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Entradas de julio de 2010

Día uno. Así empezó la era atómica, de Peter Wyden

31 de julio de 2010 en Reseñas

Explosión

La Segunda Guerra Mundial fue un conflicto global en el más amplio sentido de la palabra: no sólo estuvieron involucradas naciones de los cinco continentes, sino que hubo acciones bélicas en casi cualquier parte del planeta. Para los europeos nos son mucho más conocidas las batallas desarrolladas en nuestro continente y en el norte de África, igual que para los estadounidenses fue la guerra en el Pacífico la que verdaderamente marcó a toda una generación, pero no hay que olvidar que hubo batallas navales en América del Sur, que en la India y en China se libraron algunos de los combates más arduos del conflicto o que durante mucho tiempo Australia y Nueva Zelanda estuvieron seriamente amenazadas por la Armada del Imperio Japonés. También, debido a décadas de propaganda estadounidense, tendemos a pensar que la guerra se ganó finalmente gracias a la intervención del gigante norteamericano, obviando que fue la Unión Soviética la verdadera desencadenante del fin nazi, o que el Reino Unido pudo resistir gracias a la intervención de tropas provenientes de Canadá, Australia y Nueva Zelanda, sin las cuales el Tercer Reich y sus aliados habrían conquistado Europa y sus colonias con relativa facilidad.

No obstante, la guerra en Europa terminó meses antes que la guerra en el Pacífico. Con el fin de la Alemania nazi los gobiernos de las potencias aliadas dieron por hecho que la guerra con Japón todavía duraría varios años. Las batallas que se desarrollaron en las islas del Pacífico daban a entender que el fin japonés sólo se conseguiría a base de mucho esfuerzo… y muchas vidas. Fueron miles los caídos por ambos bandos en cada batalla o escaramuza, y todo hacía indicar que la única manera de rendir a los japoneses, aunque estos ya se encontraban en la primavera de 1945 con una carestía importante de los recursos estratégicos fundamentales para mantener su maquinaria de guerra, sería yendo de isla en isla hasta desembarcar en el propio archipiélago nipón. El Estado Mayor estadounidense temía esta posibilidad: si los soldados japoneses se habían mostrado tan aguerridos y combativos defendiendo posiciones en mitad del océano, algunas no más que pequeños atolones o islotes sin valor, ¿qué no harían para proteger a su patria de una invasión extranjera? Todo esto, unido a que la Unión Soviética parecía reticente a atacar a las fuerzas japonesas apostadas en Manchuria y Corea (pese a que se había comprometido a ello en la Conferencia de Yalta), parecía presagiar una larga guerra. Sin embargo, esto no ocurrió: tras el lanzamiento de dos ingenios nucleares sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, cuyas deflagraciones asesinaron a cientos de miles de civiles japoneses, el emperador Hirohito se vio forzado a convencer a su Gabinete para aceptar la rendición, temeroso de que más bombas asolaran la Madre Patria. Él no podía saber que los estadounidenses, en esos momentos, no contaban con más bombas atómicas, y que una tercera de ellas se habría demorado todavía unos meses.

Pero Peter Wyden, autor de Día Uno. Así empezó la era atómica, si bien dedica la segunda mitad de su libro íntegramente al ataque a Hiroshima, entrevistando a docenas de supervivientes de la explosión, también se interesa por las razones que llevaron a los Estados Unidos a utilizar una tecnología que todavía no entendían del todo sobre el archipiélago japonés. En realidad, el eje de esa primera parte del libro sería ya no sólo los hombres que fabricaron la bomba (destacando entre ellos, de forma determinante, Robert J. Oppenheimer, director del proyecto), sino los teóricos que, inconscientemente, hicieron posible la más mortífera arma que el ser humano ha desarrollado, entre ellos científicos tan reputados como Leo Szilard o Albert Einstein.

Bomba

De algún modo, el sacrificio de miles de civiles japoneses, al acelerar la rendición del Imperio nipón, evitó seguramente muchas más muertes, tanto japonesas como estadounidenses, pero esta postura, magnificada por la propaganda aliada, es relativa: la Unión Soviética, en los días posteriores al primer lanzamiento, ocupó Manchuria y Corea, en donde había un millón o más de soldados japoneses, muchos de los cuales murieron en batallas en las que el rodillo del Ejército Rojo los aplastó casi literalmente. Para esos miles de soldados poco importó que en esos momentos se estuviera ya negociando una rendición.

