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Entradas de septiembre de 2011

Preguntas de uso frecuente

30 de septiembre de 2011 en Literatura, Narrativa

Musas e inspiración

Hace poco, el escritor Warren Adler escribió un artículo para el periódico estadounidense The Huffington Post donde meditaba sobre las preguntas que realizan con mayor frecuencia los lectores a sus autores favoritos. Según Adler, estas son tres: ¿Cómo escribes? ¿Cuándo escribes? Y, ¿de dónde te vienen las ideas?

Está claro que las dos primeras son mucho más sencillas de contestar que la tercera. La primera se interesa por la manera física: si el escritor escribe a mano, si utiliza una máquina de escribir o un ordenador, es decir, qué formato prefiere para crear. La segunda hace referencia a la parte del día en la que el escritor se sienta a trabajar, si lo hace a primera hora de la mañana, a última hora de la noche, después de comer, etc. La última tiene respuestas infinitas, ya que parece intentar atrapar la esencia misma de la inspiración. Con frecuencia, estas preguntas las realizan lectores que no sólo son lectores, sino aspirantes a escritores. A través de las respuestas de los grandes pretenden aprender a hacerse ellos mismos también profesionales del arte de escribir.

Adler ofrece algunas perspectivas, pero lo interesante es que no hay una respuesta única para ninguna de las tres preguntas. En lo que se refiere a las dos primeras, entran en juego las manías y peculiaridades de los autores. Muchos escritores famosos han llevado un ritmo desordenado para la escritura, garabateando en cualquier papel o máquina que tuviesen a lado. Otros disponen de una disciplina casi espartana que les lleva a escribir siempre a la misma hora, en un ejercicio continuo de más de seis horas diarias (imagínense a Murakami, que tras esas seis horas de escritura sale a darse un garbeo de 10 km corriendo). Algunos coinciden en la necesidad de eliminar las distracciones yéndose a una habitación especial, apartada, y otros insisten en que es más fácil escribir en un espacio pequeño. En una era digitalizada como la nuestra, sigue habiendo muchos que prefieren el lápiz y el papel, o aquellos que utilizan viejas Olivettis u obsoletos procesadores de texto. Aunque pueda ser útil para el aspirante a escritor conocer algunas técnicas que ayuden a fomentar la disciplina, es obvio que para cada persona las necesidades son diferentes. Hay cientos de libros que analizan y aconsejan diversos métodos para la escritura. Para simplificar, y resumiendo lo que exponen tantos expertos en la materia, pueden resultar bastante provechosos los siguientes consejos:

-Primero, escribe todos los días.
-Segundo, escribe por lo menos noventa minutos al día, sin parar.
-Tercero, procura escribir a primera hora del día, ya que por lo general es la más productiva (y habrá menos posibilidades de que surja algo a lo largo del día que te impida escribir).
-Cuarto, una vez establecidas estas costumbres, elige un día a la semana para descansar, un día en el que tu cerebro pueda “reiniciarse”, proporcionándote tiempo para procesar todo lo realizado durante la semana.

Aparte de estas recomendaciones, existen algunos trucos para ayudarnos a cumplir con estas premisas, como realizar una lista de todas las tareas del día antes de empezar a escribir, para evitar preocuparnos por lo que tenemos que hacer más tarde mientras estamos escribiendo. Esta misma lista también puede utilizarse para apuntar ideas que se nos vayan ocurriendo mientras escribimos, o referencias para la documentación relacionada con nuestro trabajo. Por lo general, los expertos coinciden en que el acto de escribir debe ser un acto separado del trabajo de documentarse, investigar y otras actividades relacionadas con la escritura, para mantener un ritmo con la mayor fluidez posible y evitar perder la concentración. Cuando uno tiene la disciplina y la práctica necesaria para escribir lo que quiere, encontrará que la inspiración, esa esquiva musa que responde a la tercera pregunta de uso frecuente, llega inesperada, a veces mientras uno trabaja, a veces mientras uno descansa, pero firmemente insertada en la mente del que vive para escribir.

