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Entradas de agosto de 2011

Un otoño cargado de letras

31 de agosto de 2011 en Noticias

Time - Jonathan Franzen

Termina el verano y llega septiembre, y con él empieza una carrera, por parte de las editoriales, para llenar las estanterías de librerías y centros comerciales con novedades que resulten atrayentes a lectores grandes y pequeños, consumidores ocasionales o voraces devoradores de letras por igual. La carrera terminará el día 5 de enero, víspera de Reyes, cuando ya se sabrán los nombres de los grandes vencedores de esta temporada otoñal, pues los editores no son ajenos a una realidad más que comprobada: los más vendidos durante septiembre y octubre partirán con ventaja en noviembre, que es cuando empiezan las ventas navideñas, ya que el público no lector habitual, aquél que suele regalar libros sin pararse a mirar las sinopsis o que no sigue la trayectoria de los autores a través de los años, suele centrarse en la mesa de los más vendidos de las librerías a la hora de elegir un obsequio para sus amigos y familiares lectores habituales. Que luego el agasajado acoja con recelo el regalo y acabe cambiándolo por un título más acorde con sus gustos es un tema aparte que daría, de tener los datos concretos en la mano, para escribir un artículo que bien podría titularse “¿Cuáles son los libros que más se devuelven?”.

Uno de estos será, irremediablemente, la tercera parte (o la segunda, ya que las dos primeras fueron publicadas conjuntamente) de la última obra de Haruki Murakami, 1Q84, que verá luz con la vitola ya de superventas dada la gran acogida del público de la obra. He criticado mucho, tanto en público como en privado, la tendencia cada vez más marcada de las editoriales de no señalar adecuadamente en las cubiertas de las novelas si nos encontramos ante un ejemplar de una serie, sobre todo cuando nos referimos a primeras partes. No hay que asustar al lector potencial, lo entiendo, pero no encuadrar correctamente un libro dentro de la serie a la que pertenece no es correcto. Esperemos que Tusquets y Empúries (responsables en España de las ediciones en español y catalán respectivamente) no jueguen al engaño, pero me temo que muchos, que no están familiarizados con la obra de Murakami, acabarán regalando este Libro Tercero por Navidad, incluso si se avisara con grandes letras en cubierta y sobrecubierta. Muchos conocemos, después de todo, a alguien que recibió con la mejor de las intenciones un ejemplar de El retorno del rey de Tolkien por parte de un familiar descuidado o algo miope.

Si Murakami figura en todas las apuestas como uno de los autores que van a reventar el mercado, existen otras apuestas más que seguras. A la nueva novela de Houellebecq, de la que ya hemos hablado, hay que añadir otros cuantos títulos que a buen seguro venderán miles de ejemplares. Uno de ellos es el compendio Todo oscuro, sin estrellas, del ínclito Stephen King. Aparecido el pasado año bajo el título original Full dark, no stars, está compuesto por cuatro novelas cortas que seguro que harán las delicias de todos sus seguidores. También se editarán nuevos libros de autores tan conocidos y mediáticos como son Salman Rushdie o Umberto Eco, pero si tuviera que apostar por la gran vencedora de esta nueva temporada otoño-invierno lo haría sin dudar por Libertad, la nueva novela de Jonathan Franzen.

Jonathan Franzen ha sido el primer escritor en diez años en aparecer en la portada de la revista Time. Barack Obama hizo todo lo posible (y, claro, lo consiguió) para conseguir un ejemplar de Libertad antes de que saliera al mercado. Los protagonistas de la historia, los Berglund, son una típica familia estadounidense de clase media que vivirá, en un relato que abarca varios años, todas las guerras y crisis económicas de los últimos tiempos. En Estados Unidos el libro arrasó. Son todas estos datos pequeños flashes promocionales de la obra y del autor que nos han ido llegando con cuentagotas en los últimos meses (la novela se editó en su país de origen en 2010), y que van haciendo la boca agua de libreros y lectores por igual.