La era atómica había empezado. Tras la caída alemana se demostró que los nazis no habían andado lejos de poseer su propia bomba atómica; también Japón tenía un programa atómico, aunque las fuerzas de ocupación estadounidenses pudieron comprobar que los asiáticos no habían tenido demasiado éxito. En 1949 un segundo país se unió al “club atómico”, la Unión Soviética, en parte gracias a las filtraciones del proyecto estadounidense: entre los participantes en el proyecto Manhattan había agentes soviéticos infiltrados, tal es el caso del conocido Klaus Fuchs.

La obra de Wyden es un libro imprescindible tanto para conocer los entresijos científicos de la bomba atómica, como las motivaciones de Estados Unidos para construirla y lanzarla. Y, por supuesto, en su parte final, para acercarse de forma cercana a las terribles consecuencias de aquella primera utilización con fines bélicos sobre Japón.

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No es el cacharro, chicos: son los libros

30 de julio de 2010 en Opinión

Kindle 3

Amazon se lanza a la guerra abierta para el control del libro electrónico y lo hace con ganas: el Kindle 3 se va a poner a la venta rozando el límite psicológico de los 100 euros. Si, 100, da igual que ayer fuerais a la tienda electrónica más de moda o a las rebajas del Cortinglés y os encontrarais con unos lectores del año pasado por 250 €: la última novedad del gigante de los e-books se queda en 139$.

Estamos hablando del Kindle 3 Wifi que, a semejanza del movimiento de Barnes & Noble con su Nook Wifi, abarata un poco más el precio con la eliminación del 3G (el dispositivo valdrá 189 $para los amantes de la movilidad absoluta) y viene cargado de un montón de novedades interesantes, como son su mejor contraste, definición, duración de la batería y la capacidad de poder tomar notas sobre documentos PDF, entre otras pequeñas mejoras.

Amazon golpea la mesa con su Kindle -es mejor que nosotros no lo hagamos, sus pantallas no son exactamente de acero- y exclama un «Pa chulo yo» que deja al resto de fabricantes temblando en el mercado americano, hoy por hoy el más importante. En el resto del mundo se espera expectante la fecha de envío internacional y la posibilidad, lejana todavía, de que Amazon pueda ofrecer los libros que hoy por hoy sólo Libranda pone para mayoristas.

¿Cuál es el truco? Pues que el Kindle es un dispositivo cerrado: su DRM es propio y excluyente -al menos por ahora-, así que el argumento se complica a un estás conmigo (barato) o contra mí (oferta más amplia y libre, al menos en Europa). Amazon quiere hacerse con la mayoría del mercado y parece que si sigue con esta guerra de precios será inevitable que lo consiga si nadie hace nada por evitarlo.

La verdad es que con la salida del Kindle3 queda claro que lo importante es crear una gran comunidad de lectores atados a un lector que pasa por una única tienda. Un lector para atarlos a todos en las tinieblas, vaya, aunque Amazon pierda ahora dinero por cada Kindle que venda, es una inversión a largo plazo que puede significar un cambio radical en el panorama editorial tal y como lo conocemos.

Hoy por hoy, claro, es la única opción barata y de calidad pero, por desgracia, todavía no lee los Adobe DRM de Libranda, algo que sí que hace su competencia directa –Nook– que, vaya hombre, no se puede pedir a los Estados Unidos. Sí que hay una vaga promesa de que en un futuro se podrá leer ese DRM, pero pueden pasar meses antes de que haya un movimiento en firme, que dependerá, seguro, de las posiciones alcanzadas por las grandes empresas del sector.

La leyenda de Finn McCool

29 de julio de 2010 en Divulgación

Calzada

La mitología de las diferentes culturas, ya haya llegado a nosotros por tradición oral o lengua escrita, siempre es una fuente de diversas elaboraciones de cuentos, historias y anécdotas. Tienen especial interés las historias que procuran explicar el origen de accidentes geográficos, y tal vez sea Fionn mac Cumhaill (o Finn McCool, como se le conoció en el Romanticismo) uno de los personajes mitológicos al que más despropósitos se le atribuyan en ese sentido.

