Lecturalia Blog: reseñas, noticias literarias y libro electrónico

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Entradas de julio de 2009

Amazon, 1984 y la ironía

1984

El todopoderoso Amazon y su esbirro Kindle parece que tienen problemas, como cualquier mortal, con los derechos de autor. Amazon puso a la venta para su lector electrónico dos obras de George Orwell, 1984 y Rebelión en la granja, sin tener los derechos para ello, parece ser que por utilizar la plataforma de un tercero (si es que no te puedes fiar de nadie). Lo que podría ser una simple anécdota solucionada de manera diplomática, como adquirir los derechos o ponerse en contacto con los clientes, ya que el error lo ha cometido Amazon y no debe ser pagado por los usuarios que actuaron de manera correcta, se ha convertido en un escándalo que sólo le podría pasar a un libro de Orwell. La solución de Amazon ha sido, nada más y nada menos, que acceder de forma remota a los dispositivos de sus clientes y borrar los libros en cuestión.

Esta acción, que elimina las pocas ganas que tenía de comprarme un Kindle, nos plantea hasta que punto podemos permitir que las condiciones de uso de un producto den acceso a aspectos tan personales de nuestra vida como puede ser nuestra biblioteca, porque, aunque está claro que Amazon sabe perfectamente qué libros has comprado y, por tanto, cuales componen tu estantería, el hecho de que una empresa o un gobierno puedan acceder a ella y manipular nuestra información me parece deplorable. ¿Tan sagrados son los derechos de autor? ¿o es que al adquirir un Kindle y firmar un contrato de servicio (largo, farragoso y lleno de cláusulas) les estamos entregando a nuestros primogénitos sin enterarnos?

Tal y como dice David Pogue, del New York Times:

La acción de Amazon es tan grave e inaudita como si empleados de una librería entraran de noche en nuestra casa, se llevaran dos libros de las estanterías y nos dejaran un cheque en la cocina

Así que, si tienes un Kindle o estás pensando en adquirir uno, ten en cuenta que Amazon parece empeñado en hacer bueno a Microsoft o en impedir que Google se pase al lado oscuro.

Vía: El país

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Pulp, de Charles Bukowski

20 de julio de 2009 en Literatura, Narrativa

Pulp

Podríamos decir que la inmensa mayoría de la obra de Bukowski es autobiográfica, siempre aliñada con los toques de ficción que sabía añadir como nadie. Pulp, sin embargo, se sale de su corriente habitual aunque sigue escrita con el mismo estilo rápido y efectivo del resto de su producción.

Pulp. El nombre ya empieza por darte más de una pista de dónde te vas a meter. Aunque la novela tiende al género negro -negro pulp, claro-, Bukowski logra enredar la historia de tal manera que también resulta ser una historia pulp de ciencia ficción, pulp del terror light de los cómics de la era post-code y también logra meter todas sus habituales filias y fobias personales. Es, por lo tanto, un juego metaliterario en el que puedes entrar o no, por propia voluntad, como ante las puertas cerradas del infierno.

Nick Belane es un detective incompetente, algo cortito y que apenas llega al fin de semana con alguna moneda en los bolsillos. No tiene excusa, simplemente es así de tonto. Como a todos los detectives de las novelas, de repente llega el gran caso hasta su puerta: La mismísima Muerte -ella en persona, una persona además que no está nada mal- decide contratar a Belane para encontrar a Celine, escritor de culto francés y una reconocida influencia en Bukowski.

La cosa no queda ahí, al mismo tiempo recibe otros encargos: encontrar el Gorrión Rojo, referencia directa al Halcón Maltés, sin importar el dinero o el tiempo invertido para ello y además demostrar la infidelidad de la esposa de otro cliente llamada Cindy Bass. Entre medias, además, tendrá que ayudar a un empleado de funeraria acosado por una exuberante Jeannie Nitro, una femme fatal que pronto se revelará como algo mucho más interesante.

Como en toda novela de detectives que se precie, todos y cada uno de los casos están, como no, relacionados entre sí de alguna manera completamente absurda, así que el lío que se le acaba montando al pobre Belane es espectacular. No hay en Pulp una trama tranzada, propiamente dicha, es una novela pensada para disfrutar y reírse un rato entre copa y copa de vino o pack de seis cervezas convenientemente puestas en la mesita de noche.