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Warren Adler

El prisionero del cielo y otras secuelas

29 de septiembre de 2011 en Autores, best-seller, Mundo Editorial

Carlos Ruiz Zafón

El nuevo libro de Carlos Ruiz Zafón, El prisionero del cielo, saldrá a la venta el 17 de noviembre, y parece que continuará La sombra del viento y El juego del ángel.

Tras romper todos los récords de ventas, Zafón nos anuncia, casi por sorpresa, la aparición de su última novela para el mes de noviembre, por lo visto una historia que continuará la ambientación que tan bien ha sabido condensar en sus dos anteriores obras y que ha hecho la delicia de, literalmente, centenares de miles de lectores.

Con El prisionero del cielo, Zafón recupera escenarios como el Cementerio de los Libros Olvidados y promete mantener ese ambiente folletinesco y cercano casi a las historias de malos muy malos y buenos muy buenos, con engaños, amores secretos y misterios muy misteriosos que le ha valido el favor del público.

Desconozco la tirada que Planeta le va a dar a El prisionero del cielo, ya que con El juego del ángel rompieron la baraja con un millón de ejemplares puestos en las librerías, un verdadero ejercicio de fuerza que hace que si yo fuera un editor me pensaría dos veces el sacar un libro en las mismas fechas que el de Zafón, al menos si lo hiciera con alguna pretensión en cuanto a ventas. Lo cierto es que con la actual crisis dudo que se llegue al millón, pero está claro que no será una tirada corta y que vamos a ver la portada de este libro repetida en decenas de escaparates y formando auténticas pirámides en las librerías.

¿Será este el best-seller que están buscando las editoriales? Desde el gran impacto de las obras de Stieg Larsson y Stephenie Meyer no hemos visto libros con el tirón suficiente para estar en boca de todo el mundo y convertirse en esa fantástica quimera que es «el libro que todo el mundo se ha leído», habitual regalo en Navidades, Reyes y cumpleaños varios.

Por otro lado, Zafón no se queda solo en esto de las secuelas. Stephen King acaba de anunciar que está trabajando en la secuela de una de sus obras más conocidas, El resplandor, novela terrorífica donde las haya y que Stanley Kubrick se encargó de popularizar con una de sus mejores películas -aunque a King no le acabara de gustar el resultado.

Pues bien, King retomó la historia en 2009 y acaba de dejar ver un pequeño adelanto del resultado, en el que pequeño Danny Torrance se ha convertido en un médico de 40 años que trabaja en un hospicio de Nueva York, usando sus poderes para ayudar a ancianos moribundos. ¿El conflicto? Una banda de «vampiros psíquicos» que se alimentan de la energía de los seres humanos. ¿Nos ofrecerá King una novela a la altura de la original? Lo tiene realmente difícil. Como Zafón.

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¿Estamos todos representados? (I)

28 de septiembre de 2011 en Autores, Juvenil

Jordi Sierra i Fabra

A raíz del artículo en el que hablamos de los problemas que tenían algunos escritores estadounidenses de literatura juvenil para encontrar un agente dispuesto a representarlos sin que le asustara la inclusión de personajes homosexuales en sus libros, podríamos preguntarnos cuál es la situación a este lado del charco. Personalmente, no tengo constancia de ningún caso de discriminación en este sentido, por parte de agentes ni de editores, y de hecho sí recuerdo un episodio en particular en el que los profesionales de una editorial se hallaban divididos entre fomentar una relación entre dos personajes femeninos o eliminarla por completo. Al final, el escritor hizo lo que quiso y la editorial respetó su decisión. Parecería que en nuestro país, de hecho, hay cierta preocupación por la corrección política, y los editores, si bien suelen tratar al libro como producto y mirar ante todo por su rentabilidad, no consideran que la sexualidad de los personajes sea una prioridad absoluta. Pero hablo de mi propia, limitada, experiencia, y me pregunto qué ocurrirá, realmente, entre bambalinas.