Una de las leyendas más significativas, que ha cambiado y evolucionado a lo largo de los siglos, según los diferentes autores y pueblos que se han hecho eco de ella, es la relacionada con este épico personaje y la Calzada de los Gigantes, un paso impresionante de roca que se supone unió Irlanda y Escocia al principio de los tiempos. Hace unos 50 ó 60 millones de años, la actividad volcánica de la zona ocasionó ríos de lava que disolvió este paso, dándole al enfriarse una apariencia singular, formando inmensas columnas de basalto pentagonal y hexagonal que crearon una especie de montaña escalonada que hoy en día es un punto de visita obligado para cualquier turista. Obviamente en la época en la que se formó el inicio de la mitología irlandesa y escocesa no andaban muy informados en lo que a geología se refiere, y atribuyeron la destrucción de este paso, con su singular formación, a una rencilla entre sus héroes locales: los gigantes Fionn mac Cumhaill (irlandés) y Benandonner (escocés). La historia presenta diversas variaciones, pero la más común muestra a un Fionn agresivo que decide cruzar el paso que unía Irlanda y Escocia para enfrentarse a Benandonner, pero que al ver el poderío de éste, se echó atrás. Benandonner, envalentonado, decidió hacerle una visita, y la esposa de Fionn, asustada, decidió disfrazarlo de bebé, asegurándole a Benandonner que la criatura que había en la cuna era el hijo del gigante irlandés. Benandonner, viendo el tamaño descomunal del infante, se pensó mejor el desafiar al padre, y huyó aterrorizado de regreso a Escocia, destruyendo la Calzada a su paso, para evitar que éste le siguiera a su tierra. A historias parecidas deben su existencia, según las leyendas, la Isla de Man, el peñón de Rockall o la Cueva de Fingal, entre otros. Ya de por sí se decía que la propia Calzada original había sido construido, bloque a bloque, por el propio Fionn, para evitar mojarse los pies cada vez que hiciera una visita a Escocia.

Fion

La figura de Fionn creció, y las leyendas se multiplicaron, sobre todo aquellas referentes a sus descendientes y seguidores, los Fianna. Fionn se convirtió en una referencia para los irlandeses (y hasta cierto punto también para los escoceses) similar a la del Rey Arturo en Inglaterra: un rey durmiente que regresaría al mundo de los vivos para proteger a su pueblo de alguna gran catástrofe y/o para liderarlos hacia la gloria. Este sentimiento nacionalista en torno a la imagen de un héroe mítico se asentó, como en tantos países, con la llegada del Romanticismo, y se ha mantenido hasta la modernidad, el mismísimo Finnegans Wake de James Joyce se cree que es un juego de palabras con “Finn again is awake” (Finn de nuevo está despierto), en referencia a la venida del gigante. El poeta romántico James Macpherson anunció en 1761 el “descubrimiento” de una serie de manuscritos escritos por el bardo o poeta Ossian (de Oisín, el que se consideraba el propio hijo del héroe Fionn). Fue aquí donde el nombre de Fionn evolucionó hasta llegar al hoy en día más popular y conocido Finn McCool. Oisín, hijo de Finn y de su esposa, Sadbh, habría escrito los poemas épicos componentes del Fiannaidheacht o Ciclo Fenian, narrando las aventuras de Finn y de los suyos. Los poemas de Oisín/Ossian fueron inmensamente populares, hasta que comenzó a dudarse de su autoría. Macpherson había presentado los poemas como una traducción de documentos antiguos, sin embargo todo apuntaba a que se trataba de obras escritas y concebidas por él mismo. Con el tiempo, los estudiosos muestran cada vez mayor convicción de que, si bien Macpherson había sido el autor del ciclo de poemas, éstos se basaban en leyendas ya existentes de la tradición gaélica, y que probablemente hubiera dispuesto de algún documento original en el que basarse. Lamentablemente, su escarnio fue tal que los poemas perdieron popularidad, cobrando mayor notoriedad su existencia como estafa literaria en toda regla por encima de su tremendo valor literario e histórico.

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Grandes villanos de la literatura (II)

28 de julio de 2010 en Divulgación

Fu Manchu

Sigamos hablando de villanos en la literatura. Tras nuestra primera entrega de grandes bastardos literarios es hora de nombrar a otros cinco personajes a los que no invitaríamos a pasar el fin de semana en nuestra casa. Además, como extra, vamos a destacar algunos de los que han logrado hacer carrera en el cine, mostrando su horrible rostro, en el caso de que tengan uno, en la gran pantalla.

-El conde Drácula: Mucho se ha hablado de dónde sacó Stoker su inspiración para el personaje, que si fue más de la Condesa Bathory que de Vlad Drakul… lo cierto es que Drácula es un excelente villano. Tiene un maléfico plan, elegantes modales, muchísimo poder y no se corta en utilizarlo en cuanto tiene ocasión. Hoy en día puede que de menos miedo que antaño, pero cuando el libro original fue publicado, en el Londres de la época a más de uno se le atragantó el té con pastas leyendo algún capítulo.