Esta fue la última novela que escribió Bukowski, un divertimento para un viejo borracho, maestro de escritores y gurú de veinteañeros que descubren la literatura americana contemporánea.

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Charles Bukowski
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Kazuo Ishiguro: La roca negra

19 de julio de 2009 en Autores, Literatura, Narrativa

Ishiguro

Cualquiera que siga la trayectoria del escritor Kazuo Ishiguro seguramente convendrá en dos puntos fundamentales: Primero, que ninguno de sus libros se parece a otro; y segundo, que ninguno de sus libros deja al lector indiferente. Si alguien tomara, por ejemplo, Los restos del día y Nunca me abandones, sin fijarse en la portada, nunca sabría que son obras del mismo escritor. El estilo pausado, elaborado y elegante de la primera nada tiene que ver con el estilo fluido, rápido y coloquial de la segunda.

No se trata de que Ishiguro cree libros diferentes para esconderse, ni para ser original. Se trata más bien de que estamos ante un autor que posee una habilidad extraordinaria para crear narradores y personajes. Tanto, que cada narrador/personaje, al ser absolutamente complejo, domina un tono de voz único y propio, que por ende será muy distinto al de cualquier otro. Así, el mayordomo Stevens de Los restos del día dispone de una voz múltiple, difícil, enrevesada, como cualquier ser humano; una voz realizada a base de estructurar capa de sentido sobre capa de sentido, hasta completar un retrato autodescriptivo de una personalidad hipnótica, al igual que Kathy en Nunca me abandones. Así, aunque ambas voces son distintas, su elaboración detallista y minuciosa es la misma: no es que el autor utilice estilos diferentes, sino que las voces narradoras son diferentes, como corresponde a un texto de calidad. Y calidad es algo que a Ishiguro le sobra: la mayoría de los escritores son como muchos músicos, después del one hit wonder llega la repetición, el uso y abuso del mismo esquema, en definitiva el “si funciona no lo toques”. Lo que hace que Ishiguro trascienda esta producción masiva de novelas y discos prefabricados es su extraordinaria competencia como demiurgo, su asombrosa capacidad de arquitecto invisible. Porque, y tal vez aquí encontremos la piedra angular de su narración, la mano del autor no está presente. El ego del escritor está ausente, el escritor no existe. Sabemos que alguien ha ordenado las palabras y dispuesto los signos de puntuación, pero sólo lo sabemos en teoría: en la práctica no hay ninguna pista que nos lo demuestre. Para nosotros sólo existe un narrador/personaje envolvente que insiste, suplicando nuestra atención: es imposible negar la atracción, y ante todo es imposible no empatizar, no sentirse identificado con esta voz, por extraña que pueda parecer en principio, porque, si bien no podremos empatizar con el contexto, ninguna de las sensaciones nos es desconocida. Esta intensiva evaluación de la psique humana es un factor primordial para los que niegan que Nunca me abandones sea una obra de ciencia ficción, ya que anteponen su brillantez psicologista a los elementos presentes tradicionalmente asociados al género especulativo. Su pertenencia o no a este género es otra cuestión que merecería un artículo (o varios) aparte, pero lo que es indiscutible es que es difícil encontrar un lector que haya conseguido mantener los ojos secos tras leer la obra, lo que nos prueba dos aspectos excelsos del acervo literario de Ishiguro: su capacidad de crear perspectivas magnéticas; y su capacidad de construir finales que sean a la vez satisfactorios e incompletos.

Restos del día

A pesar de tener apellido japonés, Ishiguro no es Murakami, ni Tanizaki, no crea personajes hieráticos ni cree en el destino. En Los inconsolables, la frustración que nos acompaña en la lectura se debe a que en parte, como con todos sus narradores, hemos estado allí, sabemos de qué habla el protagonista, entendemos su urgencia y su ansiedad, aunque no entendamos en absoluto el contexto. Ishiguro nos demuestra que el porqué, el dónde y el cuándo son meras comparsas innecesarias. Los elementos surrealistas no se explican, no son objeto de investigación ni de asombro, sólo son objetos decorativos. Y fiel a su educación occidental, nos presenta con pinceladas de maestro el libre albedrío, por el que la tragedia del personaje es que elige mal, o decide no elegir; frente a la tragedia del personaje que se ve arrastrado a su suerte, el personaje de Ishiguro (cuyo apellido en caracteres significa “roca” y “negro”) se decide, resoluto, a crear su propia suerte, y fracasa, feliz, grandiosa y maravillosamente, en el intento.