En España tenemos la suerte de contar con un importante escritor de juvenil, Jordi Sierra i Fabra, que nunca se ha limitado al prototipo personaje blanco, heterosexual y occidental, abriendo así camino para otros escritores que quieran crear, del mismo modo, protagonistas de todo tipo, interesantes y complejos. Tal vez si J. K. Rowling hubiera hecho gay a Harry Potter, o si Stephenie Meyer hubiese convertido a Edward en una chica, habrían ayudado a abrir este camino de manera significativa en sus respectivos géneros y países. Pero por otro lado, y aceptemos la cruda realidad, tal vez los libros no habrían gozado de la misma aceptación.

Con todo, estamos muy lejos de gozar de una representación adecuada de personajes gays, lésbicos, bisexuales, asexuales o cualquiera que entre en el amplio espectro de lo no heterosexual. No se trata de llenar un cupo, sino de percatarse de una realidad llamativa: hay un porcentaje de adolescentes que comienzan a cuestionarse sus preferencias en una sociedad en la que todavía existe la discriminación por orientación sexual. Recordemos cómo muchos nos perdíamos en los libros cuando teníamos catorce o quince años, identificándonos con tal o cual protagonista. ¿No sería lo ideal que cualquiera de estos adolescentes pudiera tener esa misma sensación, al conocer la historia de alguien que está pasando, o ha pasado, por experiencias parecidas a las suyas? ¿No le ayudaría esto a aceptarse, a rechazar el estigma de la diferencia que la sociedad se encargará, probablemente, de otorgarle en algún momento? No me refiero a que la literatura juvenil tenga que llenarse de tramas que narren salidas del armario (que también), sino simplemente a que empecemos a incluir más personajes que, además de salvar el mundo, descubrir reinos de fantasía o embarcarse en una nave pirata, puedan enamorarse de alguien de su mismo sexo. Es precisamente por esto por lo que hablamos de literatura juvenil, por la importancia que tiene la lectura a una edad en la que todo es más intenso y confuso, y por la interesante actitud que muestran las editoriales del género en nuestro país, que parecen cada vez más dispuestas a tratar temas que realmente atañen a su público objetivo. En la segunda parte de este artículo examinaremos qué autores pueden suplir este vacío, analizaremos qué títulos cubren esta necesidad, y veremos hasta qué punto están representados, o no, los lectores.

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Jordi Sierra i Fabra

Más opciones para la literatura futura (o no)

27 de septiembre de 2011 en Autores, Literatura, Narrativa

Foto y autógrafo

Se compensará de alguna manera, a lo mejor los libros se leen gratis y cobramos por hacernos fotos, pues ahora en vez de pedirte la firma la gente se hace una foto, cobraré un euro por foto y me ganaré la vida así…

La frase es del escritor, que a estas alturas no necesita presentación, Eduardo Mendoza, y ha aparecido en un par de medios digitales de gran calado en los últimos días, en una entrevista en la que, seguramente sin pretenderlo, toca un par de temas polémicos. Éste es el primero, proponer que se traslade al mundo de la literatura generalista un modelo que ya funciona en algunos ámbitos, especialmente el de la televisión. El segundo también tiene miga: afirma Mendoza que los escritores han vivido en los últimos años un período de bonanza desconocido, al menos al compararlo con épocas anteriores en las que incluso autores de éxito apenas podían disfrutar las migajas de los beneficios obtenidos de sus obras, período de bonanza que ahora desaparece.

La afirmación que abre este post nace de una declaración polémica que, por lo menos a mí, me ha extrañado muchísimo. Que la extrañeza nazca del verdadero sentir de Mendoza, de la tergiversación de los medios de comunicación o de un simple lapsus del escritor, eso ya no lo sé; lo que sí sé es que no es muy habitual que un escritor admita sin reparos que la mayor razón que le mueve a escribir es la económica. Porque este comentario vino precedido de otro en el que afirmaba que saber que sus libros podrían ser leídos gratuitamente podría quitarle parte de la motivación para escribir.