-El Capitán Garfio: No nos engañemos, miedo, miedo, lo que se dice miedo, el Capitán Garfio no acaba de dar. Es posible que Disney tenga algo que ver en todo esto, pero lo cierto es que hay que reconocerle su malignidad. Después de todo es un adulto mutilado obsesionado con un jovencito vestido con mallas verdes. ¿Y el cocodrilo? Ese sí que da verdadero miedo…

-Mr. Hyde: La verdad es que tanto Hyde como Jeckyll son igual de malvados a su propia manera, pero Hyde, que representa todo lo animal y bestia que hasta un refinado doctor inglés puede llevar dentro, se lleva la palma en cuanto a su representación y falta de escrúpulos. Dentro de las incontables adaptaciones que se han hecho, la de Fredric March, que se transforma en Hyde a base de correas y trabajo físico, resulta espectacular.

-Fu Manchú: Otro de los grandes malvados de todos los tiempos que está siendo injustamente olvidado, aunque tuvo su época de Manchuxplotation en los setenta, en parte gracias al trabajo de Jess Franco. Fu Manchú es el mal refinado por la milenaria cultura china, experto en torturas y ambicioso conquistador mundial. Lástima de su mala suerte.

-Sauron: La sombra que se alza, el Señor Oscuro, convertido en un ojo gigante en lo alto de su torre, lo ve todo. Malvado y cruel, dominador más allá de lo humano, Sauron se muestra como el reflejo de aquello que fue en El Señor de los Anillos; una entidad antigua y capaz de roerte el cerebro en una fracción de segundo. Por desgracia, debió haber prestado atención a los hobbits mucho antes.

¿Y vosotros? ¿Cuál es vuestro malo favorito de la literatura que ha conseguido su papelito en el mundo del cine? Las respuestas, como siempre, a los comentarios.

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Guionistas de Hollywood

27 de julio de 2010 en Divulgación

Guionistas

Puede parecer una cuestión de perogrullo, pero la realidad es que algunos de los escritores que más dinero ganan anualmente con sus escritos no escriben novelas, ni poesía, ni sesudos ensayos, sino guiones para cine y televisión. Son los menos, por supuesto: la famosa huelga de guionistas que sacudió Estados Unidos no hace mucho fue una reivindicación clara de un colectivo que, en conjunto, se siente marginado por la industria que sostienen con sus ideas. El convocante de la huelga, el Writer’s Guild of America, pedía un aumento en las regalías y que de una vez los guionistas pudieran sacar tajada de la distribución de películas y series de televisión utilizando las nuevas tecnologías. El caso de las regalías era especialmente sangrante debido a que casi la mitad de los guionistas afiliados a la WGA se encontraban en ese momento viviendo de ellas ya que, por lo general, este colectivo puede estar largo tiempo sin un trabajo concreto entre proyecto y proyecto. De cada DVD vendido, por ejemplo, el guionista recibía la ”exorbitante” cantidad de cuatro centavos de dólar. Puede parecer muy poco, pero en la década de los 80 no recibían absolutamente nada por este concepto ya que la industria cinematográfica estuvo durante años obviando el tema de que las ventas y alquileres de VHS generaban bastantes beneficios. También se solucionó entonces el tema con una huelga, por supuesto.

No obstante, repito, algunos guionistas privilegiados hacen mucho dinero con su trabajo. Muchísimo. La mayoría son anónimos, pero hay excepciones. Algunos de esos escritores son claramente mediáticos e influyentes, y pueden darse el gusto incluso de influir en las decisiones últimas del director. Uno de ellos, que además es considerado como una de las cien personas más poderosas de Hollywood por la revista Premiere, es Charlie Kaufman. Nominado al Oscar por el mejor guión original en 1999 por Cómo ser John Malkovich y al de mejor guión adaptado en 2001 por El ladrón de orquídeas, el reconocimiento le llegó finalmente en 2004 al conseguir la estatuilla por el guión original de Eternal Sunshine of the Spotless Mind (traducida en España, de forma particularmente horrenda, como ¡Olvídate de mí!). Kaufman puede darse el lujo hoy día de elegir sus proyectos personalmente e incluso de dirigir sus propias películas o de tomarse cuatro años de descanso si le apetece.