El tiempo me dará o me quitará la razón, pero yo creo que estos próximos meses Libertad arrasará.

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Libros de dieta para niños

30 de agosto de 2011 en Noticias

Maggie se pone a dieta

En Maggie goes on a diet (Maggie se pone a dieta), una graciosa niña pelirroja con unos kilitos de más pasa de ser una chica insegura y feúcha a la estrella del equipo de fútbol del cole, delgada y guapa, a lo largo de un libro dirigido a niños de edades comprendidas entre los 6 y 12 años. Con tiempo, esfuerzo, dieta y ejercicio, Maggie consigue realizar su sueño.

El libro ha levantado controversia, claro. Al fin y al cabo, ¿querrías leerle un libro así a tu hija antes de dormir? ¿Realmente te interesa crearle complejos antes de tiempo? ¿Quieres meterle en su testaruda cabezota que tiene que estar delgada para ser feliz y tener seguridad en sí misma? El autor, el estadounidense Paul M. Kramer, no entiende esta reacción pública. Después de todo vive en un país donde la obesidad infantil es un problema, y su obra intenta educar a los niños para que coman mejor, hagan ejercicio y tengan un estilo de vida más saludable. Supongo que para los que vivimos en otras partes del mundo nos cuesta más entender que puedan producirse libros así, dispuestos a inculcar el canon de belleza de moda y televisión a nuestros propios hijos, desde cada vez más jóvenes. Ya existen libros infantiles inocuos, que insisten en la importancia de una vida sana, de una manera lógica y divertida, y uno no puede dejar de pensar que la imagen de portada de Maggie goes on a diet, con la protagonista de catorce años (curioso, teniendo en cuenta que el libro está enfocado a niños mucho más jóvenes), mirándose en el espejo mientras agarra un vestidito rosa minúsculo, es ligeramente perturbadora.

La polémica no viene sola, por supuesto. Hace poco, la marca francesa de moda Jours Après Lunes escandalizó a medio mundo con su más reciente colección de lencería para niñas. Aunque la “lencería” en sí no tiene nada de escandalosa (la propia diseñadora explica en su página web que comenzó con su línea infantil porque no encontraba ropa interior cómoda y práctica para menores), toda la promoción fotográfica es, cuanto menos, incómoda, mostrando a jóvenes de entre 6 y 12 años en entornos y posturas tradicionalmente asociadas a la moda adulta (por no hablar de los accesorios, maquillaje y peluquería, más propios de Amy Winehouse que de niñas comunes). En general, la afición por empujar a los menores de ambos sexos (sobre todo el femenino) hacia un comportamiento más propio de adultos se vuelve más y más evidente, y más y más desasosegante. Y si no, sólo hay que ver a la modelo de moda, Thylane Léna-Rose Blondeau, que con sólo 10 años ha sido protagonista de Vogue con una serie de fotos que son, por decirlo de manera suave, poco coherentes con su edad.

Michel Moorcock, autor de culto

29 de agosto de 2011 en Divulgación

Elric

Michael Moorcock es un autor de culto, conocido principalmente por su serie de literatura fantástica protagonizada por Elric de Melniboné y su espada Stormbringer. Además, Moorcock logró otros éxitos como El bastón rúnico o El campeón eterno, siempre dándole vueltas a su idea del héroe inmortal o sin rostro, un concepto de lo más interesante.

Lo cierto es que, pese al éxito de Elric, a Moorcock se le debe un enorme reconocimiento por ser uno de los editores de revista más importantes de los años setenta y artífice de uno de los movimientos de ciencia ficción más importantes de la literatura contemporánea, la new wave, con autores como Brian Aldiss o Ursula K. Leguin.

Pero Moorcock no acaba su recorrido ahí. Amante de la música rock sinfónica, también escribió letras para grupos como Hawkwind y hasta escribió una novela, un tanto lisérgica, llamada El tiempo de los señores halcones que bien podría servir como complemento de un concierto de cuatro horas acompañado de alguna sustancia recreativa.