La opción que señala Mendoza, la de cobrar por fotos (o por autógrafos) está más que suficientemente extendida, ya no sólo en Estados Unidos, donde empezó hace treinta años aproximadamente, sino en Europa. Es un complemento perfecto al sueldo de actores y actrices (también guionistas y directores, por supuesto) especialmente de series de televisión llamémoslas de culto, que no suele ser muy alto, y además cumplen otra función: posibilitan la asistencia de estas estrellas alternativas en convenciones de aficionados que, de otra manera, no podrían, por presupuesto, traerles. Aunque se suele asociar este fenómeno a la franquicia Star Trek, en la que probablemente nació, es mayoritario en género de la ciencia ficción y la fantasía. Un ejemplo reciente sería Battlestar Galactica: algunos de sus actores incluso visitaron una convención en España bajo este método, en una convención que establecía tarifas de todo tipo: asistencia, fotografía, autógrafo, kit de bienvenida, estar sentado en las primeras filas durante la comparecencia de los actores, tener la posibilidad de preguntarles algo sobre la serie…

¿Es aplicable esto al mundo de la literatura? No lo creo. En primer lugar, dudo mucho que haya mucha gente dispuesta a pagar por una foto con Eduardo Mendoza o Arturo Pérez Reverte. El tema de vender autógrafos también pierde el sentido: a los lectores nos gusta (a algunos nos gusta muchísimo) tener un libro dedicado por el autor, no un simple trozo de papel con un garabato. Supongo que Mendoza es tan consciente de ello como todos, y que simplemente hizo un comentario que desafortunadamente trascendió. Aún le sigo dando vueltas a su segunda afirmación, la de que el período de bonanza para los autores ha desaparecido. Esta afirmación en boca del autor que ganó el año pasado el premio literario con mayor dotación económica del mundo, sumada a la de que tal vez deba cobrar un euro por foto, duele, sobre todo para los que conocemos a docenas de escritores que desgraciadamente no pueden vivir de su trabajo y buen hacer.

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Eduardo Mendoza

Agentes políticamente incorrectos

26 de septiembre de 2011 en Autores, Ciencia-Ficción, Juvenil

Manos unidas

Hay un artículo que ha estado dando tumbos por internet durante las últimas semanas, firmado por los escritores estadounidenses Rachel Manija Brown y Sherwood Smith. Ambos son autores muy reconocidos en su campo (han publicado numerosas novelas dirigidas al público juvenil), y decidieron escribir juntos una novela juvenil de ciencia ficción (en concreto se trata de un libro llamado Stranger, ambientado en un mundo post-apocalíptico). Presentaron su obra, como tenían ya por costumbre, a diversos agentes literarios, con la esperanza de que quisieran representarlos en la siempre complicada búsqueda de editor. Y cuál no sería su sorpresa cuando la respuesta de los agentes, casi unánime, hacía referencia a un cambio en particular: eliminad a Yuki.

La obra de Rachel y Sherwood se desarrolla desde cinco perspectivas. Una de estas corresponde a Yuki Nakamura, un adolescente que tiene pareja. De su mismo sexo. Por lo visto esto no es aceptable para algunos agentes literarios (e imagino que para algunas editoriales, ya que a los agentes les interesan los libros que creen que pueden, a su vez, interesar a las empresas de edición). Y si no es aceptable damos por sentado que no hablamos de principios religiosos, convicciones morales o políticas, sino de pura y dura rentabilidad. ¿Rechazaban estos agentes a Yuki porque haría menos atractiva la obra para sus lectores y, más importante, para los padres de los lectores? Los autores admiten que algunos agentes eran más abiertos al respecto (solicitando directamente la eliminación o “heterosexualización” del personaje), mientras que otros lo sugerían a media voz junto con otras “modificaciones” (que también pedían transformar a los personajes de razas no blancas en arios de pura cepa). Se reduce, al fin y al cabo, en la discriminación hacia el otro, hacia la diferencia, tome ésta forma de gay, lesbiana o hindú. Lo cual, teniendo en cuenta que hablamos de ciencia ficción, un género que suele abrazar, precisamente, la diferencia (alienígenas, futuros alternativos, tecnologías extrañas…), no deja de sorprender.