Otra guionista muy conocida, también ganadora del Oscar, es Diablo Cody. Esta famosa bloguera es capaz de lo mejor (la película Juno, por la que ganó el Premio de la Academia, o la estupenda serie The United States of Tara son buena prueba de ello) y de lo peor (también firmó ella el guión de la infecta Jennifer´s Body), pero en todo caso su influencia y popularidad son muchas, y su cuenta corriente no debe ser precisamente parecida a la de la mayoría de sus colegas.

Pero si hay un guionista que actualmente esté en boca de todos este es, indudablemente, el siempre controvertido J. J. Abrams, por supuesto. Creador de series como Felicity o Alias, la fama le ha llegado con la exitosa Perdidos (o Lost, como prefiráis), una de las series de más éxito de la historia de la televisión, que actualmente está dando ya sus últimos coletazos. Hay que indicar que no fue él el creador propiamente dicho, sino Jeffrey Lieber, que fue el encargado de escribir el guión del capítulo piloto de la serie. Sin embargo, completaron finalmente ese trabajo Abrams y Damon Lindelof, el otro guionista de moda en estos momentos (no sólo de cine, también de cómic). Millones de fanáticos de la serie querrían ahora mismo estar dentro de la cabeza de estos dos gurús de la televisión del siglo XXI, desde luego, pese a que los puristas, muchos de ellos guionistas con menos fortuna que ellos, los acusen de falta de talento y de recurrir a trucos baratos para mantener el interés en la serie.

¿De dónde han salido todas esas frases tópicas?

26 de julio de 2010 en Divulgación

Pluma y Espada

Son muchas las frases tópicas que existen, así que vamos a ver de dónde proceden algunas de ellas.

Tempus fugit (traducida habitualmente del latín como “El tiempo se escapa”): Esta frase está documentada por primera vez en las Geórgicas de Virgilio, en el siglo primero antes de Cristo. La frase completa sería “Tempus fugit, sicut nubes, quasi naves, velut umbra”, es decir, “El tiempo vuela, como las nubes, como las naves, como las sombras”.

La venganza es un plato que se sirve frío: según parece fue utilizada por primera vez en literatura por Choderlos de Laclos en su famosa obra epistolar Las amistades peligrosas, publicada en 1782 y adaptada al cine en varias ocasiones.

El fin justifica los medios: todo el mundo piensa instintivamente en Maquiavelo al escuchar esta frase, pero no existe ninguna obra suya en la que la mencione. ¿Es atribuible entonces a él?

El hombre es un lobo para el hombre: fue utilizada por primera vez, que nosotros sepamos, por el autor romano Plauto.

Conócete a ti mismo: esta frase nació, curiosamente, en el Oráculo de Delfos, en la Antigua Grecia, si bien fue el filósofo Sócrates quien la inmortalizó a través de los escritos de Platón.

Las apariencias engañan: la frase como tal parece haber nacido durante el Barroco español, pero tiene su base en obras de la Antigüedad grecorromana. Autores como Plinio el Viejo o Virgilio ya alertaron sobre la poca fiabilidad de lo que vemos.

Beatus ille (o “Feliz aquel”): usado en referencia a todos aquellos que pueden escapar de la sociedad y refugiarse en su propia soledad, es una frase original del gran poeta romano Horacio. También suyos son los tópicos de “el amor todo lo puede” y “carpe diem”, uno de los tópicos favoritos de la actualidad.

Si quieres la paz, prepara la guerra: no se sabe exactamente de dónde procede el original latino (“Si vis pacem, para bellum”), aunque el escritor del siglo IV Vegecio utilizó una máxima muy parecida en su obra Epitoma Rei Militaris.

La pluma es más poderosa que la espada: proviene de la frase “Bajo el imperio de los grandes hombres, la pluma es más poderosa que la espada”, de Edward Bulwer-Lytton, todo un experto en crear tópicos ya que suyas son también las referencias al “todopoderoso dólar” y, sobre todo, el tan manido “Era una oscura y tormentosa noche”, motivo de chanza desde hace años entre los aficionados a la literatura.

París bien vale una misa: atribuida al rey francés Enrique IV, que supuestamente la pronunció tras convertirse al catolicismo para poder convertirse en monarca. No está claro que la dijera.

Quemar las naves: un tópico usado hasta la saciedad en todos los aspectos de la vida moderna, y muy del gusto de los comentaristas deportivos en particular. Se le atribuye al conquistador español Hernán Cortés, que supuestamente la dijo cuando mandó destruir los barcos que habían usado para llegar a México con el fin de que ninguno de sus hombres tuviera la tentación de desertar.