El estilo de Moorcock siempre se ha caracterizado por una ambigüedad moral clara y un nulo respeto por la vida de sus personajes. Todos aquellos que se horrorizan con la facilidad con la que muere la gente en la obra magna de Martin, Canción de hielo y fuego, deberían leer alguna de las novelas del autor inglés para asistir a verdaderas masacres. Si alguien duda de su calidad, sólo hay que ver su historial de premios, que van desde un Nebula, a un World Fantasy o un British Fantasy, por no hablar de los reconocimientos a toda su carrera que le han otorgado en Utopiales o en la SFWA.

Sin embargo, desde los años 90 parece que Moorcok no encuentra su sitio. Sus libros han ido espaciándose en el tiempo e incluso le ha costado muchísimo encontrar editor para alguna de sus últimas obras, más por el carácter polémico de sus argumentos que por motivos literarios. Hay que tener en cuenta que el autor británico nunca ha escondido su anarquismo militante o su desagrado por las novelas de fantasía que desprecian a las mujeres, como muestra su rechazo por la serie de novelas sobre Gor de John Norman.

Personalmente, siempre he disfrutado la obra de Moorcock junto a otros autores del fantástico como Leiber o Howard, maestros de una épica de carne, sangre y huesos, alejada del misticismo maniqueo que destilan otros grandes autores del género. Ahora, mientras se piensa su próximo trabajo, podemos disfrutar de guiones suyos en la serie de la BBC Dr. Who, personaje del que se rumorea que podría escribir una novela.

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Literatura española… adaptada (IV)

28 de agosto de 2011 en Divulgación

Pan negro

La película más importante del cine español en 2010 fue, para muchos, Pa Negre. Pa Negre, que se convirtió por méritos propios en el primer trabajo rodado en catalán en hacerse con el premio máximo de los Goya (aparte de llevarse ocho “cabezones” más), adapta a la pantalla una novela de Emili Teixidor. Como gran parte del cine español de los últimos treinta años está ambientada en la posguerra, y fue dirigida por Agustí Villaronga, que se reivindicó como creador tras trabajos de cuestionable calidad como 99.9 La frecuencia del terror (1997) o El pasajero clandestino (1995). Villaronga, que había iniciado su carrera cinematográfica con la controvertida Tras el cristal (1987), ya había hecho otra adaptación de una novela en lengua catalana en 2000 con El mar, basada en una obra del mallorquín Blai Bonet, que había fallecido un par de años antes.

Otra adaptación, esta vez de 2003, fue La flaqueza del bolchevique, película de 2003 dirigida por Manuel Martín Cuenca, y basada en una novela de Lorenzo Silva. Es una película interesante, aunque de notables carencias, que se sustenta sobre todo en las interpretaciones de sus dos protagonistas, Luis Tosar (ya mencionado en la tercera parte de esta serie de artículos) y una deslumbrante María Valverde. La actriz, que debutaba en el cine a la edad de dieciséis años, se convirtió en una de las promesas del cine español, aunque su carrera posterior ha defraudado en general. Si ya nos exasperó a todos por participar en la infame cinta italiana Melissa P. (basada en el libro autobiográfico Los cien golpes, de Melissa Panarello), últimamente su carrera ya va hacia abajo y sin frenos. Protagonista absoluta de 3 metros sobre el cielo, dentro de poco verá estrenada su secuela, Tengo ganas de ti, además de otra película en la que volverá a compartir protagonismo con Mario Casas. La supuesta química con Casas hizo que se les eligiera a ambos para encabezar el reparto de la próxima película de Michael Radford, La mula, una adaptación de una novela de Juan Eslava Galán. Llena de tristeza que Radford haya acabado recurriendo a estos trucos baratos de mercadotecnia: estamos hablando, no lo olvidemos, del cineasta detrás de la adaptación de 1984 de George Orwell (película, cómo no, de 1984), y sobre todo el artífice de esa pequeña gran maravilla que fue El cartero (y Pablo Neruda), película de 1994 basada en la obra de Antonio Skármeta. Radford ya demostró con la adaptación de la shakesperiana El mercader de Venecia (2004) que ya no daba más de sí (como hicieron en esa misma película Jeremy Irons y Al Pacino), pero nunca pensé que lo vería dirigiendo una cinta cuyo protagonista fuera Mario Casas.