En los comentarios y respuestas al artículo de Brown y Smith, hay voces de todo tipo, en su mayoría de escritores. Aunque aparece quien afirma que nunca tuvo este tipo de problema con sus agentes literarios, la mayoría se muestra (generalmente bajo pseudónimo) bastante de acuerdo con éstos, contando experiencias similares. Entre los que sí han dado su nombre real destaca Nicola Griffith, que tiene nada menos que un Nebula, uno de los premios más importantes dentro del género de la ficción especulativa. Griffith cuenta sin tapujos cómo despidió a su primer agente literario por intentar que ella disfrazase o eliminase la homosexualidad de sus personajes. En un mundo en el que a J. K. Rowling no se le ocurrió sacar del armario a Dumbledore hasta que sus libros ya estaban terminados, ¿hay suficientes libros que ofrezcan personajes con quien puedan empatizar los adolescentes gays, bisexuales, o transexuales? Más aun, ¿no es precisamente la diversidad lo que hace más creíbles a dichos personajes, proporcionando por tanto mayor legibilidad a la obra ante sus lectores, sean estos homosexuales, heterosexuales, blancos o verdes?

No hay duda de que existen en Estados Unidos varias editoriales pequeñas especializadas en temática queer. Pero el mainstream todavía está lejos de ofrecer todo lo que puede. Por ahora, Stranger sigue sin editor. ¿Y qué pasa con España? De eso trataremos en otro artículo.

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Nicola Griffith

La génesis del María Moliner

25 de septiembre de 2011 en Biografí­as, Literatura

María Moliner

Inmaculada de la Fuente es bastante conocida como cronista de una época, la de la Guerra Civil y la posguerra, sobre todo desde el punto de vista de mujeres notables de ese convulso período de nuestra historia más reciente. Suyos fueron Mujeres de la posguerra: de Carmen Laforet a Rosa Chacel. Historia de una generación (2002) y La roja y la falangista. Dos perfiles de la España del 36 (2006), en donde nos habla de las hermanas De la Mora Maura, nietas del político Antonio Maura, cinco veces Presidente del Gobierno español entre 1903 y 1922. Ahora se atreve con una figura poco conocida de la posguerra, al menos desde el punto de vista biográfico. Porque, ¿quién no conoce la historia de María Moliner?

El Diccionario de Uso del Español de María Moliner es el diccionario preferido por muchos, incluso por delante del “oficial” de la Real Academia Española de la Lengua, pero lo que la mayoría no sabe es que María Moliner, que había estudiado historia en Zaragoza, no era ni filóloga ni nada parecido, sino una funcionaria del cuerpo de Bibliotecarios y Archivistas. En todo caso, Gabriel García Márquez le dedicó unas famosas líneas en las que ensalzaba la figura de la aragonesa, aunque a juicio de Inmaculada de la Fuente este homenaje póstumo dio una imagen de Moliner que no se ajustaba del todo a la realidad: no fue una ama de casa y abnegada madre que en sus ratos libres (y durante la friolera de quince años) redactó los dos tomos de un diccionario, fue una mujer de su tiempo (por ello lo de madre y esposa), que además tenía un trabajo para el Estado, que sacrificó su poco tiempo libre en la ilusión de su vida, que no era otra que la de realizarse profesionalmente a través de una obra que ya es inmortal. De la Fuente llega a afirmar que Moliner dedicaba el 90% de su vida al diccionario, que empezó a gestarse en 1952 y cuyo primer tomo vio la luz en 1966 (el segundo lo haría unos meses después, ya en 1967).