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Historia del futuro, de Carlos Saiz Cidoncha

18 de julio de 2009 en Autores, Ciencia-Ficción, Literatura

Historia del futuro

En 2003, y de mano de la editorial Silente, vio la luz un libro atípico que merecería ser revisitado por todo aquel aficionado a la ciencia ficción que se precie. Carlos Saiz Cidoncha, una de las grandes firmas del género fantástico en España, al que ha dedicado gran parte de su obra desde hace décadas, nos presentó durante la Convención Nacional de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror de ese año, que se celebró en Getafe, un ensayo titulado Historia del futuro: Desde la llegada del hombre a la luna hasta la caída del Imperio Galáctico. El título no engaña, pues nos encontramos con una obra que, bajo el formato de un auténtico libro de historia, recoge los datos aparecidos en novelas famosas del género especulativo para elaborar una elaborada cronología sobre la historia futura de la humanidad.

El libro empieza de forma muy creíble, hablando de la bipolaridad existente durante la Guerra Fría, sobre el fin de la misma con la llegada a la Unión Soviética de la perestroika, y sobre el poder que, amparados en las decisiones del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, tuvieron los Estados Unidos de América desde ese mismo momento. A modo de introducción no sólo es algo factible, con matizaciones, sino que son hechos que están basados directamente en la realidad. Es un espejismo: enseguida empezaremos a “descubrir” la historia de nuestro planeta desde un prisma muy distinto al que conocemos. ¿De verdad se llegó a la Luna por primera vez el 20 de julio de 1969 y no en 1975, tal y como vaticinó años antes el autor Robert A. Heinlein? ¿Se inauguró la primera Carretera Rodante en 1960, uniendo Cincinatti y Cleveland? ¿Existe Luna City?

Saiz Cidoncha, ávido lector, ha elaborado una cronología que abarca miles de años basándose en las obras de clásicos del género de la ciencia ficción como el citado Heinlein, Lester del Rey, Robert Silverberg, Ray Bradbury, Isaac Asimov, Poul Anderson, Arthur C. Clarke, Stanislav Lem o Robert Sheckley. Aunque la mayor parte de la bibliografía citada corresponde a autores anglosajones, también es de destacar la utilización de falsas fuentes históricas basadas en autores españoles (tan variopintos como Ángel Torres Quesada o Elia Barceló) y, sobre todo, franceses, lo cual da un toque de originalidad a ciertos pasajes de la próxima historia de la humanidad (de la humanidad y del resto de razas que, según este manual de historia, pueblan el Universo).

Por cierto, y ya que está de moda el tema, según esta Historia del Futuro en 2012 no se acaba el mundo, así que todos tranquilos.

Autores relacionados:
Carlos Saiz Cidoncha
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Historia del futuro

Una novela en el cajón: Autoedición

17 de julio de 2009 en Literatura

Autoedición

Hoy cerraremos estos artículos acerca de la edición en papel y tras hablar de la edición y la coedición, vamos a centrarnos en la autoedición.

En esta modalidad, al contrario que en la coedición, el autor corre con todos los gastos. A cambio obtiene los mismos servicios que hemos visto: trámites legales, maquetación, corrección, distribución,… pero no existe un criterio editorial, es decir, nadie va a rechazarte el libro por su falta de calidad o pocas posibilidades de venta.

Esto no es importante si, como la mayor parte de los autores que optan por la autoedición, no pretendes hacerte ni rico ni famoso, o vivir de la literatura, sino que lo que quieres es ver tu obra publicada en una tirada pequeña, para una distribución mínima y tener la satisfacción de ver tu obra encuadernada para poder regalarla o venderla en la feria del libro de su ciudad. ¿A alguien se le ocurre un regalo más personal?

Otra opción es que hayas presentado tu libro a varias editoriales, lo hayan rechazado y te niegues a verlo en el cajón o a seguir presentándolo a editores o concursos. Si ese es tu caso, puedes optar por la autoedición pero teniendo muy claro en que consiste este método de edición. Lo dicho para la coedición respecto a las editoriales poco claras sirve perfectamente para la autoedición.