Otro director de cine que se hizo popular por una adaptación literaria fue Miguel Albaladejo, más concretamente al llevar a la pantalla grande al personaje de Elvira Lindo Manolito Gafotas en 1999. La relación entre Albaladejo y Lindo ha sido fecunda, y no empezó con Manolito Gafotas, por cierto: han colaborado en las películas La primera noche de mi vida (1998), Ataque verbal (2000), y El cielo abierto (2001). La escritora gaditana no tuvo nada que ver, eso sí, ni en Cachorro (2004), una de las películas que más valientemente han hablado de la homosexualidad (y más que recomendable) ni, afortunadamente, en el descenso a los infiernos de Albaladejo en 2010 cuando participó en la insufrible adaptación española de la serie estadounidense Las chicas de oro, hito en su carrera que suponemos querrá olvidar cuanto antes.

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Censura en Irán de un antiguo poema persa

27 de agosto de 2011 en Noticias

Khosrwo y Shirin

No hay que hacer un esfuerzo para saber que en el actual régimen de gobierno iraní la censura forma parte de su habitual manera de control social. La presión religiosa y política es muy intensa sobre el total de la población, llegando a prohibir, por ejemplo, películas occidentales o incluso la música rock (indispensable el visionado del documental Nadie sabe nada de gatos persas).

Pues bien, el celo de las autoridades iraníes para proteger a sus conciudadanos de las malas costumbres ha dado un paso más comenzando a trocear clásicos de su propio pasado, encontrando en el poema Khosrow y Shirin varios pasajes que podrían ser peligrosos de acuerdo a las leyes de moralidad impuestas tras la revolución en 1979.

Khosrow y Shirin (también traducida como Kosroes y Chîrîn) forma parte de los poemas épicos de Shahanameh, con numerosos referentes y variaciones a lo largo de los siglos. La versión en concreto que no ha gustado nada a los censores es la de Nezami Ganjavi, escrita en 1177 y que se venía publicando sin problemas en los últimos años.

Pues bien, el hecho de que se haga referencia al amor -amor físico, como se puede entender de frases como «ir de la mano“- ha sido suficiente junto con que algunos personajes consumen bebidas con alcohol, para sacar la tijera y decirle a la editorial Peydayesh que ya podían ir pensando en cambiar el texto para la octava edición o nada de nada.

El hecho que la censura llegue a textos clásicos escritos en el siglo XII y que pertenecen a la tradición cultural persa quiere decir que la presión sobre el mundo de la cultura en Irán se va a recrudecer y van a recortar otras expresiones artísticas como la danza. Por lo visto han decidido guiarse por la interpretación más estricta del Corán, esquilmando libertades tanto de acción como de pensamiento. Una verdadera lástima.

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John Silence, investigador de lo oculto, de Algernon Blackwood

26 de agosto de 2011 en Reseñas

John Silence

Blackwood, uno de los más conocidos escritores de relatos de fantasmas, creó el personaje de John Silence, un ocultista de asombrosos poderes imbuido por completo en el aura espiritista de principios del siglo XX.

Algernon Blackwood es, para muchos, clave en el desarrollo de las clásicas «ghost stories» inglesas y de su pluma muchos tendrán en la mente cuentos como La casa vacía, imprescindible para los amantes de ese terror clásico y victoriano tan característico. Sin embargo, además de esos relatos que le hicieron famoso, Blackwood tenía su propia pasión por el mundo de lo desconocido, para ser concreto, por ese esoterismo con visos racionalistas, con exponentes tan claros como Madame Blavatsky o Aleister Crowley, que le llevó a formar parte de la mítica Orden Hermética de la Golden Dawn, junto a otros escritores como Arthur Machen, W. B. Yeats o Bram Stoker.