De ella dice:

Se pensaba que con ser abnegada y con estar entregada era suficiente, y por eso esa mujer recoleta era la imagen que nos iban difundiendo. Claro, era recoleta porque era una señora que estaba en su contexto, en su época y en su mundo. Pero tenía una gran ambición intelectual porque, aunque ella decía en plan chusco que era tenaz porque era aragonesa, que nunca habría terminado el diccionario si no hubiera sido una tozuda y una bruta, su motor era dejar una obra.

María Moliner fue considerada, según De la Fuente, como una intrusa por los académicos de su tiempo. ¿Quién era aquella bibliotecaria que había dedicado tres lustros en inventarse un diccionario que pretendía convertirse en esencial (y que, digámoslo claro, lo consiguió sobradamente)?

De la Fuente también aporta datos hasta ahora inéditos. Sí se sabía que había sido Dámaso Alonso el que puso a la editorial Gredos sobre aviso de que María Moliner estaba en mitad de algo que merecía la pena, pero no que firmó un contrato con ellos en 1955, y que el proceso de composición del diccionario, que ella iba entregando en fichas, sacó de sus casillas a los empleados de la imprenta, que estuvieron tentados de contactarla para pedirle, con muy buenos modales eso sí, “que no haga más cambios porque nos va a volver locos y humanamente esto no puede ser”.

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Inmaculada de la Fuente
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Amores que matan (II)

24 de septiembre de 2011 en Literatura, Personajes

Ana Karenina

A veces el amor parece una simple excusa, una gota más en el vasto océano de la disconformidad, la depresión y el hastío. Que se lo digan a Emma Bovary, que con aquello de serle infiel a su marido y ser adicta a ciertas sustancias poco recomendables, decidió convertirse en una heroína romántica como las de las novelas y suicidarse ingiriendo arsénico. En situación parecida se vio Anna Karenina, el célebre personaje de Tolstoi, si bien para ella no fueron las deudas y el miedo, sino los celos y la ira, las manos que la empujaron a la vía del tren, en un memorable suicidio digno de una gran novela. Eso sí, ambas compartían el gusto por los opiáceos y el odio hacia la reclusión rural, con el aburrimiento que ello implicaba. Y no es raro en la literatura que el amor trascienda a la propia muerte, de un modo más o menos amable. No parecía muy contento Heathcliff con las apariciones de su amada Catherine en las noches tormentosas de Cumbres borrascosas, la novela escrita por Emily Brontë, cuya visión extrema de la devoción amorosa contrasta con su vida personal, en la que parece que no hubo ningún gran romance (probablemente porque ya tenía que lidiar con su propio hermano, un personaje de lo más byroniano que ya era protagonista de grandes historias pasionales y adúlteras). Otra aparición fantasmagórica más bienvenida es la intervención estelar de Doña Inés, quien salva de la condenación eterna al incorregible Don Juan Tenorio; y en lo que a regresos desde el más allá se refiere, podemos incluir en dicha categoría a gran parte de la literatura de vampiros (¡o de zombies!), por la que aquellos que se ven separados por la muerte pueden volver a encontrarse, para bien o para mal, como la Berenice de Edgar Allan Poe, que regresó en busca de su amado y de sus dientes.

