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Entradas de la categoría ‘Actividades’

Sony PRS-T1, lo hemos probado

6 de febrero de 2012 en Actividades, Noticias, Tecnologí­a

Sony PRS-T1

Cada vez se hace más difícil decantarse por un lector de libros electrónicos debido al notable incremento de la oferta que se ha producido en los últimos meses. La gente de Sony ha tenido a bien mandarnos un par de dispositivos Sony PRS-T1 para que podamos probar de primera mano su tecnología y hacer un pequeño sorteo entre los lectores que residan en España. (Podéis ver las bases al final del artículo)

El Sony PRS-T1 presenta la habitual pantalla de 6 pulgadas y utiliza E-Ink Pearl v220 con 800×600 y 16 niveles de grises que le sirven para colocarse en lo alto de la lista en especificaciones, junto con otros dispositivos de última generación. Además, es bastante ligero, con 168 gramos y menos de 9 milímetros de grosor.

El lector se hace ligero y agradable en la mano. Quizá se echa un poco de menos el acabado del anterior reader de Sony, más metálico, pero el diseño mantiene las mismas líneas y la verdad es que se agradece a la vista. Otro de los atractivos que saltan a la vista en cuanto se pone en marcha es la calidad de la pantalla táctil. La respuesta es muy rápida, la velocidad de refresco es de las mejores que he visto, y es muy intuitivo el tomar notas en ella o subrayar. El teclado virtual también es muy rápido y la gestión de las notas y dibujos a mano también ha mejorado, lo que junto a sus diccionarios lo convierten en un gran compañero de estudio.

La gran diferencia con anteriores modelos de Sony está en el interior: la conectividad Wifi permite el acceso a tiendas virtuales o a Google Books directamente desde el dispositivo, así como a la Wikipedia. Como en todos estos gadgets, si queremos que la batería dure lo máximo posible hay que tener cuidado con el WiFi, pero bueno, nos prometen un mes si lo desactivamos y más o menos tres semanas dándole uso.

¿Qué formatos de ebook lee el Sony PRS-T1? Pues bien, el Sony Reader PRS-T1 lee ePub y Adobe PDF, con o sin DRM, con lo que no tendrás problema en leer cualquier libro comprado en la mayoría de tiendas de ebooks en España. Además también reproduce música en mp3 y AAC, así como los formatos de imagen más comunes (JPEG, GIF, PNG, BMP).

Después de trastear un rato con el ereader de Sony las sensaciones son agradables. Funciona muy fluido, las transiciones son casi instantáneas, los ajustes de tamaño y tipo de letra no presentan ninguna dificultad, además de lo principal, claro: la lectura es muy agradable. Hemos probado a tomar notas y a cargar unos cuantos libros en su memoria, de 2 GB y con ranura SD-, usando el software de Sony que va muy bien, incluso para libros con el DRM de Adobe.

Sin duda, nos encontramos con un dispositivo que está en el top de la tecnología de consumo en estos momentos y, en mi opinión, bastante mejor que el Kindle que se vende ahora en España -aunque la diferencia de precios favorece al de Amazon, 99 euros frente a casi 180 del de Sony- y que puede tutear sin problemas al Kindle Touch o al nuevo Nook, los grandes referentes a nivel internacional, pero que no se venden directamente en nuestro mercado.

Para participar en el sorteo de uno de los dos Sony Reader PRS-T1 es necesario dejar un comentario en esta misma entrada del blog (recuerda poner tu email real). El sorteo de los Sony PRS T1 se realizará entre todos los usuarios residentes en España que hayan dejado su comentario en este artículo desde su publicación hasta las doce de la noche del 12 de febrero. Los ganadores serán anunciados en Facebook, Twitter y los comentarios de esta entrada el 13 de febrero de 2012 y contactados mediante su correo electrónico el mismo día. El sorteo se realizará mediante el sistema de Random.org y a través del mismo se elegirán dos ganadores. ¡Suerte a todos los participantes!

Cultura y propaganda

5 de febrero de 2012 en Actividades, best-seller, Literatura

Putin

El presidente ruso Vladimir Putin, que ejerce su mandato por tercera vez consecutiva, sorprendió a los medios de comunicación hace unos días al anunciar su intención de introducir un listado de lectura obligatoria para estudiantes. Putin formaría un grupo profesional que seleccionaría cien libros que todo estudiante pre-universitario* deberá haber leído (en su propio tiempo, no en horario escolar) al terminar sus estudios. El presidente asegura que la idea le llegó inspirado por el canon occidental que comenzó a proponerse en las universidades estadounidenses allá por los años veinte. Explica su decisión y la procedencia de ésta en un muy extenso artículo publicado en el periódico ruso Nezavisimaya Gazeta.

