El lamento del escritor analógico

Desde luego, llueven los ejemplos de autores reconocidos que parecen algo perdidos al afrontar estos nuevos tiempos de redes sociales y cultura compartida. De grandes literatos a mediocres ensalzados, son numerosos los encontronazos, revueltas, malentendidos y salidas de tono en cuanto nos acercamos de puntillas al espinoso tema de los ebooks.
Los hay que reniegan de su esencia, ya que parece que la literatura se banaliza al mutar de papel a unos y ceros, y luego los hay que se asustan ante una bajada de sus ventas en papel y no tardan en acusar a la descargas fuera del mercado. Ni a la crisis, ni a un libro fallido, ni a que su editorial ya no gasta lo mismo en promoción que antes, no, eso, por lo visto, resulta impensable. Es mejor buscar un chivo expiatorio informe, anónimo, y que por lo tanto, no pueda defenderse. Si se hace todo en base a conjeturas y cavilaciones, mejor que mejor. Es más, puede que ponerse en el disparadero sirva para aquellos autores que se han acostumbrado a vivir de la polémica y conseguir esos minutos extra en radios y televisiones que se les había negado en los últimos tiempos.
Pero seamos serios, la pose gamberra tiene su gracia unas cuantas veces, pero lo que no puede hacer un provocador es quejarse de la respuesta que reciba. Es una lección dolorosa, pero el mundo de las redes sociales no es el de los diarios y revistas de antaño, donde unas declaraciones «audaces» sólo recogían el feedback de unos cuantos amigos y un par de críticos. Ahora hay que tener en cuenta que el diálogo es mucho más amplio, Internet es un altavoz prodigioso, pero el eco es tan poderoso que puede llegar a dejarte sordo.
En cuanto a las descargas digitales, hay que dejar las cosas claras. El parque de ereaders en España, aunque en continuo crecimiento, todavía es ridículo como para afectar de verdad a las ventas de un libro en papel. Como ya hemos comentado en otras ocasiones, una descarga no es un libro leído, ni una venta no realizada. Teniendo en cuenta que en el mundo de las ebooks se descargan archivos con cientos de títulos a la vez, mucho hay que afinar para saber qué novelas pueden resultar afectadas en un futuro. Lo que está claro es que los usuarios de lectores electrónicos quieren usarlos, es de perogrullo, sería interesante para los autores cuyos libros circulan por la red que se preguntaran los motivos por los cuales sus editoriales no los ponen a la venta. ¿Acaso no quieren llegar a todos sus lectores? ¿Acaso no quieren ser leídos?
Es más, creo que ya es hora de que muchos autores dejen el apesebramiento del 10% y comiencen a explorar los nuevos caminos que se abren ante ellos en este momento. Es difícil para un escritor novato, pero los que mantienen una fiel comunidad de seguidores lo tienen mucho más fácil para dar un paso hacia delante y negociar nuevos contratos, dejar de lado a editoriales tradicionales e incluso, para los más valientes, liarse la manta a la cabeza y publicar en solitario.
Nadie ha dicho que sea sencillo, desde luego, nos enfrentamos a un cambio profundo en la industria cultural y va a suponer un reajuste doloroso para los autores ya establecidos y con pocas ganas de actualizarse. Espero que todos, desde los más grandes a los que viven de rentas antiguas, sean capaces de darse cuenta.

21 de diciembre de 2011 a las 11:28
Es muy cierto todo lo que comentas, y creo que al hilo de esto nos estamos encontrando más de lo que sería deseable con autores que se ponen la venda antes de tener la herida.
Las recientes declaraciones de Lucía Etxebarría diciendo que dejará de publicar libros (http://lector-e.blogspot.com/2011/12/lucia-etxebarria-dejara-de-publicar.html), un reciente artículo de Juan Manuel de Prada en XLSemanal hablando del libro electrónico (http://xlsemanal.finanzas.com/web/firma.php?id_edicion=6947&id_firma=15192) , los artículos que de vez en cuando publica el premio Nobel Mario Vargas Llosa (http://lector-e.blogspot.com/2011/08/vargas-llosa-y-los-avances-tecnologicos.html)… son buena muestra de ello.