En lo que se refiere a muertes literarias asociadas al amor, el suicidio acompañó a la esposa enajenada de Rochester, que se lanzó desde el tejado tras provocar un gran incendio que devoró su vivienda, dejando vía libre para que éste pudiese vivir feliz para siempre (o por lo menos, una vez recuperó la vista) con su querida Jane Eyre. Y es que para que triunfe el amor con frecuencia tienen que sufrir otros, añadiendo el asesinato, el suicidio o el desafortunado accidente al pecado de los amantes. En otras ocasiones, es la tercera persona la que origina el fallecimiento de uno o dos de los enamorados, como en el cuento de La doncella de hielo de Hans Christian Andersen, donde una entidad femenina que vive bajo un lago helado reclama para sí al personaje principal, quitándole la vida con sus besos de nieve. Y el amor y su tragedia pueden ir también más allá del tiempo, como ocurre con la pareja protagonista de La mujer del viajero en el tiempo, de Audrey Niffenegger. En todos estos supuestos, en relación con todas estas variantes de lo trágico y lo amoroso, todos tenemos nuestros favoritos, todos recordamos esa triste historia amorosa que nos llevó a la relectura y tal vez a la lágrima. Como siempre, os animamos a que mencionéis los vuestros en los comentarios al artículo.

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Catherine Earnshaw
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P.D. James se lanza al pastiche

23 de septiembre de 2011 en Autores, best-seller, Literatura

Pemberly House

Un pastiche no es ni más ni menos que coger por un lado un libro ya editado, preferentemente un clásico, y por otro meterle una trama e historia que no tiene por qué tener mucho que ver con la del libro original. El resultado no puede ser otro que un híbrido cuyo resultado final tiene mucho que ver tanto con los géneros mezclados como con la maestría del escritor.

Por ahora, los pastiches que más conocemos son los que tienen una vertiente gamberra, como Orgullo y Prejuicio y Zombis o Androide Karenina, en los que la mezcla es radicalmente diferente y, además, se reescribe el libro por completo. Otra gran víctima de los pastiches es Sherlock Holmes, que se ha visto envuelto desde en aventuras con el doctor Freud a viajes en el tiempo o incluso a luchar contra zombis.

Pues bien, P.D. James, una de las «damas del crimen» inglesas más conocidas y creadora de uno de los grandes detectives literarios del siglo XX, el policía Adam Dalgliesh, ha decidido que le apetecía hacer meterle mano a Orgullo y Prejuicio y realizar una novela policiaca con la novela de Jane Austen, por lo visto, víctima propiciatoria en esta moda del pastiche, o mashup, como lo llaman en inglés, ya que hay decenas de novelas ambientadas en la mansión de los Darcy, Pemberly House.

La idea de James es continuar la historia que Austen deja con los Darcy viviendo tranquilamente seis años después, cuando, poco antes del tradicional Baile de Otoño, la hermana pequeña de Elizabeth, Lydia, aparece por sorpresa con la noticia de que su marido ha sido asesinado. A partir de ese momento, comienza la investigación, en la que supongo que el hecho de que Darcy pagara a Whickham, un pretencioso egocéntrico, para que se casara con Lydia y así evitar un escándalo, tendrá mucho que ver con la trama.

Lo cierto es que produce cierta curiosidad el asomarse a este título, La muerte llega a Pemberley, ya que P.D. James es una excelente escritora y da toda la impresión de que se lo ha pasado pipa con esta historia. Por otro lado, no puedo quitarme de encima la impresión de que en cualquier momento de la novela aparecerá Thursday Next investigando el caso, como si se tratara de una novela de Jasper Fforde.

Autores relacionados:
Jane Austen
Jasper Fforde
P. D. James
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Fitzwilliam Darcy
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Hacia un nuevo concepto de biblioteca

22 de septiembre de 2011 en Actividades, Literatura, Literatura electrónica

biblioteca online

La irrupción de las nuevas tecnologías relacionadas con el libro electrónico e Internet pueden llevar a las bibliotecas públicas a replantear, en parte, su función.

Para muchos ciudadanos, una biblioteca es simplemente un lugar donde conseguir libros de manera gratuita por un periodo limitado de tiempo. Si bien desde algunas administraciones públicas ese es el modelo que quieren mantener -cuestiones de presupuesto y falta de interés por la cultura a partes iguales- una biblioteca pública debe, y en ocasiones consigue, ofrecer mucho más que eso.