Pero en esta modalidad no es necesario que intenten estafarnos, existe mucha publicidad engañosa (como en cualquier otro campo). Un consejo: si no queda claro si están hablando de coedición o de autoedición, busca otra editorial. Nuevamente será necesario comparar presupuestos, buscar información y opiniones, preguntar hasta hacernos pesados y mirar con lupa en el contrato. Recuerda que si pagas es por un servicio, no para que te digan que vas a ser la nueva Rowling.

Algunas cosas a tener en cuenta: trámites como el ISBN o el Depósito Legal son gratuitos, así que si te los intentan cobrar o te los presentan como incluidos en el precio no están siendo muy sinceros. El Depósito Legal implica el envío a la Biblioteca Nacional y las bibliotecas nacionales de cada comunidad de ejemplares de la novela, por lo que no pueden ofrecerlo como servicio adicional.

Al igual que en el caso de la coedición, es un servicio con tradición en el mundo anglosajón y en España ha estado circunscrito a publicaciones de muy corta tirada para la distribución casi familiar (poesía, memorias) o ensayos universitarios y no parece que, con las opciones de autoedición que ofrece hoy en día la tecnología, vaya a salir de ahí.

El libro de Donnie Darko

17 de julio de 2009 en cine, Literatura

Donnie Darko

No es del todo extraño que una película que pasa sin pena ni gloria por las salas de cine se convierta a posteriori, especialmente después de su salida en DVD y el boca a boca, en un éxito, llegando incluso a recuperar lo invertido en ella y su promoción gracias a las ventas y los alquileres en video-clubs. No es lo habitual pero ocurre. Algunas de esas producciones llegan incluso en convertirse en películas de culto entre un sector más o menos amplio de cinéfilos. Las causas son múltiples, pero habría que señalar que muchas películas, en su estreno en cines, no cuentan con la promoción suficiente, son estrenadas en un número reducido de salas debido a una deficiente distribución o, directamente, por un cúmulo de razones, pasan desapercibidas sin más. Donnie Darko, película escrita y dirigida por Richard Kelly en 2001, es una de esas películas.

Según IMDB (Internet Movie Data Base), herramienta on-line imprescindible para cualquier aficionado al cine, Donnie Darko cuenta con una puntuación de 8.2, lo que la colocaría entre las ciento cincuenta películas mejor valoradas de todos los tiempos, compartiendo puntuación con obras maestras de la historia del cine como Sucedió una noche (1934), El mago de Oz (1939), Ben Hur (1959), Annie Hall (1977), Ran (1985), Platoon (1986) o Million Dollar Baby (2006). No estamos hablando, pues, de una de esas películas de culto sólo reconocidas por una minoría (como podría pasar con cintas como Cube o Pi: fe en el caos): IMDB es una base de datos global con cientos de miles de usuarios registrados. 178,488 de esos usuarios han visto y valorado Donnie Darko otorgándole una valoración que la encumbra como una de las mejores producciones de todos los tiempos. Ahí es nada.

Protagonizada por los hermanos Gyllenhaal, Holmes Osborne, Mary McDonnell, Drew Barrymore (que tuvo mucho que ver en que la película finalmente viera la luz, avalándola como productora) y Patrick Swayze, entre otros muchos, contó con un presupuesto muy reducido, de cuatro millones y medio de euros, lo que en términos de la industria cinematográfica estadounidense es prácticamente equiparable a una película de serie-B. Por poner un ejemplo cercano, un año después se estrenó otra película “de culto”, La peligrosa vida de los Altar Boys, con Jodie Foster como protagonista, que contó con tres veces más presupuesto. Ambas fueron ignoradas por los cines estadounidenses: en su fin de semana de estreno sólo siete salas de cine en todos los Estados Unidos programaron la película de la doblemente oscarizada Foster; los integrantes del proyecto Donnie Darko, en comparación, se pudieron dar por satisfechos con las cincuenta y ocho salas que programaron la película en su estreno. Compárense con los datos de películas infumables como Nacho Libre (3,070 salas en su estreno), Catwoman (3,117 salas) o Disaster Movie (2,642 salas): una cosa es la calidad y otra la posibilidad de negocio, eso está más que claro. Donnie Darko, por añadidura, tuvo que sufrir las consecuencias de los atentados del 11 de Septiembre de 2001: cualquiera que haya visto la película comprenderá que hay un hecho significativo en ella que podía herir la sensibilidad del público norteamericano.

