos que tener en cuenta algunas reglas básicas.

En primer lugar, huyamos de los libros de autoayuda. Es posible que El secreto haya cambiado tu vida, pero regalarle a una persona enferma una obra que asegura que manifestamos aquello que deseamos (incluidas desgracias personales y enfermedades) probablemente no sea una decisión acertada. El momento personal que atravesamos es único e intransferible, ese libro mágico que ha marcado tu existencia no es, necesariamente, vital para otra persona (y evitemos, como lava ardiendo, cualquier obra con el más mínimo matiz religioso o político). Tampoco es recomendable regalar libros a estudiantes universitarios o de oposiciones, siempre cabe la posibilidad de que tu presente les haga recordar el escaso tiempo del que disponen para leer obras que realmente les apetezcan, más allá de la bibliografía, obligatoria e interminable, de su carrera. El libro puede también causar auténticos desastres en el ámbito de la pareja, aquello que para uno de los dos puede ser romántico, trascendente e inolvidable, para el otro puede ser empalagoso, trivial y aburrido, llevando a desencuentros nada deseables. Por otro lado, en el complicado mundo del libro-regalo existen dos destinatarios de pesadilla: el que lo ha leído todo (y lo tiene en diferentes ediciones, llegando a sentirse insultado porque la tuya es de bolsillo y con una traducción nefasta); y el que no lee nada, nunca. En todos los casos el regalo debe implicar, siempre, que uno ha dedicado un mínimo de tiempo a pensar qué podría interesarle al que recibe, por lo que el libro refleja, casi tanto como otros regalos complejos como la música o el perfume, una decisión elaborada acerca del gusto de la otra persona. En resumen, regalar un libro es regalar cultura, regalar una aventura, regalar un sueño. Pero también es exponerse al desastre, a la ofensa, a la humillación. Regalemos libros por Navidad, sí; pero no cualquier libro: regalemos la obra perfecta para esa persona. Y si no, siempre nos quedarán los bombones.

Algunos consejos para sobrevivir al NaNoWriMo

27 de noviembre de 2011 en Actividades, Literatura

Nanowrimo

Aunque aquí en España su seguimiento sea más limitado, el proyecto NaNoWriMo, aquel por el que miles de personas se ponen a escribir como locos durante el mes de noviembre, tiene una popularidad tremenda en el mundo anglosajón. Tanto, que algunas páginas web se han dedicado a ofrecer consejos o guías para ayudar a los autores, como es el caso de Galleycat, que ofrece un consejo diario a lo largo del mes (y en este enlace podréis encontrar, además, los treinta consejos del año pasado). Muchos de estos consejos enlazan a otras páginas web que ofrecen todo tipo de recursos para el proyecto, desde encuentros sociales para realizar carreras mecanográficas, foros enciclopédicos muy útiles para documentarse, grupos de chat donde los propios participantes se animan (o empujan) a seguir escribiendo, o incluso una hermandad de World of Warcraft compuesta exclusivamente de participantes de NaNoWriMo. En cuanto a participantes hispanohablantes, Yolanda González Mesa ofrece 10 interesantes consejos en su blog Tinta al sol, de los cuales podríamos destacar el preparar la labor de documentación el mes anterior, o la necesidad de recompensarte, una vez alcances tu objetivo final (los de Galleycat van más allá, insistiendo en una recompensa cada vez que cubras determinado número de palabras). Algunos de los consejos más “tramposos” y divertidos aparecen en el blog Vel Anima, que nos insta a luchar contra el bloqueo introduciendo zombies, piratas, ninjas y vampiros, o matando personajes (sobre todo que ahora George R. R. Martin parece haberlo puesto de moda), y que aconseja inflar el número de palabras utilizado a base de nombres de personajes o lugares inusualmente largos o descripciones meticulosas de escenas y paisajes.

Uno de los consejos más llamativos, y que suele aparecer, una y otra vez, es el de no corregir o editar. Nos encontramos, una vez más, con el gran defecto del NaNoWriMo, la falta de calidad que suele acompañar a la escritura rápida. Una novela de 50000 palabras, de escribirse en la tacada de treinta días, necesitaría una revisión y edición laboriosa. Aunque es cierto que los profesionales aconsejan escribir del tirón y dejar la edición para luego, una gran mayoría de estas novelas se presentan al concurso NaNoWriMo sin ningún tipo de repaso o corrección, no por falta de ganas, sino simplemente por falta de tiempo. A pesar de su valía como ejercicio de disciplina y para crear hábito, uno no puede dejar de preguntarse, un año más, si escribir sin orden ni concierto servirá, en realidad, para producir una buena obra literaria. Ante esto, tiene una inspiradora respuesta la escritora Elif Batuman, que ganó el premio Whiting en la categoría de no ficción en 2010; Batuman asegura que el tiempo que se emplea en escribir nunca es desperdiciado y que todos tenemos cierta cantidad de escritura mediocre que tenemos que sacarnos de dentro para poder empezar a producir textos en condiciones. Sea como sea, NaNoWriMo fomenta la cantidad sobre la calidad, en un esfuerzo por abandonar una autocrítica demasiado restrictiva y avanzar en el abrasivo camino de la escritura diaria. Su consejo más importante es el siguiente: Escribe. Escribe. Escribe.


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