El canon, o conjunto de obras consideradas “clásicas”, trascendentes, aquellas que definen la esencia de lo literario, aquellas que gozan de una calidad superior y merecen una lectura meticulosa y repetida, ya sea de una zona en concreto, de una época, o de la literatura universal a lo largo del tiempo, es un monstruo que muta y se desarrolla de una manera que ni los más avezados críticos y teóricos han sabido explicar de manera convincente. Si bien intervienen las leyes de mercado, el poder de la opinión pública y académica, las condiciones socioculturales y económicas de cada época y país, no hay una definición exacta que explique por qué algunas obras sobreviven al paso del tiempo, por qué algunas obras trascienden dictados políticos y culturales para asentarse de manera indiscutible en el trono de la calidad y el eterno retorno. Cada obra elegida responde a cientos de factores entrelazados que trabajan, de manera abierta o soterrada, para convertirla en una lectura obligada. Precisamente por esta conjunción de motivos, es absurdo hablar de un canon artificial, condicionado, sin pensar en propaganda, más aun cuando la experiencia nos enseña que el canon preseleccionado suele ser centrista, limitado, y responder a intereses que van más allá de lo meramente cultural. El listado de Putin poco tiene que ver con una pequeña selección de lecturas recomendadas para escolares, se trata de un compendio de información obligatoria seleccionada por alguien en una posición de poder casi supremo sin conocimientos ni formación educativa.

Desconocemos todavía cuáles serán los libros seleccionados por Putin, pero algunas voces detractoras apuntan a que serán títulos con una intensa carga propagandística, orientados a glorificar la política soviética. Todos serán, por supuesto, títulos rusos, lo que dificulta a dichos estudiantes que puedan dedicar parte de su tiempo de lectura a libros extranjeros. El presidente ruso es consciente, sin duda, de la influencia que ejercen las lecturas realizadas a determinadas edades, y su interés por establecer un rígido corpus de lectura (que exigiría, además, una cantidad extra de estudio en horario extraescolar, lo que restaría oportunidades para otras formas de ocio) son, cuanto menos, sospechosas. Su canon, que por ahora parece no ser más que una simple propuesta, pretende proteger y reivindicar la esencia rusa frente a una imparable globalización, o por lo menos en esa dirección apuntan las palabras del presidente. Propone que las cien obras sean escogidas por un grupo de personas “culturalmente influyentes”, una de esas expresiones que a uno siempre hace que se le pongan los pelos de punta (al fin y al cabo, Justin Bieber y Belén Esteban son figuras culturalmente influyentes, y la idea de que pudieran meter mano a un canon preseleccionado es preocupante, si bien mucho menos aterradora que la idea de que dicha mano pertenezca a profesionales políticamente condicionados, como podría ser el caso ruso).

Febrero, el mes de las cartas

1 de febrero de 2012 en Actividades, Arte, Literatura

Proyecto Poema

Resulta difícil concebir, en nuestra era de redes sociales, teléfono móvil y correo electrónico, que no hace tanto tiempo los seres humanos se comunicaban escribiendo (sí, escribiendo, con pluma, o bolígrafo, o lápiz) sobre un soporte físico que luego se introducía en un sobre que era recogido y transportado por una empresa de correo. Seguimos recibiendo cartas, sí, pero en general se trata de facturas, extractos bancarios, tal vez alguna tarjeta de cumpleaños o de Navidad, o paquetes pedidos por internet. Es curioso pensar que personas como Voltaire y sus contemporáneos podían escribir diez epístolas al día, en un rabioso afán de estar “actualizado” que competía con nuestro interés contemporáneo por el e-mail o los mensajes instantáneos.

Con el tiempo, esas cartas en papel han ido desapareciendo, y aunque se conservan iniciativas interesantes como el postcrossing, en la que los participantes envían y reciben tarjetas postales unos a otros por todo el mundo, ya casi no las escribimos. Yo misma inicié un proyecto el año pasado que consiste en enviar poemas ilustrados por correo postal, y la respuesta de los participantes suele ser bastante entusiasta, ya que reconocen la rareza de abrir el buzón y encontrar algo que vaya más allá de recibos o publicidad. Algunos de nosotros incluso conservamos, con afecto, las cartas que nos enviábamos en una época en la que todavía se creaban textos manuscritos para los demás.