Donnie Darko, a estas alturas, ha recuperado más que de sobra lo invertido, aunque nadie hubiera apostado por ello tras la primera semana en cartelera. Ni siquiera fue fácil sacarla en DVD ya que la distribuidora quería cambiar completamente la promoción de la película y venderla dentro del género de terror para adolescentes. Kelly se opuso y se salió con la suya. Los alquileres en los video-clubs se dispararon, la película se vendió más que bien, y hubo reestrenos en varios países (en Italia se estrenó en cines dos años después, triplicando el número de salas que la proyectaron en su estreno en comparación con EE.UU.). Europa, una vez más, sirvió de bálsamo para los productos más alternativos del cine estadounidense, algo que se ha convertido en habitual.

El libro de Donnie Darko, editado por el Grupo AJEC, no sólo ofrece el guión completo de la película (incluyendo escenas que finalmente no entraron en el montaje final), sino también material adicional tal como una extensa entrevista con Richard Kelly, material gráfico y un prólogo del mismísimo Jake Gyllenhaal. Si el visionado de la película es imprescindible, el libro supone un complemento ideal para los fanáticos de Donnie Darko y su mundo.

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Richard Kelly
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La metamorfosis, de Franz Kafka

16 de julio de 2009 en Literatura, Literatura electrónica, Narrativa

Samsa

Cuando Gregor Samsa se despertó una mañana después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto.

Hay pocas maneras mejores de empezar un relato de una manera tan directa, esa frase es como un directo de izquierda que lanza el escritor justo al cerebro del lector. De entrada lo importante es que nos dice lo que no nos va a contar: nada de un proceso de transformación, nada de una maldición misteriosa, nada de explicaciones. Gregor Samsa se despierta una mañana y es un insecto parecido a una cucaracha gigante mientras que su pensamiento sigue siendo el que era, un hombre atrapado dentro de la apariencia más repugnante que nos podamos imaginar.

Esa es la esencia de La Metamorfosis, el pensamiento de un hombre atrapado frente al rechazo, la incomprensión y la falta de empatía de todos aquellos que lo rodean, incluyendo a los que amaba y que creía que lo amaban. También aparece la vergüenza, la sensación de sentirse impotente y miserable frente a una condición que se antoja irreversible.

Explicaciones simbólicas a la obra de Franz Kafka hay a centenares. Lo cierto es que repite las pautas de otras de sus obras, la incompresión, la soledad, que aparecen en El Castillo o El proceso. Kafka volcaba su propio y desgraciado mundo en sus obras, logrando ponernos en la piel de personajes con los que identificarse resulta profundamente doloroso.

La Metamorfosis es un clásico de la literatura de recomendada lectura; Apenas una novela corta pero que deja, sin duda, un hondo calado en aquellos que se atreven a sentir lo mismo que Gregor Samsa a partir de esa mañana en la que despierta transformado.

Descargar La Metamorfosis [PDF]

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Extraños protagonistas

16 de julio de 2009 en Literatura, Narrativa

Hyperion

La mayoría de las veces, cuando leemos un libro, nos encontramos con un buen montón de personajes. Los hay secundarios, terciarios y a veces casi inexistentes; los hay planos, bien desarrollados, con buenos diálogos o que no pronuncian palabra. Pero aquellos en los que el autor se vuelca completamente, por la cuenta que le trae, es en los protagonistas, aquellos que llevan sobre sus hombros el peso de la narración.

Uno de los habituales consejos para lograr un buen éxito literario es lograr que los lectores logren identificarse con el personaje principal. Eso, dicen, hace que la narración fluya y que se consiga una cierta comunión entre libro y lector. Sin duda, es una técnica de lo más habitual y además se ha usado en literatura juvenil como uno de los axiomas del oficio.

Sin embargo siempre aparecen autores que cuentan historias diferentes, narraciones en las que los personajes principales, los protagonistas, están más allá de la razón normal y en las que si el lector acaba identificado con el protagonista quizá sería cuestión de ir pidiendo cita con el psicólogo.

Dejando a un lado muchas novelas de terror, en las que sí que se juega con esa dualidad monstruosa de una manera diferente -digamos que las reglas de relación con el lector no son exactamente las mismas que en el resto de la narrativa- he seleccionado algunos de mis peores y más desequilibrados protagonistas favoritos.

Jean Baptiste Grenouille, protagonista de El Perfume, de Patrick Süskind. Sin duda uno de los personajes más aberrantes y a la vez más tiernos de la historia de la literatura. Obligado a conseguir el aroma perfecto no duda en darle al cuchillo para lograrlo. Yo, a mitad de libro, ya estaba de su parte.