Otros como Juan Gómez-Jurado o Lorenzo Silva ven que esto es imparable y lo mejor que pueden hacer es subirse al carro. Algunas vacas sagradas deberían dejar de mirar como pasa el tren y ponerse a actuar más pronto que tarde sino quieren lamentarse más adelante.
21 de diciembre de 2011 a las 12:12
[...] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos El lamento del escritor analógico http://www.lecturalia.com/blog/2011/12/21/el-lamento-del-escrito… por aiounsoufa hace [...]
21 de diciembre de 2011 a las 12:19
Yo desde luego creo que si un autor no publica su libro en formato electrónico es que no quiere vendermelo a mi, que desde hace dos años no leo en papel, por lo que si me bajo una copia de su libro desde internet no le hago ningún daño.
21 de diciembre de 2011 a las 12:42
Un artículo imprescindible. Un compendio de sensatez de principio a fin.
“El parque de ereaders en España, aunque en continuo crecimiento, todavía es ridículo como para afectar de verdad a las ventas de un libro en papel.”
“una descarga no es un libro leído, ni una venta no realizada.”
“Si se hace todo en base a conjeturas y cavilaciones, mejor que mejor.” Al final, Lucia Etxebarria dió una peregrina explicación en “Julia en la onda” sobre lo que al fin y al cabo es lo más importante, ¿de dónde son los datos que esgrime?
Re
21 de diciembre de 2011 a las 14:12
Excelente artículo y excelente foto. Llevo casi 20 años publicando en papel, pero, desde el mismo momento en que tuve la oportunidad de leer mis libros favoritos en el móvil, supe que este nuevo negocio era imparable y muy apetecible, por eso de llevar cientos de libros en el bolsillo. Cuando salieron los primeros ebooks, ya había mi decisión. Ahora los escritores tenemos más opciones: sigo editando en papel, pero también en digital. Yo marco el precio y decido qué libros van a ir en un formato o en otro. He ganado en autonomía y ya no son otros los que dicen lo que debo o no publicar, y en qué momento. La promoción la hago yo mismo. Suelo dejar que se descarguen gratis mis novedades digitales durante uno o dos meses, porque me da la gana y lo anuncio a bombo y platillo en Facebook, Twitter y Google+. Eso es bueno para mi libro que se da a conocer y es bueno para el lector que puede comprobar que en esto que llamamos literatura, hay otras cosas además de el dinero. Si ese libro que se ha descargado gratis le gusta, puede que desee leer más libros míos, en papel o en digital. Si no es así, tampoco pasa nada. No he perdido nada. Me gusta que me lean y me gusta regalar, tanto como vivir de mi trabajo y ambas cosas no están reñidas. Si alguien quiere leer alguno de mis libros digitales y no puede pagarlo, que se lo descargue donde lo encuentre, y si no lo encuentra, puede pedírmelo que yo se lo doy. No pierdo una venta, gano un lector. Esta es la tremenda libertad que me ha dado el formato digital e Internet.
Aunque el proceso de adaptación cuesta un poco al principio, es algo que recomiendo a todos los escritores. Los programas Sigil y Calibre son fáciles de manejar, están en castellano y son gratuitos. No reneguéis de los editores, pero tampoco de vuestro propio criterio. Entre un escritor y un lector hay ahora una línea directa, donde lo único imprescindible son las ganas de leer y ser leido.
21 de diciembre de 2011 a las 14:59
Totalmente de acuerdo contigo Alfredo, como siempre que tocáis -como tú has dicho-, el espinoso tema del e-book. Hay que adaptarse, no hay tutía.
¡Ah! y que me perdonen sus seguidores, pero que Lucía Etxebarría se retire no es tan mala noticia
Aunque su excusa me parece bastante pobre, la verdad. Igual es que no le leen o que realmente no le apasiona escribir, pero decir que se retira porque le piratean sus obras es de risa. A mí, desde luego, me parece perfecto, que deje su “hueco” a otro/a escritor con menos presencia mediática, más ganas y más calidad literaria. Pero que sobre todo escriba con el fin de que le lean, llámadme romántica…
21 de diciembre de 2011 a las 20:04
“sería interesante para los autores cuyos libros circulan por la red que se preguntaran los motivos por los cuales sus editoriales no los ponen a la venta. ¿Acaso no quieren llegar a todos sus lectores? ¿Acaso no quieren ser leídos?”