Para este mes de febrero, la escritora estadounidense Mary Robinette Kowal ha lanzado el reto de escribir una carta diaria (excepto domingos y posibles festivos). La escritora redescubrió el placer de enviar y recibir cartas al tomarse este septiembre pasado unas vacaciones de internet; al no estar conectada a la red, sus conocidos comenzaron a sustituir el correo electrónico por el tradicional. Disfrutó tanto de la experiencia que ahora anima a los demás usuarios de la red a apuntarse. Sólo hay dos reglas:

1.Durante el mes de febrero (de lunes a sábado), envía por lo menos un texto al día por correo postal. Puede ser una carta, un dibujo, un recorte, una tarjeta postal, no importa.
2.Responde a todos los que te escriban a ti. Estas respuestas también pueden contar como textos enviados.

Mary también proporciona algunas ideas para involucrar a otros amigos, como hablar del proyecto en tu Facebook, para que los que quieran que les escribas te manden su dirección, o en Twitter (el hashtag es #LetterMo, pero podría crearse uno específico para hispanohablantes). Y antes de que penséis “pero es que escribir una carta al día me llevaría mucho tiempo”, pensad en cuánto tiempo diario dedicáis a enviar emails, mensajes por redes sociales, mensajes instantáneos o sms; y considerad también el valor de conservar algo en papel, de abrir el buzón y encontrarlo ahí, de tomaros por fin algo de tiempo para relajaros y disfrutar del placer de escribir a mano.

¿Qué os parece esta iniciativa, os veis capaces de llevarla a cabo? ¿Conocéis otros proyectos similares que recuperen el ya casi extinto arte de la epístola tradicional?

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Voltaire

Adiós a la vigilia de E.A. Poe

23 de enero de 2012 en Actividades, Autores, Literatura, Terror

Tumba de Poe

Ya lo hemos comentado en otras ocasiones, existe la tradición de que en el aniversario de su muerte, un desconocido deje tres rosas y media botella de coñac sobre la tumba del conocido autor de cuentos terror Edgar Allan Poe.

No es una costumbre moderna, llevan fijándose en ella desde 1978, momento en el que Jeff Jerome, cuidador de la casa museo de Poe, decidió iniciar la costumbre de esperar a que un misterioso desconocido, vestido de negro, con una bufanda blanca y sombrero, realizara su curioso ritual. Con el tiempo, la vigilia cerca de la tumba de Poe se convirtió también en una costumbre, a la que Jerome invitaba a otros conocidos seguidores del escritor de Baltimore.

Sin embargo, hace tres años, el desconocido, conocido como Poe Toaster, faltó a su cita por primera vez. Muchos achacaron su desaparición a que la vigilia se había sobredimensionado, más allá del pequeño grupo de aficionados, y que la ofrenda había perdido su magia. Otros achacaron el desencuentro a una enfermedad o a algo puntual y que el año siguiente continuaría.

Pues bien, este ha sido el tercer año seguido en el que no ha acudido el Poe Toaster a su cita con los restos del maestro del horror. Según J. Jerome, la tradición se ha terminado por completo y no alberga esperanzas de que se retome, al menos no de la misma manera. El año pasado ya acudieron algunos impostores que trataron de hacerse pasar por el original, uno incluso llegó a bordo de una limusina, pero sin el verdadero creador de la tradición parece que el acto ha perdido el misterio.

Está claro que a la tumba de Poe no le van a faltar rosas y coñac, puesto que muchos de sus seguidores acuden en peregrinaje para completar la ofrenda, pero de un acto íntimo se pasa a otro de sencilla admiración. No es lo mismo y es una verdadera lástima.