Patrick Bateman, ejecutivo en American Psycho, de Bret Easton Ellis. Vividor, amante de la música, de las marcas caras, del vodka Finlandia, de las abdominales, del sexo, de decapitar mujeres con una sierra mecánica y luego hacer cosas todavía peores. Un tipo que logra llevarte a través de su locura personal y que hace que te enternezcas cuando no puede matar a alguien por ser, en el fondo, un tímido reprimido.

Ignatius J. Reilly, masivo personaje de La conjura de los necios, escrita por John Kennedy Toole. Al contrario que los dos anteriores, a Ignatius Reilly lo que dan ganas es de estrangularlo con tus propias manos. Simplemente, no puedes. Su absoluto desastre personal -similar a contemplar dos camiones de gran tonelaje chocando de manera frontal- resulta hipnótico.

Dexter Morgan, en cualquiera de los libros escritos por Jeff Lindsay. Dexter, también a diferencia de los anteriores, sabe perfectamente que es un enfermo mental, sociópata, asesino y manipulador. Y disfruta con ello. Y hace que camines con él y con su oscuro pasajero haciendo cosas malas a gente mala con cuchillos buenos y afilados.

Quizá identificarse, acompañar con cierto divertimento, a este tipo de personajes completamente reprobables resulte una especie de descarga mental, que nos ayude a superar todos esos sentimientos oscuros y violentos que llevamos dentro. Libros para mantener al monstruo oculto y satisfecho, podríamos decir.

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Andrzej Sapkowski y la Saga de Gerald de Rivia

15 de julio de 2009 en Fantástica

Rivia

Andrzej Sapkowski nació en 1946 en Lodz, Polonia, y es uno de los autores más leídos en Europa Oriental, siendo comparado con su compatriota Stanislav Lem. De la prosa de Sapkowski hay que destacar su sentido del humor, sarcástico y certero, propio de alguien con un gran conocimiento de la naturaleza humana, así como una escritura muy ágil y entretenida. Hay que destacar de la edición española la gran calidad de la traducción que supera con éxito la dificultad de la traducción de una obra repleta de referencias y que sabe mantener la agilidad de la novela.

Sapkowski llena su mundo de referencias a los cuentos clásicos y a las leyendas europeas, al igual que muchas de las novelas de fantasía que tanto venden como franquicias, pero no nos dejemos engañar: estos elfos y enanos, estos brujos o monstruos, no son los típicos de las novelas de fantasía al uso, ni siquiera los dragones son como los conocemos, por que el mundo de Gerald de Rivia, aunque esté lleno de referencias que podemos reconocer, es una relectura propia del autor en la que, en vez de lugares comunes y personajes ya vistos, nos reencontramos con una de las esencia de las leyendas: la sorpresa y la maravilla.

La construcción de los personajes es uno de los puntos fuertes del autor, destacando con fuerza, como no podía ser de otra manera, Gerald de Rivia. Se trata de un brujo albino que vive, malvive en ocasiones, yendo por los pueblos y ciudades matando monstruos a cambio de dinero. No es un trabajo con demasiado futuro, los monstruos se están extinguiendo, y su profesión, su naturaleza, es cada vez más rechazada por los humanos; después de todo es un mutante, apenas un poco más humano que los pendencieros enanos o los peligrosos elfos. Gerald es cínico, descreído, ha visto demasiado para confiar en la naturaleza humana o de otro tipo. Intenta mantenerse al margen de intrigas y guerras, pero no siempre lo consigue. En su vida errante conoce al trovador Jaskier, reconocido poeta sobre todo por el público femenino, un tanto cobarde, que se convierte en compañero de algunas de las aventuras del brujo. Otro personaje importante en la vida de Gerald es la hechicera Yennefer, hermosa, retorcida y orgullosa, con quien Gerald mantiene una relación, digamos que complicada.

Estos personajes, junto a otros, se van presentando en los dos primeros libros de la saga, El último deseo y La espada del destino, donde, a través de diversos relatos cortos vamos conociendo también el mundo donde se desarrollan las aventuras del brujo y vislumbrando las intrigas que serán las protagonistas de los siguientes volúmenes, con el personaje de Cirilla de Cintra, Ciri, como centro de la historia. Los dos primeros libros pueden leerse de manera independiente, no así los cuatro siguientes.