Relación de amor-odio: basada en el Odi et Amo de Catulo, que lo tomó a su vez del poeta griego Anacreonte.

Como podemos comprobar, son muchas las frases tópicas que provienen de los grandes clásicos de la literatura. Otras, en cambio, son más modernas, o provienen de hechos que nada tienen que ver con los libros.

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Las novelas con más Premios Oscar

25 de julio de 2010 en Divulgación

Retorno del rey

Muchas han sido las películas que, basadas en un libro, han conseguido importantes premios. El mayor de esos premios, o al menos el más prestigioso a nivel comercial, es el que da la Academia estadounidense de cine, conocido comúnmente como premio “Oscar”. Estas serían las películas con más galardones basadas en una novela o relato y no en un guión escrito ex profeso para ser llevado al cine.

El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien: la epopeya épica del autor sudafricano, llevada al cine en tres partes por el cineasta neozelandés Peter Jackson, cuenta con nada más y nada menos que diecisiete estatuillas, cuatro por la primera película (La comunidad del anillo, 2001), dos por la segunda (Las dos torres, 2002) y la vertiginosa cifra de once por la tercera (El retorno del rey, 2003). Esta última película tiene el récord de premios conseguidos junto a Titanic (1997) y Ben Hur (1959).

Ben Hur es, precisamente, la segunda de la lista, con once premios Oscar. La película del genial director William Wyler, se basó en la novela de Lewis “Lew” Wallace. No era su primera adaptación al cine, ya que otras versiones se habían estrenado en 1907 y 1925. Sin embargo, ninguna de las dos pudo optar al premio ya que la primera edición de este certamen se celebró en 1929.

-En el tercer puesto empatarían, con nueve estatuillas, El paciente inglés (película de 1996 basada en una novela de Michael Ondaatje), Gigi (de 1958, adaptación de la obra homónima de la escritora francesa Colette) y, por supuesto, Lo que el viento se llevó, una de las más famosas historias melodramáticas de la historia del cine que arrasó en los premios de 1939 y que surgió de la pluma de la autora Margaret Mitchell.

-Ocho premios tienen Slumdog Millionarie (2008, basada en una obra de Vikas Swarup), My fair lady (1964, adaptación de la novela de George Bernard Shaw) y De aquí a la eternidad (1953, basada en la novela de James Jones).

Algunas otras películas podrían haber estado en esta lista de haber conseguido más premios de los que finalmente se llevaron. Forrest Gump, por ejemplo, consiguió la buena cifra de seis galardones, entre ellos los de mejor película, director y actor, pero marró en otras siete categorías. La novela en que se basa la película es de Winston Groom. Bailando con lobos tuvo doce nominaciones, pero “sólo” consiguió siete premios. La película que lanzó definitivamente a la fama a Kevin Costner se basó en una novela escrita por Michael Blake. Más conocido es, sin duda, Charles Dickens: la película Oliver bebía de su obra, y aunque tuvo once nominaciones se quedó en cinco premios. La canción de Bernardette, basada en una novela de Franz Werfel tuvo cuatro premios de doce posibles y fue un gran éxito pese a que una historia acerca de la aparición de la Virgen María en Lourdes no parezca, a priori, un argumento llamativo para el público estadounidense. Sin embargo, estamos hablando de 1943: Estados Unidos acababa de entrar en la Segunda Guerra Mundial y una historia sobre milagros en territorio europeo (en territorio aliado europeo, perdón) caló hondo en un país que estaba enviando a sus jóvenes soldados a varios frentes de cuatro continentes distintos.

Habría que destacar a una película que, pese a tener once nominaciones, no consiguió premio alguno. Estoy hablando de la aclamada película de Steven Spielberg El color púrpura, basada en una obra de Alice Walker.

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Los grandes villanos de la literatura (I)

24 de julio de 2010 en Divulgación

Moriarty Perro

En todo libro con un mínimo de emoción, sea de aventuras, de terror, fantástico, de novela negra o de época, es necesario, además de un protagonista con el que nos identifiquemos de alguna manera, la existencia de un villano que encarne el mal, lo irracional o el obstáculo que el escritor haya decidido imponerle a sus personajes.

La verdad sea dicha: no siempre tiene que ser un villano, ya que podríamos hablar de, por ejemplo, la naturaleza salvaje, una hecatombe nuclear u otra encarnación de lo inevitable. Pero por hoy vamos a centrarnos en los grandes villanos de la literatura, esos que en ocasiones podrían arrebatarle el puesto al protagonista en cuanto se descuidara un poco.