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Edgar Allan Poe

Letras libres

21 de enero de 2012 en Actividades, Literatura

Libros libres

Seguramente muchos conoceréis el proyecto Bookcrossing, que consiste en la práctica de dejar libros en espacios públicos para que otros lectores puedan beneficiarse de estos. De vez en cuando surgen iniciativas relacionadas con estas prácticas, dirigidas desde instituciones oficiales, que siempre son interesantes y muy positivas. En esta ocasión se trata de un proyecto relacionado con la línea 3 del llamado Pumabús, una línea orientada a estudiantes universitarios, y que gracias a la colaboración de diversas empresas (ente otras, las editoriales Cal y Arena, El Naranjo, SM y el Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM) y dirigido por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha liberado cerca de tres mil libros, como parte de la consigna Léelo y libéralo, que lleva en acción desde 2009 desde la UNAM y que ha regalado más de ocho mil ejemplares. La idea es que, además, los propios libros liberados no terminen en el autobús, sino que se anima a los receptores de ejemplares a que una vez leídos, se registren en la web de Bookcrossing y se lancen, una vez más, a la calle.

Algo parecido ha ocurrido en algunas ciudades israelíes, gracias a una pareja de artistas que comenzó con una instalación artística y acabó con una biblioteca pública muy particular. Daniel Shoshan y Amit Matalon empezaron a montar estanterías con libros en las paradas de autobús, y ahora su proyecto se ha convertido en una especie de servicio de lectura gratuito para los usuarios de bus. Su lema se traduce como puedes coger, puedes devolver, puedes añadir”, y juega con la idea de que los usuarios puedan leer uno de los libros, devolverlo si pueden y contribuir a la causa con libros que tengan en casa y que ya no quieran o necesiten. Aseguran que la gente es honesta si le das la oportunidad, y que no suelen tener problemas para mantener el caudal de ejemplares. De manera curiosa, los ejemplares se concentran en determinadas temáticas según la zona, así en la parada de autobús más cercana a la universidad, los estudiantes intercambian manuales de ciencia, sus propias tesis y novelas de ciencia ficción. En un vecindario muy creyente aparecen textos y cds religiosos, y en las zonas de inmigrantes rusos surgen copias de libros en ruso. De esta manera, el proyecto se organiza y regula a sí mismo, y ha tenido tanto éxito que los artistas ya han recibido invitaciones de los EEUU para implementar la misma idea en algunas zonas de Nueva York y de Washington DC.

Por supuesto, en España contamos con iniciativas parecidas. Granada lleva ya años ofreciendo publicaciones y textos en sus autobuses a través de la empresa Rober, tanto con los relatos ganadores de su certamen Relatos para leer en el autobús, como con textos poéticos que aparecen en forma de carteles en los interiores de los buses con motivo de la celebración de su célebre Festival de Poesía. Por otro lado, Libros a la calle cumple este año su decimoquinto aniversario, ofreciendo una vez más textos literarios a los que utilizan el transporte público en la Comunidad de Madrid. ¿Qué más iniciativas de este tipo conocéis en España y en el mundo hispanohablante en general?

Un nuevo líder de distribución de libros: ¿McDonald’s?

18 de enero de 2012 en Actividades, Infantil, Juvenil, Literatura

Libros con el Happy Meal

En 2011, se vendió en el Reino Unido una media de 1.16 millones de libros por semana, unos 6.4 millones de ejemplares en un periodo de cuatro semanas. La cadena de restaurantes de comida rápida McDonald’s tiene planeado distribuir una cantidad incluso mayor (alrededor de los nueve millones) durante las próximas semanas. Imitando una medida similar llevada a cabo en Suecia, en la que los niños que asistían a los restaurantes McDonald’s podían consumir un “Book Happy Meal”, que incluía un libro de regalo en vez del habitual juguete promocional, la empresa ha decidido probar suerte en Gran Bretaña, con la intención de expandir la promoción a otros países en el futuro. La iniciativa durará hasta el día 7 de febrero.

Es más que probable que el gigante de la hamburguesa haya decidido adoptar esta medida como una respuesta más a las numerosas críticas que ha recibido a lo largo de los años, críticas que lo han llevado a ofrecer fruta como postre en sus menús para niños, mostrar los valores nutricionales de todos sus alimentos, utilizar sólo leche orgánica y participar en numerosas obras de caridad, entre ellas las conocidas Casas Ronald McDonald, que ofrecen alojamiento a familiares de niños enfermos que no pueden permitirse trasladarse para estar junto a los pacientes cuando estos deben acudir a centros especializados lejos del hogar.