Una biblioteca es un lugar de encuentro, un punto de acceso libre a la información, un lugar de consulta y estudio, un sitio donde no sólo hay libros sino que se puede conseguir cualquier tipo de contenido audiovisual; las bibliotecas, además, son sitios imprescindibles para exposiciones y actividades culturales.

Pues bien, Amazon ya está poniendo en marcha un sistema de préstamo para bibliotecas públicas a través de su plataforma de ebooks y el Kindle, hoy por hoy el lector número uno en Estados Unidos. El usuario tan sólo tiene que acceder a la web de la biblioteca en cuestión, seleccionar el libro que desea y descargar el libro a su lector, donde permanecerá los días tipificados en el préstamo. Los libros pasan a estar «licenciados», es decir, que cada biblioteca compra un número determinado de «copias» por libro, es decir, las que podrán ser utilizadas al mismo tiempo.

Trasladado a España me surgen un montón de posibilidades y dudas. Desconozco cuál es la postura general de las bibliotecas frente al préstamo digital -por lo que comentamos aquí, da un poco de miedo- ya que el trabajo que se está haciendo es el de prestar lectores electrónicos como si fueran libros, en lugar de que el usuario se lleve un ebook en su propio lector.

Tal y como están planteadas muchas bibliotecas en España me pregunto si la aparición de bibliotecas públicas virtuales, creadas exclusivamente para el préstamo online, no mejoraría la situación de las actuales o, al menos, forzaría a algunos dirigentes políticos a ofrecer esos servicios adicionales al préstamo que hacen tan importante a las bibliotecas de barrio o de pueblo. Lo que temo profundamente es que, con esa concepción decimonónica que caracteriza a la clase dirigente de este país, encuentren que el paso a lo virtual es una excelente opción para ir cerrando bibliotecas físicas con la excusa de que se hayan quedado obsoletas.

Ian Rankin y el misterio de las figuritas de papel

21 de septiembre de 2011 en Arte, Autores, best-seller, Novela Negra

Papel

Ian Rankin es uno de los autores de novela policial con más éxito en Reino Unido y una figura pública muy conocida en Escocia, donde reside. Sus libros protagonizados por el inspector Rebus son superventas en varios países y fueron llevadas a la televisión en la cadena ITV.

La obra de Rankin mezcla la peculiar idiosincrasia escocesa con un estilo muy cercano al hard-boiled americano, como puede ser, por ejemplo, la obra de James Ellroy. Lo cierto es que sus novelas se venden muy bien y el autor escocés es muy conocido en Edimburgo, donde reside.

Pues bien, en las últimas semanas han ido apareciendo una serie de curiosas esculturas en puntos clave de Edimburgo y todas parecen señalar, de una manera u otra, a Ian Rankin. Por ejemplo, las esculturas están hechas a partir de novelas de Rankin y en una de ellas aparece incluso el propio escritor, sentado en un cine. Las esculturas han aparecido en la Biblioteca Nacional de Escocia o en la Filmoteca, siempre en lugares relacionados con la cultura y la transmisión de ideas. El autor, además, deja notas en las que explica que sus creaciones son un regalo por la labor incansable de estos centros en favor de la lectura y la imaginación.

Papel

Algunas de ellas son realmente curiosas y muy trabajadas, aunque no han sido dejadas en cualquier lugar para ser rápidamente descubiertas, sino que han aparecido en sitios poco transitados, casi escondidos. Ante estos descubrimientos, Rankin ha declarado que él no tiene ni idea de quién está dejando estos curiosos regalos, aunque reconoce que es cierto que hay una conexión con su obra. Además, la obra dejada en la Biblioteca Nacional representaba un poema del poeta escocés Edwin Morgan, con lo que puede que todavía falte por aparecer algún homenaje esperando ser descubierto en una biblioteca, librería o cine de reestreno.

Quién sabe, quizá estemos ante la inspiración de una nueva novela del inspector Rebus. Sería curioso asistir al nacimiento de una historia creada de un modo tan sugerente, ¿no es cierto?

Vía: Booklicious

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