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Entradas de junio de 2010

E-Foro Publidisa: Algunas conclusiones

2 de junio de 2010 en Noticias

E-Foro

Ha concluido el E-Foro Publidisa de este año y desde Paradigma Libro hacen un análisis de los principales puntos que se trataron a través de un cuestionario, repartido entre los asistentes y también disponible en su web, y que son interesantes para ver cómo ha ido evolucionando la opinión de los implicados en el mundo del libro electrónico.

De entrada parece que todo el mundo tiene asumido que la producción digital es un hecho, ha venido para quedarse y que a partir de ahora hay que orientar el negocio editorial, en cierta manera, hacia el nuevo modelo que se nos presenta.

Del mismo modo, nadie quiere meter mano en el negocio físico de los e-lectores. Al menos no de manera directa -me pregunto si la posibilidad de vender e-books con suscripciones a precio reducido no se le ha pasado a nadie por la cabeza-, y prefieren trabajar en la gestión de los contenidos.

(De la gestión de los contenidos -la madre del cordero del ebook– habría que hablar largo y tendido. Descargar un e-book a través de Adobe Digital Editions es un como un parto doloroso que no le recomiendo a nadie. Lento, farragoso y poco apropiado, ahora, si lo que pretenden es darle un aire complicado para ahuyentar a los potenciales clientes, desde luego que lo están consiguiendo.)

Siguiendo con el análisis de Paradigma Libro, vemos que las editoriales entienden la necesidad de la unión entre ellas, aunque viendo el ejemplo de Libranda, no sé si les ha gustado el modelo opaco al usuario final o la posibilidad de venta directa les llama más la atención.

El mercado. Ahí seguimos igual que hace un año: no está maduro, no está preparado. Esto, creo, se debe al alto precio de los lectores y la falta de oferta de títulos. Un crecimiento que debe ir de la mano. En cuanto a arriesgarse… parece que la mayoría de interesados se dedica a mirar quién da el primer paso con éxito para apuntarse a la tendencia.

Otro de los puntos clave del mundo del libro electrónico: El precio del ebook. Volvemos a lo de siempre y nadie se pone de acuerdo. Sólo espero que no queden los del año pasado que opinaban que tenía que ser más caro que el físico. Una anotación personal: menos de cinco euros. Todo lo que sea por encima va a empujar al usuario a buscarse la vida.

Abandono del DRM y los juicios. Esa parece ser la tendencia, pero tengo que verlo. Por ahora todas las grandes tiendas están metiendo DRM hasta en la sopa y no parece que tengan ganas de dejarlo. ¿Se habrá planteado el DRM Social?

También se comentó la necesidad de comprender los nuevos hábitos lectores de los llamados nativos digitales y conocer cómo se va a fragmentar el mercado para invertir y publicitarse de una manera más eficiente.

Se habló de que el precio no va a ser tan importante como el servicio ofrecido, sino que habrá que hacer una combinación de precio/servicio/ y calidad. Eso sólo servirá si no dejan pasar tanto tiempo que el consumidor final ya esté acostumbrado a leerse su copia de Harry Potter en PDF regulero y le de igual todo, o quizás peor aún: que el fandom aprenda a manejar herramientas digitales capaces de igualar el producto ofrecido por las editoriales. En este apartado, el tiempo corre en contra de los que esperan sentados.

El negro literario

1 de junio de 2010 en Divulgación

Negro Literario

Aprovechando el estreno de la película de Polanski El escritor The Ghost Writer o, como se llamaba hasta hace poco el libro, El poder en la sombra– no estaría de más hablar de esa figura -la de El escritor fantasma– que en el acervo popular español se conoce más como Negro literario, es decir, una figura que en origen era cercana a la esclavitud creativa y que además se quedaba siempre en la sombra.

¿Cómo surge esta figura? Pues desde que la literatura se convierte en un negocio y aparecen autores, normalmente de folletín, como Alejandro Dumas, por poner un ejemplo, que no pueden cubrir la demanda de aventuras y amoríos correspondiente y deciden alquilar a otros, normalmente aspirantes a escritor famoso o a otros caídos en desgracia, para que les rellenen las cuartillas a cambio de unas pocas monedas.

También es un clásico la figura de negro editorial como aquel que se presta a escribir las memorias de alguien famoso pero sin poner su nombre en el producto final. Esto se da, claro, desde tiempos de la aristocracia europea y las primeras casas burguesas con inquietudes. Los mecenazgos no eran tan altruistas como muchos podían creer.

Así que podríamos hablar de un negro literario más dedicado al dinero, al mercado, y otro hijo directo del orgullo y el ego. Los dos se mantienen hoy en día, aunque con diferencias con respecto a los días del folletín y los mecenas, aunque ha aparecido el negro editorial, aquel que escribe el libro-modelo que le pide la editorial y que firma con un nombre falso.

Todo esto se hace por dos motivos claros: Dinero y Contactos.

Lo del dinero está claro. Ganarse la vida -honradamente- con la literatura -es decir, sin insultar demasiado en tertulias-, es muy pero que muy complicado. Entonces llega alguien y te ofrece escribir la tercera parte de una serie de novelas muy populares… por un fijo y módico precio. Que sea el nombre de otro el que aparezca en las cubiertas es un mal necesario… peor se vive picando en la mina, ¿verdad?

Los contactos. Esto no es un tema baladí. Firmarle las obras a tal o cual escritor de renombre es un secreto a voces en el mundillo editorial. Los tiempos de los grandes secretos ya pasaron a la historia. Si un negro literario se muestra bien dócil y gentil es más que probable que pueda, en algún momento, sacar cabeza por sí mismo y dejar atrás esos folios manuscritos con las palabras de otros.

Escribir las autobiografías de futbolistas, folclóricas y estrellas de Gran Hermano es también una actividad habitual de los negros literarios, pero en esta ocasión hay muchos que incluso rechazan firma con su nombre aunque les dejen hacerlo: prefieren cobrar un fijo y luego, al llegar a casa, ducharse con agua muy, muy caliente.

Existen incluso agencias dedicadas a la negritud literaria que, con sus tarifas ya establecidas, ofrecen sus servicios. No me queda claro si son cooperativas o es una plantación esclavista en la que van captando escritores despistados, pero lo cierto es que la vanidad es la estrella del S.XXI y más de uno está encantado de pagar por unas loas y unas glosas a buen precio. Vanitas, vanitatis…

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