Aunque se trate de una medida más de lavado de imagen, es indiscutible que estamos ante una iniciativa muy positiva. Teniendo en cuenta que existe una cantidad inmensa de niños que jamás han pisado una librería o una biblioteca (las encuestas más recientes en el Reino Unido aseguran que uno de cada tres niños no posee un solo libro), pero se estima que 9 de cada 10 niños británicos han estado en un McDonald’s, este libro con su Happy Meal puede significar una entrada significativa en el muy necesario mundo de la literatura infantil, sobre todo por proporcionar un entorno a donde los niños suelen acudir con sus familias, por lo que se fomenta que los niños disfruten de los libros en un entorno cómodo, conocido, y rodeado de aquellos que más deberían animarlos a leer. Los libros irán acompañados de un pequeño juguete que representa a alguno de los personajes de los libros, extraídos de la serie de la Granja Mudpuddle, del reconocido escritor Michael Morpurgo. Los títulos de los libros serán Mossop’s Last Chance; Albertine, Goose Queen; Pigs Might Fly!; Jigger’s Day Off; Martians at Mudpuddle Farm; Mum’s the Word, todos de la misma serie ya mencionada (libros publicados por Harper Collins y que también están disponibles en librerías convencionales). Morpurgo es un escritor reconocido a nivel internacional, sobre todo gracias a su último éxito, la novela Caballo de guerra, recientemente llevada a la gran pantalla por el director Steven Spielberg.

Autores relacionados:
Michael Morpurgo
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Caballo de batalla

Libros más caros de 2011 (I)

12 de enero de 2012 en Actividades, Literatura, Noticias

Das Kapital - Karl Marx

Un año más, la empresa AbeBooks ha publicado las ventas más importantes obtenidas este año pasado, ventas singulares a coleccionistas y lectores pudientes que decidieron gastar cantidades significativas en libros raros, primeras ediciones y títulos descatalogados. El rey del 2011 ha sido, curiosamente, un libro que no aboga precisamente por los caprichos del consumo: el Das Kapital de Karl Marx, una primera edición en tres volúmenes, adquirida por la suma de 51.739 dólares americanos, ¡casi 40.000 €!

El segundo puesto se lo lleva Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, en concreto una primera edición, ¡y además firmada! (Puede leerse “con mis mejores deseos, Harper Lee). La obra se ha vendido por nada menos que 25.000 dólares (unos 19.200 €). Tras Lee, llega un conjunto completo de diez volúmenes de la revista Aspen Magazine, publicados entre 1965 y 1971. Considerada la “primera revista tridimensional”, cada volumen se halla dentro de una caja especial que contiene tarjetas postales, carteles, discos y otra parafernalia. Considerando que se trata de diez tomos, el precio no parece tan escandaloso como los anteriores: 22.915 dólares (unos 17.500 €). El siguiente en la lista ha sido El Hobbit, de J. R. R. Tolkien, una primera edición con sobrecubierta intacta. De esta edición sólo se imprimieron 1.500 copias, lo que explicaría su valor de colección, y que se haya vendido por 20.447 dólares, unos 15.700 €.

Menos conocido es el Fourteen Pages on Thomas Carlyle (Catorce páginas sobre Thomas Carlyle) de John Ruskin, un compendio de notas manuscritas del estudioso del siglo XIX sobre la obra Historia de Federico II de Prusia de Thomas Carlyle. Al tratarse de un manuscrito, entendemos su valor, nada menos que 18.750 dólares, aproximadamente 14.400 €. Le siguen The Camels Are Coming de W. E. Johns, una primera edición (en su primera impresión) de la serie de Johns que se publicó en 1932, vendida por 17.754 dólares (13.566 €), y An Authentic Account of an Embassy from the King of Great Britain to the Emperor of China (la traducción sería más o menos Relato auténtico de una embajada del Rey de Gran Bretaña para el Emperador de China), del diplómata británico Sir George Leonard Staunton, en concreto una segunda edición corregida y firmada por el autor, publicada en tres volúmenes entre 1979 y 1978, por 17.000 dólares (12.990 €). Los siguientes de la lista son The Botany of the Antarctic Voyage of H.M. Discovery ships Erebus and Terror in the Years 1839-1843, under the Command of Sir James Clark Ross (algo así como La botánica de la travesía antártica de las naves Erebus y Terror en los años 1839 a 1843, bajo el mando de Sir James Clark Ross), de J. D. Hooker, de 1844, vendido por 16.000 dólares (12.226 €), y de nuevo An Authentic Account of an Embassy from the King of Great Britain to the Emperor of China, aunque de una edición distinta (esta se vendió por 15.800 dólares, unos 12.000 €). La décima en la lista nos es más familiar, se trata de Las flores del mal de Baudelaire, vendida por 14.925 dólares en su primera edición, unos 11.400 €.