De esa pasión nace la figura de uno de los primeros investigadores de lo oculto de la literatura moderna, un John Constantine de principios de siglo, de férrea voluntad, conocimiento antiguo y la capacidad para ayudar cuando la ciencia moderna se muestra incapaz: el doctor John Silence.

Valdemar nos trae una antología con sus mejores relatos, en los que nos encontraremos con una buena amalgama, desde maldiciones egipcias a mitos medievales, de la búsqueda de una nueva consciencia más allá de las dimensiones conocidas a la explicación de la leyenda del hombre lobo a través de la proyección espiritual. En todos los cuentos Silence se muestra como un personaje seguro de sí mismo y de su capacidad para resolver prácticamente cualquier problema.

Visto hoy en día resulta, quizás, un personaje demasiado simple pese al aura de complejidad que Blackwood trata de imbuirle, pero que, pese a todo, funciona bastante bien. La mezcla de investigación y fenómenos paranormales está muy bien integrada y resulta de lo más curioso leer lo que podría ser un predecesor de las historias de John Connolly, como pasa a veces al releer a Doyle antes de empezar con Elroy, por poner un ejemplo.

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Edgar Allan Poe y el misterio de la bella cigarrera

25 de agosto de 2011 en Reseñas

Edgar Allan Poe y el misterio de la bella cigarrera

Edgar Allan Poe y el misterio de la bella cigarrera es una curiosa propuesta que nos hace Daniel Stashower en la que mezcla la investigación de un crimen y la biografía de Poe con el mar de fondo del nacimiento de la prensa amarilla en Nueva York. La muerte de Mary Rogers se cruza con la vida de Poe y sus desesperados intentos de sobrevivir económicamente; Poe ve en este caso la posibilidad de reeditar el éxito conseguido con Los asesinatos de la calle Morgue y “encarga” a su personaje Dupin el trabajo de resolver un homicidio que llevaba de cabeza a los responsables del orden público neoyorquino. Para ello Poe traslada la acción a París y la protagonista pasa a llamarse Marie Rogêt.

Mary Rogers era conocida en la ciudad por su belleza que había podido ser admirada mientras estuvo trabajando como vendedora de cigarros en un establecimiento de Nueva York. Los almacenes de cigarros eran lugar de encuentro y se disputaban los mejores clientes. Mary era un reclamo para estos, consiguiendo que el almacén de Anderson se pusiera de moda. Retratos de Mary Rogers llegaron a aparecer en los periódicos mientras la cigarrera merecía versos de algunos de los clientes literatos.

Mary tenía gran número de admiradores y, aunque ya había abandonado el trabajo cara al público al montar su madre una pensión, su belleza continuaba siendo recordada. Es comprensible, pues, que el hallazgo de su cuerpo flotando en el Hudson provocara una gran conmoción e iniciara la caza del “crimen del siglo” con gran protagonismo de la prensa que utilizó este hecho para aumentar su tirada, atacar a sus antagonistas políticos o insistir en reyertas personales.

Stashower va entremezclando en la narración capítulos sobre la vida de Mary Rogers, el crimen, el comportamiento de la prensa y las fuerzas del orden, con aspectos de la vida de Poe y sus intentos por situarse en la esfera literaria y periodística del país, intentos muchas veces frustrados por su propio errático comportamiento. Además de Mary y Poe, Nueva York es también protagonista. La ciudad todavía estaba forjando su carácter: la inmigración, fundamentalmente europea, con sus bandas y sus guetos, su estructura política, escasa, corrupta y desfasada, sus oportunidades de negocios, lícitos o no, compensados por sus crisis económicas… eran algunos rasgos reconocibles. El asesinato de Mary Rogers supuso un mazazo moral para muchos ciudadanos de esta ciudad que vieron entonces el monstruo que estaba creciendo bajo sus pies e intentaron, con llamamientos a la moral y al orden, pero tímidas acciones, cambiar la situación.