Lo malo es que los escritores no sólo quieren ser leídos. También tienen la absurda pretensión de querer cobrar por su trabajo.
“creo que ya es hora de que muchos autores dejen el apesebramiento del 10% y comiencen a explorar los nuevos caminos que se abren ante ellos en este momento”
Lo malo es que el trabajo por el que pretenden cobrar los escritores es por, esto… escribir. Es decir, tienen la absurda pretensión de no querer trabajr como empresarios, ni agentes de marketing, ni captadores de publicidad. Si tuvieran talento para ser empresarios, o agentes de marketing, o captadores de publicidad, o community managers, trabajarían de eso, que se gana más, en vez de escribiendo, que se suele ganar menos.
“Como ya hemos comentado en otras ocasiones, una descarga no es un libro leído, ni una venta no realizada”
¿Quién es tan gilipollas como para descargarse un libro para NO leerlo? No, no me respondáis. Ya sé que el mundo está lleno de gilipollas que hacen gilipolleces como ésa o peores. Pero he aqui una verdad de perogrullo: si un producto que se vende en el mercado también se ofrece al público gratis, sus ventas disminuirán, y perderá una parte más o menos importante de sus potenciales consumidores. Normal ¿para qué vamos a pagar por algo que podemos conseguir gratis? Y otra verdad de perogrullo: un producto que tiene un coste de producción X, para ser rentable en su producción debe conseguir del mercado un valor de X+Y. Si no, se convierte en inviable y deja de producirse. Y entonces ya no se puede conseguir ni gratis. Y, por cierto, un consejo de estilo: “Como ya hemos comentado”… el plural mayestático resulta admisible cuando lo usa un rey (por eso se llama mayestático) o cuando lo usa el Papa. Cuando lo usa cualquier otro queda como cursi, pretencioso y redicho. Así que mejor no lo uses. Perdón, no lo uséis. Vuecencia.
21 de diciembre de 2011 a las 23:34
no hay que engañarse, asumamos la realidad. Muchos de esos autores son dinosaurios, su incapacidad para adaptarse los condena a la desaparición
Recordemos lo ocurrido con las enciclopedias. Ningunha ha sido pirateada pero han desaparecido del mercado. No vendían y no han sabido adaptarse.
Han preferido desaparecer antes que volcarse en internet o intentar adaptar su negocio
22 de diciembre de 2011 a las 2:09
Un artículo que hacía falta. Podríamos difundirlo por Internet, con permiso de su autor y de Lecturalia, nombrando la fuente.
Tampoco se plantean los escritores ni las editoriales que pagar 20 euros por un libro de papel no está al alcance de todo el mundo, sobre todo si se leen cuatro o cinco al mes. Ese euro que reciben los autores creo que se daría con gusto por parte de los lectores.
Es una pena que de nuevo el dinero marque el ritmo y que algunos, pese a que sepan que sus obras son leídas por muchas personas (que al parecer tampoco son tantas) en lectores de ebooks o en un pc, además de en el formato clásico, eso no lo valoren: solo se valora, por lo visto, lo que ganan.
22 de diciembre de 2011 a las 7:58
Hola Xabier! Antes que nada aclararte que en Lecturalia escribo yo y más personas. Entiendo que no eres habitual de estas páginas, pero como somos varios comentando el tema tiendo a usar el plural, espero que no te moleste.
En cuanto a lo de que los escritores tienen que cobrar, nadie lo pone en duda. Lo que pongo en duda es el modelo actual. ¿Que a ti te parece un modelo inmejorable? Perfecto. Yo soy de la opinión que tanto los escritores, como los editores, los libreros y los lectores, se van a tener que adaptar. Hay varios artículos en Lecturalia hablando del tema, no creas que cargamos las tintas sólo sobre los autores.
En cuanto a descargar material de la red y no usarlo… sobre todo cuando no te descargas un libro en solitario sino 1000 de golpe… en fin.