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Charles Baudelaire
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John Ronald Reuel Tolkien
Karl Heinrich Marx
Nelle Harper Lee
Libros relacionados:
El capital
El hobbit
Las flores del mal
Matar a un ruiseñor

Libros antiguos y usados, ¿guardar, destruir, reciclar?

9 de enero de 2012 en Actividades, Arte, Literatura

Postales literarias

Hace poco hablábamos de diversos usos poco convencionales que podían darse a los libros. Uno de los ejemplos fue el reciclaje del libro como obra de arte (recientemente he encontrado otro ejemplo espléndido de esta faceta artística, en manos del escultor de libros Guy Laramee). En esta misma línea, en un blog de diseño se publicó recientemente un artículo sobre cómo convertir libros no deseados en tarjetas postales, dándoles así una nueva vida. Podéis encontrar el artículo en concreto en la web Apartment Therapy, una página enfocada al diseño de interiores y a la creatividad. Lo que me llamó realmente la atención del artículo, y lo que su autor probablemente no se esperaba, fue la avalancha de comentarios negativos respecto a su idea. Para muchos, la idea de destruir un libro, aunque sea para reciclarlo de una manera tan original, era inconcebible. Muchos de vosotros expresasteis también sorpresa en mi artículo de Lecturalia sobre la marginalia, o la costumbre de escribir (¡sí, incluso con bolígrafo!) en los márgenes de los libros.

El debate que se generó al hilo del artículo de Marginalia fue interesante, más que nada porque todos expresaban puntos de vista válidos: por un lado, había quien consideraba que escribir en un libro era mancillarlo y estropearlo, por otro había quien pensaba que enriquecía el contenido y la propia lectura de la obra. Imaginad que aplicásemos el mismo debate al hecho, ya no de escribir en los márgenes de los libros, sino de transformarlos completamente, ya sea para crear una obra artística, ya sea para darle una vida nueva como proyecto rudimentario, como en el caso de las tarjetas postales. Por un lado, parece un crimen estropear de esta manera un libro, pero por otro… ¿qué hay de la cantidad de libros que todos los años se convierten en pulpa, se queman, o acaban en los vertederos? ¿No se merecen, acaso, la bondad de una nueva vida? A la hora de destruir un libro para concederle un nuevo uso, nadie implica que debamos romper a tiras una obra favorita o un ejemplar valioso. ¿A cuántas personas conocéis que en vez de regalar o donar sus libros sobrantes simplemente los tira a la basura? Muchas bibliotecas, editoriales y librerías se quejan de acabar con almacenes llenos de libros que ya han agotado su vida útil, y el simple hecho de buscar a quién revender estos libros, o a quién y cómo donarlos, es un proceso con frecuencia muy frustrante. Por otro lado, todos tenemos algún libro que consideramos de valor nulo, algún superventas de baja calidad que no encontrará nunca una salida a su estado inamovible de decoración de estantería.

¿Qué opináis vosotros? ¿Merece la pena destruir un libro si de éste nacerá algo bello o útil? ¿O consideráis que todo libro es sagrado y debe conservarse? ¿Qué ideas se os ocurren para reutilizar esas obras que ya no caben en vuestras estanterías? Como siempre, esperamos vuestras respuestas en los comentarios.

Extraños usos para un libro

7 de enero de 2012 en Actividades, Arte, Literatura

El 21 de diciembre de 2011, en el vuelo entre Washington DC y Chicago, un pasajero fue detenido por llevar encima un libro muy especial, titulado Ninja. El guerrero sombra. Lo realmente extraordinario de esta obra, más allá de su contenido textual, resultó ser su contenido físico: el libro había sido vaciado para portar dos peligrosos cuchillos arrojadizos.