Stashower consigue una historia entretenida mezclando la biografía con la novela. Sus mejores momentos son, probablemente, los dedicados a la prensa, en los que, además de las disputas más o menos personales, se reflejan claramente los rasgos de lo que será la prensa sensacionalista y donde la verdad es sacrificada sin demasiados escrúpulos para conseguir un titular impactante. Pero no dejaba de ser hija de una época y de una sociedad, ávida por consumir escándalos ajenos.

La edición de la editorial Alba incluye un apéndice con El misterio de Marie Rogêt de Poe.

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Los mejores libros de ciencia ficción y fantasía de la NPR

24 de agosto de 2011 en Noticias

Señor de los Anillos

Recientemente, la NPR (la radio pública estadounidense), en su sección de literatura, pidió ayuda a oyentes y visitantes de su página web para crear una lista de los cien mejores libros de ciencia ficción y de fantasía. Para evitar los límites habituales entre ambos géneros, se hizo un llamamiento para votaciones de las mejores obras de “ficción especulativa”, que incluirían todo tipo de ci-fi y fantasía pero que excluirían obras de terror y de fantasía y ciencia ficción juvenil (así que nada de Harry Potter ni Crepúsculo). Los resultados, fruto de más de sesenta mil votos, no traen grandes sorpresas, pero sí algunas inclusiones interesantes, de obras más recientes que empiezan a formar parte del canon, convirtiéndose en referentes indispensables para nuestro tiempo y el de generaciones futuras.

Para sorpresa de nadie, la número uno absoluta ha sido la magnífica El señor de los anillos de J.R.R. Tolkien. Tolkien sigue siendo el rey de lo fantástico, y seguramente su reinado será largo y glorioso. Puede resultar más inesperada la elección del segundo, que es La guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams. Es interesante que un libro de ciencia ficción cómica, un género poco exitoso por lo general, haya quedado tan bien posicionado. Seguramente a muchos se les ocurrirán bastantes libros que consideren con más mérito, pero está claro que la obra, por lo menos en el mercado anglosajón, sigue gozando de una salud más que envidiable. En tercer lugar tenemos El juego de Ender, de Orson Scott Card, un clásico de la ciencia ficción recomendable para todas las edades. El cuarto puesto le corresponde a Dune, de Frank Herbert, un autor cuya fantástica imaginería se ha visto apoyada de manera repetida por el cine y la televisión. Y en el quinto lugar ya aparece George R. R. Martin, que comparte iniciales con Tolkien y poco más, ya que su interpretación de la fantasía épica, que incluye poca fantasía y bastante épica, y que domina a la perfección el desarrollo de personajes y el casi televisivo cliffhanger, ha hecho de su saga Canción de hielo y fuego uno de los best-sellers más interesantes de los últimos tiempos. Que el lector medio pueda interesarse por la fantasía, un género frecuentemente denostado, es algo que tenemos que agradecer a Martin los amantes de la épica con tintes adultos.

En los puestos 6 y 7 nos encontramos con dos clásicos de la distopía: 1984, de George Orwell, y Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Al mencionar estos títulos uno no puede evitar pensar también en Un mundo feliz, de Aldous Huxley, pero éste se queda en el noveno lugar, adelantado por la trilogía Fundación de Isaac Asimov. En el décimo puesto tenemos de nuevo a un escritor más cercano a nuestro tiempo, a Neil Gaiman con su American Gods, representante de un nuevo tipo de fantasía oscura, mezclada con la mitología, que ya desarrolló en su conocido cómic Sandman (que por cierto obtiene el puesto 29 de la lista).