El Profesor Moriarty: Pese a no aparecer en demasiadas ocasiones en los libros de Holmes, Doyle creó un personaje que se hizo mundialmente famoso al enfrentarse en igualdad de condiciones al mejor detective de todos los tiempos. No sólo eso, claro: llegó a acabar con su vida en El problema final. Desde entonces el Profesor Moriarty es un claro referente para todos los archienemigos cerebrales e inteligentes. Qué demonios, si hasta sale en episodios de Star Trek.

Voldemort: El villano definitivo de varias generaciones criadas con Harry Potter. Es el mago malvado sin piedad ni corazón, capaz de sobrevivir en una forma fantasmal alimentándose de sangre de unicornio. Como todos los grandes villanos, pese a ser derrotado, siempre vuelve. Su debilidad: El poder del amor.

Tom Ripley: Es cierto, es cierto. En realidad Ripley no es estrictamente el “obstáculo”. Es una apisonadora que se dedica a dejarse el terreno libre, haciendo uso de su extraordinario talento para sobrevivir y matar. Uno de nuestros favoritos y que hubiera sido interesante de ver enfrentado a algún detective famoso, también literario.

El Cardenal Richelieu: Nos referimos al personaje que describió Dumas, no al histórico, aunque también fue una buena pieza. Richelieu es otra de esas creaciones amplificada por el cine y la televisión, siempre con una conspiración a mano y manejando a los súbditos de Francia como a perros y los demás como carne para los perros. Inolvidable su apariencia perruna en Los tres mosqueperros. Desde entonces da un poco menos de miedo.

El inspector Javert, de Los Miserables: Más que villano, podríamos decir que Javert es uno de los seres más despreciables de la literatura. Víctor Hugo nos concede un vistazo a la miseria moral en forma de la corrupta visión de los hombres demasiado justos que usan la ley para justificar sus actos. Por lo menos Javert tiene un final apropiado: se suicida.

Arón el Moro: En las obras de Shakespeare hay numerosos y verdaderos villanos. Quizá el más cruel y bastardo de todos ellos se encuentra en Titus Andrónicus -una de las obras más sangrientas y menos representadas en España del bardo inglés-, ya que Arón es una persona que disfruta con el odio de los demás, carece de conciencia o remordimiento. Es un verdadero psicópata, pero dotado de las palabras de Shakespeare se hace todavía más insufrible.

Mientras preparamos la segunda entrega de nuestros villanos favoritos, ¿hay alguno en especial por el que sintáis predilección? No está mal reconocerlo, a todos nos gusta asomarnos al lado salvaje de vez en cuando, ¿verdad?

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Ezra Pound, el poeta de Mussolini

23 de julio de 2010 en Divulgación

Ezra Pound

Pocos autores del siglo XX han sido tan controvertidos como el estadounidense Ezra Pound, ya no sólo por su literatura sino, principalmente, por sus convicciones políticas. Si ciñéndonos a lo estrictamente literario hay que decir que Pound fue uno de los poetas más importantes de su generación, y uno de los primeros en introducir con éxito el verso libre en textos amplios, políticamente fue un personaje más que comprometido con sus ideas, algo que le valió ser vilipendiado por sus compatriotas una vez terminada la Segunda Guerra Mundial.

No obstante, Pound tuvo relativa suerte: fueron bastantes los autores, muchos de ellos políticamente opuestos a él, que intercedieron tras la guerra para que Pound, durante su juicio por traición en Estados Unidos, no fuera condenado a la pena de muerte. Finalmente la defensa consiguió que Pound fuera considerado un demente, lo que le salvó de la pena capital. A cambio pasó más de una década recluido en una institución mental, volviendo tras su alta médica a su amada Italia, en donde hoy día sigue siendo una figura plenamente admirada de la extrema derecha, existiendo incluso una agrupación de voluntarios fundada a principios de esta década denominada Casa Pound, de carácter neo-fascista (de hecho son considerados “okupas” de derechas), que promueve iniciativas contra la pérdida de viviendas tras impagos de hipotecas y ayuda a familias italianas que han perdido su casa, entre otras actividades.