22 de diciembre de 2011 a las 12:54
Alfredo, excelente artículo (con plural mayestático incluído, como es debido en este tipo de artículos).
Pero ante todo quiero expresar mi dmiración por la audacia de Rafael Estrada cuando ofrece gratuitamente su obra: “No pierdo una venta, gano un lector.”
Últimamente parece que volvamos a la ya trasnochada polémica que parecía superada de si la librería y la biblioteca son competencia o bien se complementan.
En la biblioteca municipal de Esplugues prestamos libros electrónicos desde marzo de 2010. De esta experiencia ante todo cabe destacar que en este tiempo hemos repuesto los aparatos, y nos ha dado múltiples problemas el DRM. Hemos perdido libros que la biblioteca había comprado.
Finalmente nos hemos visto obligados a prestar los aparatos cargados únicamente con libros de dominio público, con sólo algunos libros comprados con DRM que hemos podido rescatar. Nos encontramos, como cualquier otro usuario de lectura digital con el problema de que el sector editorial del estado ha querido blindar su negocio en una especie de burbuja. Como aquel avestruz que entierra la cabeza y cree que el progreso de la humanidad no va por el:
- los libros digitales son caros,
- los libros digitales de novedades en castellano (y peor todavía en catalán) son escasos,
- el DRM conlleva serios problemas para poder manipular (de forma legal) los libros comprados.
Todos sabemos que el proceso para maquetar un libro digital es prácticamente el mismo que para maquetar un libro (actualment todos los libros nacen como libros digitales) que se transformará en un libro convencional. Sabemos que el libro digital ahorra materias primas, transporte, almacenaje, etc. Pero yo considero que sobretodo entraña un ahorro muy supiero para el editor que es el RIESGO.
La edición clásica entraña riesgos: un libro con una deficiente edición técnica (faltas de ortografía, páginas en blanco, etc.) conlleva eliminar toda la edición y rehacerla; un libro que no se vende conlleva unas enormes pérdidas por los gastos ocasionados, que básicamente seran los mismos si se vende como si no. En cambio la edición digital elimina la mayor parte del riesgo: si hay que hacer una edción nueva, el proceso es bien fácil, y basta con dar una nueva dirección de descarga al comprador; si no se vende, los costes de maquetación y difusión por internet no son comparables con los que hubiera tenido la edición en papel.
Los editores valientes, que los hay, que asumen el riesgo de lo digital, de lo todavía desconocido, son los que permiten el progreso, y seran los mejor posicionados para encarar el futuro que nos viene encima. La industria editorial puede poner trabas a la edicón electrónica, pero todos sabemos que el progreso es obstinado e imparable. No vale la pena perder energías en intentar paralizar lo que sin duda acabará por llegar.
Algunos autores que, creyéndose las estadísticas de “piratería” que lógicamente no son controlables, han ejercido su derecho inalienable de dejar de publicar, desde luego no se han hecho ningún favor a si mismos.
Ojalá hubiera tantos lectores de literatura digital como quieren hacernos creer, porque de ser así, a pesar de la piratería, la industira editorial digital contaría con una salud de hierro y un futuro garantizado.
22 de diciembre de 2011 a las 14:29
Sé que hay gente que se descarga mil libros de una tacada, y es imposible que los lea todos; como hay gente que se descarga miles de discos al día, mucha más música de la que puede escuchar en toda su vida. Pero de todas formas, esa gente va formando una bolsa de usuarios que cubren TODAS sus necesidades con descargas gratuitas. Si no existiera la posibilidad de la descarga gratuita, no adquirirían ni tanta música ni tanta lectura, pero alguna adquirirían, porque qué remedio (y la que adquiriesen, probablemente, la disfrutarían más) e inyectarían algo de dinero en el sistema. Ahora mismo no inyectan ninguno. Son parásitos, tal como suena. Liendres que engordan desangrando el sistema.
