Clásicos que aburren

La Regenta, de Leopoldo Alas Clarín, es una de mis novelas favoritas. Es posible que nunca la hubiese probado si no hubiera estado entre las lecturas obligatorias de mi centro de enseñanza, ya que por sí misma no gozaba de nada que me llamase la atención. De acuerdo, había adulterio, una feroz crítica al conservadurismo religioso y mil atracciones más entre sus numerosas páginas, pero no era fácil saberlo cuando lo primero con lo que una se encontraba, siendo adolescente, era con un capítulo largo y tedioso con una descripción pormenorizada de Oviedo, perdón, Vetusta, desde lo alto de un campanario. La obligación escolar me hizo ir más allá de esas primeras páginas y pude disfrutar de una obra excelente, emocionante y tremebunda, pero de haber sido por mi propio interés lector, nunca habría superado esas densas primeras páginas.
¿Cuántos libros, descritos como clásicos literarios, tenemos en la estantería, promesas olvidadas de cultura, de estatus intelectual? ¿Cuántas obras están protegidas por la impenetrable pátina del prestigio, cuántas de ellas acaban sirviendo, pese a nuestros mejores deseos, como el mejor remedio contra el insomnio o incluso como conveniente extra bajo la pata de una mesa coja? Cortázar decía que no había podido leer El Quijote hasta que comenzó a hacerlo en sus visitas al excusado; el Ulises de Joyce decora más de una habitación, cubriéndose de polvo, infeliz en su inutilidad. En muchas ocasiones necesitamos un contexto, una valoración, apéndices de conocimiento que nos expliquen por qué un volumen de insoportable aburrimiento es una de las obras cumbre de la literatura universal. En estos casos, la literatura se parece al arte pictórico. La crítica puede marcar la diferencia ante un cuadro, como por ejemplo El Matrimonio Arnolfini, donde sólo vemos una pareja poco agraciada en una habitación de extrañas proporciones, cogida de la mano; las palabras adecuadas pueden hacernos apreciar el contexto histórico, político y social, el detallismo del paisaje, el inteligente juego del espejo, la aparición de elementos pictóricos de extraño simbolismo, etc. Cuando queremos darnos cuenta, la pareja nos resulta hermosa y la habitación cobra una vida propia que trasciende lo visual. Con frecuencia, con los libros nos pasa algo semejante: el entendimiento del juego de crítica, sátira y pura diversión que aliña la novela de Cervantes y la apreciación del maestral uso del lenguaje de Joyce pueden llevarnos a encontrar en sus libros un verdadero goce que poca literatura podrá proporcionarnos.
O tal vez, sólo tal vez, sigan pareciéndonos escritos densos, lentos, en resumen, aburridos. Por otro lado, lecturas hay para todos los gustos, y obras como Guerra y paz o Cien años de soledad levantan casi tantas pasiones como bostezos. Las conversaciones sobre la conveniencia de largas escenas bélicas (o la abundancia de absurdas cancioncillas) en El señor de los anillos ya son bastante cansinas de por sí. Pocas personas hay que recomienden lecturas como La voluntad de Azorín, La madre de Gorki o Tiempos difíciles de Dickens, por su valor como entretenimiento. Y vosotros, lectores, ¿qué libros preferiríais usar para avivar el fuego este próximo invierno antes de tener que volver a pasar por el suplicio de leer más de dos páginas seguidas?
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9 de septiembre de 2011 a las 9:18
Yo presumo de haber leído, completo, el “Amadís de Gaula”, en la edición crítica en dos tomos de Juan Manuel Cacho Blecua, editada por Cátedra.
En su momento “disfruté”; pero creo que ni por todo el oro del mundo volvería a acometer tamaña empresa.
9 de septiembre de 2011 a las 11:54
Creo merecer un premio por haber perseverado en los dos tomos de Bomarzo de Mujica Láinez, aunque confieso que deseé una muerte violenta al insoportable tísico Hans Castorp de La Montaña Mágica
9 de septiembre de 2011 a las 18:08
Totalmente de acuerdo con matar a Hans Castorp, jajjajajja Imposible de aguantar
9 de septiembre de 2011 a las 18:25
Uno de los peñazos más espantosos es un libraco de moda, uno de esos que nos cuelan como “bestseller de culto”, me refiero a 1Q84 Murakami. Yo he llegado a odiar a Fukaeri, Tengo y la Crisálida del aire con todas mis fuerzas… No lo he podido acabar. Ahora amenaza un nuevo tomo… No así la Regenta de la que habla el “blogger”, que me encantó y creo haber leído tres veces. Lo del Ulises de Joyce merece capítulo aparte, es uno de los peñazos más grandes de la historia precedidos de una propaganda crítica increíble…, hasta el punto de que nadie se atreve a decir en voz alta que es un horror… No sé de nadie que lo haya podido leer entero, lo que también se puede decir de “El Capital”, de Marx, otro peñazo prestigioso… En fin, que peñazos haberlos hailos, pero no sólo antiguos, muchos entre los bestsellers que las editoriales nos quieren vender a toda costa.
9 de septiembre de 2011 a las 18:39
El jinete polaco de Antonio Múñoz Molina me pareció una novela mortalmente aburrida y eso que intenté leerla en mi juventud cuando devoraba libros com el hombre sin atributos de Robert Musil que dicho sea de paso también era un poco ladrillo.
9 de septiembre de 2011 a las 18:50
No soy nada dada a persistir si una lectura me aburre, pero recuerdo que necesite una gran dosis de cabezonería para terminar las soporíferas ‘El péndulo de Foucault’ de Umberto Eco y `Los versos satánicos´ de Salman Rushdie. No les niego en absoluto su valor literario, pero para gustos están los colores.