No es la primera vez que nos encontramos con un uso poco habitual del libro común. Aunque no estamos a favor de utilizar los libros como compartimentos secretos donde guardar armas blancas, puede ser una opción divertida simplemente para esconder cualquier objeto privado o incluso como regalo original. En Youtube pueden encontrarse vídeos que nos explican cómo vaciar un libro para utilizarlo como recipiente:

El uso del libro como objeto o material artístico es frecuente y produce auténticas joyas (sólo hay que ver el trabajo que realizan con recortes los artistas Sue Blackwell, o Thomas Allen, que se especializa en la ficción pulp para crear sus puestas en escena de género negro), pero podemos darle también una utilización más cotidiana y práctica. Podemos convertirlo en bolso, por ejemplo:

O también en un práctico mueble. Pueden encontrarse mesas, sillones, lámparas e incluso estanterías creadas con libros, y hay quien hace árboles de Navidad. Con todo, el libro rey para aplicaciones alternativas es, por supuesto, la guía telefónica. Al fin y al cabo, ¿qué hacer con una cantidad tan grande de papel cuyos datos expiran de un año para otro? Hay usos pequeños y sencillos como la creación de lacitos para regalos o como papel de envolver, y cualquiera que haya limpiado una ventana habrá probado el truco, bastante eficiente, de utilizar papel de guía telefónica, de revista o de periódico. Otros usos más complejos, de guía telefónica o de cualquier tipo de papel, se refieren a la moda. En esta ronda de fotos de Flickr podéis encontrar un ejemplo muy elaborado de las posibilidades de una guía telefónica completa, diseñado y producido por una estudiante de arte.

Y no podemos olvidarnos del libro, y del arte asociado a éste, en lo que se refiere al acto de protesta. En Edimburgo ha surgido un artista que ha dejado un rastro de pequeñas esculturas creadas de libros, posiblemente como respuesta a los recortes presupuestarios dedicados a bibliotecas y a otros centros relacionados con la literatura. Las piezas son auténticas muestras de amor por el arte y el libro y han ido apareciendo a lo largo del año a las puertas (o en el interior) de diferentes centros que se dedican a la promoción y conservación del libro. El artista permanece en el anonimato, y deja pequeñas notas junto a sus regalos, generalmente con palabras de agradecimiento por la labor del centro agasajado, además de una extraña fijación con el escritor Ian Rankin. Sólo se sabe, por sus propias notas, que se trata de una mujer. En el blog del “paparazzi literario” escocés Chris Scott pueden encontrarse numerosas imágenes de las obras regaladas, además de información sobre qué han hecho los centros con sus presentes.

La construcción del Literaverso

5 de enero de 2012 en Actividades, Literatura, Tecnologí­a

Literaverso

Podría decirse que cada libro contiene su propio universo, sus personajes, sus reglas, sus lugares secretos… y, al mismo tiempo, comparte el universo en el que vivimos, con ciudades, cantantes, platos de cocina o políticos, por mencionar unos pocos.

La barrera entre ficción y realidad es, pues, difusa y muchas veces, además, puede parecer que el universo privado del escritor nos es completamente ajeno debido a esas referencias oscuras a saxofonistas de jazz, razas desconocidas de gatos o barrios pintorescos de una ciudad de Tokyo. ¿No sería maravilloso poder acceder a esas referencias? Sólo con acceder a las recetas sicilianas del Comisario Montalbano o a los listados de música en Alta fidelidad ya valdría la pena.

Pues bien, la gente de Small Demons se ha puesto en marcha y está creando un completo mapa del Literaverso (storyverse) en el que pretenden crear un mapa -más bien una corografía universal y virtual- en la que tengan cabida desde lugares, personajes, obras, películas, y cualquier otro tipo de cosa que aparezca en un libro, tanto si es real como si no lo es.

Literaverso

Las búsquedas, en teoría -están trabajando en ello- partirían tanto desde las propias obras como por los ítems a buscar. Es decir, se podría buscar cada pueblo que aparece en el Quijote o, directamente, ver en cuántos libros aparece El Toboso. Y así con cada cosa del universo en un mapa trenzado a través de la literatura.

De entrada parece una labor descomunal e infinita sacada de uno de los libros de Jasper Fforde. El mundo de los libros es amplísimo, por no hablar de las simples «cosas» que se podrían aplicar. Por el momento no sé si el proyecto pretende ir más allá de una prueba de concepto, ya que sin contar con el apoyo directo de una enorme comunidad de usuarios es imposible que el proyecto avanzara más allá de una pequeña muestra. Eso sí, las posibilidades comerciales parecen muy interesantes tanto a nivel publicitario como en ventas. Desde luego, una idea a la que habrá que ir siguiéndole el rastro.

Más información: Small Demons (Inglés)


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