En cuanto a la dicotomía literatura analógica-literatura digital: no existe, escribir se escribe igual, y leer, en el fondo, también. El problema, para un escritor, no es el formato: un lector de libros electrónicos no es más que un soporte de lectura, como lo es el papel. El hecho de leer es el mismo. Hasta ahí, da igual que a uno le lean en papel o en pantalla: eso es cuestión de gustos, o de comodidad del usuario. el problema es la rentabilización. Que deriva de un problema de vacío legal. El sistema de edición analógica, con todas sus carencias y defectos (que son muchos, y muchos ya se han indicado en este debate) tal como está montado garantiza al fabricante del producto (el escritor) una remuneración por el mismo, aunque sea en la forma de un raquítico diez por ciento. La edición electrónica, en cambio, y por culpa del vacío legal antes aludido, abre la vía a una pérdida de rentabilidad del mismo, como ya la abrió en la industria de la música. Antes, un grupo musical, en cuanto colocaba un disco en el mercado, a poco que funcionara, conseguía réditos suficientes como para poder dedicarse profesionalmente a la música y vivir de ella (a veces muy bien, incluso; a pesar de la parte del león que se llevaba la industria del disco). En estos tiempos de masivas descargas gratuitas, en cambio, que su disco sea muy escuchado, o descargado, no garantiza nada al músico, que con frecuencia se ve condenado a ser músico amateur de por vida, y debe seguir dedicándose a otras actividades económicas para seguir comiendo y pagando el alquiler. Lo que implica menor dedicación a la música, menor producción y menores niveles de calidad en la grabación, porque no pueden permitírselos. Esta situación no se subsanará en tanto no haya una protección legal que garantice una persecución eficaz de la distribución de copias no autorizadas.
La actividad literaria siempre ha sido difícil de rentabilizar. Aún en los tiempos analógicos, pocos eran los escritores que vivían de lo que escribían: la mayoría debían trabajar, además, en otra cosa: como periodistas, como funcionarios, como carteros (Bukowski), como agentes de seguros (Kafka), como vendedores de jamones… si encima la actividad literaria debe desarrollarse en un contexto de distribución donde la copia gratuita no autorizada sea de tan fácil acceso como lo es ahora en la distribución musical, su posible rentabilidad económica se hundirá. Por eso entiendo, aunque no comparta del todo, las reticencias que determinados escritores “analógicos” han expresado hacia la distribución digital de sus obras. Hacen mal en plantearlas como un problema de oposición entre soportes, porque no se trata de eso. Pero es que el papel les garantiza, mal que bien, unos emolumentos. El libro digital, a cambio, sólo les ofrece un salto en el vacío sin red. Lo que se les plantea es abandonar un sistema deficiente pero que funciona por los cantos de sirena de un sistema aún inexistente. No puede extrañar a nadie que opten por lo malo conocido.
El día que exista una protección legal suficiente, y suficientemente eficaz, contra la distribución de copias no autorizadas, esas actitudes de rechazo a la literatura digital serán absurdas. Pero hasta entonces, inevitablemente, menudearán.
22 de diciembre de 2011 a las 19:01
Gran artículo y de rabiosa actualidad, sobre todo si tenemos en cuenta el sorprendente y sorpresivo anuncio de Lucía Etxebarría sobre su “retirada” de los ruedos literarios “durante unos años” a causa de la disminución de sus emolumentos recibidos vía papel por el aumento desmesurado de las descargas piratas de sus novelas. Yo, personalmente, no creo que el libro digital llegue nunca a acabar con el libro de papel, y también creo que los lectores “de toda la vida” siguen resistiéndose a llenar sus estanterías con discos duros extraíbles en vez de con bonitos y desgastados libros de papel. Si las ventas del papel disminuyen creo que habría que buscar los porqués en otros factores más allá de la mera descarga ilegal por internet. Ahora bien, si esto sucediese de manera masiva y no solo con unos pocos autores reconocidos, igual habría que plantearse si realmente estamos viviendo una revolución cultural en las redes, si la gente se ha cansado de pagar por la cultura o si el amante de la literatura (entendiendo la lectura como el placer de leer) no ha llegado a plantearse alguna vez por qué tiene que pagar X euros por leer algo de un autor reconocido, ya sea luego la obra excelente, buena, regular o mediocre, y, en cambio, no tenga que hacerlo por leer cualquier otra obra de escritores que, sumidos en el eterno etiquetado de “nóveles” o “frustrados” (por las editoriales, se entiende), suben, de manera gratuita, sus obras a la red, ya sean, también, excelentes, buenas, regulares o mediocres. Simplemente para compartir con el resto del mundo su talento, sin esperar (por lo menos de entrada) nada a cambio. Tu artículo deja una, a mi juicio, buena reflexión al respecto. 100% de acuerdo.