10 de septiembre de 2011 a las 0:14
Bueno, al principio Cien Años de Soledad se me hizo tedioso, pero cerca de la mitad me enganchó, no obstante, ese comienzo sigue siéndome pesado y cansino. Gran novela, sin embargo.
Otra novela fue como mencionaste, Tiempos Difíciles de Dickens; su comienzo me llamó la atención, pero me fue aburriendo, después retomó su calidad y lo leí gustoso.
El Señor de los Anillos, nunca se me hizo agobiante o pesado, quién sabe por qué.
Bueno, son los libros que me cansaron.
10 de septiembre de 2011 a las 4:05
Demian de Herman Hesse, me parece un aburrimiento total. Por no hablar de “El amor en tiempos del cólera”, libro que si de pasión se trata ,no tiene más que el nombre.
10 de septiembre de 2011 a las 14:06
Yo leí La Regenta pero debo reconocer que lo empecé por curiosidad (todo el mundo la recomendaba). Es muy,muy densa y la terminé porque nunca dejo un libro a medias (siempre puede surgir una sorpresa). El vocabulario perfecto y el desarrollos también pero… demasiado lento. Si alguna vez me preguntan, daré el aviso.
10 de septiembre de 2011 a las 18:10
Pues me he leído el Quijote, que me Pareció muy divertido, la montaña mágica, que me gusto mucho, el ulysses de Joyce que me impresiono y me hizo dejar de leer 1 año porque creía no poder volver a encontrar otra obra mas completa que esa, y mi ultima conquista: guerra y paz que me ha entusiasmado. Creo que aunque algunas son algo difíciles de leer, al final todas tienen su recompensa de una u otra forma. Por cierto que el péndulo de focault me mantuvo en vilo hasta el final, muy interesante.
12 de septiembre de 2011 a las 13:54
Pues yo no perseveré con Bomarzo, y mira que lo intenté y que entonces era joven y entusiasta, pero ni por esas.
La Educación Sentimental me la leí y, francamente, me decepcionó. La Iliada, con eso sí que no pude, unas pocas páginas, y nada.
Ah, yo me leí (y me gustó) Tiempos Difíciles de Dickens, pero después de leer “Grandes Esperanzas” y ” David Copperfield” no lo recomendaría, porque estas dos últimas son mucho mejores.
12 de septiembre de 2011 a las 16:39
“La Educación Sentimental” por poco te llega a atrapar hasta que vuelve a las eternas descripciones de la vestimenta de tal o cual personaje ( creo que llega hasta parecer un catálogo de modas de la época. Acuerdo con muchos aquí que Hans Castorp deberia haberse congelado en el medio de la montaña por insoportable.
Sin embargo “La Ilíada” es un libro bastante divertido , aunque peca de excesos (en descripciones ,por ejemplo)
Umberto Eco logró dormirme cada 10 páginas ( aunque terminé el libro) , estoy hablando de ” La misteriosa llama de la Reina Loana”.
15 de septiembre de 2011 a las 5:44
A mí me gusta mucho Murakami y no se me hace pesado ninguno de sus libros la primera vez, algunos cansan en una segunda lectura. Por cierto, yo odié la regenta porque me obligaron a leerla. Yo quería leer Guerra y Paz, y terminé con la Regenta, terrible, a mí me pareció odioso, ja, pero creo que más por las circunstancias que por otra cosa. Me fascina Demián aunque su inicio es difícil, lento y aburrido, pero en cuanto el personaje crece, es otra historia. No recuerdo muchos libros que me hayan aburrido tanto como para dejarlos en paz durante mucho tiempo; pero podría decir que Nieve de Orhan Pamuk me parece horrible, tedioso, débil y pastoso, una tremebunda historia que desearía se hubiera quedado en la mente de ese premio nóbel; el segundo sería La insoportable levedad del ser de Kundera. No me resulta un libro asqueroso pero me aburrió muchísimo en algunas partes. Pero la corona se la lleva “La muerte de Iván Illich”, no lo terminé y creo que jamás lo terminaré, es el único libro que no he terminado por extrema aburrición.
P.S. Ahora que me acuerdo, el único libro que consiguió hartarme y desearle la muerte al autor, es el de “Crónica del pájaro que da vuelta al mundo”, no lo he terminado y temo volver a acercarme.
15 de septiembre de 2011 a las 22:23
Me apasiona la literatura griega, especialmente la tragedia. Soy responsable de un Taller Literario donde analizamos con mucha libertad las obras literarias más variadas. Este año abordamos la tragedia griega y vimos Antígona de Sófocles. Al principio se asustaron de todo: el contexto histórico, que estuviera escrita en verso, que el mito en el que se basa fuera tan terrible. Sin embargo, la fuimos disfrutando mucho, yo especialmente porque si bien hace años que la doy a los jóvenes, nunca lo había hecho con adultos mayores. Fue una experiencia muy gratificante desmitificar a los clásicos.
9 de febrero de 2012 a las 21:37
Bueno, yo estoy de acuerdo con Gabriella, sobre todo en una cosa, y es que un buen prólogo, unas buenas notas a pie de página, o bien conocer el contexto del autor o de la obra, te sirven de “pathfinder” en más de una ocasión.
También pienso que es fundamental la edad a la que se lee éste o áquel libro. Leer a Tolstoi de adolescente es un peñazo; cuando uno ha alcanzado cierta madurez espiritual, es un bálsamo para el alma.