Ezra Pound se habría sentido orgulloso, desde luego, al repasar el ideario de Casa Pound y de otros grupos afines del nuevo fascismo italiano tales como Radio Bandiera Nera, más que inspirados en las teorías políticas y económicas que convirtieron en importantes a Benito Mussolini y al fascismo italiano. Nacido en Idaho en 1885, se trasladó al Reino Unido a principios del siglo XX, llegando a convertirse en el secretario personal de William Butler Yeats. De hecho, fue Pound el que consiguió interesar a Yeats en la literatura asiática, una literatura que Pound devoraba: fue un importante traductor, y también muy criticado ya que, según muchos, no dominaba a la perfección los idiomas que traducía, por lo que fueron constantes las omisiones o los cambios de significado. Después del Reino Unido pasó a Francia en los años 20, donde tuvo contacto directo con las vanguardias. Tras su llegada a Italia todo empezó a cambiar: apoyó decididamente la política de Mussolini y empezó, algo extraño en él hasta entonces, a ser un decidido antisemita. Su colaboración con el régimen fascista fue más o menos clara dependiendo de la fecha. Durante la guerra fueron muchos sus artículos propagandísticos (ya antes de ella había usado su influencia en ciertos círculos culturales estadounidenses para advertir de que el peligro que podía venir de Europa no era el fascismo), pero cuando Italia cayó y se proclamó la efímera República de Saló, sus esfuerzos no decayeron, permaneciendo fiel al Duce hasta el final de la guerra en Italia, cuando tras ser detenido por los partisanos y liberado por ser un individuo que no les interesaba se entregó a las tropas estadounidenses.

Aún faltaba un tiempo para su juicio por traición, pero el tiempo en que fue recluido en un campo de prisioneros en Pisa no fue en balde: fue allí donde escribió buena parte de sus Cantos Pisanos, que dentro de la numeración de esta obra inconclusa y monumental que son Los Cantos conformarían los capítulos que van del 74º al 84º. Para muchos es una de las obras más importantes ya no sólo de Pound, sino de la poética mundial del siglo XX, en una amalgama temática que va desde la justificación económica de la guerra que se avecinaba (tomando como referencia una conversación acaecida en 1939) como los recurrentes temas mitológicos. Luego vendría su juicio, su reclusión y su vuelta a Italia, donde permanecería hasta su muerte en 1972. Se puede estar o no de acuerdo con muchas de las motivaciones de sus obras, pero obviar por cuestiones ideológicas a uno de los mayores genios de la historia de la literatura sería un error por parte de cualquier lector que se precie de serlo.

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Ken Follet: La caída de los gigantes

22 de julio de 2010 en Noticias

La caída de los gigantes

Hace pocos días que saltó la noticia: Ken Follet vuelve a la actualidad literaria iniciando su serie Century (¿Siglo? ¿Centuria? ¿Trilogía del siglo? Ya veremos con qué nos sorprenden) dispuesto a arrasar en las listas de ventas y hacer frente a vampiros, ángeles, templarios y a cualquiera que se le ponga por delante.

Con La caída de los gigantes, que saldrá a la venta el 28 de septiembre, Follet da un salto a una época en la que no nos tiene acostumbrados a escribir, los convulsos años a principios del siglo XX, y anuncia que entrelazará los destinos de varias familias, una americana, una rusa, una alemana, una inglesa y una galesa, a lo largo de la Primera Guerra Mundial y la Revolución Rusa.

La propuesta de Follet abarca en realidad todo el siglo, ya que en los siguientes libros, que saldrán en 2012 y 2014, seguirán con las familias a lo largo de la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, suponemos que hasta la caída del muro y la Perestroika.

Con estos libros, Follet parece decidido a realizar una trilogía capaz de abarcar todo el siglo XX tanto temporal como geográficamente. El autor galés nos tiene acostumbrado a grandes volúmenes, pero en este caso parece que tendrá que aprovechar al máximo el espacio para lograr resumir un siglo en apenas tres libros.

Además, Follet sigue estando de actualidad por otros motivos y se espera que las ventas de Los pilares de la tierra vuelvan a alcanzar lo más alto de las listas tras el inminente estreno -el 23 de julio llega una previa desde Estados Unidos- de la miniserie de televisión que se basa en su célebre best-seller. La serie consta de ocho horas con actores como Ian McShane, Donald Sutherland, Sarah Parish o Hayley Atwel y tratará de convertirse en un fenómeno mundial gracias a un presupuesto de 40 millones de dólares.

¿Habrá segunda parte de la miniserie? La verdad es que adaptar Un mundo sin fin tampoco sería barato, así que todos los fans de Follet estarán deseando no sólo ver la miniserie de Los pilares de la tierra, sino que el resultado final le valga a la productora a meterse en un nuevo proyecto, tanto o más complicado que el primero.

Vía: KenFollet.com

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