22 de diciembre de 2011 a las 21:12
Siempre he escuchado a escritores y editoriales, que lo importante es que se conozca su obra ( los unos), y que la gente lea mas (los otros). Claro que quizás les faltaba decir: “pasando previamente por caja y pagando los abusivos precios que queramos poner”. Los unos y los otros estaban encantados de haberse conocido.
Pero …los tiempos cambian, ahora a las editoriales les toca cerrar… yo me alegro mucho, llevo año y medio leyendo uno o dos libros semanales GRATIS.
!Lectores! no preocuparos, habrá mas y mejores escritores. Se llama “progreso”.
23 de diciembre de 2011 a las 7:59
Jajaja, me dio mucha risa eso de no lo uséis y las lecciones de lo mayestático. Cada quien escribe como se le antoja y cada quien puede exponer lo mayestático como si lo que él dice es la única verdad. Como en la política, cada quien tiene una opinión y ninguna es acertada, ni en el uso del lenguaje, ni en el tema de los e-books.
23 de diciembre de 2011 a las 8:02
No hay diferencia entre literatura digital y analógica, Xavier, existe entre escritores analógicos y digitales. Muchos grupos de música han cambiado estrategias, como Radiohead, esos locos “desconocidos” que pusieron gratuitamente uno de sus últimos discos en la red, por poner un ejemplo, y muchos otros ya han descubierto que les va mejor a base de conciertos. Me hablas de una industria tradicional que ofrece unos rendimientos establecidos. Está bien querer mantener un sistema que ha demostrado poder mantener una retribución, pero no se va a mantener. Te invito a que leas el resto de nuestros artículos sobre el tema, no defendemos el todo gratis pero tampoco estamos de acuerdo con cómo se hacen las cosas ahora. Sin cambio en la industria no puede haber queja posterior.
23 de diciembre de 2011 a las 8:03
Hola Clash_63. Entiendo tu postura, pero, ¿comprarías libros a otro precio? ¿cuál sería para ti un precio justo?
23 de diciembre de 2011 a las 8:07
Hola, Nocturno Inculto, la verdad es que no es mayestático, que este blog ¡es comunitario! lo hacemos entre varios. Y, por supuesto, la nuestra no es la única verdad, tan sólo es una opinión más.
23 de diciembre de 2011 a las 13:06
[...] que un blog ho ha ressenyat molt bé i hi estic de tot d’acord us enllaço l’entrada de Lecturalia on en parlen. I em sumo a demanar a l’autora que es passi als altres límits, de seguidors en [...]
23 de diciembre de 2011 a las 14:00
Hola Alfredo (encantado).
Lo comente en otro “post“, (Las descargas de “El prisionero del cielo“, el 4 de diciembre de 2011).
Si los compraría, lo he hecho durante toda mi vida. Pienso que un precio razonable para los libros electrónicos nuevos seria de 2€ máximo. Los libros con mas de uno o dos años en el mercado por debajo de un euro.
Siento un profundo respecto y admiración por los escritores, como por todos los artistas. Tan importantes como el aire que respiramos. Comprendo su preocupación y desconcierto, y por supuesto tienen que ganar dinero, y bastante, por que creo que su trabajo lo vale, en realidad vale tanto que no tiene precio. Otra cosa son los editores, que deberían fijarse en las discográficas y músicos que van por delante en este camino.
Desde que era un niño y acudía a las bibliotecas a leer cuentos y tebeos, he escuchado lo bueno que era leer y aprender, y efectivamente así lo sentía yo también, pero cuando iba a los kioscos o librerías me daba cuenta que no podía comprarlos, entonces pensaba (soñaba), que algún día, de alguna manera, el dinero no seria lo mas importante …que ingenuo, ¿verdad?.