Podéis encontrar el resto de la lista, donde figura una abundancia de clásicos (desde Moorcock a Arthur C. Clarke, de Heinlein a Julio Verne), junto a una refrescante cantidad de escritores actuales (Pratchett, Dan Simmons, Neal Stephenson o Susanna Clarke, entre otros). Como con cualquier lista de votación popular, surgen quejas y recriminaciones: algunos autores se repiten demasiado, otros faltan. ¿Cuál es vuestra opinión? ¿Creéis que es una lista representativa (hay que tener en cuenta, además, de que se trata de una lista elaborada desde la perspectiva estadounidense)? ¿Cuál es, a vuestro juicio, el mejor libro de ficción especulativa que existe?

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Nueva novela de Houellebecq el 30 de agosto

23 de agosto de 2011 en Noticias

El mapa y el territorio

Cualquier cosa que diga o haga el autor francés Michel Houellebecq, al que unos consideran paradigma de la posmodernidad literaria y otros simplemente un bocazas misógino y racista, se magnifica. Pero por encima de todo, no hay nada que lo haga protagonizar más noticias que la edición de un nuevo libro. ¿Será que el tan odiado Houellebecq, por encima de todo, es uno de los escritores más importantes de nuestro tiempo y cuenta por cientos de miles, no los detractores, sino los lectores?

Pues la fecha elegida para la publicación de El mapa y el territorio, que así se llama su nueva novela, es el 30 de agosto. El libro viene, como se suele decir, con un pan bajo el brazo, más concretamente con el premio Goncourt (como ya informamos en Lecturalia hace unos meses), un prestigioso galardón del que Houellebecq ya había sido finalista en dos ocasiones, con Las partículas elementales y con La posibilidad de una isla. Esta vez sí pudo hacerse con él. En palabras de Didier Decoin, uno de los máximos responsables de la Academia Goncourt (institución que entrega anualmente el premio), “El mapa y el territorio es un libro formidable, muy humano, que capta las angustias, los sueños y los delirios de la sociedad contemporánea. Y el Goncourt debe ser un espejo de su tiempo”.

Y es que Houellebecq, por mucho que viva semi recluido en Cabo de Gata, Almería, lejos de sus compatriotas (tanto de sus fanáticos como de los que quieren ver su cabeza clavada en una pica), no es impermeable a todo lo que le rodea. Y también se hace viejo, tal y como parece decirnos al afirmar que cada vez le interesa menos el sexo. Todo parece indicar que esta novela será, dentro de su producción, posiblemente la que menos importancia concederá a la parte sexual de la sociedad y el hombre contemporáneo.

Es imposible que Houellebecq, pese al Goncourt y las grandes perspectivas de éxito entre el público y la crítica, no vaya acompañado por la polémica. En este caso por haber utilizado en varias partes del libro citas literales de la Wikipedia en idioma francés. Tan literalmente que, tal y como podremos leer en los agradecimientos de la edición en español, Houellebecq anota “Doy las gracias también a Wikipedia y a sus colaboradores, cuyas notas he utilizado como fuente de inspiración, especialmente las relativas a la mosca doméstica, la ciudad de Beauvais y Frédéric Nihous”.

Vuelvo a Didier Decoin, que desvela una parte trascendental del argumento del libro, una suerte de spoiler que los editores no sólo no han ocultado (pese a que sea algo fundamental en el último tercio del libro), sino que han difundido para alimentar la controversia. Dice Decoin: [SPOILER]Admiro a un autor que puede adentrarse en el abismo, como cuando cuenta su propia muerte y describe su cadáver”. Y es que Houellebecq es uno de los protagonistas de la novela, describiéndose a sí mismo como un amargado maloliente y cínico al que, al final, asesinan. Tal cual.

Todo parece dispuesto para que El mapa y el territorio se convierta en uno de los best-seller del año en Europa, por mucho que moleste a todos los detractores del enfant terrible de las actuales letras francesas.