Rivia

En La sangre de los elfos Gerald se hace cargo de Ciri, llevándola a Kaer Morhen, la ciudad de los brujos, dejándola luego en manos de las hechiceras, para así mantenerla a salvo al tiempo que desarrolla sus dotes mágicas. Pero la guerra está en marcha y el caos comienza a notarse en los Reinos de Norte, caos auspiciado por el imperio de Nilfgaard que ambiciona extender sus dominios. Pero para ello le falta una pieza del rompecabezas.

En Tiempo de Odio, veremos como los hechiceros, durante años consejeros de los reyes de los diversos reinos, no saben que hacer ante la cada vez más inevitable guerra. Los diferentes bandos, las rencillas políticas, estallarán, tal y como lo está haciendo el mundo a sus pies. En medio de esta tormenta, Ciri se revela como un elemento fundamental, arrastrada por las intrigas que se ciernen a su alrededor; parece que ni siquiera el esfuerzo conjunto de Gerald y Yennefer podrán salvarla. Ni a ella, ni a un mundo en guerra.

Bautismo de Fuego nos lanza de lleno a la guerra y su crueldad, mientras Geralt se obsesiona con salvar a Ciri. Aparecen personajes de lo más interesante, mostrando el dominio de Sapkowski sobre los secundarios, a destacar sobre todo Regis o Zoltan. El autor se centra más en las aventuras de Geralt que en las de Ciri o Yennefer, que deja para el siguiente volumen.

La torre de la golondrina es el penúltimo libro de la saga y nos muestra como Ciri ha conseguido sobrevivir, como se ha reinventado para poder salir adelante, renegando de su propia naturaleza. Mientras el brujo sigue una desesperada búsqueda por encontrarla ayudado por unos extraños compañeros de viaje.

La dama del lago, que cerrará el ciclo del brujo, no ha sido publicada en castellano y no tiene fecha confirmada por problemas en la traducción.

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Andrzej Sapkowski
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Lem en El castillo alto

15 de julio de 2009 en Autores, Biografí­as, Ciencia-Ficción, Literatura

Lem

Tras leer El castillo alto, no puedo más que recomendar la lectura de esta autobiografía publicada en 2006 por Funambulista..

El público en general conoce a Lem más por las dos adaptaciones cinematográficas de una de sus mejores obras, Solaris. Las versiones son, además, muy diferentes. La primera es del soviético Tarkovsky y la segunda, mucho más cercana en el tiempo, está protagonizada por George Clooney. Digamos que las dos requieren de cierto esfuerzo para su visionado, aunque por motivos diferentes

Pero Lem era, murió hace relativamente poco, en 2006, uno de los mejores escritores de ciencia ficción de todos los tiempos y también uno de los más lúcidos analistas del siglo XX. Con una experiencia vital de paso entre el nazismo, la dictadura comunista y la democracia capitalista, las obras de Lem iban siempre más allá de donde los demás dejábamos de ver.

Sin contar Solaris, una aproximación magistral al contacto extraterrestre -o a la propia mente humana, según se mire-, la obra de Lem está llena de libros tan interesantes como muchas veces completamente diferentes entre sí.

Si tuviera que decidirme por mis favoritos no sería nada fácil, aunque reconozco que el Lem que más me gusta es el que se suelta con ese fino humor negro que se aprecia en Congreso de Futurología, Aventuras estelares del piloto Pirx o Ciberíada. Memorias encontradas en una bañera, por ejemplo, disecciona la estupidez de la guerra fría y de las posiciones burocráticas -burrocráticas tal vez- que gobernaban la política mundial durante los años 50 y 60 del pasado siglo.

En el apartado científico, Lem fue uno de los escritores más exigentes y consecuentes con su ficción, siempre rigurosa, al menos para los conocimientos de los que disponía en su época, desde luego, mezclar física cuántica y novela negra no es algo al alcance de cualquiera, y siempre será recordado por su maestría en el difícil arte de crear literatura de primer orden con la ciencia y la ficción.

Tanto para pasar un rato divertido con cualquiera de sus cuentos, o profundizar en el alma de la posguerra europea, aunque en apariencia hablara de viajes en el tiempo y el espacio, con alguna de sus novelas, Lem siempre es una buena elección. Averiguar parte de su pensamiento con El castillo alto, lo es todavía más.

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Stanislaw Lem
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