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La mosca de Virgilio y la arroba

22 de agosto de 2011 en Divulgación

Virgilio

Publio Virgilio Marón, más conocido simplemente como Virgilio, es uno de los grandes autores de la literatura universal y, circunscribiéndonos a la Antigüedad Clásica de Occidente y dejando a un lado autores asiáticos, también uno de los más antiguos de los que conocemos ya no sólo su obra, sino también gran parte de su vida. De su obra cabe mencionar las Geórgicas, las Bucólicas, y por encima de todas ellas la Eneida, obra que lo hizo inmortal. Escribió muchas otras obras menores, algunas tan curiosas como un poema en el que explicaba como realizar el moretum, un aderezo muy popular en la cocina romana de su tiempo.

Pero en su biografía encontramos una anécdota especialmente curiosa. Y es que al bueno de Virgilio, al que Dante lo haría protagonizar siglos después su Divina Comedia, no se le ocurrió otra cosa que organizar un fastuoso funeral en honor de su recientemente fallecida mascota. En sus tierras, además, mandó construir un mausoleo para que reposaran los restos de su pequeña amiga. Porque era pequeña, muy pequeña: la mascota en cuyos funerales Virgilio gastó la friolera de ochocientos mil sestercios de la época, era una simple mosca. La salud mental del poeta, que ya era más que conocido en esos años, fue puesta en entredicho por propios y extraños, que sin embargo se afanaron en participar en las celebraciones fúnebres. Más que nada porque no todos los días tiene uno la oportunidad de asistir a una fiesta de tal calibre en honor de un insecto.

Virgilio, en realidad, no estaba nada loco, y todo formaba parte de un plan magistralmente trazado para burlar la legislación romana. Incluso la elección de una mosca como inquilina del mausoleo que edificó podría tomarse como una gran broma. Y es que Virgilio, que contaba con amigos en las altas esferas del gobierno romano, había sido avisado de que el triunvirato formado por Marco Antonio, César Octaviano y Marco Emilio Lépido planeaba una nueva ley por la cual se expropiarían tierras de terratenientes para ofrecérselas a soldados retirados. La ley, que finalmente fue aprobada y tras la cual todos comprendieron que Virgilio había obrado sensatamente, tenía una excepción: quedaban excluidas de la expropiación todas las tierras que fueran consideradas tierra sacra. Esa fue la función del mausoleo de la mosca de Virgilio, ni más ni menos.

Cambiando de tema, y siguiendo con las curiosidades, a día de hoy convivimos diariamente con un símbolo, el de la arroba (@), que gracias a la informática ya es casi omnipresente. Su nombre no es casual, ya que es el símbolo con el que se representaba la unidad de medida de la arroba (unos doce kilos, más o menos). Durante mucho tiempo se creyó que la primera representación escrita de este símbolo fue en una carta fechada en 1536 en Sevilla y con destino a Roma, redactada por un mercader italiano, Francisco Lapi, y en la que, seguramente porque ya era costumbre (aunque no se conocían más ejemplos de su utilización), abreviaba con la @ la unidad de peso. Sin embargo, en 2009 el historiador aragonés Jorge Romance refutó la teoría de que la @ fuera de origen sevillano, hablando de referencias aún más antiguas, como por ejemplo una de 1448, en la llamada taula de Ariza, e incluso de años anteriores a este en otros registros del Archivo del Reino situado en Zaragoza.

El símbolo de la arroba (@), para terminar, fue elegido por el programador Ray Tomlinson en 1971 en los primeros coletazos de ARPANET, la precursora de la actual Internet, que era un sistema de interconexión de ordenadores sufragado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos. Lo eligió porque, en inglés, el símbolo de la arroba se lee “at”, por lo que es indudable que parecía hecho a propósito para unir los nombres de usuarios y los servidores en donde tenían alojadas sus cuentas. La @ ya existía en todos los teclados y no se usaba para nada, así que fue una elección más que lógica y que posibilitó que hoy en día este símbolo sea universal.

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